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Capítulo 4: Touches.
— Su Alteza Imperial, es un placer veros de nuevo —Saludó James con su acostumbrado tono relajado, que sin embargo, denotaba respeto.
— ¿Gryffindor? —Preguntó atónito el Rey como pocas veces. En eso Harry aprovechó para zafarse del agarre displicente y correr a los brazos protectores de su padre.
— Queríamos disculparnos por nuestra falta… —Explicó la Reina de Gryffindor, conciliadora haciendo una graciosa reverencia—. Queríamos conocer el mundo, y dado que usted se distribuye tan bien, protegiendo y salvaguardando todo Hogwarts, nos tomamos las libertades de cumplir nuestro más profundo sueño, pero, ya hemos regresado. ¿Y qué mejor momento para nuestro regreso que su aniversario, Mi Lord? —James tronó los dedos y un paje se acercó con un paquete envuelto en un papel de regalo exquisito.
— Ya, ya pasó, Harry…
— Por la Diosa, creo que si me tocaba cinco segundos más iba a morir —Jadeó en los brazos de su padre. El hombre mayor le acarició los cabellos, permitiéndole a su heredero reposar en su pecho.
— Harry ¿Estás bien? —Preguntó Hermione llegando.
— Más o menos —Le contestó, mirándole sin dejar de ser abrazado.
— Me alegra, menos mal que llegaron los Reyes de Gryffindor…, no importa que tan sorprendente suene…
— ¿Por qué crees que hayan decidido regresar ahora? —Preguntó el ojiverde.
— No tengo ni la menor idea.
— ¿Padre?
— No lo sé…, pero, si los rumores son ciertos, creo que es mejor que regreses a Ipswitch, Harry. No te quiero en medio de una guerra.
— Pe…
— No quiero empezar a discutir en estos momentos. Además, no estás en condiciones para ello. Busca a Draco y procura no separarte de él, yo tengo cosas que hacer.
— Pero, ¡padre!
— Thomas…
— ¿Qué sucede Andrómeda? —Inquirió soltando a su hijo, dejándole a manos de la Baronesa de Gryffindor. Los dos jóvenes se miraron entre si, preocupados.
— He recibido un mensaje del Archiduque de Salem. Ha terminado con su misión, y estará aquí de un momento a otro, ha conseguido entrar legalmente al baile.
— Ese viejo… —Chasqueó Tom, no muy feliz de ver al Archiduque esa noche. Suficientes problemas ya tenían—. Andry. Llama a Evan y a Yaxley, y que no se le separen a Harry. No importa lo melindre que se coloque este evitando a la escolta.
— Sí, Mi Lord —La mujer se coloco una mano en la oreja—. Evan, Yaxley —Pronunció a la nada.
— Ya sabemos… —Dijeron los dos hombres apareciendo en frente.
— Ya vamos a buscar al pequeño Delfín ¿De qué exactamente lo estamos protegiendo? —Preguntó con cautela Rosier.
— Aunque no lo crean, del Rey de Hogwarts.
1
— Aún no encuentro una razón lógica del por qué te suceden esas cosas cada vez que el Rey de Hogwarts está cerca de ti.
— Bueno, Herm…, tal vez porque no sale en ningún libro… —Le contestó sentado con las piernas y los brazos cruzados. Se encontraban: Draco, Hermione, Blaise y Harry, en el balcón principal, habían decidido estar en el lugar más fácil para huir, en caso de tener que hacerlo—. Y hasta ahora sólo hemos buscado allí.
Dos personas aparecieron en una humareda y todos se pusieron en guardia…
— ¿Yaxley? ¿Evan? —Preguntó Harry—. Son conocidos, no hay porque estar a la defensiva. ¿Qué hacen aquí? La última vez que supe de ustedes estaban en Ipswitch.
— Hasta que tu padre nos llamó para protegerte.
— ¿De qué?
— De lo que pueda pasarte, Delfín… —El moreno miró de mala forma a Yaxley.
— Harry, no empecemos. Simplemente estamos aquí por una posible amenaza.
— ¿Por qué siempre nos toca con el Kindergarten?
— No le busques la lengua al príncipe, Yaxley…
— Pues, si tanto te molesta ¿Qué haces que no te largas?
— Su Alteza —Le regañó suavemente el de cabellos borgoña.
— Está bien, Evan…
2
— ¡Lily! —La mujer volteó y entrecerró los ojos.
— ¿Adro… Andrómeda Black de Ipswitch? —Preguntó sin creérselo.
— Sí, sí. ¿Qué demonios sucedió? ¡Hasta hace media hora creí que estaban muertos!
— Aquí no puedo hablar, Andry… lo siento. Pero, búscame en la taberna al final del paso de Knockturn.
— No puedo, estoy con el Rey de Ipswitch.
— ¿Qué hace el Rey de Ipswitch aquí? —La mujer señaló discretamente con los labios a un hombre de cabellos negros que discutía ‘acaloradamente’ con el Rey de Hogwarts.
— Esto no está nada bien. De lo que he podido averiguar, ni la mitad de la orden está viva.
— ¡James! —Le retó la mujer.
— Bah… ¡Pero si aquí está la primita más bella del mundo! Andrómeda. Que gusto me da verte.
— A mí también me da gusto verte, James.
— ¿Qué sabes de Sirius? —Soltó sin contemplaciones. Se volvería loco si no sabía pronto de su hermano.
— No mucho. Escapó de Azkaban.
— ¡Escapó! —El joven Rey soltó el aire, aliviado. Y Lily y comenzó a llorar sin razón alguna.
3
— Nos vamos, Sirius. Lo siento. No voy a dejar que te atrapen simplemente porque quieres ir a hablar con james. Él tiene amnistía política, en Endalia, Urith, Inglaterra, Mearthiar, y etcétera, ellos pueden huir, tú no. Venga…
— Por favor, Regulus. Tengo 17 años que no veo a James. ¿Cómo pretendes que me vaya sin tan siquiera abrazarle?
— No seas ridículo. Si van a sublevarse te necesitan en carne y hueso…, de nada les sirve un fantasma.
4
Todo el mundo se preparaba para el baile mayor. Las parejas se desemperezaban y dejaban sus puestos, dirigiéndose hacia la mitad del salón, mientras las notas comenzaban a rasgar el aire. Dejando de nuevo a todos sin habla, el anunciador volvió a golpear el bastón contra el piso.
— El Archiduque de Salem, Concejal y senescal de Ipswitch Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore, y el Rey de Inglaterra, Gellert Grindelwald.
5
— Thomas, mi muchacho, un placer volver a verte con bien —Le saludó bonachón, palmeándole la espalda.
— ¿Albus?
— Sí, sí. Mi estimado Voldemort. El destino nos ha vuelto a unir…
— Archiduque —Apostó de mal humor el Rey. No podía creerlo, si había alguien a quién detestaba en el mundo era a ese viejo metiche…
— No pareces estar muy contento de vernos, Voldemort.
— Gellert…
— ¡Magnífico! ¡Magníficos los reencuentros! —Soltó a viva voz—. Pero, ya habrá tiempo para charlar, tomaremos te y caramelos de limón…, y tal vez esos ricos biscochos que venden en el callejón diagon y son…
— Albus —Le regañó Grindelwald, para que se callara—. Creo que se entendió el mensaje. Ahora, vamos a bailar, luego podrás seguir con tu cháchara… —Cortó por la salud mental de todos, el rubio.
— Gracias a la Diosa que Grindelwald está aquí —Agradeció con pesar el Rey de Ipswitch.
— Ejem… sí, nadie es capaz de callar al Archiduque… —Comentó anonadada la Marquesa de Ipswitch. Ese hombre jamás cambiaba, y suponía que era parte de su ‘encanto’—. Pero, me alegra que esté aquí, tal vez él o el Rey de Inglaterra nos pueda decir que le sucede a Harry.
— Ya le pregunté, el viejo sólo me miró con esa sonrisa de “yo-sé-algo-que-tú-no” y me dijo que luego hablábamos —Le comentó sin dejar de bailar.
— Ya veo —Se dejó girar e hizo el cambio reglamentario de pareja.
— Su eminencia —Saludó una noble cualquiera al monarca del Reino Extranjero, siguiendo el baile.
— ¡Hola, Abue! —Le saludó Harry, al tocarle de pareja el Archiduque.
— Aquí está mi pequeño Delfín, ¡me desaparezco unos pocos meses y ya estás irreconocible! ¡Eso no se vale!
— Je, je. Yo me veo igual —Contestó arrugando la nariz sin perder la sonrisa el joven ojiverde.
— Eso es porque, el cambio pasa sólo para quién no te ve —Le comentó misteriosamente, tocándole la nariz con el dedo índice. Vuelta y cambio de pareja… Harry trastabilló un poco pero, su nueva pareja le sostuvo.
— Holap ¿Quién eres?
— Su Alteza —Saludó el ojiverde, sin dejar de bailar—. Lamento haber trastabillado.
— No importa. Soy James de Gryffindor.
— Soy Harry de Ipswitch —Respondió con una gran sonrisa. Al ver que el Rey no moría en formalismos, eso era como encontrar una aguja en un pajar.
— ¿El Delfín de Ipswitch?
— Sí… —Contestó no muy seguro de a qué aludía el comentario. Sin embargo, cuando iba a abrir la boca para agregar algo más, hubo de nuevo cambio de pareja.
— Hola Bella. Preciosa ¿Cómo estás? —Preguntó irónico y con mucha saña, el Gryffindor.
— No muy bien, gracias a ti, Potter.
— Que amarga, Lestrange… ¿Furiosa porque no estás sirviéndole de puta a Voldemort? —Se burló.
— Aquí está mi pequeño caballero.
— Hola Gellert —Saludó Harry, a su pareja de turno—. Jamás pensé que decidieses venir a Hogwarts. Según el Archiduque no eres muy afanado a este reino.
— Mi pequeño Delfín, hay veces que el placer o el displacer ha de ser olvidado por un bien mayor.
— Yap… eso me lo llevan diciendo desde que tengo conciencia. Me alegra mucho verte de nuevo, Gellert. Especialmente porque, el Archiduque no es tan divertido si tu andas lejos.
— Que ocurrencias tienes, Harry.
— Hola, Herm —Dijo agarrándola por la cintura para continuar bailando.
— ¡Hasta que por fin una cara conocida! Todos en la corte de Slytherin son unos babosos. Dígame la vieja con vestido rosa que parece embutido, ¡me estaba manoseando! ¡Ugh! ¿Cómo te sientes?
— Ya bien. Perfectamente. Parece que mientras el Rey no me toque o esté tranquilo, yo puedo respirar con bien.
— Me alegra. Porque, cuando apareció el Archiduque, casi no dejas el estómago en el palco…
— Sentí una gran ira…, creo que si fuese émpata es lo que sentiría usualmente. Pero, estoy comenzando a creer que me afectan son las emociones fuertes y el toque del Rey… aunque, sólo es una hipótesis.
— Eso tiene coherencia, sólo habría que buscar la causa, bueno, hablamos luego —Dijo, mientras que Harry le daba la respectiva vuelta para cambiar de pareja.
— ¿Estás bien? Yaxley me dijo que habías tenido otro ataque.
— Chismoso… —Masculló molesto, mirando al piso para evitar mirar a su padre.
— Oh vamos. Sabes que no te iba a dejar solo con Evan, no importa cuanto lo intentes, eso no sucederá mientras sea yo quién promueva la escolta.
— Estoy bien, fue sólo un momento, cuando apareció el Abuelo…
— Sí. A Voldemort no le hizo mucha gracia ver a Albus aquí.
— Sí, gracias. Eso ya lo pude ver por mi mismo…
— Hablamos luego —Le dijo mientras lo entregaba a su pareja original.
— Hola de nuevo, Draco.
— ¿Crees que me podrías presentar correctamente al Rey de Inglaterra?
— ¿A Gellert? ¿Y cómo para qué?
— Para que sí.
— Que pedante eres ¡y así me pides un favor!
— Ya, bueno, bueno, está bien. Lo siento. ¿Por favor? ¿Me lo presentas?
— No tengo ningún problema. Pero ¿Para qué lo quieres conocer?
— Riddle, ¿Conoces a una de las mentes más geniales del siglo y no sabes todo lo que ha hecho?
— Ah… quieres hablar con el sabelotodo de Grindelwald…
— ¿Por qué lo dices?
— Gellert se comporta de manera distinta depende de con quién está tratando. Él lo llama diplomacia. Yo lo llamo, hipocresía; pero, equis. El punto es que, si le vas a alabar su trabajo ya no hay quién le baje el Ego…
— ¿De qué conoces tú al Rey de Inglaterra?
— ¿Qué no lo sabes? —Preguntó sorprendido, reverenciando dado que el baile acababa de terminar.
— Oh sí, sólo estoy preguntando porque no tengo nada mejor que hacer.
— No debería responderte por pedante…
— Si dejaras de hacer preguntas estúpidas yo no respondería así.
— Como sea. El Rey de Inglaterra es pareja del Archiduque —Le contestó en pos de ‘¡duh! ¿Qué no es obvio?’
— ¿Qué? —Harry alzó una ceja ante el comentario de Draco.
— Pues sí. Tienen más de 56 años juntos. Espera, no, creo que este año van a celebrar su sexagésimo aniversario…
— Oh Morgana…
— Oye, ¿En dónde vives tú? ¡Tienen un hijo! —El rubio jadeó—. Se llama Thomas Marvolo Riddle ¿Y sabes? Actualmente es mi papá… —Harry le colocó un dedo en la boca, al ver que éste iba a hablar—. No me preguntes, no tengo ni la menor idea.
— Ah, ah. Thomas… —Detuvo Dumbledore por la capucha al Rey.
— Pe… pe… pero…
— Déjale en paz —Se metió Gellert—. Harry parece divertirse con el Duque de Slytherin. Y por todos los santos, Albus, suelta a Tom…
— ¿Están coqueteando? —Preguntó Andrómeda llegando de entrometida—. ¡Bah! Sólo están hablando… Yo pensaba que ya el duquecito había tratado de besar a Harry —Comentó desinflada, mientras su brazo se encontraba entrelazado con el del Rey de Inglaterra.
— Mi pequeña Andrómeda. Gusto me da verte. Toda una Diosa.
— ¡Oh tío Gelly! ¡Tan lindo!
— ¡Albus! ¡Albus!
— ¡James! ¡Mi muchacho! ¡Que alegría me da que sigas con bien! No te veía como es debido desde que estabas en el colegio. ¡Pequeña Lily! Tan hermosa como siempre.
— ¡Tienes razón! No nos veíamos desde que todos estudiábamos en el Colegio de Magia y Hechicería de Hogwarts… que recuerdos aquellos, fue bastante triste saber que dejaras de ser director. Teníamos la esperanza de que nuestro pequeño estudiara bajo tus directrices —Un silencio incómodo se cernió entre los presentes.
— ¡Papá! —Quebró el príncipe de Ipswitch llegando, ignorante a todo.
— ¿Qué sucede ahora, Harry? —Preguntó el Rey arreglándose la túnica—. ¿Y qué te he dicho con andar hablando tan informal en estas situaciones?
— Lo siento, Su Alteza. El Marques de Slytherin va a dar una reunión en su casa. Sólo para conocidos y eso. ¿Puedo ir? Hermione y Draco… —Al escuchar ese nombre, a Tom le cayó un balde de agua fría. Ningún mequetrefe iba a quitarle a su pequeño así como así.
— Padre celoso… —Silbó disimuladamente Andrómeda. Causándole risas al archiduque. Éste los miró furibundo, aumentando la sonrisa de los otros dos, mientras Grindelwald los regañaba, por infantiles.
— ¿Y se puede saber quién es el Marques de Slytherin?
— Blaise Zabini. Es el mejor amigo de Draco. Por favor…, Iré con Pettegrew si quieres. Con Yaxley o con quién quieras.
— ¿Tan desesperado estás de no quedarte en casa de los Malfoy que deseas que Yaxley te acompañe?
— Todo con tal de no quedarme aburrido y solo. Ya sé que no me vas dejar estar cuando hables con Gellert y el abuelo.
— No lo sé. Mañana hablaremos. Ahora que aparecieron los reyes de Gryffindor, no quiero que andes por allí, sino estoy yo para protegerte —Le comentó mirando disimuladamente hacia donde estaban los monarcas, charlando tranquilamente con Albus.
— Thomas —Hablo Voldemort llegando. El aludido abrazó a su hijo por reflejo, un brillo de miedo de instaló en los ojos verdes del menor quién buscó refugio en su padre.
— ¿Ahora que quieres?
— Preguntar…
— ¿Qué?
— ¿Qué hace el Archiduque aquí?
— ¿De cuando acá al Archiduque se le dice que hacer? Él viene y va a placer —Los ojos rojos de Voldemort se entrecerraron peligrosamente, arrancando un gemido de los labios de Harry.
— Por lo que observo. Tu hijo sufre de inminentes ataques cada vez que estoy cerca ¿O me equivoco? —Cambió de tema radicalmente, tratando de saciar su curiosidad.
— Aunque así fuera, no es de tu incumbencia.
6
— ¿Te van a dejar ir? —Preguntó Draco, luego de haber tocado la puerta y haber recibido el permiso para entrar al cuarto donde se hospedaba el Príncipe.
— No lo sé, papá anda un poco paranoico y no quiere que esté lejos de él. Lo siento, y… si no se entera que le dije papá y paranoico en tu presencia estaría grandioso…
— ¿Por qué no quiere que te separes de él?
— Lo siento, Draco. Pero, posiblemente tenga que regresar pronto a Ipswitch… papá no quiere que esté aquí, tampoco —Le confesó desanimado.
— ¿Aquí dónde? ¿En Slytherin o en Hogwarts?
— En Hogwarts, creo…, además, aún no sé que es lo que vinieron a hacer el Archiduque y el Rey de Inglaterra acá. Contando con que aparecieron los reyes Gryffindor… creo que ya se me ha ido bastante la lengua. Siempre he sido un bocón —Murmuró yéndose a arreglar unas cosas, principalmente para evitar mirar al rubio.
— Harry —Le susurró en el oído. El aludido botó en su puesto.
— ¿Sí? —Preguntó tragando con audibilidad y volteándose para verle a la cara.
— ¿Quieres irte? —Le preguntó muy cerca. Harry podía sentir el aliento acariciarle la cara. Era cálido y aún tenía reminiscencias mentoladas. Bajó la cabeza; avergonzado.
— Bueno, si Su Alteza dice que tengo que regresar a Salem, no tengo opción, en esto no valdría mucho mi opinión. Además, recuerda que mañana me voy al castillo de Hogwarts… —Contestó compulsivamente, retorciendo las manos, incómodo.
— ¿Pero, tú quieres irte? —Insistió, subiéndole con delicadeza la cabeza para que le mirara.
— Buen… —Se acercaron peligrosamente para besarse cuando la puerta sonó tres veces. El corazón de Harry pasó a ser de súbito un pitido en sus oídos.
— ¿Si? —Preguntó alejándose del Duque de Slytherin.
— ¿Estás listo? —Preguntó su padre. El ojiverde sintió unas inmensas nauseas, su padre no se tomaba bien ningún tipo de cortejo hacia su persona.
— No, precisamente… —Le respondió nervioso.
— ¿Y a ti qué te pasa?
— Nada ¿Qué me puede estar pasando?
— Si dejas de revolver las manos, tal vez me digne a creerte. Ah, joven Malfoy.
— Su Alteza —Respondió ligero y calmado.
— ¿Puedo preguntar que hace aquí?
— Nada, ya se iba, y yo ya estoy… vamos… —Tom frunció el entrecejo y los labios, preguntándose porque de la actitud compulsiva de su hijo.
— Ok… Vámonos…
7
— ¡Ummhummhumm! —Gritaba ahogada una mujer, tratando de pegarle en algún lado para que la soltara del agarre.
— ¡Auch! ¡Lily! Mujer loca ¿¡Por qué me muerdes?!
— ¿Sirius!? —Jadeó sin poder créeselo.
— Sí, Sirius. Dios mío, pelirroja, pensé que estaban muertos.
— Pues, no. Estábamos escondidos. ¿Qué demonios haces tú en Slytherin?
— Buscando respuestas. Luego de escaparme de Azkaban, me encontré a Regulus por santa coincidencia y él me ayudó…
— ¿Regulus te está ayudando?
— Pues sí. Eso es lo que dije.
— ¡James está desesperado! No deja de pensar en ti ¡Estúpido! ¿Cómo demonios escapaste de Azkaban? Hasta ahora, nadie lo había logrado.
— Pues…, no fue la gran cosa. Creo que deberíamos hablar en otro lado, Lil… ¿Te enteraste de lo del Rey de Ipswitch? —Preguntó mientras retomaban el camino por callejones un tanto oscuros y tenebrosos.
— Andrómeda está con el Rey. Y, antes de que puedas decir nada, ni el mismo Rey, sabe qué hace aquí en Hogwarts. Sólo que Voldemort lo invitó juntó a su hijo y no tuvo opción…
— Sí, conocí de lejos al Delfín de Ipswitch, casi no lo confundo con James cuando lo vi, pero… de cerca, sus ojos.
— ¿Sus ojos qué…?
— Cuando los vi, me recordaron a ti, pero, luego vi los ojos del Rey de Ipswitch y, todo fue una confusión.
— Siri, sabes que mi hijo está muerto… —Le consoló pasándole la mano por sus cabellos, acariciándoselos, sabía que la muerte de su pequeño, le había dolido mucho a Sirius, y al pobre de Remus—. Voldemort mismo lo mató hace 17 años. Sirius… ¿Sabes algo de Remus?
— No…, la última vez que supe de Moony —Dijo deteniéndose en medio del oscuro sitio dónde estaban—. Fue justo antes de que me encerraran en Azkaban.
— Sirius, jamás te agradecí lo que hiciste —Le cedió con lágrimas en los ojos—. La gran estupidez que hiciste y que eso logró que te enviaran a Azkaban, jamás te lo agradecí, gracias a eso yo tuve fuerzas, tuve fuerzas para sostener a James y a todos aquellos a los que pudimos ayudar.
— Shhh, no fue nada Lily… yo encantado cometo de nuevo ese acto imprudente…
— ¿Crees que te puedas escabullir para ver a James?
— Por supuesto, Mi Reina, claro que puedo escabullirme para ir a ver a James.
— ¡Peter! ¡Yaxley! ¿Evan? ¡Diosa! ¿Hay alguien aquí? —Gritaba Harry desesperado.
— ¿Oyes eso?
— Por supuesto que lo oigo, Lily. Es alguien gritando, ¡duh!
— ¡Suéltenme! ¡Padre! ¡EVAN! ¡Ahh!
8
— ¡Yaxley!
— ¿Mi Lord? —Preguntó el hombre castaño apareciendo.
— ¿Dónde está mi hijo? —Le preguntó con nervios contenidos.
— Pues, no lo sé…, la última vez que vi al Delfín, estábamos peleando por no recuerdo ya que estupidez y me llamaron por unas dificultades en Salem. ¿Le ha preguntado ya a Peter o a Evan?
— Algo le pasa a Harry…
— Ya, no dudo que al pequeño Delfín le sucede algo. ¿Desea que proceda de alguna manera, Mi Lord?
— No puedo yo ir a buscarlo, el idiota de Voldemort, está poniendo a prueba mi paciencia, volcándome en estratagemas burocráticas… ¡Corre y búscalo!
— Sí, ya voy… siempre soy yo a quién le toca el kindergarten… —Masculló una vez que hubo desaparecido ¿Ahora dónde buscaba al jodido príncipe? ¡Que llamaran a Evan! Él era el único que podía encontrarlo.
9
— ¿Qué no oyes lo que te está diciendo? Que lo sueltes, imbécil —Masculló Sirius, yendo a socorrer a quién estuviese en problemas.
— Atrás chinito, esto no es contigo, quién quiera que seas.
— Suéltame —Demandaba el ojiverde tratando de zafarse, pero el potente agarre al cual era sometido, estaba casi trancándole la circulación.
— Quédese quieto, su alteza —Se burló agarrándole por el cuello. ¡Bien! ¡Ahogarlo! Genial idea—. Y tú —Dijo señalándome de forma maleducada—. Das un paso más y el que va a pagarlo es el crío —Sirius tuvo que retroceder ante la amenaza.
— ¡Stupefy! —Se oyó el conjuro de una mujer—. ¡Expelliarmus! —Aprovechando el momento, Black le arrancó al chico de las manos y le quebró el cuello, matándole en el acto.
— ¡Vámonos! ¿Qué estás esperando? ¿Qué vengan mortífagos y terminar todos en Azkaban? —Preguntó alterada Lily, instándoles el darse a la fuga.
10
— ¿Estás bien, chico? —Preguntó la mujer, alzándole la cara. Vio que tenía un feo cardenal justo en donde el hombre había hecho presión en el cuello y suponía que, en el brazo habría otro, aún peor—. El Delfín de Ipswitch… —El moreno trató de soltarse, sin fuerzas, al ver que de nuevo le habían descubierto ¿Cómo demonios le hacía todo el mundo para saber que él era el dichoso príncipe? —. No, no… calma…, soy Lily Potter, la Reina de Gryffindor. No te haremos nada… ¿Sirius? —Esta volteó a ver como sólo había un perro gruñéndole a un hombre vestido de negro—. Vámonos —Le dijo al noble, obligándole a caminar—. Padfoot… —El perro al escucharle se dio la vuelta y la siguió.
11
— ¡Harry!
— Padre —Gimió soltándose del agarre de la Reina y yendo directo, a los brazos del Rey.
— ¿Dónde demonios estabas? ¡No me desobedezcas así! ¿Qué si te hubiese pasado algo?
— Lo siento. Sólo me perdí… y luego aparecieron unos tipos extraños, y me dio uno de los ataques que me da, y no me pude defender, pero, luego llegó ese hombre de ojos grises y me salvó y… —Siguió entre balbuceos—. La Reina de Gryffindor…
— Su Alteza —Saludó la mujer, haciendo una corta reverencia—. No le regañe, creo que ya tenido suficiente…
— ¿Tú fuiste quién lo salvó? —La mujer asintió preocupada. Le rogaba con la mirada al chico que no dijera nada acerca de Sirius—. ¿Y quién es el dichoso hombre de ojos grises? —Ésta se tensó.
— Desapreció —Confirió Harry, al notar el nerviosismo de su salvadora. Sabía que el perro era quién le había salvado. Y se llamaba Sirius. Aunque, desde que le habían salvado, le decía Padfoot.
— Bueno, gracias a la Diosa que aún hay gente que ayuda sin ninguna doble intención. Ahrg… rayos con el moretón que tienes en el cuello. ¿Del resto estás bien?
— Sólo me duele un poco el brazo…, y estoy cansado —Le confesó, comenzando a sentir que la adrenalina dejaba su cuerpo. El que su padre estuviese con él ya era significado de que no podía pasarle más nada. Era estadísticamente imposible, así que solamente se dejaba caer.
— Ya mismo vemos como hago para que te largues de regreso a Ipswitch… entre Voldemort y tú, me van a dejar loco. Vamos a hablar con tu abuelo… Gracias, Lilianne…
— Pod…
— ¿Si?
— No nada… de nada, fue un placer salvar al chico…
— ¿Deseas venir? —Preguntó el Rey.
— ¿Puedo? —El monarca de Ipswitch asintió. La mujer vio al perro, y este sólo siguió su camino, luego de un casi inadvertido asentimiento por su parte. Tom entrecerró los ojos pero no dijo nada, sólo soltó a Harry quién con paso tranquilo, junto a la Reina, habían decido comenzar una conversación banal, para terminar de pasar el mal rato.
TBC