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Across The Universe.
5. Silencio en la biblioteca. (Ginny Weasley)
- ¿Ginny?
Se supone que Sirius Black no debería tener ese efecto en ella. A veces le hace sentir muy pequeña, más de lo normal. Y otras es como si estuviese observando algo prohibido. Es una extraña sensación la que le produce este hombre cargado de tanto pero que nunca dice nada. Pasan unos días hasta que se da cuenta de lo que ese hombre de pelo enmarañado pero elegante, de mirada triste y atormentada, de ojos grises que en raras ocasiones brillan cuando mira la Luna, de sonrisa medio torcida que nunca llega a serlo del todo y de espíritu rebelde encerrado en la jaula que es la carne de su cuerpo, provoca en ella. Es diferente y a la vez le da miedo, porque Merlín, Sirius Black podría ser su padre. Y sin embargo, le atrae. Es condenadamente atractivo.
No del modo en que lo hace Michael Corner. Ni el propio Harry. Michael le gusta como lo hace un chico de quince o dieciséis años. De un modo a veces demasiado angelical para su gusto. Lo de Harry es otra historia que a veces desearía que no fuese contada. Ha aprendido a luchar contra el impulso de besarle cuando baja las escaleras delante de ella porque su olor se le incrusta en cada célula de un modo insufrible. Y mira su nuca y se repite que jamás es solo eso, jamás. Que platónico es solo eso, platónico.
Pero Sirius… Él es algo prohibido por un montón de razones. Es casi visceral y se pregunta cuántos corazones rompió en Hogwarts. Cuántos rompería ahora de no ser porque es triste saber que en otro tiempo fue un huracán de juventud, un tornado de magnetismo, un auténtico león que lleva catorce años en cautividad.
Se asoma por la puerta de la pequeña biblioteca, donde Sirius está con Remus. Sabe que pasan la mayor parte del tiempo juntos. A veces están horas y horas sin hablar, como si el silencio fuese el tercer acompañante de un viaje que nadie más puede hacer. Otras se oye la voz calmada de Remus Lupin intentando apaciguar al perro que Sirius Black lleva dentro. Sobre todo cuando tienen una reunión de La Orden y Snape aparece por allí y parece deslizarse y soltar veneno en cada una de las heridas abiertas del enemigo. Recuperan el tiempo perdido. Aunque doce años es demasiado tiempo para recuperar. Así que lo intentan.
- ¿Qué tal estás? –pregunta Remus.
- Bien, profe –se interrumpe antes de seguir.
- Te he dicho que no me llames profesor –le reprende con serenidad y amabilidad.
Es difícil no hacerlo cuando cada vez que le mira ve al Profesor Lupin y no a Remus. Sin embargo le gusta ese toque de intimidad que le proporciona el llamarle por su nombre. El peso libre de la autoridad. Y decide entrar y sentarse con ellos, como tantas tardes hace porque encuentra algo cautivador en ellos. Siempre ojea algún libro y pregunta a Remus como si siguiese siendo un profesor porque no conoce a nadie que sepa más que él. Ni siquiera Hermione. Y porque le gusta oírle hablar sobre cosas que no entrañan riesgos y peligros mortales. Su voz suena diferente.
- ¿Te gusta ese libro? –pregunta Sirius mirando por encima de su hombro.
Es una edición antigua de cuentos para niños. Es lo más macabro que ha visto en su vida, porque un niño no debería escuchar esas historias a la hora de dormir y tal vez explica parte de lo que es Sirius Black. Pero le gusta. Hay algo en las páginas, el olor a antiguo, a historia, que embriaga sus sentidos. Afirma con la cabeza.
- Quédatelo –concede.
- ¿Cómo? –pregunta sorprendida.
- Que te lo quedes. Como un regalo de cumpleaños. Por cierto, felicidades.
Lo dice con los brazos cruzados y la mira como si estuviese molesto con ella por no decir que ayer fue su cumpleaños. Es la primera vez que no lo celebra. No la costó convencer a su madre de que no era una buena idea con los tiempos que corren y la posibilidad de que Harry sea expulsado de Hogwarts flotando en el aire. Todos tienen cosas mejores en las que pensar y hacer que celebrar el cumpleaños de una adolescente.
- Felicidades –dice Remus sonriente.
- Gracias.
Se dirige más a Sirius que Remus. Le gustaría decir algo más que eso. Decirle que todo irá bien, que ganarán ellos porque son los buenos y que Harry estará bien porque le tiene a él más que a nadie. Pero Sirius Black lleva una coraza y es de esas que Ginny Weasley no se atreve a romper.
Le da miedo que se rompa el hechizo. Que se rompa la fina capa que sostiene el alma de Sirius Black.
Fin.
N/A: bien. A ver cómo explico yo todo esto. Hay por ahí, sobre todo en mi flist y vosotras sabeis quienes sois, gente que no le pone mala cara a Ginny y Sirius. Mi manera de verla es esta: Ginny, como toda persona humana y normal ve a Sirius Black y se siente atraida. Demonios, todas y algunos lo hacemos, ¿no? Pues no creo que fuese diferente. Y me pongo en su lugar (más quisiera) y pienso en los días que pasaron en Grimmauld Place, en lo que tenía que ser compartir espacio vital con alguien tan absolutamente increible. Así que se puede decir que soy un poquito Ginny en este fic... Y sí, estoy segura de que Sirius y Remus pasaban todo el tiempo posible juntos, aunque doce años sean mucho tiempo perdido que recuperar.
Er... No sé si alguien será fan de Doctor Who por aquí, pero sí, he robado el título de esa mitad que conforma otra gran historia de Moffat.
Ah, y muchisimas gracias por los reviews, sé que si no los respondo al momento no lo haré, o pasará demasiado tiempo y no quiero que nadie piense que no los valoro, porque lo hago, y mucho. Sois unos amores que alimentais mi pequeñito ego, muchas gracias.