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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Saint Seiya » Cuando el corazón se cansa

Selene18-DarksideZuster
Author of 8 Stories

Rated: M - Spanish - Drama/Angst - Reviews: 2 - Updated: 03-16-09 - Published: 01-06-08 - Complete - id:3996719

Buenas buenas xD aquí vengo con un pequeño drabble -mi primer drabble- que hice en un pequeño arrebato de inspiración, con mi pareja siempre amada y siempre favorita, KanonXSorrento D

Debo hacer las reseñas necesarias, aun cuando esto sea un drabble:

1- El elenco de esta historia pertenece a esa genial serie llamada Saint Seiya, de Masami Kurumada. Solo los tomé prestados para fines perversos, jejejeje.

2- Esta historia contiene Yaoi. Si, Yaoi, llámese dos hombres guapos de animé danzando horizontalmente en una cama. Si no les gusta, pues no lean y ya.

3- Drama hasta los teque-teques. Si no les gusta, también les invito a que dejen de leer.

4- Una levísima lima, señores, pero no la gran cosa.

5- Críticas... Hechas de buena manera, y constructivas. Críticas hechas de mala manera (Llámese con groserías) así como con pequeños dejos de “superioridad”, serán desechadas, por muy certeras que hayan sido. No tengo paciencia con los sabelotodos que vienen a criticar a los demás con aires de superioridad y condescendencia, como si lo supieran todo. Es muy desagradable. Así mismo, rectifico además que cualquier crítica que implique un juicio directo o indirecto contra la mentalidad, orientación o lo que sea de la autora, en el mejor de los casos, será ignorada y en el peor de ellos, burlada con todo mi sarcasmo.

¡Disfruten!

Selene18-

Cuando el corazón se cansa

(Corazón roto)

Han pasado tantos días desde que me enfrasqué a dominar a Sorrento.

Todo comenzó aquella fatídica semana, cuando me dediqué a descargar sistemáticamente la ira que sentía hacia este marina por estar provocándome; sí, “provocándome”, así lo llamé. Minuto tras minuto, con cada caricia brutal que le propinaba en su pálida piel, con cada fuerte embestida de mi cuerpo contra el suyo, pretendí arrancarle la virginidad a dentellada limpia, como castigo por sus supuestas “provocaciones”.

Su reacción, al comienzo, fue algo muy clásico: apatía, desilusión, e incluso intento de suicidio; un intento que me encargué de frustrar haciéndole una pantomima de que él me importaba, y que no iba a dejarlo ir así de fácil. Bueno, en realidad, no era pantomima ahora que lo pienso retrospectivamente, pues me doy cuenta que en realidad él SÍ me importa, después de todo.

Luego de curarlo, volví a mis andadas, masacrándolo una y otra vez, con tanta fuerza e ímpetu como la primera vez. Y fue en ese momento que sentí una especie de bajón de espíritu: cuando miré a sus ojos, éstos no reflejaban vida; no había brillo, ni alegría ni dolor, ni pena ni gloria. Me detuve y lo tomé en brazos para hacerle reaccionar, pero él seguía igual; entonces me di cuenta que cuando el corazón se cansa, no hay cariño que lo alcance.

Días después, comencé a sentir curiosidad por saber qué hacía cuando yo no estaba hiriéndole como siempre. En esos días, caminaba silencioso hasta su pilar y bajaba mi cosmos hasta hacerlo totalmente imperceptible, y lo espiaba. Curiosamente, no veía señales evidentes de depresión, como siempre esperaba: su cuarto siempre parecía estar impecable, al igual que su aspecto físico. Sin embargo, yo sabía perfectamente lo acaecido con él, y que nada podía esconderme detrás de su fachada de vida aparentemente normal.

– ¿Aún herido? – pregunté con una mueca torcida, siempre fingiendo.

Sorrento ni se inmutó. Tuve que agarrarlo por el hombro para que me mirara… aunque luego deseé no haberlo hecho, ni haberle preguntado semejante cosa:

–Mi corazón ya está completamente roto, Kanon –dijo con un tono grave y un poco seco, acompañado de sus ojos helados, que me sentaron como un balde de agua fría –.Ya no hay más daño que puedas hacerme.

Me tambaleé por un momento, tratando de recobrarme de aquella afirmación que me sentó como un gancho al hígado; leí la resignación, la rendición y la total apatía y desilusión que acompañaban a la gangrena del espíritu. Realmente me costó recuperarme de aquel impacto, pero lo logré. Volví a esbozarle una mueca torcida.

–Veo que no cambias, pues aún sigues lloriqueando ¿no? Pero no importa… ven aquí, niño…

No opuso resistencia, sino que me dejó adueñarme una vez más de su cuerpo resignado. Y aunque lo disfruté, no pude tener mi consciencia en paz, por que fui yo quien lo transformó en lo que era hoy por hoy. Y eso, al igual que los traumas de Sorrento, iba a quedar indeleblemente grabado en mi mente…

Por siempre.

Continuará...


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