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Books » Twilight » Como si fuera la primera vez
Kushi920912
Author of 2 Stories
Rated: K - Spanish - Romance - Edward & Bella - Reviews: 204 - Updated: 07-27-08 - Published: 01-06-08 - id:3997249

Esta es mi primera historia de Crepúsculo, eh hice mi mejor esfuerzo...

Espero que les guste

Los personajes de esta historia le pertenecen a Stephenie Meyer, a la cual se le felicita por haber creado a personajes tan perfectos (como Edward y Jasper)


Como si fuera la primera vez

Capítulo 1: Despertar

Abrir los ojos. Un movimiento tan fácil, y que a la vez, se vuelve tan complicado como caminar sobre una superficie resbalosa usando sólo calcetas. Es este el primer paso para visualizar lo que está a tu alrededor, y muchas veces, no sólo centrarse en lo superficial, sino que fijarse en lo verdaderamente esencial en alguien, lo cual se refleja en los ojos del otras personas.

El sentir lo que está a tu alrededor, es el segundo paso. Tal vez está muy pasado a llevar, pero es igual de importante que el primero. Es en aquel momento cuando alguien comprende lo que lo rodea y lo que es parte de uno; y es aquí donde me he dado cuenta de lo que me sucede.

Miro a mi alrededor. Me encuentro en una habitación profunda, sombría, fría, pero que a la vez, es agradable. Los muros son completamente se roca, y la única vía de entrada es una puerta de madera. No llama mucho la atención, pero algo destaca en ella, y eso es la pequeña abertura que se encuentra a sus pies. Ahí me di cuenta de que me encontraba en una antigua – pero cómoda – celda.

Al sentirme algo encerrada, me comenzó a dar algo de claustrofobia, ya que nunca había soportado mucho en lugares… Esperen. Algo no cuadra. Mi mente está completamente en blanco, como una hoja de esos cuadernos de croquis. No hay nada. Por más que intentó centrarme en lo que me ocurre, no se nada. No recuerdo nada… No sé quién soy.

Es extraño, pero me siento diferente – y eso que ni me acuerdo de cómo me sentía antes -. Lo primero que hago es acariciar mi piel, tersa, musculosa, blanca… perfecta. Inmediatamente llevo mis manos a mi cabello. Liso, completamente liso, sedoso, también perfecto. Comienzo a mirara a cada rincón de aquella oscura celda. Lo veo toco claramente, como si existiera una gran pared de vidrios, y el sol se filtrara por ella. Todo me daba vueltas.

Lograba ver las esquinas más alejadas de aquella habitación, podía sentir los olores de cada objeto muy intensamente, y me movía de forma ágil, como un venado. Me sentía rara, pero, más que todo eso, me sentía tranquila. Y algo ocurrió. Sentía como algo me apretaba la garganta, que se secaba, para luego, sentirme seca. Sedienta. Sentía como un líquido se concentraba en mi boca, mientras mi lengua lo saboreaba y acariciaba con delicadeza mis dientes. Puntiagudos. Habían cuatro que no eran dientes, sino que se habían transformado en colmillos.

Y la puerta se abrió.

Rápidamente, dirigí mi mirada hacia ella, para toparme con un par de ojos burdeos intensos. En ellos se reflejaba la maldad, la arrogancia, el deseo de sangre; pero no sentía miedo al verlos, sino, más bien sentía una gran tristeza por él. Compasión. El joven – ya que no pasaba de los 25 años – se acercó lentamente hasta mi posición y, en su rostro, mostró una gran sonrisa. Me pareció sincera, pero nada más.

-Me alegro de que por fin hayas despertado, mi querida Isabella – Isabella… ¿acaso ese era mi nombre? No era feo, pero lo encontraba demasiado largo para mi gusto.

-Preferiría que me llamaras Bella solamente, si no te molesta – y más vale que no le molestara, ya que era yo la que se sentiría incómoda si la llamasen por el nombre completo.

-Claro, se me olvidaba que a ti no te gustaba que te llamasen por tu nombre completo. Que tonto fui al olvidarlo – En ese momento recién me pude dar cuenta de cómo era. Su cabello era de un marrón oscuro, y sus facciones no eran muy cuadradas como la de los hombres, más bien, no era un hombre, sino que era un joven, un poco más bajo que yo, pero no mucho.

-Disculpa pero¿me podrías decir tu nombre? – no me sentía muy bien al preguntarle algo como eso. Él sabía perfectamente quien era – o eso aparentaba – y yo ni siquiera sabia quien era él¡ni si quiera sabía quien yo era!

-¿Acaso no me recuerdas? – Negué con la cabeza – me llamo Alec, y soy uno de los aprendices de Aro, Cayo y Marco.

-Lo siento, pero no los recuerdo, a ninguno, más bien… nada.

-Entonces Aro tenía razón – esto lo había dicho como un susurro, pero lo sentía como si lo hubiera dicho fuerte y claro – Bien, entonces tendré que llevarte frente a ellos. Sígueme.

Alec se dio media vuelta y emprendió rumbo, mientras que yo, obedientemente, lo seguí. Caminamos por un pasillo muy oscuro, el cual era apenas alumbrado por una que otra antorcha que se encontraba apoyada en las paredes, igualmente, de piedras. El pasillo se entendía por más de dos kilómetros, y estoy segura de eso, ya que nos demoramos mucho en llegar a su fin, pero no me sentía cansada. Alec paró justo frente a una puerta muy grande, que también era de madera, pero, a diferencia de la de la celda, esta era majestuosa a su lado. Me quedé un momento viéndola fijamente, mientras Alec comenzaba a abrirla.

-Sígueme.

Seguimos caminando por otro pasillo, el cual era totalmente distinto al anterior. Sus paredes estaban cubiertas por gruesos maderos de color canela, y cada dos pasos más o menos, se encontraba una antorcha que iluminaban el lugar. El piso también era de madera, pero mucho más oscura, y delante de nosotros se encontraba un gran salón. Era muy hermoso. Muchos cuadros, de diversos tamaños adornaban las desnudas paredes de madera, y una gran alfombra de color caqui cubría todo el piso. Entonces me percate de algo.

-Alec¿por qué no hay alguna ventana?

-Porque no las necesitamos mucho. No apreciamos demasiado al sol – no lo encontré demasiado lógico, pero lo dejé pasar… por el momento.

Atravesamos aquella sala y nuevamente cruzamos por una puerta. ¿Por qué no sacan todas estas puertas y unen todo? No me gusta tener tantas puertas…

Pero, apenas traspasamos aquella puerta, nos encontramos en una habitación, también muy oscura y sin ninguna ventana. Nuevamente, la sensación de claustrofobia me invadió. El aire se sentía muy pesado, y sentía escalofríos cuando Alec me miraba. Estaba completamente incómoda.

-Isabella, Isabella. No sabes cuanto me alegra que hayas despertado al fin – No pude reconocer la voz, pero sentía que ya la había escuchado antes.

Un hombre salió de entre las sombras y se plantó frente a nosotros. Tenía los ojos del mismo color que los de Alec, y su piel era extremadamente blanca, casi traslucida. Sus cabellos eran de un negro intenso y llegaban hasta topar sus hombros. No se exactamente cual fue mi primera impresión al verlo.

-Bella – le corregí rápidamente.

-Claro, se me olvidaba.

-Disculpe pero¿Quién es usted? – otra vez, incomodidad.

-Mi nombre es Aron, y soy uno de los legendarios Vulturi. Al parecer mis suposiciones eran sierras, no recuerdas bien quién eres¿o me equivoco? – dio casi en el clavo.

-En realidad, no tengo ni la más mínima idea de quien soy… - no me gustaba sentir aquello. La nada. No saber quien eres, de donde eres, a quienes conoces, todo… Me dolía sentirlo.

-Entonces, esto demorará un poco más en aclararse – en sus labios se dibujó una sonrisa amigable, pero no me convenció del todo.

-¿Usted sabe quién soy, y lo que soy? – estaba más que claro que humana no era, ya que mi cualidades no eran normales comparadas con las de un humano.

-Si, Bella querida, se quien eres y lo que eres… Un Vampiro.

Me quedé helada – más de lo que estaba – al escuchar sus palabras. ¿Cómo podría creer semejante estupidez?. Yo, un vampiro, no lo creo. Era ilógico. Los vampiros no existen, sólo son la creación de algún escritor que no tenía nada mejor que hacer en su tiempo libre que escribir fantasías. Por mi expresión, deduje que Aro sabía exactamente lo que pensaba.

-Aunque no lo creas, lo eres, al igual que nosotros – aún no me lograba convencer, así que Aro se acercó más a nosotros -. Si no nos crees¿podrías explicar el hecho de tus colmillos, al igual que la de tu baja temperatura y blanco de la piel?

Era verdad. En mi boca habían cuatro colmillos muy afilados, mi piel estaba completamente blanca y dura, además de que mi cuerpo era un 'tempano con patas', por así decirlo. En ese momento, me aterre.

-Dios… ¿por qué?...

-Te salvamos, Bella – Ahora Alec me hablo -. Habías tenido un accidente automovilístico con tu madre, y estabas agonizando. No queríamos dejarte morir, así que te llevamos lejos y…

-Me transformaron… - complete su frase. ¿Había tenido un accidente? Oh, Dios, esto era horrible.

-Debes entender que era por tu bien. No podíamos dejar que tu poder se… - Al parecer Alec calló en la cuenta de que estaba diciendo algo indebido, y Aro le miró con esas caras de psicópata.

-Lo que cuenta es que te salvamos la vida – Dijo Aro para tapar lo dicho por Alec – y que puedes quedarte aquí el tiempo que quieras.

-Muchas gracias por su hospitalidad, pero…

-Pero…

-Me gustaría saber quien soy antes de aceptar cualquier oferta – he descubierto algo más sobre mí, me molesta no saber las cosas – si es posible.

-Tienes razón, necesitas saber quién eres – Aro se acercó a un asiento y se sentó sobre él -. Te lo explicaré. ¡Alec!, tráele un asiento para que se acomode.

Obedientemente, Alec salió de la habitación en busca de una siento, y en pocos segundos – dos, para ser exactos – llegó con una gran silla, con respaldo de cuero. Al tenerla cerca, me senté sobre ella, y Alec se sentó a mi lado – ya que era grande y alcanzaba para los dos-.

-Bien, como ya sabes tu nombre es Isabella… - asentí con la cabeza – Isabella Swan. Naciste en un pueblito en Washington llamado Forks. Estuviste viviendo ahí por un tiempo… y luego de eso, viniste a Italia con tu madre. As estado aquí por cinco años, pero, hace tres días se te ocurrió visitar nuevamente Forks, pero cuando te dirigías hacia el aeropuerto, tu madre chocó contra un camión de frente. Fue una lastima…

En realidad, no pareciera como si en verdad lo sintiera. En verdad, me dolió mucho al saber lo que me había ocurrido. Mi madre estaba muerta… y yo, me salve convirtiéndome en un vampiro. En una criatura sobrehumana y despiadada; sedienta de sangre y buscando la maldad. No quería serlo. No quería ser esto, una asesina en pocas palabras, que tiene una segunda oportunidad indefinida, mientras que una de las personas que más me quería, de las cuales son capaces de dar la vida por uno sin pensarlo dos veces, había muerto. Me sentía sucia.

-Bella, cariño, no te sientas mal. No fue tu culpa lo que le haya ocurrido…

-En verdad, si lo fue… - tenía razón, era a mi a quien se le había ocurrido viajar-.

-No sacas nada con culparte de esa forma – la voz de Alec sonó muy fuerte en mi cabeza -. No conseguirás nada. Debes agradecer esta segunda oportunidad, y eso lo sabes. Ella murió, y fue inevitable, pero la vida sigue… aunque sea para siempre.

Analice cada palabra que me había dicho con mucho cuidado. En sierto modo, él tenía razón. No sacaba nada con culparme. Lo que le había ocurrido era inevitable. Pero, por otro lado, tenía derecho a culparme aunque sea por una vez. Era una idea un tanto masoquista, pero para mí, era lo correcto, lo lógico. Y en ese momento, algo surgió nuevamente, y era esta sensación de sed. No quería pensar en lo que ello significaba, en verdad, no quería, y al parecer, nuevamente Aro lo percibió.

-Lo mejor será que te alimentes. No quiero que sufras una recaída – y una risita burlona surgió de sus labios, como si tuviera un chiste interno.

-¿Quieres que llame a Jane? – Aro se volteó a verlo directamente a la cara.

-Creo que sería lo mejor, Alec – se dirigió a mí -. Bella, la hermana de Alec te llevará de caza.

Caza. Eso quería decir que debía ir a conseguir mi alimento. Sangre.

Alec desapareció al instante en que Aro la había terminado de hablar, y entonces, apareció una chica, de más o menos la altura de Alec, con el cabello corto, y del mismo marrón que el de Alec. Sus labios eran algo carnosos, y sus ojos eran grandes, además de poseer una belleza sobrehumana.

Al entrar en la habitación, se dirigió rápidamente hasta mi asiento y me regaló una sonrisa. Intenté devolvérsela, pero no lo conseguí, ya que no estaba de ánimos para eso.

-Jane¿recuerdas a Bella? – La chica le contestó con un movimiento de cabeza – Bien, te voy a pedir que la lleves de caza y le explique un poco sobre nosotros.

-¿Y por qué no se lo explicas tú, Aro? – la chica me seguía mirando fijamente, como si hubiera encontrado algo llamativo en mí.

-Porque tengo un asuntito que resolver. Sabes bien a lo que me refiero – su voz era sombría. En verdad, sentía que nada bueno era lo que tenía que hacer -.

-Esta bien, ya me encargo yo. Sígueme – y salió de la habitación. Cuando me disponía a desocupar esta, Aro llamo mi atención.

-Bella, no vuelvas si no es con Jane¿está claro?

-Si – y me fuí.

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