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El guardián lunar de las Cartas Legendarias de Clow
Card Captor CRISTAL7 (CCC7)
Introducción:
Este es un fanfic que le sigue al anterior: "Las Cartas Legendarias de Clow", así que para entender lo que pasa, primero lean ese. La continuación se la hice en una historia aparte por que aparece el guardián que simboliza la Luna, ya que Abel simboliza el Sol. Disfruten de la lectura.
Capítulo 1: La vida, dos semanas después
Luego de la mejoría de su madre, Shaoran regresó a Hong Kong para quedarse al lado de Sakura. Ella sólo podía concebir que el mundo era un lugar extremadamente feliz, por que ahora ya lo podía ver así, gracias a Shaoran. Sin embargo, Sakura estaba enfrentando ciertos problemas, y no tenía idea de que otros más estaban por llegar...
- ¡¡Aaawww!! - bostezó Sakura, abriendo la boca de manera descomunal. Shaoran, Tomoyo y Eriol la miraron inquietos, pero impresionados por el bostezo. - Lo siento - se disculpó ella avergonzada - Es que tengo mucho sueño -
- Bueno, no es de extrañarse - comentó Eriol - Recuerda que las nuevas cartas también se alimentan de ti, y por supuesto que aún no estás acostumbrada -
- Es verdad - dijo Tomoyo - Como cuando empezaste a cambiar las primeras cartas Clow a cartas Sakura, ¿verdad? - preguntó.
- Así es - respondió Eriol. - Además, no olvidemos a tu nuevo guardián -
- ¿Abel? - preguntó Sakura. - Pero yo pensé que era como Kero, no como Yue--
- No ese guardián, sino su compañero, Sakura - interrumpió Eriol. - ¿O acaso no se les hacía extraño que solo hubiese un guardián? -
- Pues ahora que lo dices... - repuso Shaoran - ...si, es extraño, pero lo es más que no haya aparecido aún - reconoció.
- ¿Pero por qué? -
- Seguramente la carta Odio no tenía el poder suficiente para dominarlo, pero cuando se volvio la carta de la Muerte, solo pudo despertarlo - explicó Eriol. - Claro, aunque sólo es una teoría -
- Sólo queda saber dónde está ese guardián - dijo Shaoran.
- Eso habrá que preguntárselo a Abel - dijo Eriol.
- ¿Él lo sabe? - preguntó Sakura a Eriol.
- Bueno, él puede adivinar la suerte, como cuando se utilizan las cartas. Seguramente no debe de ser ningún problema para él ubicar a su compañera--
- ¿Entonces es una guardiana com Ruby Moon? - preguntó Sakura.
- No exactamente igual, pero posee los poderes de la Luna, como ella y Yue -
- ¿A qué te refieres con eso? - preguntó Shaoran.
- Pronto te enterarás - dijo Eriol, con una sonrisa enigmática.
- Ay Eriol, tu siempre tan misterioso - dijo Tomoyo, riéndose de la expresión de su novio, y dándole un suave beso en la mejilla - Nosotros seguiremos de ese lado - dijo de repente, tirando del brazo del cual ella estuvo enganchada todo el trayecto de la vuelta de la escuela, en dirección a la casa de Eriol. - Nos vemos mañana. Y descansa, Sakura - se despidió.
- Nos veremos mañana - dijo Eriol, dejándose llevar por la adorable joven a quien amaba tanto.
- Hasta mañana - los despidieron Sakura y Shaoran, y retomaron el camino hacia la casa de Shaoran, ya que, por lo que sabía Sakura, su hermano estaría con Nakuru, Yukito y otros compañeros de la universidad, estudiando para un final que debían rendir en una semana, y si su hermano ya estuvo insoportable durante la semana anterior, peor sería si Shaoran se presentara ese día, pues con toda la tensión que Touya acumuló, seguro estallaría en el preciso momento que viera aparecer al "mocoso", como tenía costumbre decirle, cosa que no cambió con el paso de los años.
Wei no estaba viviendo con Shaoran por que el joven insistió en que se quedara un tiempo en Hong Kong, cuidando de la salud de su madre, por lo que la casa la tenía sólo para él, o para ellos, mejor dicho. Ya hubo algunas oportunidades en esa semana que Sakura se quedaba dormida a veces, antes de la hora de la cena. Muchas de esas veces fue en casa de Shaoran, incluso estando Eriol y Tomoyo en algunas ocasiones. Para que los familiares no se preocupaban, Eriol utilizaba magia para adoptar la voz de Sakura, y así poder avisar que ella se quedaba a dormir en casa de Tomoyo. La razón por la que hacían esto se podría describir en dos palabras: Touya Kinomoto. Luego de que hacían eso, la pareja se retiraba, dejando a Sakura con Shaoran.
Él adoraba verla dormir, ya que su rostro se volvía como el de un ángel, tan lleno de paz. La recostaba en la habitación que antes usaba Meiling, y allí se quedaba con ella, arrodillado al lado de la cama, cuidando del sueño de su amada flor de cerezo. A veces se quedaba dormido contemplándola, y cuando eso pasaba, él era despertado una o dos horas después por Sakura con un suave y tierno beso, para luego quedarse dormidos abrazándose uno al otro.
Finalmente llegaron. Ese día, Sakura le llamó a Kero:
- ¡¿Quién rayos es?! ¡Estoy compitiendo para vencer a un adversario y no puedo atenderte ahora! - se oyó en el auricular una vocecita chillona y malhumorada, junto con los sonidos típicos de los videojuegos.
- ¿Qué manera de contestar el teléfono es esa, Kero? -
- ¡Ah, eres tú, Sakura! - contestó Kero - Estoy tratando de vencer a Abel en este juego, y esta vez yo seré el venc--- AAAAAAAYYYYYYYYY!!!!!! -
- ¡Kero! -
- Si tú sabes perfectamente que puedo adelantarme a todos tus movimientos, nunca podrás tomarme por sorpresa en este tipo de cosas - se escuchó una voz parecida a la de Kero, pero algo más grave y calmada - De ahora en más, cuando tú estés jugando, yo atenderé el teléfono ¿de acuerdo, Kerberos? - concluyó el pequeño león blanco.
- Uff - se oyó resoplar a leoncito dorado - Haz lo que quieras -
- Por cierto... - dijo Abel, para luego cambiar su voz casi por completo, hasta parecerse a la de Spinel Sun cuando está ebrio - ... ¡me debes tu parte del postre! -
- ¿QUÉEE? ¡¡JAMÁAAAAS!! - gritó Kero.
- Fue la apuesta: si yo te ganaba en los videojuegos, tú me darías tu parte del postre - dijo la voz de Abel, triunfante, sosteniendo el teléfono.
- ¡Sakura, sé buena y ayúdame! - Kero le arrebató el aparato a Abel, y decía gimoteando - ¡No dejes que se coma mi parte del pudín! -
- Kero, eso te pasa por apostar. Espero que no se te olvide la lección - lo retó Sakura.
- ¡¡¡Buuuuuaaaaaaaa!!! ¡¡Eres mala conmigo, Sakura!! - Y Kero se tiró a la cama a llorar y hacer berrinche.
Sakura suspiró. Siempre era lo mismo desde que Abel fue a vivir con ellos.
- ¿Se lo ofrece algo, ama? - se escuchó por el auricular del teléfono la ya recuperada voz seria de Abel.
- Abel, por favor. Ya te he dicho que no seas tan formal conmigo - le reprochó Sakura. - Sólo llámame por mi nombre, como hacen los demás guardianes -
- Disculpe usted, pero no puedo acostumbrarme aún a tratarla de manera informal. Recuerde que yo fui la primera criatura que el mago Clow creó, y eso incluye también las cartas legendarias. A diferencia de otras criaturas... - Abel dijo ésta frase con mucho más énfasis, apartándose un poco del teléfono para mirar con desaprobación a Kero, que seguía desacomodando el lecho de su dueña, haciendo un gran escándalo, que se silenció al instante que escuchó esas palabras, y sólo se quedó con una cara tremenda de enfado - ...yo sé cómo comportarme ante mi dueño - concluyó.
- Sin embargo, me sorprendes Abel - dijo Sakura - Ahora te comportas como Spinnel Sun o como Yue, pero en ciertas ocasiones te vuelves casi igual a Kero. ¿Puedes decirme por qué? -
- Justamente, por que fui la primera criatura que fue creada por el mago Clow, al igual que las cartas legendarias de Clow, fuimos todos algo así como experimentos fallidos. Es por eso que salí con una doble personalidad, pero por lo general soy serio y tranquilo pero... - su voz volvió a cambiar de repente - ... ¡eso no significa que no sepa divertirme! -
A Sakura no le gustó nada la manera en como se describía Abel como "experimento fallido", pero se dijo a sí misma que ese no era le momento para hablarlo, y que lo haría más tarde. - Por cierto, Abel - Sakura cambió su voz hasta notarse seria. - Quisiera que me confirmaras algo personalmente, así que quería pedirte de favor si puedes venir con Kero a casa de Shaoran---
- ¡No quiero ir a lo del mocoso! - interrumpió Kero, enojado.
- ¡Deja de llamarlo así, Kero! - se enojó Sakura. - Shaoran ahora es mi novio, y no quiero que se peleen, ¿de acuerdo? -
- Mmm... está bien, pero sólo lo hago por esta vez, Sakura - refunfuñó el guardián.
- Enseguida iremos a reunirnos con usted, ama - dijo Abel.
- Los esperamos - dijo Sakura, y colgó.
En eso Shaoran, que estaba en la cocina para dejar hablar a Sakura, volvió a la sala con una bandeja para tomar el té. - ¿Van a venir, entonces? - preguntó.
- Si - y luego se acordó - ¡No compré las masitas! Y Kero se pone insoportable si no hay algo para comer. Enseguida vuelvo - dicho esto, se fue a una tienda cercana.
En el camino a la casa de Shaoran, Abel se detuvo.
- ¿Qué pasa? - preguntó Kero, al ver que Abel se había quedado atrás.
Abel tenía un semblante que daba a entender que el miedo se había apoderado de él. - ¡¡Mi ama!! - gritó. - ¡¡Debo salvarla!! -
- ¿¡De qué hablas!? - Abel no respondía. Kero, al ver que no reaccionaba, se acercó y lo sacudió de los hombros de manera violenta - ¡¡¡HABLA!!! ¿¡QUÉ LE HA PASADO A SAKURA!? -
- ¡¡No hay tiempo!! ¡¡ Vé por ayuda rápido!! ¡¡Yo iré por ella!! - dijo, al tiempo que se transformaba a su forma original y volaba rápidamente.
Kero no demoró. Cambió a su estado natural y se dirigió a casa de Shaoran.
En el camino de vuelta, Sakura sintió una fuerte presión en todo el cuerpo, como si ella estuviese metida en un tubo de goma demasiado estrecho. Pero al abrir sus ojos, no había nada alrededor, nada excepto alguien... Era una pequeña niña, pero no pudo vislumbrarla bien, lo que si pudo ver fue que en sus brazos cargaba algo que parecía un gato alado... y fue ahí que perdió el conocimiento.
Capítulo 2: El misterio de la guardiana de las cartas Legendarias de Clow. El sufrimiento de Abel
Sakura estaba en un extraño lugar, pero no dejaba de verse familiar para ella. Sentía que ya había estado allí antes, y cuando se incorporó del suelo, entendió que se encontraba en la dimensión en donde una vez luchó con la antigua enemiga de Clow, la poderosa hechicera Mahoushi, cuyos poderes se especializaban em el control de agua, y la adivinación a través de ella. Pero si eso había sido durante su primer viaje a Hong Kong hace más de 5 años, entonces... ¿qué estaba haciendo allí?
Dos hermosas aves sobrevolaban por encima de su cabeza. Cuando levantó la vista hacia ellas, las miró extrañada, y de repente, se hundió en el agua, pero no se ahogaba. Había una enorme criatura que la estaba esperando, pero no podía distinguirla bien, ya que tan solo podía ver su silueta, la cual tenía semejanza a la de un felino de figura estilizada, como si se tratara de un guepardo, solo que alado. Nadaba de un lado al otro rapidamente, y luego alrededor de Sakura. Ella no podía seguir los movimientos del animal, y surgió un torbellino por la velocidad que la criatura había tomado. Sakura fue arrastrada por la corriente y comenzó a perder la conciencia...
- ¡Sakura! ¡Sakura! - era la voz de Shaoran la que Sakura oyó cuando abrió los ojos y se encontró en la calle, en donde todo había comenzado.
- ¿Se encuentra usted bien? - preguntó Abel, desde una prudente distancia. Kero estaba junto a él, y los dos en sus formas originales.
- Si - dijo Sakura. Shaoran la estaba sosteniendo y ella estaba sentada en el suelo, por lo que se puso de pie.
- ¿Qué fue lo que te sucedió? - preguntó Kerberos.
- Yo... no lo recuerdo - respondió ella. - Estaba caminando y luego perdí el conocimiento -
- Lo mejor será que descanse por ahora, ama - intervino Abel.
- Él tiene razón. Ven, sube - dijo el otro guardián. Shaoran la ayudó a subirse al lomo de Kero - Tu casa queda más cerca, podríamos llevarla allí. De día no me pueden ver así - le dijo a Shaoran.
- Tienes razón. Vámonos - dijo Abel rápidamente, antes de que Shaoran pudiese contestar, y se ofreció a llevarlo. Al emprender el vuelo, la criatura volvió la vista hacia atrás. Le había dado la impresión de que alguien los estaba observando, pero cuando miró, no había nadie.
Mientras todos se marchaban, una niña, la que Sakura había visto, estaba parada sobre un poste de luz. Dos pequeñas aves volaban a su alrededor. Ella sostenía a un pequeño gatito alado con manchas. Acariciaba suavemente al animal dormido en sus brazos.
- Si, Abel ya lo sabe, pero no dirá nada que no le convenga - se dijo la niña, con una voz que no le pertenecía, como si en realidad hablase una mujer adulta.
En la puerta de la casa de Shaoran estaban Eriol y Tomoyo. Al ver a Sakura tan débil, Tomoyo corrió hacia ella.
- ¿¡Qué te ha ocurrido!? - preguntó ella, preocupadísima.
- Estábamos en mi casa, cuando de la nada sentí una presencia mágica desconocida, y vinimos aquí, pero la presencia desapareció - dijo Eriol.
- Estoy bien - dijo Sakura, desmontándose tanto ella como Shaoran, y los guardianes volvieron a sus falsas identidades.
- Vamos adentro - propuso Shaoran.
Una vez que todos estuvieron allí, Sakura se recostó sobre el sofá. Los demás arrimaron sillones y sillas, y se sentaron a su alrededor.
- Ya veo - dijo Eriol, cuando Sakura terminó de contarle lo que le sucedió. - Es muy extraño todo esto... Sakura se desmaya en la calle y no recuerda nada de lo que pasó, se siente una presencia mágica muy fuerte que luego desaparece...
- Y eso no es todo - agregó Kero, haciendo que todos volteen para observarlo. - Abel estaba muy extraño -
- Cuando viniste hasta aquí, me dijiste que Abel había dicho que iba a rescatar a Sakura, y que te pidió que buscaras ayuda. Sin embargo, cuando los dos llegamos hasta donde se sentía la presencia de Sakura, ella estaba sola - dijo Shaoran.
- Entonces Abel... - dijo Sakura, para hablar con el ser que estaba a su lado. - ¿A donde fuiste en todo ese tiempo? -
- Estuve buscando a Artemisa - respondió el pequeño león blanco.
- ¿Artemisa? - preguntó Sakura.
- Sin embargo, Abel, tu prioridad es proteger a tu dueña. ¿Por qué no fuiste con Sakura? - dijo Eriol, muy serio.
- Con todo el respecto que se merece por ser la reencarnación de mi creador, el mago Clow Reed, sólo le diré esto: Si hay algo que mi creador me ha enseñado a sido "siempre sigue lo que dicte tú corazón". Como todos ustedes saben, soy vidente, una cualidad que heredé de mi maestro, y sabía que el descendiente de Clow junto con Kerberos encontrarían a mi ama sana y salva - respondió Abel.
Sin embargo, Kero era el único en la habitación que no confiaba demasiado en las palabras de aquel guardián: "Y se dice ser él el que se sabe comportar ante su dueño. Esta conducta no es digna de un guardián, sepas o no si tu dueña está bien o no lo está", pensaba Kero. - Oye, Sakura -
- ¿Si, Kero? -
- Cuando fue la recolección de la cartas legendarias, Yue y yo pensábamos hacerte una sugerencia, pero como las cartas fueron apareciendo y la situación se resolvió tan rápido, no pudimos decirte nada -
- Bueno, dime -
- Verás... se nos había ocurrido que tal vez podrías usar la carta del Sueño para que puedas tener alguna clase de premonición -
- Es cierto. Esa es una buena idea - opinó Eriol.
- Pero Sakura... yo no creo que estés en condiciones para realizar el conjuro en este momento - expresó Shaoran, con preocupación.
- Li tiene toda la razón. Lo mejor será que descanses, ¿no te parece? - dijo Tomoyo a su amiga.
- Si... quizás sea lo mejor - dijo Sakura finalmente, y despacio, se incorporó. Shaoran se ofreció a acompañarla a la habitación que ella tenía la costumbre de utilizar. - Descuida Shaoran, puedo ir yo sola, pero me sentiré más segura si Keor y Abel se quedan conmigo -
- De acuerdo - dijo él, depositando un beso en la frente de su amada. - Descansa -
- Si - ella le sonrió, y fue despacio hasta la habitación. Tomoyo había insistido en acompañarla, y logró ir con ella.
Al oír el chasquido de la puerta al cerrarse, Eriol cambió su semblante. - Es extraño - dijo - Tengo la leve impresión de que Abel nos está ocultando algo con respecto a Artemisa -
- ¿Tu crees? - preguntó Shaoran, al mismo tiempo que volvía a sentarse. - Se le veía muy preocupado por Sakura, pero Kerberos tenía una mirada extraña también. Creo que él sentía lo que siento yo. Hay algo que no está nada bien -
- Es cierto. Sakura no es de desmayarse por que sí. Alguien debe haber usado magia con ella, ¿pero quién? -
- Al igual que tú, Eriol, yo también sentí una presencia mágica un momento antes de que Kerberos apareciera y me dijera lo que Abel le había dicho. Pero esa presencia... me resulta familiar -
- A mi me pasa lo mismo, pero espero que mis suposiciones sean falsas, puesto que estoy seguro de que aquella presencia que me pareció sentir había quedado sellada por sí misma -
- ¿Cuál presencia? - preguntó Shaoran, mirándolo a los ojos.
Eriol le devolvió la mirada. - De alguien de mi pasado como mago Clow. Una hechicera muy poderosa que se encerró a sí misma en una dimensión paralela a la nuestra--
- ¿Acaso te refieres a la hechicera Mahoushi? - interrumpió Shaoran
Eriol se sorprendió. - ¿Cómo sabes eso? El mago Clow no dejó nada escrito acerca de ella--
- Sin embargo, Sakura y yo la hemos visto años atrás - Shaoran volvió a interrumpir. Y agregó: - Cuando faltan pocos meses para que se cumpliese un año de que las cartas Clow se liberaran de su sello, en las vacaciones de verano Sakura había ganado un viaje por sorteo y fue una semana a Hong Kong, donde yo vivía con mis familiares. Nos encontramos allí, y luego de eso, tuvimos un encuentro con esa hechicera, quien había guiado a Sakura hacia Hong Kong, puesto que ella usaba la llave que tenía los poderes de Clow. Yo intenté enfrentarme con ella, pero además de mi, Meiling, el hermano de Sakura y Tsukishiro habían sido secuestrados por ella. Sakura la enfrentó y logró vencerla. Luego de eso, ella nos contó que su espíritu se había desvanecido -
- Eso significa que después de salirse de la dimensión paralela, ella pudo haber reencarnado al igual que yo -
- ¿Sería algo muy grave que ella reencarnase? -
- No para ustedes, pero tal vez para mí si - respondió Eriol.
- ¿A qué te refieres con eso? - preguntó Shaoran, pero cuando Eriol estaba por responder, apareció Tomoyo.
- Sakura ya se ha dormido. Kero y Abel me dijeron que se quedarían con ella - dijo la chica.
- Bien - dijo Eriol. - Buscaré algunas pistas para ver como solucionar este problema - se levantó. - Es hora de marcharnos -
- Eriol - dijo Shaoran - No me lo vas a decir, ¿verdad? - dijo en un susurro, para que Tomoyo no lo oyera.
- No quiero preocupar a nadie, y mucho menos a Tomoyo - murmuró suavemente Eriol, a modo de respuesta.
- Si hay algo que debamos hacer, ¿nos lo dirás entonces? -
- Por supuesto - respondió.
- Bien, ya tengo nuestros abrigos - dijo Tomoyo, entrando de nuevo a la habitación. - Estoy lista para irme -
Luego de despedirse, Eriol y Tomoyo se alejaron del lugar. - Se ha hecho tarde. Creo que será mejor que vayas a tu casa esta vez - le dijo Eriol a ella.
- ¿Por qué? - preguntó ella. - ¿Acaso hay algo que tengas que hacer? -
- Investigar. Y la verdad no quiero mantenerte despierta por que yo tenga que buscar información para probar teorías de cosas que no podrían llegar a suceder -
- De acuerdo. Esta vez te dejaré trabajar tranquilo. Pero prométeme que si necesitas ayuda, me avisarás, ¿está bien? -
- Si - dijo Eriol, depositando un suave beso en los dulces labios de la muchacha. Habían llegado a la puerta de su casa.
Tomoyo no le dijo adiós inmediatamente. Le atrapó abrazándose a su cuello, y besándolo larga y suavemente en la boca. Eriol se volvía loco cuando Tomoyo lo besaba así, puesto que ella sabía lo que le provocaba a ese muchacho ese tipo de besos: luego se los correspondería, primero suavemente, y luego ambos terminarían besándose de manera tal que parecería que los dos se alimentaban uno del otro al mismo tiempo del néctar de esos labios, hasta sumirse en la desesperación de poder conseguir más. Pero se frenaron a tiempo para recobrar el aliento.
- Buenas noches - dijo Eriol, tomando una de sus manos y saludándola a la manera inglesa.
- Hasta mañana - Tomoyo suspiraba cada vez que Eriol la saludaba de esa forma. Es que se le veía tan encantador que ella no podía resistirse a sus encantos.
Mientras tanto, Shaoran había ingresado a la habitación donde estaba Sakura. No quería interrumpir su sueño acostándose en el lecho junto con ella, y sin despertarla, deslizó un colchón al lado de la cama en donde ella se había quedado dormida, y allí se recostó.
Horas más tarde, una pequeña sombra que estaba en esa misma habitación se escabulló por la ventana, volando luego rápidamente en su forma natural por el cielo nocturno. Llegó a un claro del bosque que se encuentra cerca del parque Pingüino, precisamente el mismo en donde hacía dos semanas Sakura había luchado con la carta del Odio. Allí le estaba esperando la niña que había estado observando a la maestra de cartas cuando se había desmayado aquella tarde en la calle. Esta vez, ella estaba sentada en el suelo. El gatito que dormitaba en sus brazos antes ya no estaba, pero aún así la niña no se encontraba sola: una enorme bestia semejante a un guepardo emergió de las sombras el bosque. Este animal tenía cierta semejanza a Abel cuando estaba poseído por la carta del Odio: tenía la piel rojiza y las manchas eran púrpuras con anillos negros rodeándolas, sus ojos eran más negros que la misma carta de la Oscuridad, sus alas era como las de Kerberos, solo que de color negro. Su mirada estaba perdida, como si el ser mágico estuviese hechizado, ya que no había brillo en sus ojos. Como una marioneta, la niña llamó a esa bestia por su nombre y le ordenó acostarse delante de ella.
- Llegas tarde. Te he contactado hace horas - le dijo la niña con esa voz fría de mujer adulta. El aspecto de la susodicha era aterrador. Su cabello era oscuro, con algunas mechas de color cemento recogidas con un pequeño adorno oriental, dejando ver claramente su cara, la cual estaba maquillada de negro tanto sus párpados como su boca, resaltando la gran palidez de su piel. Sus ojos, de color carbón, estaban hundidos, y su mirada era cruel. Vestía toda de negro: un par de botas altas, una pollera que le llegaba hasta las pantorillas recortada de manera irregular, una camisa de mangas largas de corte oriental y un abrigo liviano que terminaba en los tobillos, con escasos y enorme botones de metal a la altura de su pecho. La altura de la criatura llegaba apenas a la de la cruz de la bestia que acababa de llegar y que estaba de pie frente a ella.
- Lo siento. Tuve que esperar a que todos se durmieran - se disculpó Abel.
- Veo que hasta ahora no me has desobedecido. Te importa más Artemisa que tu propia dueña - le dijo la niña, sonriendo.
La bestia suspiró entristecida - Takako... sabes muy bien como yo que esto no lo hago por que me guste, sino por que tú me obligas a hacerlo -
- Claro que si - dijo la niña, sin dejar de poner esa sonrisa malévola - Después de todo, me debes tanto la vida de tu compañera como la tuya propia. ¿Qué hubiese sido de ustedes si yo no encontraba el libro y liberaba el sello de las cartas Legendarias de Clow? ¿Qué hubiese pasado si yo no les brindaba la energía que necesitaban para vivir? -
- Ellos aún creen que fue Odio la que en verdad nos controlaba - dijo Abel.
- Excelente. Es mejor así, por ahora - dijo la niña, sin darle mucha importancia a lo que le Abel le había comentado. - Quiero saber como está la situación, así que... - la niña se levantó, caminó unos pasos hacia la otra bestia que estaba hipnotizada y posó una mano en su frente, y al hacer esto, un oscuro resplandor emanaba de allí y comenzó a rodear a la pequeña, la cual tenía los ojos cerrados. Su cabello y sus ropas se agitaban suavemente, como si el resplandor tuviese consigo su propia ventizca. Luego ella quitó la mano de allí, y todo volvió a la normalidad - Bien, todos están durmiendo. Mañana iré a realizar la primera visita como la reencarnación de la hechicera Mahoushi, mientras tanto... ya sabes qué hacer -
- Si, Takako. Lo sé. Sólo te pido que ahora cumplas con tu parte del trato - respondió Abel.
- De acuerdo - la niña volvió a extender la mano hacia la otra bestia, y el pendiente que llevaba en su oreja, cuyo color era púrpura, brilló unos instantes, y la bestia volvió en si. Su color de piel había cambiado. Era de color blanco con manchas doradas y anillos plateados alrededor de ellas, mientras que sus alas eran de color esmeralda, al igual que sus ojos. - Ahí la tienes. Solo les concederé tres horas. Al amanecer ella volverá a como estaba antes - dicho esto, cerró los ojos, y varios lazos de agua la envolvieron rápidamente hasta formar un capullo, y luego desapareció.
- Artemisa... - Abel llamó suavemente a su compañera - ¿Cómo te encuentras? -
- Como si un sinfín de avispas me hubiesen picado todo el cuerpo, me lo hubiesen dejado dormido, y que recién ahora se está recupernado - dijo la felina, algo sarcástica. - ¡Me encuentro mal, por supuesto! ¿Cómo crees que estaría? Tu sabes perfectamente como me siento, ya que lo has tenido que sentir también. Pero has tenido la suerte de ser liberado... de esa pequeña bruja mojada -
- Discúlpame. Pero sabes bien que no puedo pedir ayuda. Te amo demasiado como para arriesgarme a perderte de nuevo - dijo Abel, quien luego de decir esto posó su enorme cabeza sobre la nuca de su compañera, al tiempo que ambos se recostaban allí.
- Abel, eres un tonto - suspiró Artemisa, con una mirada muy triste que observaba el pasto. - Deberías olvidar todo esto y vivir la nueva vida que se te presenta con tu nueva dueña -
- La vida sin ti no es vida, Artemisa -
- ¿Esto te parece tener una vida? - ella levantó la cabeza para poder mirarlo frente a frente al decir esto - ¿Ocultarte de aquellos que te están empezando a querer mientras tú les escondes algo tan importante? ¿No has pensado que yo también quiero ir con ellos? No soporto ser el juguete de esa insolente chiquilla -
- No podemos hacer nada. Ella tiene razón - dijo Abel, amargado. - Nuestras vidas estuvieron a punto de extinguirse, y si ella no nos hubiese encontrado, ¿quién sabe que nos hubiese pasado? Yo luchaba dentro de ese libro para que no murieras ni tú ni las cartas, aún arriesgando mi propia vida, dándoles todo la energía que pudiese brindarles. Pero no era suficiente... así que le vendí mi alma a Takako a cambio de que ninguno de ustedes desapareciera. - Abel se interrumpió para tomar aire, suspirar, y miró a las estrellas. - Aún si me liberaban, no podría dejar de obedecerla, puesto que he hecho algo que tú no te has enterado, querida mía - agregó.
Artemisa prestaba atención en silencio a cada palabra que su amado compañero expresaba con una mirada atenta y seria. Ella lo conocía muy bien, y sabía que él necesitaba un oído que escuchara atentamente sus penas. Pero cuando Abel dijo esto último, ella abrió inmensamente los ojos - Abel, no te habrás atrevido a entregarle--
- Si, lo hice. Pero mis razones justifican--
- ¡¡Nada justifica que entregues eso!! ¡¡¡Nada!!! Ni siquiera yo lo valgo. ¿Cómo pudiste, Abel? - la esbelta figura de Artemisa se puso de pie. - Me has decepcionado profundamente. Hasta que no lo recuperes, no volveré a hablar contigo - y ella se emprendió el vuelo, y se fue.
- ¡Artemisa, espera! ¡No te vayas, por favor! ¡¡Te valoro más a tí!! ¿¡Acaso no puedes entenderlo!? - Abel estaba desesperado, a punto de echarse a llorar.
Artemisa se detuvo en el aire, se dio vuelta y lo observó desde la altura. - La bruja no lo sabe, pero yo estoy haciendo todo lo posible para que la Maestra de Cartas descubra su plan y logre detenerla. ¿Tú que estás haciendo para salvarme, Abel? - dijo ella, y esperó la respuesta de su compañero. Al ver que éste se quedó callado, mirando el pasto a sus pies, ella volvió a dar la vuelta y se marchó.
Él la observó irse, con el corazón destrozado. En su cabeza resonaban las palabras del mago Clow: "Siempre sigue lo que dicte tú corazón". - Estoy haciendo lo que me dijiste, Amo Clow. Pero... ahora no sé lo que mi corazón dicta, y no puedo seguir adelante - dijo Abel en voz alta. Volvió a su forma falsa y voló de regreso a donde se encontraba Sakura.
Capítulo 3: Las sospechas de Kero. Sakura conoce a Takako. La carta del Sueño y del Deseo
Sakura se despertó abruptamente aquella mañana, pero el sol aún no había salido. Se sentó en el lecho, y se percató de la presencia de Shaoran. Lo miró larga y dulcemente, tranquilizándose luego del sueño que había tenido que, a pesar de intentarlo, no pudo recordar. No quería despertar a su novio aún, así que se deslizó despacio por la habitación hasta llegar a la puerta, la cual entornó suavemente antes de salir, pero no la cerró del todo. Quería aprovechar que se había levantado temprano, por lo que fue a la cocina a preparar el desayuno: huevos revueltos, un poco de arroz con salsa de soja, unos hotcakes y jugo de naranja para acompañar. Había terminado de preparar todo y entonces escuchó que alguien abría una puerta. Quiso ver quién se había levantado primero, por lo que se asomó desde el marco de la puerta de la cocina para averiguarlo, pero antes de poder asomarse alguien entró a la cocina con cara de dormido: era Shaoran. Este se quedó impresionado al ver la labor de Sakua.
- Muy buenos días, Shaoran - le dijo ella, sonriente.
Shaoran le abrazó la cintura con un solo brazo, con el otro le tomó la cara por el mentón suavemente, y acercó los labios de ella a los suyos, hasta unirlos en un dulce y tierno beso matutino. No supieron con certeza cuanto duró el beso - Buenos días - dijo, cuando liberó los labios de la chica.
¡Sakura estaba super colorada! Pero el momento no duró demasiado...
- ¡¡Huelo hotcakes!! - fue la voz de Kero la que se escuchó, atravesando toda la casa para llegar a la cocina. Cuando vio la imagen de su dueña con el muchacho abrazados, su cara de felicidad se transformó en cara de tremendo disgusto. - ¡Oye tú, mocoso! ¿¡Qué crees que estás haciendo!? -
- Le estaba dando los buenos días a Sakura, hasta que interrumpiste, muñeco glotón - le contestó Shaoran de muy mala gana.
- ¿¡Qué fue lo que dijiste!? - gritó Kero.
Sakura estaba a punto de decirles que no pelearan, cuando se percató de que Abel había entrado detrás de Kero.
- Buenos días, Abel - dijo Sakura. Pero Abel no contestó - Abel - le llamó su dueña, pero seguía sin contestar. Shaoran y Kero dejaron de pelear para observar el peculiar comportamiento del guardián. - Abel, ¿qué te sucede? - le preguntó.
Abel tardó un poco en darse cuenta de que le estaban hablando. Cuando se dio cuenta, Sakura estaba frente a él, con cara de preocupación. - Lo siento mucho - expresó el animal. - Muy buenos días tenga usted, mi ama Sakura - dijo con una leve inclinación.
Sakura se sintió algo aliviada, cuando se dio cuenta: - Abel, me has llamado "Sakura" - dijo con una sonrisa.
- ¿Lo hice? - preguntó, confundido. - Disculpe, no me he dado cuenta de--
- No tienes que disculparte. Después de todo, es algo que te venía diciendo desde que te viniste a vivir conmigo - Ella se inclinó de nuevo hacia el guardián - Me alegra que lo hayas hecho. Eso significa que nos estamos haciendo amigos, pero más que antes, y eso es muy bueno, ¿sabes? - dijo ella, y le dedicó una hermosa sonrisa.
- Si, tiene usted razón - dijo Abel, forzando una sonrisa, pero ese gesto no pasó desapercibido por Kero, que lo estaba mirando fijamente.
Todos se pusieron a desayunar, y cuando terminaron, Sakura les encargó a Kero y Abel que se encargaran de recoger todo, pero que no se molestaran en lavarlo, que ella lo haría después de ir a su casa. Luego de eso, los jóvenes salieron para ir a la escuela.
Los guardianes se quedaron recogiendo las cosas, pero Abel insistió en lavar los trastos sucios y Kero, que por lo general rehuía del trabajo, decidió en cambio ayudarlo con la tarea. Abel se sorprendió de esto.
- ¿Por qué insistes en ayudarme? - preguntó extrañado.
- Por que no te veo bien, y eso me da preocupación - respondió Kero.
- Gracias - fue todo lo que dijo Abel.
Se quedaron un momento en silencio, trabajando, hasta que luego de un rato Kerberos decidió romper el silencio.
- Tarde o temprano tendrás que decírselo a Sakura, Abel -
- ¿A qué te refieres? - preguntó, deteniéndose cuando estaba limpiando un plato.
- Pues ¿a qué otra cosa me puedo referir más que a Artemisa? - Abel se espantó. - Nadie sabe donde está, y tú eres el único que puede decirle a Sakura que a pasado con ella. ¿O será que no lo sabes? - Kero lo miró fijamente.
Abel se puso nervioso, pero no podía permitirse ser descubierto - Por alguna extraña razón, Artemisa no puede comuncarse conmigo, por lo tanto no sé donde pueda estar. Pero te aseguro que no hay de que preocuparse. Ella se presentará a su dueña cuando corresponda hacerlo -
- ¿Por qué lo dices? - preguntó Kero.
- No olvidarás que las Cartas Legendarias de Clow también están sometidas al Juicio Final, ¿verdad? -
- ¡Pero Sakura ya cambió a todas esas cartas a cartas Sakura Legendarias! - exclamó Kero.
- Pero esta situación es diferente a la que me han contado, Kerberos - dijo Abel. - Si nuestra ama no logra vencer a Artemisa, el sello de las cartas volverá a liberarse, y la transformación que tuvieron a cartas Sakura Legendarias desaparecerá y volverán a la normalidad -
- ¿Y por qué nadie se lo ha dicho a Sakura hasta ahora? -
- ¿Y por qué tú no le has dicho que debía enfrentarse a Yue? Pudiste haberlo hecho en cualquier ocasión -
- Eso fue por que... - Kero titubeó - ...por que Sakura debía enfrentar esa situación ella sola. ¡Pero esto es diferente, Abel! -
- Claro que lo es, por que Artemisa es mucho más poderosa que Yue y Ruby Moon, o Spinel Sun y tú. ¡Incluso ni yo podría vencerla, aunque ella tampoco podría vencerme a mi! - Abel se estaba agitando.
- ¿Qué debemos hacer entonces? ¿Es que acaso no piensas decirle nada de nada? Ella te preguntará sobre Artemisa, Abel, yo lo sé muy bien. y algo deberás decirle Lo que quiero saber es qué -
- Si me pregunta, le diré lo que te dije a tí sobre el paredera de Artemisa, pero no le diré más, y tú tampoco lo harás -
- ¿Y cómo estás tan seguro de eso? -
- Por que nuestro honor como guardianes está en juego, y tú lo sabes -
Kero no dijo nada más. Abel tampoco. Concluyeron su tarea y Kero dijo que esperaría a Sakura en su habitación. Abel, en cambio, decidió que mientras Sakura estaba en la escuela buscaría a Artemisa, y se lo dijo a su compañero. Éste le dijo que tuviese cuidado de no ser visto, y ambos se marcharon en direcciones opuestas.
Una vez terminaron las clases, Sakura, Shaoran, Tomoyo y Eriol tomaban el acostumbrado camino de regreso que atravesaba el parque Pinguino. Estaban cruzando el puente cuando Sakura vio algo que le llamó la atención: era una niña pequeña que estaba parada en una orilla del río, observando el agua con tristeza. La niña llamaba la atención de otros transeuntes, dado su extraña manera de vestir. Se veía con frecuencia a muchos jóvenes que vistieran de manera gótica, pero no a una niña tan pequeña. Sin embargo, Sakura no se había percatado de su presencia por su vestimenta, sino por que, de alguna manera, la niña se le hacía conocida. Los demás habían seguido de largo un par de metros, cuando se dieron cuenta que la muchacha se había detenido.
- ¿Qué sucede, Sakura? - preguntó Shaoran. Pero Sakura no contestaba, ya que se había quedado mirando a la niña. Shaoran le siguió la mirada hasta posar él también sus ojos en la pequeña gótica. Para ese momento, aquella infante tenía lágrimas en los ojos. Shaoran, que nunca pudo soportar en su vida ver a una niña o mujer llorar, se acercó despacio hasta donde se encontraba la pequeña, se puso de cuclillas y le ofreció un pañuelo. - No llores - le dijo a la niña.
Esta se hechó atrás al percatarse de la repentina presencia del muchacho, pero al escucharlo se puso de pie y tomó el pañuelo de la mano del amable joven.
- Gracias - dijo con una voz suave y aguda, pero enternecedora. Y secó sus lágrimas cuidando de no correr el aquillaje de sus ojos negros.
- ¿Hay algo que podamos hacer por ti? - dijo Tomoyo, quien se había acercado al igual que Eriol y Sakura.
- Es que... - la niña se mostraba confundida, y fijó la mirada en cada uno de ellos hasta fijarse por último en la de Sakura, a la que se le quedó mirando largamente - ... tú... - susurró la pequeña, acercándose lentamente, hasta ponerse frente a la joven - ... ¿eres tú? -
- ¿Hoe? - dijo Sakura, confundida.
La niña sonrió de repente: - ¡¡Sii!! ¡Eres tú! - dijo la pequeña, arrojándose hacia Sakura y abrazándole la cintura, ya que su cara podía llegar hasta allí - ¡Sabía que te encontraría! -
- Disculpa, pero no sé quién eres. Además, creo que me estás confundiendo con otra persona - le dijo Sakura.
- ¡No, no, no! - dijo a niña, sacudiendo su cabeza al decir esto - ¡Tú eres mi ángel! ¡Hace años dijiste que si te encontraba me concederías un deseo! ¡Y finalmente te encontré, mi ángel! - decía la niña, llorando y riendo a la vez por la alegría que sentía.
- Disculpa pequeña, pero no sé de lo que hablas. Yo no soy un angel. Sólo soy una muchacha normal, como todas - dijo Sakura, aunque obviamente tuvo que mentir en lo último que dijo, ya que no era normal una muchacha que poseyera magia.
La niña la miró largamente de nuevo, y su sonrisa se desdibujó. Y suspiró muy triste.
- Perdóname. Te he confundido. Tú no eres mi ángel - dijo la niña, haciendo una pequeña reverencia en señal de disculpa.
- ¿Cuál es tu nombre? - le preguntó Eriol, de repente, inclinándose para poner sus mirada a la altura de la chiquilla. Esta se asustó. - No me tengas miedo, es sólo curiosidad -
- Me llamo Takako - dijo la niña en un susurro. - ¿Y ustedes? - preguntó mirando al grupo. Todos se presentaron. Eriol fue el último en hacerlo.
De inmediato, Eriol propuso llevar a la niña a una cafetería, y ella aceptó con gusto. Todos estaban tomando el té tranquilamente, cuando Tomoy habló.
- Al parecer estás buscando a alguien en particular - dijo dulcemente.
- Si - dijo Takako. - Estoy buscando a mi ángel -
- ¿Tu ángel? - preguntó Shaoran.
- Si. Verán... - Takako dejó su taza de té en su lugar. - Hace 5 años, el día de mi cumpleaños, yo estaba en casa esperando a que mis padres llegaran para poder festejar con ellos. Vivíamos cómodamente en una gran mansión y ellos eran grandes empresarios, pero también eran personas muy ocupadas. A veces no podía cenar con ellos, y sólo en un par de ocasiones habían llegado temprano para leerme una historia antes de dormir - la niña estaba relatando esto mirando su taza fijamente, sin alzar la vista. Los demás cambiaban expresiones de tristeza entre sí - Pero ese día no llegaron a casa, cené sola y me acosté a dormir, pero dos o tres horas después me despertó una tía mía para darme la noticia de que mis padres habían sufrido un accidente, y que ambos habían muerto. También me había contado que ellos tenían que ir a una importante reunión de trabajo, pero que habían salido los dos temprano de la empresa para llegar lo antes posible a casa a celebrar conmigo, y que mi mamá había hablado con mi tía, por que ella era la secretaria personal, para que avisara que ellos no podrían asistir. Ese día yo cumplí 4 años - aquí Tatako se interrumpió, por que estaba llorando. Sakura, que era la que estaba al lado suyo, la abrazó, pero al hacerlo sintió una sensación muy extraña, la misma que había sentido el día anterior en la calle, pero más leve, y se separó de la niña.
- ¿Sakura? - preguntó Shaoran extrañado, ante la reacción de la muchacha.
- Lo siento - se disculpó Sakura. - Lo siento mucho, pero debo ir a casa - se apresuró a levantarse y tomar sus cosas.
- ¿Estás bien? - preguntó Eriol.
- Si, estoy bien, pero recordé que tenía que ir a casa temprano - y se volvió a la pequeña. - Espero puedas encontrar a tu ángel muy pronto -
- Gracias, Sakura - dijo la pequeña.
- Yo también debo irme, así que te acompañaré, Sakura - dijo Tomoyo de repente. Se levantó también y se acercó a la niña - Buena suerte, Takako -
- Gracias también a ti, Tomoyo - dijo a niña con una pequeña sonrisa triste.
- Nosotros nos quedaremos con ella, y la acompañaremos hasta su casa - dijo Shaoran.
- Entonces nos veremos, Shaoran - dijo Sakura.
- Nos veremos más tarde, Tomoyo - dijo Eriol.
- Si, hasta pronto - dijo Tomoyo - Hasta luego, Li -
- Adiós - respondió el muchacho de los ojos café.
Las muchachas se alejaron.
- ¿De verdad te encuentras bien, Sakura? - preguntó Tomoyo, preocupada.
- Si, Tomoyo. No me pasa nada. Es que recordé que mi hermano y mi papá no van a estar en casa, y quiero aprovechar su ausencia -
- Vas a utilizar la carta Sueño, ¿verdad? -
- Si. Es que anoche tuve ese sueño de nuevo y no puedo recordarlo -
- Sólo ten cuidado, por favor -
- Si, no te preocupes. Además Kero y Abel estarán allí para ayudarme si lo necesito - mientras decía esto, Sakura se había detenido para ponerse los patines.
- Bien, yo me iré por aquí. Nos veremos pronto - se despidió Tomoyo.
- Si, cuidate. Nos vemos -
Sakura regresó a su casa y se dirigió a su habitación. Encontró que el leoncito dorado estaba dormido y no la escuchó entrar. Sakura no quiso despertarlo, por lo que decidió llevar a cabo la idea que Kero les había dicho ayer, aprovechando de que aún era temprano, y que sus familiares no habían regresado. Llegó hasta la sala de estar, y se sentó en el gran sillón que había allí y recitó el conjuro de su llave. Una vez invocado su báculo mágico, de la carterita donde guardaba todas sus cartas extrajo la carta Sueño, pero cuando estaba a punto de invocarla se dio cuenta de que no estaba sola en la habitación. Levantó al vista de la carta y allí se encontraba Abel.
- Hola Abel, ¿qué estás haciendo? - preguntó su dueña.
- Sé que sería una falta de respeto preguntarle lo mismo, ama Sakura, pero no puedo evitar la curiosidad de saberlo - expresó el guardián.
- No me parece una falta de respeto - dijo, con una sonrisa - Y deja de llamarme "Ama". Ya te lo he dicho: soy Sakura - le reprochó.
- Lo siento mucho. Aún me cuesta trabajo. Recuerde que hace muy poco que se ha convertido en mi nueva dueña - respondió apenado.
- Bien, ya que estás aquí, te encargaré una tarea para que pueda ayudarme - dijo, cambiando el tono de su voz.
- ¿En qué le puedo ser útil, mi Señora? - preguntó, acercándose volando hasta quedar flotando frente a ella.
- Necesito que cuides que nada pase mientras esté utilizando la carta Sueño. Desde ayer que estoy teniendo sueños que no puedo recordar, y la carta me ayudará a verlos más claramente - le mostró la carta que tenía en su mano izquierda. - Da la casualidad que hoy desperté de ese sueño, pero no pude recordarlo en todo el día de hoy, así que te pido que estés atento por si ocurre algún evento imprevisto -
- Muy bien - dijo la bestia, inclinando la cabeza en señal de obediencia.
- Aquí voy - dijo Sakura. Y comenzó a recitar: - "Ayúdame a ver más claramente la premonición que se nubla ante mi vista. ¡Sueño!" - invocó a la carta, y esta la envolvió con sus poderes. De inmediato, Sakura entró en una especie de trance, y su cuerpo cayó recostado en el sillón.
De inmediato, se encontró en el fondo del mar, o eso parecía ser. Había tal oscuridad que tuvo que esperar a que sus ojos se acostumbraran a ella. Ella no sentía que se ahogara, y eso le llamó la atención. Recordaba perfectamente que la última vez que había sentido eso fue en uno de esos sueños que tuvo en Hong Kong, durante unas vacaciones de verano que compartió con Touya, Yukito y Tomoyo.
Cuando sus ojos ya podían ver mejor, empezó a moverse. Estaba flotando en posición horizontal, como si estuviese durmiendo allí, y se incorporó dentro del agua. En eso, se empieza a distinguir una luz por encima de su cabeza, si perder el tiempo nadó rapidamente hasta llegar a la superficie, donde encontró un escenario que no veía desde hacía años: la dimensión del agua donde alguna vez peleó con aquella hechicera enemiga de Clow. Encontró unas enormes piedras, se acercó y se subió a ellas. Al lado de estas había unas pierdras más grandes, y Sakura utilizó la carta Vuelo para posarse en la más alta de ellas. Cuando llegó allí, pudo tener una clara visión del lugar: en medio de todo, muy por encima del agua, flotaba una niña de cabello oscuro con mechones grises, pero sus ojos no se veían con claridad. Llevaba puesto un extraño ropaje chino de tonos negro, y dos pajarillos volaban a su alrededor, pero eso no era todo. Flotando apenas unos centímetros sobre el agua, se encontraba una gran bestia alada en forma de guepardo, la piel rojiza con manchas púrpuras, sus alas negras al igual que sus ojos sin brillo, miraban fijamente a Sakura. De repente se acercó a la muchacha, y cuando estaba por llegar a ella para atacarla, su aspecto cambió totalmente volviendo a la normalidad. Se había vuelto de color blanco, con manchas doradas y anillos plateados alrededor de ellas, y sus ojos verdes, como el color de sus alas, sólo se vieron por unos segundos antes de que los cerrara. Cuando estaba a punto de enbestirla, la muchacha puso sus brazos en cruz, protegiendo su cabeza, pero la bestia la atravesó como si fuese un fantasma, y en efecto, el animal se veía algo transparente cuando Sakura abrió los ojos y la observó. En la mirada del felino había profunda tristeza. Se notaba que estaba sufriendo mucho. Cuando la muchacha trató de acercarse un poco más, el pendiente púrpura que el animal que llevaba en la oreja brilló y la bestia tomó la apariencia oscura que tenía antes, y su mirada sin brillo se tornó de odio, y antes de que la criatura le atravesara el pecho con un poderoso zarpazo, Sakura se despertó, sobresaltada.
- ¿Abel? - llamó al levantarse, y de inmediato ahogó un tremendo grito cuando vio que su guardián estaba en el suelo de la sala de estar, en su forma original y malherido. - ¿¡Qué fue lo que te sucedió!? - dijo, arrodillándose a su lado.
- Una persona que no conozco trató de capturarla, ama - respondió Abel, entrecortadamente. - Fue tan rápido que no pude saber quién era. Lo dejé peor de lo que como me dejó a mi - dijo, haciendo una especie de mueca.
- ¿Y Kero? ¿Acaso no vino a ayudarte? - preguntó Sakura.
- Kerberos llegó a tiempo para ver como el malhechor se escapaba. Volvió a su figura original y salió a perseguirlo -
Sakura invoca la carta Cura, y aparece una bello caballo que se mete dentro de Abel, el cual flota unos centímetros sobre el suelo y luego vuelve a su lugar, pero ya sin heridas. "Tengo que encontrar a Kero, ¿pero cómo?" pensó la muchacha un momento.
- ¡Ya sé! - dijo de repente. Abel la miró extrañado, y Sakura invocó a una carta - ¡Guíame para poder encontrar al guardián de las antes llamadas Cartas Clow! ¡Deseo! - la estrella de su báculo empieza a girar rápidamente y las alas de se extendieron ante la orden, a la vez que una carta Sakura Legendaria brillaba y se iba transformando en una niña de cabello rubio, recogido en un rodete, ojos azules cristalinos, con un hermoso vestido amarillo y anaranjado, la cual tenía una varita en su mano. Ésta hace brillar su varita, la cual tenía una estrella en la punta, y luego de tener los ojos cerrados durante ese tiempo, le hace una seña a Sakura de que sabía donde estaba el guardián perdido. La muchacha no pierde tiempo e invoca a la carta Vuelo. - ¡Vamos Abel! - dijo.
Abel nada dijo, y siguió a su dueña, quien a la vez seguía a la carta Deseo, que la guiaba hacia el claro del bosque donde había luchado contra la carta Odio. En medio de ese claro, se distinguía claramente la figura original del guardián Kerberos y, para sorpresa de Sakura, también estaban allí Ruby Moon y Tomoyo. Los tres estaban inconcientes, pero Kerberos era el que se veía peor: estaba atrapado en una especie de cruz donde sus alas, que estaba semi destrozadas, estaban atadas a la susodicha, y eran lo único que los sostenía en el aire. Su cuerpo mostraba signos de estrangulamiento, como si lo hubiesen sujetado varias cintas en distintas partes de su cuerpo. Ruby Moon y Tomoyo se encontraban inconcientes en el suelo, a ambos costados del guardían malherido, pero para alivio de la recién llegada, no estaban heridas.
Sakura se apresuró a donde estaba Kero y trató de reanimarlo.
- ¡Kero! ¡Kero! ¡¡Despierta Kero, por favor!! - Sakura llamaba una y otra vez a la bestia, hasta que finalmente, Kerberos abrió un poco los ojos. - ¡Kero! ¡Que alivio, estás vivo! - Sakura tenía algunas lágrimas que se asomaban a sus ojos.
- Sa... Sakura... - la criatura apenas podía respirar.
- No, Kero, no hables. No has ningún esfuerzo. En seguida te curaré. - dijo Sakura, mientras buscaba la carta Cura. - Abel, ve a despertar a Tomoyo y a Ruby Moon, por favor - pidió Sakura, sin mirarlo. Abel no se movió, pero ella no se dio cuenta. - ¡Cura! - invocó, pero el caballo no pudo entrar en el cuerpo del guardián dorado, por que este estaba rodeado por un campo de energía invisible, y le bloqueó el paso.
- Sakura... - dijo Kero débilmente - ... Vete de aquí... -
- ¿Qué? - preguntó Sakura, confundida. - Mi magia no funciona -
- Es una trampa... aléjate, por favor - decía Kero, con todas sus fuerzas.
- ¿Quién ha sido, Kero? ¿Quién te hizo esto? -
- Fue... - Kero no podía continuar, y eso se notaba. - Fue... Abel... - y luego de eso, perdió al conciencia.
Sakura no podía creer lo que le acababan de decir. Se dio vuelta lentamente, y Abel estaba rodeado por una oscura aura.
- ¿Por qué, Abel? - preguntó Sakura, consternada.
- El mago Clow me ha dicho en toda la vida que compartimos "Siempre sigue lo que dicte tú corazón". Y eso haré - dicho esto, el aura se expandió por todo los alrededores, envolviendo al cielo y a la tierra en oscuridad, para luego esa oscuridad reducirse tan rápido como se había expandido, y como si hubiese sido una cortina, dejó ver un lugar completamente diferente al que se encontraban antes: Estaban en la vieja dimensión del agua.