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Purple Scene
Author of 12 Stories

Rated: K+ - Spanish - General/Romance - Axel & Roxas - Reviews: 17 - Updated: 03-19-08 - Published: 01-08-08 - id:4000178

La Sala de las Mariposas, cp. III


La razón le daba vueltas.

‘’I don’t want and I don’t need you…’’

En su cabeza sonaba una de las percusiones más bestias jamás oídas.

‘’Don’t bother to resist, I’ll beat you’’

Los bajos distorsionados rugían en la distancia. Una letra que denunciaba a los que quieren parecer fuertes, la estúpida necesidad de sentirse superior.

‘’It’s not your fault that you’re always wrong’’

La fantasmagórica voz haciéndose aguda al final de frase, engendrando la maldad que suponen las palabras que pronuncia. Subió el volumen.

‘’ The weak ones are there to justify the strong’’

Se encogió en el sofá verde claro por todas las crueles verdades que la gente vivía día a día, el sentirse oprimido por alguien y que la canción proclamaba sin vergüenza alguna. La capacidad de rasgarse la voz de tan grave que llegaba a ser la última palabra…

‘’The beautiful people, the beautiful people’’

La gente hermosa, decía. La vida regida por un maestro y un sirviente. Se frotó con dolor los pies cubiertos por unos gruesos calcetines. Escalofriantes coros en tonos bajos rodeaban a la voz principal.

‘’It’s all relative to the size of your steeple’’

El acompañamiento de guitarra crecía y crecía. Levó sus manos de pianista a los cascos colocados en sus oídos, escuchando, analizando cada palabra, cada sonido.

‘’You can’t see the forest for the trees’’

Agudeza y suavidad para expresar malestar y resignación. Fuera de su apartamento anochecía mezclando en el cielo tonos azules y brillantes naranjas.

‘’And you can’t smell your own shit on your knees’’

Hacer daño y no tenerlo en cuenta, siquiera arrepentirse. Voz brutal y acusadora. Los bucles rubios de su pelo se agitaron al mover la cabeza. Otro coro de voces altas marcaban el ritmo, seguidos de una batería furiosa.

‘’There’s no time to discriminate, hate every motherfucker that’s in your way’’

Los extremos nunca habían hecho bien a nadie, pensó. El dolor que deberían sentir las personas que lo vivían día a día no podía imaginarlo. Hacía mucho que no se ponía a escuchar música de esa manera. Ruiditos metálicos se oían de fondo. Y un gran trueno de guitarras.

‘’Hey, you, what do you see? Something beautiful, something free?’’

Escondió media cabeza en la ancha apertura del jersey que tenía puesto. El mundo aguardaba sorpresas, no siempre buenas o amables.

‘’Hey, you, are you trying to be mean?’’

Gritaba casi desgarrándose las cuerdas vocales, con furia. Dejó de divagar sobre la canción que escuchaba cuando se quitó los auriculares, aún sin haberla acabado. Suspiró, los sábados sin nada que hacer le dejaban en estado pseudo-depresivo.

Miró con aires cansados el teléfono rojo colocado en la mesita del comedor de su humilde apartamento. Sonaba y se sacudía. Desde que su madre murió había experimentado un odio bastante inusual a los teléfonos. La llamada que comunicó la muerte de su madre la hicieron a media tarde. Nunca se olvidará de los pésames cargados de fingido dolor que le dieron ese día.

--''¿Dígame?''--Levantó el auricular suavemente. La voz que le respondió le asustó y sorprendió a partes iguales. Se podía apreciar el brillo tembloroso de los ojos azules, muy abiertos. Tragó saliva.

Era su padre. Hacía tanto que no llamaba.

Le preguntó cómo le iba al estar solo. Respondió lo de siempre, que bien, que no se preocupara. También le preguntó por el dinero que le mandaba cada mes, si con él podía pagar bien la luz, agua del piso y demás gastos. Otra respuesta afirmativa. Hablaron poco, el hombre al otro lado de la línea siempre tenía trabajo que hacer. Aún no comprendía la extraña emoción por oír la voz de su padre, aunque siempre le dijera lo mismo, o le tratara de forma tan impersonal.

Se despidieron tan cálidamente como pueden hacerlo dos personas que no se ven en por lo menos un año. Colgó el teléfono y lo desenchufó. No más llamadas.

Ya era noche cerrada. Deberes acabados, partituras corregidas, todos sus discos ordenados, casa medianamente limpia, todo en sus sitio. Se sintió pequeño y solo en una casa sólo para él, las pocas llamadas de su familia le hacían recordar en que condiciones vivía.

Dejó ''Antichrist Superstar'' en otra montaña de álbumes variados. Una visión del mundo bastante crítica, demostrar algo real, pero no siempre visto. Le gustaba ese CD.

Andó hasta la cocina en modo medio-persona, con necesidad de comer algo por la hora en la que se encontraba. Al abrir la vieja nevera de su cocina el malestar le invadió. La compra de esta semana estaba olvidada en algún fichero de su mente. Sólo había una botella de leche y restos de fruta. Era un poco tarde para comprar ahora. Sintió que pasaba del estado medio-persona al zombi en un pocos segundos.

La comida a domicilio era su última esperanza. Se rascó la nuca pensando dónde estaba la propaganda. Dirigió su cuerpo a la habitación dónde estudiaba y dormía, y buscó por todo su escritorio hasta que, debajo de la carpeta negra que llevaba todos los viernes a la Sala de Música nº 2 y demás ensayos, vio un panfleto de una pizzería. No se lo pensó mucho, la necesidad de salvar su vida antes de morir de inanición le pareció más importante que nada.

Con cierto pesar conectó el teléfono de una vez. Las mangas largas de su jersey negro no ayudaban nada para llegar al escondido enchufe. Hizo un trabajo de contorsión bastante importante. Puso un puchero cansado y se sentó en el sofá inclinado hacia al mesa.

No le extrañaba que la gente pensara que estaba como una cabra. Hasta ese chico pelirrojo parecía pensarlo. Notó una extraña añoranza recorrerle el cuerpo. Rió un poco, recordando la cara que se le quedó al verle por primera vez, aunque la segunda también. Le daba la sensación de, aparte de tener un lugar especial, tenía una persona especial. Pero sólo un poco.

Un rugido proveniente de su estómago vacío le recordó que luchaba para salvar su vida. Le daba igual el tipo de pizza, sólo quería comer algo. Llamó y encargó una al azar, sintiendo una cierta seguridad de que no moriría ese Sábado. Se levantó para ir a ordenar el destrozo de su escritorio al buscar. Cuando estaba a medio camino vaciló. Volvió a la sala de estar y desenchufó el teléfono otra vez.

Acabó su faena y se puso a preparar café. Pocas veces le apetecía tomar, pero quiso hacerlo ese día. Dejó la cafetera en marcha y volvió a la sala de estar. Cambió las fotografías de sitio unas treinta veces, ordenó sus libros por orden alfabético, hizo el pino contra la pared color azul desgastado y se tumbó en el suelo de su apartamento, con el agradable olor a café inundándole los sentidos.

Llamaron a la puerta. Con cierto pesar se puso de pie sobre sus pies y buscó la cartera antes de abrir. Ya había conseguido encontrarla cuando volvieron a llamar. Sintió pena por el repartidor y aceleró la marcha a la entrada.

Abrió la puerta con un clic sonoro.

--‘’Pizzas Champiñones Raudos, las más rápidas de todo…’’--

Dos miradas se cruzaron y la pizza casi resbaló al suelo. El pianista ya había olvidado el hambre.

Roxas se sintió como si fuera el actor de una mala película de humor negro. Podía esperarlo todo, pero como todo nunca llega a ser todo…Axel estaba plantado frente a él con un ridículo uniforme de repartidor, pizza en mano (quemándosela por lo caliente que estaba) demasiado sorprendido para reaccionar.

--‘’…’’—buscó sin descanso algo medianamente inteligente que decir. Inspiró con fuerza, sintiendo sus pulmones arder y le tendió el dinero.

El pelirrojo le miró la mano cómo si fuera un extraterrestre con forma de pulpo morado. Lo aceptó y le devolvió el cambio a la vez que le tendía la pizza. Ambos pensaron lo absurdo de la situación, lo tarde que era, y la manera en la que se estaban comportando. Eren presas de un bloqueo mental tremendo.

El de cabellos rubios cogió la pizza . Debía acabar con las dudas ya.

--‘’...¿Quieres pasar?’’--Preguntó sin moverse con voz bajita. Axel vaciló unos instantes y después soltó una respuesta afirmativa con voz cansada.

Entraron al apartamento y Roxas cerró la puerta tras él y su invitado inesperado--‘’Ponte cómodo’’--Fue a dejar la pizza en la mesa de la cocina mientras hablaba, casi sin dirigirse a él.

Cuando salió Axel sostenía su visera amarilla de champiñones alegres con una mezcla de odio y resignación. Un día duro para él, pensó.

--‘’Ven a la cocina. Compartiremos la cena’’--Aunque fuera mínimamente, necesitaba aligerarle tantos pesares. Hacía tiempo que no conversaba con nadie, tampoco le gustaba hacerlo. Pero ante él todo cambiaba y se hacía más auténtico a la vez.

--‘’No quiero ser molestia’’--Respondió a la afirmación lo mejor que pudo. Estaba baldado.

El de ojos azules cogió aire--‘’La nobleza es bonita, pero la comida se enfría’’--La respuesta causó una media sonrisa al pelirrojo que le animó un poco, aunque no se notara.

Se sentaron el la mesa uno frente al otro. Era tarde. El tic-tac del reloj creía controlar cada segundo. Comieron y hablaron poco. Axel seguía mostrando signos inequívocos de vitalidad, aparte del evidente cansancio.

--‘’Bonito hogar. Es acogedor’’--Roxas no entendió a que se refería con acogedor, pero asintió--‘’¿Vives solo?’’--Tan curioso como lo recordaba, los ojos verdes chispeban con emoción sutil.

--''Sí. Mi madre murió y mi padre se fué a trabajar fuera de aquí''--Axel pareció arrepentirse de haber preguntado. Roxas siguió hablando con su cara estoica de siempre, fijando la vista en la madera oscura de mesa--''Fue hace mucho, no te preocupes''-la expresión del pelirrojo le pedía perdón en silencio--''¿A tí no te espera nadie en casa?''--desviar la atención era lo mejor.

Se llevó una mano a la cabeza antes de decir nada--''No. Vivo solo, pero con constantes visitas de familia''--Rió un poco, como recordando algo--''Parece que en mi casa haya mucha gente, pero en realidad sólo estoy yo''--se levantó de la mesa suspirando. La sensación de saber más de el chico frente a él le punzaba, pero era tarde. Todo el mundo necesitaba dormir, aunque ahora estuviera más despierto que en cualquier otro momento del día--''Creo que me voy, ya es casi medianoche y mi turno de repartidor acababa contigo''--Cogió la visera y la chaqueta a su lado--''Gracias por la comida, y por hablar un rato conmigo. En todo el día he tenido la sensación de que me volvería loco''--Miró al más pequeño mientras sonreía y se ponía la ropa de abrigo.

Roxas sólo atinó a morderse los labios--''Te acompaño a la puerta''--dijo al levantarse.

Caminaron en silencio hasta la puerta. Ahí, el pelirrojo habló sin girarse--''Las coincidencias son bonitas también¿verdad?''--se volteó con ojos traviesos y sonrisa cálida antes de irse--''Ya me dirás el secreto de esa sala. Buenas noches, pianista''--Los arrebatos de ternura que tenía Axel eran malos para su salud.

Soltó el aire temblorosamente, incapaz de hablar. Quiso decirle algo, pero notaba su sangre desbocada pulsar en su blanca muñeca y la inexplicable opresión que le producía verle en el pecho. Desearle buenas noches, o que se quedara, aunque sólo fuera cinco minutos más. Le veía irse y su voluntad aumentaba. No era propio de él perder los papeles así, parecer un pez que se quedaba sin agua.

Corrió hasta llegar a él por el pasillo, agarrándole sin fuerza de la muñeca. Clavándole los ojos azules hasta la mismísima alma, levantando el rostro para transmitirle el deseo de que se quedara. El silencio llenaba el pasillo, y los dos se miraban, pasada ya la fase de sorpresa del pelirrojo. La gente diría como al principio de su encuentro, pero ellos ahora hablaban sin palabras. Uno al sentirse aceptado y el otro al saber que necesitaba sentirse aceptado.

Frunció los labios, con cara de súbita verguenza. Tensó la espalda sin soltarle, apretando la camisa amarilla entre sus dedos y los ojos brillantes le temblaron. Dirigió la vista al suelo. El otro intentaba tarnquilizarle suavemente, posando su mano izquierda sobre la que le presionaba el codo derecho. Acariciando sin apenas tocar.

Roxas decidió que si había tenido valor para llegar hasta ahí, tendría valor para seguir, aún sin entender nada, para poder comprender el por qué, el cómo, el dónde, el cúando y el hasta dónde.

--''...¿Te tomas un café, al menos?''--


N/A: Aquí está, sin más ni menos, ni menos ni más. Este va a ser el único capítulo ambientado el otro lugar que no sea la ya mencionada Sala de Música nº 2. Me costó hacer el punto de vista de Roxas, aunque fuera en tercera persona. Sus sentimientos son complicados, contradictorios. Se siente perdido todavía. Veremos si Axel le lleva por buen camino (aunque es otro que tampoco gana para sorpresas...). A gusto del lector lo que pase despés de la invitación del rubio. Daré las gracias hasta que me quiten la mandíbula y me corten las manos. Gracias, porque hacéis que me esfuerce para mejorar. The Beautiful People es una canción de Marilyn Manson, no mía, del disco Antichrist Superstar. La escogí para demostrar que no todo es lo que parece. Y si alguna vez viene Axel a repartiros una pizza, invitadle un café.



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