|
Author of 40 Stories |
¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸, DuLcEs CoNdEnAs ¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸,ø¤º°°º¤ø,¸¸
Capítulo VII
- Hermione... Hermione, espera... ¡Ouch!
- Oh, Harry, no hagas escándalo.
Para ella podría ser muy fácil decirlo, porque precisamente era quien se encontraba estrujándole el cabello sin ninguna delicadeza, y Harry apostaba que si la situación fuese a la inversa, seguramente Granger no estaría tan callada.
- Además, te lo mereces -continuó diciendo ella- Tómalo como un castigo por no quererme decir qué pasó en tu prueba.
Oh, definitivamente Harry se iba a llevar eso a la tumba. Por alguna razón desconocida del azar, resultaba que él y Draco estaban más frescos que la madrugada y el resto de sus compañeros parecían haber pasado por un torneo de duelos. Lo que para ellos fue un paseo nocturno, aparentemente para los demás resultó ser una verdadera prueba.
Escuchaba historias por aquí y por allá, unas más sorprendentes que otras, todas acerca de las dificultades que sus narradores habían tenido al llevar a cabo la alegre tarea que Dumbledore les asignó. Y definitivamente, Harry no podía hablar acerca de su aventura nocturna, porque más allá de lo sucedido con Malfoy -cosa que jamás contaría, ni aun bajo los efectos del veritaserum-, lo más interesante había sido que se encontraran con un moonclaf.
Hermione no dejaba de acosarlo con preguntas, deseosa de saber detalles y de averiguar el misterio de porque ellos dos no llevaban ni una sola raspadura, cuando aun incluso ella -que había sido muy cuidadosa- salió con un rasguño en la mejilla gracias a una planta de muy mal carácter que se encontró.
Aun así, es seguro que Harry había aprendido a mentir mejor y ha titubear menos, porque hasta ahora, ella no había sido capaz de sacarle alguna información comprometedora.
- ¿Realmente esto es necesario? -preguntó, sintiendo como los dedos de Hermione se paseaban incansablemente por su cabeza-.
- Bastante necesario, estoy a punto de comprobar que encontré la forma de dominar ese cabello tuyo... ¡Seré una heroína!
Era por eso que la castaña había tenido la ocurrencia de levantarlo cuando seguramente ni siquiera el sol se asomaba, y luego de obligarlo a cambiarse de ropa y ponerse presentable para las clases, lo había arrastrado a la Sala Común y había procedido a sacar unos cuantos frascos -con sustancias desconocidas- y rociar el contenido sobre su cabello, mientras que se encargaba de que dichas sustancias realmente llegaran hasta el ultimo rincón de su cabeza.
- Draco llevaba la razón ¿Recuerdas? Dijo que había pociones que podrían ayudarte, como la que yo use para alisarme el pelo.
Claro que Hermione había evitado decir que en realidad no estaba muy segura de la confiabilidad de las pociones que se encontraba utilizando en él, pero su amigo no tenía por qué saberlo.
- ¿No podíamos haber probado otro día y no tan temprano? -bufó, cuando la chica le dio otro tirón quizás en un intento de desheredar algún nudo-.
- No, y al final me vas a agradecer, así que ya no te que quejes.
Sentado en un sillón y observando entretenidamente la escena, Ron agradecía que su cabello y los cepillos tuvieran una buena relación, sino, seguramente él habría sido el siguiente en pasar con Hermione y sus intentos de estilista. La bruja dio hizo unos movimientos más, antes de alejarse del moreno, observándolo con ojo critico.
- Ron, ven aquí -le llamó con un movimiento de su mano- ¿Tú qué opinas?
El pelirrojo se puso de pie, llegando al lado de su novia y observando a Harry. Ron frunció el ceño y se encogió de hombros.
- Yo lo sigo viendo despeinado -fue la sincera respuesta-.
- Claro que no -replicó la chica- Ahora parece despeinado a propósito, me encanta como se ve, hay que darle una chaqueta de cuero negro y una motocicleta ¡Le combinarían!
Harry entonces se puso de pie mientras soltaba un resoplido, resistiendo la necesidad de tocar su cabello porque seguramente eso podría provocar que Hermione quisiera “arreglarlo” nuevamente.
- Has visto muchas películas -dijo entonces el ojiverde- ¿Estás segura de que ya terminamos?
- Por supuesto ¿Quieres que invoque un espejo para que te veas?
- No, gracias -se encaminó hacia donde estaban sus libros- ¿Bajamos a desayunar?
- Oh, Harry -dijo ella- No te pongas tan desanimado, valió la pena despertarnos tan temprano.
- Querrás decir que tú nos despertaste temprano ¿Por qué a Ron lo dejaste dormir?
- Porque no tenía que arreglarle nada a él.
Ron sonrió orgulloso por el hecho, mientras que Harry reviraba los ojos en una muda protesta. Hermione, satisfecha con su gran hazaña solamente pudo pasarse una mano por su propio cabello ensortijado.
Y así de temprano como era, con sólo algunos otros Gryffindor despiertos, los tres emprendieron marcha hacia el Gran Comedor.
Había algo de encantador en entrar al Comedor y encontrarlo con tan pocos alumnos, como si hubiese más paz debido a eso. Hermione se apresuró a sacar algunos pergaminos y ponerse a escribir, mientras que con la misma prisa que ella, Ron prefería comenzar a armar un buen plato de desayuno. La relativa tranquilidad pareció durarles hasta que unas manos se posaron sobre los hombros de Harry, haciéndole sobresaltar ligeramente, aunque por alguna razón, ya sabía de quien se trataba sin siquiera haberse girado... se podría decir que casi podía “sentirlo”.
- Draco -dijo con cierto tono poco animado-.
A su espalda, Draco Malfoy sonrió altaneramente.
- Potter -regresó él- ¿Tan temprano y ya por aquí?
Ron torció la boca y se tomó la libertad de golpetear la mesa con sus dedos repetidamente.
- Nosotros deberíamos preguntarte eso -gruñó el pelirrojo- ¿No puedes molestar a alguien más? Pareciera que nos estás cuidando.
- No te incluyas en el paquete, Weasley, es darte demasiado crédito -la sonrisa burlona se ensanchó aun más- Y a diferencia de lo que puedas saber, porque les encanta llegar tarde en las mañanas, es que yo suelo levantarme más que a tiempo.
Ron pareció morderse la lengua para no decir nada -demasiado- ofensivo, por lo que únicamente pudo mirar al rubio como si quisiera matarlo.
- ¿Por qué no te vas?
- Que descortés, yo solamente venía a saber cómo estaban mis tres patéticos Gryffindor favoritos.
- Muy bien, gracias por preguntar -respondió Granger solicita-.
- ¡Hermione! -chilló Ron completamente escandalizado-.
- ¿Qué? -preguntó ella inocentemente- Yo sé que cuando Draco nos dice patéticos, en realidad es una forma cariñosa de llamarnos.
Draco miró con cierto aire analítico a Hermione durante unos segundos, dándose cuenta de que aquella entrometida chica parecía que le había tomado ya más confianza de la cual le habría gustado. Sin más remedio, chasqueó la lengua y tomó asiento en el libre que se encontraba junto a Harry. Sin mucha ceremonia el Slytherin buscó entre su túnica, sacando entonces lo que parecía un delgado libro, poniéndolo justo frente al pelinegro.
El ojiverde frunció en ceño y giró a mirarlo.
- Es el nuevo catalogo de escobas de Ellerby y Spudmore -respondió antes de que la pregunta fuese hecha- Creí que podría interesarte.
Eso era sospechosamente amable y Harry no podía creer tanta buena intención junta, por más paranoico que se escuchara. Pero bueno, que desde lo del bosque, comenzaba a ver conspiraciones en todas partes.
- Estoy bien con la escoba que tengo -respondió amablemente a pesar de todo- No necesito de otra.
- ¿Seguro? Tú te lo pierdes entonces, pero te lo dejo por sí cambias de opinión.
Y tal cual había llegado, Draco se marchó, mientras que Harry quedaba más desconcertado de lo que ya se encontraba, sin embargo, no le prestó atención al catalogo, contrariamente a Ron, que a la primera oportunidad, no dudó en tomarlo para hojearlo.
ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ
El que el más joven de los Malfoy estuviera usualmente en presencia de Harry Potter se había convertido en costumbre, una costumbre forzada, pero no por eso se demeritaba. Precisamente era por ello que el no verlo acompañando al legendario niño-que-vivió, era toda una rareza. Así que si eso pensaba el resto de los alumnos, para el mismo trió dorado era como algo insólito.
Sin Draco por allí, fue como estar viviendo un poco en el pasado, cuando solamente eran ellos tres, inseparables como hermanos.
Al día siguiente la situación se repitió, aunque se encontraban con Draco en las clases que tomaban juntos o por casualidad, el rubio no se quedaba más tiempo del acostumbrado. Para el tercer día, los rumores entonces comenzaron a correr -porque una de las cosas que más fascinaban a los adolescentes eran los rumores-, y se decía que el famoso veela de su generación y el -aun más famoso- chico que vivió estaban teniendo problemas más serios de lo normal, por lo cual existía aquel distanciamiento y se trataban con austera cordialidad.
En su Sala Común, Draco llevaba ya un buen rato leyendo un grueso libro, que sospechosamente se parecía a uno que llevaba más de una semana entre sus manos.
- Ya vale, Draco -habló Blaise Zabini apenas entró al lugar- Ya sabemos que te gusta ser mucho más inteligente que los demás y por eso te matas con los libros, pero ahora sí nos estamos preocupando.
Malfoy enarcó una ceja y elevó su rostro, viendo que Blaise venía acompañado de Pansy, lo que no era muy raro, pues parecía que aquellos dos se traían “algo” entre ellos.
- ¿Preocupando? -cuestionó sin mucho ánimo-.
- Sí, preocupando -rectificó la chica, dejándose caer libremente a su lado en el sofá-.
- Ajá -espetó el rubio- ¿Y de qué se preocupan?
- Del rollito que te traes con Potter, te has pasado no sé cuánto tiempo dejándonos de lado a nosotros para hacerle de sombra a él, y de repente de buenas a primeras pareces más interesado en leer y darle apenas los buenos días. No me gusta guiarme de chismes dudosos, pero comienzo a tomarlos en cuenta -concluyó Pansy-.
Draco no pudo hacer otra cosa más que cerrar su libro con elegancia bastante artificiosa, y sonreír con notoria malicia.
- ¿Creen que me he peleado con él y ahora soy un pobre veela torturado que finge que todo se encuentra bien pero por dentro se ahoga de dolor? -pero no les dio tiempo siquiera de responder- Pues dejen esas tonterías, no es nada de eso.
- ¿Entonces? -preguntó Blaise sentándose finalmente- ¿Por qué de la noche a la mañana te distanciaste de Potter?
- Cuestiones mías -se encogió de hombros- Tengo en mente ciertos planes.
- ¿Planes? -Zabini frunció el ceño- ¿Qué planes?
- Algunos para mi beneficio, naturalmente.
Sus dos amigos le observaron con expresiones semejantes durante algunos instantes, antes de que sonrieran de la misma manera que él.
- Hacía mucho que no te escuchábamos nada así -Blaise parecía francamente entusiasmado- ¿En qué consisten esos beneficios?
- ¿Saben? Aunque encuentre entretenido discutir con la comadreja, comienza a ser muy fastidioso que el pobretón replique por todo. No me apetece seguir gastando mi ingenio ni mi atención con él.
- Así que... ¿Todo esto es porque quieres poner un alto al fuego con él? -Pansy torció la boca ante su propia pregunta-.
- Alto al fuego suena casi a mi idea -el ojiplata se encogió de hombros- Todos tenemos un precio y la comadreja más que nadie... sólo es cuestión de mover un par de piezas en el tablero y me desharé de esa molesta resistencia que representa su presencia.
- Capto lo de su molesta presencia, pero ¿Y el resto?
- No quiero que esa comadreja siga aprovechando cada oportunidad que tiene para incordiarme, eso pone de muy mal humor a Potter.
- O sea... -dijo tentativamente la chica- ¿Qué no quieres que Potter esté enojado?
- Es obvio que Granger y Weasley van a continuar estando con Potter muchos años más y yo tengo que pasar toda mi vida con él, así que no me hace mucha emoción saber que deberé pelearme con la comadreja cada domingo por la tarde.
- Así que es por ti y no por Potter que quieres que Weasley tranquilice sus nervios -habló Blaise-.
- Precisamente... y eso solamente es el inicio de mi plan, si rompo con todas las barreras de los más allegados a él, entonces mi convivencia con Potter va a ser tan sencilla como hacer un Finite Incantatem.
Pansy y Blaise se voltearon a ver durante unos instantes y se notaba perfectamente que existía una nota de incredulidad en sus miradas, pero solamente duró muy poco, pues después observaron al rubio con algo parecido a la aprobación.
- Bien -asintió Blaise- Si necesitas apoyo, cuenta conmigo.
- Y conmigo -secundó Pansy-.
La mirada de aprobación ahora fue de Draco, quien asintió vagamente hacia sus amigos antes de centrar su atención nuevamente en su lectura.
Dudaba seriamente que necesitara la ayuda de ese par en realidad -aunque lo agradecía de alguna forma-, pues toda la ayuda que le hacía falta se encontraba en algunos libros que ya estaba repasando, y en pulir una o dos cosas en sus planes de acción siguientes.
ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ
Harry cabeceó inevitablemente ante el pergamino que se encontraba leyendo... ¡Merlín, que iba a azotar contra la mesa del sueño!, se suponía que debía de estar revisando la ortografía de aquel ensayo de treinta centímetros para el profesor Binns, naturalmente, esto al ojiverde le importaba ya muy poco y lo único que podía imaginar en ese momento, era en su confortable cama en la torre, tan cómoda y acogedora. Pero no, la triste realidad era que se encontraba atrapado en una mesa de la biblioteca, siendo acechado por una de las personas más implacables que había conocido.
- Hermione -dijo tratando de sonar lo más despierto posible- Terminemos con esto mañana.
- No, Harry -repuso la chica al instante- Hay que hacer las cosas cuando se deben, anda, ya casi terminamos y tú, Ron, más te vale que realmente estés haciendo tu tarea o sí no...
Pero Hermione no necesitó acabar con la amenaza, pues no era necesario, la imaginación bien podría hacer el resto. Tragándose un bostezo, el pelinegro regresó su atención al montón de letras negras en el pergamino ¿A quién le importaba la maldita ortografía?
Entre su lucha interna por continuar despierto, una voz le llegó lejana a Harry, haciéndole parpadear pronunciadamente mientras que se enderezaba, cuestionándose acerca de si había escuchado bien. Levantó la vista buscando alrededor y pronto sus ojos dieron exactamente con lo que ya se había imaginado: Draco. Sí, el autoproclamado Príncipe de Sytherin venía en compañía de sus amigos, hablando entre ellos mientras que llevaban su atención fija en algunos trozos de pergamino, dando totalmente la impresión de que se hallaban allí por cuestiones escolares y no porque Malfoy hubiese decidido ir a buscarlo.
No que a Harry le desilusionara eso ¡Para nada!, él estaba bien con aquel alejamiento entre ellos, no extrañaba ni un poco tenerlo por allí tratando de sacarlo de quicio ¡En absoluto! ¡Lo juraba!
Sin embargo, cuando el rubio dio un paseo con la mirada por los estantes y se encontró con su propia mirada, no pudo evitar corresponder la sencilla sonrisa que le dio -pero fue por un acto reflejo, no por otra cosa-. Draco entonces intercambió un par de palabras con sus compañeros, e hizo un par de señalamientos con la mano en algunas direcciones de la biblioteca, y que cada uno de los Slytherin siguió, dispersándose entonces. El blondo de su parte se encaminó hacia donde se encontraba Harry, haciéndole despejarse de aquel atroz sueño que había estado amenazando con arrastrarlo durante los veinte minutos pasados.
Draco llegó a su lado y arrastró una silla sin preocuparse demasiado del ruido, sobretodo porque Madame Pince no se encontraba presente, ya que se había visto en la penosa necesidad de ayudar con clases complementarias a los de primer y segundo año.
- Es un lugar muy inesperado para encontrarte -y deliberadamente arrastró las palabras de esa forma que era tan suya- Tienes cara de estártelo pasando muy bien.
Apenas Ron escuchó su voz frunció el ceño, sin dudar un segundo a responder en cuanto tuvo la oportunidad.
- Estábamos muy bien antes de que llegaras -replicó el pelirrojo- Creí que finalmente habías entendido y nos ibas a dejar en paz.
- Oh, Weasley... estoy hablando con mi pareja ¿Te importa?
Esa simple frase era suficiente como para que el ojiazul quisiera sacar su repertorio de ofensas, pero un muy oportuno pellizco de Hermione -acompañado también de una mirada de advertencia- bastó para que se callara, y así hubiese permanecido de no ser porque Draco siguió hablando.
- ¿Y qué tenemos aquí? -comentó con cierta burla en sus palabras- Creí que estudiabas, no que repasabas escobas.
Ante la mención de eso, la Gryffindor se giró rebuscando rápidamente con la mirada, hasta que se dio cuenta del escondido catalogo de Ellerby y Spudmore, en un libro que se suponía su novio debía de estar leyendo.
- Ronald -pareció sisear ella, apresurándose a tomar el objeto de la discordia- ¿Qué significa esto?
- Eh... lo puse allí para guardarlo, no por otra cosa ¡De verdad!
- Te he dicho que ya sueltes esta cosa -gruñó ella- Llevas días con esta tontería que no te trae ningún beneficio.
- No es una tontería, Mione, lo que pasa es que tú no puedes encontrarle la misma utilidad que yo.
Mientras Hermione seguía con su reprimenda, Draco aprovechó para estirarse lo más posible y conseguir recuperar el catalogo que tanto revuelo parecía haber causado. Una sonrisa completamente malintencionada apareció en sus labios cuando se dio cuenta de la hoja en la cual se hallaba abierto.
Era la misma página que Draco le había visto ver a Ron siempre que se acercaba a ellos.
- ¡Weasley! -le llamó, imponiéndose un tanto sobre la voz de la chica, obteniendo la atención de ambos- ¿La Tinderblast Silver? Promete muchas cosas ¿No? Además, nada más exótico que madera de la selva negra ¿Eh?... supongo que te gustaría tenerla ¿Cómo piensas pagarla?
Aquellas palabras marcaban completamente el inicio de una pelea como en antaño.
- Malfoy, tú grandísimo...
- ¡Ea, Weasley! -interrumpió al instante el nombrado- Cuidado con lo que dices, solamente estoy haciendo una pregunta inocente... obviamente, no vas a pedirle el dinero a Harry, eso iría en contra de tu amor propio, en cambio, yo estaría más que dispuesto a comprarte esa escoba solamente por el antojo de hacerlo.
Durante algunos segundos el pelirrojo permaneció en silencio, hasta que de forma gradual su expresión fue mutando, pasando de la estupefacción, por incredulidad y finalmente por la ira, que se adornó con el color rojizo de sus mejillas.
- ¡No necesito nada de ti, maldito Malfoy! ¡Trágate tu asqueroso dinero! -pareció estallar-.
Sin embargo, para sorpresa de los otros dos Gryffindor presentes en la mesa, Draco pareció tomárselo con mucha calma.
- Pongámoslo así, Weasley... tú desprecias todo lo que tiene que ver conmigo, sea bueno o sea malo, así que si te compro una escoba, de todas formas seguirás pensando igual de mí ¿No? Eso no cambiaria en nada nuestra maravillosa relación de camaradas inseparables -y el sarcasmo era bastante notorio- Además, si no te gusta la idea del regalo desinteresado a lo Hufflepuff, bien podrías pagármela cuando te hagas Auror o lo que sea que supuestamente deseas hacer con tu vida.
Entonces, una interesante conversación -si es que a un montón de mordacidades se le podría llamar así- se desató entre Draco y Ron. Naturalmente, la siempre sensata Hermione tuvo que ser quien parase con todas aquellas frases que no llevaban ningún sentido. Aun así, tomó varios minutos hasta que finalmente el pelirrojo se calmó y atendió -bajo la amenazante mirada de su novia- a los deberes que debería de haber estado haciendo desde hacía un buen rato.
Con la tormenta ya en calma, el rubio se permitió entonces regresar a la conversación -no iniciada en realidad- con Harry, quien había estado inusualmente callado ante todo lo ocurrido. Finalmente, el moreno suspiró apenas, mirando fijamente al otro.
- ¿Por qué siempre tienes que pelear con Ron? -fueron sus primeras palabras-.
- Oh, yo no peleaba con él, estaba tratando de ser increíblemente generoso.
- Pues no trates -respondió con otro suspiro- Pareciera que ninguno de los dos termina feliz hasta que me duele la cabeza.
- No es como si fueras el centro del universo, al menos no del mío.
Harry le miró un segundo y para el siguiente se recargó completamente en el respaldo de la silla, apoyando su nuca en el borde de este.
- Eres un veela horrible ¿Por qué no estás viéndome con adoración, colmándome de palabras bonitas y tratando de cortarle el cuello a la gente que se me acerca?
Draco soltó un resoplido que se mezclaba entre la burla y una queja. De verdad, juraba que tenía una exquisita respuesta afilada para eso, pero en cambio, se serenó lo suficiente como para decir algo totalmente diferente a lo que quería.
- ¿Acaso preferirías que fuera así? -preguntó con cierto tono cauteloso-.
El pelinegro pareció pensárselo apenas unos instantes antes de responder.
- A veces sí -se encogió con desgano de hombros- Debe ser genial eso de que te traten como si fueras lo más valioso que existe. Y no -se apresuró a agregar- No lo estoy diciendo por mi inexistente complejo de héroe ansioso de fama, que tú te empeñas en creer que tengo.
- Yo no me empeño en nada, sé que lo tienes... y sobre lo otro... consíguete un perro o algo, tienes una lechuza que te adora ¿No?
- Hazme un favor, deja de ser tan cabrón y vete ya.
Inesperadamente, el Slytherin sonrió de buena gana como si encontrara bastante entretenido lo escuchado. Se puso de pie y se permitió acomodar la silla con calma. Doblándose finalmente hasta que su boca quedó convenientemente cerca del oído del moreno.
- Ten un buen día, Potter.
Harry se quedó viendo su pergamino por largo rato, sin prestar demasiada atención a los demás. Sus pensamientos de dividían bastante entre sí, por una parte, se encontraba conforme con que las cosas finalmente -y después de lo que pareció ser un tiempo interminable- parecieran regresar a la normalidad, Malfoy ocupado en sus asuntos y él en los suyos. Sin embargo, por alguna razón desconocida, se sentía como si repentinamente hubiese sido dejado de lado, aunque debía de ser comprensible, pues era irremediable que se hubiese acostumbrado a la presencia de Draco todos los días de forma constante, y ahora que finalmente no estaba, era como echar de menos a alguna especie de mal necesario.
Probablemente es que esos pensamientos venían de alguna cosa que los elfos domésticos estaban poniendo a la comida todos los días, porque justo cuando llegó la noche, sentado en una de los tantos sillones de su Sala Común, Harry no podía dejar de observar las reinantes parejitas -incluida la que conformaban sus mejores amigos- y pensar que repentinamente, se sentía algo así como... solo.
¡Ya estaba! Eso era prueba de que los elfos SÍ estaban poniendo sustancias extrañas en la comida. Porque de otra forma, no existía explicación para que él tuviese ideas tan ridículas, aunque también existía otra teoría y es que ahora que Voldemort era parte oficial de la historia, pudiera ser que entonces Harry también hubiese dejado de ser aquel chico que debía luchar por tomarse todo con calma, aunque estuviese estresado con cada año escolar que llegaba, ocupando más de su mente para preocuparse por su propia vida que por romances, un buen ejemplo era que se había dejado deslumbrar por Cho de una forma bastante infantil, si había que ser francos. Puede que incluso en algún momento también hubiese llegado a pensar en Ginny de forma diferente, pero eso también quedaba ya en el pasado.
Sí ahora ya podía ser un adolescente normal, entonces iba a tener preocupaciones normales como las de sentirse un poco abandonado.
Y casualmente en ese momento, Ginny había hecho acto de presencia, bajando las escaleras y dando un breve saludo, uno que Harry tuvo que responder cuando la chica llegó donde él y se sentó a su lado.
- A ti te estaba buscando -dijo ella, sonriendo- Tenemos pendientes algunas jugadas para el partido del sábado.
El moreno asintió vagamente, porque el tema del Quidditch no le emocionaba precisamente en ese momento.
- Gryffindor contra Slytherin... yo sé que vamos a ganar, pero aun así nunca esta de más el ser cuidadosos.
- Seguro.
- ¿Te pasa algo, Harry? -inquirió ella, probablemente con la letal intuición femenina- ¿Es porque vas a jugar contra Malfoy?
La mención del rubio únicamente hizo que Harry entrecerrase los ojos.
- No debes preocuparte, será un partido como cualquier otro, nadie saldrá lastimado o algo.
- No es eso, Ginny -se animó finalmente a hablar- Solamente estoy cansado, ya sabes, las tareas, las pruebas, las clases, Snape.
- Oh, sí, te comprendo -asintió ella convencidamente-.
Para sorpresa de la pelirroja, Harry se movió lo suficiente para reacomodarse y dejar apoyar sin ningún problema la cabeza sobre sus piernas, cerrando los ojos. Ginny pareció bloquearse por unos segundos, antes de que reaccionara con un deje de comprensión; el que el pelinegro hiciera eso con ella era algo que ya le había visto hacer con Hermione en algunas ocasiones, incluso después de que ella y su hermano se hicieron novios. Y así, imitando lo que hacía la novia de su hermano en esa situación, Ginny comenzó a acariciar los cabellos negros de Harry.
El ojiverde suspiró, determinando que por el momento, toda esa sarta de pensamientos inútiles podrían irse de paseo con el calamar del lago.
ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ ÐŗacøxHąrrŷ
Contrariamente a lo que cualquiera pudiese pensar, a Draco le gustaba ir al invernadero y hacerse cargo de algunas plantas, porque eran las que él se dedicaba a seleccionar cuidadosamente para convertirlas en ingredientes de pociones.
Justo cuando estaba seleccionando algunas belladonas para quitarles la raíz, una sensación ya familiar lo recorrió de pies a cabeza. Era un ligero cosquilleo apenas palpable, pero que había notado desde hacía un tiempo que era un efectivo indicador.
- Harry -masculló, torciendo la boca al darse cuenta de lo que había escapado de sus labios- Potter -se corrigió a si mismo-.
Sí, era un indicador de eso. Ni bien pasaron diez segundos cuando Draco vio la silueta inconfundible del Gryffindor, acercándose a él a paso decidido, esquivando mesas y algunas macetas que colgaban del techo.
- También este es un lugar inesperado para encontrarte -sonrió con arrogancia- ¿Buscabas algo?
Harry no cambió su expresión, pero se plantó frente a él con cierta chispa de advertencia brillando en sus ojos esmeralda.
- ¿No tienes nada mejor que hacer? -el tono del pelinegro era de molestia- Ron quiere arrancarte la cabeza.
- ¿Arrancarme la cabeza? -repitió, con burla en sus facciones- Pues eso únicamente comprueba mi teoría de que es un malagradecido.
- Él no estaría enojado si tú no te esforzaras tanto por molestarlo -se cruzó de brazos-.
- ¿Regalarle una escoba es molestarlo? -había un bien fingido asombro en su voz- Creo que él y yo tenemos una perspectiva diferente del mundo.
- No juegues, Draco -Harry pareció más amenazante- Él sabe que lo has hecho para molestarlo ¿Cómo crees que se siente luego de que le ha llegado una escoba a medio Comedor? Todos están sobre él, preguntándole cosas y estoy seguro de que se siente humillado.
- No tiene remitente, así que no hay por que dar explicaciones que no quiera -se encogió de hombros despreocupadamente-.
Potter bufó y se llevó una mano hacia la sien, presionando apenas, antes de suspirar profundamente con resignación.
- ¿Por qué te gusta molestarlos? Es desesperante que lo hagas, a mí me desespera ya no ser capaz siquiera de ponerte un alto como te mereces, porque entonces afectaría tu delicada naturaleza mágica.
- Me sorprende lo idiota que a veces puedes llegar a ser -fue ahora él quien se cruzó de brazos y se mostró ofendido- ¿Qué hay de malo en que le haya comprado una estúpida escoba? ¡Para mí no significa nada!, no entiendo y no me interesa cómo es que los demás están acostumbrados a usar el dinero, pero en lo que a mí respecta, yo sé que es para gastarlo para obtener cosas que se quieren. Sí tú me pidieras una maldita mansión te compraría dos, porque tengo tanto dinero que puedo tirarlo en cualquier capricho que tenga, y ahora te parece una ofensa que yo haya querido hacerle un regalo a un amigo tuyo simplemente porque se me dio la gana, porque sé que él jamás habría podido pagarlo dadas sus circunstancias actuales ¿Y todavía debo correr a disculparme?
Harry lo miró desafiante dándole a entender que no le importaban alguna de sus palabras, y así, una lucha no verbal de miradas se desató, hasta que finalmente el Gryffindor realmente comenzó a analizar toda la situación, desde un ángulo muy diferente al indignado con el cual había llegado al invernadero.
La comprensión fue atroz, porque ahora sentía que el discurso frívolo de Draco tenía algo de verdad.
- Bueno... -empezó con torpeza- Supongo que... me dejé llevar y no pude evitarlo, Ron realmente está enojado, tuve que ir por el Mapa del Merodeador para esconderlo de él, seguramente piensa maldecirte apenas te vea.
- Me tiene sin cuidado -chasqueó la lengua con desprecio- ¿Qué más se podría esperar de un pobretón incivilizado como él?
- Malfoy.
Draco resopló, descruzándose de brazos.
- Únicamente estoy diciendo la verdad sin disfrazarla... como sea, si no quiere la escoba, simplemente que la regrese, y pensar que hasta pagué por una entrega exprés.
- Solamente tú sabrás que querías conseguir con eso, si no era molestarlo.
Oh, sí, Draco sabía muy bien que era lo que deseaba conseguir.
- Supongo que ahora el problema con nosotros está resuelto, después me ocupare del problema con Weasel.
- Te deseo suerte -y extrañamente estaba siendo franco- Y aunque sé que es inútil pedirlo ¿Podrías dejar de ponerle apodos a mis amigos?
- En tus sueños, San Potter.
- Vale, ya me lo esperaba -reviró los ojos- ¿Y qué haces en el invernadero? Aunque debo reconocer que Ron y su furia van a tardar en encontrarte aquí.
- No huyo de tu pecoso amigo -espetó- Vine por algunos ingredientes para pociones.
- Ah.
Luego de aquella elocuente respuesta por parte del moreno, un tanto de silencio se extendió entre ellos, mientras que Draco aprovechaba para seguir con lo que se encontraba haciendo antes de ser interrumpido.
Harry tomó aquello directamente como una de las tantas formas fáciles que tenía el otro de ignorarlo sencillamente, y la verdad es que no le apetecía ser puesto de lado aquel día en especial.
- ¿Todos los días haz venido aquí? -preguntó lo más desinteresadamente que pudo-.
- No ¿Por qué? -fue la respuesta automática-.
- Creí que con eso de que ya no... andabas en nuestra compañía, seguramente tenías cosas mejores que hacer.
Definitivamente, Harry no iba a quedarse con esa duda ¡No señor!, no después de que casi se duerme usando las piernas de Ginny como almohada, sin dejar de pensar por qué Draco había decidido “abandonarlos” cuando antes no podían quitárselo de encima... bueno, más propiamente dicho era solamente Harry quien no podía alejarlo, pero para el caso se entendía lo mismo.
Imprevistamente, el rostro de Draco pareció iluminarse ante la pregunta.
- He estado leyendo y practicando.
- ¿Acerca de qué?
- Pues resulta que estaba equivocado con este asunto del veela.
- ¿Cómo?
Mas, en segundos la mente de Harry había creado ya sus propias teorías, como que probablemente Draco no era en realidad un veela, o que lo era pero sería temporal o quizás había encontrado la forma de que la forzosa relación con su pareja -es decir, él- fuese anulada, lo que explicaría muy bien por qué ahora solamente se paraba para intercambiar un par de palabras con él.
- De hecho, todos los demás siguen estándolo. Se suponía que de aquí a unos meses yo sería todo un veela como todos, pero eso es una gran mentira.
Allí estaba, Harry tenía razón.
- Sí no practico mis poderes increíbles, jamás voy a desarrollarlos, así que aunque pasen veinte años si no hago algo por desplegarlos entonces jamás los voy a tener realmente.
Bueno... pudiera ser que Harry estuviese un poquito equivocado.
- ¿Y de qué sirve ser un veela si no tengo poderes para sacarle provecho?
- Así que... -dijo tentativamente- ¿Haz estado practicando estos días?
- Sí y creo que he tenido un magnifico avance para tan poco tiempo, naturalmente no se puede esperar otra cosa de mí.
- Ya, claro, tu perfección y tú.
- Exactamente.
Un brillo malicioso -que bien conocía Harry de sus tiempos de rencillas- apareció en los ojos de plata del rubio, mientras que se acercaba a paso lento pero decidido a él.
- Puedo darte una demostración, serías el primero a quien se los enseñaría de forma consciente, obviamente ninguna de mis victimas ocasionales sabían que lo eran.
- ¿Victimas?
- Les puedes llamar sujetos de experimento, también -sonrió presuntuosamente- Tú solamente quédate tranquilo, como si no supieras nada.
- Hey, no, no. ¿Qué clase de cosa vas a hacer?
- Haz gala de esa cliché valentía en Gryffindor y cállate ¿Bien?
- Malfoy -advirtió-.
- Malfoy y tres cuernos, te dije que te callaras y te quedaras quieto.
Naturalmente, Harry estaba menos que dispuesto a hacer caso a semejante petición, sin embargo al ver el gesto tan decidido y de concentración que apareció en el bello rostro del rubio, no le quedó más remedio que intentar acatar un poco lo pedido, por muy veela que Draco fuese -y ahora resultaba que hasta en entrenamiento- Harry no debería verse afectado por su influencia, no cuando podía presumir que resistía los Imperius.
Luego de unos minutos, el Slytherin frunció el ceño, torciendo apenas la boca.
- ¿Y bien? -cuestionó el ojiplata-.
- ¿Bien qué?
- ¿Por qué no tienes cara de idiota?... bueno, digamos que más.
Ahora fue Harry quien torció la boca.
- Así no me convences para que en un futuro acepte de nuevo estas tonterías tuyas.
- No son tonterías, tú deberías estar babeando un poco al menos.
- ¿Cómo?
- Bueno, es que usualmente cuando hago esto, los demás ponen cara de completos tontos.
- Ni siquiera me doy cuenta de si estás haciendo algo o no.
- Pues sí, y me esta costando trabajo, así que más te vale que vayas notando algo diferente, Potter.
Oh, y ahora él era el culpable de que Draco no pudiera provocar ninguna reacción en él, eso definitivamente era tan “justo”.
Pero todo fuese por las buenas causas -esas de las que parecía ser tan partidario-, así que Harry cerró los ojos, tratando de percibir cualquier indicio de cambio. Cuando ya estaba por decirle que aquello era una absoluta perdida de tiempo, empezó a notar como súbitamente parecía ser que su cuerpo se relajaba completamente, tanto que por un momento le pareció que sus rodillas parecían quererle fallar, y además de eso, un aroma indescriptible inundaba su nariz, no podía relacionarlo con ningún otro aroma que conociera pero si era sumamente agradable.
- ¿Harry? -le llamó el rubio apenas lo observó diferente-.
El moreno entreabrió los ojos, mirando hacia ninguna parte en realidad.
- Se siente bien -musitó apenas-.
- ¿Qué cosa? -Draco trataba de mantener un tono neutro-.
- No lo sé, pero se siente bien... es... se parece al filtro de paz.
Una mueca apareció en la cara de Draco, que finalmente dejó de luchar por mantener la sutil expansión de magia que se encontraba haciendo, permitiendo también que el moreno saliese poco a poco de su pequeña ensoñación.
- No me gusta que seas mi pareja, así no cuentan las cosas -volvió a cruzarse de brazos-.
- ¿Qué? -preguntó, sacudiendo apenas un poco la cabeza-.
- No sé siquiera porque esperaba otra cosa. Cualquiera se habría embobado, menos mi pareja... así que no es raro que te hayas sentido así, lo que quiere decir que al menos se nota que estoy logrando algo.
- Pero creí que esa cosa de los poderes servía para que quisiera, no sé, saltarte encima, como dice Hermione.
- Y lo hace, pero solamente si me enfocara a tratar de seducirte y obviamente no era esa la intención.
- Aun así, se supone que debería de haber resistido ¿Por qué no rechacé esa sensación?
- Porque no estaba usando mis poderes para intentar forzarte a algo.
- Lo que quiere decir... ¿Qué hay todavía más cosas que no sé de los veela?
- Oh, sí -pareció canturrear él- Muchas más, pero no te sientas mal, sé que no solamente ignoras cosas acerca de los veela, sino de todos los temas en general, no es culpa tuya ser tan... silvestre.
- No me molestare contigo porque no es culpa tuya ser todavía un niñato insoportable.
- Potter, tus palabras me hieren -se puso el dorso de la mano sobre la frente, en una completa actuación- Probablemente moriré por eso.
- Sí, claro.
- Pero podrías resarcirte si aceptas ayudarme.
- ¿A qué? -sus ojos se entrecerraron con sospecha-.
- Con mi práctica, lo llevas en la sangre ¿No? Esas patrañas de querer enseñar a las personas.
- ¿Y qué se supone que te enseñe? El que sabe más de los veela eres tú, no yo.
- Pero igual sirves como sujeto de prueba.
- No, ni lo pienses -negó repetidamente con la cabeza- Tú sigue entrenando como lo haz estado haciendo, a mí no me metas en esas cosas.
- ¿Seguro? -sonrió ladeadamente- Es decir... podría comentárselo al profesor Snape, que dado a que MI pareja no desea ayudarme, deberé practicar con alumnos cualquiera, sin saber que riesgos o consecuencias podría traer eso.
Harry abrió bien la boca, mirando con estupor e indignación después al rubio frente a él.
- No te atreverías -protestó-.
- Oh, por favor -el tono fue de completa burla- ¿Con quién crees que estas hablando? Te he hecho cosas mucho peores que poner a Snape en tu contra.
- Mira, ya no sé porque siquiera me quejo. Está bien, te ayudare, siempre y cuando prometas que a cambio no vas a tratar de aprovecharte cuando realmente comiences a controlarlo.
- Palabra de Slytherin.
- Los Slytherin no tienen palabra.
- Que horrible concepto tienes de nosotros, muy mal -chasqueó la lengua- Cualquiera diría que te hemos hecho algo.
El Gryffindor prefirió callarse la respuesta, porque además de ser demasiado larga, también sería una perdida de tiempo el decirla.
Draco por su parte bien podría estar riendo como todo un villano en su mente, porque sus planes iban a la maravilla. De hecho, de no ser por lo sucedido en el Bosque Prohibido, seguramente no se tomaría la molestia de estar haciendo tantas cosas, pero no podía evitarlo, y se arrepentía profundamente de haber besado a Harry, claro que sí... porque ahora iba a volverse loco, se sentía desesperado por ponerle las manos encima, sin saber que ansiaba más: si tocar su piel hasta hastiarse o besarlo hasta perder completamente el aliento. ¡No era justo! ¡No era justo que le pasaran esas cosas!, de haber sabido que esas serían las consecuencias de sus impulsos, hubiese preferido poner una barrera de diez metros entre Potter y él. Pero estaba bien, Draco era técnicamente un adulto -al menos para el Mundo Mágico- y sabía tomar ese tipo de cosas con madurez, comprendía que era por esa odiosa sangre de pajarraco mágico que tenía en las venas, pero eso también estaba bien, ya lo tenía asimilado.
Lo que no dejaba de asimilar era que probablemente de no ser porque se dejó llevar, no habría despertado en él todavía esa necesidad tan desquiciante de buscar contacto con Harry. Esos días realmente habían sido pesados, sobretodo por su decisión se separarse voluntariamente de su pareja, aunque ciertamente el haberse enfrascado en libros, planes “malignos” y todo tipo de actividades, mantuvieron efectivamente su cabeza puesta en cosas mejores que pensar en lo jodidamente bien que se sentían los labios de Harry, lo ridículamente satisfactorio que era tenerlo entre los brazos o los muchos deseos que Draco tenía de volver a intentar ambas cosas.
Bueno ¿Quién se lo impedía? Nadie, y solamente se necesitaba de esa astucia Slytherin para obtener todo lo que quería.
- Es cierto, Harry -pronunció el nombre con deliberada lentitud- Había olvidado mencionarlo, pero tu cabello ahora parece decente, te hace ver... bien, realmente me gusta.
La expresión del moreno se llenó de aturdimiento, e interiormente, Draco volvió a reírse de lo fácil que parecía que iba a ser todo.
Oh, sí que iba a serlo.
Continuara...
¡Voy a llorar! T.T yo ya daba por muerto este fanfic!!... es que... bueno ¿Quieren excusas? Bueno, sí, supongo que es lo mínimo que puedo hacer. Con el capitulo seis ya me había pasado que no podía escribir ni una “a” para este fanfic, cuando escribí el capitulo pasado pensé que podría lograrlo, que podría escribir sin tardarme tanto... pero no, ya se vio que no. Aun no entiendo por qué simplemente no podía escribir de este fanfic en particular pero sí de otras cosas. Yo misma creía que lo mejor sería tirar la toalla con Dulces Condenas, y entonces, pasó: ¡Me bloqueé finalmente con todos mis fanfics! xD así que estos últimos meses he luchado por escribir ¡De lo que sea! No importa, mientras realmente pueda escribir, me doy por bien servida. Por mera casualidad abrí el documento que estaba bautizado como el capítulo siete de DC, probé con escribir y entonces mis dedos finalmente parecieron cobrar vida ¡Fue como una experiencia milagrosa! Aunque admito que me ha costado trabajo hacer todo de corrido, pero al menos pude terminar ¡Voy a llorar!... ejem...
Bueno, basta de excusas patéticas, simplemente espero que a quienes todavía se acuerden de este fanfic, el capítulo les haya parecido lindo... o al menos aceptable ¬¬Uu en fin, en fin, no hay nada más que decir, aunque bien podemos hacer apuestas para ver cuanto tiempo me voy a tardar en actualizar nuevamente, cof... cof... en fin, a todos quienes lean esto ¡Se los agradezco infinitamente! ¡Y una vez más, lo siento por la tardanza!
P.S. ¿Alguien conoce un hechizo para eliminar los bloqueos?
.:¤°—— .ČeĻeŋ Marΐŋaİđεŋ. “Sí supieras que siempre, sin que tú lo sepas y donde estés, cuando caes dormido, yo te deseo buenas noches. Y antes de que despiertes, los buenos días... quizás entonces como yo, me amarías......” ——°¤:.