Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Death Note » Blanco y Negro

akasha-bennington
Author of 47 Stories

Rated: T - Spanish - General/Drama - Mello & Near - Reviews: 84 - Updated: 05-06-09 - Published: 01-23-08 - id:4029205

¡Holas!

Oh, siento mucho haber tardado tanto en actualizar este fic, pero bueno, resulta que también soy fan de Bleach y en estos meses mi personaje favorito ha tenido el protagonismo absoluto, así que he estado totalmente abducida por el fandom de Bleach. ¡Lo siento mucho!

Pero bueno, aquí vuelvo con mis viñetas de Death Note, y espero que os sigan interesando.

Como nota interesante os cuento que esta viñeta tiene lemon! XD (¡por fin! XD) ya que he tardado tanto en volver por lo menos que la espera haya valido la pena ¿no?

Personajes: 1. Mello y Near

Género: romance, drama, angst.

Rating: M

Advertencias: lemon, yaoi

Ubicación: Wammy’s House era

Palabras: 1826

Resumen: No sabe cómo lo hace, pero Near siempre está aguardándole con una tableta de chocolate abierta entre sus dedos y las primeras onzas derretidas sobre su boca.

Pos nada, ya me contaréis si os ha gustado o no ;)

NECESIDAD

Es una sensación horrible, una de las cosas que más odia Mello. Deambulando por su habitación, poniéndolo todo patas arriba en busca de algo que sabe de antemano que no va a encontrar. Le pone nervioso y le obliga a morderse las uñas desesperadamente para calmar el sudor frío que comienza a surgir en su frente.

Da una patada a la pared antes de salir y cerrar la puerta de su habitación con un golpe igualmente violento. Le importa una mierda si con ello despierta a medio orfanato y Roger le castiga al día siguiente.

Encamina el largo pasillo a oscuras en el silencio de la noche. Una idea fugaz cruza su mente, pero es desechada con la misma rapidez que otras tantas veces. No iba a asaltar la despensa de la cocina. No. Aunque pudiera forzar la cerradura sin que nadie lo notara, sería evidente que allí faltaría una tableta de chocolate. Los muy cabrones llevaban un recuento exhaustivo y no podía engañarlos. Fue él quien, en uno de sus ataques de síndrome de abstinencia, provocó que tuvieran que recurrir a semejantes artimañas para, según ellos, reforzar su autocontrol.

Autocontrol. ¡Ja! Se ríe él del autocontrol cuando las uñas ya le sangran y duelen habiendo llegado a la mínima expresión. Muchas veces se había jurado que cuando dejara aquel lugar y ganara su propio dinero, no iba a escatimar a la hora de comprar chocolate y, por supuesto, no tendría necesidad de volver a sentir esa ansiedad. Pero claro, con la paga semanal que reciben, no le da para mucho, aunque supuestamente fuese un ejercicio de responsabilidad y, otra vez, aprender a ejercer el autocontrol gracias al uso racional del dinero.

Pero si hay algo que Mello odia casi tanto como la apremiante necesidad de chocolate, eso es cuando su delirio le llevaba a plantarse frente a la habitación de Near en mitad de la noche. El sudor frío se instala entonces en sus manos, retorciéndose los dedos como si quisiera rompérselos antes de caer en la tentación de agarrar el picaporte de la puerta. No está en su naturaleza el ser comedido, en ninguno de los aspectos de su vida, pero si fuese capaz de aplacar su personalidad impetuosa por un instante, preferiría hacerlo para vencer la necesidad de entrar allí y caer en el más profundo de los abismos. Preferiría dominar esa debilidad mucho más que ser capaz de dosificar sus raciones de chocolate.

Aunque cuando la necesidad apremia, no hay lugar para la razón.

Es entonces cuando Mello entra sin llamar en aquella habitación donde nunca está echado el pestillo, como si estuviera dándole la bienvenida permanentemente esperando su visita. Es entonces cuando con cada paso que da, su orgullo se va hundiendo poco a poco con el peso del deseo.

No sabe cómo lo hace, pero Near siempre está aguardándole con una tableta de chocolate abierta entre sus dedos y las primeras onzas derretidas sobre su boca. Quizás tenga un sexto sentido para notar cuándo Mello le necesita. Pero jamás le preguntará, porque si algo bueno tiene todo aquello es que ambos saben lo que van buscando. Mello tiene necesidad de chocolate, pero ni él ni Near necesitan poner en palabras lo que va a suceder. Las justificaciones son innecesarias, ni siquiera las hubo la primera vez ¿por qué van a ser precisas ahora que ya se ha convertido en una rutina?

Antes de alcanzar a Near, Mello ya se ha quitado la camiseta y la ha tirado en un rincón. Cuando llega hasta él, está tan desesperado que se olvida de todo, le besa en la boca, más bien lo devora, haciendo desaparecer cualquier rastro de chocolate sobre sus labios. Acaba mordiéndolos y haciéndolos hincharse antes de internarse en busca de más uniendo su lengua a la de Near.

Mientras se besan, acaban tumbados en la cama, Mello a horcajadas sobre Near, y desabotona apresuradamente los botones de su pijama para dejar su delicado pecho al descubierto. Como si fuese un ritual, Near deja la tableta de chocolate sobre su pecho, que acaba aprisionada entre ambos, derritiéndose con el calor y la fricción de sus cuerpos.

Mello abandona por un instante la boca de Near para tomar sus dedos manchados uno por uno y chuparlos hasta dejarlos limpios completamente. Y luego, desciende…

La respiración agitada de Near se hace visible en su pecho, que sube y baja acelerado y cubierto de chocolate. Mello se entrega a él, recorriéndolo en su totalidad, excitado por el sabor y por la visión de algo tan sublimemente humano en alguien como Near. Aún puede sentir la humedad de su boca y la suavidad de su lengua enredándose con la suya, tratando de marcar un ritmo más pausado que el que el impetuoso Mello acostumbra a marcar. Ni siquiera cuando se besan dejan de competir.

Le excita saber que produce ese mismo efecto en Near cuando, tras los trazos de su lengua sobre su piel, ésta se eriza y se enrojece, de igual manera que lo hacen sus mejillas. Como cuando cierra los ojos con fuerza como si así quisiera negar las reacciones de su cuerpo. Le gusta pensar que es gracias a él por lo que Near se transforma de ser un ser de hielo a un ser de fuego. Imagina que es el calor que sólo él es capaz de infundir en Near el que tiene el poder de derretir el chocolate. Porque en ese momento, no despide el frío usual de su presencia, un frío que puede llegar a quemar, sino calor puro, fuego, porque su sangre hierve y su piel arde. Con una mano se agarra a las sábanas y con la otra enreda sus pequeños dedos en el cabello de Mello, enrollando un mechón entre ellos, apremiándole haciéndolo cada vez más rápido cuando el mayor alcanza peligrosamente la cintura del pantalón de su pijama.

No hay duda alguna, puede notar su excitación bajo su cuerpo de la misma manera que siente la suya propia. Así, Mello se incorpora sobre sus rodillas para desabrocharse el pantalón y ve cómo Near hace lo mismo, sentándose debajo de él para alcanzar su torso erguido cubierto por la maltrecha tableta de chocolate, ya fundida por completo.

Se estremece al sentir que es ahora Near quien recorre su pecho, volviendo a manchar sus labios para crear una nueva tentación. Y Mello no puede resistirse una vez más. Habiéndose liberado de la opresión de su pantalón, vuelve a caer sobre Near para volver a besarle.

Near es el cazador silencioso y Mello, la bestia desbocada. Y como buen cazador, sabe cómo y cuándo colocar el cebo. Lo demuestra no sólo porque sabe cómo hacer que Mello vuelva a besarle, sino porque ya estaba al acecho mucho antes de que la bestia se acercase, esperando pacientemente a que llegara.

Aprovecha la posición para deslizar las manos por su pequeña silueta y llevarse consigo el pantalón del pijama. Near se estremece con anticipación y Mello es capaz de oír el débil gemido que escapa de sus labios cuando interna la mano en su entrepierna. Lo roza, lo mancha de chocolate y se despega de su boca para descender una vez más.

Near tiene que morderse los labios con fuerza para no hacer ruido, arquea la espalda y vuelve a dejarse caer cuando siente a Mello envolviéndolo con su lengua, saboreándolo, con una mano recoge algún resto de chocolate para lubricar su entrada y con la otra se prepara así mismo para lo que está por llegar.

No quiere desconcentrarse pero la visión de Near en ese estado lo merece. Sus cabellos empiezan a pegarse a su frente por el sudor, sus dedos se agarran con fuerza a las sábanas y su rostro, encendido y delicado, trata inútilmente de ocultar lo que siente. Mello decide que es suficiente, no tiene más chocolate que limpiar y ya son tres dedos los que se mueven con facilidad en su interior. Vuelve a posicionarse y no tiene que esmerarse demasiado porque las piernas de Near se enlazan a su cintura sin que se lo pida. También se agarra a su cuello, clavando las uñas en su espalda cuando por fin Mello entra en él. Y es Near quien lo besa para ahogar el profundo gemido de ambos y que quede sólo entre esas cuatro paredes.

No es la primera vez, y aunque Mello se regocije internamente en esos primeros instantes de dolor, sabe que pasarán en seguida y hará que Near se aferre con más fuerza a él. Conoce el ángulo idóneo y no le preocupa en absoluto que el ritmo sea quizás un poco acelerado porque sabe que Near aguantará estoicamente eso y mucho más.

Y aunque por una parte no quiere que termine, por otra está deseando hacerlo para poder marcharse de allí. Acelera los empujes y contra su bajo vientre siente que Near se tensa también y alcanzando ambos el clímax al mismo tiempo.

El agarre de Near se relaja, terminando por dejar caer los brazos a ambos lados, jadeando y sudando al igual que él. Mello se recompone, no sin antes observar el torso manchado de Near, y aunque en su imaginación aquella blancura sea como chocolate blanco fundido, sabe que no lo es. Decide que es el momento de marcharse. Ya ha obtenido lo que quería. Ambos, en realidad. Silencios incómodos, los mínimos.

Aún está poniéndose la camiseta cuando ya ha salido de la habitación, cerrando sigilosamente la puerta tras él y dirigiéndose a su habitación.

Como siempre, con una sensación amarga.

Ojalá tuviera la templanza de Near, pero no puede pretender ser algo que va contra su naturaleza. Ojalá pudiera hacer como él: que ahorra el dinero, se compra sus juguetes favoritos y aún así le da para dedicar parte de su paga a comprar tabletas de chocolate aunque las golosinas no sean su fuerte. Ojalá pudiera tener su mismo autocontrol, que las guarda en algún lugar secreto de su habitación, seguramente apiladas de forma perfecta y rectilínea, esperando a que alguien, que no es Near, las necesite.

Desearía tener la fuerza de voluntad para no volver allí y caer en el juego una y otra vez. Justo antes de entrar, siempre siente un desagradable nudo en la boca del estómago, e igual ocurre cada vez que sale. Es la manifestación física de la humillación y el orgullo pisoteado que, oh casualidad, nunca hace acto de aparición mientras está en esa habitación.

Cuando Mello está de vuelta en su cuarto, vuelve a golpear la pared y a darle una patada a la puerta y se deja caer en la cama, lleno de frustración.

El problema radica en que le gusta lo que hace con Near, pero admitirlo sería demasiado pedir. Por eso, cuando tiene que recurrir a burdas excusas para justificar sus actos frente a su conciencia, siempre puede decir que lo ha hecho porque necesitaba chocolate.

Y desde luego, no estaría mintiendo en absoluto.


Supongo que no tiene mucho que comentar, pero bueno, si hay alguien despistado por ahí, aclaro que claramente Near compraba las tabletas sabiendo que tarde o temprano Mello iba a ir a buscarlas.

Me encanta lo atormentado que está Mello con ese tema XDDD (estoy segura de que sea cual sea el contexto, el sexo con Near siempre será psicológicamente traumatizante para Mello XDD). Y bueno, ya viene siendo habitual en mis fics, así que lo habréis notado, pero obviamente Near es quien maneja los hilos una vez más. Es que yo soy de la opinión de que Near sabe muy bien cómo manipular a Mello para que haga lo que él quiere jeje.

Respecto al lemon, pues no he querido detenerme mucho porque quería que diese la sensación de que era algo apresurado y desesperado (Mello quiere el chocolate y lo quiere ¡ya!) así que si notáis que el lemon está un poco apresurado, probablemente esa era mi intención ^^

¡Pues nada más, ahora os toca comentar a vosotros!

¡Besitos!

Ak



Return to Top