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· Capítulo I: l'incubo ha inizio ·
By: Kanna Uchiha.
(Comienza La Pesadilla)
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—Mira quién está aquí, Saku –llamó a su hija-. Sasuke decidió adelantar sus vacaciones y llegó hoy por la mañana -le explicó.
Sakura se quedó congelada. Siempre se imaginó que no volvería a verlo. Incluso cuando su madre le avisó que dentro de algunas semanas Sasuke quería ir allá… no lo creyó. Lo vio muy imposible, no creyó que él tuviese cara para volver. Era verdaderamente imposible que el destino volviera a cruzarlos… era imposible que eso le sucediera a ella. Pero… ahí estaba él de nuevo, sentado frente a ella. Con esa mirada cínica y prepotente sobre ella…
—Buon pomeriggio, Sakura. ¿Cómohas estado? -la llamó él.
La chica, por reflejo en su subconsciente, dio un paso hacia atrás… para protegerse. Luego negó con la cabeza ligeramente… rechazando la realidad.
—¿Saku? –la llamó Hatsumo, su madre.
La chica, que temblaba casi imperceptiblemente, al fin respondió: miró a su madre y asintió.
—Ho-la -fue lo que pudo articular antes de disculparse y subir a su habitación.
Dios… ahí estaba él… Ese desgraciado había vuelto… ¿A qué había vuelto?
Se sentó en su cama. Temblando y sin poder moverse. Con miedo, dudas, incertidumbre. Dios… tenía miedo… tenía tanto miedo.
Por alguna razón, ella aún tenía en la mente el recuerdo de Sasuke con quince años. Un chico de 1.65 mtrs., delgado y “bonito”, cómo ella decía. Ella odiaba a ése chico con cara de ángel y alma pútrida.
Pero ahora… ahora que lo tenía de frente, no sentía odio… sentía miedo. Mucho miedo.
Sasuke había cambiado mucho. Había cambiado tanto.
Ahora era mucho, pero mucho más alto, y sus rasgos ya eran maduros. Sus rasgos únicos y exquisitos gracias a su mezcla de razas. Puesto que, siendo japonesa su madre e italiano su padre, no habían dado más que rasgos finos y únicos a su hijo, que no tenía ojos de uno ni de otro… si no una mezcla de ambos.
Sus ojos, posiblemente, una de las cosas que más atraían de él, eran grandes pero rasgados, y su color era completamente oscuro… cómo una obsidiana negra, y los enmarcaban unas largas y espesas pestañas, contraponiéndose a sus finas y delineadas cejas.
Sasuke ya no era un niño bonito… ahora era una exquisita y deseable estatua de mármol y rosas… ¡sus labios eran pétalos de rosa! Su piel seguía tan blanca cómo había estado siempre; sus cabellos suaves, negrísimos, seguían dando destellos azulados a la luz. Su preciosa nariz se erguía orgullosa entre su bonito rostro…
Su rostro, ahora de rasgos ya definidos, pero aún infantiles, poseía la misma belleza de siempre… y su cuerpo, definitivamente europeo, alto y estilizado… se había vuelto el de un hombre visiblemente formidable. Tenía el tipo de físicos, delgado y atlético, que los diseñadores persiguen desesperadamente para hacer lucir sus ropas.
También tenía un porte que antes no poseía. Pero algo era idéntico… esa mirada cínica, segura y altanera, suavizada por su sensualidad nata y su bello rostro con aquel tatuaje de eterna ingenuidad.
Según sus cuentas, Sasuke tenía 21 años. Ya era un hombre.
Era un hombre sin escrúpulos que había regresado sólo a recordarle… a revivirle. Y se sentaba frente a ella, mirándola cómo si nada. Cómo si nunca hubiese sucedido nada…
Una gota salada recorrió una de sus mejillas y cayó en su falda escolar. Sakura jamás se dio cuenta de esto, estaba tan aturdida que… no se percató de que lloraba.
Sólo tenía mente para recordar la sensación que tuvo cuando escuchó su voz…
Su voz le había revuelto las emociones. Siempre creyó que, si volvía a escuchar su voz ronca y suave… tan suave que parecía inocente, lo único que sentiría serían deseos de gritarle todo lo que sentía por él… odio y aberración, asco y unos deseos incontrolables por arrancarle la cabeza.
Pero no…
Lo único que llegó hasta ella, al escuchar su voz, fue… frío en el alma, en el corazón… lo único que sintió, fue temor.
Sasuke no fue cruel con ella ni la lastimó jamás… pero ella tenía miedo de él. Por alguna razón, ahora, al mirarle de frente… le temía.
Se recostó en su cama, la respiración comenzó a volvérsele cada vez más difícil, sollozó cómo lo haría una niña y se percató de que tenía húmeda su almohada… en lágrimas. Las limpió de su rostro, pero continuaron saliendo, más y más…
“Così…”
Ese horrendo susurro, similar al de una serpiente venenosa, le llegó a la cabeza.
“Così…”
Lo escuchó susurrar, mientras, suavemente, guiaba su cabeza… acercándola y alejándola de su entrepierna… de su pene enorme, duro y caliente, que despacito metía y sacaba de su boca.
“Leccare, mio amore”
No entendía sus palabras…
“Con la tua lengua… qui”
Pero era obvio lo que él quería… manejándola cómo lo hacía: cómo el juguetito que era ella entre sus brazos. Sakura le lamía donde él le pedía, cómo él le pedía y… cuando él jadeó y…
Sakura frunció el ceño cuando sintió que Sasuke derramaba algo en su boca, intentó alejarse pero…
“No-no, mio amor-e, soggior-no… Soggiorno” Había jadeado él… presionándole suavecito la cabeza, manteniendo su palpitante miembro dentro de su boca… mientras lanzaba su semen, espeso y caliente, dentro de ella. “Non sp-utare.” Jadeó de nuevo, cuando ya terminaba.
“Mangiar-e, amore... mangiare tutto.”
El recuerdo de su boquita completamente abierta, abarcando lo poco que podía de él... El recuerdo de ese sabor seco en cada milímetro de su lengua… el saber que él eyaculó en su boca… le provocó sentarse abruptamente escupir con asco en los tatamis de su habitación.
Descubrió entonces que era ya de noche, había pasado la tarde ahí recluida, encerrada… pensando en cómo escapar de eso… cómo escapar de él.
Alguien llamó a su puerta, ella miró, paranoica, esperando un nuevo sonido, o la voz de la persona anunciándose… y ahí sólo había dos personas.
—Ábreme, por favor, Saku –pidió su madre.
Ella se tranquilizo un poco al oír su voz, se limpió las lágrimas y se puso de pie.
Encontró a su madre con una mirada de preocupación y el ceño fruncido.
—¿Qué es lo que te pasa? –le preguntó su madre cuando, además de sus ojos rojos e hinchados, la miró pálida.
Sakura negó con la cabeza.
—Tuve un problemita con Sai, má –mintió, luego intentó sonreír-. No fue nada importante –añadió de inmediato.
Su madre asintió, no preguntó nada… Sakura no era muy dada a detallarle sus problemas.
—Está bien. Pero… al menos no seas grosera con Sasuke. ¿Es que no te da gusto verlo? Con lo mucho que lo querías –le recordó a la chica.
Ella se limitó a sonreír… incapaz de hacer o decir nada más.
—Lávate la cara y baja a cenar, por favor. Te estamos esperando –le pidió ella.
—Ya bajo ahora, mami –aseguró la chica.
Cuando bajó, luego de cambiarse de ropas… porque ni eso había hecho. Se encontró con Sasuke sentado a la mesa, platicando con su madre, la única familia que tenía Sakura. Ella no había conocido a su padre, Hatsumo era madre soltera. Por lo que, su única familia sanguínea, se conformaba de, su madre, obvio, su tía Mikoto, y ése desgraciado que tenía cómo primo… el desgraciado de Sasuke.
MIsmo que le clavó la vista cuando ella llegó.
—Creí que no bajarías, nena –confesó él, con ese cinismo y seguridad tan característicos de él… y se había atrevido a llamarla “nena”.
Ella frunció el ceño y deseó escupirle en la cara. Pero ahí estaba su madre y…
—No -se limitó, y apenas se escuchó su murmuro.
La chica se sentó lo más lejos que pudo de él, luego comenzó a cenar antes que ellos… ni siquiera lo notó.
Pero, cuando llegaba a levantar la vista… Sasuke la miraba. Estaba viéndola… de esa misma manera en que lo hacía seis años atrás.
La chica bajó su mirada nuevamente cuando se cruzó con la de Sasuke… sintió que su sangre, literalmente, bajó a sus piernas.
Su madre, que vio tal reacción, lo interpretó según la situación: Ellos se habían querido mucho cuando niños, ahora, que se volvían a ver, siendo Sasuke lo guapo que era y lo tímida que era ella, lo más seguro es que tuviese pena con él.
—Sakura -la llamó la mujer: ella intentaría romper el hielo entre ellos-. ¿Sabes? Sasuke se quedará un tiempo considerable con nosotras –soltó, cómo si aquello fuese algo realmente grato.
La chica negó con la cabeza… algo suplicante.
—¿No, Sasuke? –lo alentó Hatsumo a contarle el motivo a Sakura… para que hablasen.
Sasuke era un chico de lo más educado, incapaz de dejar a alguien sólo en la conversación. Mascó el trozo de carne roja que tenía en su boca y bebió un poco de agua…
—Che è –aceptó.- Descansaré un tiempo, pero luego quiero ejercer aquí –dijo, con su acento italiano imposible de borrar… a Sakura le sonaron tales palabras a amenaza.
Hatsumo volvió a sonreír.
—¿No es grandioso? Sasuke estudió medicina. ¡Lo que quieres tú, Saku! –le recordó su madre-. Ahora que él ha terminado su carrera, desea vivir aquí. No nos caerá nada mal tener un hombre en casa, ¿no, Sakura?
Con cada palabra de la mujer, Sakura sentía que se le quebraba más el alma. Dios… él iba a vivir junto a ella de nuevo. Esta vez aún más tiempo. No eran sólo vacaciones.
Dirigió su vista hacia él… él la miraba fijamente, y le sonrió cuando sus miradas se encontraron… Ella no tuvo reacción alguna, no apartó su vista de él… no hizo nada.
—Perdón –susurró Sakura antes de ponerse de pie y marcharse sin más.
La mujer enarcó las cejas, preocupada. Sasuke la siguió con la mirada hasta que ella desapareció por la puerta de la cocina.
Subió a su recámara y cerró con seguros por dentro. Más tarde, comenzó a escuchar las voces de su madre y Sasuke por el corredor que llevaba a las habitaciones… seguro acompañaba a Sasuke a la que sería para él.
Se mordió los labios y miró hacia la puerta, preocupada, cuando Sasuke se quedaba ahí, él ocupaba la habitación contigua a la suya. Cerró sus ojos y rezó por ello, no lo deseaba cerca de ella… que su madre le diera otra habitación, por Dios… que su madre le diese otra. Rezaba y, mientras lo hacía miraba que los seguros de su puerta estuviesen puestos, a pesar de que sabía los había puesto al entrar.
Paranoica… no. Sólo moría de miedo.
Abrió sus ojos y miró el techo… sonrió.
Luego, la sonrisa se esfumó rápidamente; durante un momento, durante un par de segundos, no recordó que Sasuke estaba ahí.
Miró el reloj: 8 a.m., para esa hora, su madre ya se habría marchado al banco en que trabajaba. Era sábado… tenía dos opciones: ponerse de pie y arreglarse rápidamente, o… quedarse ahí y pasar la mañana y parte de la tarde con Sasuke.
La decisión no era difícil, ¿cierto?
Pasaría la tarde con Ino, o Sai, regresaría ya cuando su madre estuviese ahí; y, al día siguiente, no habría necesidad de huir, su madre no trabajaba los domingos… los domingos estaría segura.
Se puso encima unos jeans color azul, gastados, una blusa a tirantes y sus converse; se recogió el cabello en una coleta y, sin maquillarse, salió de prisa de su habitación. Apenas abrió la puerta, puso una mueca de disgusto: cómo todos los sábados de su existencia, en que Sakura se levantaba después que su madre, se encontró una notita pegada en el corredor, frente a la puerta de su habitación… recordándole todo cuanto tuviera qué hacer ese día.
Y con todo desagrado notó que, entre sus tareas de fin de semana, decía:
“Prepara el desayuno para Sasuke, por favor.
Despertará tarde, tendrás tiempo de prepararle algo rico.”
Sakura levantó una ceja… ¡claro! Le haría el desayuno, ¡y le pondría raticida!
Bajó las escaleras rápidamente, intentado no hacer ruido, sujetó sus llaves, preparándose para abrir apenas llegar, sin embargo… no pudo.
Se congeló al encontrarse con… un muchacho, alto, delgado, fornido y… semidesnudo, recostado sobre el sofá, dormidito, con sólo unos boxers tipo bakers, cubriéndole una pequeña parte de su bien formado cuerpo.
Sasuke tenía los brazos por encima de su cabeza, lo que permitía ver sus trabajados músculos en los brazos, sus bonitas axilas y… ese pecho tan blanco cómo el resto de su piel, con suaves tetillas rosas. A pesar de su odio… no pudo evitar deslizarle la mirada hasta el vientre, y recorrer sus piernas delgadas y musculosas… hasta que él se movió, en sueños, y ella dio un respingo, sobresaltada.
Casi corrió hacia la puerta, sin importar si él continuaba dormido o ya estaba despierto. Aunque lo dudaba, en Italia aún debía ser media noche… pero, ¿por qué él estaba dormido ahí, y no en su recámara?
¿Qué importaba? Tenía que alejarse de él.
Pasó la tarde con Ino, al final del día, cuando ya oscurecía, regresó a su casa. Su madre la recibió con un sermón, puesto que… Sasuke le comentó jamás la vio en el día, cuando él despertó, ella ya no estaba.
—¿Cómo puedes ser tan grosera? –inquirió, despacito, para que Sasuke no escuchara, pues ella la había disculpado, poniendo de pretexto un supuesto trabajo-. Tu ti Mikoto y Sasuke siempre son amables con nosotras. Ten un poco de consideración, Sakura.
¿A quién le gusta su madre esté molesta? Aún así, sonrió: ya no tenía que estar ahí fuera, por la casa, mirando a Sasuke.
Salió de su recámara, cuidando nadie estuviera fuera, y entró al cuarto de baño. Por fortuna, era lunes, muy temprano: en la escuela no tenía que verlo… u oírlo.
Se duchó rápidamente, e iba a salir enredada en una toalla, cómo hacía todos los días, pero recordó que ahí estaba él. Optó por vestirse una vez más con lo que llevaba puesto antes de entrar.
Rato más tarde, cuando se puso su uniforme, bajó para desayunar. Dio gracias por no haberse encontrado a Sasuke en ningún momento. Quizá él iba a levantarse mucho más tarde… aún debía acostumbrarse al cambio de horario.
Comió apenas un poco de fruta y se marchó antes de tener el disgusto de toparse con él.
En el colegio, pudo respirar tranquila… por alguna razón, se sentía bien ahí. Quizá se debía a sus amigas, quizá se debía a que… ahí estaba Sai, su Sai… su lindo novio. Ella había estado llamándolo todo el fin de semana, pero, ni su celular respondía ni en su casa atendía nadie…
No fue necesario ella se acercara, apenas él la miró, corrió donde Sakura y la abrazó.
—Perdóname por no llamarte -le suplicó enseguida-. Salimos desde temprano y olvidé mi celular… y ya sabes cómo es mi padre –concluyó, con una sonrisa lastimosa.
La chica sonrió. No importaba… ya no importaba nada. Al menos, en ese momento.
—No te preocupes –pidió ella.
Durante el día, casi logró olvidarse de Sasuke. Casi…
Aunque, realmente… ¿importaba mucho eso? ¿No lo vería de cualquier manera al llegar? ¿No dormirían bajo el mismo techo?... ¿No estaría a solas con él horas y horas, antes de que regresara su madre?
—Pizza en mi casa –soltó sin pensarlo ella, mientras sus amigos conversaban.
—Ok –dijeron todos casi al momento.
A pesar de que el colegio estaba un tanto lejos su casa, fueron hasta allá caminando.
Al entrar a casa de Sakura, todos se congelaron.
Todos por diferentes razones, pero con algo en común…: Sasuke.
Ninguno esperaba ver a nadie en casa de la muchacha, sabían que sólo vivían ahí Sakura y su madre. La que, al ser sola, trabajaba la mayor parte del tiempo y… pues jamás habían visto a nadie en casa de la chica.
Algunos chicos guardaron silencio al ver a un joven hablando por teléfono sentado en la sala, otros se miraron entre sí, las chicas se quedaron observándolo con los ojos abiertos de par en par.
Sakura bajó la mirada…
Aunque a ella le causara asco, había que aceptarlo, Sasuke era, sí, asqueroso… asquerosamente bello, atrayente, sensual.
Era, simplemente, hermoso.
Entraron todos y Sakura les pidió se sentaran. Sasuke, luego de saludo corto, con acento italiano, le dedicó una sonrisa a Sakura, la que le volteó la cara; al ver esto, Sasuke se puso de pie y fue a la cocina, que estaba próxima a la sala de estar.
La casa de Sakura, en comparación a la de Sasuke, era pequeña. Al menos así debía parecerle a él. Sakura sólo había ido una vez a Italia a visitar a su tía. Eso fue cuando tenía ocho años.
Ahora que lo pensaba… había visto a Sasuke escasas cinco veces en su vida. Claro, esas visitas duraban alrededor de dos a tres meses cuando se veían; pero… aún así, eran pocas.
“Abrázame…” escuchó la voz de un niño muy cerca de su oreja.
Sasuke tenía 13 o 14, cuando ella lo visitó en Italia. Habían dormido en la misma habitación, en la misma cama y… habían dormido completamente abrazados… ella lo quería tanto.
Frunció el ceño… ¿Ya habría él tenido esas ideas desde entonces?
Maldito bastardo.
—¿Quién es él? –el susurro de Ino la despertó.
—Mi primo –soltó de manera automática.
—Qué guapo es –soltó Karin, con tono alto… para llamar la atención de Sasuke, pero él seguía hablando por teléfono, no lo notó.
Sakura suspiró cuando se percató de cómo lo miraban todas y cada una de las chicas que se encontraban ahí; incluso Ten-Ten, que estaba junto a su novio Neji, y hasta la tímida de Hinata.
Sakura le miró con odio, se abrazó a su novio y…
—¿Vemos una película? –sugirió.
Encargaron pizza y, mientras veían aquello, Sakura se acurrucó bajo el brazo de Sai.
Y cada vez que miraba al interior de la cocina, ahí estaba Sasuke, bebiendo agua y hablando por teléfono… ¿Con quién estaría hablando tanto? Ella había llegado hacía más de treinta minutos y él seguía con eso.
Un grito en la película la hizo centrar su mirada en la pantalla y dejar a Sasuke de lado. Pero la risa del mismo la hizo voltear de nuevo hacia él.
—Certo… dico –dijo él-. Anche lei. Mamma baci per me, per favore. Arrivederci –dijo… y colgó.
Se puso de pie entonces y fue hasta la sala, dejó el auricular sobre el cargador y… se quedó mirando fijamente a Sakura… frunció el ceño después.
¿Qué es lo que estaba viendo él?
¿Por qué la veía así?
¡¿Por qué?!
A pesar de que su rostro decía que no le había parecido nada alguna cosa que miraba… el chico no dijo nada. Si no que tomó una chaqueta de mezclilla que tenía sobre el respaldo de un sofá y se la puso mientras se marchaba sin decir nada.
—¿Se enojó? –preguntó Naruto… y es que todos, no hubo un solo chico que no se percatara del gesto que torció Sasuke.
Sakura levantó un hombro en señal de indiferencia.
Sus amigos comenzaron a marcharse cerca de las siete, antes de que su madre regresara a casa. Al final… el único que ahí permanecía, era Sai, al que ella despidió en la puerta con un beso.
Sai tenía a Sakura sujeta por las mejillas mientras le besaba los labios, ella tenía una mano sobre una del chico y la otra en su costado… abrazándolo.
Se separaron cuando escucharon pasos firmes acercándose sin importarle la privacidad de la pareja.
Pudieron ver al primo de Sakura, que se acercaba a ellos con la misma mirada que marcaba ofensa.
Pero, ¿ofensa por qué? ¿Quién le había ofendido?
—Buenas noches -deseó Sai a Sasuke.
Sasuke le torció el mismo gesto de hacía un rato y entró sin responder.
—¿Estarás bien? –le preguntó Sai a la chica al ver la reacción de su primo.
Ella sonrió y asintió para no preocuparlo... ya estaba por llegar su madre, de cualquier manera.
Luego esperó un rato después de que él se marchara para entrar. Cuando por fin lo hizo, con desganó, tenía ya un plan: pensaba ir y… meterse en su recámara hasta que llegara su madre.
Planes que no pudo realizar.
La presencia de Sasuke en la sala, mirándola fija y acusadoramente, la inmovilizó por completo.
—¿Quién era il bastardo? –inquirió él, con voz áspera… cargada en cólera.
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· Capítulo I: l'incubo ha inizio ·
By: Kanna Uchiha.
(La Pesadilla Comienza)
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Buon pomeriggio: Buenas tardes.
Così: Así
Che è: Así es.
No, no, mio amore, soggiorno… Soggiorno: No, no, mi amor, qué-date … Quédate.
Non sputare: No lo escupas.
Mangiare, amore... mangiare tutto: Cómetelo, amor… Cómetelo todo.
Certo… dico: Cierto… yo le digo.
Mamma baci per me, per favore: Da un beso a mamá, por favor.
Anche lei… arrivederci: También tú… adiós.
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Uy… yo les quiero agradecer a todas la paciencia enorme que me han tenido, pero, la verdad… he tenido de cosas por hacer que, da miedo xD
Les agradezco mucho, mucho en verdad el seguir aquí, leyéndome y, créanme que, así dure mil años, voy a terminar todos y cada uno de mis fics, por favor, no se preocupen.
Por cierto… ¬ω¬Uu Este capítulo va para Vanne (Zinep-Princesa de la Perversión xD), mi queridísima hija, que me ha chantajeado vilmente (Si en algo tenía que parecerse a su madre TωT… ¡xD!)
Jaja, ¡mentiras, hija, Te Quiero!… Aunque me extorsiones xD
.Kanna Uchiha.