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Anya.Naivea
Author of 8 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Adventure - Ginny W. & Harry P. - Reviews: 201 - Updated: 11-23-09 - Published: 01-31-08 - id:4044860

La “Princesita”

La “Princesita”

-¿Estás segura que son las coordenadas correctas? – Preguntó Emir dubitativo. Todos observaban la hoja que Tiare tenía en sus manos. Escritas en ella estaban las coordenadas que Morgan le había entregado para encontrar a la próxima víctima.

-¡Claro que sí! –Exclamó ofendida- Confío plenamente en el chico que me salvó la vida. Además, ¿Quién puede tener mejor información que el mismo hijo del asesino?

-Eso es lo que me preocupa. –Interrumpió una voz. Era anciana pero profunda. Todos giraron sus cabezas sorprendidos - ¿Cómo están?

-¡Meng! –Susurró Uzume sorprendida blandiendo su larga trenza al levantarse de la mesa. La sala de reuniones era larga y angosta, y contaba con una buena cantidad de sillas altas para cada uno de sus integrantes.

-No me esperaba encontrarlos trabajando. –Sonrió el anciano. Su piel era de color papiro, un largo bigote se unía con su barba cayendo como un delgado hilo sobre su pecho, y su cabeza era calva y brillante como una perla.

-¡Maestro! –Murmuró Tiare anonadada levantándose de su silla- ¿Qué hace aquí? Lo creíamos en China.

-Ese asunto puede esperar. –Contestó con amabilidad. Caminó con lentitud hacia la silla de la cabecera, la que estaba siendo ocupada por la japonesa, y se sentó en ella apenas la mujer se levantó. – Lo importante ahora –continuó- es la elemental información que nuestra querida Tiare consiguió.

Tiare se ruborizó y agachó la cabeza avergonzada; mientras Uzume ocupaba su lugar correspondiente en la mesa, al lado derecho de Meng.

-¿Y bien querida? – Insistió el anciano con una sonrisa amable- Porque no le cuentas al viejo Meng que es lo que has averiguado.

La chica se levantó de su sitio con rapidez, sin tomar en cuenta los reproches que hacía la mujer. Se arremangó las mangas de su traje floreado, y se acomodo el cabello. Nerviosa, hizo un ruidito con la garganta para limpiar todo sonido ajeno a su voz, y comenzó a contar lo que sabía.

-Aunque suene extraño Maestro, me he hecho amiga del hijo del asesino Marcel Von Candeviere, Morgan. Sé que es una locura y totalmente riesgoso, pero la información que él me ha brindado es de suma importancia para poder encontrar a las víctimas. –Pausó. El anciano la observaba atentamente sin parpadear, provocándole que un calor sofocante comenzara a invadir su rostro. Tragó saliva con fuerza y continuó- Él, por estar más cerca de las víctimas conoce muy bien su paradero. Hace dos días me comentó que su padre no puede viajar fuera del país a más de una cierta cantidad de kilómetros, es por ello que trae las mujeres aquí. También me dijo que trabaja con una ayuda anexa, la que le sirve para ir a buscar a las mujeres. Pero ahora, no puede viajar ni salir del país, por lo que es de suma importancia encontrar a ese ayudante. Necesita ahorrar energías para poder matarlas, y si me permite Maestro, no entiendo a que se refiere con esa explicación.

Tiare se sentó al instante, con la cabeza gacha. Todo estaba en silencio, y Meng seguía observándola sin parpadear.

-Entonces es cierto lo del médium –Murmuró después de un largo silencio.

-¿Médium? – Inquirió Uzume.

-En la reunión con el concilio Oriental comentaron que había un chico, un médium, que ayudaba a Marcel a encontrar a las mujeres y llevárselas a su poder. –Dijo lentamente- Y tengo un fuerte y peligroso presentimiento de que ese chico puede tener más relación con nosotros que con cualquier asesino existente.

-¿A qué se refiere? –Preguntó Feroz tímidamente.

-No quiero arriesgarme a hacer conjeturas, pero creo que ese chico puede ser el hijo perdido que Koji creía muerto.

-¿Koji? –Exclamó Emir asustado- ¿Koji Nobuji?

-Sabía que había algo extraño en la muerte de Koji –Comentó Calfulaf, quien había permanecido en silencio y con los ojos cerrados. Meng asintió con la cabeza y ambos se miraron por un largo instante.

-Sabes perfectamente que quiero decir viejo Calfulaf- Sonrió Meng.

-La tierra no miente –Asintió el chamán, y nuevamente un eterno silencio invadió la sala.- Creo que es momento que los jóvenes lo sepan.

Tiare, Emir, Feroz, un chico de piel morena clara y cejas pobladas, y una chica de cabello negro hasta la barbilla, los quedaron viendo incrédulos. Meng asintió fervientemente, y Uzume suspiró como nunca se le había visto, denotando su preocupación.

-¿Qué tenemos que saber? –Preguntó la chica de cabello corto.

Calfulaf, Uzume y Meng levantaron el mentón con superioridad. El aire se había vuelto denso, parecía que en cualquier momento estallaría una bomba. Meng se levantó de su asiento con lentitud, apoyándose en un largo y viejo bastón de madera y caminó hacia una de las ventanas, abriendo la cortina.

-Hace muchos años el concilio tenía un integrante muy importante, era un hombre valiente y poseía una fuerza extraordinaria y un poder inimaginable. Lo increíble, es que siempre usó aquel poder para el bien del mundo mágico, dejándonos un legado de honestidad y solidaridad que nadie jamás había visto. –Se detuvo y contempló un canario pequeño que se había posado sobre la rama de un bello rosal. Sonrió y cerró los ojos. -¿Calfulaf?

-Con gusto. – Contestó el chamán. Se levantó de su asiento, rengueó como Meng, apoyándose sobre su típico bastón torcido, y se colocó detrás de Tiare- Era un hombre humilde, hijo de una tailandesa y un poderoso médium chino. A pesar de que nunca utilizó su poder en pos de la mente, su fuerte siempre fue la magia sin voz. Era un excelente integrante, brillante y talentoso. Era muy joven… sí, recuerdo cuando llegó al concilio, tenía sólo dieciséis años, un poco menos que ustedes.

Los chicos sonrieron alagados, y Uzume bufó nuevamente batiendo su pie en el suelo, ansiosa.

-Era un joven realmente esforzado, –Continuó Meng con el relato - valiente como ninguno, y noble como caballero. Llegó tan alto, que cuando cumplió los veintiuno le ofrecimos el trabajo más importante de todos.

-Cuidar el libro de Akasha…- Murmuró Tiare pasmada, y todos se giraron a verla asombrados.

Los dos ancianos sonrieron, y Uzume curvó su boca con arrogancia. Calfulaf le apretó el hombro con su mano libre y suspiró.

-Así es. –Admitió con dolor en su voz- El libro más importante de todos, el que habla sobre la profecía de las portadoras, y la caída de Candeviere. Todo, todo estaba ahí.

-Pero un día, -Dijo Meng girándose para ver a los integrantes- pasó algo tan maravilloso como terrible. Nuestro querido guardián se casó, sí, se casó, y con una mujer inglesa. Lamentablemente murió poco después de dar a luz a su hijo… aunque, muchos preferimos creer otra teoría.

-Pero ¿Qué sucedió? No estoy entendiendo. ¿Quién era él?– Se quejó Emir con el ceño fruncido.

-Siempre tan ansioso mí querido Emir. – Rió Meng.

-¿Aún no lo vez? –Tiare tenía la mirada perdida sobre la mesa, su cerebro trabajaba a toda marcha, acaparando la atención de todos los presentes, intrigándolos.- El joven del que hablan, no es nada más ni nada menos que Koji Nobuji. ¿O me equivoco?

Levantó sus ojos negros hacia Calfulaf que estaba tras ella, apretó su hombro con más fuerza y comprendió que estaba en lo correcto.

-¿Qué? –Exclamó el chico de cejas pobladas- ¿Koji Nobuji era parte del concilió? Creí que era un asesino en serie.

-¡No digas idioteces Kahur! Claro que era parte del concilio, de lo contrario no lo habrían mencionado. – Le recriminó Tiare.

-Pero, entonces… ¿Qué sucedió? ¿Qué pasó con el libro? –Preguntó con rapidez la chica de cabello corto.

-¡Rayos! –Exclamó Uzume hastiada-¡Vayan al grano de una vez! ¡Odio cuando alargan las cosas!

Los dos ancianos volvieron a suspirar. Meng asintió con lentitud y Calfulaf comprendió lo que debía hacer.

-Koji se casó – Continuó- con una bella mujer del norte de Inglaterra. Era una bruja muy inteligente y bella. Sus raíces, para suerte de él, eran tailandesas, así que ambos se fueron a vivir a ese país cuando la unión se hubo realizado. Se llevó el libro consigo, y lo mantuvo oculto, hasta que supo que sería padre. Cuando Eliene, su mujer, iba a dar a luz, una explosión atentó contra su humilde morada, acabando con su vida y supuestamente, con la de ella y la del niño.

-Pero el niño nunca murió…- terminó Tiare sudando frío, y nuevamente provocó una sonrisa en los ancianos, pero éstas, eran tristes.

-Nunca se supo si el niño murió, o si su madre sobrevivió, aunque creemos que puede haber sido victima de muchas torturas. –Dijo Meng cabizbajo.

-¡Que horror! –Exclamó la otra chica- ¿Cómo pudo ser?

-Bueno, ahí es donde entra la respuesta a mis tantas reuniones en China. –Meng se tomó su tiempo para volver a sentarse en su sitio, ante la mirada expectante de todos quienes estaban ahí- El libro, el médium, Koji, su mujer… Todo fue un complot para poder obtenerlo.

-Hace dieciséis años… - Suspiró Calfulaf.

-Hace dieciséis años, murió Koji, lo asesinaron para obtener el libro. Eliene sobrevivió, y no encontraron la mejor manera, que torturarla para que hablara sobre su paradero. Cuando finalmente murió, le quitaron a su hijo, y el asesino lo crío para su propio propósito, asegurándose que la criatura tuviera el poder suficiente para poder cumplir con la misión que iba a enfrentar en el futuro.

-Ayudar a Candeviere –Completó Calfulaf con sus ojos llenos de ira como jamás lo habían visto.- El libro se lo quedó él, y cuando se enteró de que se trataba la profecía y de lo que tendría que ocultarse para evitar su destrucción, le pidió al asesino de Koji que entrenara al muchacho para que le ayudara a asesinar a las mujeres.

-De esa forma utilizaría el poder de las portadoras para su propósito, provocando la peor catástrofe universal. –Terminó Meng con un suspiro.

-¡Dios mío! –Chilló la chica de cabello corto tomándose el corazón- ¿Y qué ocurrió con el libro y con el chico? ¿Aún lo tiene Candeviere en su poder?

-Hay algo que no han contado…- Dijo repentinamente Uzume, y todos se voltearon a verla. Calfulaf y Meng levantaron las cejas. -El libro que Koji se llevó consigo no era el original, ¿recuerdan?

Meng sonrió lentamente y agachó la cabeza, Calfulaf hizo sonar su bastón en el suelo, como si se le hubiera resbalado de las manos alcanzando a aferrarlo antes de caer.

-Había olvidado ese detalle, tienes razón… - Admitió Meng.

-¿Cómo? ¿Había dos libros? –Preguntó Tiare con los ojos muy abiertos. Todos los jóvenes observaban a los adultos exactamente con la misma expresión.

-Koji tuvo una idea realmente estúpida, pero a la larga sirvió de mucho. –Contó Uzume levantándose de la mesa- Hacer una copia, para despistar. El libro falso, él se lo llevó a Tailandia, pero el original…

-Se la entregó Dumbledore. – Dijo Meng sonriendo ampliamente.

-¿Dumbledore? –Dijo Feroz asombrado- ¿Albus Dumbledore?

-Así es- Volvió a asentir Calfulaf- El libro original Dumbledore lo tuvo en su poder durante algunos años, hasta que finalmente decidió entregárselo a los verdaderos protagonistas de esta historia, alguien, que merecía tener el libro en su poder más que cualquiera de los que estamos acá.

Nadie dijo nada, todos esperaban que hablaran, era demasiada información. Los ancianos parecían querer decir todo, liberarse de esa carga, porque el brillo de ansias en sus ojos no se los quitaba nadie.

-¿A quien se lo entregó entonces? – Insistió Kahur impaciente, el chico de cejas pobladas.

-Al padre de unas de las portadoras, y quien estaba más cerca de Harry Potter…

-¿Arthur Weasley? – Tiare gritó tan fuerte que casi arroja la silla al suelo cuando se levantó de la mesa- ¿De qué están hablando? ¡Eso quiere decir que Ginevra tiene el libro a un palmo de su nariz! ¡Puede saberlo todo!

-No puede saberlo – Zanjó Calfulaf con calma- Ella no puede leer el libro.

-¿De qué hablas? Una de las portadoras tiene la respuesta a la salvación en sus propias manos, y dicen que no puede saberlo.- Reclamó Tiare exasperada.

-Candeviere tiene la copia, ¿Recuerdas? –Meng levantó una ceja con superioridad, y Tiare inhaló impaciente.

-Lo… siento…. Sólo es, es que no lo entiendo – murmuró volviendo a sentarse.

- Esto es realmente confuso –Admitió Feroz tomándose la cabeza- Primero, sabemos que Koji perteneció al concilio, después, que él fue el guardián del libro más importante del universo, tercero, alguien se robó a su hijo para utilizarlo como asesino de las portadoras, y más encima una de ellas también tiene el libro. ¿A qué llegamos con todo esto?

-Todavía no sabemos que relación tiene una cosa con otra. – Bufó molesta la chica de cabello corto.

-Es muy simple – Acotó Meng cerrando los ojos- La hija de Arthur no puede saber de qué se trata la profecía, porque cambiaria el destino de las cosas, si eso es así, entonces probablemente acabaría muerta si se adelanta a los hechos.

-Y por otro lado – Suspiró Calfulaf sentándose a un lado de Tiare-, debemos buscar alguna salida para encontrar al hijo de Koji. El muchacho es una real amenaza.

-Pero, ¿quién es él? –Volvió a preguntar la otra chica- Todo esto cada vez se torna más confuso.

Los dos ancianos y la mujer se quedaron viendo amenazadoramente, como si la respuesta fuese algo peor que una maldición. Finalmente, después de las insistentes miradas de todos los jóvenes, Meng se volvió a levantar de su asiento.

-A las portadoras hay que salvarlas de un mal mucho peor que el de Candeviere, ya que gracias a ello es que él puede matarlas.

-¿Y? ¿El hijo de Koji es ese mal, no? – Preguntó Emir agitando su pierna. Calfulaf asintió levemente- ¿Quién es?

-En el mundo de los Médiums se le conoce como, Omanshai…- Murmuró Meng cerrando los ojos con fuerza, como si ese nombre estuviera maldito.

-¿Omanshai? –Susurró Tiare asustada, recordando lo último que Morgan le había dicho antes de cortar la llamada.

-Significa, El señor de los Sueños… -Continuó- Lo que él hace es tan simple, que ni siquiera necesita de una maldición para lograr su propósito.

-¿Qué es lo que hace? –Pregunto Kahur.

-Adormece a las mujeres. Las introduce en un sueño profundo y las involucra en una realidad paralela. –Le explicó Uzume- No se dan cuenta de que están dormidas hasta que despiertan, encontrándose con Candeviere.

-¿Y ellas nunca saben que han caído en un sueño? –Preguntó Tiare temblando levemente.

-Jamás se dan cuenta, eso es lo que diferencia a los Médiums de los magos. Pueden usar su poder para meterse en la mente de las personas, ellas creen que siguen despiertas, y no saben que están dormidas. –Finalizó Meng son un hondo y doloroso suspiro que todos lograron percibir.

-Pero si a él lo robaron cuando nació, entonces no sabe que su padre fue integrante del concilio. – Concluyó Feroz vivamente.

-Probablemente no lo sepa, pero he oído que visita su tumba diariamente – Contestó Meng pensativo- Al menos eso me informaron en Oriente.

-Eso es una buena pista. Al menos sabemos que quiere saber sobre sus raíces – Dijo Tiare esbozando una sonrisa esperanzadora- tal vez si descubre la verdad, a la larga nos ayude.

-Eso es un pensamiento muy positivo mi niña – Sonrió Calfulaf sentándose a su lado- Pero no podemos dejarnos llevar por las esperanzas. Lo que hay que hacer, es encontrarlo y hallar la forma de detenerlo. No podemos salvar a Nora Duval si él chico ya está en camino a encantarla.

-¿Y cómo se detiene a un médium? –Preguntó Kahur dubitativo, y el silencio se hizo más denso que antes.

-Hay tres alternativas para detenerlo…- Dijo Meng con el semblante tan sombrío que a los jóvenes les dio miedo- … Sigue siendo un humano noble al que le lavaron el cerebro, por lo tanto, cabe una posibilidad de hacerle cambiar de opinión cuando alguien esté dentro de su sueño, lo que es poco probable si está dispuesto a matar. La segunda opción es, pelear. Dentro de la realidad paralela, él, no es un sueño, todo lo que sucede en la mente de la víctima es real, por lo que existe una mínima ventaja de poder matarlo en su propia mente. La última opción, es la más factible pero mucho más complicada y peligrosa…

-¿Cuál es? –Preguntó la chica de cabello corto, nerviosa. El anciano levantó sus ojos con el ceño fruncido, apoyando la cabeza en sus manos, que estaban entrelazadas a la altura de su barbilla.

-Su dueño, el asesino de Koji, creó un aparato que se conecta con las ondas cerebrales, y evita que Omanshai pueda hacer contacto con las neuronas. Pero es el único que existe… Si hay una manera de conseguirlo, es destruyéndolo a él…

-¡Entonces vamos ahora! –Se aventuró Emir levantándose de la mesa con coraje- Matemos a ese sujeto y robémosle el aparato.

-No es tan fácil –Dijo Calfulaf con calma- Es uno de los hombres más importantes de Japón, su guarida es tan infalible como Azkaban. Es imposible entrar ahí sin que te maten en el intento.

-¿Qué hacemos entonces? –Preguntó Tiare asustada, y todos se giraron a verla instantáneamente, como si el mismo pensamiento hubiese pasado por sus mentes.

-Morgan podrá ayudarte. –Susurró Meng- Debe conocer todos los movimientos del médium. Averigua todo lo que puedas, necesitamos encontrar la forma de acabar con arma secreta de Candeviere.

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La alarma de su celular lo desquiciaba por quinta vez esa mañana. Se masajeó las sienes con sus dedos, tenía los ojos cerrados y una torre de papeles sobre el escritorio. Arthur lo observó con lástima y curiosidad a la vez. Siempre le interesó ese aparatito melodioso que usaba para comunicarse.

-¿Todo bien Harry? –Le preguntó agachando su cabeza para observarlo por sobre sus lentes, Harry suspiró.

-¡Por Merlín! –Se quejó hastiado al levantar el aparato para observar la pantalla- ¡Es Elisa otra vez!

-¿Qué quiere?

-No lo sé, me ha llamado toda la mañana. – Resopló dejando que el celular siguiera sonando.

-¿Por qué no le pides que usen la red flu? ¡O las lechuzas! Esas cosas muggles siempre causan problemas, aunque debo admitir que ese aparatito me llama mucho la atención.

-Ya se lo propuse –Contestó cansado observando la pantalla de su celular, que seguía brillando y vibrando.

-¿Y?

-No le gusta la red flu porque se llena de hollín, y las lechuzas no las ocupan porque hace años que dejaron de enviarse mensajes en el palacio a través de ellas, además, según dice, tienen mal olor. ¡Como si importara!

-Bueno, entonces… ¿qué opción tienes?

-Contestar este endemoniado aparato.

Suspiró, Arthur sonrió en señal de apoyo, y contestó con los ojos cerrados.

Al instante se alejó el auricular del oído. Un grito agudo y chillón se escuchó desde el otro lado, el hombre se sobresaltó, y Harry maldijo por lo bajo. Suspiró con impaciencia y volvió a colocarse el celular en la oreja.

-Elisa, no grites por favor… - Murmuró cansado.

Arthur no lograba distinguir los sonidos guturales que se emitían desde el otro lado, pero supuso que no era algo muy alentador si la expresión de Harry cambiaba de cansado, a pálido y enfermo.

-¿Estás segura? –Preguntó blanco como la cera.

Arthur levantó una ceja intentando comunicarse con el chico por señas, pero Harry ni siquiera parpadeaba.

-¿Pero justamente tiene que ser hoy? –Exclamó asustado. Arthur no entendía que sucedía, pero el rostro de Harry estaba tan tenso que él comenzó a sentirse igual.-Si, claro… claro… veré que puedo hacer. ¡Está bien! ¡Está bien! Les avisaré.

Se alejó el celular y lo apagó. Lo apoyó sobre el escritorio y se recostó en el respaldo de la silla totalmente abatido, desplomándose sin recato.

-¿Qué ocurrió, hijo? – Le preguntó el Señor Weasley. Harry suspiró y levantó levemente la cabeza, viéndolo con desesperación.

-¿Crees que Molly tenga ganas de cocinar algo muy especial hoy?

-¿Por qué? ¿Qué ocurrió?

Harry se irguió totalmente y se apoyó sobre el escritorio dejando que algunos informes y papeles cayeran al piso. Su rostro estaba totalmente desfigurado en una mueca de suplica y consternación.

-Elisa quiere conocerlos… Va a ir a almorzar está tarde a La Madriguera.

/ / / /

Ron estaba sentado bajo el roble que adornaba el horizonte que bordeaba su hogar. A pesar del frío, aquella mañana era especial. El aire mañanero parecía despertarlo y relajarlo, algo que había aprendido en las alturas montando dragones.

Tenía los ojos cerrados y la nariz roja producto del frío. Sus manos las mantenía ocultas en los bolsillos de su chaqueta, y las piernas las dejaba reposar sobre el escarchado césped.

La paz era incierta, aunque sabrosa. Ese instante de silencio solamente podía conseguirlo en aquel lugar.

-¿En qué piensas?

Abrió los ojos con suavidad y sonrió con dulzura, alargo su brazo dejando que su mano se congelara y abrazó a Ginny que se había instalado a su lado.

-Extrañaba este lugar…

-También éste fue uno de los primeros lugares que más disfruté cuando volví. Tiene ese algo… especial.

-Es verdad –Suspiró su hermano cerrando los ojos.

-¿No tienes frío?

-Cuando vuelas dragones a más de cinco mil metros de altura el frío pasa a ser parte de tu temperatura corporal –Rió- Esto no es nada, aunque no te voy a negar que algo me afecta.

-Nunca se me ocurrió preguntarle a Charlie qué sentía cuando volaba un dragón. ¿Cómo es?

-Es… tan genial y maravilloso como volar en escoba, sólo que no puedes tener el total control sobre un dragón. – Explicó acomodándose bajo el árbol.

-Debe ser grandioso –Dijo Ginny con aire soñador, y Ron rió nuevamente.

-Lo es, créeme, lo es.

Ambos se quedaron en silencio contemplando la neblina que se esparcía en el horizonte. Leves gotas de agua humedecían el cabello rojizo de cada uno, dejándoles pequeños cristales brillantes en la nuca.

- Es todo tan extraño…- Dijo Ron repentinamente, rompiendo el silencio.

-¿A qué te refieres?

- A todo lo que sucede. Cuando el innombrable fue destruido, creí que la guerra había acabado, y de verdad sentí que tenía una esperanza para seguir viviendo. Porque, déjame decirte, que mientras ese sujeto estuvo vivo juré que podría morir en algún momento.

-Pero no sucedió… estás vivo.- Acotó ella sintiendo una leve sacudida en su estomago.

-Sí, pero, todo lo que pasamos con Harry y Hermione, tantas cosas que ocurrieron... Temí por la vida de ambos, Harry era mi mejor amigo y estuvo a punto de morir. No sabes Ginny, no tienes idea el miedo que sentí cuando lo vi combatir cuerpo a cuerpo con él.

-Me imagino-Murmuró incomoda, y él la miró con sorpresa- Quiero decir, lo leí y lo escuché. Créeme que también pasé mucho miedo.

-Lo que quiero decir, es que… estuve a punto de perder a mi mejor amigo por un mago psicópata que fue capas de desgranar su alma para poder ser inmortal; y cuando crees que todo ha acabado, te dicen que tu hermana, la persona que más amas en el mundo, está en un peligro similar. ¿Cómo crees que alguien puede soportar eso Ginny? Dime, ¿Cómo?

Ginny cerró los ojos con fuerza. Si algo nunca había pensado, era el cómo se sentía Ron en cuanto a su posición. El dolor de estomago aumentó con fuerza, acumulándose en su garganta como un acido bastante desagradable.

-Ron, yo…

-Cuando supimos que huiste de casa fue un golpe terrible. ¿Sabías qué papá tuvo que hechizarme con un paralizante para no ir a buscarte?

-¿Cómo? –Se sobresaltó ella.

-Como lo escuchas. Papá no quiso que fuera tras de ti. Temía que si revelaba tu paradero te llevaría hacia el asesino. Creyeron que era mejor que estuvieras perdida, aunque eso no evitó que todas las noches discutieran y lloraran por tu ausencia. Se sentían culpables.

-Espera un momento…- Lo zanjó con rudeza pensando a toda maquina- ¿No te dejaron ir a buscarme?

-No.- Contestó su hermano con timidez- Pero no era porqué no quisieran. Ellos creían que si estando en casa ya era seguro, tal vez lo era más, si estabas lejos sin que se supiera de ti. Así no te encontrarían.

-¡Es una locura!

Ginny se levantó del suelo y se comenzó a pasear de un lado a otro. Eso ciertamente explicaba muchas cosas, pero era demasiado. ¿Cómo sus padres iban a dejar que se quedara sola? Era verdad que jamás supieron su paradero, razón por la que nunca la buscaron, pero, que tampoco hayan hecho el intento porque creían que era seguro para ella, eso, sí que era una locura.

-Lo sé, lo sé ¡Perdón!

Ron se levantó y la agarró de un brazo para que se detuviera. Cuando estuvieron uno frente a otro, descubrió qué era lo que echaba tanto de menos: La mirada de determinación en los ojos de su hermana.

-Siento no haber reaccionado a tiempo, pero en ese momento seguí órdenes. Si mamá y papá lo decían, era porque era correcto.

Ginny agachó los ojos. Aún estaba resentida, siempre creyó que él había luchado más por ella, o que había hecho un sacrificio extra, pero no era así.

-Yo lo siento más.- Le reprochó. Él inclinó la cabeza hacia un lado, interrogante.- Ahora que lo sé, no entiendo porqué cuando tú huiste de casa no fuiste a buscarme. Estabas libre y no debías seguir las órdenes de nadie. ¿Por qué no seguiste luchando por mí, Ron? ¿Por qué no fuiste por mí?

El rostro de Ron se tiñó de blanco, ahora él desviaba sus ojos. No podía verla, sentía vergüenza, miedo, un sin fin de emociones negativas relacionadas con el temor de abrir la boca.

Desde la ventana, Molly los veía preocupados. Mantenía un paño de cocina agarrado con fuerza entre sus manos, y el aire que producía su nariz casi apoyada en el ventanal dejaba una mancha de vaho en el vidrio.

-¿Pasa algo Molly? –Preguntó Fleur entrando a la cocina con Alice agarrada de su mano.

-¿Qué? ¿Decías algo querida? –Se giró distraída.

-¿Sucede algo? –Volvió a preguntar su nuera.

-Si… quiero decir, no. –Dijo agitando su cabeza y sonriendo nerviosa- ¿Se te ofrece algo?

-Alice tiene hambgue, vine a hacegle algo.

Fleur alzó las cejas y Alice sonrió con inocencia. Molly trató de devolver la sonrisa, pero parecía impaciente por volver al ventanal.

-¿Hay algo integuesante allá afuega? –Preguntó Fleur acercándose al vidrio- Que día más hoguible, ¿no?

-Si, nefasto… -Contestó ella acercándose con rapidez a Fleur para bloquearle el paso.- Hay unas galletas en la despensa.

Fleur se detuvo cuando la mujer se le atravesó. Sorprendida, asintió con lentitud y se giró hacia el mueble más cercano donde se vislumbraba un frasco con galletas de chocolate.

-Pagueses Negviosa –Le comentó observándola, mientras le entregaba a Alice unas cuantas galletitas- ¿Segugo qué estás bien?

-Perfectamente...- Contestó sin quitar los ojos de la ventana. Tomó aire suspirando aliviada, sus dos hijos se abrazaban con ternura. Nada grave había sucedido.

-¿Quiegues que te ayude con algo? –Volvió a preguntarle Fleur antes de salir de la cocina. Molly se giró con una sonrisa amable y asintió con la cabeza.

-No, no querida. No te preocupes. Si necesito ayuda en la cocina, te aviso.

Madre e hija salieron de la cocina, una más preocupada que la otra, ya que la pequeña estaba feliz comiéndose sus galletas. Molly desvió sus ojos hacia la ventana, a pesar de la actitud que sus dos hijos tenían, aún así seguía preocupada.

-Está bien –Le dijo Ginny sonriéndole comprensiva- Lo entiendo. No fue tu culpa. De todos modos creo que fue una buena idea no recurrir al ministerio para pedir ayuda.

-¿Ah si? –Preguntó Ron curioso.

-Si. –Contestó ella resueltamente tratando de buscar las palabras para no decir lo que sabía de Candeviere.- Son mejores para meter en problemas que para ayudar a resolverlos. Siempre han sido ineptos. Aunque no entiendo, ¿por qué entonces no acudiste a la orden?

-¡Si acudimos! –Exclamó su hermano- Papá fue el primero en ir tras la Orden. Son los únicos capaces de encontrar a alguien sin levantar sospechas. El problema fue, que como no sabían quien era el enemigo, bueno, se hizo difícil poder hacer un buen trabajo, más aún si tenían que trabajar protegiéndose de cualquier persona.

-¿Por qué no fuiste auror? Me abrías encontrado –Le reprochó ella con un puchero, y Ron la volvió a abrazar.

-Me vas a querer asesinar, pero... Me enamoré de Rumania y de los dragones. Creo que no habría sido tan buen auror como jinete, o domador.

-¿Tanto te gustaron los dragones que dejaste de buscarme y de escribirle a tu novia? –Le preguntó mirándolo hacia arriba y separándose levemente.

Sintió como el cuerpo de él se contraía. Había dado con una herida o algo peor. Su respiración se agitó, y comenzó a asustarse. La última vez que lo había visto así fue cuando la encontró besándose con Dean.

-¿Estás bien?

-Si... es que...

Giró su cabeza, encontrándose con los ojos de su madre quien lo veía con determinación desde la ventana. Tragó saliva y Ginny también se volteó para ver a donde estaba mirando su hermano.

Se sorprendió al encontrarse con su madre, quien dibujaba una expresión aprensiva y nerviosa. Sus ojos se movieron de ella a Ron y viceversa durante mucho rato.

-¿Qué pasa?

-Nada... –Contestó Ron nervioso- ¿Entramos? Tengo frío.

-Creí que no te molestaba. –Le contradijo ceñuda, Ron apretó los labios.

-Ginny, no quiero hablar de Hermione ahora, ¿Está bien?

Ginny sonrió picara y lo agarró por el brazo antes de que saliera arrancando. Ron apretó el puño cuando sintió la mano de ella afirmada a su brazo, y suspiró.

-Me debe estar odiando... –Murmuró.

-Yo también te odiaría si das por finalizada una relación sin decirlo. –Le explicó con cautela, y él sonrió con tristeza.

-Nunca acabe con ella- Le dijo relajando sus músculos- Sólo que no pude seguir escribiéndole. Siempre fue demasiado responsable con eso de las cartas. Nos escribíamos de dos a tres veces por semana. Ella quería que yo aprendiera a usar el teletono, pero nunca aprendí...

-Es, teléfono –Le corrigió- Y, aún no me dices por qué dejaste de escribirte con ella.

-¡No pude! ¿Está bien? No lo sé, el trabajo, los dragones, el tiempo... Es difícil encontrar una buena lechuza allá que te envíe las cartas, y Pig no es bueno volando distancias tan largas.

Ron comenzó nuevamente a ponerse nervioso, lo que Ginny notó enseguida. Aún así, no cabían en su cabeza las explicaciones que él le daba. Estaba segura que había algo más.

-¿Estás siendo sincero? Porque la verdad es que aún no me contestas mi pregunta. –Tomó aire y repitió:- Ron, ¿por qué dejaste de escribirle a Hermione?

Ron parecía ser el espectador del mejor partido de Tenis de su vida, movía la cabeza de Ginny a su madre constantemente, y lo único que podía hacer era temblar de frío.

-Mira, hagamos una cosa. –Dijo con rapidez- En estos momentos no importa el por qué dejé de escribirle, eso se lo tengo que decir a ella. Pero, si hay algo que quiero pedirte...

-¿Qué cosa? – Preguntó decepcionada ante la negativa.

-Convéncela para que me hable, lo necesito. –Le suplicó, y Ginny volvió a sonreír.

-Está bien, pero con una condición.

Ron volvió a apretar los labios, parecía ansioso por volver a la Madriguera. Sin embargo, la mirada de su hermana era tan peligrosa, que ni la que su madre le lanzaba en ese momento lo amedrentaba.

-¿Cuál?

-Debes contarme todo lo que sepas sobre lo que ocurre Ron, ya que ni mamá, ni papá me lo quieren decir. Si volví aquí fue para encontrar respuestas, y si no me las dan ellos, eres tú el único en quien pueda depositar mi confianza.

-Ginny, yo...

-¿Me lo prometes?

Ron achicó los ojos, la mano de ella no soltaba su brazo, sin embargo, había algo en ese gesto que lo hacia irrechazable. Los ojos de su hermana lo miraban con dolor, suplicándole desde el fondo de su alma la verdad. La verdad, una horrible, horrible verdad.

-No sé como...

-¡Ron! Por favor...

Por la cabeza del pelirrojo pasó la de su madre, su padre, y la de Harry. Ginny estuvo sola por seis años, a merced de una muerte segura, tenía que hacer algo para compadecer todo ese dolor por el que había pasado.

-Está bien...- Suspiró.- Te diré lo que pueda. Pero antes, ayúdame con Hermione.

-Es un trato. – Dijo ella saltando a sus brazos.- ¡Eres el mejor!

-Si... el mejor de los idiotas – Masculló, y ella solamente rió divertida.

-¿Entremos? Parece que te estás congelando... O tienes muchas ganas de ir al baño.

Ron rió con gracia, y ambos corrieron en dirección a la Madriguera. Molly aguardaba en la puerta con el paño totalmente arrugado en sus manos.

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La copa de coñac yacía posada sobre el escritorio. Miles de papeles estaban revueltos sobre la madera mientras trataba de encontrar uno en particular. Su cabeza yacía apoyada sobre su mano, mientras con la otra sostenía un par de pergaminos viejos.

-No sé dónde está Willow. – Suspiró cansado irguiéndose en la silla- ¿Buscaste en el departamento de objetos perdidos?

-¿Objetos perdidos, señor? Pero si es un permiso. Nos quedaremos sin baños nuevos y sin refaccionar las chimeneas si no aparece. – le explicó un hombre alto y delgado de cabello claro.

-¿Quién dijiste que era el encargado de controlar las refacciones? –Preguntó Candeviere sorbiendo un poco de coñac.

-Pelwitz, señor. –Contestó con seguridad.

-¿Qué no estaba de luna de miel? –Inquirió levantando una ceja, y Willow abrió los ojos con fuerza.- ¿Se te olvidó?

Candeviere entornó sus ojos y trató de sonreír con amabilidad. Willow apretó los labios hacia adentro, pero su postura decía lo contrario.

-Lo arreglaré de inmediato, señor. – Dijo con autoridad- Veré que puedo hacer para solucionarlo.

-Bien, eso espero, no nos podemos quedar sin baños. – Dijo con una sonrisa. Willow asintió con la cabeza y se dirigió hacia la puerta del despacho.- ¡Recuerda traerme esos papeles para firmarlos cuando los encuentres!

El hombre hizo una reverencia y salió del despacho. Candeviere se desplomó sobre el asiento y se tomó todo el resto de coñac que tenía la copita.

-Idiota...-Masculló.

Se quedó recostado en la silla con los ojos cerrados, cuando dos golpes en la puerta lo trajeron de vuelta a la realidad.

-Pase – Dijo con voz amable.

-Buenos días, padre –Saludó Morgan cansado, acarreando en sus brazos un pesado cofre.

-Ah, eras tú – Bufó su padre, y él frunció el ceño.- ¿qué es eso?

-Es de la última investigación en Sherwood, podría tratarse del oro de Güinivere, pero no estamos seguros. – Explicó, y Candeviere se inclinó sobre el cofre cuando su hijo lo dejó sobre el escritorio.

-¿Y por qué me lo traes? –Preguntó colocándose unos pequeños lentes para inspeccionarlo.

-Porque necesitamos tu permiso para poder abrirlo.

-¿Por qué tienen que pedirme permiso para todo? – Se quejó abrumado.

-Porque eres el ministro...- Contestó Morgan haciendo un gesto gracioso. Candeviere achicó los ojos, y él desvió los suyos hacia otro lado.

-¿Dónde quieres que firme?

-En este permiso.

Le entregó un papel amarillento que su padre leyó con tranquilidad por encima de sus lentes.

Comenzó a batir el pie en el suelo, al ministro le encantaba tomarse su tiempo para molestar a los impacientes.

Después de unos largos minutos, finalmente tomó la pluma del tintero y firmó con parsimonia en el borde la hoja.

-Listo. Ahora llévatelo, y si tienen suerte con abrirlo, me avisas.

Morgan tomó el cofre y asintió con la cabeza, cuando repentinamente sintió algo muy extraño entre su corazón y su cerebro, algo así como un cosquilleo placentero y a la vez escalofriante.

El cofre emanaba olor a tierra húmeda y a jazmines. No sabía que era lo que tenía de especial, pero aquel aroma le hizo sentir miedo, dolor, y ansiedad, algo que jamás le había pasado.

Repentinamente deseó con todo su corazón correr a los brazos de alguna chica, de abrazarla y de profesarle su amor, como si jamás lo hubiese hecho, como si tuviera atorado en lo más profundo de su alma un sentimiento de pasión oculta.

-¿Estás bien, hijo? – Preguntó Candeviere con una inusual expresión de preocupación al ver a su joven hijo con el semblante tan pálido como al de un muerto.- ¿Morgan?

Pero él no contestó. No sabía dónde estaba su cuerpo, no lo sentía, sólo podía ser conciente de ese horrible y maravilloso sentimiento. No quería salir de ahí, no quería abandonarlo.

Repentinamente, toda esa paz se desvaneció al explotar en su cabeza un grito de horror, un grito de mujer, alguien exclamando ayuda con desesperación.

-¡No te atrevas a hacerle daño! ¡Mirra! ¡Mirra!

El desvió sus ojos hacia el costado, ella le suplicaba ayuda con sus hermosos y bellos ojos, ahora, repletos de lágrimas y de dolor.

-Ayúdame...-Le murmuró.

El trató de acercársele, pero el desgarrador grito de dolor de un pequeño niño lo hizo girarse. Un hombre alto y corpulento lo tenía sujeto por el cuello blandiéndolo en el aire.

-¡Detente! – Le gritó, pero eso sólo provocó que el niño se ahogara más bajo la enorme mano del hombre. -¡Detente ahora!

-¡Detente! –Gritó. Candeviere se sobresaltó cayendo al suelo. Morgan abrió los ojos, estaba de espaldas recostado sobre la alfombra del despacho de su padre. Sentía su corazón latir con fuerza, y el cerebro a punto de estallarle.

-¿Morgan? –Murmuró su padre, tan preocupado como jamás lo había visto- ¿Qué diablos te ocurrió?

Se irguió, sentándose. Su respiración era entrecortada y agitada. Ambos se miraron, y él sintió que su corazón se apretaba de terror.

-No sé... no sé que fue eso...

-¡Por todos los dioses! ¿Qué mierda fue lo qué te pasó? –Le espetó con impaciencia, olvidándose de su preocupación.

-No sé...- Murmuró viendo a un punto fijo. El cofre estaba abierto a pocos centímetros de su cuerpo. Su interior, esparcido por la hermosa alfombra roja, no contenía más que tierra y polvo de objetos consumidos por el tiempo.

/ / / /

Molly siguió con los ojos a sus hijos, deteniéndose especialmente sobre Ron. Éste, nervioso, sólo atinó a caminar más rápido para poder evitarla, pero apenas colocó un pie dentro de la casa, ella lo tomó por el brazo.

-¿Qué hacían afuera? –Le preguntó ceñuda, él tragó saliva.

-Nada, hablábamos.

-¿De qué?

-Tú sabes… cosas. –Se defendió asustado, e impaciente por liberarse de ella.

-Cuidado Ronald –Murmuró su madre ablandando su mirada- Mantente al margen, lo prometiste.

-Si mamá… -Dijo acongojado. Se quedó parado en el umbral mirando un punto fijo, mientras ella entraba a la casa.

-¿Qué quería? –Preguntó Ginny entrando tras él, Ron le sonrió y la abrazó por los hombros.

-Nada, me preguntó que hacíamos afuera. Hace mucho frío, y ya sabes como es…

-Debe preocuparse más ahora, que estás en casa. –Comentó con simpatía, y su hermano rió disimuladamente.

Una voz cantarina se escuchó desde el segundo piso, ambos dirigieron sus ojos hacia las escaleras, Hermione bajaba acompañada de Maggie, quien cantaba animadamente una canción de las Brujas de Macbeth.

-Maggie, por favor… -Le suplicó Hermione cansada.

-Vamos, no digas que no te agrada, ¡es fantástica!

-Sí, pero no si la cantas las veinticuatro horas del día…- Se quejó la chica cerrando un libro.- No me has dejado leer.

-¡Sólo quería animarte! –Resopló la melliza- Estaba siendo amable.

-Y te lo agradezco, pero creo que por hoy ya has cantado bastante.

Las dos se detuvieron cuando se encontraron con Ron y Ginny justo frente a ellas. Hermione enderezó la espalda elevando el mentón con desinterés, y Maggie apretó los labios girando sus ojos hacia todas partes.

-Hola…- Masculló Ron tímidamente.

-¿Qué cantabas? –Le preguntó Ginny a Maggie, para romper la tensión que se había formado entre su mejor amiga y su hermano.

-Algo que me mostró George- Contestó con soltura- ¿Y ustedes, dónde andaban?

-Estábamos afuera – contestó Ron- hablando… cosas.

Ginny y Maggie se observaron un instante. Hermione parecía realmente interesada en una mosca que volaba sobre sus cabezas, y era patético ver los intentos inútiles de Ron por llamar su atención.

-Maggie, ¿te parece si ayudamos a mi mamá con el almuerzo?

Ginny tomó a la chica del brazo y la arrastró hacia la cocina antes de que ésta pudiera contestar. Hermione abrió los ojos tanto como pudo, y Ron balbució unas palabras ilegibles cuando su hermana se fue con la melliza.

Ninguno de los dos dijo nada por un largo instante, la mosca había desaparecido y Hermione ya no tenía en que depositar su atención. Suspiró altanera, abrió el libro en una página cualquiera y sumergió su nariz en él. Ron agachó la cabeza, temeroso, sin embargo mantenía sus ojos elevados bajo su melena, para poder mirarla.

Ella comenzó a moverse, alejándose hacia el comedor, él levantó la cabeza con rapidez y apretó los puños.

-¡Hermione! – La llamó.

Ella se detuvo en seco, presionando el libro contra su pecho. Ron se le acercó, manteniendo una distancia prudente entre ambos, para no parecer ansioso.

-¿Podemos hablar? –Farfulló con timidez.

-Tuviste dos años para hacerlo.-Contestó ella cortante- pero en lugar de hacerlo, preferiste olvidarte, como un cobarde.

-Hermione, por favor…- murmuró dolido. – ¿No crees que merezco defenderme?

Ella se giró, tenía los ojos llorosos, pero no derramó ninguna lágrima. Por el contrario, la fuerza con la que mantenía agarrado el libro delataba su interés por querer lanzárselo sobre la cabeza.

-No tengo nada que hablar contigo Ronald, me quedó muy claro cuando dejaste de escribirme.

-¡No tienes idea de todo lo que ocurrió! Déjame explicarte… por favor.

Para su sorpresa, ella relajó su expresión. Cerró el libro y suspiró. Él relajó los puños y enderezó la cabeza, una sonrisa tímida se asomó de sus labios, ella lo imitó.

-Creo que no me hará daño escucharte…-Dijo acariciando la tapa del libro- Espero.

-Que me coma un dragón si te hago daño. –Le contestó sonriendo ampliamente, ella rió divertida y se le acercó. - ¿nos sentamos? –Le ofreció.

Ambos se dirigieron hacia uno de los sillones y se sentaron manteniendo la distancia. Hermione volvió a abrazar el libro, parecía como si quisiera mantener las manos ocupadas, para no estrangular a Ron si decía algo inapropiado.

El silencio volvió a reinar, Ron se metió las manos en los bolsillos, y su interés, así como el de ella, se enfocó en un jarrón sobre la mesita de centro.

-¿Y bien? –Le preguntó ella rompiendo el silencio- No tengo toda la mañana así que, ¿qué querías decirme?

Ron suspiró. No sabía como empezar, las palabras las tenía en su cabeza, pero no tenía idea como unirlas.

-Creo, que lo único que puedo decirte, es… lo siento.- Le dijo.

Hermione giró la cabeza con brusquedad, provocándole que se sintiera como un idiota. No estaba funcionando, y por un momento le temió al libro que tenía en sus manos.

Por suerte para él, ella lo dejó sobre la mesa.

-¿Por qué Ron? –Murmuró acongojada- ¿Qué ocurrió? ¿Por qué dejaste de escribirme?

-No sé como empezar, es confuso. Sucedieron muchas cosas…

-Sabes que soy buena escuchando, y tengo paciencia de sobra. Puedes comenzar desde el principio.-Lo incitó con una sonrisa melancólica.

Ron suspiró y recostó su cabeza en el respaldo del sillón, cerró los ojos. Desde la cocina, la voz cantarina de Maggie le llegaba hasta lo más profundo de sus oídos.

Last night, I came home too late (anoche, volví tarde a casa)
And you were there waiting
(Y estabas ahí esperando)
I know, it's easy to call
(Sé, que es fácil llamar)
I guess I wasn't thinking of you
(supongo, que no estaba pensando en ti)
It's not that I don't care
(No es que no me importe)
You should know me better by now
(Deberías saberlo si me conoces)

-Estando en Rumania es difícil escribir cartas. Con Charlie nos movilizamos frecuentemente de un lugar a otro, y hubo un momento en que me fue imposible encontrar lechuzas o aves propicias para enviar mensajes.-Comenzó a relatar. Hermione también se apoyó en el respaldo, y cruzó los brazos sobre su pecho.

I am sorry if I made you feel lonely and sad (perdóname si te hice sentir sola y triste)
I am sorry I made you feel bad
(Perdóname si te hice sentir mal)
What I'm trying to say
(Lo que estoy tratando de decir)
I'm not always that way
(Es que no soy siempre así)
So love me for all that I am
(Así que ámame por lo que soy)

-Esa no es excusa. Existen las chimeneas, Ron. – Le reprochó con dureza-Necesito algo más concreto. Éramos novios, teníamos una relación de cuatro años, ¿cómo fue que llegaste a dejar de contactarme? Alguien que ama no hace eso.

Ron sintió que su corazón se apretaba, la voz de ella comenzaba a quebrarse, y si algo no podía tolerar, era ver a una mujer llorar, sobretodo si esa mujer, era la chica que amaba.

-¿Crees que si deje de hacerlo era por qué no te quería? –Se sobresaltó, Hermione apretó los ojos con fuerza.

-¿Y qué quieres que piense entonces? No me diste ninguna explicación. – Sollozó.

-Hermione, hay cosas que son difíciles de explicar. –Murmuró él con tristeza.

-¿Hay otra chica? – Exclamó ella volviendo a sentarse en el sillón- Por favor Ron, dime la verdad, solamente tienes que ser sincero conmigo. Lo entenderé, pero necesito que me des alguna explicación. Es la única forma de que quede tranquila.

Ron abrió los ojos con fuerza y se le acercó, trató de acercar sus manos para tomárselas, pero ella se alejó. Se mantuvo en esa posición un instante, tratando de pensar en alguna respuesta lo suficientemente convencedora para que le creyera que jamás dejó de amararla, de quererla. ¿Pero qué le diría? No podía delatarse.

I know (I know) I often forget(Sé (sé) que suelo olvidar)
To say that I love you (that I love you) (decir que te amo (que te amo))
And yes (and yes) I truly regret(Y sí (y sí) estoy verdaderamente arrepentido)
The times that I might have hurt you that way (Las veces que yo podría haberte hecho daño así)
It's not that I don't care(no es que no me importe)
You should know me better by now(Deberías saberlo si me conoces)

-Hermione, de verdad, no tengo otra explicación. –Se disculpó, ella volteó la cara- ¡Te juro que no hay otra chica! ¡Nunca la hubo! Siempre fuiste exagerada para tus cosas.

-¿Yo exagerada? –Se exaltó- ¡Yo no fui la que desapareció durante dos años sin enviarle una explicación a mi novio!

-Es que no sé que más decirte – Balbució nervioso, acercándose sin importarle la distancia y agitando sus brazos- ¿Qué quieres escuchar?

-Pues, no me estás convenciendo Ronald. – Alegó ella recogiendo el libro de la mesa- Inventa una excusa mejor.

-¡Hermione!

Ella hizo ademán de levantarse, pero él la tomó de la mano. La tapa del libro hizo un leve “crac” al ser presionado con tanta fuerza contra su cuerpo, no se esperaba una reacción así de parte de él.

I am sorry if I made you feel lonely and sad(perdóname si te hice sentir sola y triste)
I am sorry I made you feel bad
(Perdóname si te hice sentir mal)
What I'm trying to say
(Lo que estoy tratando de decir)
I'm not always that way
(Es que no soy siempre así)
So love me for all that I am
(Así que ámame por lo que soy)

-Ron, déjame… tengo cosas que hacer. – Insistió sin girarse a verlo.

-No, hasta que me dejes hablar. ¡Tenemos que solucionar esto! – Se quejó con determinación.

Ella parpadeó, jamás se imaginó a Ron actuando con tanta audacia, aunque su voz y su mano temblaban. Se giró con suavidad sin soltar el libro, y suspiró.

-Ya que no me quieres dar ninguna explicación concreta, lo mejor que podemos hacer es olvidar lo que sucedió. No quiero quedarme en el pasado, hay cosas más importantes por las que preocuparse ahora. – Concluyó con una triste sonrisa. Ron abrió la boca para decir algo, pero ella se liberó de su mano antes de que pudiera hacerlo.

True, I may defend the things I do (La verdad, puedo defender las cosas que hago)
Though I know deep down I've done wrong
(aunque sepa profundamente que he hecho mal)
But when the heat comes down it's you
(Pero cuando el calor me invade sé que eres tú)
(It's you) that keeps me going on
((eres tú) quien me hace seguir adelante)

-¿QUÉ? – Se escuchó un gritó desde la cocina. Ron y Hermione se giraron asustados, y sin preguntarse que había sucedido, acudieron con rapidez a donde provenía el revuelo.

-¿Qué ocurre? –Preguntó Ron asustado, con hermione tras él.

Ginny estaba con un par de vasos rotos sobre el suelo, su hermano se sorprendió de sobremanera cuando encontró una hermosa vajilla de porcelana acumulada sobre la mesa.

-¿Qué está pasando? –Volvió a preguntar levantando una ceja.

¡No puede ser! –Se quejó Ginny con su semblante tan blanco como la cera- ¿Cómo lo permites? ¡No puedes dejarlo hacer esto!

Maggie repentinamente dejó de cantar cuando su amiga le rompió los tímpanos con el grito. La señora Weasley trataba de ignorar los comentarios de su hija con una tímida expresión, no sabía que contestarle.

-¡Cómo puede ser posible! – Exclamó frustrada. Ron se acercó y con un rápido movimiento de la varita reparó los vasos.

-¿Qué está pasando? –Le preguntó preocupado. Ginny profirió un gruñido y salió de la cocina.

-¡Los platos! – Le gritó su madre, pero ella ya se había ido.

-Parece que el almuerzo va a ser muy interesante – Rió Maggie, y la señora Weasley la fusiló con los ojos.

-¡Alguien puede decirme que rayos está pasando! – Se quejó hastiado, y recién ahí su madre se giró para verlo.- ¿Por qué sacaste una vajilla tan elegante para el almuerzo? ¿Viene papá con alguien importante?

-Tu padre no…Harry, sí. –Contestó abrumada.

-¿Qué ocurre con Harry? –Interrumpió Hermione entrando con el libro. Ron había colocado una mueca de pocos amigos, y no parecía muy contento de haber hecho la pregunta.

-Invitó a Elisa a almorzar.- Murmuró desviando su mirada hacia la ventana.

Los vasos que Ron había recogido nuevamente se encontraban hecho añicos en el suelo, Hermione había ahogado un grito que no alcanzó a escucharse, pero su cara de horror era suficiente para delatar su espanto.

-¿Cómo pudo? –Masculló horrorizada.- ¿Invitó a esa…esa…?

-Sí, la invitó.- Suspiró Molly recogiendo los platos con la varita- Así que les ruego, por favor, que se comporten.

-¿Con el permiso de quién la invitó? – Interrumpió Ron molesto, su madre volvió a exhalar un hondo suspiro.

-Ella se invitó sola. Según tu padre, quiere conocernos. –Dijo saliendo de la cocina con los hombros levantados.

-Es una locura – Bufó Hermione sentándose en la mesa de la cocina- ¿Quién se cree qué es esa… esa….?

-Decídete de una vez, ¿no? –Rió Maggie.

-¡No ahora, Maggie! –La zanjó Hermione apoyando su codo sobre el libro dejado en la mesa- ¿Es qué no lo ven? ¡Esa chica es un cólico! No va a hacer más que alardear y hablar idioteces.

-¿Y por qué no nos aprovechamos de eso? –Inquirió Maggie con una mueca perversa sentándose a un lado de Hermione. Ron la siguió por atrás, interesado.

-¿Qué quieres decir? –Preguntó curiosa.

-Bueno, si es tan idiota como dicen, no creo que se haga difícil poder divertirnos con ella un rato. –Señaló Maggie resoplando sus uñas, como si las limpiara. Ron y Hermione por primera vez cruzaron una mirada cómplice, y los tres sonrieron.

-Todo sea por mi hermana. Está claro que no le agrada la idea de que “La princesita” venga a almorzar aquí.- Reconoció Ron con un extraño pesar en su estomago.

-Pero… ¿Y si sale mal? ¿O le hacemos daño? –Meditó Hermione con su semblante preocupado, Maggie rodó los ojos.

-¿Quieres o no, hacerle la vida imposible a la niñita esa?

-¡Claro! Pero… no es correcto…

-Déjala, Maggie… ¿es Maggie, cierto?... Hermione, nunca se arriesgó en la escuela, solamente le interesaba la rebeldía cuando las cosas se salían de control.

-Si lo dices por lo que hicimos en quinto año con Umbridge, o en séptimo al no volver a Hogwarts, es muy diferente. –Reconoció Hermione sonrojada.- Pero, aunque Elisa sea insoportable, sigue siendo la novia de Harry.

-¿Y a mi qué? –Gruñó Ron- Cualquiera que le haga daño a mi hermana merece un severo castigo.

-Creí que Ginny andaba con Oswald- Murmuró Maggie desconcertada, provocando que tanto Hermione como Ron se quedaran viendo fijamente.

-¿Piensas lo mismo que yo? – Le preguntó él.

-Creo que por primera vez estaremos de acuerdo.-Sonrió Ella- Así nadie saldrá herido.

-¿De qué hablan? –Dijo Maggie sin entenderlos, la expresión de ambos chicos comenzaba a asustarla.

-¿Dónde están Oswald y Vincent, Maggie? –Le preguntó Hermione, la melliza parpadeó un par de veces.

-Fueron a buscar algunas de las posesiones que le dejaron a Oswald sus padres.-Contestó con inocencia- ¿Por qué?

Hermione sonrió con arrogancia, como si acabara de ocurrírsele el mejor plan que jamás haya pasado por su cabeza. Ron compartió la misma expresión con ella, y sintió que su pecho se bañaba en calor. Al menos si tenía que estar cerca de la chica que quería, lo haría haciendo una maldad.

-No entiendo nada, ¿alguien me puede decir que están planeando? ¡Quiero saber! ¡No entiendo! –Se quejó Maggie, y sorpresivamente, ambos chicos la tomaron cada uno de un brazo, y la arrastraron hacia la puerta de atrás que daba al jardín- ¡Hey! ¿Qué está pasando? ¡Explíquenme!

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Apenas Oswald y Vincent pusieron un pie dentro de la Madriguera, Ron, Hermione y Maggie acorralaron al rubio llevándoselo al segundo piso, acaparando miradas interrogantes de todos en la sala.

Ginny, en tanto, se encontraba sumergida en un grueso sofá que solía usar su padre, y no parecía querer dar signos de interés por ayudar en la casa.

-¡Ginny, hija!, ¡Te necesito en la cocina! –Le rogó su madre, pero ella simplemente se levantó, huyendo con tranquilidad hacia el jardín.

-¿Quiegues que te ayude Molly? –Se ofreció amablemente Fleur, y Molly le sonrió agradecida. Toda la cocina estaba hecha un caos, sobretodo por los exuberantes y exóticos platos que había cocinado.- ¿Dónde conseguiste la cagne de Dgagón? Oí que estaba por las nubes.

-Fue un regalo de Charlie. -Le contestó cansada, mientras aliñaba una colorida ensalada.

-¿Y los huevos de tgiton? –Preguntó nuevamente la veela, y Molly suspiró.

-La mayoría de las cosas que aquí vez Fleur, las conseguimos gracias a Fred, George y Harry, ya que ellos son quienes aportan el dinero para mantener nuestro hogar- Explicó ruborizada.

Después de aquella confesión, Fleur no volvió a abrir la boca.

Oswald en tanto, estaba sentado en la cama de Ron, soportando las múltiples humillaciones que le estaban haciendo pasar las chicas y el pelirrojo.

Maggie era quien parecía más entusiasmada con la idea de molestar a Elisa, sobretodo si Ginny y Oswald coqueteaban. Estaba claro que Harry no soportaría mucho tiempo esa situación.

-¿Para qué es todo esto? –Preguntó aturdido viendo una camisa y un pantalón muy elegantes.

-Es para el almuerzo, como viene Elisa a comer, la señora Weasley nos pidió que nos viéramos presentables. –Respondió Hermione con rapidez, y Ron sonrió orgulloso. Siempre tenía buenos argumentos para no delatarse.

-¿Qué viene Elisa? –Se levantó alterado- ¿Potter la invitó?

-No...- Contestó Hermione con suavidad- Se invitó ella, aunque Harry debe haber considerado que era una buena idea, ya que no se lo impidió.

-Que fastidio, con razón la pobre de Molly está tan estresada.- Comentó con un toque amargo en su voz, y Ron asintió con la cabeza.

-Tienes razón. –Admitió- Pero no nos queda más alternativa.

Le entregó la camisa que estaba sobre la cama y sonrió ampliamente, Maggie daba saltos y cantaba algo ininteligible, mientras salía y volvía a cada instante de la habitación.

-Está camisa es de Vincent. –Comentó Oswald reconociendo la camisa, y Maggie dibujó una sonrisa tan gigante, que casi llegaba a sus orejas.

-Si, se la saqué de su armario, en la habitación de Charlie. – Reconoció alegre- Pero no creo que le importe que tú la uses, si eres su amigo...

-¿No creen que deberían a mí dejarme ver que quiero ponerme? ¿Por qué tanto esmero en arreglarme? Puedo hacerlo yo solito. –Dijo levantándose de la cama y empujando a los tres chicos- Ahora fuera, fuera, fuera, no me voy a poner ropa de alguien que no me la ha prestado.

-¡Hey, espera! –Se quejó Ron- Punto uno, no puedes sacarnos de aquí, está es mí habitación. Y, punto dos...

-...Sí te presto mi ropa, no seas aguafiestas. –Interrumpió Vincent divertido desde el umbral de la puerta.

-No me ayudes tanto. – Se molestó el aludido, y todos intercambiaron una mirada cómplice.

-Yo también me arreglaré para la princesa.- Dijo el mellizo con soltura- Y es obvio que todos lo haremos.

-¿Ah si? –Preguntó Ron asustado, y Hermione le dio un codazo disimulado en las costillas.

-Por supuesto que sí, Ronald. Es algo que todos debemos hacer, por tu madre. –Masculló Hermione con los dientes apretados.

Ron dibujó una mueca de disgusto, mientras tras ellos se realizaba la discusión entre Oswald y los mellizos, sobre lo que el rubio debía vestir.

-¡Es insólito! No pienso arreglarme para un simple almuerzo sólo porque esa mocosa viene hasta aquí. –Dijo molesto, Vincent suspiró.

-Está bien, no lo hagas.- Aceptó-. De todos modos ¿no creen que estamos exagerando? –Le preguntó a los demás.

Hermione y Maggie cambiaron una rápida mirada de comprensión, mientras que Ron resoplaba agradecido por el comentario de Vincent.

-Tiene razón.- Dijo levantando los hombros- ¿Para qué nos vamos a arreglar? ¿No es más fácil hacerle la vida imposible al natural?

-¿Insisten con eso? –Inquirió Vincent con un leve dejo de molestia en la voz.- Chicos, es la princesa, traten de no armar mucho revuelo si no quieren que la guardia real se los lleve detenidos.

-Descuida.- Sonrió Maggie con una mueca socarrona y diabólicamente dulce- No le haremos, Tan, imposible su vida.

Ambas mujeres rieron complacientes, y Ron, Oswald y Vincent, intercambiaron una sombría mirada de aprensión. Porque, cuando a Hermione se le metía algo en la cabeza, nadie se lo sacaba, y cuando a Maggie le daba por hacer una travesura, era de las mejores.

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-¡Abajo todo el mundo! – Exclamó la señora Weasley desde el primer piso. Su grito denotaba ansiedad y nerviosismo, ya que su voz vibraba levemente.

Ginny, después de pasearse por toda la casa, y de congelarse en el jardín bajo la compañía del roble, por fin estaba quieta. Se mantenía de pie, estática, y sin ninguna expresión en su pecoso rostro.

Hermione y Maggie estaban a un lado de ella, y como si trataran de imitarla, las tres se veían iguales, sin ninguna gana de conocer a la princesa.

-No sé que hago acá, debería haber desaparecido.- Bufó.

-Trata de soportarlo, pasará muy pronto.- La consoló Hermione, aunque ella tampoco se veía muy a gusto.

-No quiero. No tengo ninguna intención de quedarme a ver como Harry con esa “princesita” se besan.- Murmuró con rabia. Hermione levantó las cejas y los hombros buscando apoyo en Maggie, pero ella tenía sus ojos puestos en la escalera.

-Cielos... –Susurró sorprendida. Ginny se giró para ver de qué veían sus amigas, y se impresionó tanto como ellas al ver a Oswald, Ron y Vincent, bajar las escaleras tan elegantes como jamás los había visto.

-Buenas tardes, señoritas.- Saludó Vincent besando las manos de cada una de ellas, deteniéndose especialmente en Hermione. Ron frunció el ceño y lo apartó bruscamente.

-Si, si, te ves muy bien, no alardees.- Gruñó.- ¿Y? ¿Qué les parece?

Las tres parpadearon, entre divertidas y sorprendidas. Ron se veía extraordinario con su camisa y pantalón de lino azul, pero Hermione no lo iba a reconocer, aunque hacía como podía para evitar mirarlo.

-Te ves genial.- Sonrió su hermana, y él contestó con una mala imitación de Vincent al hacer una reverencia.

-Al final, creímos que era justo vestir elegantes para la ocasión.- Agregó Oswald apareciendo tras Maggie, y Ginny sintió que su estomago se apretaba, siempre le habían quedado bien las camisas a rallas.- Tu madre no parece muy tranquila.

Ginny cerró los ojos con fuerza cuando un grito de exasperación de su madre vibró por toda la casa.

-Algo bueno debe salir de esto...- Dijo más para ella que para el resto, aunque de todos modos el resto, la escuchó.

-Claro, nos reiremos de “Elisa Parkerville” como nunca lo habían hecho antes.- Dijo Maggie abrazándola por los hombros y exagerando el nombre de la princesa. Ginny rió, pero inmediatamente enmudeció cuando desde el jardín, los gritos chillones y agudos de una chica, aumentaban poco a poco.

-¡Creí que vivían en un palacio! –Decía una voz aguda y molesta.

-No. Te dije que para mí, este lugar era como un palacio.- Dijo la voz de Harry con tono cansado.

-¿Cómo puedes preferir vivir en un lugar así a estar conmigo en Buckinham rodeado de lujos?

-Elisa, entra, por favor...- Rogó Harry abriéndole la puerta para que pasara.

Toda la familia Weasley estaba reunida, exceptuando al Señor Weasley y a Percy, que no tardarían en llegar. Ginny se sorprendió al ver un brillo centelleante que acompañaba a Harry. A su lado, sintió como Hermione se arrimaba tras su espalda, tratando de ocultarse, seguramente.

Nadie dijo nada. Los gemelos, así como Maggie, comenzaron a reírse disimuladamente, mientras que Fleur, con Bill y Alice, trataban de enfocar qué era lo que traía puesto encima la chiquilla.

-¡Bienvenida, querida! – Saludó Molly Weasley a la princesa. Se hizo espacio por entre sus hijos y le dio dos besos en la mejilla a una chica que, por su expresión, parecía querer salir de ahí.

-Si... hola. – Balbuceó riéndose ridículamente.

-Familia, les presento a Elisa Parkerville; Elisa, ellos son mi familia.- Presentó Harry. Estaba tan pálido como el día mismo, y sudaba frío. Se acercó a la señora Weasley, y la saludó con un tierno beso en la mejilla- Ella es Molly Weasley, y es como mi madre.

Al decir eso, Ron sintió una leve sacudida en su estomago, y Ginny escuchó un crujir de huesos bajo sus puños apretados a la altura de su pantalón.

-Encantada señora Weasle – Saludó Elisa con una sonrisa apretada.

-Que encantadora –Comentó la mujer apretando los labios- Y es Weasley, cariño.

-Cómo sea. – Dijo moviendo su cabeza en círculos para mirar la casa.- Que... lindo lugarcito.

-Si... este... Elisa, déjame presentarte al resto de la familia.- Harry la tomó del brazo y la arrastró hasta donde estaban Bill con su familia, dejando a Molly con el deseo de estrangularla.- Él es William, Fleur Delacour, y su hija, Alice.

-¡Merlín! ¡Eres una veela! –Exclamó Elisa con un gritito, totalmente impresionada- Cuando Harry me lo contó jamás me lo creí.

-Enchantê- Saludó Fleur con una amable sonrisa.

Bill le ofreció su mano, y la saludó caballerosamente. Pero la expresión de la chica al ver las cicatrices de su rostro mutilado por Greyback, no ayudó a que se llevara una mejor impresión de la familia.

Siguiendo con la presentación para evitar un mal comentario de parte de su novia, Harry empujó a la chica levemente acercándola hasta los gemelos, que estaban a un lado de la familia de Bill.

-Ellos son...

-Fred – Contestó George saludando a Elisa con una ridícula reverencia, y Harry se apretó los ojos con los dedos.

-Y yo, George.- Contestó Fred riendo, imitando el mismo gesto de su hermano.

-¡Son gemelos! –Descubrió sorprendida- ¡son iguales!

Tras Harry, Molly los fusiló con los ojos, y ambos chicos estallaron en carcajadas cuando él se alejó con la princesa.

Finalmente, se detuvo frente al resto del grupo con un leve sentimiento de aprensión. Maggie se sacudió antes de cruzarse frente a él, para luego presentarse con un salto frente a la princesa.

-¡Hola! –Saludó cantarina, y Elisa se sobresaltó al ver a aquella chica tan alta frente a ella.

-Hola...-Masculló la princesa.

-Me llamo Margarite, pero me dicen Maggie. – Se presentó entregándole su mano. Elisa se la estrechó con cautela, como si tuviera miedo que la mordiera.

-Un gusto...- Masculló inclinando la cabeza. Tras la melliza habían tres chicos realmente atractivos, y no pudo evitar sonar más chillona de lo que ya era.

-¿Y ellos quienes son, Harry?- Le preguntó tirando de la manga de su chaqueta, igual que una niña pequeña.

Harry la siguió abrumado, un frío indescriptible se apoderó de su espina dorsal al ver a los tres varones apoyados en la pared. Se acercó lentamente, sin ninguna emoción en su rostro, y estiró la mano.

-Hola, Ron.-Saludó con dureza.

Pero Ron no contestó. Sin embargo, sí se enfocó en la chica que lo acompañaba, la cual vestía un brillante abrigo de lentejuelas plateadas.

-Un placer conocerla, princesa.- Sonrió besándole la mano con caballerosidad. Tras los chicos se escuchó un gritito ahogado proveniente de Hermione.-Es realmente más hermosa en persona.

Elisa súbitamente se puso tan roja como un tomate. Los ojos azules de Ron se enterraron con fiereza en los de ella, lo que provocó que se abanicara con la mano.

-Harry, nunca me dijiste que tenías un amigo como él. – Sonrió coqueta mirando a Ron.

-No lo sabía.- Contestó Harry aparentemente sorprendido por la reacción de su antiguo amigo.

-¿Y ellos? ¿Quiénes son? –Preguntó indicando con los ojos a Vincent y Oswald, osadamente. Ginny sintió que su estomago burbujeaba ácido puro, y se cruzó delante del rubio antes que se acercara a saludar.

-Creo que primero deberías presentar a Tu familia Harry.- Murmuró enojada. Harry la quedo viendo fijamente a los ojos. Se quedaron así un instante, y el ácido comenzó a calmarse.

-Elisa, ella es Ginevra.-La presentó seriamente.- Es... la hija menor de Molly.

-¡Oh! ¿Eres la pequeñita? –Sonrió Elisa con dulzura, y Ginny sintió que le hervía la sangre- ¿Aún no sales de Hogwarts?

Ginny curvó una mueca de asco. Por más que trató de parecer amable no pudo. Tras su espalda, Hermione agarraba con fuerza su vestido.

-Yo dejé de asistir a Hogwarts hace muchos años.- Contestó altanera- Tenía mejores cosas que hacer.

Elisa parpadeó un par de veces, aquel comentario no sólo había afectado el ánimo de su familia, sino, que caló hasta en lo más profundo de Ron, Hermione y Harry.

-¿Hace cuanto que dejaste de ir a Hogwarts? –Le preguntó con un estupido arrumaco, y Ginny apretó los puños.

-Hace seis años...- Contestó presionando sus dientes.

-¿Eso quiere decir que lo estarías terminando ahora? ¡Podríamos estudiar juntas! –Saltó emocionada.

-Elisa... Ginny tiene veintiún años. –Le dijo Harry, y la princesa repentinamente palideció.

-Oh... ¿eres mayor qué yo? –Le preguntó avergonzada- Bueno, no lo pareces.

-Descuida...- Masculló frunciendo los labios.

-¡Hermione Granger! –Exclamó entonces, repentinamente. Todos dieron un salto cuando Elisa corrió a ver a la periodista, quien yacía oculta tras Ginny y Oswald.

-Elisa...- La saludó con un suspiro.

-¡Aún me tienes que hacer una entrevista! ¿Qué tal ahora?

-Elisa, yo... no...

-Creo que eso puede esperar.- Interrumpió Harry- Ahora debemos almorzar.

-Buena idea, ¿pasemos a la mesa? –Invitó Molly aplaudiendo.- Arthur no tarda en llegar con Percy, así que mejor acomodémonos.

-¡Que emocionante! –Chilló Elisa entusiasmada- ¡Nunca había almorzado comida barata!

Todos los Weasley se giraron molestos, pero ella no lo notó. Harry volvió a apretarse los ojos bajo los lentes, suspirando cansado.

-Elisa, cielo... compórtate ¿si?-Le rogó.

-Amor, soy una princesa, de la realeza, sé como hacerlo. –Dijo sonriendo ampliamente.

-Sí, un real dolor de cabeza.- Le susurró Ginny a Hermione, y quienes escucharon, incluidos los gemelos y Bill, lanzaron una disimulada carcajada.

Se venía un almuerzo largo y tedioso. Finalmente, Elisa Parkerville, había sido presentada a la sociedad más humilde de los magos. ¿Qué sucederá cuándo Elisa se entere de la verdadera historia entre su novio y Ginevra Weasley?

Notas de la Autora:

Realmente mil disculpas. Nunca fue mi intención demorarme tanto, pero lamentablemente el tiempo me pasó la cuenta.

Siento mucho no haber podido colocar todo lo que dije en el capítulo anterior, pero se habría alargado mucho con tanta información, y la verdad, ya me estaba demorando demasiado.

Este capítulo lo utilicé para colocar algunas cosas que tienen que ver con los secretos o confesiones de los personajes. Nos enteramos que el famoso Libro de Akasha que supuestamente Keitaro y Candeviere tienen en su poder no es más que una copia, y que el original lo tiene Arthur, pero, ¿dónde?

También Morgan vivió algo muy extraño, las respuestas las tendrán en los próximos capítulos.

No sé que más decirles, salvo dar las disculpas pertinentes por el atraso. Nunca fue mi intención demorarme tanto, pero la verdad es que estoy sumamente cansada, y tiempo libre no tengo. Hago lo posible por actualizar en la fecha, y sólo para no decepcionarlos trató de hacerlo uno o dos días después de la fecha. Sé que quieren que sea más rápida, pero me es imposible con todas las cosas que estoy haciendo. Voy a tratar en el próximo capítulo de ser más rápida. De todas formas podrán leer todos los detalles de los retrasos en el blog.

Y por favor, chicos, ténganme paciencia. De verdad, no lo hago con intención.

Sobre el único detalle especial de este capítulo, les puedo decir que la canción que coloqué entre Ron y Hermione, se llama “all that i am” y es de los ATeens. ¿Los recuerdan? Bueno, esa canción es de ellos, y es realmente bonita. Se las recomiendo si la quieren descargar.

Por lo demás, vuelvo a reiterar mis disculpas, y como siempre coloco una fecha “aproximada” para el siguiente capítulo.

Fecha estreno capítulo 15: 15, 16, o 17 de Septiembre.

Avance Próximo Capítulo:

Oswald conoce a Luna Lovegood:

Siguiendo con la aparición de personajes, por fin nos reencontraremos con Luna.

En un paseo a Hogsmade que Elisa desea realizar, el rubio se topará con una especial y soñadora chica, la cual no anda sola.

El almuerzo con Elisa no será del todo agradable, sobretodo, si coquetea con cada uno de los chicos de la mesa, lo que ni a Ginny, ni a Hermione, incluso a Maggie, les será muy agradable.

Morgan comenzará a tener extraños sueños y visiones similares a la última que tuvo en el despacho de su padre, y aquello lo llevará a investigar lo que le sucede.

El ruido del desván volverá a asustar a Ginny, y su terror la llevará a vivir un encuentro con Oswald que no esperaba, más aún si Harry los descubre.

Recuerden: Consultas sugerencias y tomatazos a mi mail: anya . naivea (junten los espacios)

Y no olviden visitar el blog, ahora con un nuevo Tag borrad para comentarios instantáneos: www. Ethianevals. Blogspot. Com (Junten los espacios)

¡Saludos a todos! Nos vemos en Septiembre.

Anya.



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