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Entre Damas y Caballeros
El encuentro con Nadezdha Romanova no dejó a nadie ganas de volver, sobre todo los hombres. La mujer era un amor, pero su poco recato a la hora de hacer comentarios y su falta de inhibición no ayudaban mucho al momento de querer mantener una conversación coherente.
Lo más impresionante de la noche, además de aquel curioso encuentro, fue haber conocido a Katerina, su nieta; una chica “normal” para los parámetros que se conocían de Malfoy, jamás imaginaron que aquella modesta chiquilla fuera el amor de la vida del Slytherin. Menos, que esa infalible poción hubiese funcionado con tanta exactitud entre ambos, aunque Ginny estaba segura que los ojos del chico rebosaban amor cuando estaba cerca de ella.
Resopló con resentimiento, Maggie acababa de despertar y leía un comic que George le había prestado.
-¿Te pasa algo? –Preguntó con desinterés, Ginny levantó los hombros.- ¿Segura?
-Estaba pensando en Malfoy y Katerina.- Contestó con simpleza, como si aquello fuese algo poco novedoso.
-Ha… sí.- Masculló la melliza volteando la hoja cuyos dibujos se movían haciendo ruiditos ante la acción.- Se ven bien, ¿No?
-Mmm… sí.-Contestó observando el techo, parecía inmersa en sus propias divagaciones. Imaginaba lo feliz que sería una simple chiquilla como Katerina junto con alguien como Malfoy.
-¿Qué rayos te ocurre? – Saltó Maggie cerrando el comic de un solo golpe, los personajes chillaron en el interior, y se sentó en su cama improvisada para mirar a Ginny.
-Nada.- Murmuró como si no la hubiese escuchado. De un momento a otro las imágenes de Katerina y Malfoy se transformaron a través de una espesa niebla, y sin quererlo ella se visualizo del brazo junto con… ¿Oswald?
Agitó la cabeza con las mejillas encendidas y se giró a Maggie, quien la veía con ojos expectantes y tan abiertos que juraba que se le saldrían de las orbitas.
-La verdad, es que estaba imaginándome lo feliz que debe ser Katerina al tener a alguien que la quiera como la quiere.- Le contestó, y Maggie parpadeó.
-¿Segura qué es eso? – Inquirió levantando una ceja.
-Si, claro. ¿Qué más podría ser? – Dijo con inocencia parpadeando, y Maggie curvó la boca en una mueca ridícula.
-No me engañes a mí, Ginevra.- Espetó levantándose de su cama y sentándose a los pies de la de Ginny.- Anda, suelta… ¿Qué ocurre?
-¡Hay! – Se quejó quitando su pie cuando la chica se sentó con fuerza sobre él.- ¡Nada!
-¡Vamos, Ginny! ¡No me dejes con esta curiosidad! ¡Estas actuando igual que cuando fuiste al compromiso de la iguana esa!
Una risita espontánea escapó de los labios de Ginny cuando su amiga mencionó a Elisa, la manera en la que se dirigía a ella siempre había sido causa de gracia en la familia. Sin embargo, a penas recordó el compromiso de ella, también acudió a su mente Harry, ambos estaban juntos y eso le dolía más que imaginarse a alguien como Katerina tan feliz.
-Gracias por recordármelo.- Murmuró con un puchero, y Maggie resopló haciendo un bufido.
-¡Oh, vamos! ¿Todavía te afecta? ¿Eso es lo qué ocurre? – Su voz parecía levemente preocupada.
-No.- Admitió- Lo que realmente me preocupa es que siento que tengo mis días contados, y quiero sentirme querida antes de que eso pase.
-¡Qué idiota eres! – Le espetó con rabia lanzándole un almohadón- ¡No vuelvas a decir eso! ¡Nadie va a morir! Y si de verdad quieres sentirte querida entonces mira a tu alrededor, yo te quiero.
Ginny volvió a dejar escapar una risita, sobretodo por la mueca que la chica había puesto. Le devolvió el almohadón y se sentó en la cama a penas ésta lo detuvo.
-No me entiendes…- Murmuró recordando el porqué estaba triste.- Es que… imaginándome a Katerina, tan sencilla, tan… tan…
-¿Fea?
-Iba a decir… normal.- Corrigió Ginny alzando una ceja.- Y que Malfoy la haya escogido a ella como el amor de su vida… no sé… eso me hace pensar… Siento que mis oportunidades son contadas con los dedos, y si me preguntas, la verdad es que tengo miedo de arriesgarme.
-¿Tienes miedo? ¿Eso es todo?
-Maggie, mírame… no soy una belleza, soy bastante… normal. No soy la más alta, y creo que soy demasiado delgada para mi tamaño, no tengo una piel hermosa, y mis ojos siempre están cansados, es como si de verdad todo este asunto de las portadoras me quitara la vida poco a poco.- Maggie escuchaba todo el discurso con los ojos entrecerrados, tratando de entender a qué iba todo esto, Ginny continuó.- Katerina tiene una vida por delante, y aunque nos parecemos, ella conoció al amor de su vida, un chico guapo, atractivo y además, petulante y engreído. Sin embargo, lo conquistó, y simplemente es… una chica normal… Yo solamente quiero saber si tengo alguna oportunidad. Después de que Harry me negara he sentido que no tengo oportunidad con nadie, él era, bueno… alguien totalmente codiciado, y después que lo olvidé, comenzó a buscarme… él me buscó Maggie, yo le gusté… Pero ahora..
-Ahora le gustas a alguien más…- Murmuró Maggie tomándole la mano.- Lo sabes, ¿no?
-Sí…- Dijo con una sonrisa recordando las palabras de Oswald hacía unos días.
-¿Entonces?- Insistió Maggie rodando los ojos.- ¡No te entiendo!
-¿Qué no lo ves? – Se quejó agarrándose la cabeza- ¿Y si me sucede lo mismo? ¿Y si Oswald se arrepiente? ¿Qué pasa si no funciona?
-¿De verdad crees que con mi gran amigo casi hermano no funcionaría? – Murmuró Maggie con una mezcla entre enfado y curiosidad.- Si me dices que sí juro que te golpeo.
Ginny nuevamente soltó una risita divertida, pero agachó la cabeza para que Maggie no pudiera ver sus ojos. Tenía razón, seguramente sí podía funcionar, pero… ¿Le gustaba tanto Oswald como ella a él? ¿Y qué sucedía si funcionaba… pero ella era la que no encajaba? Oswald podía adorarla y prometerle el mundo, pero… ¿y sí ella no podía corresponderle? ¿Qué era lo qué sentía realmente?
-Te quedaste muda… - Interrumpió Maggie sus cavilaciones, Ginny no se había dado cuenta de que sus ojos habían pasado de la colcha de la cama a la pulsera que él le había regalado.
-Maggie… -Susurró, tratando de encontrar las palabras correctas para expresar su temor, deseaba que en esos momentos hubiese estado Hermione, siempre sabía que decir. La chica la miró fijamente, esperando, entonces, Ginny levantó los ojos.- ¿Qué sucede si le digo que sí a Oswald? ¿Qué va a pasar conmigo?
-¿De verdad pretendes darle el sí? –Preguntó entusiasmada ignorando la segunda opción, Ginny apretó los labios- ¡Sería lo mejor que podrías hacer en tu vida!
-Maggie, concéntrate…- Le rogó con el semblante triste.- ¿Qué sucede si él me ama y me regala el universo y yo no puedo corresponderle como es debido?
-¿Por qué no irías a corresponderle?- Inquirió la melliza, como si aquella pregunta estuviese fuera de lugar- ¿Te gusta, no?
Ginny suspiró. Cerró los ojos, definitivamente era más simple con Hermione.
Pensó un instante, la pregunta de Maggie tenía sentido, ¿le gustaba Oswald? Se imaginó su rostro, sus ojos azules, su sonrisa calida, totalmente lo contrario de Harry, aunque él en algún momento de su pasado le había sonreído de la misma manera o con más amor. Nuevamente el nudo en su pecho le apretó su corazón. ¿Es qué no podía sacarse a Harry de la cabeza?
¡Tonta, tonta! Harry se va a casar, nunca más estará contigo, ¡olvídate de él de una vez por todas! ¡No lo puedes esperar toda la vida! ¡Él no va a volver! ¡No va a volver!
Maggie permanecía expectante aunque impaciente. Ginny aún tenía los ojos cerrados y su respiración se había vuelto entrecortada. Harry había vuelto a aparecer en su mente, no cabía duda.
Abrió los ojos lentamente cuando sintió la mano de Maggie sobre su muñeca, la melliza tenía una expresión demasiado madura y preocupada para ser ella misma.
-Amiga…- Suspiró triste.- Date una oportunidad…- La voz de la chica se había vuelto compasiva, le estaba rogando.- ¿Sabes? Hemos hablado con Hermione, y ambas coincidimos en que es horrible lo que te está pasando. Ella puede sobrellevar este asunto de Ron, de hecho, creo que están mejor de lo que aparentan, y esa es la razón por la que te puede poner más atención. Ella cree que estás en lo más profundo del océano, que tratas de agarrarte al salvavidas que está más lejos y que tiene a salvo a otro pasajero. Sin embargo, hay uno que está a pocos metros de tus manos, basta con que te aferres a él y salves tu vida. Pero no lo haces, tienes miedo de resbalarte… olvídate del otro, no va a volver, pero ahí hay uno esperando por sacarte a flote…
Ginny parpadeó, su respiración se había acompasado pero era a causa del dolor que se estaba produciendo en su garganta, estaba a punto de llorar. Maggie no podía tener más razón, esa analogía lógicamente la había sacado de Hermione, y odiaba que estuviera en lo cierto. Harry se había ido para siempre, tenerlo cerca no la ayudaba pero podía servirle para superarse.
-Tienes razón.- aceptó al fin.- Me estoy aferrando a una ilusión, aún vivo con la esperanza que Harry vuelva… Aunque sé que no lo hará…
-No te pido que lo intentes de inmediato…- La interrumpió Maggie.- Pero piénsalo. Oswald también está mal, sabe como sufres y no sabe como ayudarte. Quiere ser él quien te consuele y creo que también desea ser el causante de tu dolor. –Al decir aquellas palabras, Ginny abrió los ojos con mesura, ¡¿Cómo podía desear eso?!- Quiero decir… me mal expliqué… A él le gustaría ser el inspirador de tanto amor, que lloraras por él, que lo desearas como deseas a Harry… ¿te puedes imaginar cuanto te ama ese bobo?
-Lo intento.- Murmuró pasándose las manos por el pelo.- Creo que soy lo suficientemente conciente de lo que él siente por mí.- Admitió recordando las palabras de él con Vincent.- También soy conciente que lo que siento por Oswald va más allá de una simple amistad… sé que hay algo más… pero…
-Pero estás esperando a Harry…- Agregó Maggie resoplando con tristeza.- Amiga… si no te das una oportunidad, al menos para intentarlo, nunca vas a saber si él es realmente la persona que necesitas. Tal vez, Oswald es el hombre de tu vida, quien te ha esperado por años, y ahora, lo estás negando por un recuerdo. ¡Inténtalo! Si no funciona puedes dejarlo, nadie te obliga a quedarte con él para siempre, pero ¿cómo sabes si no es él el indicado si no lo intentas?
-¿Y si no lo es? ¿Y si daño sus sentimientos al rechazarlo?
-Oswald es fuerte, ha tenido novias antes y lo han despechado y él a ellas, siempre se ha superado.
-¿Ha tenido novias antes? –Curiosamente al escuchar esas palabras un retorcijón similar a cuando veía a Elisa cerca de Harry le movió las entrañas.- ¿Y cómo sabes qué lo ha superado?
Maggie dibujó una sonrisa torcida, cómplice, y Ginny comprendió que ella se estaba saliendo con la suya, y lo peor, le estaba funcionando.
-Tuvo dos, si bien recuerdo.- Contestó haciendo alusión a la primera pregunta.- Emily fue la primera, y para causa de gracia, era mi prima.- Maggie sonrió ampliando su mueca y los ojos de Ginny se abrieron más que antes.- Sí, me imagino que te estarás preguntando, pero la verdad es que esa relación nunca fue buena… mi prima era algo así… digámoslo… Era como una Elisa más suave… Nunca nos llevamos bien con ese lado de la familia.
Maggie hizo una nueva mueca, esta vez, torcida. Ginny concluyó ante eso que Maggie era la que tenía el problema y que probablemente Vincent se llevaba muy bien con ese lado de la familia. Aunque no dejaba de impresionarle ni de apretarle el estomago la idea de que Oswald hubiese estado tan cerca de la familia de sus mejores amigos.
-Duraron poco.- Agregó con rapidez al ver los labios apretados que Ginny había colocado, y continuó-. La otra fue una chica de Carminabel que luego se fue a Francia, creo que con ella fue una relación más intensa- Divertida, Maggie dijo suavemente la última palabra, disfrutando las expresiones de Ginny ante su historia.- Con ella estuvo casi un año, comprenderás ante lo que te dije hace un rato que él había sido despechado… esto sucedió en éste caso. Rosalie lo despechó, aunque muy a su pesar, quiero decir, ella no parecía querer dejarlo, aunque los estudios de Francia eran más fuertes.
-¿Era muggle? –Preguntó Ginny sin impresionarse, Oswald podía relacionarse perfectamente con ellos. Maggie asintió.
-Y un poco más joven que él, debería tener tu edad, creo… - Masculló frunciendo los labios.- En fin, ella lo despechó, y él despechó a Emily. Ha vivido ambas situaciones, y créeme, las ha superado.
-¿Cómo tomó lo de Rosalie? –Preguntó tratando de aliviar su temor ante rechazarlo si no funcionaba. Maggie inclinó la cabeza hacia atrás, recordando.
-Estuvo mal, sí, lo admito.- Contestó con simpleza, aunque era obvio que trataba de buscar las palabras adecuadas.- Salía mucho con Vincent, para animarse claro. Le dedicó todo su tiempo libre a la tienda de sus padres y buscó trabajo como entrenador de novatos para aprender a volar escoba.
-¿Entrenó a novatos? – Preguntó impresionada.
-Niños que aún no entraban a Hogwarts, les enseñó a volar y las técnicas básicas de vuelo.- Explicó como si fuese de poca importancia.- En fin, a lo que quiero llegar, es que lo superó. Después te conoció a ti, y bueno, estás viviendo la misma historia.
Ginny suspiró nuevamente y se desplomó sobre la almohada. ¿Por qué justamente ella tenía que pasar por ese tormento? ¡Ella! ¡La que nunca había tenido problemas con los chicos!... Excepto con uno… con dos, claro.
-¿Qué piensas hacer entonces? – Preguntó Maggie después del largo silencio de su amiga, Ginny le devolvió la mirada y suspiró.
-Creo que… la mejor opción… es que las cosas pasen como tengan que pasar.- Concedió al fin, después de todo no tenía como controlar la situación.- Si Oswald debe ser parte de mi vida lo dejaré entrar, sino, esperaré como Penélope a que llegue mi príncipe.
-Que melodramática eres.- Masculló la melliza apretando los dientes entre molesta y divertida ante un gesto de Ginny como damisela desesperada.
-Creo que es mejor que nos levantemos.- Dijo sentándose en la cama dispuesta a pararse.- Mamá ya debe estar frenética con el desayuno y la verdad es que no quiero que comience a gritar antes de que salgamos de la habitación.
-¿Somos una molestia verdad? – Preguntó Maggie colocando una sonrisita traviesa, aunque Ginny notó en sus palabras un leve dejo de culpa.
-¡No seas tonta! –Le espetó frunciendo el ceño- Anda, bajemos antes que mamá se vuelva loca.
Maggie la siguió sin chistar, se desperezó y salió tras ella cerrando la puerta. Algo en su interior le decía que sus palabras habían causado algún cambio en su pelirroja amiga.
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Morgan se inclinó despacio tras la puerta del despacho de su padre. Tenía la piel más pálida de lo habitual, y sus ojeras se remarcaban moradas e irritadas bajo sus ojos.
El corazón le latía deprisa, no podía quitarse las palabras de la mujer de su cabeza: “La Poción de los Condenados”, ¡pero que idiota había sido! ¿Cómo fue qué no buscó información antes?
Su mente divagó toda la noche por las diversas transformaciones que su progenitor podría adoptar, desde un feroz y hambriento hombre lobo sediento de sangre, hasta el de un ser oscuro y con alas similar a esas gárgolas que reposaban en las paredes de la mansión. Un choque eléctrico recorrió su columna, estaba aterrado. ¿Qué era su padre? ¿Con qué clase de hombre había vivido toda su vida? Ahora, tenía más pánico que nunca.
Se había levantado sigilosamente con la intención de escudriñar un poco más en los planes siniestros de su progenitor, pero lo había pillado hablando por teléfono medio encerrado en su despacho, ya que la puerta estaba entreabierta.
Parecía entre disgustado y alegre, no podía saberlo con exactitud ya que jamás había aprendido ni una palabra de japonés, pero sus tonos de voz eran lo suficientemente claros para definir su estado de ánimo.
Cerró los ojos acostado en la pared, escuchando con atención y tratando de olvidar lo que había descubierto, para poder tener la mente despejada. Pero entonces, algo cambió. La voz de Candeviere se tornó furiosa y cambió radicalmente de su japonés perfecto al inglés que tan bien él entendía.
Los huesos y los músculos se le congelaron, y se le volvieron de piedra al oír las palabras de odio y amenazas que su padre estaba escupiendo en voz alta.
-¡Si te vuelve a hacer eso ya sabes que hacer! – Gritó colérico- ¡Si Morgan me hiciera una cosa así también lo asesinaría! ¡Poco me importa que sea mi hijo!
Morgan abrió la boca inconcientemente, sus ojos estaban desorbitados y su corazón había dejado abruptamente de latir. ¿Qué acababa de decir?
-Más te vale que lo controles.- Agregó después de un largo silencio en el que supuso debería haberle contestado Keitaro al otro lado de la línea.- Omanshai es valioso para esta misión, pero si fracasa en ello no hay otra opción. Hay muchos como él, no costaría encontrar otro…
Otro silencio, Morgan sudaba frío, la transpiración escurría por su frente como si le hubiera caído un balde de agua en la cabeza. Su Padre volvió a contestar nuevamente en inglés.
- Es verdad… es el único camino que tenemos al libro, pero mientras lo tengas en tu poder será imposible que él se acerque o que el concilio lo encuentre, por lo tanto, olvídate un rato del asunto. Es más importante que no haya traidores en el cuento.
Morgan trató de respirar, pero se le había olvidado. Tenía que haber un camino para salvar su pellejo y de camino salvar el de a quienes estaba ayudando. Inmediatamente vino a su cabeza el rostro dulce y sonriente de Tiare.
¡No!
La sola idea lo hacía temblar, su padre podía llegar a ella, tenía que hacer algo… tenía… tenía que contarle la verdad, bueno, no toda, pero contarle parte de la historia. La única manera en la que podía proteger a Tiare era contándole a su padre que él estaba con ella. ¿Pero cómo lo haría sin que sospechara? Entonces… recordó su embriagamiento en el compromiso de la princesa, y el como había reaccionado cuando vio a Ginny con Oswald.
¡Eso!
Tomó aire y esperó paciente. Su padre había vuelto a hablar en japonés un poco más calmado. Al cabo de unos minutos escuchó el “clic” del teléfono al cortarse, esperó a que el hombre se acomodara e hiciera sus cosas antes de entrar inmediatamente, no podía ser tan obvio. Volvió a respirar profundamente, había estado tanto rato conteniendo la respiración que se había olvidado de que tenía pulmones. Después del refrescante trago de aire, se secó el sudor y se acomodó su camisa. Sabía que tenía un aspecto horroroso producto de las ojeras, pero no le importaba tanto, de todas formas el hombre no se preocuparía.
Golpeó con cuidado, si había contado correctamente no habían pasado más de diez minutos después de cortar el teléfono.
La voz sombría de su padre que aún reflejaba algo de rabia contestó después de un instante.
-Entra.- Murmuró.
Morgan se asomó despacio, su padre estaba como siempre sumergido en uno de sus tantos pergaminos, firmándolos con su fina pluma de estilo muggle.
Se quedó estático un instante, había olvidado caminar. Contempló a su padre que aún mantenía los ojos sobre la mesa, no podía imaginarse qué se podía esconder tras ese aspecto tan elegante y a la vez tenebroso. Ahora que sabía su secreto, era difícil mantener la fría compostura.
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- ¿Por qué estás tan preocupada? –Le espetó Tanesda a Tiare quien trataba con todas sus fuerzas de enfocarse una bola de cristal.
-Quiero saber cómo está Morgan, ya te lo dije.
-¿Y por qué no lo llamas?
-No quiero parecer fastidiosa.- Murmuró sonrojándose. Tanesda resopló y rodó los ojos
-Lo estás haciendo mal.- Dijo apartándola de la bola, Tiare tenía el ceño más fruncido que nunca.- No se hace así, a ver, déjame mostrarte.
Tanesda cerró los ojos, al contrario de Tiare que los tenía fijos en la esfera, y colocó las manos sobre ésta. Al cabo de un instante una neblina espesa y gris comenzó a arremolinarse al interior. Tiare abrió los ojos asombrada cuando encontró a Morgan frente al escritorio de Candeviere.
-¡Ahí está! –Exclamó entusiasmada apartando a Tanesda de un tirón.- ¿Qué está haciendo?
-Si te callaras un poco podrías escuchar.- Bufó Tanesda algo molesta, se sentó a un lado de Tiare y comenzaron a escuchar la conversación.
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-¿Qué quieres? – Dijo Candeviere con hastío. Morgan permanecía de pie frente a él totalmente nervioso y sudoroso. -¿Y bien?
-Yo… te vengo a decir algo.- Contestó apretando los labios y avanzando un paso. Recordó lo que le había oído decir al japonés y se estremeció, tenía que jugar bien sus cartas.
Candeviere dejó lo que estaba haciendo y cruzó sus brazos sobre el escritorio. Esperó a que Morgan hablara, pero no dijo nada.
-¿Qué mierda quieres? ¡Estoy ocupado!
Morgan dio un leve salto debido a la impresión y se adelantó con rapidez al escritorio. Cerró los ojos, tomó aire, y argumentó todo su dialogo preparado con antelación, sin respirar en el intertanto.
-Me hice amigo de una chica del Concilio Internacional y la estoy tratando de desviar de tu búsqueda. Creí que querrías ayuda así que hice lo posible por poder llegar a una de ellas. Ha tratado de seguirte el paso pero yo he evitado que llegue a tiempo a dónde has estado.
Candeviere abrió los ojos como platos y se le desencajó levemente la mandíbula. Morgan sonrió para sus adentros, había logrado su objetivo, ahora sólo faltaba contarle a Tiare su plan.
-¿Qué tu has hecho, qué? –Murmuró pasmado, como si le costara pronunciar las palabras. Morgan sonrió internamente, había funcionado.
-Eso.- Dijo altanero y apoyándose con una de sus manos sobre el escritorio. Tomó una de las tantas plumas que tenía su padre y jugueteó con ella con la mano libre.- He engañado a una chica del Concilio. Gracias a mí, padre, es que no has podido ser detenido. Ellos tienen… algunas armas para poder seguir tu misma pista…
-No puedo… es que… no… ¿Qué tu qué? – Volvió a repetir levantándose tembloroso de la mesa y rodeándola hasta llegar a Morgan.
-¿Quieres qué te lo repita? –Masculló levantando una ceja, dejó la pluma dónde estaba, se apoyó en el borde del escritorio y cruzó los brazos y los pies. Estaba saliendo mejor de lo que esperaba.
¡Que gran actor soy!
-¿De verdad engañaste a una chica del concilio? –Preguntó su padre rebosante de orgullo, Morgan asintió con una sonrisa tan maligna que le dio miedo al verse reflejado en los ojos de su padre.
-¡Claro! Fue pan comido, ya que Ginevra al parecer me teme…- Masculló tratando de parecer afectado.- la única forma de poder llegar a ella es por medio de algo más poderoso…
-¿Y eso qué quiere decir? – Masculló Candeviere con molestia al escuchar el nombre de su potencial víctima.
-Fácil.- Contestó ampliando la sonrisa, estaba seguro de que se veía tan terrorífico como su padre.- La tengo comiendo de mi mano… la chiquilla está loca por mí.
-¿Y… cómo se llama? – Preguntó Candeviere ansioso, Morgan apretó los labios olvidándose de aquel pequeño detalle, y es que no podía decir que su “amiga” era Tiare, se suponía que ella estaba muerta.
-Es… complicado…- Masculló nervioso y apagando la venganza fingida de sus ojos. Su padre enarcó una ceja-… Es complicado mencionarlo.- Agregó con rapidez.- Aún no puedo pronunciarlo con claridad. Ya sabes, son de tantos países, es tan difícil como mencionar Yoshimusa, mase…
-Matsu.- Corrigió Candeviere apretándose los ojos.- Yoshimatsu…
-Eso…
-¿Entonces no sabes bien su nombre? – Preguntó dudando, y Morgan intentó no tragar saliva para que no lo descubriera.
-Lo sé, pero… ¿A quién le importa un nombre? La verdad, creo que puedo conseguir mejores cosas que eso.- Masculló con la misma sorna con la que su padre lo hacía.- Sabes a lo que me refiero, ¿eh? ¿Para qué quiero saber su nombre? Basta con que babee por mi, ¿no? Cuando está conmigo se olvida de hasta como se llama, no creo que sea necesario socavar más profundamente cuando ya la tengo dónde la quiero.
Candeviere estalló en una carcajada tan horrible y siniestra que el chico aprovechó para respirar con nerviosismo antes de que su padre volviera a abrir los ojos.
-Hijo, ¿Sabes que me has hecho increíblemente orgulloso? – Celebró el hombre tomandolo por los hombros son firmeza- ¡Una chica del Concilio! ¿Quién lo diría? ¿Quién lo diría?
Morgan frunció los labios mirando hacia otro lado, esperaba haber hecho lo correcto, así al menos mantendría su vida y la de Tiare fuera de la mira de su padre.
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Tiare tenía los ojos repletos de lágrimas, Tanesda la sujetaba por la espalda previniendo un desmayo, parecía totalmente conmocionada.
-¿Cómo… cómo?
-Así son los hombres…- Masculló su amiga apartando la esfera, justo cuando Candeviere le preguntaba el nombre de la chica a Morgan.
-¡Dijo que me está usando! ¿Cómo… pudo? ¡Dioses!
-¿Cuánto sabe él del concilio? – preguntó Tanesda con precaución, ya estaba aterrada y su miedo se intensificó más cuando Tiare se largó a llorar.
-Todo…. Le conté ¡todo! – gritó desesperada largándose a llorar sobre el hombro de su amiga.
Tanesda sabía que Tiare estaba destrozada, y más aún, porque ella había adquirido un cariño por el hijo del ministro que no era simple amistad.
Le dio unas palmaditas en la espalda con la intención de apaciguar el dolor, pero sabía que era imposible. Tiare había sido traicionada.
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- ¿Para qué me necesitas? – Le preguntó Ginny a su madre mientras descansaba recostada sobre el sillón de la sala. La mujer bajó las escaleras con una sonrisa radiante al observar el exterior de la casa, dónde el jardín estaba bañado en una hermosa y reluciente capa blanca. Llevaba en sus manos una gran caja de cartón repleta de artículos chirriantes y de campanitas brillantes y coloridas.
-Adivina- Canturreó. A Ginny le brillaron los ojos, su madre quería preparar la casa para la navidad que se avecinaba.
-¡Vaya! – Saltó con entusiasmo. Maggie, quien había estado a su lado leyendo el comic de la mañana, se acercó bostezando para mirar.
- ¿Me harían el favor chicas? – Preguntó sacando con cuidado una gran hacha enfundada en una bolsa de cuero muy grueso.
-¡Lo sabía! – Exclamó Maggie repentinamente aterrada.- ¡Sé que nos odia, pero no se deshaga de nosotros así!
Molly parpadeó confundida y algo preocupada, Ginny rodó los ojos y tomó a su amiga por el brazo.
-Maggie, mamá quiere que vayamos a buscar un árbol… - Explicó con una risita.
-Oh… ¡Oh! – Dijo avergonzada, y comenzó a abanicarse con el comic. Los personajes del interior empezaron a lanzar grititos de mareo.
-Sí, claro…- Dijo la mujer tratando de olvidar el comentario de Maggie, y se dirigió a su hija con los ojos enternecidos mientras sostenía una guirnalda de color rojo brillante en sus manos.- Hace seis años que no vivíamos una navidad todos… juntos…
-Mamá…- Suspiró Ginny con tristeza acariciando el rostro de su madre. Trató de mantener una sonrisa inspiradora pero a la mujer se le empezaron a aguar los ojos.
-Ahora todo parece… tan… lejano…- Murmuró con un leve sollozo que trató de evitar.
-Pero estoy aquí ahora…-la animó, no quería ver a su madre llorar, mucho menos por su culpa. No tenía ninguna intención de sentirse culpable.
-Sí…- La mujer aspiró fuerte y su nariz sonó con un ruidito aguado.- ¡Bien! ¡Basta de lamentos! Chicas, necesito un árbol, no es necesario que lo corten, el hacha lo hará por si misma, pero lleven sus varitas y escojan el mejor que encuentren para traerlo a flote.
-Claro.- Contestó Ginny sonriendo ante el repentino cambio humor de su madre, se giró para ver a Maggie, pero ésta dibujaba una mueca torcida hacia las escaleras. Siguió sus ojos, y su corazón se aceleró.
-¿Qué hacen? – Preguntó Oswald llegando hasta las mujeres, Ginny comprendió que aquella mueca de Maggie era su tan conocida sonrisa planificadora.
-¿Sabe qué, Molly? – Dijo con dulzura y simpatía, algo que la mujer no podía resistirse porque era la misma táctica que utilizaban Fred y George para conseguir lo que querían. Ginny agitó la cabeza rápidamente para impedir que hablara, pero la melliza hizo como si no la hubiera notado.- ¿Por qué no me quedo aquí y la ayudo con los adornos? Oswald podría acompañar a Ginny a cortar el árbol.
-Claro, no tengo problemas.- Apoyó Oswald con desinterés como si fuera un mero favor, pero a Ginny las orejas se le habían puesto rojas y las mariposas aleteaban urgidas por salir disparadas de su boca.
-Gracias, querido.- Le sonrió Molly con una sonrisa no propia de ella. Era… la misma sonrisa que utilizó con Hermione cuando ella y Ron dijeron que estaban saliendo juntos. Era la sonrisa de una suegra complacida.
-¿Te pasa algo? – Le preguntó preocupado al verla tan nerviosa, ella ni siquiera se había dado cuenta de que su cara estaba casi del color de la guirnalda y que su corazón era audible a miles de kilómetros.
-No.- Agitó la cabeza con rapidez y se levantó tomando el hacha. Se encaminó hacia la puerta que daba a la terraza, pero la voz de su madre la detuvo.
-Hija, deberías colocarte algún abrigo…
Ginny se giró, no andaba más que con una simple camisa y unos pantalones. Se sonrojó al ver la risita de su madre y Maggie, ambas estaban siendo cómplices, sin querer, del sicopático plan de la melliza.
Corrió a buscar su abrigo y a los pocos minutos volvió envuelta hasta el cuello. Oswald simplemente se colocó el saco que tenía colgado en la percha de la entrada mientras cogía el hacha que Ginny había dejado.
Ella salió sin mirar atrás, ya que comenzó a percibir la risita odiosa de su madre y Maggie a sus espaldas. Abrió el ventanal con fuerza, pero de repente se vio azotada por un frío aire invernal que le pincho la cara. Oswald también rió, pero en lugar de seguir caminando le pasó el brazo por los hombros.
-¿Mejor? – Preguntó con amabilidad. Ginny lo miró, estudiando un rato su expresión. No, no tenía ninguna doble intención en su acto, simplemente la estaba protegiendo del frío. No se dio cuenta y tampoco entendió porqué le molestaba que fuera así.
-Sí, gracias.- Murmuró desilusionada.
Oswald cargaba el hacha sobre su hombro, a ella no le preocupó porque no era pesada, siempre era ella quien cortaba el árbol, básicamente porque tenía el mejor gusto de todos dentro de la casa.
-¿Y? ¿Qué vamos a cortar? – Preguntó despreocupado después de haber avanzado un poco a través del extenso jardín, Ginny frunció el ceño y lanzó una risita.
-No lo vamos a cortar aquí.- Contestó riendo y observando los grandes pinos que rodeaban al seto que resguardaba su casa de los muggles. Oswald inclinó su cabeza viéndola incrédulo.
-¿Ah no?
-No.- Señaló la apertura por dónde habían entrado hace unos meses, cuándo ella volvió a casa.- Los pinos de navidad que me gustan están un poco más allá de la colina.
-¿Que te gustan? – La inquirió curioso, y Ginny asintió sonriente.
-Sí. Siempre he sido yo quien escoge los pinos, ¿vez? – Señaló un par de tocones que estaban cerca del seto, y supuso que sus hermanos no se atrevían a ir más allá de la colina, no por cobardes, sino por holgazanes. – Se ve horrible si se cortan los pinos tan cerca de casa, el jardín pierde estética. Te puedo apostar que mamá agradece que este año sea yo la que busque el árbol.
Oswald asintió en silencio, apretó un poco más su brazo alrededor de los hombros de ella y Ginny trastabilló, aquel gesto era muy distinto al que había realizado cuando salieron de la casa.
-¿Estás bien? – Preguntó preocupado, aunque una mueca burlona se asomaba en la comisura de sus labios.
-Sí...- Suspiró, necesitaba tomar aire, pero estaba tan helado que le dolían los pulmones.
-Será mejor que nos apresuremos o te agarrarás un resfriado.
Ginny sintió que él la llevaba un poco a rastras, como si la empujara. No sé dio cuenta cuando ya habían salido del seto y caminaban en dirección hacia el bosque de pinos que se alzaba un poco más allá del borde de la colina. El día estaba tan oscuro que pasaba por noche, el sol ni siquiera tenía la amabilidad de asomar sus rayos para filtrar un poco de calor.
- ¡Que frío, Merlín! –Gritó exasperada aferrándose los brazos mientras inspeccionaba el tronco de una fila de pinos.
- ¿Quieres que te preste mi abrigo? – Preguntó preocupado, aunque ella notó una pizca de burla en su voz.
- No. – Zanjó recelosa.- No te molestes, tu serás el que se congele si me lo prestas.
- No me importa.
Repentinamente todo cambió, y no supo cuando sucedió. Oswald se encontraba tan cerca de ella que el frío inesperadamente había desaparecido. Se levantó presa de la curiosidad, sabía que ocurriría si alzaba su rostro, pero quería comprobarlo por sí misma.
Con cuidado levantó los ojos, gimió un gritito de sorpresa casi inaudible cuando se topó con los profundos ojos azules de Oswald, que la veían con un interés demasiado pasional para ser propio de él. Su corazón se aceleró con furia, estaba segura de que el chico podía oírlo si se acercaba un poco más.
-No me preocupa congelarme...- Murmuró con un brillo especial en sus ojos. – Me preocupa que seas tu la que quede hecha un témpano.
-Estoy bien...- Masculló tratando de controlar su voz.-... ya no lo necesito.- Agregó más bajito, los ojos de Oswald centellaron.- ¡Vamos a buscar el árbol!
Se enderezó y se giró con tanta rapidez que el frío viento invernal le helo la cara, no se dio cuenta de cuanto había subido la temperatura en esos cortos segundos. Caminó dando largas zancadas a través de la tupida nieve, buscando un árbol del cual ni siquiera estaba pendiente. Atravesó largos tranques repletos de pinos enormes, pero ninguno llamó su atención. Su cabeza estaba puesta en aquellos ojos azules que por un momento creyó ver ardiendo con pasión contenida.
-¿Ginny?
La voz de Oswald retumbó por entre los pinos, el chico trataba de hacerse paso por medio de las ramas siguiendo las huellas de la pelirroja, pero ésta estaba subiendo la colina con paso apresurado.
-¡Hey! ¡Espérame! – Le gritó. Ginny acababa de pasar otro pino cuando se detuvo en seco. No se había percatado de lo lejos que había llegado, solamente para escapar de sus pensamientos... y de él.
-Oh...- murmuró. Oswald llegó jadeando a su lado, se aferró con una mano al pino más cercano mientras sostenía su corazón con la otra.
-¿En qué estabas pensando? – Preguntó jadeando.- ¿Quieres matarme de un ataque?
Ginny lo quedó viendo avergonzada por un segundo, pero entonces reparó en el árbol dónde el chico estaba apoyado.
-¡Guau! – Gritó entusiasmada, y Oswald curvó las cejas.
-No es para que te alegres.- Resopló resentido.- Si quieres verme muerto mejor que me lo digas.
-¡No seas idiota! – Rió divertida y anonadada por el enorme árbol.- Es... perfecto.
Oswald parpadeó y se inclinó para ver el enorme pino en el cual se había apoyado, en efecto, era enorme, y sus ramas eran tan tupidas y gruesas que un bebe podía colgar de ellas sin quebrarlas.
-Vaya... sí, es... grande...- Murmuró levantando la cabeza, pero Ginny ya se había adelantado con el hacha que ahora flotaba en dirección al grueso tronco. – Déjame ayudarte...
-No te preocupes.- Le contestó con más tranquilidad.- Esto lo he hecho siempre... bueno... hasta antes de haber huido.
Oswald se impresionó al no escuchar ningún rastro de tristeza en su voz al mencionar lo de su escape, ya era la segunda vez que hablaba de aquello sin parecer resentida; la primera había sido al hacer alusión sobre la entrada del seto.
-¿De verdad no quieres que te ayude?- Insistió con un entusiasmo excesivo, le alegraba saber que ella estaba un poco más jubilosa desde su regreso a casa.
-No, déjalo. – Dijo con una sonrisa, el hacha ya había comenzado a golpear el tronco.- Si quieres, tu lo llevas de regreso.
Oswald devolvió la sonrisa, ambos esperaron en silencio a que el hacha terminara su trabajo.
Pasaron unos cuantos minutos antes de que el árbol cayera sobre la densa nieve, Ginny guardó el hacha y Oswald hechizó el pino para llevarlo a la Madriguera.
- ¿Estás mejor ahora? –Le preguntó mientras iban en descenso, Ginny inclinó la cabeza para verlo sin comprender al principio.
-Oh... si, mejor.- Contestó avergonzada. No pudo evitar que a su mente acudiera la imagen de aquellos ojos deseosos de algo más.
-¿Segura? – Insistió preocupado al ver el sonrojado rostro de ella.
-Sí.- Fue su simple respuesta. Su voz tembló, pero prefería hacerle creer al chico que era por el frío.
-Estás temblando.- Notó con rapidez, y Ginny maldijo por lo bajo.
-Estoy bien.- Murmuró exasperada y con los dientes apretados para evitar que les castañetearan. Un ruidito sordo y ahogado la obligó a girarse al chico, quien sostenía la varita con el brazo levantado mientras apuntaba al pino que flotaba delante de ellos.
-Si tú lo dices. – Se burló con los labios apretados contorsionados en una mueca. Era obvio que trataba de ocultar una sonrisa.
Ginny achicó los ojos. No podía enojarse con él, pero tampoco podía permitirle que se burlara de ella a costas de sus malditas hormonas femeninas, esas idiotas que les gustaba salir a flote a través de sus mejillas.
-¡Ginny! ¡Oswald!
Ambos avanzaron más rápido hasta atravesar el seto. Se demoraron un poco ya que el pino no podía pasar por la leve abertura que no era más ancha que una puerta, pero lo lograron con un hechizo expandidor que Ginny lanzó en un buen momento.
Maggie corría a ellos con la emoción plasmada en su rostro, aunque también parecía preocupada. No lo sabían, con ella nunca se sabía.
-¿Por qué se demoraron tanto? – Les espetó, pero inmediatamente su expresión cambió a una sonrisa al ver las mejillas sonrosadas de Ginny. – Oh... vaya.
-No pienses ninguna estupidez.- La detuvo Oswald.- ¿Por qué venías corriendo?
-Y gritando...
Maggie tembló ligeramente a causa del frío y tomó aire. Ginny arqueó una ceja, mientras que Oswald abría los ojos escéptico.
- Harry ha vuelto del palacio y trajo unas... invitaciones.
Por las palabras que ella había pronunciado era obvio que algo no andaba bien. Ginny sintió que el suelo se quebraba bajo sus pies, y rogó que se la tragara. Se había olvidado completamente de los ojos de Oswald, su único pensamiento radicaba ahora en unos verdes relucientes que contemplaban a una morena excéntrica.
-¿Ya... tienen fecha? – Pronunció con lentitud, tratando de acostumbrarse a la idea antes de tiempo. Quería aferrarse a algo antes de desplomarse.
-¿Qué? ¿Fecha? – Pronunció Maggie incrédula, y luego le dirigió una mirada a Oswald para obtener una respuesta, pero él levantó los hombros.- ¿De que rayos hablas?
-Pues... se va a casar, ¿no? – Las palabras jamás le habían pesado tanto, sentía que su garganta se apretaba con tal fuerza que en cualquier momento el aire dejaría de llegarle a los pulmones.
Maggie parpadeó, y sin advertirlo, comenzó a reír desenfrenadamente.
- ¿Qué? – Preguntó impresionada ante la crueldad de su amiga.
-Sí, se casa- Dijo Maggie, y a Ginny se le fue el color de la cara.- Pero no ahora.
Ginny aspiró aire, aliviada, estaba segura de haberse ahogado en algún punto de la conversación. Oswald fulminó a la chica con los ojos, y Maggie dejó de reír.
-¡Que genio, Merlín! - Lo regañó- ¡Claro que se casa! Pero no son esas las invitaciones.
-¿Entonces? – preguntaron ambos a la vez, y Ginny resopló.
-Déjenme terminar.- Dijo fastidiada. La emoción del principio se había esfumado.- Las invitaciones no son de su matrimonio, son para el cumpleaños de la iguana.
-¿Qué? – Exclamaron al mismo tiempo nuevamente, y Maggie rodó los ojos.
-¿Nos invitó a su cumpleaños? – Preguntó Ginny anonadada, nunca se imaginó que algo así sucedería.
-Harry debe de haberla convencido.- Concluyó levantando los hombros.- Como sea, ¿por qué no entramos? ¡Me estoy helando aquí afuera! ¡Uy! ¡Que bonito árbol! Tu mamá lo adorará.
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Ginny recibió su invitación de mala gana. No es que no quisiera ir al tan despampanante cumpleaños, ya que por las florituras de la tarjeta rosa era obvio que así sería, pero le chocaba que Harry tuviera la desfachatez de haberla convencido.
-Está es para… Malfoy.- Le dijo Harry a Ron entregándole otro sobre. Su hermano lo recibió de mala gana, aunque logró percatarse de un atisbo de emoción.- No es que me agrade la idea de que vaya, pero dejémoslo en que… no tiene tantas amigas dispuestas a convivir con ella.
-Y quien no.- Masculló Maggie por lo bajito releyendo entusiasmada su sobre. Ginny rió junto con ella, al igual que Oswald. Harry no las notó.
-Y ésta… - Harry se acercó lentamente a Ginny y le tendió un sobre, la chica levantó los ojos. Su mente repentinamente quedó en blanco, los ojos de Harry no la habían visto así hace años.-… Es para Hermione… ¿Se la puedes entregar?
-Si… claro.- Contestó sin parpadear. Apenas logró sentir el sobre en sus dedos, estaba totalmente conmocionada con la nueva visión de la que se había apoderado su mente.
-Cierra la boca que te van a entrar moscas.- Bromeó Maggie, y súbitamente sintió que su rostro se calentaba de manera abrumadora.
-Ya están todos invitados, Elisa los espera el sábado a las diez en punto en el palacio. –Anunció Harry, aunque Ginny, aturdida y todo lo demás, logró captar un leve dejo de agonía en su voz.- Si llevan regalo, lo dejan en la puerta. Sólo basta con que presenten la invitación.
-¡Que emocionante! – Exclamó Molly.- ¡Oh! Si Arthur pudiera asistir, siempre le han gustado esas costumbres muggles.
-¿Papá? ¿Has sabido algo de él? – Pregunto Ron que estaba desplomado en uno de los sofás, y sostenía en vilo su invitación. Molly frunció los labios.
-Esta mañana hablé con él, pero las comunicaciones a larga distancia por chimenea son algo complicadas y no me llegó su mensaje del todo. Está bien, pero…
Todos quedaron expectantes antes la pausa, pero Molly inclinó la cabeza hacia atrás, como si quisiera tragarse sus palabras. Cuando se enderezó, sonreía con amabilidad, Ginny no había comprendido nada.
-Está bien…- Suspiró ojeando su invitación.- ¡Oh, Merlín! ¡Tengo que comprarme un vestido!
Inmediatamente corrió al segundo piso tan rápido, que haber desaparecido no hubiera servido de nada. Todos en la sala se miraron unos a otros. Ron le dio poca importancia ya que estaba sumergido en su invitación, la cual miraba con asco, pero Vincent y Oswald no parecían desinteresados. Ginny se acercó a ellos y los observó con cautela.
-¿Sucede algo?
Vincent frunció los labios, Ginny nunca lo había visto tan… incomodo.
-Elisa tiene un lugar especial en su corazón para Vincent.- Masculló Oswald por lo bajo tratando de aguantarse una carcajada.
-¿Qué?
Ginny se colocó de puntillas para poder ver el sobre que Vincent tenía escondido debajo del brazo, no vio mucho, pero logró captar unas flores doradas repletas de corazones y mariposas púrpuras.
-Oh… vaya.- Dijo con una sonrisita. No sabía si era por la ironía de que al caballeroso Vincent lo acosará una princesita caprichosa, o por la ilusión de que existiera la leve posibilidad de que ella rompiera con Harry por el mellizo.
-¿Y quée le vamos a regalar? – Preguntó Oswald curioso.
-¿Qué les parece un laxante? – Recomendó Maggie con la mirada soñadora señalando al techo. - ¿Se imaginan qué fiesta?
Ginny le lanzó un cojín del sillón donde estaba sentado Ron, todos reían. La idea no parecía mala después de todo.
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-¿Tiare? – La voz de Emir traspasó el umbral de su habitación apenas éste se asomó por la puerta- ¿Estás bien?
-Lárgate Emir…-. Sollozó la chica, quien lloraba amargamente sobre su cama.
-¿Quieres que lo golpee? – Se ofreció animado golpeándose la palma con un puño, algo similar a una risa se filtró por el sollozo.
-Déjalo así… todo acabó.- Musitó con amargura.
-Ese hijo de pu…
-¡Ya, déjalo! –Le chistó sentándose en su cama. Tenía los ojos hinchados de tanto llorar y su morena piel estaba cubierta de cientos de surcos de lágrimas secas.- No tiene caso discutir por lo mismo.
-Pero mira como te dejó.- Resopló Emir con furia- ¿Qué clase de hombre deja así a una chica? ¡Sólo los cobardes! Si me lo llego a encontrar te juro que…
-¡No jures! ¡Ya basta! – Ordenó levantándose de su cama- Este tema está cerrado, Meng verá que hacer cuando vuelva de China… ¡hay, Dioses! ¿Por qué no oí a Uzume cuándo me lo advirtió?
-Es ruda… pero hay que negar que siempre dice la verdad.- Admitió el chico cruzándose de brazos. Tiare lo fulminó con la mirada.
-Ella no tenía razón al principio… Morgan era… tan… dife…rente… -La voz se le quebró en un sollozo profundo y ahogado. Emir corrió a sentarse a su lado y la afirmó por los hombros.
-Lo siento… - Fue lo único que se le ocurrió decir.
-Hay algo mal aquí.- Trató de convencerse.- ¿cómo me pudo haber engañado? ¡No! ¡Imposible! Él no es así, yo lo sé… yo lo sé.- Lloró, y Emir la afirmó con más fuerza.
-Pero no lo es… te engañó, debes aceptarlo.
-¡No, no, no!
Repentinamente, el sollozo de la chica quedó opacado ante el sonido de una feroz llama ardiente. Ambos levantaron la mirada y se encontraron con un pequeño cometa que se desintegraba sobre la alfombra de la habitación de Tiare.
-Un mensaje…- Masculló Emir con cautela, Tiare hizo ademán de levantarse, pero él ya lo había hecho antes.
-No…- Murmuró. Parecía enfadado cuando llegó al papel y lo recogió antes de que ella lo hiciera- ¿también le diste el anexo del correo mágico?
A Tiare se le volvieron a aguar los ojos, aunque un brillo de esperanza se asomó en ellos.
-Dámelo.- Le pidió, pero él se negó.
-Deja inspeccionarlo antes, no vaya a ser una trampa.- Dijo cortante.
Tiare observó como los ojos del chico seguían la breve inscripción que traía la nota. Su curiosidad aumentó cuando los ojos de él pasaron de lo enfadado a lo anonadado.
-¿Qué? – Insistió impaciente.- ¿Qué dice?
-Vaya que es muy…
Emir le lanzó el papelito y ella lo recibió con ambas manos, aún estaba caliente. Lo leyó con calma, esperando que aquello acabara con su pesadilla y le entregara alguna esperanza de que lo que hubiera oído estaba mal. Sin embargo, su rostro se contorsionó en una mueca de sorpresa.
-Cielos…
-¿Piensas ir? – Le recriminó Emir apoyándose en la pared con los brazos cruzados.
-Yo… no…
-¡Lo sabía! – Le espetó con rabia.- ¡Eres una hipócrita! ¿Cómo puedes siquiera dudarlo? ¡Deberías decirle que no!
-¿Cómo quieres que me niegue a una invitación real? Elisa nos invitó a los dos.
-Y en esa fiesta supongo que estará su padre, dispuesto a asesinarlos a todos.
Tiare repentinamente quedo en silencio, y bajó la mirada humillada. ¿Por qué le gustaba hacerse daño? ¿O lo que en realidad quería era verlo para escuchar su versión y su explicación? Es que algo no cuadraba en todo eso.
-Creo que iré a esa fiesta.- Dijo con fiereza. Emir abrió los ojos como platos y se le desencajó un poco la boca.
-¿Estás… demente?
-Eso creo.- Masculló secándose las lágrimas- Pero es la única forma de saber que se trae entre manos.
-¿Y que te mate, no?
-No puedo estar más muerta de lo que ya estoy.- Contestó abatida, y Emir resopló.
-¡Que cursi! ¡Dioses! –Se alejó hasta la puerta y se giró con ira en sus ojos.- Está bien, ve, entrégate al peligro. Después no te quejes.
Cerró con un fuerte portazo, Tiare pudo oírlo a medida que se alejaba. Se sentó en su cama, aún con la notita en la mano y suspiró.
-¿Qué haré contigo Morgan? ¿Cómo pudiste hacerme esto?
Suspiró nuevamente, y sollozó con suavidad antes de escribir una respuesta en un nuevo papel.
“Ahí estaré. Tiare”
El papel se transformó en una bola de fuego y desapareció frente a sus ojos al cabo de unos segundos.
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La mañana del sábado fue un caos, sobretodo por Molly, quien debía hacerse cargo del gran grupo de chicos que iba a ir con ella a la fiesta de la princesa.
Agradeció a Bill y a Fleur de que la ayudaran a establecer un poco el orden de la casa, sin Arthur la matriarca estaba hecha un caos.
Maggie corría del baño a la habitación de Ginny cada cinco minutos, acarreando diversos vestidos para probarse frente al espejo con distintos tonos de maquillaje. Ginny no creyó que necesitara algo tan elegante como el último vestido que había utilizado el día del compromiso, así que se conformó con uno bastante "sencillo" de color rojo con espalda ancha que Maggie le había prestado.
Y todavía así… se sentía incomoda.
Se contempló frente al espejo de su closet, uno que Maggie no usaba porque lo consideraba muy angosto para poder notar todos los detalles de su aspecto. Se giró un par de veces para mirarse la espalda. Se sonrojó cuando notó que el largo escote de la espalda rozaba con delicadeza la última vértebra de su columna. ¿Por qué Maggie no tenía ropa más…“sobria”? Hubiera deseado colocarse uno azul bastante bonito que era ideal para ir a un coctel, sencillo y sin tanto escote, pero Maggie había insistido en que ella tenía que lucirse más que Elisa. Aunque la idea en sí no le desagradaba, ya que muy adentro aún le guardaba rencor a la princesita, el simple hecho de imaginarse cruzando las puertas de Buckingham con ese vestido le ponía la carne de gallina. ¡Ni siquiera su madre la había visto!
Se giró hacia la izquierda para mirarse el lado derecho. Las tiras del escote no cubrían más que el hombro, dejando al descubierto parte de sus costillas y pecho.
- Maggie se volvió loca si cree que saldré con esto – Murmuró muy bajito mientras se contemplaba. Se giró completamente hasta verse la espalda con más detalle. Exhaló un gemido ahogado cuando se dio cuenta de lo muy ajustado que el vestido se ceñía a su cadera, acentuando ligeramente una parte de su cuerpo que ella estaba segura que no tenía. O al menos, que creía no tener. Sus hermanos solían burlarse de eso. – Definitivamente no puedo salir con esto… - Gimió ahogada.
-Claro que sí.- La animó Maggie entrando a la habitación, Ginny volvió a lanzar un gritito, está vez más ahogado que el anterior. Su amiga llevaba un vestido color púrpura tan ceñido que parecía la piel, tan corto que el muslo dejaba que desear, y tan escotado que estuvo a punto de ponerse a gritar.
-¡No puedes salir con eso! – Chilló exasperada- ¡Maggie, vamos a un palacio! ¡No puedes...!
-¡Claro que puedo! – Dijo contemplándose las caderas- ¿Crees que a George le guste?
A Ginny se le desencajó la boca.
-¿A George? – Preguntó anonadada- ¿De qué va esto?
-¿Crees que le guste o no?
-A la que le debe gustar es a ti, no a él.-Inquirió divertida alzando una ceja. ¿A si que a Maggie le gustaba George?
Maggie bufó molesta y arrancó un largo vestido verde lima del perchero. Corrió fuera de la habitación y Ginny oyó como se encerraba en el baño.
Sonrió para sí misma hasta volvió a recordar lo que llevaba puesto cuando se miró en el espejo. Resopló resignada, ¿qué tan mal podía salir? Después de todo, su amiga se vería mucho más extravagante que ella. Seguramente nadie la tomaría en cuenta.
Para cuando Maggie salió del baño, Ginny ya estaba maquillada. Se había dejado el cabello suelto tras su espalda, quería cubrir en gran parte lo que se veía de ella. Suspiró cuando vio a la melliza, y no pudo evitar sonreír. El vestido sí era más sobrio que el anterior, aunque de igual modo se ceñía al cuerpo de la morena, y le llegaba hasta un poco más arriba de las rodillas. La gran diferencia que separaba lo “tradicional” de lo “osado” era el largo tajo que comenzaba casi en el inicio del muslo de la chica. Ginny curvó la boca en una mueca de burla, era imposible hacer cambiar de opinión a la muchacha.
Maggie tomó su varita que estaba sobre la mesa de noche y apuntó a su cabeza. El ahora corto y despuntado cabello de la melliza se había disparado en todas direcciones, brillando con elegancia y soltura. Definitivamente esta chica tenía futuro si colocaba un salón de belleza.
-Deberías colocarte un labial más fuerte.- Le recomendó Maggie ofreciéndole un cilindro plateado y pequeño de vivo color rojo. Ginny negó con fuerza.
-Si me agrego otro accesorio de color rojo pareceré semáforo.- Bufó, y Maggie alejó el labial de ella retocando su boca.
-Como quieras.
Maggie apretó sus labios varias veces de adentro hacia fuera, hasta que quedaron totalmente rojos y brillantes. Ginny suspiró, pudo sentir como la luz iba disminuyendo a medida que el sol se ocultaba tras las nubes y la colina. La hora había llegado.
-¡Cielos! ¡Mira la hora! –Exclamó Maggie revisando un pequeño reloj de arena sobre la mesita de noche. – Los autos del palacio estarán por llegar.
En efecto, a los pocos segundos que la chica dijo aquellas palabras la voz de Molly retumbó desde el primer piso.
-¡Chicos, la limusina ya está aquí!
Ginny notó una pizca de vergüenza en la voz de su madre al decir “limusina”. Era obvio que no estaba acostumbrada a esos lujos, y probablemente subirse a uno de esos lujosos vehículos la incomodaba.
Se escucharon pasos en el pasillo, probablemente los chicos ya habían salido en dirección hacia las escaleras. Maggie fue la primera en cruzar la puerta, estaba tanto o más entusiasmada que toda la familia. Ginny suspiró, se miró por última vez en el espejo, totalmente avergonzada, y salió con rapidez de la habitación antes de arrepentirse. Lamentablemente, no tuvo tiempo para tomar aire y acostumbrarse a la idea. Justo cuando iba saliendo, se topo con dos ojos que la miraron deslumbrados.
-Ginny...
La manera, el susurro, la forma en la que Oswald pronunció su nombre, contrajo hasta el más pequeño de sus músculos. La piel se le tensó, el corazón se le aceleró, y sintió como el calor inundaba cada fibra de su cuerpo. Aquellos ojos azules la veían con tal fiereza que se olvidó por un momento de dónde estaba parada.
-¡Niños, la limusina está aquí! ¡Ginny, Oswald! –Exclamó Molly desde abajo totalmente eufórica. Ginny parpadeó y agitó la cabeza, Oswald la seguía viendo con los ojos desorbitados y totalmente feroces.
-¿Bajemos? – Preguntó ella tomando aire, Oswald asintió levemente.
No supo como logró caminar, mucho menos delante de él, tratando de aguantar la vergüenza de que le estuviera mirando la espalda. Sin embrago, él parecía tan anonadado que ni siquiera hizo comentario.
Odió estar tan nerviosa, eso la hacía percatarse de todos los mínimos detalles que estaban a su alrededor, como por ejemplo, de un constante pálpito que sonaba como tambor desenfrenado, y que no era su corazón.
¿Tenía que tolerar eso toda la noche?
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Después de pasar terribles minutos al interior de la limusina, por fin llegaron al palacio. No sólo lo pasó mal, sino que también tuvo que sufrir el calvario del reguero de comentarios hacia su aspecto.
Trató de enfocarse en algo que no fuera su familia, pero cuando quiso concentrarse en algo más, tuvo la genial idea de desviar sus ojos hacia Oswald. Su respiración se detuvo cuando pudo contemplarlo bajo la luz de la calle: Con la cabeza apoyada en su mano, el codo sobre el brazo del asiento, y la mirada perdida en el paisaje...
Cielos...
Él se volvió para sonreírle cuando se percató de que lo estaba observando. Ginny contuvo el aliento ante el espectáculo que brindaban sus ojos, jamás la había mirado de esa manera, con tanta.... ¿pasión?
Respiró hondo para tomar aire, y le sonrió de regreso para parecer normal, él se relajó y esbozó una pequeña sonrisa. El brillo había desaparecido. Aunque eso no fue excusa para dejar de mirarlo, bien sabía ella que tanto Oswald como Vincent tenían buen gusto para vestirse, y era que esa chaqueta de color crema, la camisa negra y el pantalón a juego, no ayudaban a que ella pudiera regular su respiración.
Cuando la limusina aparcó en la entrada del palacio, Ginny sintió que su estomago se volcaba. Cientos de periodistas avasallaban la entrada, queriendo conseguir la exclusiva, claro. Recordó con claridad el día del compromiso de su ex novio, y no pudo evitar que todo lo sucedido los últimos minutos en la limusina desapareciera por completo.
-¿Estás bien? – le preguntó Oswald ofreciéndole su mano, Ginny asintió con cuidado. Aquellos ojos podían sanar cualquier herida mientras se mantuvieran dentro de los suyos.
Tomó su mano con cautela y no apartó los ojos de él. Prefería eso a mirar a su alrededor, sabía que los periodistas estarían fijándose en el límite de su vestido, le había sucedido con uno totalmente elegante y sobrio, era imposible que no sucediera con ese.
Caminó con cuidado, desviando sus ojos al suelo, hasta que traspasaron la entrada y suspiró relajada. Sin embargo, al cabo de unos instantes, comenzó a sentir tras su espalda un centenar de luces luminosas, ambos se giraron con fuerza. Resopló.
Maggie estaba posando ante los camarógrafos junto con George, era obvio que gozaba con la atención que los muggles le prestaban. Lanzaba besos, curvaba la pierna para mostrar el tajo del vestido, y hacía gestos similares a los de un fan del rock. George no se quedaba atrás, puesto que la secundaba con cada gesto que hacía.
Sintió la mano de Oswald tirando de ella, y se giró rodando los ojos, Maggie era imposible.
Caminaron por el largo pasillo que llevaba hacia la entrada misma del edificio, y en cuya puerta se situaba una escalera de caracol que descendía hacia un gran salón. Pero se tuvieron que detener en cuanto un gran y musculoso guardia de seguridad les sugirió con gesto amable que se desviaran hacia otra entrada, una que llevaba hacia otro de los salones.
Molly y el resto de la familia se unieron con ellos inmediatamente, y juntos siguieron un largo camino de pierda rodeado de bellos arbustos recortados con formas redondeadas. El frío comenzaba a colarse, el lugar estaba cubierto por una gran carpa blanca, pero era inevitable sentir el peso de la nieve contra las paredes. Inconscientemente Ginny se llevó los brazos al pecho.
-Te estás congelando.- Era una afirmación. Ginny asintió, y Oswald pasó su brazo, pero no por los hombros, sino, por la cintura, y la atrajo hacia él.
Un escalofrío recorrió su espina dorsal, congelándola hasta la medula. Aquella descarga eléctrica era terrible, hubiera preferido mil veces el frío.
Caminaron en silencio, o al menos eso creyó Ginny, ya que al final de la carpa se abría paso una enorme puerta de roble del cual se oían gritos de admiración y emoción. Los chillidos y la música proveniente del interior del salón opacaban cualquier voz del exterior. Fue imposible evitar una ola de pánico, aquel lugar estaba atestado de gente, y probablemente, debería encontrarse la cumpleañera, y si la princesa estaba ahí, por ende... su novio. Suspiró. ¡Que larga noche sería!
Se detuvo un instante frente a la puerta. Dos enormes guardias cuidaban la entrada. Oswald les mostró las invitaciones, e inmediatamente se hicieron a un lado para dejarlos pasar. Agradeció de todo corazón que fueran ese tipo de mastodontes rudos que sólo miraban al frente, porque ninguno se fijó en ella.
Cuando puso un pie dentro del salón, lo primero que hizo fue abrir los ojos con mesura. Eso no era un salón de baile, ni mucho menos de fiesta, ¡era una cancha de basketball! Las gradas se erguían en ambos lados del suelo de madera, dónde cientos de invitados muy bien vestidos vitoreaban a una persona que estaba en medio de la cancha. A Ginny le costó reconocer quien era, puesto que llevaba una máscara negra que cubría su rostro y vestía totalmente de blanco.
-¡Vaya! –Escuchó a sus espaldas. Se giró para ver quien exclamaba y se topó con el rostro iluminado de Vincent, del cual por cierto, aún no se acostumbraba a ver con el cabello corto.
-¿Qué sucede? – Gritó por encima de la música y los vítores, su madre y sus hermanos parecían haber reconocido perfectamente la situación.
-¿No reconoces los uniformes Ginny? – Le preguntó Vincent aumentando su voz, la aludida se giró para contemplar la escena. La verdad era que jamás había visto un uniforme como aquel, pero algo le sonaba familiar en la postura de la figura.
-No.- Admitió.- No sé qué es.
-Es un duelo de esgrima.- Explicó Molly con sorpresa.- Creí que habían dejado de hacerlos hace años.
-¿A qué te refieres? – Preguntó nuevamente alzando la voz, su madre sonrió.
- Era una antigua tradición de la realeza...- Le dijo gritando y colocando una mano al lado de su boca para opacar el ruido.- Normalmente se hacían para que el príncipe de una generación se hiciera hombre si ganaba un duelo. Está claro que las tradiciones han cambiado.
Ginny parpadeó incrédula mientras se giraba para ver a la figura vestida de blanco, pero ésta ya había adquirido una posición en guardia, parecía dispuesta a atacar a alguien. Entonces, un chico que le bloqueaba parte de la cancha se hizo a un lado, y pudo observar a otra persona que vestía solamente la chaqueta blanca y la máscara, puesto que las piernas estaban cubiertas por un elegante pantalón.
-¿Por qué dices que han cambiado? – Preguntó nerviosa, algo no andaba bien.
-Porque la persona que está totalmente de blanco, es una mujer, cielo.- contestó Molly con dulzura apuntando a la silueta blanca, que, en efecto, tenía más curvas de las que un hombre podría poseer.
-Oh, vaya...- Murmuró. No entendía porque aquello le daba una mala espina.
-Será mejor que nos sentemos.- La voz de Ron resonó ronca por encima de sus cabezas. Ginny se giró y siguió el dedo de su hermano que apuntaba directamente hacia unas gradas vacías, dónde una chica con un frondoso moño sobre su cabeza suspiraba aburrida mirando la pelea.
-¡Hermione! – exclamó entusiasmada, se había olvidado de que su amiga también estaba invitada a la fiesta.
Corrió hacia ella olvidándose de su ajustado vestido; también trató de pasar por alto algunos giritos de chicos que esperaba que no fuesen dirigidos a ella.
Hermione levantó la cabeza apenas se percató de las cabelleras pelirrojas que corrían hacia ella, y sonrió contenta.
-¡Que linda estás! – La admiró Ginny al sentarse a su lado. Hermione, como ella, no era glamorosa, le gustaban los vestidos de gala sencillos, y esta no era la excepción, aunque extrañamente no sabía cómo hacía para que luciera mejor que ella.
-¿Y qué me dices de ti? – Dijo abriendo los ojos como platos al notar la espalda desnuda de su amiga.-No te conocía esos gustos.
Poco le duró la emoción. Estaba dispuesta a explicarle la historia de Maggie cuando una persona sentada al lado de su amiga se inclinó para saludar a los Weasley.
-¿Ginny? – La voz de Harry sonó sofocada. Hermione apretó los labios contrariada, el chico observaba a la pelirroja con los ojos tan abiertos que los nervios se le pusieron de punta.
-Hola.- Saludó tratando de parecer fría. La verdad era que no quería que nadie la quedara viendo como un bicho raro, aunque debía admitir que le gustaba haber causado esa sensación en Harry.
-Deberías cubrirte... esto es una fiesta elegante.- Murmuró con frialdad. Hermione le dio un golpe con el codo que le quitó el aire, y Oswald rió.
Ginny apretó los labios y bajó la mirada. Se sentó en una de las gradas con cuidado de que no se le subiera el vestido por los muslos, y que no se le bajara de la espalda. Estaba realmente incomoda, aunque podía jurar que Harry de vez en cuando la veía de reojo.
-Harry, cielo.- Lo saludó Molly dándole un sonoro beso en la mejilla, él se sonrojo, como siempre, pero no por vergüenza. Aún no se acostumbraba a recibir tal afecto por parte de la mujer.
-¿Cómo estás Molly?
-Se te ve cansado, cielo.- Le refunfuñó.- ¿Estás bien?
-Claro.- Dijo él con una amplia sonrisa.- Sólo un poco nervioso.
-¿Por qué? – Preguntó sobre preocupada, y Ron, que se había sentado tras Ginny resopló.
Ginny también se interesó por saber la respuesta, y no fue la única, todos lo miraban expectantes, ya que la figura en el centro de la cancha aún no comenzaba a pelear, razón por la cual el interés se enfocaba en el chico.
No necesitó palabras tampoco para contestar. Inmediatamente Molly formuló su pregunta la pelea empezó. La figura blanca era ágil, rápida, parecía que volaba como una pluma. Su rival ni siquiera tuvo tiempo para defenderse, exceptuando un par de estocadas para evitar que la punta de la espada de la figura golpeara la marca roja de su pecho.
Ginny no tardó en parpadear más de diez segundos, cuando repentinamente el rival yacía en el suelo. Harry profirió un aplauso y un chiflido eufórico, Hermione lo miró de reojo, y ella se estremeció.
Molly frunció el ceño, Bill, Charlie, Vincent y Oswald parecían anonadados con lo que acababan de ver.
-¡Que destreza! – Oyó Ginny murmurar a Vincent.- ¡Espectacular!
-Fantástico.-Le siguió Charlie totalmente pasmado.
-Te lo dije.- Le dijo Harry a Hermione, como si ambos compartieran alguna información que ella desconocía.
-¡Bah! Vincent es mejor.- Se oyó la voz de Maggie por encima de sus cabezas. Se había sentado en lo alto de las gradas junto con Fred, George y... ¿Angelina?
-Gracias hermana.- Contestó el aludido agradeciendo el cumplido, entonces se dirigió a la chica morena que estaba al lado de Fred.- Oh, Mucho gusto, Vincent Floy.
-Angelina Jonson.- Contestó Angelina con su voz rítmica y entusiasta.- Sí sé quienes son, un placer conocerlos por fin.
-Es muy simpática...- Comenzó Maggie, pero Ginny ya no tenía oídos para la melliza, su vista se había posado imperiosamente en la cancha de pelea. Un fuerte aplauso proferido por los invitados, que eran más de doscientos, estallaron cuando la figura se quitó la máscara.
-¡¿Qué?! – Exclamó histérica. Su voz aumentó de tal manera que toda su familia calló de inmediato.- ¿Elisa es la esgrimista?
-Es la campeona de Gran bretaña.- Le dijo Harry levantando los hombros, y le molestó oír una pizca de orgullo en su voz.
-No puedo creerlo...- Murmuró sin cerrar los ojos. Entonces, una extraña ráfaga de aire la sacudió, pero… el lugar estaba cerrado.
No sabía que había sucedido, pero una ira increíble se apoderó de su estomago, como si hubiera alguna injusticia en el aquel juego. ¿Cuál era la idea de hacer lucir a la cumpleañera humillando a los invitados y tal vez amigos? Alguien debía darle una lección.
Sí, tal vez eran los celos... Pero no se iba a quedar sentada.
Como si sus deseos hubiesen sido escuchados, la voz de un hombre retumbó en las paredes del recinto. Utilizaba un megáfono, y aquello le extrañó. Era totalmente fuera de lo común mezclar ambas culturas, mágica y muggle. Aunque al parecer, era mejor mantener las apariencias.
- La última ronda de la noche, ¿estás lista para uno más querida mía? – Le preguntó el hombre a Elisa, la cual se agitaba levemente a causa del cansancio. Aquel sujeto se parecía tanto a ella que no cabía dudas de que era su padre, el futuro rey. Su impoluta barba y traje azul lo hacían digno de la corona. Tenía toda la pinta de un monarca.
-Por supuesto...- Dijo entusiasmada asomándose al Megáfono- ¿algún valiente qué quiera perder esta noche?
La ira volvió a apoderarse de Ginny, no escuchó ningún otro ruido después de que ésta se alojó en su estomago. No iba a dejar que Elisa se saliera con la suya... después de todo, Vincent había sido un buen maestro.
Impulsada como por una aguja se levantó con todas sus fuerzas del asiento, llamando la atención de los invitados que estaban cerca de ella. No le importaron las miradas, y tampoco se percató del grito de su madre que exclamaba algo similar a un “¿qué haces?”. La mano de Oswald se aferró con fuerza a su brazo, tirando de ella, pero ni siquiera lo sintió.
Juntó aire, la ira estaba poseyéndole todo su cuerpo. Aspiró con profundidad para apaciguar el fuego, y con una mueca socarrona, gritó:
-¡Yo lo haré!
Todos los invitados se giraron a la pequeña pelirroja de escotado vestido que se hacía paso a través de las gradas para llegar a la cancha. Los ojos de Elisa estaban desorbitados, y algunos chiflidos de admiración reverberaron en el lugar. Ni siquiera se sonrojó, estaba demasiado enojada. Quería derrotarla.
-¿Tú? – Jadeó Elisa. Al parecer la ira de la chica se irradiaba por todos sus poros, porque la princesa no podía estar más aterrada.
-¿Tienes algún problema? – Le espetó cruzándose de brazos.
-¿Haz tomado un florete alguna vez? – Inquirió tratando de mantener la calma mientras alzaba su símil de espada.
-No.- Admitió Ginny, Elisa sonrió con burla.- Pero he alzado espadas.- agregó con egolatría alzando una ceja. ¡Pero que bien se sentía humillarla!
-Oh... – Pareció pensarlo un momento, vaciló, hizo un movimiento con la cabeza, y levantó los hombros, indecisa.- Bien... entonces... colócate tu... Armadura.
Ginny siguió las órdenes, pero no era ella quien se movía sino que su cuerpo. Caminó en dirección hacia el atuendo que le tendía el rey, o futuro rey. Se sintió un poco intimidada, y su ira bajó unos escalones cuando le sonrió con amabilidad. Parecía un hombre muy amable, no se acercaba ni pizca a Elisa, excepto en lo físico: el cabello y los ojos azules.
-Gracias.- Musitó cuando tomó la máscara y la chaqueta.
-Aquí está el florete.- Le ofreció el rey entregándole una espada muy fina y redondeada que se curvaba por el peso.
Ginny se colocó con rapidez la chaqueta y la máscara. Unos abucheos se oyeron de una de las esquinas, parecían voces masculinas, y no pudo evitar sonrojarse. Ahora que tenía la mente más centrada podía reconocer los ruidos. Los chicos de la fiesta le estaban gritando cumplidos que no eran nada inocentes. Por suerte tenía la máscara, sino, se le habría notado su cara encendida por la vergüenza.
Recibió el florete que le ofrecía el hombre y se colocó en el mismo lugar dónde había estado hacía unos instantes el último competidor. Suspiró, Elisa ya estaba en guardia.
Como si fuera una película, repasó todas las lecciones de lo que Vincent le había enseñado en menos de un segundo. Colocó un pie delante de otro, flexionó la espalda hacia atrás, levantó el mentón, alzó el florete con una mano, y la otra la colocó en su cintura. Mirándolo de ese modo, estaba segura de que su posición se veía mejor que la de Elisa. Sonrió con suficiencia, y nuevamente agradeció que tuviera la máscara puesta.
-Bien hija… este…. ¿Cómo te llamas?
-Ginevra.- Contestó Ginny con amabilidad al rey, él sonrió.
-Bien, Ginevra, las reglas son las siguientes: Tienen diez minutos para desarmar a la oponente. Después de tres estocadas, si no hay un derrotado, se toma como ganador al que más ha apuñalado al otro. Ahora, si alguien cae al suelo y es derrumbado, entonces se toma como ganador al desarmador. ¿Está claro?
-Perfecto.- Masculló Ginny entre dientes, ¡que ganas tenía de desarmar a la princesa esa!
-¿Lista, entonces?
Ambas asintieron con la cabeza mientras el rey se alejaba y se ponía al borde del círculo que marcaba la cancha. Ginny contó los segundos, y después de cinco, sonó una campana. Elisa se lanzó sobre ella con un movimiento tan rápido que ni siquiera la vio venir. Se alejó con rapidez recordando el movimiento de pies que Vincent le había enseñado, tratando además, de no levantar mucho las piernas para que no se le corriera el vestido ¡Menudo lío vestirse así para una pelea de esgrima!
Sin embargo, no había ni siquiera dado su primera estocada cuando sucedió algo inesperado.
Su mente se borró, la imagen que tenía frente a ella se difuminó, y lo primero que pasó delante de sus ojos fue el vivido rostro de un hombre calvo vestido con un traje de acero forzado. El hombre se acercó dando grandes zancadas en su dirección, apuntando una gran espada con incrustaciones manchada de sangre. Todo a su alrededor se quemaba, era un incendio voraz que consumía hasta los árboles. El humo le opacaba la vista, no podía comprender bien la escena.
Se hizo a un lado antes de que el sujeto le clavara la espada, entonces sintió algo pesado en una de sus manos. Inclinó la cabeza, una espada un poco más pequeña que la del hombre, pero lo suficientemente filosa para defenderse, descansaba bien aferrada a su palma. Ginny agitó la cabeza, de repente todo se alejó, como si alguien hubiese apretado el Zoom out de una cámara de video muggle. Ella estaba flotando, o algo por el estilo, ya que podía ver con toda claridad la escena desde atrás. Una mujer de largos rizos negros y con el regazo cubierto de sangre, peleaba contra aquel sujeto. La espada que había visto en sus manos eran en realidad la de la mujer, y ahora ella estaba viendo todo como una mera espectadora. Nacet levantó la espada y atacó al hombre con un movimiento tan rápido que la impresionó, era sumamente ágil. El hombre dio un salto, pero ella fue más rápida. Ni siquiera se dio cuenta en qué momento la espada salió volando, ya que en un simple parpadeo, el arma incrustada de diamantes pasó volando por su lado, clavándose en la tierra. Nacet estaba de pie frente al cuerpo del hombre de espaldas al suelo, apuntándolo con la espada a pocos centímetros de su pecho.
Ginny jadeó, sabía lo que ella iba a hacer, levantó la espada y…. Gritos, abucheos, exclamaciones, miles de aullidos llegaron a sus oídos. Volvió a agitar la cabeza, volviendo a la realidad, se percató de que la pelea había terminado. ¿Qué tan mal le había ido? Trató de agarrarse el vestido por si estaba tendida sobre el suelo, pero se impresionó cuando se encontró de pie… con el florete apuntando a pocos centímetros de la marca en el corazón de Elisa, la cual yacía en el suelo.
Se sacó la máscara sólo para poder ver mejor la escena, no podía creerlo. ¡Había ganado!
Elisa también se quitó la máscara, estaba roja por el calor y el cansancio, y también por la ira, nadie la había derrotado en años. Ginny tragó saliva, se sentía eufórica, no sabía que hacer. Miró a su alrededor, y vio el florete de la princesa a al menos cinco metros de distancia del cuerpo de su dueña, la felicidad volvió a crecer. Entonces, recordó lo que faltaba.
Se acercó con cuidado, quería parecer profesional, agitó su cabello para quitárselo de encima, y apretó la marca del pecho de Elisa.
-Touche. –Pronunció lenta y suavemente, para ver la expresión de dolor y humillación en el rostro de la niña.
El rey se acercó por su lado, ni siquiera lo había visto. Se quitó la chaqueta y se la entregó junto con el florete, al tiempo que éste comunicaba, algo contrariado, la victoria de Ginny.
La cancha entera chilló en vítores, aplausos y halagos. Ginny se sonrojó y trató de sonreír. Su familia y amigos se acercaron a saludarla, Vincent parecía ser el más orgulloso.
-¡Estuviste f-a-n-t-á-s-t-i-c-a! – Pronunció extasiado, y ella le sonrió con ternura.
-Tuve el mejor maestro.- Contestó, y los ojos de Vincent brillaron.
-Jamás había visto algo como esto.- Exclamó Oswald abrazándola con fuerza. Sintió que la adrenalina y euforia de la victoria se estaban convirtiendo en algo demasiado poderoso para evitar cometer una locura ahí mismo.
- la verdad, no sé cómo lo hice.- Confesó.- Pero me agrada haberle ganado a esa… mosquita muerta…- Murmuró sólo para que él, y Hermione que estaban cerca, la escucharan.
-Has metido la pata hasta el fondo.- Masculló Hermione cuando se dirigió a ella para felicitarla, o al menos eso creyó Ginny, ya que se apartó de su amiga al oír tales palabras.
-¿Por qué lo dices? Creí que estarías contenta.- Le dijo impresionada y sentida, Hermione suspiró con una sonrisa.
-¡Claro que sí! Se lo merecía. No me había divertido en todo este rato, hasta que te metiste en la boca del lobo.- Dijo curvando una mueca con su boca.- Lamentablemente, tu duelo no duró más de dos minutos.
-¿Qué? – Jadeó Ginny, juraba que habían sobrepasado los diez.
-Estuviste fantástica realmente. Te moviste con una velocidad espeluznante, no parecías tú, tus ojos estaban fijos en un punto indeterminado, era como si quisieras asesinar a Elisa.
Ginny parpadeó, no estaba del todo mal la teoría de su amiga, pero claramente no lo haría frente a mil personas. ¿Tenía la mirada perdida dijo?
-¿Y por qué dices que metí la pata? ¿Qué hice mal?
Hermione suspiró con tristeza y tomó a su amiga por los hombros para girarla hacia dónde estaba Elisa… y Harry.
A Ginny se le desencajó la boca, ella lo besaba apasionadamente, seguramente, como premio de consolación.
-Sé que te dije que era mejor cambiar de camino y buscar el tuyo, porque este era una causa perdida.- Explicó Hermione con tristeza al ver la expresión de dolor de Ginny.- Pero en algún momento creí que este matrimonio no funcionaría, y es por eso que creo que metiste la pata… A Harry no le ha gustado nada que le hayas ganado a Elisa.
-¿Quieres decir que habías previsto una esperanza? – Los ojos de Ginny se habían puesto brillantes. Hermione levantó los hombros.
-Estuve hablando con él antes de que llegaran, y no paraba de decir cosas contra Elisa, lo cual me sorprendió. La verdad, es que no parecía nada entusiasmado con la idea de casarse con ella… hasta que…- Hermione lo pensó por un momento y luego curvó las cejas, escéptica hacia su amiga.- Hasta que… llegaste tú.
-¿Cómo? – Inquirió atónita, pero Hermione no alcanzó a contestar, justo en ese momento Molly, Bill, Charlie, Percy, los gemelos, Maggie, y Angelina, habían llegado corriendo para felicitar a la pequeña Wesley campeona de Esgrima.
-¡Genial!
-¡Fantástico!
-Si tu padre pudiera haber visto esto, ¡Merlín!
-¡Impresionante!
-¡Maravilloso!
-¿Me das tu autógrafo?
Ginny sonrió avergonzada y no dijo nada, prefería ahorrase las palabras, el comentario de Hermione la había dejado atontada. Desvió sus ojos de soslayo para mirar hacía Harry y Elisa, pero ya se habían ido. Suspiró.
-Muy buen espectáculo comadrejita.
La voz arrastrada y el frío timbre la hicieron girarse con brusquedad. Malfoy, vestido tan elegante como siempre, con un fino smoking negro, la miraba desde atrás. No pudo más que devolverle una sonrisa molesta, aunque cuando sus ojos repararon en Katerina, no tardó en sonreír.
-¡Oh! ¡Hola Katerina!
-Gran actuación, ¡eres increíble! – La felicitó con timidez, y Ginny asintió agradecida. – Por cierto, te ves muy bien.
-Algo bueno que tenga esta familia, ¿no? – Alardeó Malfoy con tono de burla, todos lo quedaron viendo enfadados, menos Ron.
-Ya, no molestes Hurón.- Le espetó con sorna, y ambos se dieron un abrazo… demasiado amistoso para ser real.
-¿Cómo es que no se te ha levantado el vestido en medio de la pelea? – Preguntó Katerina curiosa, y Ginny sonrió incomoda, ¿Cómo le iba a explicar que mientras estuvo peleando había entrado en un trance casi posesivo? Que no era ella la que peleaba.
-Suerte, creo…- Contestó con la voz aguda y una risita tonta.
-Damas y caballeros, su alteza real, Elisa Parkerville, los espera en el salón principal, primer edificio. Disfruten de la velada.
Ginny reconoció inmediato esa voz. Era del chambelán que los había recibido el día del compromiso. Lo trató de buscar entre la multitud, ya que era muy bajito, pero no lo vio por ningún lado.
-¿Vamos? Muero de hambre.- Oswald le ofreció su mano y ella se la tomó sin pensar. Quería salir de ahí, necesitaba aire.
Volvieron por el camino de piedra, dónde la carpa se situaba para poder evitar el paso del frío. Ginny iba adelante con Oswald, con la mirada perdida y la cabeza en todas las cosas que le habían sucedido durante ese rato. Se giró gracia atrás, sólo para ver quienes venían. No le impresionó ver a George abrazando a Maggie por la cintura, aquello se veía venir, además, le agradaba la idea de tenerla como cuñada.
Sus ojos recorrieron la larga fila a sus espaldas. Todo estaba bien, todos venían tras ellos, excepto por algo que captó su atención: Hermione y Ron estaban demasiado juntos, parecía que la pelea entre estos dos había acabado, aunque siguiendo el movimiento de los labios de Ron, parecía que éste le daba algún tipo de explicación a su amiga. Hermione de vez en cuando hacía pucheros y resoplaba, típico de ella. Creyó que podía ser a causa de Malfoy, pero él y su novia no venían en la fila, se habían separado del grupo.
Cuándo llegaron al salón principal, ese que Ginny ya había conocido, el mundo se le vino abajo. La escalera del caracol, el salón atestado de gente, Elisa y Harry al centro de todos los espectadores.
Los periodistas no dejaban de acecharlos, aunque Harry parecía verse muy a gusto abrazando a Elisa y besándola a cada instante. Ella parecía extasiada. Era como si Harry nunca se hubiera comportado así.
Ginny sintió un nudo en el estomago, tanto, que cuando llegó al salón la angustia se expandió por todo su cuerpo. Harry acababa de inclinar a Elisa hacia atrás, besándola con pasión desmesurada. Un gritito ahogado escapó de sus labios, tenía tan poco aire en los pulmones que apenas fue audible. Oswald la miró.
-¿Estás bien?
Ginny no se había dado cuenta, pero su mano se apretaba con fuerza en torno a la del chico. Le devolvió la mirada con los ojos tristes, y se soltó de él, alejándose de ahí con rapidez.
-¡Ginny!
Avanzó rápido, ya que no podía correr, no con ese vestido. Se hizo espacio entre la muchedumbre de invitados, atrapando en su paso exclamaciones osadas de los hombres hacia su persona. No le importó. Llegó hasta el límite del salón dónde se expandía una larga mesa repleta de bocadillos. Sus ojos la recorrieron con rapidez, hasta que encontró lo que buscaba. El mozo que estaba del otro lado la quedo viendo con aire desconcertado, pero ella sólo se limitó a rogarle.
-Llénelo.- Le pidió apuntando un vaso y la fuente de ponche.
-¿Señorita?
-¡Llénelo! – Le ordenó. El mozo masculló algo por lo bajo, pero estaba tan desorientada que no le importó. A penas el hombre puso el vaso en sus manos se lo llevó a la boca y bebió el alcohol sin tomar aire.- ¡Otro!
El mozo abrió los ojos impactado, aquella pequeña chiquilla frente a él parecía tan desesperada que no se le ocurrió como negarle la petición.
-¿No cree que debería...?
-¡Otro, le dicen!
Ginny apretó los labios, el hombre comenzó a rellenarle el vaso, aunque lo dejó hasta la mitad, por precaución. Ginny lo agitó, impaciente, hasta que él le agregó un poco más.
Nunca le había gustado el alcohol, aunque sí sabía por sus hermanos que era la solución perfecta para olvidar malos ratos. Lo hacían todo el tiempo con sus bromas para mayores de dieciocho, cargadas con licor. Era la única forma de evadir a Mcgonagall cuando los interrogaba. Si fingían no recordar, era mejor.
Inhaló aire, percibió el oloroso aroma del ponche y frunció los labios. Se llevó el vaso a la boca y lo volvió a tragar todo de un solo sorbo.
La garganta le vibró, el vino hacía de las suyas en las paredes de su cuello, le ardía todo. El primero había causado la misma impresión, pero estaba tan inmersa en sus pensamientos que procuró no tomarlo en cuenta. El segundo fue sin dudas más fuerte. Hasta su estomago reclamó piedad. Cerró los ojos esperando que pasara el efecto, y se enfocó en su mente para ver si visualizaba algún recuerdo de lo que acababa de suceder. Sí, en efecto. Harry seguía en su mente tan vivo como una fotografía. ¡Tenía que olvidarse de lo que había visto!
Volvió a extender el vaso, pero esta vez el mozo la regañó.
-Lo siento, políticas de la empresa.- Gruñó.- No puedo darle exceso de licor a los alcohólicos.
Se alejó con rapidez dejando a Ginny con el brazo extendido. ¿Pero qué clase de empleado era que no complacía al cliente? No importaba, lo haría ella misma. Se comenzó a servir otro vaso, el cual lo vació tan rápido como lo llenó. Y así siguió hasta el cuarto.
Repentinamente la habitación comenzó a darle vueltas, su estomagó empezó a enviar señales de auxilio a su cerebro cuando previno un desmayo. Ginny se tambaleó y se agarró a la mesa, todo se movía, el suelo le parecía sumamente gracioso porque se deslizaba como un tobogán bajo sus pies. Comenzó a reír, sin saber porqué. El beso había desaparecido de su mente. ¡Por fin!
-¡Ginny!
Oswald llegó a ella poco antes de que ésta se desplomara contra el suelo. La agarró por los brazos, ella alzó la vista y se encontró con esos ojos azules que recordaba por alguna extraña razón.
-¿Qué rayos has hecho? ¡Yiak! ¡Apestas a vino!
-¿Sabías que erres muy rindo cuando te enojaz? – Le coqueteó agarrándose a su cuello para no caer. Los ojos de Oswald se desorbitaron cuando ella se apoyó contra su pecho para enderezarse.
-Ginny, estás ebria...- Murmuró preocupado, aunque el corazón le latía con fuerza.
-Sólo tome, un poqui... quito... ¡hic!
Ginny se enderezó y se afirmó con sus manos al cuello de él para verlo mejor. Sintió que sus mejillas ardían, pero no tenía claro si era por el exceso de ponche o por la adrenalina.
-Deberías tomar aire.
Oswald la acarreó hasta unos ventanales que daban a un gran jardín posterior, también encarpado. Algunos invitados conversaban y bailaban en los alrededores, mientras que otros conversaban cerca de una gran piscina.
-Respira Gin... respira.- le aconsejó, pero ella no dejaba de mirarlo.
-¿Por qué? – le preguntó, y Oswald parpadeó.
-¿Por qué, qué?
-¿Por qué no puede ser? ¿Me quieres, no?
Ahora era Oswald el sonrojado. Pero, para su mala suerte, no podía aprovecharse de una ebria.
-Claro que sí...- Le contestó desviando la mirada.- Sabes que sí.
-Entonces, ¿por qué?
Ginny se enderezó totalmente, y volvió a rodear el cuello de él con sus manos, el aire le había despejado un poco la mente. No sabía que estaba haciendo, pero le gustaba sentirse así, tan... valiente.
- No te entiendo.- Le dijo él afirmándole un brazo con la intención de bajárselo. La miró con una sonrisa, ella lo veía de manera dulce y enternecedora.
-¿Por qué no podemos ser felices?
Se impresionó a si misma por sus propias palabras. A pesar de estar bajo los efectos del alcohol, aquella osadía de su parte no dejaba de ser atípico en ella. Se sonrojó al procesar bien sus palabras. A Oswald le brillaron los ojos.
-Creo que sí podemos serlo.- Contestó con sutileza y bajando la voz.- Sólo hay que buscar a la persona correcta
Ginny cerró los ojos con dolor, había olvidado que su persona correcta estaba dentro del palacio besando a la princesa. La mano de Oswald rozó su mejilla con cuidado, y ella abrió los ojos, entonces entendió ese brillo.
¿Por qué no podía ser feliz con Oswald? ¿Qué acaso él no era perfecto?
Una euforia que no se parecía en nada a la que había sentido en la cancha se disparó por sus venas hasta llegar a su cerebro. La adrenalina se apoderó de su cuerpo y corazón.
Los ojos de él, ¡eso era! Eran la perfecta excusa, la perfecta explicación, los ojos de él no podían decir menos de lo que sentía. Ella lo había oído, lo sabía. ¡Él la amaba! ¿Y ella? ¿Qué acaso ella no lo quería?
Estaban ahí, juntos, solos, en medio de una multitud de desconocidos. Pero no les importó. Pudo oír los latidos de su corazón, estaban tan desbocados como los de ella. Claro, por supuesto que lo quería. ¿Qué mejor prueba de aquello que lo que estaba ocurriendo? Era el único que estaba ahí, soportando su embriaguez, cuidándola, protegiéndola, como hace cuatro años. Él jamás se apartó de su lado, nunca.
¡Él era! ¡Claro que lo quería! ¡Y le gustaba!
Se acercó con cuidado, avanzando torpemente, ya que con suerte él lograba sostenerla. Intentó ser suave, no muy violenta debido a su mareo alcohólico. Oswald parecía nervioso, había captado el movimiento y la determinación en los ojos de su protegida, y ahora era él quien estaba sudando. Ginny dio un paso más, y él, aguantando el peso de ella en su pecho, trastabilló.
Fue en un abrir y cerrar de ojos, tan rápido, que apenas se dieron cuenta cuando cayeron dentro de la piscina. Ginny sacó la cabeza urgida por aire, y buscando a tientas algo a qué agarrarse. Oswald ya había sacado la cabeza cuando ella alargó un brazo para encontrar la orilla. Logró abrazarla por la cintura para evitar que volviera a hundirse. Pero algo extraño había ocurrido. El olor a alcohol había desaparecido, y no se sentía mareada, Oswald rió divertido.
-Debe de ser una trampa para los ebrios que se caen al agua. Tiene una poción revitalizadora.- Explicó riendo. Ginny, avergonzada, le secundó la risa totalmente colorada.
-Cuanto lo siento...- Murmuró.- ¡Que vergüenza!
-Despreocúpate.- Le murmuró muy cerca.- Para algo existen las varitas, estaremos secos en un segundo.
Ginny sintió que el aire se le detenía, había olvidado como se respiraba. El rostro de Oswald estaba tan cerca del suyo que sus narices se rozaban. Ni siquiera se habían dado cuenta de que con la caída habían atraído una gran cantidad de curiosos. Ahí sólo existían él, y ella.
Su cabeza trató de procesar la información con rapidez. La situación, totalmente empapados y dentro de la piscina.
Se ve tan lindo con el cabello empapado...
-¿Estás bien?
Suspiró, era la décima vez que le preguntaba lo mismo. Quería responder, pero también sabía que existía sólo una oportunidad para acabar con todo aquel suplicio.
Inconscientemente se aferró con las uñas a su camisa, elevándose un poco gracias a la gravedad del agua para quedar mucho más cerca de él y a la altura de sus ojos. Él no se resistió, sujetó sus manos a su cintura con fuerza, como si temiera que volviera a hundirse.
Ginny jadeó, y él suspiró suavemente. Aquello bastó para volverla loca, el sabor de su aire era suave, dulce y cálido, era embriagador.
Las palabras de Maggie y Hermione acudieron como balas a su cabeza:
“Date una oportunidad”
Y tenían razón. ¿Qué caso tenía esperar a Harry si se iba a casar? ¿Y qué caso tenía dejar esperando a Oswald, si estaba ahí, entre sus brazos? No lo toleró más. Él la apretó contra su cuerpo, y ella exhaló el resto de aire que le quedaba. Fue un rápido segundo en el que ella contempló sus ojos, esos ojos que ardían con pasión, con deseo... con... ganas de besarla.
Ella libró sus uñas, y en un descontrolado acto locura se aferró a su cuello con fuerza y unió sus labios con los de él en un beso desesperado.
Él se lo esperaba, ciertamente, porque sintió sus uñas clavársele en la espalda y la cintura. ¿La deseaba tanto como ella a él?
Al parecer sí. Jamás perdonaría haber dejado pasar tanto tiempo antes de besarlo. Sus labios eran suaves, cálidos, esponjosos, ardientes. Encajaban a la perfección con los de ella. Seguían el mismo ritmo, y se abrían con la misma excitación. ¡Era fabuloso! ¡Exquisito!
Pero la fiesta no duró mucho.
El sonido del vidrio chocar contra el suelo bastó para que ambos se separaran. Fue un movimiento brusco, pero a la vez tan lento y delicado que sólo ellos pudieron percatarse. Oswald había subido la mano hasta su cuello cuando cortaron el beso de manera abrupta. Jadearon tratando de inhalar aire, y entonces se giraron para ver que había sucedido.
Media fiesta los estaba observando con curiosidad y burla. Ginny se olvidó de los extraños y buscó rápidamente a su familia. De hecho, estaban ahí, en primera fila. Hermione y Maggie parecían radiantes, todo en ellas decía con letras mayúsculas un “te lo dije”. Ron estaba tan o más pasmado que Molly, los cuales claramente compartían el mismo pensamiento: Era algo que se veía venir, pero podrían haberlo hecho fuera de la piscina y en una cita. Charlie, Bill, Percy y los gemelos no hacían más que abuchear como mulas, mientras que Malfoy los acechaba con la mirada llena de esa mueca burlona tan típica de él. Sin embargo, cuando sus ojos siguieron recorriendo más allá, se encontró con el dueño del vaso quebrado. Sus pupilas se dilataron cuando se vieron directamente a los ojos. Harry estaba de pie, con Elisa a su lado, sin abrazarla, y con la boca desencajada con una expresión que mezclaba ira con desconcierto. O al menos, eso parecía.
Sonrió aliviada para sus adentros cuando sintió que el brazo de Oswald se ceñía a su cintura bajo el agua, y la empujaba levemente para ayudarla a salir.
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Morgan ya se había arreglado. Guardaba ambas invitaciones en el bolsillo interior de su chaqueta de traje. Un ramo de rosas rojas aguardaba en su brazo derecho, mientras que con la otra sostenía un paraguas.
La nieve se había convertido en llovizna, y quería proteger a Tiare del agua en cuanto llegara.
Esperó de pie frente a la estación de trenes. Le había rogado que llegara por un medio muggle para no levantar las sospechas de su padre. Cada cinco minutos miraba su reloj de muñeca, ansioso, no tardaría en llegar.
Había oído decir a su padre que Elisa realizaría un torneo de esgrima, y sabía que era la mejor de Gran Bretaña, así que sería un espectáculo digno de ver.
Volvió a mirar su reloj, contrariado. Llevaba media hora de retraso, y su tren ya había llegado. Frunció el ceño preocupado. ¿Le habría avisado si se atrasaba su tren, verdad? ¿O tal vez escogió llegar por un medio mágico? De todas formas, le habría avisado... suponía.
Se sentó en una de las bancas para esperar. Envió un mensaje de fuego, del cual no recibió respuesta. Envió otro más al cabo de veinte minutos, pero tampoco llegó nada de vuelta.
Suspiró, abatido. ¿Qué sucedía? ¿Dónde estaba Tiare?
Habían pasado dos horas, y no había rastro de ella. Se asustó, ¿y si le había pasado algo? Inmediatamente envió otro mensaje, pero a Tanesda. Por suerte, al cabo de un instante, una bola de fuego voló directamente hacia su cabeza.
Lo desenvolvió con rapidez, urgido. Sus ojos se movieron junto con su cabeza mientras seguía las líneas del mensaje. Su expresión cambió radicalmente, del entusiasmo, a la tristeza.
“Ella no va a ir. No insistas más, no quiere volver a verte. Gracias por traicionarnos, espero que tu padre esté muy orgulloso de ti”
Morgan se recostó contra el respaldo de la banca. La lluvia se había vuelto más intensa y le mojaba la cabeza y el cuerpo. Dejó caer el papel al suelo junto con las rosas. No lo entendía, no comprendía las palabras de Tanesda. ¿Qué él los había traicionado? ¿De dónde sacaron semejante idea?
Justo ahora que había encontrado el lugar al cual quería pertenecer, un extraño error del destino se lo arrebataba. ¿Qué significaba aquello?
Sus ojos comenzaron a desprender lágrimas silenciosas por su mejilla, pero no parpadeó. La oscuridad era densa, y el frío calaba hasta los huesos. La lluvia se estaba comenzando a convertir en nieve nuevamente.
Se levantó con lentitud, pasando a llevar las rosas del suelo, pisoteándolas sin darse cuenta. Caminó con lentitud por la calle que rodeaba a la estación, llegó a un avenida vacía a causa de la nieve y se detuvo en seco en miedo de ésta.
Esperó unos segundos... dejó que las lágrimas volvieran a resbalar.
-¡¡TIARE!!
El desgarrador grito hizo volar a las aves que hibernaban en los árboles cercanos. Cayó de rodillas sobre la nieve y comenzó a retorcerse de dolor ante la sola idea de no volver a verla.
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Oswald se pasaba una pequeña toalla por el pelo que le había ofrecido uno de los encargados. No quitaba los ojos de Ginny que era avasallada con preguntas de Hermione y Maggie. Ambas chicas parecían muy entusiasmadas... demasiado.
Vincent se acercó por atrás e hizo sonar la garganta. Oswald suspiró y se giró para ver a su amigo. La expresión del mellizo se había tornado a una típica de un padre que regaña a su hijo adolescente por haber conducido a exceso de velocidad.
-No me arruines el momento.- Le rogó cansado.
-¿Te das cuenta lo que va a causar esto?
-Sí, la felicidad de la chica de la cual estoy enamorado.- Le espetó, y luego suspiró resignado.- ¿Qué quieres que haga?
-Promesas son promesas...- Dijo Vincent pensativo, parecía preocupado.
-Las promesas inquebrantables no son mortales como los juramentos.- Le recordó.- Además, en las promesas siempre corre la suerte de que la razón por la que estás prometiendo cambié de parecer. No depende de mí.
-Oswald...- Inquirió de manera amenazante, pero el chico simplemente se limitó a sonreír.
-Ginny eligió, yo no quebré nada. Sí, me enamoré de ella, pero el trato era que yo no hiciera nada. No podía besarla ni confesarle lo que sentía hasta que ella lo hiciera. ¡Y lo hizo! – Exclamó subiendo su tono de voz cargada de felicidad.
-Sí...- Aceptó derrotado, pero una sonrisa se había dibujado en sus labios.- Al fin y al cabo, ¿Quién soy yo para impedirte que seas feliz? La verdad es que jamás me espere una reacción así de Ginny.
-¿Me tenías poca fe? –Inquirió levantando una ceja, y Vincent apretó los labios en una mueca socarrona.- ¡Creías que ella nunca se iba a fijar en mi!
-Dadas las circunstancias parecía un poco difícil, pero no imposible.- Explicó riendo.- Aunque hay que admitir que la escena de la piscina fue muy graciosa.
-¿Graciosa? – Oswald se sonrojó cuando algo cruzó por su mente, pero no lo dijo.- Me tomó por sorpresa... pero me encantó.
-Creo que para ser su primer beso fue bastante pasional.- Admitió Vincent tratando de aguantar la carajada, era muy divertido poner nervioso a Oswald.
-No tienes idea...- Masculló apretando los dientes y desviando la mirada hacia su chica, la cual parecía demasiado sofocada con la interrogación de sus amigas.
-De cualquier modo, mantente al margen, o al menos traten de no ser tan obvios... Aún insisto en que esta promesa es importante.
-Lo sé... Pero no he quebrado nada. – Se defendió bajando la voz, ahora denotaba preocupación.
-Cuídense...-Murmuró Vincent alejándose.- Estas cambiando todo... esto no debería ser así.
-¿Quién tiene el control sobre el destino?
-Buena pregunta.- Contestó deteniéndose en el camino.- Espero que sepas la respuesta.
Oswald volvió a girarse para ver a Ginny. Por un momento ella desvió la mirada hacia él. Sonrió cuando las mejillas de la chica se tornaron de un rojo escarlata precioso. Se sintió aliviado al ver que sus ojos irradiaban el mismo deseo con el que lo había visto en la piscina. Todo seguía igual, y tal vez, si el tiempo lo requería, mejor.
Quería hacerla feliz.
Notas de la Autora
¡¡¡Por fin!!! ¡¡Capítulo 19!!
Finalmente, salieron 40 páginas, aunque claro, eliminé algunas escenas que las dejaré para los próximos capítulos.
¿Les gustó el beso? A mí me gustó mucho escribirlo, quería que fuera especial, espero no haber decepcionado a nadie.
La idea de la piscina me nació por que creí que sería muy romántico y excitante. Un beso con agua, él empapado, ella también, ¿o no? Tenía que ser diferente.
Sobre Harry, bueno, hay algo que él le dijo a Hermione, no es relevante, pero como es la chica más inteligente de todos los magos, está claro que ha atado más cabos sueltos que la misma Ginny. Porque, si hay algo que tienen que saber, es que Hermione está tan aislada del mundo como la misma Ginny.
Este capítulo está repleto de detalles, tanto así como la repentina unión entre Maggie y George. Esta relación la verán más desarrollada en los próximos capítulos. Sobre Morgan, bueno, el pobre tuvo simplemente la mala suerte de ser espiado en el momento incorrecto. Lamentablemente este chico sufrirá un poco más, las cosas no son tan simples de solucionar.
En cuanto a Ron y a Hermione, algunas sorpresas irán apareciendo, porque el próximo capitulo trata justamente de eso.
Cómo ultimo detalle, quería agregar lo de la extraña reacción de Harry hacia el beso. Creí necesaria la caída de la copa. Es una reacción simple, pero vaya que dice mucho.
No tengo mucho más que decirles, salvo que me disculpen estos tres días de atraso. Pero, como expliqué en el blog, mi tesis ocupa casi todo mi tiempo, y tengo que entregarla la primera semana de enero.
Para los que queden con dudas, algunos detalles del duelo de esgrima son todos inventados por mí. Es decir, las reglas, la historia de Molly, y todas esas cosas. No sé si son reales, o si coinciden, pero tenía que crear una historia en torno al duelo.
Ahora, no los aburro más. Les dejo un adelanto para el próximo capítulo.
Capítulo 20:
Confesiones
Llega Navidad, el muérdago nace por doquier. Este capítulo está dedicado a las relaciones, es como un especial. Aprovechando que se acerca navidad, creo que coincidirá estupendamente.
Sabremos que sucedió con Ron y Hermione en la fiesta de Elisa, que pasó entre Harry y Elisa, y Maggie y George.
Habrá más besos, y uno que otro indicio sobre el capítulo siguiente.
Morgan no lo pasará muy bien, ya que será una navidad bastante triste, aunque puede tener un dejo de esperanza. Ginny se entera de las razones por las cuales Vincent no tiene novia, y Omanshai se enfrentará a Keitaro para realizar una terrible misión.
Actualización Próximo capítulo: Lunes 7 – Martes 8 de diciembre
Recuerden, comentarios, reviews, tomatazos, pueden hacerlo a: anya(punto)naivea(arroba)gmail(punto)com.
O pueden ingresar al blog: www. Ethianevals. Com. (Junten los espacios)
¡Un abrazo!
Anya.