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Anya.Naivea
Author of 8 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Adventure - Ginny W. & Harry P. - Reviews: 198 - Updated: 11-06-09 - Published: 01-31-08 - id:4044860

La reunión de los seis Magos

Entrar a esa lúgubre oficina no era de su agrado. Ver a su amo con aquel temible casco colgado en su cabeza lo hacía sentir más vil que un monstruo. Pero era razonable, le temía. Sí, Keitaro le temía.

Una sonrisa maligna se asomó en sus fríos labios al recordarlo, era una lástima que no tuviera confianza en él, tal vez, podría abusar un poco de ella.

Caminaba como un militar, con la espalda recta y los brazos pegados a los costados. Su simple traje negro con cuello mao y bien cerrado le daba el frágil aspecto de un escolar. Se detuvo frente a la puerta antes de entrar a la habitación. Siempre su corazón se agitaba cuando estaba a punto de recibir la nueva misión, y cada vez era más frecuente. Ya no quería ser más un monstruo, había algo muy adentro de él que aclamaba por un lugar al cual pertenecía, y no era ahí.

Suspiró antes de tomar el pomo, sus ojos destellaron, se estaba preparando para sacar a flote toda esa frialdad que atemorizaba a su padrastro.

Su semblante se volvió duro como una piedra y entró sin vacilar a la habitación, tal vez, con un poco de suerte, lo encontraría sin el casco. Pero no, no tuvo aquella ventaja. Keitaro como siempre, lo esperaba sentado en aquel gigante sillón con cientos de tubos misteriosos conectados a su cerebro. Bloqueando su poder.

-¿Señor? – Siseó, Keitaro resopló bajo su grueso bigote.

-Llegas tarde.- Cortó el hombre, Omanshai levantó una ceja, se había atrasado sólo diez segundos.

-Lo… lamento.- Se disculpó con respeto haciendo una reverencia. Keitaro bufó molesto y luego le dirigió dos pares de tubos que bloqueaban sus ojos, como largos binoculares.

-Tienes una nueva misión.- Comenzó a explicar, Omanshai mantuvo sus ojos desiguales puestos sobre los lentes.

-¿A quién hay que atrapar ahora?

Keitaro no contestó. Se tomó su tiempo antes de anunciar la nueva misión del chico.

-Ella está en alguna zona de Nueva Zelandia, no vive sola, el amo sospecha que con una mujer mayor, tal vez.

-¿Una mujer mayor, señor? –Inquirió curioso.

-La cuida.

-Debe ser una de esas niñeras que se encargan de los ancianos cuando llegan a su cenit. –Objetó, pero Keitaro meneó la cabeza, divertido.

-No, no. La anciana cuida de ella.

-¿Cómo? –Preguntó, y por primera vez en mucho tiempo parpadeó frente al hombre, lo que le supuso una terrible perdida de manipulación.

-La mujer la cuida, Omanshai- Explicó Keitaro con voz cansina.- La próxima víctima sólo tiene nueve años.

-¿Qué? – Jadeó aturdido, aquello era algo que no se esperaba. ¿Una niña? ¿Cómo podía ser?

-Lo más probable es que esté gestando el poder y aún queden algunos años antes de que pueda procrearlo. Como es obvio, aún no tiene ovulación.- Dijo Keitaro con simpleza, como si hubiese contestado a su pregunta.- Como sea, el amo la quiere, el poder de se alberga de todos modos en su sangre.

-¿Pero cómo va a llevar a cabo la caza si la niña no tiene la magia?

-Ya te lo dije- Murmuró Keitaro con la voz muy ronca.- Le va a quitar su sangre.

Las pupilas de Omanshai se achicaron de pavor. ¿Iba a usurpar la vida de una niñita? De una indefensa criatura.

Comenzó a retroceder con lentitud, hasta toparse con una escultura de bronce que se tambaleó levemente. Keitaro ladeó la cabeza.

-¿Tienes miedo, Omanshai? – Su voz sonaba amenazadora, el chico negó con la cabeza intentando mantener fría su mirada.

-No.- Susurró.- ¿Qué debo hacer?

Keitaro sonrió con maldad, y el chico apretó los puños.

-Recibiremos más de lo que crees sólo por encontrar a la niña. Su ubicación, salvo por la que ya sabemos, es desconocida, así que tu misión será descubrir dónde está exactamente.

-¿Cómo lo hará? – Inquirió imaginándose a una inocente niña sucumbir bajo su poder. Sintió una ola fría recorrer su columna al sólo pensarlo.

-¿Qué cosa?

Se demoró un rato en contestar, le costaba pronunciar la palabra sin sentir asco de sí mismo.

-As… Asesinarla. ¿Cómo lo hará si no le quitara la esfera con las sombras?

-Sí, usará las sombras.- Contestó Keitaro como si fuera algo sin importancia.- No sé cómo procederá, pero no será tan fácil como con las otras. Recuerda que tiene que despojarla de toda su sangre.

Omanshai tragó saliva con dolor, sintió que su garganta se apretaba con tal fuerza que en algún momento logró percibir el sabor a hierro de la sangre.

No supo que contestar, simplemente se limitó a hacer una reverencia y se giró para salir de la habitación, necesitaba tomar aire. Sin embargo, antes de salir, la voz de su amo lo detuvo.

-¿Te vas sin las coordenadas?

El chico pudo percibir el sarcasmo y la burla en su voz. Se giró nuevamente y recibió en sus propias manos el pergamino dónde las coordenadas de la ubicación de la niña se encontraban. Arrugó el papel contra sus delgados y pálidos dedos, y se giró sin decir respuesta, saliendo de la habitación.

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Hermione no pegó un ojo los tres días siguientes. Su cabeza le pesaba y sus ojos le dolían, como en aquella época dónde estudiaba horas para aprobar sus TIMOS.

Jamás creyó que llegaría a pasar nuevamente por eso, ni siquiera en la universidad fue así. Ron la había dejado en ascuas, y durante esos tres días parecía haber olvidado todo contexto de aquella conversación. Cuando se hablaban él tocaba cualquier tema excepto justamente, el que ella quería saber.

Sin embargo, no podía negar que el chico trataba de ser mucho más sentimental de lo que era normalmente. No le resultaba, claro, cosas tan mundanas como correrle la silla para sentarse, hacerle un café o hasta ofrecerse para acompañarla a su casa por chimenea, eran acciones que simplemente no le resultaban como querían.

La primera vez que le corrió la silla ella terminó cayéndose al suelo llevándose consigo su plato de comida, cuando le hizo un café, en lugar de ponerle azúcar le puso sal, y cuando quiso ofrecerse para acompañarla a su casa se olvidó de camino y terminaron en la casa de una bruja que jamás en su vida habían visto.

Sí, Ron era un desastre cuando se trataba de amor, pero al menos hacía el intento, y aquello lo volvía adorable.

Sonrió para si misma, se sentó sobre su cama quitándose las sábanas de encima y se abrazó las piernas. Aquel era el día, y a causa de esa maldita interrogante con la cual no podía vivir, era que tampoco pudo conciliar el sueño.

Nunca le gustó quedarse con preguntas en su cabeza, siempre encontraba la respuesta para todo, y jamás creyó que Ron fuera justamente quien por primera vez en su vida la dejara en ascuas.

Apretó los labios y se inclinó hacia atrás para tomar el papel que contenía la información del lugar a dónde tenía que ir. Lo había leído mil veces y aún no le encontraba respuesta al significado de aquella dirección. ¿Qué lugar era aquel?

Parpadeó para desperezarse y leyó el papelito nuevamente:

Calle de los Canes, dónde los perros aún no son lobos y los lobos no aúllan”

Clave: Mil Mentiras no hacen un bien, una sola puede cambiar el mundo”

Apretó el papel entre sus manos y suspiró. Eran las nueve de la mañana, en tres horas más, sólo tres horas, debería acudir a ese lugar. No sabía porqué, pero su intuición le decía que no podía llegar ningún segundo tarde.

Se levantó y dejó el papel sobre su velador. Cogió lo primero que encontró y se metió al baño para ducharse. Los nervios no la iban a dejar tranquila. Algo le decía que lo que vería o escucharía cambiaría su vida totalmente.

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-Hola cielito, ¿cómo estás?

Harry se apretó los ojos bajo los lentes mientras dejaba de inspeccionar unos pergaminos viejos que tenía sobre su escritorio. Suspiró fatigado, esa noche, tampoco había pegado un ojo.

-Elisa…- Suspiró.- Te he dicho que no me llames al trabajo.

-Es que es importante- Bufó Elisa con voz de puchero, y Harry suspiró rodando los ojos.

-¿Qué ocurre?

-Amor, ¿Recuerdas para qué día escogimos la fecha de la boda?

-Sí, para el veinticinco de Febr…

Repentinamente Harry se quedó en silencio, sus ojos se abrieron con sorpresa y la boca se le desencajó levemente.

-Ajá – Cantó Elisa de manera amenazadora desde el otro lado.- ¡Quedan sólo dos meses! ¡Y ni siquiera hemos enviado las invitaciones!

-Yo… lo…

-¡No me digas que lo habías olvidado! – Chilló la chiquilla y Harry sonrió con los dientes apretados.

-No, ¿Cómo se te ocurre semejante barbaridad? ¡Por supuesto que no!

Con rapidez comenzó a esparcir con sus manos el escritorio en busca de algún papel, se acomodó los lentes una vez que lo halló. Era una larga carta que traía escrita una lista. Colocó cara de espanto al leer algunos puntos.

-¿Entonces? Cielo, tenemos que reunirnos. Hay que preparar todo.

-Sí… por supuesto…- Murmuró observando el papel.- Pero hoy no puede ser.

-¡Pero Harry!

-¡Hoy no Elisa! – gritó, y la chica calló inmediatamente al otro lado. Al darse cuenta de su error, calmó la voz.- Hoy no puedo, tengo demasiado trabajo. ¿Te parece mañana?

-Oh… Harry.- Suplicó Elisa frustrada y Harry trató de colocar su voz más amable.

-Cielo…- Dijo Apretando los labios, como si aquella palabra le pesara enormemente.- Necesito que me entiendas, sabes que no puedo hacer esto solo, tu eres mi… mi… apoyo moral, eso. Necesito que me apoyes con las cosas del trabajo, ¿entiendes?

-Sí…- Contestó con la misma voz de puchero.

-¿Te parece almorzar mañana? Te prometo que iré. ¿Qué tal tu restaurante favorito?

Un gritito resonó desde el otro lado de la línea, Harry se alejó el auricular un instante hasta que la chica terminó de chillar.

-¿Quedamos en eso entonces?

-¡Si! Te veo mañana entonces.

-Nos vemos mañana.

-¡Te amo!

Harry se quedó helado al oír esas palabras, cerró los ojos apesadumbrado, es que… jamás podría perdonarse hacer aquello. Tomó aire con dolor, y sonrió con tristeza.

-Yo… también.- Masculló con los dientes apretados. – Nos vemos.

-¡Nos vemos!

Cerró su celular con un rápido golpe de su tapita y volvió a rascarse los ojos. ¿Por qué todo tenía que ser tan complicado? A él solamente se le podía haber ocurrido hacer algo así. ¿Por qué jamás aprendió a no ser tan testarudo?

Agitó la cabeza con cansancio y se volvió a enfocar en el papel que tenía entre sus manos. Era una lista repleta de fases lunares y movimientos de planetas. Había olvidado por completo la fecha de la boda.

-Veinticinco de Febrero.- Murmuró apesadumbrado. -¿Cómo fue que pasó tan rápido el tiempo?

Una campanada a su espalda lo hizo girarse con un salto. Un gran reloj de pie marcaba las once en punto. Se levantó con rapidez de su asiento, como si lo acabarán de espantar.

Se colocó su capa de trabajo y se cubrió con ella tan rápido como se levantó. Tomó el papel del escritorio y se lo guardó en el bolsillo del pantalón.

El reloj no había dado su tercera campanada cuando desapareció en medio del despacho.

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Ginny contemplaba el prado nevado desde el viejo columpio del árbol. Su gran chaqueta de pluma le agrandaba dos veces su peso, y apenas cabía en el artefacto. Pero no le importaba. Su nariz estaba roja producto del frío, y sus ojos perdidos en algún lugar del horizonte.

Aún no podía perdonarse el accidente causado en su habitación. Aunque Harry no sufrió daños graves, puesto que se recuperó al cabo de unos minutos, él no volvió a mirarla de la misma manera. Y su familia tampoco.

Todos le tenían miedo. Un poder tan grande sólo podía ser causado por el despertar de la magia, y aquello había aterrado a todos.

Juraba haber descubierto r a Harry verla con respeto, casi, como si fuera una bomba en un campo minado, aquellas armas muggles con la cual los soldados se sienten intimidados.

Suspiró. Le dolió recordar aquella huída inesperada a causa del miedo. Se balanceó levemente y sacudió su cabeza al sentir un copo de nieve rozarle el cabello.

Sus ojos está vez se enfocaron en los pinos que se alzaban más allá del seto, dónde ella con Oswald habían ido a buscar el árbol de navidad.

Recordó cuanto corrió por el miedo, y como sintió la culpabilidad embargarle el pecho al sólo pensar que le había hecho daño a Harry.

Se escondió en el bosque bajo un grueso techo de hojas de pino, mientras a lo lejos las voces de Oswald y de sus hermanos gritaban su nombre.

Volvió a suspirar. Otro balanceo.

Para cuando la encontraron, ella se había quedado dormida. No se dio ni cuenta cuando la depositaron en su cama, (arreglada totalmente, como si jamás hubiese sucedido nada). Se despertó atontada y aturdida, con los destellantes ojos de Oswald mirándola preocupado.

-¿Cómo estás?

-¿Cómo llegué aquí?

-Te trajimos con Charlie.

-¿Y Harry?

Oswald torció la boca y suspiró.

-Ya está bien, un poco choqueado, pero mejor que tu desde luego.

-¿A qué te refieres?

Él le acarició la mejilla.

-No te diste ni cuenta. Corriste tan deprisa que seguramente no tuviste tiempo de percatarte.

-¿Percatarme de qué?

Sintió una punzada de dolor en su costado derecho al tratar de incorporarse sobre la cama. Se aferró las costillas y notó una gruesa venda bajo su camisón.

-¿Qué ocurrió?

-Tu madre cree que fueron los espejos.- Dijo señalando el armario.- Y el mueble también.

Ginny intentó recordar, pero no encontraba imágenes lógicas en su cabeza, excepto, la de Harry inconciente en el suelo.

-¿Qué me ocurrió?

-El armario estaba en el suelo, así que probablemente se te cayó encima al momento de chocar con él.- Explicó, Ginny parpadeó confundida.- Te quebró dos costillas, y los espejos te cortaron un poco los brazos, aunque eso está solucionado, claramente.

-¿Cómo saben que el armario se me cayó encima?

-Harry nos lo contó, el vio todo.- Murmuró, está vez, molesto.- Lo que no dijo, era por qué estaba aquí al momento de la pelea.

Ginny abrió los ojos con sorpresa, había olvidado la razón de la discusión.

-Hum… Vino a darme lecciones de vida o algo parecido.- Contó. Hizo ademán de levantarse pero el dolor se lo impidió.- ¡Auch! Había olvidado lo doloroso que es la regeneración de huesos.

-Mejor descansa, hablaremos después.

Le dio un beso en la coronilla, y ella lo observó de reojo, parecía preocupado.

-¿Estás bien?

-Claro.- Dijo alejándose, aunque su voz era melancólica.- Descansa, ¿Si?

Ella simplemente asintió antes de que él cerrara la puerta.

Se balanceó una vez más. Era tan bueno con ella, y ella… no le devolvía nada a cambio.

-¿Por qué tan sola?

Levantó la mirada suavemente, encontrándose con unos hermosos ojos azules. Sonrió modestamente, y él curvó los labios.

-¿Me puedo sentar?

-Claro.

Se hizo a un lado, y él se sentó a su lado. Se balancearon un rato en silencio, los copos de nieve se habían vuelto más frecuentes y más densos.

-Te estuve observando… Has estado mucho rato aquí.- Observó él con dulzura, ella de inmediatamente se sonrojó.

-Estaba… pensando.

-¿En qué?

-En lo que sucedió el otro día.

-¿Todavía estás con eso? –Susurró preocupado, ella asintió.

-Oswald… ¿Puedo preguntarte algo?

Ella elevó sus ojos marrones cargados de curiosidad y miedo, Oswald apretó los labios al sentirse repentinamente abrumado.

-Por supuesto bonita. – Le pasó un brazo por los hombros, que de por sí era difícil producto del abrigo, y ella sorpresivamente se acurrucó en su hombro.

-Eso que sucedió... Lo han estado conversando, ¿cierto?

Oswald se demoró un segundo en asentir, Ginny cerró los ojos.

-¿Estoy embarazada?

Como si lo hubiese electrocutado, Oswald se separó de ella mirándola con espanto, pero los ojos de Ginny no mostraban miedo alguno, sólo curiosidad y preocupación.

-Yo… no lo sé.- Titubeo.- Debes hablar de ello con Vincent, está más al tanto de la profecía que yo.

-Oh…- Murmuró decepcionada volviendo a ver al frente, y él apaciguó su mirada.

-Lo lamento.- Murmuró.- Siento no poder ayudarte.

-Descuida…- Dijo, y dibujó una sonrisa divertida.- De todos modos de aquí a unos meses estaré enterada si me crece el vientre.

Oswald la observó durante un instante del cual ella no se percató. Se mantuvieron en silencio un rato. Ella tembló ligeramente a causa del frío, y él volvió a abrazarla.

-¿Gin?

Ella lo miró. Sus ojos azules estaban cargados con una pena que jamás había visto.

-Dime…

Un segundo de silencio.

-¿Estás segura de nuestra relación?

Está vez, ella se separó. En la expresión de Oswald estaban dibujados el miedo y la tristeza.

-¿De qué hablas? ¿Qué acaso dudas de lo que siento por ti? – Le preguntó impresionada, él sonrió, un poco más tranquilo.

-No, por su puesto que no. Es que… he pensado un poco en nosotros últimamente. Desde el accidente.

-¿Y en qué has pensado?

Oswald se giró y pegó su nariz a la de ella. Ginny exhaló vaho producto del frío.

-En mis sentimientos… en los tuyos…- Pausó para mirarla, pero ella solamente tenía curiosidad en su expresión. Sonrió con ternura para explicarle.- Ginny, eres lo más hermoso que he conocido en mi vida, desde el primer día que te vi. Tienes un carácter fenomenal, eres independiente, no te gusta que te protejan, y aún así, cedes cuando sabes que los demás quieren hacerlo. Eres un misterio para mí, y quiero seguir descubriéndolo.

-¿Por qué me dices todo esto?

-Es que quiero dejarte claro que te quiero, que eres importante para mí.

-Sí… pero… eso ya lo sé. – Rió- Lo que no entiendo, es porque me lo dices con tanta desesperación, es como si fueras a perderme.

Oswald abrió la boca medianamente. Ginny lo quedó mirando esperando una respuesta, pero él no reaccionó hasta que cobró la conciencia ante sus palabras.

-Es que… eso puede suceder si no hago bien mi papel.- Murmuró cambiando su posición, mirando al horizonte como hacía un instante lo había hecho Ginny.

-La única forma como me puedes perder es engañándome, o mintiéndome con algo importante.- Susurró preocupada.- Es lo lógico.

Está vez, el chico empalideció. Se giró con brusquedad a ella, pero no dijo nada. Ginny le sonreía.

-¿Y si tuviera que mentir por protegerte? – Murmuró, pero tan bajito que Ginny apenas lo escuchó.

-Entonces deberías darme una buena razón para perdonarte.

El chico pareció relajar sus músculos y apretó sus labios con suavidad.

-Espero no tener que pasar por eso.

-Sólo, si no haces lo que acabas de decirme.

Ambos se quedaron viendo un instante. Ginny intentó procesar las palabras de Oswald, intentando captar algún mensaje oculto en especial, porque no entendía el rumbo de aquel discurso.

-Ginny.- Repentinamente el chico tomó las manos de ella entre las suyas y se acercó mucho más que antes, casi susurrando sobre sus labios. Ambos cerraron los ojos. Ella tembló. – Necesito saber que me querrás pasé lo que pasé, y que no me cambiarás por nadie más.

-¿Qué? – Jadeó ella abriendo los ojos.

-Por favor bonita, necesito saber que lo que sientes por mí es irremplazable, que no hay nadie más en tu camino. Lo necesito saber, al menos así estaré tranquilo.

-Pero Oswald yo…

-Escucha. Si llega a suceder algo, y por alguna razón tengo que rogar tu perdón, necesito saber que tu amor es tan grande como para que puedas perdonar mis errores.

Ella se quedó muda. Oswald prácticamente rozaba sus labios, y sus manos eran apresadas con fuerza. Estaba realmente asustado por algo que desconocía.

-¿Me prometes que me perdonarás pase lo que pase?

No contestó. Por su cabeza se cruzó la imagen de Harry, y una ola de dolor recorrió su cuerpo. La verdad, es que el amor que sentía por Oswald no se comparaba a lo que había sentido por el chico de ojos verdes, y aquello hacía muy difícil prometer algo como aquello.

-Yo…. – Suspiró.- Sí… te lo prometo.

Oswald la besó con suavidad, Ginny se lo tomó con sorpresa, pero de igual modo se lo contestó.

Le impresionó con la rapidez que el chico se separó de ella y se alejó del árbol. Le lanzó una última mirada de pesadumbre antes de desaparecer tras la colina hacia la madriguera. Los copos de nieve comenzaron a caer con más grosor sobre su cabeza, se sacudió el cabello y se levantó del columpio.

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-¡Por todos los Dioses! ¡Una niña! ¿Pero en qué estaba pensando?

-Intentará tenerla a toda costa, ya envió al médium a encontrar su paradero. – Murmuró Morgan.

El chico se encontraba sentado en una de las butacas del concilio ante la mirada desaprobatoria de algunos de sus integrantes, contando como primero, a Emir.

Descansaba la cabeza sobre su mano, mientras intentaba por todos los medios de poder explicar la situación en la que se encontraba.

El préstamo del anillo había sido reprobado por todos, menos por Meng y Tanesda, que sabían lo que significaba él para Tiare.

Mientras intentaba pensar, ella entrelazaba sus dedos con la mano libre del chico. Emir no dejaba de echar chispas a causa de aquel comportamiento, se notaba a leguas que no soportaba verlos juntos.

Levantó la mirada para poder visualizar mejor las expresiones de los integrantes. Le daba un poco de vergüenza ser el centro de atención, aunque gracias a Tiare el nerviosismo no era tan terrible.

-¿No tienes ninguna otra pista de su paradero, hijo? – Preguntó repentinamente Calfulaf, observando un pedazo de pergamino que tenía en sus manos.

-No lo sabe.- Contestó con un susurro, muerto de vergüenza.- Sólo sabe que está en una zona de Nueva Zelandia, esas coordenadas que ahí tiene indican una locación, pero no el lugar exacto.

-Ya veo…- Murmuró observando los números anotados en el pergamino.- Vaya… Tendremos mucho trabajo. Localizar a esta niña es muy importante.

-¡Por supuesto! – Se exaltó Tiare- ¡Es una niña! ¡Debemos rescatarla!

-¿Pero tu no la habías visitado ya, Tiare? – Interrumpió repentinamente Kahur, y todos se giraron con fuerza a verla, incluso Morgan, a quien se le desorbitaron los ojos.

Las únicas que no reaccionaron así fueron la misma Tiare y Tanesda.

-Claro que sí.- Contestó con resolución.

-Entonces ¡sabes dónde está! – Exclamó Feroz eufórico.- ¡Que tanto embrollo con las coordenadas! ¡Vamos a buscarla ahora!

-No está dónde se supone.- Agregó Tanasda con calma.- La estuvimos siguiendo con Taire por medio de la esfera.

-¿Cómo que no está dónde se supone? – Puntualizo Emir con los ojos desorbitados por la confusión, Morgan estaba tan o más pasmado que los integrantes.

-Siguen en Nueva Zelandia.- continuó Tiare.- pero al parecer Shikena entendió el mensaje finalmente y la alejó de dónde se encontraban.

-¿Quién es Shikena? – Interrumpió Morgan, y Tiare le sonrió con ternura, mientras el resto de los integrantes se quejaba.

-Shikena es la abuela de la niña.- Le explicó.

-¿Y cómo se llama la niña?

-Sonsioré.

-¿Son chamanes? – Inquirió curioso, pero esta vez fue Meng quien contestó.

-La familia Onai proviene de un largo linaje de chamanes, brujos y curanderos. –Le dijo con solemnidad, casi como si aquella información influyera respeto.- Shikena fue la última mujer de su tribu con poderes extrasensoriales, es probable que haya captado el mensaje de peligro en los vientos mucho antes de que Tiare haya llegado a ella.

-¿Y por qué no se marcharon antes entonces?

-Por seguridad.- Dijo el maestro levantando los hombros.- Tiare tardó un año en encontrar su paradero.

-Por eso me recibió de mala manera. Se sorprendió mucho cuando le mostré nuestro Henotiómetro. Y más, cuando se enteró de que tu padre tiene el mismo. –Comentó Tiare aferrando más sus dedos a los de su novio.

-Ahí, huyeron. –Puntualizó Meng.

Morgan se quedó mudo un instante, mientras procesaba la información. Le devolvió el apretón a Tiare, y preguntó:

-Pero… ¿Por qué no huyeron de Nueva Zelanda? Si sabe que mi padre la puede encontrar.

-Nueva Zelanda tiene zonas espirituales. Es probable que Shikena la esté resguardando bajo las fuerzas de sus dioses.- Contestó Calfulaf, y Morgan asintió con la cabeza al sentirse satisfecho.

Sólo esperaba que la protección fuera suficientemente poderosa, así ni su padre ni Omanshai la encontrarían y tendrían tiempo de sobra para salvarla.

Todos se quedaron en silencio tratando de pensar en cómo salvar a la niña. Tiare apoyó su cabeza en el hombro de Morgan, y Emir profirió un rugido.

-¡No molestes! – Lo chistó Tanesda que estaba a su lado.

-Pero ¡míralos! – Susurró casi en un gritito exasperado. Meng sonrió y Morgan frunció el ceño.

En medio de aquel silencio, nunca se imaginaron que recibirían una extraña sorpresa.

A los pocos segundos, una llama de fuego azul se incendio frente a ellos. Todos se levantaron alarmados de sus asientos al ver tal espectáculo. Era una llama brillante que danzaba sobre la pulida mesa de madera.

Meng achicó los ojos y con su largo bastón apartó a Uzume que intentaba acercarse.

-¿Koji? – Murmuró asombrado y con una alegría no propia de él; Morgan dejó que su ceño siguiera fruncido. Tiare jadeó sorprendida y se liberó del brazo del chico para mirar mejor la llama.

El fuego se deshizo en un eco que duró segundos. Era una voz que hablaba en un idioma que Morgan había escuchado antes de los labios de su padre, pero ésta era suave y reverberaba sobre una voz más clara y melodiosa.

-La niña está al sur, en una localidad mágica anti muggles. Su tribu son Los Pastores. La mujer está desfalleciendo. Apuraos, o no podreis salvar a la pequeña…

Sin saber cómo ni porqué, el chico entendió cada una de las palabras que la voz había dicho. Parpadeó un par de veces procesando la información, pero no había alcanzado a hacerse una idea cuando repentinamente se vio rodeado de cientos de movimientos.

El concilio entero se había comenzado a movilizar, Meng había desparecido junto con Uzume y Calfulaf, mientras que los jóvenes preparaban cientos de embrujos y artilugios sobre la mesa.

-Tiare… ¿qué?

-No hay tiempo- Dijo alterada soltando sobre la mesa cientos de pergaminos y una pequeña brújula dorada que también había visto con anterioridad.- Debemos encontrarla.

-¿Qué fue lo que sucedió?

-Alguien nos está ayudando, si todos entendimos el mensaje es porque es cierto.

-¿A qué te refieres? – Inquirió ayudándola con un pesado globo terráqueo.

-Sólo los miembros del concilio pueden enviar la llama azul, y entender el idioma nato de cada uno de sus integrantes.

-¿A qué te refieres? –Preguntó exaltado.- Yo puedo entenderlos.

-Porque estás hechizado.- Contestó ella revisando el globo con detención.

-¿Cómo dices?

Tiare inhaló aire y se incorporó para mirar a su novio. Se relajó unos minutos y le sonrió.

-Antes que entraras aquí te hechicé el cerebro con un escudo idiomático, por eso puedes entenderme. ¿No creerás que habló inglés cierto?

-¿Ah no?

-Por supuesto que no, mi idioma nativo es el polinésico.

-Oh… ¿Por eso entendí el mensaje en japonés?

-¿Cómo dices? – Se impresionó la chica.- ¿Qué lo entendiste?

-Sí. Dijo que la niña estaba al sur, en una tribu llamada Los Pastores, y que la mujer estaba por morir.

-No puede ser…- Murmuró, y luego dirigió sus ojos hacia el anillo de Morgan.- ¡Oh, por Dios!

-¿Qué ocurre?

-Morgan…. Creo que al entregarte el anillo te he… convertido en un nuevo miembro del concilio.

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Hermione gruñó por lo bajo al enredarse su chaqueta en una reja repleta de alambres de púas. ¿Seguro que la dirección estaba bien?

Contempló el perímetro y descubrió una empinada ladera que conducía a un oscuro pueblecito de muy pocas casas. El cielo estaba oscuro, la nieve se estaba volviendo agua y un poco más al horizonte los truenos comenzaban a resonar.

Se ciñó el cuello del abrigo al cuerpo y se acurrucó en sus propios brazos para evitar que el frío la congelara.

-¡Maldito Ron! ¿Cómo se le ocurre enviarme a un lugar como éste?

Caminó un poco más abajo hasta llegar a una angosta callejuela. Muy pocas casas la rodeaban, todas en fila, simétricas e iguales. Incluso, varias estaban abandonadas.

Cerró los ojos aterrada y hundió su nariz en el abrigo. El frío penetraba su piel como filosas agujas. Se detuvo bajo un pequeño techo encarpado frente a una tienda cerrada, y abrió su bolso para sacar un mapa.

Lo giró un par de veces hasta encontrar la ubicación exacta de dónde se encontraba. Tembló ligeramente al sentir una fuerte ráfaga de aire, y se volvió a acurrucar con su abrigo.

Contempló el mapa y con ayuda de su varita iluminó los letreros de la calle. Según el plano, ella estaba en la “Calle de los Robles”. Lo gracioso, era que ahí con suerte existía ningún árbol.

Comenzó a caminar siguiendo las calles que el mapa señalaba. De vez en cuando iluminaba uno que otro cartel para saber si estaba bien. Se topó con uno en madera bastante torcido que guiaba hacia una calle que en lugar de cemento estaba cubierta con pasto seco. Iluminó el cartel y leyó “Calle de la Hilandera”. Suspiró, volvió a observar el mapa, un relámpago tronó a lo lejos y repentinamente una intensa lluvia comenzó a caer. La chica jadeó y corrió a esconderse bajo un escueto techo de madera que supuestamente cubría la entrada de una casa.

Maldijo por lo bajo y se sacudió el cabello mojado. Murmuró un par de veces el nombre de Ron, no de buena forma, e iluminó nuevamente el cartel que estaba cerca de ella. Gruñó molesta al descubrir que se había pasado una calle.

Se devolvió corriendo una cuadra más abajo, pero se detuvo a mitad de camino al encontrarse nuevamente a unos pasos de la Calle de la Hilandera.

Se giró sobre sí misma, y jadeó. Inspeccionó el mapa y luego iluminó los carteles de ambas calles.

-No puede ser…- Murmuró.- Calle de la Hilandera… Calle de las Hortensias… ¿Y la de los Canes? Debería estar aquí…

Repentinamente, un sonido, nada parecido al de un trueno, la alertó. Unos rápidos pasos se acercaban. Asustada, apagó la varita y guardó el mapa en su chaqueta. Se giró y se ocultó en el pasadizo de la calle de pasto. Se asomó con cuidado para observar al dueño de los pasos. Gimió asustada al descubrir una figura encapuchada que avanzaba con rapidez justo al lugar dónde ella había estado parada hacía unos instantes.

El extraño apuntó la varita a la pared y murmuró un hechizo. Al instante, una nueva casa apareció. Hermione sacó la dirección del bolsillo para mirarla de nuevo, y leyó la inscripción.

-Es la locación del guardián secreto…- Susurró.- Ron… ¿en qué diablos estás metido?

Observó como el personaje ingresaba a la casa, y como ésta volvía a desaparecer dentro de la pared.

Buscó la dirección en el mapa, e iluminó la calle. El plano registraba exactamente las mismas calles, Hilandera y Hortensias, con la diferencia que entre medio aparecía la de los Canes. Sin embargo, en aquella lúgubre callejuela, la última no existía.

Se asomó nuevamente con la intención de encaminarse, pero otros cinco estallidos resonaron por sobre los truenos. Con rapidez volvió a esconderse y contempló al grupo de figuras que se desplazaba con igual velocidad que la primera.

Jadeó cuando descubrió una última cabellera pelirroja que se quitaba la capucha para observar a su alrededor. Aguantó el aire cuando sus ojos con los de Ron se encontraron por una milésima de segundo, antes de que éste entrara por la puerta.

Corrió sin importarle ni el frío ni la lluvia y se detuvo frente a la casa que se comenzaba a sumergir en la pared. Logró visualizar el cartel que contenía el nombre de la calle, y abrió un poco la boca por la impresión y el susto.

-Calle de los Canes.- Susurró. Justo después, la casa se desvaneció.

La lluvia la tenía totalmente empapada. Se sacudió el cabello como por quinta vez y desdobló el papel con la dirección. Sacó su varita y apuntó a la pared:

-Dónde los perros aún no son lobos y los lobos no aúllan… - Susurró.

De su varita salió un ligero chorro de luz amarillenta que chocó contra l a pared. Retrocedió un par de pasos al escuchar un crujido. La pared se separó dejando a la vista la misma casa que había contemplado hacía unos instantes. Tragó saliva con fuerza y abrió la puerta.

Le sorprendió lo calido y acogedor que era el lugar. A su izquierda, había una chimenea ascendida y un par de butacas predispuestas alrededor. Al centro, descubrió una pequeña mesita redonda rodeada de sillitas, y una bandeja con vasos vacíos, seguramente, recién bebidos.

Siguió recorriendo el cuarto con sus ojos. La luz de la chimenea y unas pequeñas velas flotantes alumbraban la estancia que no tenía ventanas.

Se quitó el abrigó y lo dejó caer sobre una de las butacas. Oyó unos suaves susurros provenientes de algún lugar, pero el cuarto era simplemente esa habitación, no había nada más.

Volvió a observar el papel y leyó la segunda línea. Recorrió el lugar con los ojos hasta que reparó en un escuálido librero.

-El libro azul…- Murmuró.

Se acercó con cautela y observó el estante. Había muchos libros, todos viejos y ordenados. Pero sólo uno estaba alejado del resto. Un libro aparentemente inofensivo, de tapa sucia y de pocas páginas. Sopló el polvo y sacudió la mano en el aire al verse afectada por la nube de serrín. Se tapó la boca con una mano para no toser, mientras que con la otra jalaba el libro.

Parpadeó confundida al no tener respuesta. Volvió a observar los libros, pero él único azul era aquel.

-Ron te voy a…

Un suave sonido de algo arrastrándose por el suelo la detuvo. Al lado del librero había aparecido una puerta secreta con el rostro de una mujer tallado en ella. Le causó un leve escalofrío cuando la mujer cobró vida al abrir sus ojos opacos.

-Contraseña…- Murmuró con eco.

Hermione inspiró y se quedo sin aire durante unos segundos. Le aterraba lo que sucedería después de entrar por esa puerta. ¿Para qué Ron la enviaría a un lugar como ese?

Exhaló el aire y leyó el papel, su voz sonó nerviosa y temblorosa.

-Mil Mentiras no hacen un bien, una sola puede cambiar el mundo.- Recitó. El rostro sonrió y los ojos destellaron.

-Adelante.

La puerta se abrió y Hermione se vio sobrecogida por la oscuridad de un solitario pasillo. Se asomó con cuidado. El camino era húmedo y tenía olor a encierro. Se podía oír el eco de las gotas de agua caer sobre el suelo de piedra. Intentó respirar con suavidad para no inhalar el aroma del pasillo, que la estaba mareando.

Avanzó un par de pasos, sus pies hacían eco contra las paredes, así que intentó ser más cuidadosa para no llamar la atención.

Se encontró con un par de cucarachas y arañas en el camino, y rió con asco al imaginar a Ron haber cruzado por ahí.

Finalmente vislumbró un pequeño haz de luz que se filtraba a través de un agujero. Avanzó rápidamente, y recién ahí, pudo reconocer algunas voces.

Cerró un ojo para poder mirar por el espacio, pero parecía estar detrás de otro librero, ya que notaba algunas cabezas por entremedio de grandes enciclopedias amontonadas.

-¿Qué diablos está sucediendo? – Se murmuró así misma.

Su corazón se aceleró aún más al notar la figura que estaba a la cabecera, y como su querido Ron se abrazaba fraternalmente con él.

-Harry y Ron…. ¿No estaban enojados?- Exclamó bajito.

No entendía que sucedía. La última vez que los había visto juntos se odiaban a muerte. Y ahora, ambos se abrazaban como los hermanos que eran y que ella conocía. Curvó su boca en una mueca de incredulidad y se concentró en las voces que se escuchaban muy claramente.

La primera que llegó a sus oídos fue la de Harry, la cual aplacó el rumor que se había estado generalizando todo ese rato. A penas él habló, todos quedaron en silencio.

Intentó focalizar por el pequeño agujero, y jadeó sorprendida. Tuvo que cubrirse la boca para no llamar la atención, aunque juró que Ron la había descubierto. La diferencia, por supuesto, era que él no la delataría. Sin embargo, pudo percibir sus ojos tristes a través de esa pequeña acción.

Se separó un instante del agujero, podía sentir su cuerpo frío y su corazón eufórico. A pesar de la interrupción de Ron, aún no podía procesar bien la información de lo que había visto.

-¿Qué hacen ahí, Malfoy, Percy, Vincent, y Oswald? –Se preguntó, pero Harry ya había comenzado a hablar.

Esperaba ahí poder obtener alguna respuesta.

¿Qué estaba ocurriendo?

-Damos inicio a la quinta reunión de los magos guardianes. – Anunció con la voz cargada de solemnidad, y si Hermione no se equivocaba, también de rabia.- Tema de hoy, El Plan para salvar a Ginny.

Hermione abrió levemente su boca, y se quedó pegada a la pared. Esa reunión de verdad valdría la pena.

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Harry observó los rostros que estaban frente a él. Ron y Vincent eran los más cercanos, mientras que Oswald, Percy y Malfoy, se mantenían en los extremos más alejados.

-Hay mucho que aclarar hoy.- Murmuró Ron apesadumbrado.- Ya no soporto lo que está ocurriendo con Ginny.

-Ni yo.- Masculló Percy, y súbitamente se levantó de su asiento apuntando a Harry con el dedo.- Si no hubieran planeado este maldito lío, seguro que ella estaría mejor de lo que está.

-Si no hubiésemos fingido probablemente ya estaría muerta.- Masculló Harry apretando los dientes.- Esto es algo de lo que ya habíamos hablado. Esta reunión es por otra razón, y todos aquí presente la saben.

Los ojos de Harry se dirigieron hacia Oswald, y una quemazón invadió su estomago.

-Lo prometiste.- Le espetó con tranquilidad, aunque su voz sonaba adolorida. Oswald también se levantó y lo miró desde arriba con una expresión de superioridad, similar a alguien que acaba de ganarse el premio gordo de la lotería.

-Sí, lo admito, lo prometí.- Contestó con soltura.- Pero nunca establecimos las reglas del juego, ¿o sí Potter?

Harry se levantó tan rápidamente como le daban las piernas, producto de la ira. Desafió a Oswald tal como lo estaba haciendo, y apretó los puños.

-¡Las reglas estaban establecidas idiota!- gritó.- ¡Tu las rompiste! No entiendo como es que no estás muerto.

-¡Uy, Potter! Baja un cambió que no es para tanto.- Se mofó Malfoy, pero Harry ni siquiera le dirigió la atención.

-Molly te rogó que cuidarás de ella mientras aquí se apaciguaban las cosas, no que la conquistaras en el intento.- Murmuró inhalando aire con paciencia. Oswald se puso serio y cerró los ojos.

-Ustedes le pidieron aquello a mis padres, a mí simplemente cuando me viste me exigiste que prometiera cuidarla y no tocarle un pelo, y que por sobretodo, no me enamorara. –Rechinó los dientes y suspiró profundamente- Me estabas haciendo prometer por alguien que ni siquiera conocía, ¿Cómo iba a saber que ella era tan encantadora? Nadie me lo advirtió.

Harry apretó los labios y sus puños crujieron. Sintió como dos manos de aferraban a sus brazos.

-Suéltenme, no voy a cometer ninguna locura.-ordenó gruñendo. Vincent y Ron lo soltaron, también se habían levantado.

-Sé que se ha equivocado, pero debes tomar en cuenta que las reglas nunca se fijaron por parte de Ginny, Harry.- Intervino Vincent.- Le pediste a Oswald que no se enamorará, pero ¿en algún momento pensaste en qué podía ocurrir con los sentimientos de ella?

Harry bajó los ojos y se dejó caer en el asiento. Ron suspiró abatido apretándole el hombro. Miró a Vincent y a Oswald, y contestó en lugar de su amigo.

-Harry creyó que Ginny estaría muy dolida para pensar en alguien más.- Apretó más el hombro del chico, éste lo miró.- Fuiste muy orgulloso amigo.-Le dijo. Luego volvió a fijarse en los demás- Creyó que Ginny jamás se olvidaría de él, estaba tan confundida después de la negación que supuso que no se repondría en un buen tiempo si estaba sola.

-Eres un creído…-Murmuró Oswald por lo bajo, pero Harry intento no tomarlo en cuenta.

-Olvidaste que Ginny es de las que cambia de novios como cambia de zapato.- Rió Percy con tristeza fijándose en Harry, luego, se dirigió a Oswald.- No tengo nada en tu contra Oswald, pero si Ginny debe tener un novio, créeme que Harry se la merece más que cualquier otro chico.

-La hizo sufrir… la engañó, le hizo daño, la negó, la humilló, y la mal trató…- Numeró Oswald con las manos apoyadas sobre la mesa y los ojos cerrados.- No sé cómo podría merecerla.

-¡Sabes que lo hice por protegerla imbécil! – Gritó el aludido golpeando la mesa, Hermione saltó en su escondite a tambalearse el librero. -¡Tenía que engañarla! ¡Era la única forma para que no volviera a Hogwarts!

-Pero jamás imaginaste que huiría, la pusiste en peligro.- Masculló su rival con tranquilidad, aunque sus parpados temblaban.

-Ahí es donde entraron tus padres, no te hagas el que no sabes.- Contraatacó Ron.- Conoces perfectamente la historia, ¿a que viene esto de sacarle en cara a Harry el sufrimiento de mi hermana?

-Esto es mejor que ver una lucha entre mortifagos y aurores.- Rió Malfoy.

-¡Cállate! –Le gritó Ron colocándose rojo.- Tu no te metas, esto es entre nosotros.

Malfoy colocó su típica mueca de asco y masculló algo parecido a un “Pobretones idiotas, ¿Quién me manda a meterme en esto?”. Ron le lanzó una última mirada de odio, y luego se enfocó en Harry, su amigo, el chico que estaba con los ojos cargados de ira.

-Hay cosas innecesarias en este plan- Comenzó a decir Oswald con la voz más tranquila, todos fijaron su atención en él.- Comenzando por tu estúpido compromiso con Elisa, y el comportante como un patán frente a Ginny.

Harry inhaló aire y observó al chico por encima de sus lentes.

-¿Tienes alguna mejor idea para acercarnos a Candeviere?-Le espetó. Oswald no contestó, pero Malfoy levantó la mano.- ¡Tú no te metas! – El chico bajó la mano con una sonrisita divertida.- El portal está en el palacio, y si hay una manera de entrar a él es por medio de la realeza. Si no me caso con Elisa no podré ver ese lugar, y no podremos detener al monstruo.

-Si es que no ha matado a todas las portadoras para entonces.- Murmuró Percy con pesadumbre.

-El concilio internacional está intentando encontrarlas. – Puntualizó Vincent.

-Pero no han tenido mucho éxito que digamos.- Agregó Ron apretando los labios.

-El punto es-Interrumpió Harry.- Que si no asisto al compromiso de la boda no podremos detener a Candeviere. Es necesario.

-Oh, ¡y supongo que en eso se basa tu amor incondicional por Ginny!- Estalló Oswald.- ¿Por qué justamente tú eres el que se comprometió con la princesa y no otro? Cualquiera podría haber sido el conejillo de indias. Pero no, querías verla sufrir, ¿verdad?

-Yo no hubiera sido ni por si acaso el conejillo de indias.- Dijo Ron levantando su brazo, Oswald lo fusiló con los ojos.

-Mi punto es- Gruñó el otro volviendo al tema- que el increíble plan de Potter ha funcionado para él, porque para Ginny, aquellos seis años que vivió sola fueron de un total sufrimiento. ¿Quién le ha hecho más daño, eh?

Harry frunció los labios intentando controlar la rabia, ¿cómo se atrevía decir algo como aquello ese maldito infeliz?

-Sabes cuanto he sufrido con esto, ¡Yo era el que te llamaba a cada rato para informarme de cómo se encontraba! ¡Yo fui el que te consiguió las fotos de los dragones de Farenhord! ¡Y casi me matan por hacerlo! ¡Yo fui el que inventó la historia con Cho para que no volviera a Hogwarts! ¡Yo fui el que le pidió a Franz que se disfrazara de guardia para que cuidara su edificio! ¡Yo fui el que planeó acercarse a Candeviere para mantenernos a todos informados! ¡Yo fui el que se comprometió con Elisa para poder cerrar el portal! ¿Y crees que lo he pasado bien acaso? Verla sufrir a cada segundo porque debo comportarme como un infeliz no me ha hecho nada bien ¿sabes? ¡Pero es la única forma de mantenerla alejada de nuestros planes! ¡Si se entera que la estamos engañando va a ir a pelear! ¡Y es por eso que decidimos alejarla! ¡Para que no muera por arriesgar su vida! Pero eso lo sabías, ¿no? Sabías que ella era una cabeza dura que no acepta un “no” por respuesta. Sabías que ella pelearía si sabe de qué va todo esto, ¿cierto? ¡Claro, porque la conoces!

Todos quedaron en silencio, y Hermione se cubrió la boca totalmente alarmada. Harry estaba con ambos puños sobre la mesa, la camisa se le había desordenado y los lentes los tenía chuecos. Respiraba agitado, igual que Ron, aunque Vincent, Percy e incluso Malfoy parecían haber quedado sin aire. Ninguno dijo nada.

-Yo la he mantenido protegida todos estos años, tú solamente la has vigilado. Pero he sido yo el que la ha cuidado constantemente, el que ha velado por ella…- Murmuró Oswald con los dientes apretados y aparentando calma.

-Tu fuiste el que la trajo devuelta al peligro, idiota…- Murmuró Harry bajando la cabeza.- tenías que mantenerla allá en Brixton, tus padres, los Wesley y Franz la estaban cuidando. No debía volver hasta que hubiese sido la boda… ¿Te das cuenta que la trajiste a la boca del lobo?

-Ella quería volver- Murmuró Oswald.- No le podíamos negar aquello.

-En eso también tengo culpa, Harry-Agregó Vincent avergonzado- Cuando descubrió que Candeviere quería asesinarla no pudimos mantenerla más ajena a todo. Quería volver para encontrar respuestas.

-Pues, hicieron mal… debieron haberle dicho lo que estaba planeado desde antes- Interrumpió Ron, y Percy asintió con la cabeza.- Al hacerla volver la han expuesto.

-De todos modos Candeviere no se atreverá a tocar a una de las familias mágicas más famosa del mundo mágico.- Murmuró Vincent, y una carcajada proveniente del rincón los hizo girarse. Malfoy se reía a todo lo que daba el pulmón, Hermione y Ron hicieron el mismo gesto de odio.

-¡Cállate! – Gritaron todos a la vez, y el chico dibujó su típica mueca de autosuficiencia.

-Vincent, todos hemos hechos sacrificios para mantener a Ginny alejada- Dijo Ron con desdén, y sus ojos se dirigieron directamente hacia Malfoy.

-Oh, ¿Ahora es mi turno de hablar? –Preguntó el aludido recostándose en la silla.- Porque sí lo es, déjenme decirles par de perdedores que esto lo hago sólo por recuperar mi casa.

-Y la vas a recuperar si sigues comportándote como el mejor amigo de Ron-Contestó Percy frunciendo el ceño- Candeviere no venderá esa casa hasta que haya logrado vender todos los artículos oscuros de tu padre.

Malfoy gruñó.

-Como sea, espero salir luego de esta patraña-Gruñó- Sólo quiero conseguir esa casa para casarme con Katerina y dejar de venir a esta pocilga.

-No te podrás casar con ella hasta haber acabado con Candeviere, Draco- explicó Vincent, y el aludido refunfuñó.

-Potter se casa en dos meses- Murmuró haciendo una mueca con el labio superior.- Por tu culpa debo esperar ocho semanas para poder casarme y tener mi casa.

-No es por mi culpa-Se defendió aturdido.- la fecha de la profecía se cumple el veinticinco de Febrero, debo casarme ese día para entrar al ala del palacio que tiene el portal. Candeviere estará ahí ese mismo día.

Malfoy no contestó ante eso, pero sí gruñó molesto. No le gustaba no tener la razón. Desde que estaba inmiscuido en ese estúpido plan no podía valerse por si mismo. Y aquello le molestaba de sobremanera. ¿Desde cuando un Malfoy seguía ordenes?

-¿Podemos ir al punto? – Exclamó Oswald.- ¡No me importa tu casa ni mucho menos los sacrificios que hayan tenido que hacer ustedes dos! Aquí lo único importante es Ginny.

-Por supuesto.- Coincidió Harry asintiendo lentamente.- ¿Y supongo que por eso la has traído de vuelta?

-La traje de vuelta porque quería ver a su familia, ¿qué no es suficiente?

-¡La trajiste al peligro!

-¡Está dónde pertenece! ¡Tú la enviaste a la soledad y al sufrimiento!

-¡Por protegerla!

-¡Por supuesto! Supongo que codearte con la realeza, asistir a fiestas y trabajar en el mejor puesto de la oficina de aurores es mucho sacrificio, ¿no es verdad? Se nota que la quieres.

Harry se crispó y con un manotazo hizo que los vasos y algunos papeles que había sobre la mesa cayeran al suelo.

-¡Yo he sacrificado mucho más por ella que tu Mcclay!

-¡Si te hubieses sacrificado y la amaras tanto como dices habrías ido tu mismo a cuidarla a Brixton y no habrías enviado a gente a hacerlo!

-¡Tenía que llegar a Candeviere imbécil!

-¡El trabajo fácil! – Exclamó Oswald acercándose a Harry y viéndolo con desprecio.- ¿Sabes lo que me costó a mí y a mis padres sacarla de la depresión en la que estaba? ¡Creía que su familia la odiaba! ¡Que el amor de su vida la odiaba!

Harry no contestó. Como Oswald era un palmo más alto que él debía mirarlo hacia arriba, pero aquello no lo intimidaba. Sintió que Ron y Vincent se ponían a la espalda de cada uno para prevenir un ataque. Percy y Malfoy se habían levantado de la mesa, aunque uno estaba más preocupado, y el otro muerto de risa.

-No discutan- Rogó Percy abatido.- Todos hemos sacrificado cosas por Ginny.

-Pero Harry ha hecho más- Interrumpió Ron sujetando nuevamente el hombro de su amigo.- Es verdad que yo tuve que hacerme amigo de esa alimaña- Dijo apuntando a Malfoy con la cabeza, el que le devolvió una sonrisa de superioridad.- pero Harry ha tenido que fingir frente a todo el mundo y no mostrar dolor. ¿Crees que es muy feliz fingiendo odio frente a Ginny? ¡Todo esto que estamos haciendo es por el amor que él siente hacia ella! ¡Si Candeviere no la ha encontrado es gracias a Harry! ¡No gracias a ti, Oswald! Aunque debo admitir que de repente te pasaste con tu actuación viejo.

Ron le dedicó una mirada de advertencia a Harry al levantar una ceja, pero éste simplemente se limitó a asentir.

-Todos saben que el plan se basaba simplemente en mantenerla alejada, en que no se acercará hasta que fuera veinticinco de Febrero. Sólo ahí, podía volver, cuando Candeviere estuviera acabado. –Murmuró Harry sin quitar sus ojos de los de Oswald.- No era mi intención fingir odio frente a ella, sólo lo hice una vez para que no volviera a Hogwarts. Pero cuando volvió… cuando Molly me avisó que había vuelto… tuve que juntar todas mis fuerzas para alejarla nuevamente… Había conseguido comprometerme con Elisa, no podía dar marcha atrás al plan. Tenía que demostrarle que ya no la amaba, y que la odiaba por haber abandonado a su familia. Era la única opción para que se alejara de mí y no descubriera nada…Por supuesto que me alegré de verla, y sufrí con cada palabra de su historia…- De repente, Harry sintió algo que en todo ese tiempo no había sentido: unas tibias lágrimas se deslizaron por sus mejillas, impresionándolo.- ¡Maldita sea Mcclay! La he amado todos estos años, he sacrificado mi vida, estoy viviendo una gran mentira, nada de lo que tengo es real, y aún así dices que no he hecho nada.

-Pues… eso parece- Oswald desvió sus ojos de los de Harry, incomodo, Vincent sujetó su hombro.- En todo caso, si tanto la amas, deberías dejarla ser feliz. ¿No ves que ya eligió?

Harry inhaló con fuerza y no soltó los puños. Agachó la cabeza, derrotado, y se secó los ojos bajo los lentes.

-Sí, eligió.- Contestó con determinación.- Y no me voy a interponer. Aunque fue tu culpa que te eligiera, tú la enamoraste, y aquello rompe el trato que había en este grupo.

-Harry no…- Comenzó Vincent, pero Harry levantó la mano para pedir silencio.

-Hicimos un juramento, tan básico y simple como no traicionarnos entre nosotros, y tú lo hiciste.- Levantó sus ojos y contempló a Oswald con cansancio.- Si lo que quieres es que luche por Ginny, eso tendrás. Desde ahora, mi fingido odio por ella desaparecerá, y creo que he comenzado muy bien con la idea de la exposición. Pero, si al final ella elige entre los dos, y te escoge a ti, juro que no me interpondré… como tú lo hiciste.- Se quedó en silencio un instante mientras Oswald le devolvía una mueca que envolvía reto y pánico.- Gracias a ti Mcclay, este grupo se disuelve. No dejaré de luchar por ella, me casaré con Elisa sólo para llegar a Candeviere, y ustedes- Dijo señalando a los otros con rapidez- Se encargaran de detenerlo. Esto se acaba aquí.

Se giró con rapidez, tomó su capa que estaba apoyada en el respaldo de la silla y se la colocó con un ágil movimiento. Todos los demás magos estaban quietos y pasmados.

-No puedes hablar en serio- tartamudeó Percy, pero Harry no contestó.

Ron lo observaba con lástima y calma, aunque en el fondo sentía el mismo pánico que los demás. Esas reuniones eran necesarias para salvar la vida de su hermana.

-Podrías pensarlo mejor, viejo- Le sugirió, pero Harry no volvió a contestar.- ¿Harry?

-¿Qué sucederá con mi casa? – exigió Malfoy más pálido de lo normal.

-Nos veremos en la madriguera- Puntualizó con tristeza.- Como simples magos, sin ningún interés en común.

Hermione jadeó cuando Harry tomó un grueso libro del estante en sus manos. Un chasquido advirtió que la muralla se había comenzado a abrir. Inmediatamente se incorporó y salió corriendo por el pasillo, tropezando a su paso con cucarachas y arañas viscosas.

No podía creer lo que había oído, ¿Qué todo era mentira? ¿Y ella también había sido victima? ¿Cómo pudieron?

Lo único que le hizo acelerar el corazón en algún momento, fue enterarse que Harry aún amaba a su amiga, y más que nunca. Y eso, quería decir sólo una cosa: Que se había equivocado rotundamente al recomendarle a Ginny que se diera una oportunidad con Oswald. ¡Tenía que revertirlo! Harry se había sacrificado mucho por ella, ¡todo lo había hecho por ella! Tenía que hacer algo para que Ginny volviera a fijarse en él.

Llegó a la sala y tomó su abrigo. Apenas logró colocárselo, ya que salió corriendo de la casa antes que los magos aparecieran por la muralla.

En el camino solo tenía una cosa en mente, Ron pagaría caro su engaño. ¡Merecía una explicación!

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Hermione se detuvo a mitad de la subida de la colina. La lluvia había cesado, aunque el frío viento no dejaba de agitarle el cabello.

Apretó los dientes y se agarró el corazón, pero no debido al cansancio. Lo que acababa de oír salía de su entendimiento. ¿Cómo pudieron?

Cerró los ojos tratando de inhalar el aire y despejar su mente. Los pulmones le dolían, pero era la mejor opción para aclarar sus pensamientos.

-¿Hermione?

Se giró con los ojos llorosos. Ron estaba a unos cuantos metros de distancia.

-¿Cómo pudieron? – Susurró anonadada- Ron… Ginny es tu hermana…

-¿Entiendes ahora por qué te pedí que me perdonaras? Aún hay muchas cosas que no sabes…

Hermione negó con la cabeza y se agarró la frente. Comenzó a dar vueltas con movimientos bruscos, tratando de disolver su rabia. Ron mantenía los ojos apuntando al suelo, su larga capa negra apenas lograba cubrirle los talones debido a su altura. La chica se detuvo y lo observó con los ojos y la nariz sonrojados.

-¿Por eso te marchaste? ¿También fue por proteger a Ginny?

Ron levantó sus ojos y se contempló por un instante en los de la chica.

-Ya oíste ahí dentro. –Suspiró y se pasó una mano por la cabeza desordenando su cabello. – Es una historia algo… complicada.

-Tengo tiempo –Lo zanjó. El chico se mojó los labios y se acercó a ella lentamente.

-Lo primero que tienes que saber, es la historia de Malfoy- Comenzó, Hermione se cruzó de brazos debido al frío y se acercó también.- Nosotros, nos hemos autoplocamado “magos guardianes” ya que hemos estado planeando durante estos seis años la protección de Ginny. Sí, todos sabemos que Candeviere es el asesino, incluso mis padres.- La chica jadeó, pero Ron le rogó silencio con la mano.- El hecho que Malfoy esté en este grupo se debe al embargue de su casa. Eso sucedió antes que Candeviere fuera elegido ministro, y trabajaba en el departamento de aurores. Confiscó los objetos de Lucius Malfoy y se los llevó para estudio. Malfoy quedó sólo, y su única opción para liberar su pellejo a causa de su nombre era huir a algún lugar. Harry descubrió que estaba en algún lugar de Rusia, ya que algunas pertenecías de sus abuelos paternos aún podían ser salvadas. Sabíamos que para él, su casa era su más grande posesión, por lo que decidimos ayudarlo.

-Ahora lo entiendo…-murmuró la chica con un suspiro.- Encontraron a Malfoy y le ofrecieron recuperar su casa a cambio que los ayudara con la protección de Ginny, ¿No es así? Después de todo, están del mismo lado. Ambos quieren derrotar a Candeviere.

Ron sonrió.

-Por eso me gustas, siempre entiendes todo y no hay necesidad de dar más explicaciones.

-Aún así, no me queda claro porqué ambos son amigos. – Dijo desviando sus ojos, sonrojada.

Ron gruñó.

-No lo somos. –Confesó.- Jamás podríamos serlo. Cada vez que nos abrazábamos tenía que ir a desinfectarme.

-¿Entonces?

-La historia de Katerina no es mentira. Ella realmente trabajaba con nosotros en Rumania. Cuando Harry descubrió que él estaba en Rusia me pidió que lo fuéramos a buscar junto con Charlie para ofrecerle el trato. Fue entonces cuando se conocieron con Katerina, aquello fue un punto a favor, porque yo me negaba rotundamente a hacer migas con él.

-¿Entonces gracias a ella es que pudieron establecer el pacto con Malfoy?

-Sin dudas- Dijo Ron con una sonrisa.- No sabes lo que costó, pero por suerte Katerina supo controlarlo.

-Oh…

Hermione se giró para observar el horizonte que se extendía hacia el norte. Un leve rayo de sol iluminaba una pequeña aldea al borde de la montaña más lejana.

-Aún no me explicas porqué me abandonaste sin decir nada…- Murmuró, y Ron se le acercó por atrás.

-Eras la mejor amiga de Ginny, ¿te hubieses quedado callada si hubieses sabido el plan desde antes?

La chica no contestó. Ron nuevamente suspiró.

-Sonará infantil pero… Hicimos un sorteo.- Contó.- Revolvimos un par de papeles dentro de un canasto, y a mí me tocó la mala suerte de ir en busca de Malfoy. La mejor excusa para largarme era decir que me iba a trabajar con Charlie a Rumania, porque no estaba de acuerdo en que mis padres y Harry no hicieran nada por Ginny. Es por ello que fingimos estar peleados.

-Pero en realidad siempre estuvieron protegiéndola…

-Así es…- Dijo Ron.- Jamás la dejaron sola. Mantenían día a día contacto constante con los Mcclay y Franz. De hecho, Harry ordenó el camuflaje de un par de aurores por las cercanías del edifico donde se encontraba Ginny viviendo. Jamás la abandonaron. Pero, nadie lo sabía…

Hermione cerró los ojos. Nuevas gotas de lluvia habían comenzado a caer.

-Entonces… te fuiste sin decirme nada para que creyera que era por rabia hacia tu familia…- Murmuró.- Yo también fui una victima de la mentira.

-Perdóname…- Susurró abrazándola sorpresivamente por la cintura. Ella se sobresaltó.

-Ron…yo…

-Todo lo hicimos por Ginny.- Objetó Ron con la voz quebrada, hundiendo su cabeza en el cuello de ella.- Es tan testaruda que si no le hubiésemos mentido ya estaría muerta. Habría ido a pelear… sabes cómo es.

-Lo que más impresiona…-murmuró.- Es el trabajo y el esfuerzo de Harry…

-Realmente la ama…-Confesó.- No sabes lo que le ha costado mantenerse al margen. Por eso me sorprendió cuando la vi salir de su despacho. Nunca creí que él soportaría estar tanto rato cerca de ella sin cometer una locura, o besarla.

Ron rió con tristeza, y Hermione se giró.

-Ron… ¿Por qué Harry se comprometió con Elisa si ama tanto a Ginny? ¿Qué es eso del portal del palacio?

Ron enmudeció un instante y cerró los ojos tratando de encontrar la respuesta más clara.

-El palacio de Buckingham está construido sobre un fuerte mágico muy poderoso. Según lo que hemos estudiado de la profecía, o que al menos papá ha averiguado, hay una fecha que coincide con la apertura de aquel portal mágico. Candeviere, para poder conseguir su propósito, debe acudir a ese portal con las nueve esferas mágicas que porta cada una de las mujeres. Con aquellas esferas, podría activar el limbo que hay en el portal y absorber su poder. Eso lo convertiría en un mago indestructible. Se supone que revertiría el efecto de las esferas para su propósito. Porque estas brujas existen para detenerlo. Pero si él las mata a todas no habrá nadie que lo haga.

-¿Y si Ginny queda sola en esto?

-Basta con que haya una portadora a salvo para que el portal no cumpla su cometido. Aunque él sería mucho más poderoso y podría estar en desventaja. Por eso queremos salvarlas a todas. Para destruirlo a él.

-Ya veo… vaya….- Murmuró, y Ron sonrió.- Entonces Harry quiere casarse con Elisa para poder entrar a ese portal.

-La fecha que él escogió es la misma que coincide con la apertura del portal, porque al palacio no entra nadie que no sea de la familia. Los extraños solamente pueden recorrer el ala este. La Oeste es donde se realizará la ceremonia, y es en la misma sala donde existe el portal.

-Si el portal hubiese estado en la sala contraria, no habría sido necesario que se comprometiera con Elisa.- Explicó, y Ron asintió.- Pero… ¿Qué sucederá con ella? Se ve muy enamorada de Harry.

-Eso es lo que más teme.- Murmuró Ron.- Harry me dijo que hoy Elisa le dijo que lo amaba. Ya no sabe que hacer para hacerse el desentendido. Tampoco quiere hacerla sufrir, pero no hay otro método.

-¿Y si se casa con ella qué sucederá con Ginny?

Ron se demoró un instante en contestar, aquello no estaba del todo conversado en el grupo.

-Planeaba que el matrimonio fuera falso. Es decir, contratar un ministro falso para realizar la ceremonia, así el matrimonio no sería legal para los muggles.

Hermione abrió los ojos como platos. Era verdad que Harry era capas de hacer muchas cosas “ilegales”, pero de ahí a traicionar el corazón de una pobre chiquilla…

-Sé lo que piensas…- Rió Ron un poco más tranquilo.- Pero él sabe lo que hace.

-Bueno… siempre él ha jurado saber lo que hace, y al final, aunque no lo es, le resulta. Así que esperemos que no tenga razón.

Ambos rieron, Hermione se sintió un poco más tranquila, aunque no dejaba de pensar en Ginny, ni en lo que había visto.

-¿Qué sucederá con Oswald?

-Esa es la parte que no esperábamos del plan.- Contestó Ron acariciándole la nariz para calentársela.- Harry es tan orgulloso que jamás creyó que Ginny se podría enamorar de alguien más, aunque yo no lo creo.

-Ginny sigue enamorada de Harry- Murmuró Hermione, y el rostro de Ron se iluminó.

-¿Lo dices en serio?

-¡Por supuesto! Es cosa de que la veas.

-¿Por qué está con Oswald entonces?

Hermione se sonrojó y apretó los labios.

-Por nosotras…- Masculló avergonzada, y Ron alzó una ceja.

-No entiendo…

-Da lo mismo…- Contestó con rapidez.- El punto es que Ginny aún ama a Harry y eso lo sé porque se le nota.

-Pues, mejor que se de prisa entonces en dejar a Oswald, sino…

-Pero tú pareces muy satisfecho con aquella relación. – Sostuvo Hermione cruzándose de brazos nuevamente.- Basta ver como lo defiendes frente a Harry.

Ron rodó los ojos y resopló.

-¿Qué no me has escuchado todo este rato? –Le exigió posando sus ojos, firmes, en los de ella.- Hermione, debemos fingir todo el tiempo, frente a todo el mundo, que no somos amigos. Por supuesto que no estoy de acuerdo en la relación de Oswald con Ginny, pero se supone que con Harry ya no somos amigos. Debo apoyar a mi cuñado ficticio aunque no quiera.

Hermione asintió con la cabeza muy lentamente. La lluvia había vuelto a caer, está vez, más densa. Se acurrucó, apretando sus brazos contra sí misma, pero Ron se le adelanto al cubrirla con su capa.

-Te vas a empapar.- Le recriminó.

-No me importa, no tardaremos en llegar. - Con la varita apuntó a una lata de verduras oxidada a un rincón. El objeto brilló con un destello azul, y luego volvió a parecer normal y mundana.

-¿Vamos a tu casa?

-Sí.- Dijo Ron acercándola al traslador. La lluvia lo empapaba totalmente. Hermione notó que sus ojos azules estaban perdidos y vacíos sobre la lata.

Se acercaron y se agacharon para tomarla, pero Ron se detuvo un instante.

-¿Vas a hablar?

Ella levantó sus ojos para mirar las nubes al horizonte y suspiró.

-Debería hacerlo…

-Recuerda que es por proteger a Ginny.

-Al menos deja que los demás sepan que lo sé. –Ordenó con paciencia.- Esto no me lo puedo callar. Hay un par de cosas que me encantaría largarles a Harry y a tu madre.

Ron sonrió tímidamente y acercó su mano al traslador. Hermione lo imitó, y antes de levantarse del suelo y desaparecer en un torbellino de colores, él susurró:

-Sólo espero que ahora que lo sabes estemos en el mismo bando…

Nota de la autora:

¡Al fin el capítulo 22 está publicado! ¡Por fin saben qué es lo que sucede!

Ahora ya saben que Harry planeó todo para salvar a Ginny, que todo el odio que siente por ella es implemente actuación para protegerla. Que sufre por Elisa y que toda su vida es una mentira. ¡Todo por ella!

Debo felicitar a todos quienes atinaron con las teorías que fueron más de uno. Muchos acertaron a la teoría de que Harry fingía por protegerla, y por supuesto, eso era verdad. Pero no podía decirlo.

Ahora, debo advertirles que todo lo que suceda de aquí en adelante será mucho más emocionante. Ya saben qué es lo que sucede como lectores, así que se divertirán mucho al saber los pensamientos de Harry a partir del próximo capítulo.

Lamentablemente para aquel capítulo deberán esperar, las razones, es que dentro de una semana me voy de vacaciones y no regreso hasta el 1 de febrero. Razón por la que no voy a poder publicar durante dos semanas. Además, donde voy no hay computadores ni tecnología, así que no podré escribir siquiera el próximo capitulo.

Pero obviamente dejaré la fecha de publicación, para que no se desesperen por esperar.

FECHA DE PUBLICACIÓN: 9- 10 y 11 DE FEBRERO!!!!

Lo bueno, es que para que se hagan una idea, dejaré obviamente, un adelanto del próximo capítulo.

Capítulo 23:

¡Liberación Femenina!

Hermione tiene una larga conversación con Molly y Harry. El chico se siente retado al escuchar un extenso argumento de la chica que le explica sus probabilidades para perder a Ginny si no hace algo. Es por ello que le afecta de sobremanera cuando Maggie aparece con su loca idea de la despedida de soltera para Katerina, ya que va a invitar a los vedetos más guapos del espectáculo.

Las chicas vivirán una alocada fiesta en la posada de Nadezdha, incluyendo las novias de cada uno de los chicos de la historia. Las portadoras serán olvidadas un instante, hasta que aparezca Omanshai en Nueva Zelanda y tenga una extraña conversación con Sonsioré.

Si quedaron con dudas, ahora puedo responder todas las preguntas que quieran, así que siéntanse con la libertad de hacerlo.

Ya saben, cualquier consulta, review o tomatazo, pueden enviarla a: (Junten los puntos)

anya. Naivea (arroba) gmail. Com

O pueden postear en:

www. Ethianevals. Blogspot. Com.

Muchas gracias por leer.

¡Que tengan unas lindas vacaciones!

¡Nos vemos en Febrero!

Anya.



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