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Anya.Naivea
Author of 8 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Adventure - Ginny W. & Harry P. - Reviews: 201 - Updated: 11-23-09 - Published: 01-31-08 - id:4044860

¡Liberación Femenina!

Ginny aguardaba sentada en la sala de su casa. Nadie se había aparecido; Ron con Vincent y Oswald se habían ido a Hogsmade a comprar los ingredientes para el almuerzo, mientras que Harry con Percy y Charlie habían ido al ministerio a ver unos asuntos de trabajo.

Leía un par de revistas de Corazón de Bruja antiguas que su madre tenía guardadas, y pocas veces le daba una ojeada a los trípticos del ministerio. Cerró los ojos y se desperezó. De vez en cuando una punzada en su estomago le recordaba lo mal que sentía aún por el accidente de Harry. No podía evitarlo. Además, las cosquillas que acompañaban ese dolor era fácilmente distinguible, y eso, la hacía sentirse miserable y culpable.

Sacudió la cabeza para olvidarse de las amables palabras que Harry le había dirigido en la mesa. ¿De verdad él quería acompañarla a la exposición? ¿Qué lo había llevado a ofrecerse?

Otra sacudida. Debía sacarse esa idea de la mente sino, no podría tener una relación tranquila con Oswald.

Oswald….

Cuando estaba en Brixton a él siempre lo vio como algo más, y encontraba imposible que pudiera fijarse en ella de otra manera que no fuera como su mejor amiga. Pero ahora, que ya lo tenía para ella, y que además, él parecía profesarle un amor que iba más allá de lo que podía imaginar, no la hacía sentir mejor. Todo lo contrario.

Gruñó y se agarró la cara con ímpetu arrojando las revistas sobre la mesita de centro. ¡No podía ser tan idiota y seguir pensando en Harry! No podía seguir sintiendo cosas por él, ¡el chico se iba a casar! Pero sin dudas que había diferencia, y aquello no se lo perdonaba. Pensar en Harry no era lo mismo que en Oswald. Pensar en Harry era como llenar un vacío frío y turbulento, y convertirlo en algo calido y acogedor. Mientras que pensar en Oswald… él sólo llenaba parte de ese vacío, pero no llegaba a estar en calma. El frío acababa, pero la turbulencia seguía.

Se desplomó sobre el viejo sofá y resopló. ¡Por Merlín y todos los magos famosos del mundo! ¡Seguía enamorada de Harry!

-Idiota, idiota, idiota-Masculló.

-¿Por qué te golpeas con el cojín?

Alarmada, se levantó sorprendida al descubrir a Maggie con Fred y George riendo divertidos. Se sonrojó, pero intentó controlarlo para no quedar en evidencia. Los chicos la veían con una extraña expresión que mezclaba recelo y ternura. Un horrible coraje le llenó el estomago cuando notó que sus hermanos cubrían a Maggie de manera inconciente, como si fuese a atacarlos.

-¡No puede ser! – Exclamó. Se levantó del sillón y caminó hacia ellos. Le dolió notar que retrocedían por instinto. –No es cierto…

Los ojos de sus hermanos se posaron en ella con dolor y miedo. Comprendió entonces la terrible realidad en la que consistía ser una portadora. La garganta se le apretó y usó toda su fuerza de voluntad por evitar que las lágrimas emergieran. Estaba harta de llorar. Jamás antes había sucumbido al llanto por muy fuerte que fuese el dolor, aunque después del abandono y la soledad que sufrió durante seis años le había sido difícil aguantarse. Aunque durante ese tiempo ya los ojos se le habían secado, no tenía ningún interés por demostrar debilidad justo en ese momento. Ya no era una niña.

Se enderezó e irguió su espalda, elevó el mentón y fulminó a los tres con la mirada.

-Con permiso, voy a ayudar a mamá con la ropa sucia.

-¿Estás bien? – Preguntó uno de sus hermanos. Por el tono de la voz de inmediato supo que era Fred.

-Mejor que nunca.- Dijo con una sonrisa cargada de sarcasmo, girando su cabeza y batiendo el cabello.

Los tres chicos se miraron furtivamente y avanzaron tras de la pelirroja hasta la cocina. Molly recibió a su hija con una sonrisa calida y llena de emoción. Ni siquiera le dirigió la palabra, simplemente le ofreció un par de galletas de la bandeja que acababa de salir mágicamente del horno.

-¿De arándano y azúcar? – preguntó antes de morderla, su madre sonrió achicando sus ojos. La chica se llevó la galleta a la boca, sopló un poco la orilla y la mordió. Al cabo de un instante suspiró placenteramente.- ¡Mamá! ¡Están fantásticas!

-¿Segura? Hace tanto tiempo que no las cocinaba que ya no sabía si las había hecho correctamente.

-¡Te quedaron fantásticas! – Exclamó sacando otras dos galletas con cuidado de la bandeja. Molly sonrió orgullosa y les lanzó una mirada furtiva a los otros tres chicos que se mantenían rezagados en la puerta de la cocina.

-¿No quieren probarlas?

Fred y George se miraron. Ginny volvió a sentir pesado su estomago cuando de reojo notó que George alejaba a Maggie y la resguardaba tras su espalda.

Fastidiada, arrojó las galletas sobre la bandeja y salió furiosa de la cocina. Ni siquiera se preocupó cuando los tres chicos se agazaparon para evitar estar cerca de ella.

-¿Qué diablos les pasa a ustedes tres? – Les recriminó Molly colocando los brazos cómo jarras. Fred se pasó una mano por la cabeza de manera inconciente. Se acercó a su madre y tomó asiento en la mesita.

-¿Es necesario explicarlo?

-¡Es su hermana!- Masculló la mujer apretando los dientes y arrojando el paño que llevaba en su cintura sobre la mesa.

-Queremos evitarnos problemas.- Agregó George tomando asiento al lado de su gemelo, parecía avergonzado.- Mientras menos bromas le hagamos, menos posibilidades tiene de enojarse, y bueno…

-Para ser sinceros, no queremos que nos haga explotar.- Admitió Fred inclinando la cabeza. Los ojos de Molly se abrieron con mesura, apoyó las manos con fuerza sobre la mesa y fulminó a sus hijos con la mirada.

-¿Cómo pueden hacerle esto? ¡Su hermana no lleva más de cinco meses acá y ya quieren hacerla sufrir de nuevo! ¡Bastante tuve ya con le maldito plan de alejarla de nosotros! ¡No hagan que suceda otra vez! Ella no va a explotar.

-Con Harry explotó porque la hizo enfadar… - Interrumpió George, Molly suspiró abatida y se sentó junto a ellos.

-No sabemos si fue por la magia que lleva adentro o por su carácter. Todos sabemos que Ginny es explosiva desde que era una bebé. Eso podría haberle pasado en cualquier momento. ¿Recuerdan sus escobas cuando estaban en segundo año?

Ambos chicos rieron, y Maggie, que se había mantenido en silencio tras George parpadeó confundida.

-¿Qué sucedió? – preguntó curiosa al ver las caras de los gemelos. Fred fue el que contestó.

-Quería volar y no la dejamos, era muy pequeña.-Contó.- Le fastidio tanto que tuvo un ataque de ira.

-Al otro día las escobas no eran más que astillas.- Terminó George apunto de carcajearse.

-¿Lo ven? – Dijo Molly sonriendo con ternura- Ginny es explosiva desde que era niña. Con Harry simplemente se le pasó un poco la mano. Dejen de evitarla, ella lo nota.

Los tres chicos se miraron y súbitamente un dolor similar los recorrió. George se estremeció.

-No me siento bien- Dijo agarrándose el estomago sobreactuando.

-Siento que mi espalda se va a partir en dos.- Agregó Fred arqueándose como un jorobado. Maggie y Molly sonrieron.

-La culpa los está matando.- Rió su madre.- Vayan a disculparse con ella.

Se hizo un leve silencio por unos instantes, pero fue quebrado por un repentino grito eufórico de Maggie.

-¿Qué diablos te pasa? – Saltó Fred desde el suelo, George se retorcía de la risa mientras su gemelo intentaba levantarse mientras reía.

-Señora, ¿dónde están las invitaciones de Katerina?

Molly parpadeó unos instantes y se mordió los labios, como si intentara no recordar.

-Creo que están en la sala, sobre la repisa de la chimenea. – Contestó frunciendo los labios. Aún no se hacía la idea de que Malfoy los hubiera invitado a su matrimonio.

Maggie salió corriendo de la cocina, no se preocupó por botar la silla a su paso. Llegó con rapidez a la chimenea y cogió todos los sobres que había sobre ésta. Molly refunfuñó cuando la chica lanzó al suelo las que no le servían.

Finalmente lo encontró: un brillante sobre color marfil que se dirigía a Ron y el resto de la familia. Lo abrió torpemente. Sus pupilas se desplazaron con rapidez sobre el texto, hasta que encontró lo que quería.

Nuevamente volvió a gritar, Molly se tapó los oídos mientras volvía a la cocina. George se acercó a su novia y leyó por encima de su hombro la invitación. Sus ojos se achicaron con extrañeza.

-¿Qué es tan emocionante?

Maggie sonrió ampliamente y se guardó la invitación entre sus manos. Apretó la nariz de George haciendo un mohín y salió de sala en dirección a las escaleras.

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Hermione se encaminó con Ron en dirección al seto. Al otro lado se distinguía perfectamente el techo de la Madriguera. No habían hablado nada en todo el camino, Hermione aún procesaba lo que había visto y oído.

-¿Estás bien? – La interrogó Ron de reojo. La chica mantenía la vista al frente y los brazos cruzados sobre su pecho. Suspiró.

-No lo sé Ron, me siento algo… aturdida. –Confesó ciñéndose más a su abrigo.

-¿De verdad piensas hablar con mamá de esto?

-Y con Harry.- Admitió mientras se adelantaba a Ron y cruzaba el seto.

-Con… ¿Harry? – vaciló siguiéndola, se le cruzó en medio del camino y extendió los brazos para evitar que siguiera caminando. Ella ni siquiera se inmutó.- ¿Qué te volviste loca? ¡Me mataría!

-¡Te lo mereces por haberle hecho una cosa así a Ginny! – Espetó empujándole un brazo para seguir caminando. Ron corrió tras ella, la sujeto por los hombros y la giró con fuerza.

-¡No puedes! Quiero decir, con mamá si, claro, pero ¿Con Harry? ¿Sabes qué significaría eso? ¡Ginny lo sabría todo!

Ella se soltó con fuerza.

-¡De ser por mí lo sabría todo! – Gruñó.- ¡No me hagas esto más complicado, quieres Ronald!

Se volteó y siguió caminando en dirección a la casa. De vez en cuando pateaba los restos de nieve que se apilaban en el camino y que no la dejaban pasar.

-¡Hermione, espera!

-¡Deja ya, Ron! – Le increpó sin girarse a verlo. Las pisadas de él resonaban por entre la nieve como un tímido frufrú.

-Es que, acabarás con Ginny si lo sabe, nos odiaría y ahí sí que no volveríamos a saber de ella.

Hermione se detuvo en seco y apretó los labios. Ron sonrió triunfante y se colocó a un lado de ella. La abrazó por los hombros, pero la chica no se dejó.

-Lo entiendes, ¿verdad? – Intentó por casi quinta vez, Hermione suspiró y cerró los ojos frustrada.

-No puedo creer que tenga que hacer esto.- Masculló, Ron levantó los hombros.

-Al menos espera a que se calmen un poco las cosas… ¡hasta que Candeviere esté muerto! – Susurró con la voz aguda, la chica inclinó la cabeza para verlo, sabía a quién se refería.

-Si lo hago… ¿me prometes algo?

Ron vaciló un instante, pero luego asintió.

-Prométeme que harás todo lo posible porque Harry conquiste a Ginny, yo haré lo mismo por mi lado.

El chico parpadeó sorprendido, se esperaba otra clase de promesa, pero se alegró de saber que era eso lo que ella quería.

-Creí que Oswald te caía bien.- Dijo él acercándose a la puerta para abrirla.

-Es un buen chico, pero no es el indicado para Ginny.

Ron le sonrió y ella se sonrojo, pero estaba tan frustrada que desvió la mirada enojada.

-¿Entrarás o te quedarás aquí para congelarte?

Hermione agitó la cabeza y entró con rapidez a la casa rebasando a Ron. El chico rió pero de inmediato su expresión cambió a una de preocupación cuando notó que Molly salía de la cocina en dirección a la sala.

-¡Hermione! – Escuchó.- Llegas temprano, querida.

Hubo un silencio momentáneo que produjo que a Ron se le congelara la sangre. Cerró la puerta tras él, se sacudió la nieve del cabello y entró con rapidez a la casa.

-Tengo que hablar seriamente con usted señora Weasley.- La oyó decir Ron. La sangre le bajó hasta los pies y el corazón se le aceleró entrando en pánico.

-Claro, cielo. Pero en la cocina ¿quieres? Tengo mucho trabajo con unos vestidos que…

-¡No! – gritó Ron, las dos mujeres pegaron un salto y quedaron viendo al chico con los ojos como platos.

-¿Pero qué rayos te ocurre? – Le espetó Hermione agitando los brazos.- ¡Casi matas a tu madre de un susto!

-No… no vayas a la cocina… aún.- Titubeó el chico acercándose tambaleante y dedicándole una mirada de advertencia a la chica. Hermione puso los ojos en blanco.

-¿Por qué no? – Increpó Molly observando preocupada a su hijo. Se mordió el labio inferior como si procesara algo, entonces se alejó de Hermione unos pasos.- ¿Me acompañas un momento, hijo?

-Si es para hablar de la reunión señora Weasley, no se preocupe, ya estoy al tanto de todo lo que ocurre.- Dijo Hermione con voz autoritaria y con los brazos cruzados sobre su pecho. A Molly se le desencajó la mandíbula. No hacía más que mirar a Ron y a la chica dubitativamente.

-¿Qué…cómo?... ¿Ron? – titubeo la mujer intentado hacerse la desentendida.

Hermione inhaló una gran cantidad de aire y cerró los ojos.

-Si quiere podemos ir a la cocina, tengo un par de cosas que quisiera discutir…- Desde arriba se oyeron algunos gritos y murmullos que claramente provenían de Maggie, Hermione bajó la voz.-… Sobre Ginny.

-No sé de qué me hablas.- Dijo Molly tajante. Ron se rascó los ojos y se acercó con cuidado a su madre hasta ponerle una mano sobre su hombro.

-Hermione ya lo sabe.- Murmuró. Su madre abrió los ojos sorprendida y cambió una mirada con la chica. Ninguna dijo nada por un largo rato. Hermione se veía cansada. Claramente, su cerebro jamás había trabajado tanto por intentar comprender una situación. Esto la sobrepasaba.

Asintió con lentitud, como contestando la pregunta que Molly había realizado con los ojos. La mujer comenzó a derramar gruesas lágrimas y se tapó la boca con fuerza, apretando el paño de cocina contra ella. Hermione se acercó con precaución y le tomó la mano con ternura.

-¿No quiere sentarse, mejor?

Molly lanzó un sollozo cargado de dolor y a Ron se le enrojecieron los ojos. Hermione lo fulminó con la mirada, era obvio que no comprendía el dolor de la mujer por hacerle tanto daño a su hija.

-No… Yo…. -Gimió sollozando, Hermione asintió con paciencia.

-¿Quiere hablar de esto, ahora?

Molly asintió con calma y juntas se encaminaron hacia la cocina. Ron no las siguió, otra idea cruzó por su cabeza, aunque aquello significaba que lo colgaran del pescuezo.
Con la varita hizo una rápida floritura en el aire e hizo aparecer un papel que se escribió mágicamente. A los pocos segundos, éste desaparecía en el aire como un pequeño cometa que voló por toda la habitación hasta perderse en la chimenea.

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Vincent, Oswald y Percy llegaron a las pocas horas después con algunas bolsas con comida para el almuerzo. Ginny se sorprendió cuando su novio, a penas apareció por la chimenea, la abrazó con fuerza y la beso con desesperación. Tuvo que apartarlo por el papelón que estaba dando justo en la sala de su casa.

-¿Qué te sucede? – Se quejó incomoda, el chico cargaba en sus ojos un dolor increíble, mayor al que había apagado el brillo de éstos en la mañana.

-Te extrañé- Contestó con una sonrisa apretada. La chica sintió que a sus espaldas alguien suspiraba con fiereza, pero no lo tomó en cuenta.

-Sólo estuvimos apartados un par de horas, no exageres.- Le recriminó separándose un poco de él. Jamás le había gustado la idea de que un novio la tratara con posesión. Recogió las bolsas que el chico había lanzado al suelo al momento de abrazarla, y se giró para llevarlas a la cocina. Parpadeó aturdida cuando se encontró con Hermione justo frente a ella.

-¿Te ayudo con eso? – Se ofreció tomando una bolsa. La pelirroja no se preguntó porqué su mejor amiga le había lanzado a Oswald una mirada tan cargada de rencor. Pero asintió cuando tomó el paquete con los rábanos.

-Iré a dejar esto a la cocina antes que se desplome aquí en la sala.- Le sugirió Ginny llevándose otro paquete en dirección a la cocina. Una vez que desapareció tras la puerta Hermione se quedó sola con Oswald.

La chica lo quedo viendo con los ojos achicados y las pupilas entornadas. Oswald parpadeó confundido.

-¿Qué? – Preguntó nervioso. La chica agitó la cabeza y se giró dando un resoplido.- ¿Qué hice?

-¿Y todavía lo preguntas? – Le espetó, Oswald frunció el ceño.

-¿Qué rayos te suce…?

-¡A un lado todos! Voy pasando, ¡déjenme pasar!

Hermione se sobresaltó cuando Maggie bajó las escaleras de forma escandalosa cargando en sus brazos una gran mochila. Oswald se hizo a un lado antes de que su amiga lo empujara con el bolso; ésta se arrodilló frente a la chimenea y le lanzó unos cuantos polvos Flu.

-Llamando a Nadezdha Romanova, llamando a Nadezdha Romanova. – Gritó.

Oswald arqueó las cejas, mientras Hermione fruncía los labios. Los gritos de la chica hicieron que todos quienes se hallaban en la casa se acercaran a escuchar. Hermione notó que Ginny reía divertida, aunque sus ojos denotaban nerviosismo.

-¿Qué ocurre? –Le preguntó. Ginny abrió la boca para contestar, pero entonces la imponente Nadezdha Romanova, con un gran moño rojo amarrado en la cabeza, apareció por la chimenea con un grácil movimiento giratorio aterrizando en el suelo de la sala.

-¡Margarite, querida mía! ¡Estaba esperando tu llamado! – Cantó la anciana abrazando a la melliza.

Los hombres dieron un respingo, sobretodo Ron y Oswald. La mujer vestía una llamativa tunica azul con sectores transparentes en los lugares más inesperados. A los gemelos pareció darles gracia, mientras que Percy y Vincent intentaban mantener la compostura de manera muy poco eficaz. Molly frunció los labios al reconocer a su antigua maestra de pociones, por lo que fue imposible pasar desapercibida.

-¿Me engañan mis ojos? ¿Qué no es Molly Prewett?

-Veo que me recuerda – Se acercó Molly a saludarla con gesto amable.- Aunque ya no soy Prewett, como habrá notado. – Con la cabeza apuntó a Ron, a Percy, a Ginny y a los gemelos, la anciana sonrió al reconocer a los varones.- Mis otros dos hijos están trabajando.

-Por supuesto.- Dijo picaresca guiñándole un ojo a Ron- Se nota que no perdiste el tiempo querida, tus hijos son realmente encantadores.

Molly apretó los labios sonriendo avergonzada, unos golpecitos en el suelo le hizo levantar la mirada. Maggie movía su pie con un vaivén de arriba a abajo de modo impaciente.

-Los dejaré hablar tranquilos.- Se giró para hablar con Ginny.- ¿Te importaría ayudarme con unos refrescos, hija?

-¡Oh, por mi no se preocupen! Me tomé un whisky de fuego antes de venir.- Dijo Nadezdha sonriendo, Molly le devolvió la sonrisa con los dientes apretados y se giró con rapidez hacia la cocina. Ginny la siguió, pero Hermione la agarró por el brazo.

-No creo que sea buena idea.- Le advirtió, la aludida parpadeó con sorpresa. Ron hizo sonar la garganta y Hermione se sonrojó apenada.- va a estar más tranquila si se aleja de Nadezdha.

Ginny sonrió divertida y asintió con la cabeza. Los refrescos quedaron en el olvido cuando la mujer y Maggie comenzaron a cotorrear como dos loros. No se distinguía cual de las dos estaba más emocionada. La mujer fácilmente había rejuvenecido un buen par de años con la conversación.

La chica y la mujer estaban tan inmersas en ellas mismas, y tenían al resto tan curioso con lo que podrían estar hablando, que nadie se percató cuando la puerta de la calle se abrió y entraron Harry y Charlie por ella.

Ginny se sobresaltó al sentir una fría ráfaga de aire. Sólo ahí se pudo dar cuenta de quienes habían llegado.

Harry se quitó la gruesa gabardina que siempre llevaba consigo cuando el frío se tornaba grueso, mientras que Charlie colgaba su sombrero con aletas en el perchero junto con su abrigo. Ginny los quedó viendo un instante, cuando repentinamente notó un leve destello en los ojos de Harry. No sabía que había ocurrido, pero podía jurar que el chico le había sonreído amistosamente.

Agachó la cabeza nerviosa y desvió sus ojos con rapidez hacia la voluptuosa mujer, que había dejado de hablar para ver a los recién llegados.

Era gracioso, repentinamente la anciana se encontraba rodeada de varones.

- ¿Acaso hay lluvia de Adanes que nadie me advirtió? – Interrumpió la mujer- ¿No es el apuesto Harry Potter? - Sus ojos se clavaron con posesión sobre el aludido, éste dio un respingo.

-Oh… ¿Cómo está Nadezdha? – tartamudeó agarrándose contra la puerta. Ginny se llevó una mano a la boca y bajó la vista para que no la vieran reír. Maggie bufó molesta.

-¡No la distraigas! – Le espetó colocando los brazos como jarras.- Estamos en medio de una importante reunión.

-Es la primera reunión de la historia que se hace gritando- bromeó Ron murmurándole a los gemelos, se giró para sonreírle a Hermione pero esta estaba seria y con las cejas muy juntas contemplando a Harry.

-¿Se puede saber qué es tan emocionante? – Preguntó Charlie. Pero se arrepintió de inmediato cuando la mujer se volteó para verlo osadamente.

-¿Y este jovenzuelo?... ¿Supongo que es un Weasley más, cierto?

Charlie sonrió ampliamente, pero fue tan exagerado que llegó a verse idiota. La mujer lo miró de arriba abajo y luego siguió con los ojos a Harry, los gemelos, Ron, Vincent, Oswald y Percy. Todos jadearon y aguantaron la respiración aturdidos mientras la mujer los inspeccionaba. Finalmente se volvió hacia Maggie emocionada.

-¿Estás segura que quieres bailarines, hija? –Miró de soslayo a Charlie y siguió hablando.- Estos chicos son mucho mejor que cualquier bailarín.

-¿Qué bailarines? –Preguntaron todos. Maggie rodó los ojos y le explicó su plan.

-Katerina se casa dentro de unas ocho semanas y creí una buena idea realizarle una despedida de soltera.

Todos los hombres se quedaron en silencio un momento. Ginny se impresionó cuando Harry la interrumpió a mitad de la idea.

-¿Despedida de soltera? – Dijo exasperado- ¿Y quienes van a ir? Digo…. De las mujeres. Porque Katerina no tiene amigas.

-¿Cómo que no las tiene? – Le contestó Ginny cruzándose de brazos- La pobre chica no conoce a nadie, y fue ella quien nos invitó a su boda, no Malfoy. Creo que fue un lindo detalle haberlo hecho, por lo tanto, lo mínimo que podemos hacer por ella es una despedida de soltera.

-¿Pero quienes irán? – Insistió Ron. Hermione lo vio de soslayo y apretó los labios al recordar la reunión.

Esta vez, Maggie se exasperó.

-¡Nosotras por supuesto! ¡Todas!

-Un momento- La detuvo Harry.- Cuando te refieres a todas… te refieres a…

-A mí, por supuesto, y a Hermione, Ginny, Penélope, Angelina, Fleur, Luna, Elisa y Violet.

-¿Ginny? - Gritó Oswald, cuyo grito aplacó el de Harry cuando también mencionó el nombre de la pelirroja. Por supuesto, ella no lo notó.

-¿Hermione? –Se exasperó Ron.

-¿Violet y Fleur, dices? – Exclamó Charlie mientras se imaginaba a su novia extranjera y cuñada, bailando entremedio de bailarines ingleses que le podrían proponer cualquier cosa sin saberlo.

-Angelina sabe pasarlo fenomenal, por mi que baile hasta hartarse.- Puntualizó Fred, y George asintió.

-Tienes razón hermano, Angelina sí que sabe moverlo.- Bromeó. Ambos chocaron sus manos en el aire ante la mirada furibunda del resto de los hombres.

-No nos ayuden tanto.- Masculló Ron cruzándose de brazos.

Maggie le lanzó un beso en el aire a George y Nadezdha rió enigmática.

-La posada tiene cientos de habitaciones, algún día podrían ir a quedarse… son sumamente privadas.- Agregó con un susurro.

Maggie la acompañó con su risa estridente, mientras George meditaba la oferta. Harry puso los ojos en blanco y se acercó para interponerse entre la mujer y su familia.

-Lo siento mucho Nadezdha, de verdad me parece muy noble realizarle una fiesta a su nieta, pero… ¿No pueden hacer algo más… sobrio?

-Hay Harry, si es por Elisa no te preocupes, - Le dijo Maggie colocándole una mano en su hombro- seguro que estará tan ebria que ni siquiera se acordará de…

-¡Margarite! – Estalló Vincent acercándose a su hermana y empujando a Harry.- ¡Es la princesa!

-Despreocúpate.- Contestó la chiquilla con calma.- Será la princesa pero eso no le impide pasarlo bien. Además, necesitamos más mujeres en la fiesta, no sería gracioso si una no se embriaga para reírnos un rato.

Nadezdha estalló en una carcajada mientras Vincent fulminaba a su hermana con la mirada.

A Ginny le pareció extraño que Harry no dijera nada a favor de Elisa, aunque parecía estar muy tenso con la idea, ya que sus labios estaban crispados y su ceño fruncido.

-Yo no estoy tan segura de la idea, Maggie.- Interrumpió Hermione al escuchar el plan de la melliza. Así que de eso se trataba. Una despedida de soltera en la posada de la mujer más loca que jamás hubiese conocido. Por supuesto que era una oferta tentadora para ir a entretenerse, pero le daba vergüenza admitir que le daba pánico beber más de la cuenta y transformarse en alguien irreconocible.

Maggie bufó molesta y se acercó dando largas zancadas hacia Hermione. Nadezdha las observó curiosa mientras le lanzaba miradas furtivas a Harry y Vincent que estaban más cerca de ella.

-¡Tienes que ir! ¡Eres parte importante de la organización!

-¿Qué yo, qué? –Hermione tenía los ojos como platos y la boca abierta de par en par. Eso sí que no se lo esperaba. -¡No me metas a mi en tus asuntos!

-Eso, dile Hermione.- Dijo Ron animado por la opinión de la chica, pero ésta se giró bruscamente cuando él lo mencionó.

-¡No te metas, Ron! – Se cruzó de brazos y suspiró viendo a Maggie. Tal vez, no era tan mala idea- Está bien, iré, sólo porque Katerina es una buena persona, y probablemente Nadezdha necesite ayuda en la casa.

-¡No, mi niña! – Exclamó la mujer agitando una mano en el aire.- ¡En absoluto! Tengo un par de criados que me ayudarán en la mañana.

-¿Y cuando es la bendita fiesta? – Se interpuso Oswald acercándose posesivamente a Ginny. La chica lo notó y sacudió un poco los hombros incomoda, pero aún así, él la afirmó con fuerza por ellos.

-El Viernes en la noche.- Contestó la melliza sin vacilar. Cambió una mirada con Nadezdha, la cual asintió con entusiasmo.

-Tienen una semana para cambiar de opinión entonces.- Dijo Harry con un leve dejo de entusiasmo bromista, Ginny curvó las cejas. Aunque era notable su interés porque la princesita no fuera a la fiesta.

-No pensamos cambiar de opinión.- Dijo Maggie sacando la lengua.- ¿Verdad, Nadezdha?

-Por supuesto que no. Ya contacté a los mejores bailarines de Hampshire, ya sabes, esos nudistas de los clubes para turistas.

-¿NUDISTAS? – Gritaron todos los hombres.

-Creímos que eran bailarines.- Contraatacó Ron totalmente rojo.

Maggie rodó los ojos nuevamente y resopló fastidiada.

-¿Qué no han oído nada de lo que hemos dicho? – Recriminó.- Chicos, ¡es una despedida de soltera! Una fiesta de esas es sinónimo de chicos desnudos bailándonos toda la noche, además de unos cuantos litros de alcohol.

-¡Tu no puedes ir a un lugar como ése! – Le dijo Oswald a Ginny con una sombra de espanto en los ojos. La chica se giró con fuerza y lo encaró viéndolo hacia arriba.

-¿Cómo que no puedo? ¡Yo si voy a ir!

-¿Vas ir? – Está vez, tres voces llegaron a sus oídos, la de Oswald, Ron, y, si no se equivocaba, Harry.

-¡Por su puesto! ¡Me parece una idea genial!

-¡Eres una niña Ginevra! – Saltó Ron desde atrás, y Oswald asintió vacilante.

La chica apretó los puños con fuerza y hundió los labios. Todos se hicieron para atrás.

-¿Qué les ocurre? – Inquirió con lentitud al notar el leve espanto en los ojos de sus hermanos y amigos.

-No te enojes… sólo lo hacemos porque esas fiestas no son seguras.- Le contestó Charlie. Entonces, como si la respuesta la hubiese leído en sus ojos, se dio cuenta de lo qué sucedía.

-No puedo creerlo…- Murmuró atontada.- ¿Aún me temen?

-No, no, claro que no bonita.- Le dijo Oswald abrazándola con cariño. Pero ella se apartó con fuerza.

-Voy a ir a esa fiesta.- Dijo tajante fulminándolos a todos con la mirada- Y tú Hermione, vienes conmigo.

La aludida asintió con lentitud ante la orden, al parecer, tampoco quería ser victima de la ira de su mejor amiga.

Ginny inhaló con tranquilidad, intentando relajarse. Pero sus ojos fueron a parar a los de Harry, que la veían de una manera extraña. De inmediato volteó la cabeza para no ponerse colorada, pero al hacer eso chocó con los azules penetrantes de Nadezdha; Otra que la veía con un aire de misterio.

-Creo que su hermana es lo suficientemente mujer como para asistir a esta fiesta – Agregó la mujer con una sonrisa enigmática contemplando a Ginny. La chica la observó por un instante y notó que sus ojos recorrían el rostro de Harry y el de ella misma.

-¿Ven? –Les espetó a todos cruzándose de brazos.- Si no confían en mí, que son mi familia, ¿Quién lo hará? – Se volvió hacia la anciana con una sonrisa triste- Gracias Nadezdha.

-Ginny…- Murmuró Vincent con voz de advertencia- Aquí todos confían en ti, son tu familia.

La chica no contestó. Se mordió el labio inferior molesta, mientras intercambiaba una mirada con Maggie.

-Ginny irá con nosotras a la fiesta.- Dijo la melliza más tranquila.- Si a ustedes les afecta, poco nos importa. ¡Será nuestra noche!

-Claro que no te afecta porque Fred y George son unos…

-Cuidado con lo digas hermanito.- Amenazó Fred a Ron con la varita.

-El que no nos afecte que nuestras chicas vayan a esa fiesta, es porque sabemos que son peores que los mismos bailarines.

-No podrán con ellas, saldrán arrancando antes de que empiece la fiesta.

Nuevamente los gemelos chocaron las palmas, pero esta vez, Maggie le sacó la lengua a su novio.

-Te lo agradezco, cariñito.- Bromeó fingiendo molestia. George le cerró un ojo y ella le cerró un ojo coqueta.

-Bien, entonces está todo listo.- Dijo de repente Nadezdha aplaudiendo con entusiasmo.- Querida mía, te espero esta semana para afinar detalles, mi Katie se llevará una increíble sorpresa.

-¿Qué sucederá con Malfoy? – Preguntó de pronto Harry esperanzado, confiando en que enemigo pudiera interponerse para evitar la fiesta. Pero la sonrisa de Nadezdha provocó que esa tranquilidad repentina se desvaneciera.

-Oh, él lo sabe.- Dijo con soltura.- Sólo que no le hemos contado detalles.

La mujer se sonrojó y se mordió los labios. Todos los hombres desviaron la mirada ante la extraña imagen.

-¿Por qué no? – Quiso saber Ron.

-Porque podría arruinarnos la fiesta.- Le espetó Maggie. Sin embargo, apenas soltó aquellas palabras, se llevó una mano a la boca.

Todos los hombres sonreían triunfantes.

-No le dirán nada, ¿verdad? – Le preguntó Ginny a Ron inquisitivamente, pero éste tenía dibujada en la cara una sonrisa radiante.

-Oh, no lo harán.- Rió Nadezdha levantando los hombros.- Y si lo hacen… bueno, sufrirán las consecuencias.

La mujer estalló en una carcajada que hasta a las chicas les dio escalofríos. Definitivamente había causado el efecto deseado. Los hombres ahora tenían el temor y la inseguridad reflejado en sus ojos.

-Bien, creo que es hora de marcharme.- Dijo afirmando las manos de Maggie entre las suyas regordetas.- Te espero en la posada, querida.

-Por supuesto Nadezdha, ahí estaré.- Contestó la otra entusiasmada. Sólo ahí, Ginny se dio cuenta de lo que iba a suceder. ¿En qué se había metido?

La mujer desapareció tan rápido como había aparecido. Se metió por la chimenea sin dejar la más minima huella en la sala, como si jamás hubiese estado ahí.

Fue como si una gruesa cuerda se aflojara. Todos respiraron tranquilamente, sobretodo los hombres, cuando Nadezdha desapareció por la chimenea. No obstante, aquello no fue el finiquito para dar por terminada la conversación de la fiesta.

-No creo que sea una buena idea que vayan.- Murmuró Harry observando a las tres mujeres. Ginny no pudo evitar sentir ciento de mariposas en su estomago, algo que Oswald notó, por supuesto.

La chica sintió como su novio la abrazaba posesivamente, como si con ello la mirada de Harry no penetrara tan hondo en los sentimientos de la muchacha.

-Yo voy a ir.- Zanjó quitándose con brusquedad las manos de Oswald de encima.- ¡Hace años que no voy a una fiesta!

-Pero… - Masculló Ron.

-¡Pero nada, Ronald! – Se interpuso Hermione.- Vamos a ir a esa fiesta, Katerina se merece una despedida como tal.

-¡Pero van a haber hombres desnudos! – Se quejó el chico, las mujeres rodaron los ojos.

-Pues, vayan a celebrarle la despedida a Malfoy.- Opinó Maggie frunciendo los labios.- Pueden llevarlo a un cabaret muggle y así estaríamos a mano.

Por un momento los chicos se quedaron viendo los unos a los otros. No podían negarse a la idea ya que se suponía que Ron era amigo del Slitheryn. Hermione estaba segura de estar compartiendo la misma idea con el grupo de magos, así que sonrió triunfante.

-No es una mala idea…- Masculló Ron viendo de soslayo a Hermione, la chica curvó la boca en una sonrisa torcida. – Deberíamos celebrarle a Malfoy su despedida.

Ginny notó como a Harry le costaba un enorme esfuerzo aceptar la idea, porque su boca estaba tensa y su garganta se movía con leves espasmos, como si le costara tragar saliva.

-¡Sí, hagámosle una fiesta a la serpiente, esa! Se arrepentirá toda su vida de haberse hecho amigo de los Weasley.- Se animó George, Fred se comenzó a carcajear, apoyando la idea.

-Podríamos hacerlo- Se animó Vincent.- Después de todo, ¿qué haremos todos aquí mientras las chicas celebran?

-Por mí está bien.- Aceptó Charlie con una sonrisa.- Le avisaré a Bill, a ver si se anima.

-¿Harry?, ¿Oswald? – Inquirió Vincent alzando una ceja a ambos chicos. Hermione alcanzó a notar como dos pares de rápidos ojos se posaban en Ginny y luego en Vincent.

-Está bien…- Aceptó Harry a regañadientes.- Pero sólo para no pensar en… Elisa con otros sujetos… bailando semi desnudos.

-Si él va, yo voy.- Acotó Oswald fulminando a Harry con la mirada.- No me agrada la idea de que se quede solo aquí en la Madriguera.

-Que amable.- Le espetó el atacado con una sonrisa irónica.- lo mismo pensé de ti.

-¡Genial! – Aplaudió Maggie eufórica.- Todo solucionado entonces. Nosotros vamos a la posada, y ustedes a un cabaret por ahí.

Ginny sintió que su estomago daba un vuelco. La primera imagen que se le vino a la cabeza fue la de Harry siendo tentado por una de esas voluptuosas chicas muggles.

-¿Estamos de acuerdo? – Siguió hablando, todos asintieron. Excepto Ginny que permanecía con la vista pérdida.- ¿Ginny?, ¿Gin?, ¡Ginevra!

-¡Si! – Dijo sobresaltada. Aunque se había dado cuenta de su grave error, ya no podía dar marcha atrás, ella tenía que ir a esa fiesta y resignarse a que los chicos fueran a ver a un par de mujeres desnudas a otra parte.

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Cuando llegó a su habitación lo primero que hizo fue desplomarse sobre la cama. Hundió la cabeza en la almohada, todo le daba vueltas.

¿Quién le mandaba a hacerle caso a Maggie? Si no le hubiera apoyado la idea en primera estancia, no estaría metida en ese lío.

Y era que en realidad no le molestaba ver a un par de guapos muchachos bailándole con toda soltura, no. Le urgía imaginarse a Harry en aquel lugar de mala muerte en el centro de Londres, sobretodo porque después de que Nadezdha se fue, se encerraron en el despacho de éste para comenzar a maquinar la fiesta de Malfoy.

No se lo perdonaba, no podía actuar así. ¡Estaba saliendo con Oswald! ¡Él era su novio! Debería preocuparse por él y no por el novio del año. ¿Cómo se iba a sacar a Harry del corazón si tenía que lidiar por aquel extraño sentimiento hacia Oswald?

Pataleó un par de veces refunfuñando sola y aplacando los gritos con la almohada, cuando dos golpes en la puerta sonaron con suavidad.

-¿Quién es? –Gruñó exhausta sin levantar la cabeza.

-Yo, Harry.

Como impulsada por un gran resorte, en un abrir y cerrar de ojos se encontraba de pie. Se acercó con cuidado a la puerta con el corazón latiéndole desesperadamente y las mariposas azotando en su estomago feroces y voraces. Apoyó la mano en el pomo y acercó la oreja al marco.

-¿Qué quieres? – Le preguntó desafiante, temía por la vida de ambos si él volvía a gritarle como la última vez.

-Hablar contigo.- Contestó resentido.- ¿Estás ocupada?

Ginny se lamió los labios nerviosa y luego los apretó con fuerza.

-¿No vienes a darme lecciones de vida como la última vez, verdad?

Esta vez, Harry se sorprendió. No sabía que le seguía afectando aquello. Su estomago se contrajo, la voz de la chica sonaba triste y asustada. Sonrió con tristeza y suspiró.

-No, claro que no.- Dijo con dulzura, y Ginny sintió que el mundo se le desmoronaría ahí mismo.

-¿Entonces? - preguntó con las manos temblando.

-¿Me dejas pasar? – Preguntó divertido. Se arrepintió de inmediato, había olvidado lo fácil que era demostrarle lo que sentía. ¿Cómo se volvería a contener teniéndola tan cerca y siendo amable?

Ginny cerró los ojos y no contestó. Su voz sonaba dulce y amistosa. Rió levemente al notar su tono de voz. Sonrió para sus adentros y le abrió la puerta. Levantó sus ojos y se encontró con los verdes de Harry que la miraban expectantes.

-Creí que nunca me abrirías.- Bromeó.- Me estaba congelando.

Ginny no supo que contestar ante aquella broma tan mala, así que sólo se limito a soltar una risita seca.

-No te puedes congelar fuera de mi habitación… Harry.- Dijo lo primero que se le ocurrió una vez que él entró, y de inmediato dibujó una mueca ante su estúpida respuesta.

-Claro…- Contestó él viéndose en la misma situación. Se rasco la cabeza y contempló con lentitud la habitación de la chica. Había olvidado lo calida que era. Todo se mantenía exactamente igual que la última vez que la contempló con detalle, antes de que huyera.

No tuvo oportunidad de notar con más detalle la estancia cuando quiso reclamarle por su relación con Oswald, claro, había salido volando.

Pero ahora que la veía con atención, un gran nudo en su estomago le recordó lo mucho que extrañaba pasar algunos momentos con ella a solas en ese lugar.

-¿Y bien? – preguntó Ginny con cautela. No quería pelear con Harry de nuevo.

-Oh, si…- Se giró y le sonrió con timidez, Ginny estaba segura de que el suelo se le derretiría si seguía comportándose de ese modo. ¿Qué le ocurría?- Esto… Antoremus estará sólo unas dos semanas más. Y bueno, quería preguntarte, ya que estabas tan ansiosa por ir… Si quieres que yo te acomp…

Se interrumpió a mitad de la frase, Ginny tenía los ojos como platos y el corazón latiendo a mil por hora.

-¿Me quieres acompañar? – jadeó.

-Es que tengo asuntos que resolver en Londres, ya sabes…- Su pecho se apretó, necesitaba seguir con el plan aunque quisiera acercarse más a ella.-… Necesito ver a Elisa, y…

-Oh...- Lo detuvo Ginny, y su mirada se ensombreció.- ¿Quieres acompañarme sólo porque te queda de paso, cierto?

Harry parpadeó, confundido. La chica había captado el mensaje erróneo, aunque por suerte, le servía para desviar su atención.

-Bueno… yo tengo la dirección, te la puedo dar y tú sigues el camino. – Le dijo con simpleza, ella frunció el ceño.

-¿Por qué no me pasas la dirección y llego por mi cuenta? Así te ahorras el suplicio de acompañarme.

Se cruzó de brazos compungida, Harry sonrió con tristeza para sus adentros. El show debía continuar.

-¡Que mal agradecida eres! –Le soltó entornando los ojos.

-¿Mal agradecida? ¡Tú eres el que viene y me…!

Se quedó callada. Había estado a punto de confesar sus ansias de verlo ahí, y que le había despertado la esperanza, pero se contuvo a tiempo.

-Dame la dirección, Harry. Iré con Hermione.

Aprovechando el segundo de rabia de la chica, juntó todas sus fuerzas y sacó un papel de su pantalón totalmente arrugado.

-Toma, ahí tienes.- Fingió molesto. - ¿Estás segura que no te perderás en Londres?

Ginny lo fulminó con la mirada.

-No soy una bebé, reconozco la ciudad perfectamente.

-Pues, no lo parece.- Selló con broche de oro haciendo una mueca fastidiosa. Sabía que no era la mejor opción, pero si quería llegar a Ginny no debía ser tan directo con sus emociones. Además, le hacía gracia ver lo encantadora que se ponía cuando se enojaba.

-Eres un…

-No comiences de nuevo. – Le dijo con la voz extraña, como si quisiera parecer hastiado.

-¿Qué no…? ¡Tú fuiste el que vino a molestar! ¿Qué es lo qué ocurre contigo, Harry Potter? ¡¿Quieres hacerme la vida un caos, o qué?!

Harry no contestó, se limitó a verla con la vista en alto, aunque debía admitir que le agradaba esa situación. Su corazón latió con fuerza cuando recodo la relación amor odio que tenían sus padres.

Esto era casi lo mismo, claro, que el fingía, por supuesto.

-Simplemente vine a hacer de caballero, pero ya veo que no puedes comportarte como una dama, esto me aclara muchas cosas.- Murmuró a lo más estilo Malfoy, hasta él mismo se sorprendió con su propia actuación.

Ginny abrió boca y emitió un quejido de rabia.

-Fuera.- Murmuró apuntando la puerta con el dedo.

-Te falto la palabra mágica.

-¡FUERA!

Harry salió corriendo al instante de la habitación, y poco antes de cerrar la puerta asomó la cabeza con precaución.

-Me refería a “Gracias”, por la dirección.

-¡Lárgate!

Harry cerró la puerta y bajó las escaleras muerto de risa. Ginny era realmente encantadora cuando se enojaba, poseía el mismo genio de su madre.

-¿De qué te ríes tanto?

Levantó los ojos con calma, y se encontró con un par similar a los de él pero de un color azul deslumbrante.

-De Ginny- Le murmuró a Oswald dándole unas palmaditas en el brazo.- Te dije que haría de todo para volver a estar con ella.

Sin esperar respuesta del rubio, Harry siguió bajando las escaleras hasta perderse en el primer piso. Oswald se quedó de pie, sin poder reaccionar. Si Harry había estado con Ginny, y la chica no lo había hecho volar en mil pedazos, era porque realmente él se había comportado diferente. Y eso, no le convenía.

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Hermione contemplaba nerviosa a los gemelos, a la señora Weasley, a Vincent y a Ron, que se mantenía a su lado sereno. El que ella supiera lo que estaba sucediendo impactó de sobremanera a la madre de los Weasley, aunque a los gemelos y a Vincent les parecía razonable, puesto que era muy lista.

-Necesito decirle a Harry.- Insistió. Molly se detuvo en su carrera de ir de un lado a otro y la miró con tristeza.

-Hija mía, no puedes.- Le rogó con desesperación.- Eso destruiría todos nuestros planes.

-¿Planes? – Le espetó furiosa, ya era la quinta vez que le venían con lo mismo.- ¡Es su hija!

-¡Lo sé, lo sé! – Exclamó la mujer tapándose la boca al tiempo que se abanicaba con un ejemplar de Corazón de Bruja para poder tener oxigeno. - ¡Yo les dije que tenían que dar un paso atrás antes que ella se marchara! ¡Pero tenían razón!

-Mantenerla alejada del peligro evitaría que ella fuera a pelear.- Repitió Hermione como si se hubiese aprendido la frase de un viejo libro.- Pero eso no ayudó mucho una vez que ella volvió, ¿cierto?

-Hermione, por favor…- Le suplicó la mujer sentándose a su lado.- Si le dices a Harry…

-¿Qué puede pasar? –Reclamó enfadada.- ¡Por Merlín! Harry la ama, y ella lo ama a él.

-¿Quién me ama? – Preguntó el chico totalmente congelado al entrar a la cocina. Todos se quedaron en silencio, a excepción de los gemelos que lanzaron un “ohhhh” enigmático.

Hermione y él se quedaron viendo fijamente. Ron se tapó los ojos con una mano, mientras que Vincent intentaba mantenerse ajeno a todo observando el suelo. Molly balbuceó algo incomprensible, no podía expresar ninguna palabra. Harry había oído lo esencial.

-¿Y bien? ¿Estaban hablando de mí, no? –Dijo acercándose.- Y más vale que me digan que sucede. Harto tiempo estuve aguantando secretos a merced de La Orden como para que ahora vengan a ocultarme algo. Díganme que sucede. Escuché mi nombre.

Molly emitió un quejido ahogado y aferró la mano de Hermione con fuerza. Pero ya era muy tarde para dar pie atrás. La chica abrió la boca, pero Ron habló primero.

-Hermione ya lo sabe.- Murmuró, Harry se quedó estático, sin hacer ningún movimiento, excepto, ver a su mejor amiga con los ojos como platos.

-¿Qué? – jadeó al cabo de un minuto en que procesó la información.

-Sé todo lo que ocurre Harry.- Explicó Hermione con calma. Al ver que el chico parecía no comprender, o no salir del shock, prosiguió.- Sé lo del plan para mantener a Ginny alejada del mundo mágico. Sé, que todo esto lo hiciste por ella, y sé, que los Mcclay, Franz Polak, y los aurores, estuvieron protegiéndola todo este tiempo bajo tus órdenes.

El chico no contestó, sólo se limito a fulminar a Ron con la mirada.

-Tenía que saberlo.- Se defendió su mejor amigo.

Sólo aquellas palabras bastaron para que Harry estallara.

-¡Idiota! ¿Qué hiciste? ¡Has expuesto todo el plan! ¡Estamos acabados! ¿Sabes lo que has hecho? ¡Has enviado a tu hermana a la muerte!

-¡Shhht! –Los chistó Molly sacudiendo su mano.- ¡Van a llamar la atención de Ginny!

-¿Y qué importa si Hermione ya lo sabe todo? ¡Seguro que ya le fuiste con el chisme, ¿no?!

Hermione se levantó de un salto de su asiento y ésta vez fue ella la que fulminó a Harry con la mirada.

-¿Qué estás loco? ¡Sabes que lo haría, pero no en estas condiciones! ¡No arriesgaría a mi mejor amiga!

Harry se calmó al instante. Había olvidado lo racional que llegaba a ser Hermione. Era lógico que no le diría nada aunque lo que quisiera. Se acercó con calma y se sentó a un lado de Ron.

-¿Por qué se lo contaste? – Le preguntó a Ron. Este vaciló con un movimiento de cabeza.

-No me lo contó.- Mintió Hermione, aunque en cierto modo, un cincuenta por ciento era verdad.- Yo los seguí hasta su escondite.

Ron le sonrió agradecido, pero Harry había dejado la boca abierta a causa de la impresión.

-Escuché las contraseñas cuando fueron entrando a esa casa encantada. Luego, me infiltré por el pasillo. Lo oí todo cuando me quedé tras el librero.

Esta vez, Harry resopló y agachó la cabeza, eso no era parte del plan.

-Sé que todos conocen la identidad del verdadero asesino, -Continuó Hermione tocándole una mano.- sé que trabajas para él para seguir sus pasos, y sé… que aún amas a Ginny más que a tu vida.

Harry levantó los ojos para encontrarse con su amiga, estaba avergonzado, y no sabía porqué.

-Es algo realmente noble lo que has hecho, pero has mantenido a Ginny en una burbuja que en algún momento hará explosión. –Le dijo con calma, Harry asintió, no necesitaba que le explicaran lo que ya sabía.- Es por ello… que tienes que saber algo.

-¿Qué pude ser peor?

Hermione se ruborizó.

-Yo y Maggie llevamos a Ginny a los brazos de Oswald.- Murmuró. Harry abrió los ojos espantado, como si hubiera oído la peor de las traiciones.- ¡Se supone que te vas a casar! Yo no era parte del complot, por lo tanto no tenía como saber si aún la amabas. –Se excuso azorada.- Y por como actuabas era obvio que no sentías nada. Eres muy buen actor.

-¡Pero sí la amo! – Gritó desesperado agarrándose la cabeza.- ¿Qué hiciste Hermione?

-Déjame terminar.- Se exaltó.- Se supone que no la amabas, y yo no sabía lo del plan. Harry, ¡es mi mejor amiga! Viendo como Oswald la miraba, no podía quedarme de brazos cruzados sabiendo que ella aún se moría de amor por ti, ¡tenía que hacer algo!

-¿Se moría de amor… por mi? – Repitió atontado.- ¿Qué significa eso?

-Significa que aún te ama.- Puntualizó Vincent desde atrás, y los gemelos sonrieron ampliamente.- Ginny se debate entre su amor por ti y el de Oswald. Aunque ella no sabe que a Oswald lo quiere por ser su protector. Está confundida, todos lo podemos ver, menos ella.

-Imagínate como se siente si es conciente de sus sentimientos por ti, un hombre casi casado. Es lógico que se confunda con Oswald que es su única salida de escape.

-Vaya Ron, eso fue profundo.-Lo felicitó Hermione, Harry sonrió divertido y algo eufórico. ¡Ginny lo amaba aún!

-Gracias Hermione.- Dijo sonriendo ampliamente. Molly que estaba oyendo todo, de vez en cuando lanzaba sonoros resoplidos al sonarse con un pañuelo.

-No queríamos que Hermione hablará contigo, por miedo a que cometieras una locura y Ginny se entregara al peligro.- Dijo la mujer sollozando, Harry le sonrió con cariño.

-Por supuesto que no cometeré una locura. Todo lo contrario. Ahora que sé que me ama, debo seguir luchando por ella… por nosotros.- Murmuró sonrojado.- Pero eso implica otra cosa.

Vincent, los gemelos, Ron y Hermione, asintieron a la vez.

-Elisa.- Murmuraron todos.

-Así es… debo seguir fingiendo mi odio hacia Ginny hasta que este casado con Elisa. – murmuró aquella palabra con dolor, como si le pesara una tonelada. Ron lo afirmó por el hombro con gesto amistoso.

-Te ayudaremos entre todos. Aunque intenta no ser tan duro con mi hermana.

-Créeme, cada vez se hace más difícil.- Dijo sonriendo, recordando el temperamento de la chica hacía unos instantes.- Hermione, debes acompañar a Ginny a Londres, Antoremus Kribash no se quedará por mucho tiempo.

-¿Quién? – Preguntaron Ron, los gemelos y Molly.

-Un coleccionista de arte.- Contestó Hermione, y luego le sonrió a Harry con picardía.- Claro, no hay problema. Pero... ¿no ibas a ir tú?

Harry se sonrojó.

-Estuve a punto de ir.- Murmuró sonrojándose.- Pero estar tanto tiempo con ella a solas me delataría.

Hermione sonrió más ampliamente, Harry dejó escapar una risita alegre. Ron agitó su cabeza de un lado a otro, viéndolos con curiosidad.

-¿De qué me perdí? Ah no, ¡Lo están haciendo de nuevo!

-¿De qué hablas, Ronald?

-Lo que hacían en Hogwarts.- Masculló molesto.- Siempre se comunicaban sin tener que decirse nada, y yo me quedaba con la curiosidad.

Los dos chicos estallaron en una carcajada, al igual que Molly, Fred, George y Vincent.

-Creo que sabes perfectamente de lo qué estamos hablando.- Le sonrió la chica, y Ron curvó la boca.

-No, no lo sé.- Admitió frustrado.- ¿Pero saben que sí sé?

Los dos lo miraron curiosos.

-Que volvemos a estar los tres juntos de nuevo, como antes.

Hermione rió impresionada, no había notado aquel detalle. ¡Era cierto! Los tres estaban juntos de nuevo, como en los viejos tiempos. Juntos, para derrotar el mal, y defender a una persona en común por la cual sentían un enorme afecto.

-Pero esta vez, lo haremos bien – Dijo Hermione desafiando a Harry con una sonrisa.- Haremos lo posible para que vuelvan a estar juntos con Ginny.

-Pero recuerda que debo odiarla. – Le recordó con pesimismo.

-Pero hay mínimos detalles que pueden marcar la diferencia. Como por ejemplo, ponerte celoso al oír que Ginny va a ver a un buen par de bailarines semi desnudos el próximo sábado.

Harry se colocó rojo y apretó los puños, lo mismo pasó con Ron. Sin embargo, Molly refunfuñó espantada.

-¿A qué te refieres con semi desnudos?

-Fue idea de Maggie.- Contestó la chica con rapidez, Vincent se tapó la cara avergonzado.

-Recuerda que tú también irás a esa fiesta, no te hagas la santa.- Bufó Ron cruzándose de brazos. Hermione rió al ver a los dos mejores amigos con cara de pequeños niños mañosos.

-Es una despedida de soltera.- Contestó levantando los hombros.- Seguro que a tu madre también le hicieron una de joven.

Molly se sonrojó. Había olvidado que a Ginny y a Hermione le había contado sobre sus tretas de joven

-Pero los tiempos han cambiado. – Farfulló nerviosa levantándose de la mesa.- No deberían ir a un lugar como ése.

-Tranquila mamá, confío en mi chica.- Dijo George sonriendo divertido.- ¿Verdad cuñado?

Vincent apenas sonrió. La verdad, es que ni Molly ni el mellizo confiaban en la muchacha.

-En estos tiempos confiar en alguien es muy difícil.- Masculló.- Sobretodo si se trata de desnudistas.

-¡Pero si ellos irán a celebrarle a Malfoy a un cabaret! – Se defendió Hermione, y Ron con Harry y Vincent dibujaron una mueca de horror.

-¿QUÉ IRÁN A DÓNDE?

Hermione se largo a reír. Estar ahí en esa mesa, era como estar más que en casa. Era revivir el pasado, compartiendo por fin los secretos con sus dos mejores amigos de siempre, y bromeando con cada instante divertido.

¡Estaban los tres juntos! Después de seis largos años.

Ahora, Ginny tenía una pared más sólida en la cual apoyarse.

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El sábado llegó más pronto de lo que imaginaban. Maggie había pasado casi toda la semana fuera, en la posada de Nadezdha, para finar detalles.

Hermione y Ginny se sonrojaban cada vez que la chiquilla les entregaba detalles de los bailarines. Al parecer, eran el mejor grupo de chicos de la zona de Hampshire.

Los hombres por su parte, le habían dado aviso a Malfoy, aunque claro, Ron tuvo que ser el informante, y por supuesto que el Slitheryn no lo tomó nada bien.

-¡Una despedida! – Le había gritado furioso.- ¡¿Cómo lo permitieron?!

-No te preocupes huroncito.- Bromeó George cruzándose de brazos y pies, mientras se apoyaba en la encimera.- Nosotros te llevaremos a un lugar muchísimo mejor.

-¡No quiero ir a ningún lugar con ustedes! – Gritó colérico.- ¡Quiero a mi novia aquí conmigo y no con esas inmundas…!

-Cuidado con lo que digas Malfoy, recuerda que de nosotros depende recuperar tu casa…- Lo amenazó Harry con calma. El chico apretó los puños y largó un certero puñetazo al cojín del sillón donde estaba sentado.

-¡Maldita seas, Potter!

-¿Crees que a nosotros nos gusta la idea de esa bendita fiesta? – Gruñó Ron. Todos negaron con la cabeza admitiendo el desagrado por la idea, a excepción de los gemelos.

Malfoy se quedó en silencio contemplando las caras que lo observaban. Casi todos parecían haber regresado de un funeral.

-Está bien…- aceptó a regañadientes.- ¿Dónde iremos?

Una sonrisa brillante iluminó la cara de los gemelos, y otras apretada la del resto de los chicos.

Ginny estaba nerviosa. Agitaba su pie constantemente en el suelo de su habitación al notar el extraño ambiente del aire.

Maggie había sacado de su armario los mejores vestidos para la ocasión, y una que otras prendas íntimas muy osadas que serían el regalo de Katerina.

-Veamos… tengo el ponche, los canapés, la música, la pasarela…

-¿Pasarela? – Exclamaron las muchachas con los ojos como platos.

-¿Para qué quieres una pasarela? – le preguntó Hermione, Maggie rodó los ojos.

-¿Y en dónde quieres que bailen los chicos?

-No lo sé Maggie… ¿no crees que estás exagerando?

-¡Por supuesto que no! ¡Esta fiesta será grandiosa! ¡Fabulosa! Tomen, esos serán los atuendos que llevarán esta noche.

Ginny y Hermione recibieron en sus manos muy poca ropa. Prendas que consistían básicamente en cortas mini faldas y blusas escotadas.

-¡No pienso usar esto! – Reclamó Hermione contemplando su tenida.- Llevaré lo que yo quiera.

-¡No seas aburrida! Es nuestra noche, diviértete.

-Maggie…- Dijo Ginny con la misma expresión de espanto que su amiga mientras veía su corta minifalda.-… La verdad, es que si queremos bailar no podremos movernos con esto.

La melliza resopló frustrada y se acercó con rapidez. Les quitó aquellas prendas de un tirón y se las lanzó al interior del armario.

-¡Bien! Como quieran. Pero ningún chico querrá bailar con ustedes si van muy tapadas.

Ginny abrió la boca para protestar, pero Maggie la distrajo cuando comenzó a posar frente al espejo colocándose diversos trajes por sobre su ropa, cuyas prenda eran más osada que las anteriores.

Intercambió una mirada con Hermione, y las dos se checaron mutuamente.

-Estás bien así.- Le dijo Ginny a su amiga, y Hermione asintió solemne.

-Tú tampoco estás nada mal.- Confesó.

-¡Bah! Par de aburridas.- Se volteó Maggie con los brazos como jarras y vistiendo un coqueto conjunto de blusa con unos cortos pantaloncillos.

Ginny se miró al espejo. Se había cambiado poco antes que Maggie entrara a la habitación, y estaba satisfecha con el trabajo. No necesitaba más que un pantalón oscuro y una blusa clara. Después de todo, aquella despedida debía ser más que sólo un show de tipo martes femenino. No, era además una fiesta para celebrar a Katerina, y aquello implicaba ponche, y conversación.

Hermione también estaba satisfecha con su persona. Como Ginny, no llevaba más que un sencillo pantalón y una camisa de satén oscuro.

¡Estaban bien así! No querían parecer otra cosa producto de las desinhibiciones de Maggie.

-¡Listo! – Dijo al cabo de un instante. Ambas chicas la contemplaron con la boca abierta. Maggie llevaba una osada blusa roja ajustada con un elegante pantalón negro brillante. –Olvidé que hace frío. –Explicó al ver las caras de sus amigas.

Ginny y Hermione volvieron a cambiar una mirada, en cierto modo, tenía razón, pero ahora las dos se sentían totalmente disminuidas por la melliza. Se veía mucho más elegante que ellas.

-¿Listas chicas? Nadezdha nos está esperando. –Sonrió tomando el bolso y retocando una vez más sus labios con un labial de color rojo carmesí.

-¿Y las demás? – Inquirió Ginny preocupada.

-Todas recibieron invitación. Dijeron que les avisáramos para encontrarnos en la entrada.

La chica dio un respingo. Aquello significaba encontrarse con Elisa. Lamentablemente, la chiquilla había sido la más emocionada de todas para asistir.

-¿Todo listo, entonces? ¡Genial! Andando – ordenó Maggie saliendo de la habitación.

Las dos amigas intercambiaron una última mirada de pánico, y salieron del cuarto.
Bajaron las escaleras con calma y tranquilidad, mientras más atrasaran la fiesta, mejor. Unos ruiditos similares a unos chiflidos les llegaron desde el comedor. Curiosas, se asomaron con calma para ver qué había ocurrido. Claro, era de esperarse. George y Fred aplaudían a Maggie por lo esplendorosa que se veía. Aunque aquello dio pie para que Molly Weasley se preocupará aún más por el tipo de fiesta a la que irían. Y no sólo ella, sino, que todos los demás hombres. Incluidos Charlie y Harry que se encontraban agazapados en un rincón contemplando a las chicas con inseguridad.

-¿Seguro que esa fiesta es, segura? – Inquirió Molly, Maggie soltó una risita y agitó la mano para quitarle importancia.

-No es nada, tan sólo una reunión con las chicas, eso es todo.

Su respuesta sonó tan despreocupada y segura que hasta la mujer le creyó. Aunque a regañadientes.

-Bien… si eso creen…

-No vuelvan muy tarde Margarite.- Ordenó Vincent que tomaba una taza de café. – Recuerden que están en un lugar ajeno.

-¡Hay, no seas tacaño! Volveremos cuando la novia ya no pueda moverse más.- Sentenció con una mueca divertida. Algunos rieron con ella, entre estos Ron y Harry.

-Cuídense.- Murmuró éste último, y a Ginny se le removió el suelo, algo que Oswald, que estaba sentado a un lado de Vincent y bien lejos de Harry, notó.

-Despreocúpate principito.- Bromeó la melliza.- A tu princesa la devolveremos a las doce.

Harry se sonrojó cuando Maggie le guiñó un ojo. Siempre le avergonzaba la actitud de las chicas osadas.

-¿Listas, niñas? – Preguntó Maggie por casi quinta vez, Ginny y Hermione asintieron nerviosas. -¡Perfecto!

La chica levantó su mano y apuntó con su varita a un adorno de la mesita de centro. Este reflejó un destello azulado y luego volvió a quedar tan simple y sin vida como siempre. De inmediato, sacó un papel de su bolso y lo elevó en el aire haciendo una floritura, y murmuró:

-Fleur Delacour, Angelina Jhonson, Luna Lovegood, Violet Moldoveanu, Penélope Clearwater y Elisa Parkerville.

El papel se dividió mágicamente en seis bolitas de fuego que en menos de un segundo desaparecieron en el aire huyendo por diferentes direcciones. Maggie sopló la punta de su varita como si fuera un arma y se la escondió en el escote.

-Vamos entonces.

La chica se acercó al adorno, que parecía ser la cabeza de un unicornio tallado en madera y lo tocó con la punta de su dedo. El objeto brilló y comenzó a temblar.

-¡Deprisa!

Hermione y Ginny vacilaron, pero finalmente se acercaron al objeto y lo tocaron con cuidado. Lo último que oyeron antes de desaparecer fue un “cuídense” inquieto de Molly.

-¿Y ahora qué? – preguntó Ron a Harry, pero los gemelos fueron quienes contestaron.

-Avísenle al huroncito que nos vamos de parranda.- Dijo George sobándose las manos con malicia.

-¡Toda una noche de puros hombres sin chicas! Bueno con chicas, pero son de esas de las que después ya no recuerdas el nombre.- rió Fred dándole un codazo a su gemelo.

Ron rodó los ojos, y Molly apretó los labios.

-Sólo intenten comportarse, ¿si? – Inhaló aire con pesadumbre y se desplomó en el sillón.- Ya es suficiente con saber que su hermana anda metida en una casa con hombres desnudos como para aguantar que ustedes vean a chicas en el mismo estado. Por favor… compórtense.

Los gemelos alzaron las cejas y curvaron sus bocas. Aquello no era un buen presagio.

-¿Cuando volverá su padre? ¡Merlín!

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Hermione refunfuñaba. No le gustaba la idea de que le hubieran quitado la varita, aquello era una soberana estupidez.

-¿Todavía sigues molesta con eso? – preguntó Ginny levantado la voz por sobre la música.

-¡Es una estupidez! El que Nadezdha sea la eminencia de las pociones no le da derecho a quitarnos las varitas.

-Confía más en las pociones- Trató de tranquilizarla Ginny.

A ella tampoco le había gustado que la mujer le quitara sus varitas a penas pusieron un pie en la posada, pero era razonable. La mujer no confiaba en ellas desde que un hechizo mal realizado asesinó a su esposo. Para Nadezdha, las pociones eran mucho más seguras y eficaces que un hechizo.

Hermione gruñó ante la contestación de su amiga y se cruzó de brazos. Los bailarines habían llegado hacía no más de unos minutos y habían comenzado a desfilar en una gran pasarela que cruzaba todo el vestíbulo. Ninguna de las dos chicas parecía muy entusiasmada con los desnudistas.

Ginny, tenía su cabeza en otra parte. Además, estaba molesta. Después que Harry salió de su habitación, Oswald comenzó a darle un sermón de no permitirle acercarse a él. Aquello sí que la descolocó por completo. ¿Cómo se atrevía? Él era su novio, no su amo. No debía rendirle órdenes a nadie.

Repentinamente un grito eufórico invadió sus oídos y la trajo de vuelta a la realidad. Parpadeó y vio frente a ella a un chico muy guapo que llevaba en la cabeza un sombrero de copa y cuya camisa yacía destrozada en los brazos de Violet y Fleur.

Hermione estaba con la boca abierta y los ojos brillantes. Ginny estaba segura que había cambiado de opinión con respecto a la fiesta. ¡El chico era increíble!

Comenzó a mover sus caderas rítmicamente al compás de una música electrónica que algunas veces había oído cuando vivía en Brixton. Unos gritos cargados de suspiros invadieron el salón cuando un chico de cabello largo, un poco más allá, se acariciaba su propio pecho haciendo algunos movimientos que Ginny jamás hubiera imaginado.

Maggie se había subido al escenario y compartía el baile con él. Otros dos muchachos casi desnudos la apresaron por ambos lados y la chica comenzó a bailar con los tres.

Hermione aún no quitaba sus ojos del chico que estaba frente a ellas, el cual poco a poco, se quitaba el pantalón.

Ginny echó un rápido vistazo a la pasarela, y curvó la boca con burla cuando descubrió a Elisa bailándole a uno de los chicos que estaba con Maggie. Incluso la misma novia, la tímida Katerina, estaba peleando con Angelina por cual de las dos se subía al escenario a bailar con un muchacho albino, cuyo cuerpo era tan blanco como la nieve.

-¡Chicas, vengan a bailar! –Las animó Maggie desde el escenario mientras se bebía de un trago una copa de vino y bailaba con dos chicos a la vez.

-Yo…- Hermione apenas podía procesar palabras, ella, Fleur y Violet estaban inmersas en el chico con el sombrero de copa; sombrero que ya no le cubría la cabeza. –...Necesito un trago.

Ginny rió cuando Hermione salió corriendo disparada hacia la mesa del ponche. Cogió una gruesa copa y se sirvió una gran cantidad del líquido, el cual se bebió con una rapidez impresionante.

Cuando volvió al lado de Ginny, la chica estaba totalmente desinhibida.

Su amiga comenzó a gritar cuando el chico del sombrero invitó a Fleur a bailar al escenario. Aunque al principio la esposa de Bill lo rechazó a regañadientes, finalmente terminó bailando con él de manera seductora.

-¿Por qué no bailas?

Ginny levantó la mirada al escuchar una voz aguda desde algún lado. Levantó sus ojos y se encontró con los azules claros de Luna. La chica le sonreía de oreja a oreja y llevaba puesta la chaqueta de uno de los bailarines, ya que todos habían subido a la pasarela vestidos de smoking.

No contestó a la pregunta de Luna, ya que no sabía qué respuesta dar. Aunque debía admitir que todas las chicas se divertían de lo lindo, incluso Nadezdha, que bebía unos cuantos tragos de una extraña poción.

Se giró para ver a Hermione que ya estaba bailando con el chico del sombrero, y al cual compartían con Violet y Fleur. Alcanzó a notar que tras Luna uno de ellos se movía seductoramente con Angelina. Era el dueño de la chaqueta que llevaba puesta su amiga.

El chico se giró al hacer un movimiento rápido y sus ojos se encontraron con los de Ginny, la chica dio un respingo. Eran verdes.

Le fue realmente imposible quitar la imagen mental que se había formado en su cabeza. Aquel chico casi desnudo era muy parecido a Harry, aunque mucho más alto y tonificado. Harry no era así físicamente, pero el cabello negro y los ojos del bailarín fueron el ingrediente necesario para que se emocionara.

Con ayuda de Luna subió al escenario, y sin saber de dónde sacó el valor, comenzó a bailar con el chico. Fue divertido ver como con Angelina y Luna le ayudaban a quitarse la camisa y el cinturón del pantalón. Ella hizo el resto al acercarse para bailar.

Al final, aquella fiesta, no era tan mala como se lo habían imaginado.

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-¿Y bien? – preguntó Ron aburrido mientras jugaba a rallar la esquina de una servilleta con la punta de su varita.

-Malfoy ya no quiere salir.- Masculló Oswald con los puños apretados observando el menú del Cabeza de Puerco, y que por lo demás, no tenía ni un alma.

-Maldita rata, ¿cómo nos traicionó a última hora? – gruñó Harry. Todos se giraron a verlo, sobretodo Oswald.

-No te preocupes tanto, tu novia debe volver temprano al palacio, y para eso quedan unas pocas horas. –Murmuró con una sonrisa sarcástica, Harry lo fulminó con la mirada.

-Sabes perfectamente por quien estoy preocupado.- Contestó con frialdad, Oswald frunció el labio superior señalando los dientes.

-No te preocupes, de eso me encargo yo. No necesito que los demás se preocupen por mi novia.

En un abrir y cerrar de ojos, Harry y Oswald se encontraban de pie en ambas esquinas de la mesa con las varitas empuñadas.

-¡Pueden parar! – Se interpuso Vincent. Bill, Percy y Charlie asintieron con la cabeza. Los chicos tomaron asiento, pero no quitaron los ojos del otro- Olvídense de Ginny por un instante. Estamos aquí para olvidarnos de las chicas.

-Espero que lo digas a modo generalizado.- Puntualizó Ron bebiendo un poco de whisky de fuego. Vincent asintió con seriedad.

-En estos momentos creo que Fred y George lo deben estar pasando mejor que nosotros.- Rió Charlie con pesadumbre, y todos asintieron con tranquilidad.

-Admitámoslo, con o sin Malfoy esa fiesta no tiene sentido. Ellos querían ir a un club muggle a como de lugar. Por eso estaban entusiasmados con que Angelina y Maggie salieran esta noche.- Dijo Percy resoplando sobre su copa de vino.

-Cerraré en diez minutos.- Advirtió Aberforth huraño. Todos los hombres resoplaron.

-¿Y bien? – Preguntó Bill, todos levantaron los hombros, aburridos.

Repentinamente, un fuerte “crack” resonó en las afueras de la taberna. Los chicos se giraron con rapidez y empuñaron sus varitas.

Las ventanas estaban escarchadas y la oscuridad de la calle no dejaba ver nada. Unos pasos en la nieve resonaban con fuerza, como si alguien tuviera prisa y le costara mucho trabajo caminar por ella.

Los chicos se juntaron para hacerse escudo, estaban listos para atacar a quien se atreviera a atravesar esa puerta.

El rechinado de la puerta llenó el silencio absoluto de la taberna, sólo las velas alumbraban la tenue penumbra del lugar, y sus respiraciones el sonido.

El invitado entró con rapidez, luchando por cerrar la puerta ante la fuerte corriente. Hasta que finalmente logró entrar. Todos bajaron sus varitas cuando descubrieron al invitado.

-¿Malfoy? – Preguntó Harry. El chico se quitó la bufanda y el gorro que le cubría la cabeza y se quedó recostado en la puerta. Sus ojos estaban cargados de espanto.

-Acabo de pasar fuera de la posada…-Jadeó tragando saliva con dificultad. Nadie contestó, aunque sus expresiones rogaban por obtener más información.- ¡La música se escucha casi a cincuenta kilómetros a la redonda!

-¿Viste algo? – preguntó Bill, Malfoy hizo una mueca de asco. Se vio extraño puesto que aún seguía aterrado por algo.

-Están… todas…. Todas bailando sobre la pasarela. Y los… los sujetos esos, están totalmente….- Volvió a tragar saliva. Esta vez, con asco.-… Desnudos.

-¡Ya está! Nos vamos a detener esa fiesta.- Exclamó Harry. Todos lo asintieron con vehemencia.

-¿Cómo piensas entrar, Potter? Nadezdha tiene guardias por todos lados.

-No podremos ir todos…- Murmuró, e intercambió una mirada con Ron. Su amigo curvó la boca en una sonrisa.- Sólo tres pueden caber bajo la capa para hacerse invisible.

-Yo voy.- Dijo Oswald, pero Malfoy se interpuso.

-¡Yo tengo que ir! –Exclamó.- ¡Es mi futura esposa la que está ahí! ¡Es la víctima!

-Yo voy porque soy el dueño de la capa.- Sonrió Harry con superioridad, Oswald frunció el ceño aterrado.

-De todos modos te queda un lugar, yo…

-Iré yo.- Dijo Ron.- Después de todo, iré en representación de los Weasley, tengo que ir a sacar a Ginny de ese antro.

-Y yo soy su novio…- Masculló el irlandés apretando los puños.

-Y yo su hermano.- Zanjó Ron.- ¿Qué es más importante?

-Creo que Ron tiene razón.- Dijo Bill.- Vayan ustedes, y traen a todas las chicas.

-Pero…

-Oswald, - le dijo Vincent.- Bill tiene razón, sólo las traerán de vuelta.

El chico fulminó a su amigo con la mirada y se desplomó en el asiento. Harry sonrió triunfante y tomó su chaqueta. Ron lo siguió.

-Vamos.- Le ordenó a Malfoy.- Si quieres salvar a tu novia tendrás que ocultarte con nosotros.

Malfoy gruñó, pero era lógico que prefiriera eso a su novia sola bailando con un grupo de chicos desnudos.

Harry abrió la puerta. Una fuerte ráfaga de aire frío entró al local, Ron y Malfoy salieron primero, y con una última sonrisa desafiante dirigida a Oswald, salió del local.

Esa noche, las chicas se llevarían una gran sorpresa.

Notas de la Autora:

Después de casi un mes, por fin el capítulo está en línea.

Lamento mucho la demora, pero como me fui de vacaciones y dónde fui no tenía un computador a mano, no podía escribirlo.

Sé que tal vez, no es un capítulo grandioso, pero es el pie para el próximo que se pone mucho mejor.

Agradezco a todos su paciencia y fidelidad. Muchas gracias por apoyarme con esta historia.

No tengo mucho más que decirles, así que les dejo un adelanto del próximo capítulo, para el cual les digo ¡prepárense!

Adelanto Capítulo 24:

Hombres al borde de un ataque de nervios

Harry, Ron y Malfoy finalmente llegan a la posada, pero Oswald, al no querer dejar a Ginny a merced de su ex novio, también los sigue, lo que causa que finalmente todos los chicos vayan tras él.

Lamentablemente, Harry es descubierto, y no por cualquier chica, sino, que por Ginny. Nadezdha se interpone entre ellos y aquello causa un acercamiento que jamás se hubiesen imaginado.

La fiesta sigue su curso, y los hombres no se aguantarán con evitarla.

Como punto paralelo, podremos ver a Omanshai encontrarse con Sonsioré, algo que iba a suceder este capítulo pero que por tiempo no pude agregar. Ella le abrirá los ojos al chico de un modo que no se hubiera esperado.

Como ven, será un capítulo muy interesante. Así que les dejo las fechas para que se tranquilicen y puedan esperar con paciencia:

Fechas Próxima publicación: 1, 2 y 3 de Marzo.

Ya saben que pueden dejarme reviews o mandarme mails a:

anya. Naivea (arroba) gmail. Com.

O pueden ingresar al blog:

www. Ethianevals. Blogspot. Com.

¡Un beso!

Anya.

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