Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Search
B s . A A A   full 3/4 1/2   E E   Light Dark
Books » Harry Potter » Las Portadoras del Destino
Anya.Naivea
Author of 20 Stories
Rated: T - Spanish - Romance/Adventure - Ginny W. & Harry P. - Reviews: 250 - Updated: 01-11-10 - Published: 01-31-08 - Complete - id:4044860
Share

Hombres al Borde de un Ataque de Nervios

Sus pies se detuvieron con firmeza sobre una suave arena blanca. Se levantó con lentitud, cual serpiente bajo el encanto de su flautista.

Sus ojos se fijaron en el horizonte, sobrepoblado de sendos árboles y espesa hierba que conformaban la selva del éste.

La noche había caído y la luna se reflejaba sobre la arena como una gran estrella brillante; como un gran foco teatral iluminando al protagonista en un escenario vacío, listo para comenzar con su monologo.

Había llegado ahí no por su propia voluntad, aunque algo dentro de él le decía lo contrario.

Sin mover los pies de la arena, alzó su mano, y con un rápido aletazo, los árboles que le cerraban el paso se abrieron, dejando ver un estrecho sendero de hortalizas e insectos aplastados en el suelo.

Se mordió el labio inferior nervioso. Debía seguir a la estrella del norte.

Elevó los ojos y contemplo el cielo estrellado. Era como una gran bóveda celestial: miles y miles de estrellas que no se veían ni en el lugar más virgen del planeta bañaban el cielo.

Cientos de constelaciones, algunas grandes y otras pequeñas, cuyas formas desdibujaban algodones brillantes, le desviaban su atención.

Finalmente redirigió sus ojos desiguales hacia una zona que se inclinaba hacia al éste, dónde las estrellas se veían más pequeñas, pero mucho más claras. Ahí la encontró. Una estrella que se podía cubrir con el meñique, brillante, redonda y ególatra. Ninguna superaba su brillo, por eso todas las demás se aglomeraban en sendas constelaciones, para hacerle competencia.

Sin mover la cabeza, dejó que sus ojos siguieran el rumbo que trazaba aquella estrella cuyo brillo más alto indicaba el norte. Como una brújula natural tatuada en el cielo.

Se trazó un mapa mental en su cerebro. La aldea no debía estar tan lejos. El brillo dentro de unas pocas horas estaría sobre su cabeza, y entonces sabría que habría llegado. Pero tenía que apresurarse, para que el tiempo calzara tal cual lo había planeado.

El camino era sinuoso, y por supuesto que era conciente de la cantidad de bestias salvajes que existían en aquella espesa selva. Más de una vez los gruñidos lejanos de tigres y aullidos de lobos llegaron a sus oídos. Más aún, le impresionó que no le atacasen como lo sospechaba.

De vez en cuando usaba el poder de su mente para quitar las altas ramas que le bloqueaban el cielo, sólo para comprobar si iba por buen camino y con buen tiempo.

Por suerte, siempre era así.

Avanzó, sin contar el tiempo, las horas y los minutos de camino. Sólo quería llegar, y cuando una orden le era impuesta, nada se interponía a ello. Ni siquiera la resistencia física.

Le dolían los pies, los brazos y la cara, producto de los arañazos que había recibido de las plantas y árboles, cuyas ramas y espinas salían al camino.

Pero no se iba a detener. Nuevamente contempló la estrella, no le quedaba mucho de camino. Según sus cálculos, si había tomado bien el tiempo, la estrella estaba a un cuarto de hora de posarse sobre su cabeza.

Sonrió. No porque estaba por llegar, sino, porque iba a dejar de caminar y los dolores de sus dedos iban a cesar.

Aunque la preocupación invadió su pecho cuando recordó que una vez dentro de la aldea, debía apoderarse de aquella criatura indefensa.

Cerró los ojos. Los aullidos a lo lejos y el sonido de algo arrastrándose sobre su cabeza la inspiraron a apurar el paso. No estaba seguro de cuanto aguantarían los animales de la selva sin atacarlo.

Finalmente, después de seguir por una estrecha curva que de seguro le había hecho rodear toda la isla, se detuvo. Pero no porque había llegado.

Ella había llegado a él.

Omanshai se impresionó. Era tan hermosa y dulce como jamás se la había imaginado. Andaba descalza, y con un largo camisón blanco. Su cabello era ondulado y largo hasta la cintura, de un color similar a la arena, y sus ojos eran claros, no sabía si verdes o azules, puesto que a la luz de la luna simplemente se veían brillantes. Se impresionó al notar que su piel contrastaba con aquel juego de colores, ya que era más oscura que la de él.

-¿Eres el niño de mis sueños? – Preguntó ella con un hilo de voz en su mismo idioma. Omanshai parpadeó sorprendido, tanto como por el dominio de su lenguaje, como por la pregunta. Que él supiese, nunca la había hechizado.

-No lo sé.- Contestó sinceramente. Era cierto. No sabía a qué se refería.

Ella suspiró abatida.

-Creí que eras él. – Murmuró con tristeza.- Venía a salvarme.

El volvió a parpadear, algo que nunca hacía tan frecuentemente, e inclinó la cabeza hacia atrás para ver al cielo. La estrella estaba justo sobre sus cabezas.

-No creo que yo sea él.- Contestó de manera mecánica. Él no había venido a ese lugar para salvarla, todo lo contrario. Ella levantó los hombros decepcionada.

-Que lástima…-susurró con los ojos brillantes.- Te le pareces mucho.

Esta vez, no parpadeó, dejó sus ojos abiertos tanto como pudo. Aquello lo había tomado por sorpresa.

-¿Y qué hacía él? – Le preguntó curioso después de un largo silencio. Le parecía de lo más raro estar en medio de la selva manteniendo una conversación de ese tipo con una niña de no más siete años. Ella sonrió con dulzura. Pareció que se sonrojaba.

-Me venía a salvar de unas oscuras sombras que mataban a mi abuela.- Dijo ella dejando de sonreír, cargando su voz con una rabia poco propia de una niña de su edad.- Tenía los ojos de diferente color, como esos perros del norte, que jalan trineos. –Omanshai sonrió ante la explicación, ella siguió:- Él las detenía con sólo mirarlas, pero no alcanzaba a salvar a mi abuela. Aunque yo sí estaba viva. ¿No has visto sombras por algún lugar?

Omanshai abrió la boca levemente, por supuesto que las había visto, cientos de veces. Pero no podía decirle eso. Él era un asesino, no estaba ahí para salvarla, aunque algo dentro de él le sugería que siguiese el sendero que la chiquilla le estaba marcando.

-Mi abuela murió hace una hora.- Dijo ella con tristeza mientras una lágrima resbalaba por su mejilla.- No fueron las sombras, pero un mal del extranjero acabo por arrebatarle la vida.

-¿Un mal del extranjero?

Ella asintió.

-Una peste, ella me salvó de la peste. Se interpuso ante los extranjeros y no dejó que me acercase. Ella murió por culpa de los extraños.

-¿Qué extranjeros? – Preguntó Omanshai curioso. ¿Acaso no le habían entregado la información adecuada?

-Al Sur están en guerra. Hace dos semanas vinieron unos extraños desde la costa para pedir refugio, pero murieron. Hubo mucho ruido esa noche, sólo recuerdo haber visto a mi abuela enfrentarse contra unos hombres más pálidos que ella. Todos les llamaban extranjeros. Dejaron la peste, y se fueron, pero yo no caí.

Entonces Omanshai entendió y asintió con lentitud. Aunque el mundo mágico tenía una batalla propia que librar con su amo, el mundo muggle tenía sus propias guerras. Había olvidado que Nueva Zelandia vivía en una guerra civil con los rebeldes del sur, unos sujetos sanguinarios que vivían de rehenes. Era probable que la tribu de la niña los viera como extraños o gérmenes que dejaban una peste a su paso. Por supuesto, su abuela la salvó de un abuso inminente. La muerte de aquella pobre mujer no era más que la consecuencia de sus actos al haber dado su pellejo antes que al de la niña. Había muerto a causa de las horribles heridas que esos hombres le habían causado. Algo que no estaba muy lejos de lo que se le aproximaba a la pequeña.

Cerró los ojos con dolor. ¿En qué mente enferma cabía tal idea? ¿Y por qué la suya comenzaba a aferrarse a una esperanza que jamás había sentido?

-¿Cómo te llamas? – Le interrumpió. Él, agitó la cabeza atontado.

-Me dicen Omanshai.- Murmuró.

-¿Ése es tu nombre? – Le insistió con dulzura, pero él no contestó. Poco recordaba de su pasado. Alguna vez había tenido nombre, pero ya no le quedaban recuerdos de aquello. Sólo aquel seudónimo maldito con el cual todos lo asociaban al asesino en serie más peligroso. Claro, porque Candeviere no se mancharía las manos para darse a conocer como tal.

-No tengo nombre.- Dijo al final.- Pero puedes llamarme como gustes.

-Ah… ¿puedo llamarte Koe? – le dijo con una sonrisa, Omanshai sonrió divertido y se inclinó para estar a su altura.

-¿Koe?

-Así se llamaba el chico de mis sueños, el que se parecía a ti.

Omanshai sintió de repente cómo un extraño calor familiar le recorría el pecho, algo que no había experimentado nunca. Ella se le acercó. Algo tibio y suave le acarició la mejilla.

-No te pongas mal.- Dijo avergonzada.- Sé que no es un nombre muy bonito, si quieres lo cambiamos.

Pero él elevó sus ojos sonriente. Sentía un júbilo en su interior que jamás había experimentado.

-No. Me gusta. En serio.

Ella sonrió ampliamente señalando sus pequeños dientes y un espacio en la fila de abajo.

-¿Cómo te llamas tú? – Le preguntó él entonces, y ella se sentó en el suelo. Él la imitó.

-Sonsioré.- Contestó con timidez.- Pero me dicen Sio.

-¿Sio?

-Es más fácil.

-Y, dime Sio, ¿has notado algo extraño últimamente a tu alrededor?

-¿Además de la peste?

Él se sorprendió. Justamente estaba pensando en ello, creyó que sería necesario explicarle su pregunta, pero ella lo tenía muy claro. Asintió.

-Desde que soy una bebé, todos los animales, mágicos o no, se me acercan sin hacerme daño. – Explico inclinando la cabeza hacia atrás, para ver el pedazo al cielo que se dibujaba por entre las gruesas ramas de los árboles. -¿Ves esa estrella? – Dijo indicando con su pequeño dedo a la luz que lo había guiado hasta ella. Él asintió levemente. -Es mi Numa.

-¿Tú qué? – Dijo riendo.

-Mi Numa, mi madre. – Contestó sin quitarle los ojos a la estrella. Omanshai sintió que algo del mundo se le venía encima.- Ella siempre me ha cuidado, me guía cuando estoy perdida, y sirven de brújula a quienes necesitan hallar un camino.

-A mi me guío.- Contestó viendo embelezado la estrella. Sus ojos desiguales la reflejaron tan intensamente, que por un momento tuvieron el mismo color.

-Eso es lo que pensé.- Contestó ella bajando la cabeza para verlo.- Ésa es otra de las cosas que me ocurren a diario. Me comunico con mamá a través de su luz, y le pido que guíe a una salvación para salir de este lugar dónde la peste está matando a todos.

-¿Crees que te vengo a salvar? – Preguntó atónito bajando la cabeza.

-¿A qué vienes entonces? Numa no me enviaría a alguien que me hiciera daño.

La luz de su mirada fue tan dulce y llena de amor, que entonces comprendió, que aquella sensación albergada dentro de su ser por tanto rato comenzaba a tomar forma. Él no era un asesino, no quería serlo, sólo, seguía ordenes.

Aquella estrella lo guió hasta la niña, la encontró, y la salvaría. Candeviere no le pondría ningún dedo encima, aunque eso significara no poder cobrar su libertad. Al fin y al cabo, Keitaro debía morir algún día.

-Por supuesto.- Aceptó con vehemencia, un poco más entusiasmado de lo normal.- Vengo a rescatarte. ¿Quién sabe? Tal vez si soy el hombre de tu sueño.

Sonsioré se puso de pie de un salto y lanzó un gritito.

-¡Lo sabía!

Omanshai sonrió avergonzado.

-Pero hay algo que debes saber.- Le susurró él, y ella dejó de sonreír.

-Oh… Eso también lo soñé.-Susurró, y el chico alzó una ceja.- Tú me querías salvar, pero alguien te lo quería impedir… Seguías órdenes.

La boca se le secó. Ella tenía más poder que cualquier otra persona que hubiese conocido. Claro, no era sólo una portadora, además, era chamán. Había heredado las dotes de sus ancestros. Podía ver el futuro en sueños, por eso los animales la respetaban. Era la materialización de los dioses en la tierra.

-¿Sabes quién soy? – Le preguntó cambiando su tono de voz. Ahora sabía que no se debía dirigir a una niña, sino, a alguien mucho más importante.- ¿Sabes ha que he venido?

Ella vaciló, pero finalmente asintió con tristeza.

-Te he visto en mis sueños muchas veces.- Contó volviendo a mirar al cielo, dónde la estrella se había comenzado a inclinar hacia el norte.- Te he visto sufrir, hacer cosas feas que no te gustan. También he visto sangre, y sombras, sombras siniestras que matan mujeres. Y a un hombre muy apuesto. Pero muy malo…- Se detuvo y contempló el rostro pasmado de Omanshai con cautela.- ¿Él te envío a mí, Koe?

Él se levantó del suelo y la quedó viendo aterrado. Sabía más de lo que él podía haberle contado, y muy claramente.

-Sí.- Admitió apenado, como si aquello fuese vergonzoso. Aunque ¡claro! Lo era.

-Oh…

Temió que se alejara, pero no lo hizo. Por el contrario, se quedó contemplándolo largo rato, con una expresión que mezclaba lástima con preocupación.

Se sorprendió cuando ella se acercó y se colocó de puntillas para acariciarle su pálido rostro.

-¿No te da miedo?-Preguntó cerrando los ojos con tranquilidad.

Ella negó con la cabeza.

-Creo que la pregunta correcta es, si tú no me das miedo. – Rió.- Y mi respuesta es: No, no me das miedo Koe.

Su nombre de pila sonaba hermoso en los labios de ella. No quería que nadie más lo llamara así, sólo Sio. Era como escucharlo por primera vez desde los labios de su propia madre. Una sensación única de cualquier bebé recién nacido. Una identidad que sólo puede dar ella a sus propios hijos. Ser Koe, era diferente a ser Omanshai. Ser Koe, era ser alguien, no un asesino, no una maquina de matar influenciada bajo las ordenes de otros. Ser Koe, era ser una persona con una identidad, era ser un héroe, el héroe que ella quería.

-Me alegro.- Dijo él sonriendo dulcemente. La sensación era asombrosa y cálida. Hermosa.

-Sé que no eres malo, lo he visto en mis sueños, y también en tus ojos.

-Gracias Sio, me ayuda mucho saber que me vez de otra manera. – Susurró abriendo los ojos. Se le removió el corazón cuando vio los ojos de ella, que eran de un verde claro asombroso. Las estrellas se reflejaban en ellos como un micro universo. Era sentirse en paz.

-También he soñado con alguien más-Murmuró quitando su mano y bajando los ojos, su voz sonaba extremadamente preocupada.- Una mujer.

-¿Qué mujer? – Preguntó exaltado, ella se mojó los labios asustada.

-La he visto morir en algunos sueños, por intentar salvarme. En otros, ha sobrevivido, porque tú te has interpuesto.

-¿Qué? – Jadeó. Durante unos instantes los sueños le sonaron interesantes, hasta que la escuchó hablar de su propia muerte.

-Ella es muy bonita. –Murmuró pensativa viendo triste como la estrella comenzaba a perderse al otro lado del cielo.- En mis sueños, aparece con un vientre abultado.

Omanshai inhaló una gran cantidad de aire al recordar a la mujer griega, Atiocope, y el maldito crimen cometido cuando ella tenía casi nueve meses de embarazo. Aunque no era un bebé lo que llevaba dentro, de todos modos no dejaba de ser un crimen.

Se perdió en el detalle de aquella horrorosa imagen, pero ella lo jaló por la manga de su traje, llamando su atención.

-¿Te molestó algo que dije? – le preguntó. Él supuso que había puesto alguna mala cara, así que de inmediato trato de relajarse.

-No, no…. Recordé algo, muy feo, eso es todo.

-Lo siento.- Lo consoló ella. Omanshai estaba más que seguro que Sio sabía lo qué pasaba por su cabeza. Pero como buena niña, no se lo iba a recalcar. Había otra cosa que la estaba molestando en aquel momento.

-Me contabas sobre una mujer.- Le recordó él intentando sonreír, lo que no dio muy buen resultado. Sio suspiró.

-Sí. Una mujer embarazada.- Murmuró. Omanshai la quedo viendo curioso. Cómo su expresión dijo todo, ella prosiguió con la respuesta:- tengo que ir donde ella.

-¿Ir? – Está vez, exclamó.- ¿Por qué?

-Ella me puede proteger, me puede cuidar.

-¿Y quién es esa mujer?

Sio contempló el suelo con detención. Recordaba. Omanshai no la interrumpió, sabía que estaba intentando ver con detención a la mujer.

-Tenía el cabello como el fuego, y la piel pintada, con muchas manchas pequeñas.

El médium jadeó aterrado, como jamás le había sucedido, y retrocedió un paso.

-Sé que la conoces.- Continuó ella.- Por eso necesito que me lleves. El destino nos quiso juntar para encontrarla. También tú la necesitas.

Omanshai asintió. Ella quería encontrar a Ginevra Weasley. La joven que tanto ansiaba poseer Candeviere en su poder.

-¿Por qué, ella?

-Porque ella aparece en mis sueños.- Contestó inocentemente.- Y tal como tú, sé que es importante para mi vida.

Él no contestó. Su cabeza intentaba unir las piezas de un puzzle muy complicado. Pero ninguna encajaba.

-¿Me ayudarás a encontrarla? – Susurró y pausó un instante. Luego, agregó en un hilo de voz:- Antes que él hombre apuesto la encuentre primero.

Omanshai la quedó viendo detenidamente. En sus pequeños ojos verdes se dibujaba la desesperación para encontrarla, para encontrar a la pelirroja más buscada de los últimos siete años.

-Claro.- Murmuró finalmente. Ya había decidido hace mucho rato, desde que la vio, que ya no le rendiría cuentas a Keitaro ni al ministro, aunque eso costara su libertad tan ansiada.- Pero, no sé como hacerlo.- Agregó con timidez.- Está muy protegida.

-Su padre está en China.- Dijo ella resueltamente. Él parpadeó sorprendido.- Lo sé porque lo…

-… Lo viste.- Puntualizó él sonriendo. Aunque no entendía el punto de que el padre de ella estuviera en China.

-Podrías llevarla hasta allá. Yo sé dónde está el hombre bueno.

Entonces entendió.

Ella lo tenía planeado de antes. Ella, era más sabia que todos los magos juntos. Ella, tenía el plan armado desde antes.

Sabía que su abuela moriría a manos de una peste, sabía, que aquella peste era una guerra de la cual quería escapar, sabía también, que era una portadora, y sabía, que su salvación estaba marcada por la bruja más buscada.

Ella tenía que encontrar a Ginevra, tenía que estar con ella para proteger su pellejo. Y él, él era su guardián, su guía.

Entonces, el destino sí tenía un nuevo rumbo marcado para él. Encontrar a Sonsioré tal vez le ayudaba a desligarse del horrible camino que había seguido.

Si salvaba a la niña, tal vez podría salvar a las últimas portadoras que quedaban.

El problema ahora, era encontrar la formula, la solución para llevar a la bruja a China, hablar con ella y contarle el plan. Porque no tenía como encontrarla.

Potter había colocado un encantamiento muy poderoso a su alrededor.

Mientras pensaba frenéticamente, intentando armar un plan para llegar a la pelirroja, Sio miraba el cielo. Él la imitó.

La estrella ya había desaparecido al otro lado del cielo.

-Gracias Numa.-Susurró ella, y Omanshai no pudo sentir más ternura. Un sentimiento desconocido, que jamás había experimentado.

0 0 0 0

-¿Puedes apresurarte? – Exclamó Malfoy bajo la capa. Harry gruñó molesto.

-Se nos van a ver lo pies, idiota.- Masculló Ron. Malfoy apretó los dientes.

-Si Katerina está con uno de esos…

-¡No te atrevas a echarnos la culpa! – Le recriminó Harry furioso. Llevaba al menos una hora soportando sus insultos y quejas. Ron masculló algo en voz baja similar a un "Déjame cerrarle el pico, por favor", mientras señalaba la varita escondida bajo su manga. Pero ambos sabían que aquello no era una buena idea. Tener a Malfoy de su lado, significaba más fuerzas para acabar con Candeviere. Aunque no fuese para el mismo propósito.

Los tres dieron un respingo cuando repentinamente unos alocados gritos llegaron a sus oídos, Ron se había quedado con la boca abierta.

-¿Qué demonios fue eso? – Exclamó con los ojos desencajados.

-¡Apresurémonos!- Insistió Malfoy alterado.- ¡Les dije que la fiesta se oía a más de cincuenta kilómetros!

-No puedo creerlo…- Murmuró Harry pasmado. Por su cabeza pasó rápidamente la imagen de Ginny bailando coquetamente con un sujeto desnudo. La ira inundó su pecho.- ¡Vamos!

-¡Por fin entraste en razón Potter!

-¡Cállate, imbécil! – Gruñó, arrastrando a los tres habitantes de la capa con fuerza a causa de su feroz paso.

Ninguno se quejó, puesto que los tres querían llegar lo antes posible a la casa. Malfoy les había comentado que Nadezdha odiaba las varitas, razón por la que usaba las pociones para todo. Incluso, para hacer fuertes conjuros y proteger la posada de extraños, como esa noche.

Harry podía sentir el putrefacto olor de algo en descomposición. Aunque intentaba aguantarse, sabía que Ron no soportaría por mucho. Había comenzado a tener arcadas.

-Los muggles no se acercan porque el olor les da asco.- Dijo Malfoy con la voz aguda, como si intentara no tragar el apestoso aire.- Pero nosotros, qué sabemos que es una poción, debemos pasar la barrera antes de vomitar. ¡No! ¡No en mis zapatos Weasley!

Ron no había aguantado, y había vomitado el poco whiskey de fuego que había bebido en Cabeza de Puerco.

-¡Que asco! ¡Argh! ¡Maldito idiota! ¡Que asco! – Gritó Malfoy iracundo intentado sacudirse los mocasines cubiertos de vomito.- ¡Eres un rematado imbécil! ¡Maldito traid…!

-¿Qué ibas a decir? – Lo amenazó Harry con la varita, iluminándolo justo en el rostro. Aunque también tenía asco, podía soportar esa situación con tal de ayudar a su amigo.- ¿Estás bien Ron?

-¡Mira cómo dejó mis zapatos! – Rezongó Malfoy gruñendo furioso.

-Pues, límpiatelos, para algo eres mago idiota.- Se burló Ron limpiándose la boca con la manga de su túnica. Aunque aquello no le gustaba, al menos le había hecho pasar un mal rato a Malfoy.

Éste farfulló algo, que ninguno de los otros dos chicos pudo entender y acto seguido limpió sus zapatos con un rápido movimiento de la varita.

-Avancemos rápido, no quiero tener que soportar otro baño de vomito inmundo en mis zapatos nuevos.

Harry lo quedó viendo frunciendo el labio superior. Ayudó a Ron a incorporarse y se giraron para cruzar lo más rápido posible la barrera putrefacta.

No tardaron mucho en llegar a una zanja que protegía la posada desde el otro lado de la carretera. El olor iba disminuyendo, y ya no era tan insoportable.

Ron inhaló una gran bocanada de aire para limpiar sus pulmones, los otros dos hicieron lo mismo, gustosos. Habían aguantado la respiración demasiado rato.

-¿Ven? – Señaló Malfoy horrorizado. La música se oía cada vez más fuerte.

Todas las ventanas estaban iluminadas, y de vez en cuando unos gritos más agudos que la música llegaban a sus oídos.
A los tres les recorrió un calosfrío cuando se imaginaron la turbulenta situación.

-¡Tenemos que entrar! – Exigió Harry. Entornó los ojos hacia la posada y notó un par de guardaespaldas que cuidaban las dos puertas que concedían la entrada a la casa.

-No te desesperes tanto Harry.- le recordó Ron.- recuerda que vienes aquí por Elisa, no por Ginny. Intenta controlarte.

Pero Harry ya no lo escuchaba. Había salido de la capa avanzando a zancadas hacia uno de los guardias quien ni siquiera alcanzó a reaccionar cuando le lanzó el hechizo aturdidor.

Malfoy y Ron se quedaron con la boca abierta. Corrieron tras Harry bajo la capa y Ron aprovechó la oportunidad de noquear al otro guardia que venía a socorrer a su compañero.

Se quitaron la capa y se quedaron viendo unos a otros de manera aturdida. ¡No podría haber sido tan fácil!

Sin dirigirse la palabra, los tres, como si hubiesen tenido un pensamiento unánime, se dirigieron a la ventana más cercana.

Ron dio un respingo cuando descubrió a Hermione bailando tímidamente con uno de los sujetos, el cual estaba totalmente desnudo y no se cubría con nada más que un sombrero de copa en sus partes íntimas.

Malfoy hizo una mueca.

-Vaya, ¿quién lo pensaría de Granger? No sabía que era una sue…

-¡Cállate imbécil! Si no quieres que te vuele los sesos. – Lo amenazó Ron apuntándole la frente con la varita. Harry lo agarró por el codo.

-Ron, no lo escuches.- Intentó tranquilizarlo. Entonces, otro grito, más parecido a una risa, se escabulló a través de la ventana. Los tres se giraron para ver. Esta vez, Malfoy exclamó aterrado.

-¡Katerina!

La chica, que tan tímida se veía, bailaba agarrada del cuello de un bailarín de piel muy blanca y de cejas y cabello blancos. Él la sujetaba de la cintura, mientras otro chico, de cabello largo la sujetaba por atrás.

La chiquilla tenía la nariz roja y las mejillas sonrosadas.

-Está… ebria…- Murmuró Malfoy espantado y con la mandíbula desencajada.

-Bueno, ella es la novia, ¿no? – Se burló Ron aprovechando de devolverle sus propias palabras.- Algo deben tener esos sujetos que tú no le puedas dar.

Malfoy se estaba colocando rojo, y ninguno logró percatarse de cuando se le lanzó a Ron al cuello para agarrarlo a golpes.

-¡Detente, Malfoy! – Exigió Harry intentando detener los golpes del chico sobre su amigo. -¡Expeliarmus!

Malfoy salió volando por el aire hasta caer de espaldas en el suelo. Un ruido sordo indicó que se había golpeado en la cabeza.

-Katerina…- Comenzó a quejarse.-… Katerina.

-Imbécil… -Masculló Ron levantándose del suelo sacudiendo su chaqueta.

Harry se acercó a Malfoy dando grandes zancadas y lo levantó del suelo bruscamente. El chico no hacía más que quejarse, totalmente traumatizado.

-¿Cómo pudieron…? Katerina…

-Escúchame idiota.- Le exigió Harry dándole una fuerte sacudida para que reaccionara.- Si quieres entrar vas a tener que comportarte. Nos llegan a descubrir y Katerina se queda adentro.

-¡No! – Dijo de repente como si se hubiese despertado.- ¡Debemos entrar! ¡Tengo que entrar! Ponte la capa Potter.

Harry frunció el ceño cuando Malfoy avanzo totalmente llevado por la ira hacia la puerta de atrás. Los dos chicos lo siguieron.

-Por suerte la música suena fuerte.- Masculló Ron enojado.- Si no, ya nos habrían descubierto.

Malfoy no había alcanzado a tocar la puerta cuando ya estaba dentro de la posada. Harry con Ron se miraron espantados y se arrojaron hacia el interior para detenerlo.

-¿Qué estás demente? – Le espetó Harry intentando esconderse detrás de una lavadora muggle oxidada. Habían entrado a la bodega.

-¡Escucha Potter! Simplemente quiero sacar a mi novia de ahí e irnos, no me importan las consecuencias.

Ron jadeó.

-¿Se te olvida que esa fiesta está repleta de mujeres cargadas con grandes cantidades de alcohol y fuerza bruta? – Tembló al pensarlo.- ¡Nos harían añicos! Y créeme que no necesitan de una varita para eso.

Malfoy, que estaba tironeando a Harry para que lo soltara, cedió ante las palabras de Ron.

-¿Tienes un mejor plan? – Gruñó.

-Hay que llegar a cada una por individual.- Murmuró Harry asomando su cabeza hacia una portezuela por dónde se filtraba la música. Ni siquiera era necesario hablar bajo, el ruido cubría cualquier sonido existente.

-¿Qué quieres decir? – Preguntó Ron espantado.

-Si queremos sacarlas de aquí, tenemos que acercarnos a cada una por individual.

-¡Nos van a matar Harry!

-Hay que acercarse a las más ebrias, yo voy por Katerina.- Dijo Malfoy con decisión.

-Yo opino lo contrario.- Agregó Harry pensativo.- hay que acercarse a las sobrias, para razonar.

-¿Tú crees que van a querer razonar si saben que estamos aquí? – Irrumpió Ron con los ojos muy abiertos.- Las ebrias por ultimo no serán responsables de sus actos y se olvidaran de que estuvimos aquí.

-No puedo creer lo que voy a decir- Sonrió Malfoy burlón.- Pero creo que estoy de acuerdo con la comadreja.

-No me entienden.- Resopló Harry frotándose la cara con ambas manos. Frustrado por la repentina camarería de su mejor amigo con Malfoy- Hay que llegar a las sobrias para informarlas, les decimos que nos ayuden a sacar a las chicas que queremos de la casa y cuento resuelto.

-¿Y a qué chica pretendes sacar tu, Potter? – Inquirió Malfoy sosteniendo su sonrisa burlona. Ron se giró a el con las cejas arqueadas.

-Lo sabes perfectamente.- Contestó levemente azorado.

-Harry…-Murmuró Ron bajito. Harry se preocupó de que lo estuviera viendo con ojos lastimeros. –Viejo, no es por bajarte la ilusión, pero, ¿no crees que se verá extraño a ti sacando a Ginny de la casa y no a Elisa?

-Oh…

-Va a sospechar si te pones celoso por ella y no por tu prometida.- Ron hizo comillas con los dedos al destacar la última palabra, y Harry resopló.

-¿Y qué hago entonces? ¡Quiero sacarla a ella!

-Debiste dejar que Mcclay viniera, idiota. – Le espetó Malfoy un poco más inquieto al oír un aullido por parte de una chica, probablemente Maggie.

-¿Para qué? ¿Para que siga alejándola de mí?

-¿Qué es mejor Harry, que Oswald haga su papel o que ella se entere de todo por tus estúpidos celos?

-¿Del lado de quién estás?

Ron apretó los labios y alzó las cejas, Harry gruñó y se cubrió con la capa.

-¿Qué vas a hacer, Potter?

-¿Quieres sacar a Katerina de ahí o no? – Desafió, Malfoy no contestó.- Déjame llegar a ella. – Se acercó con sigilo hasta la portezuela y se asomó con cuidado. Justo delante de él, se extendía una larga mesa de licores y comida, bloqueándole la salida.- ¡maldición!

-¿Qué ocurre? – Quiso saber Ron, que se había acercado por atrás.

-Hay una mesa bloqueando la puerta.

-La puerta se abre hacia dentro Potter.- Rezongó Malfoy.

-¿Cómo vas a hacer para salir si se abre hacia dentro? – Se preocupó Ron.- Lo van a notar.

-No si está con la capa para hacerse invisible.- Opinó Malfoy mirando inquisitivamente a una ventana.- Aguarden.

Fue hacia el ventanal, que medía la mitad de un hombre, y la abrió. Una fuerte ventisca invadió la bodega.

-Van a creer que la corriente de aire la abrió.- Dijo mientras volvía al escondite tras la lavadora.

-¿Y si vienen a cerrarla? – Siguió Ron, Malfoy rodó los ojos.

-Nos escondemos. Nadie nos ve desde aquí. – Lanzó una mirada a un rincón, dónde Harry estaba escondido bajo la capa. Él se inclinó un poco y negó con la cabeza. Pero al recordar que no podían verlo, habló.

-No se ven. Intenten no moverse mucho, el movimiento los delataría.

-Mientras no te demores, Potter. No podemos estar quietos mucho rato, nos vamos a congelar.

Ron asintió, inseguro.

-Intentaré ser rápido. Si no llego en media hora, salgan. La capa la esconderé bajo la mesa. – Pausó un instante, y luego agregó:- Ron se hará cargo de ella.

Malfoy lanzó una risita espasmódica, pero algo altanera. Ron simplemente asintió con vehemencia ante el plan.
Harry abrió la puerta con rapidez. La luz y la música se filtraron a la bodega como un verdadero carnaval. Ahora, las risas y gritos de las chicas se podían oír más nítidamente.

Tan rápido como la puerta se abrió, Harry la cerró.

Se encontraba de pie detrás de una larga mesa, estaba casi aplastado contra la pared, así que siguió con su parte del plan.

Se agachó y se escondió bajo la mesa, la cual era cubierta por un blanco mantel. Ahí, se quitó la capa y comenzó a gatear hasta dónde los gritos se oían más suaves.

Finalmente, llegó a un costado de la mesa que topaba con una pared. Al parecer, la mesa completa abarcaba todo el vestíbulo rodeando las paredes. Se quedó ahí, quieto. Esperando. Sobretodo porque muy cerca de él se habían oído voces.

-Apuesto a que están poseídos por Skrunchers.- Decía la voz de Luna, que se oía un poco más resbalosa que de costumbre.

-Claro, Luna, como digas.- Rió Ginny, quien parecía eufórica y emocionada. El corazón de Harry dio un brinco al oírla, estaba justo sobre él.- ¿Quieres ponche?

-No, gracias…Bueno, un poquito tal vez.- Aceptó Luna, y Harry pudo oír el borboteo de algo líquido escurrir, y un tintineo de cristal.- Creo que he bebido un poco más de lo necesario. Esos Libpops…

-Yo, casi nada.- Rió Ginny al escuchar los ridículos nombres que su amiga le ponía a todas las alimañas que le causaban algún mal extraño.- y Hermione tampoco. Preferimos bailar con los chicos pero no terminar sobre la mesa como Maggie y Angelina.

-¡No seas aburrida Ginny! –Bromeó Luna, y Harry sintió un movimiento vibrador en la mesa, como si la chica hubiese empujado a Ginny.- ¡Un poco no te hará daño!

-No lo sé, Luna… La verdad es que no quiero…

-¿Está Oswald aquí? –Le preguntó. Harry sintió una punzada de odio, pero Ginny no contestó.- ¡Entonces! No hay nadie para vigilarte.

-¡Luna! -Rió Ginny. Su voz parecía convencida, ¡se había rendido!- ¡Me sorprendes! Tu hablando así.

-Puedo comportarme como una chica normal a veces.- Dijo con sinceridad y algo dolida. Harry supo enseguida que se había marchado cuando Ginny suspiró.

-Bien… Tiene razón.- Dijo para sí misma. Harry rió al oírla hablar sola.- No hay ningún novio dominante que me controle.

Harry rió más al escuchar aquella confesión. ¿Así que Oswald era dominante? Lamentablemente para él, la felicidad no duró mucho. El mismo tintineo y el mismo borboteo de hace unos instantes llegó a sus oídos. Pero no había nadie más cerca de Ginny.

-¿Qué le hace el agua al pescado? – Volvió a decir, y se llevó el vaso a la boca. Harry, alarmado, y sin pensarlo dos veces, sacó la mano desde debajo de la mesa y agarró a Ginny por el pie, tirándola con fuerza.

-¡Ah! – Exclamó. De inmediato Harry escondió la mano, algo húmedo le había caído encima.- ¡Pero qué rayos!

Harry olió el espeso licor. Era vino. Un vino de olor dulce y muy oscuro, ideal para manchar la ropa.

Estaba complacido. Había hecho que Ginny derramara su copa, y por lo mismo había evitado que se embriagara. No bailaría con esos chicos sobre la mesa.

Pero se había olvidado de algo: Ginny no era tonta.

-¡HARRY POTTER!-Exclamó furibunda. Harry pegó tal salto que se golpeó la cabeza contra la mesa. Ella estaba agachada mirándolo con odio. ¡Lo había descubierto! ¿Cómo fue tan idiota?

Tal y como le había dicho a Ron, dejó la capa bajo la mesa y la escondió tras su espalda para que Ginny no la viera.

-¿Qué mierda haces aquí?

-¿Y a ti qué te importa?

-¡Me importa porque es una fiesta para chicas! Espérate a que las demás lo sepan, ¡te van a linchar!

-¡Vine a vigilar a Elisa! – Exclamó intentado sacarse el problema de raíz. Debía mantener el plan en marcha, pero con Ginny tan cerca obligándole a mirarla, era difícil.

-¿Y por qué no fuiste a vigilarla a ella en lugar de molestarme?

-¿Por qué crees que te estoy molestando a ti?

-¡Porque en esta zona estamos sólo Luna, Violet, Penélope y yo! ¡Elisa está en la sala de baile!

-¿Qué?

Se quedó atónito al oír aquello. No sabía que la fiesta la habían dividido en dos zonas. Ginny, al no ver que contestaba, quitó el mantel con fuerza para obligarlo a salir.

-Las que fueron a ver el baile desnudista están en la otra sala.- Explicó con una extraña mirada. Harry no sabía porqué, pero sus ojos le decían que algo le había molestado. – Aquí estamos las que vinimos a ver el desfile de ropa interior.

-¿Qué? – Preguntó Harry de nuevo. Ginny se sonrojó.

-¡El desfile Harry! ¡Las chicas que modelarán ropa interior para Katerina en su noche de bodas! – Se agarró la cabeza y se dio una vuelta. Harry se asomó con cuidado, en esa sala no había nadie. -¡Ni siquiera sé porque te estoy explicando esto! ¡Tú no deberías…!

Se quedó en silencio y sus pupilas de dilataron. Harry, que ahora estaba de pie frente a ella, pudo notar que el desfile se realizaba en una carpa situada en el jardín. Tres sombras se vislumbraban estaban sentadas en unas butacas.

-¿Quiénes más vinieron contigo? – Le preguntó, ordenándole furibunda. Harry retrocedió, casi sentándose sobre la mesa. -¿Quiénes más vinieron contigo, Potter?

-¡Nadie! –Mintió.- Soy rastreador, me enviaron para vigilarlas.

-¡Mentira! ¿Crees que no te conozco lo suficiente? Cuando mientes los agujeros de tu nariz se dilatan.

Harry abrió la boca pasmado. No sabía qué ella había notado ese detalle.

Instantáneamente, ambos se sonrojaron, sin querer. Pero Ginny estaba más furiosa que nerviosa.

-Y bueno, ¿a ti qué te importa? – Le espetó, intentado sacarse la imagen que la pelirroja le había causado.- ¡Vine por mi prometida! La encuentro y me marcho.

Ginny apretó los puños. No sabía si de celosa, o de rabia porque alguien se había infiltrado a la fiesta.

-Lárgate si no quieres que llame a los guardias.-Le ordenó con los ojos cerrados e indicando la puerta.

-No pienso.- Contestó Harry lentamente. Ginny abrió los ojos, lo fulminó con la mirada. No podía estar más enfadada con él. –Además, los guardias están tomando una siesta bastante larga.

Ginny, al ver que podía ser una batalla perdida, se acercó a Harry altanera y lo empujó, para servirse un poco de ponche.

-¿No irás a beberte eso, o sí? – Se burló él. Aunque tras esa burla, existía el temor de que la pelirroja se embriagara.

-¿Qué te importa? –Contestó con su misma voz. Tomó una nueva copa y se sirvió un poco de ponche. Harry vio, como si fuese en cámara lenta, el vino caer lentamente dentro de la copa. No, no iba a dejar que ocurriera. Y tampoco sabía qué explicación iba a dar si lo intentaba de nuevo. Pero bien, para algo tenía su varita.

Sin pensar en las consecuencias, corrió hacia la chica y le empujó la copa por debajo, justo cuando ella se la llevaba hacia los labios. El vino la salpicó por completo, manchándole toda su ropa.

-¿Qué mierda has hecho, idiota? – Le espetó. Esta vez, Harry se espantó. Las pupilas de Ginny eran rojas.- ¿Por qué hiciste esto? ¡Mira como me has dejado!

-¿Quieres acaso aparecer mañana en el profeta como la hija menor de los Weasley que se embriago en la despedida de soltera de una amiga?

-¡Me importa un soberano carajo! – Se quejó. Se palpó en pantalón en busca de la varita, pero al recordar que no la tenía, se aferró a lo que tenía más cerca: a la fuente de ponche.

-¿Qué piensas hacer? – Se espantó Harry, y retrocedió levemente al ver la decisión en los ojos de la pelirroja.

-¿Me dejas arruinar tu hermoso Armani?- Rió vengativa. Y sin previo aviso, le lanzó a Harry todo el ponche encima, empapándolo.

-¿Pero qué hiciste? – Se quejó escupiendo. Los lentes los tenía totalmente morados producto del vino, al igual que la camisa, mientras que el cabello le estilaba totalmente pegado a su cara.

-Por imbécil.- Se quejó Ginny, humillada.- Mira cómo me dejaste. Ahora apesto a vino, y mi blusa quedó arruinada.

Harry hizo un ruido con la lengua mientras se sacudía como un perro.

-¿Qué quedará para mí, entonces? – Dijo con sarcasmo.

Pero para cuando miró a los ojos de Ginny para protestar, su corazón se detuvo. Ella estaba llorando.

-Sé que me odias, pero no tenías porqué arruinarme esta noche. – Se giró con rapidez para salir corriendo en dirección al baño, sin embargo, poco antes de alcanzar la puerta, una mujer se le cruzó en el camino.

-Veo que tenemos problemas aquí.- Dijo Nadezdha con una risita. Ginny levantó sus ojos húmedos y apretó los labios, sin girarse a ver a Harry.

-Necesito mi varita. Quiero limpiar este desastre.- Dijo señalando su ropa. Pero para su desgracia, la mujer se negó rotundamente.

-Me temo que no puedo dejarte hacer eso.- Frunció los labios, y se acercó a Harry extendiendo su mano. El chico se espantó levemente al ser descubierto, pero en esos momentos estaba más interesado en conjurar un hechizo para secar su ropa que, en la mujer.- Entrégame la varita, querido.

La voz de la mujer sonó tan autoritaria que no pudo negarse. Le entregó su arma a regañadientes, y contempló a Ginny que temblaba con ligereza.

-Aquí, las pociones solucionan todo.- Dijo con una misteriosa sonrisa.- Acompáñenme.

Ginny y Harry intercambiaron una mirada. Ambos estaban demasiado enfadados el uno con el otro como para dirigirse la palabra.

La mujer los guió hacia el segundo piso, dónde una gran cantidad de pasillos dividían las casi cincuenta habitaciones que tenía la posada.

Se detuvo en una de las puertas y la abrió con una llave que cargaba en su escote.

-Esta es la habitación de Katerina y Draquito, la tenía lista para su noche de bodas.- La mujer rió entusiasmada, y Harry tembló.- Tengo sólo dos habitaciones disponibles. Las demás están reservadas. –Miró a Ginny y sonrió con amabilidad.- Querida, te quedarás aquí, entrégame la ropa sucia y colócate uno de los vestidos que están en el armario. –Luego, se inclinó hacia Harry con una sonrisa pícara.- Tú querido, sígueme, te cambiarás en el cuarto de Andrew.

-¿Andrew?

-Mi hijo.- Contestó sonriendo.- Mi hijo menor. Anda de viaje. Puedes ponerte sus ropas si quieres.- Lo miró de pies a cabeza y sonrió seductora.- Te quedarán perfectas las camisas.

-¿Dónde va a llevar mi ropa? –Preguntó Ginny, nerviosa, la mujer le colocó una mano en el hombro.

-La limpiaré con pociones. Son mucho más efectivas que esas cosas muggles a las que le llaman detergentes.

-¿Y el olor, y mi cabello? ¿Cómo lo seco?

-Hay un secador de cabello muggle en la habitación de Andrew.- Dijo ella sonriente.- Le encantaban esos cachivaches. Sobre el olor, despreocúpense. Tengo un perfume ideal para eliminar los malos olores.

Ambos volvieron a mirarse con odio.

La mujer no los tomó en cuenta. Se quedó de pie entre las dos habitaciones, que eran contiguas una a la otra. Cada uno fue a la que le correspondía, y al rato, Ginny le entregó su ropa, al igual que Harry.

La mujer se alejó por el pasillo, escondió las llaves en su pecho, y sonrió con malicia.

0 0 0 0

-¡Debemos ir!

-Ya oíste a Harry, Oswald.- Le dijo Bill cansinamente, pero éste se giró con ira, parecía consumido y desesperado.

-¡Me la va a quitar!

-¿Te puedes callar? – Le gruñó Percy.- Para comenzar, tú fuiste el que se la quitó primero.

-Así que no te quejes.- puntualizó Charlie.

-Pero ahora es mí novia.- Se quejó sentándose de golpe en la silla.- ¡Tengo que ir!

-Harry no va a ser tan estúpido de arriesgar el plan por acercarse a Ginny – Dijo Bill apretándose los ojos, a su lado, Alice dormía acurrucada en sus brazos. El Refugio estaba en silencio.- Él va a ir en busca de Elisa. Si va por Ginny, estamos fregados.

Aunque aquello pareció calmar un poco a Oswald, de todos modos no se convencía. Harry no era tan idiota como para arriesgar el plan. Pero entonces, recordó la reunión, y el temor se apoderó nuevamente de su cuerpo.

-Él estuvo con ella esta tarde.- Murmuró.- Estuvieron juntos, en su habitación.

-Y pelearon como siempre.-Dijo Vincent.

-No.- Contestó con los ojos puestos sobre el fuego tibio de la chimenea.- en la reunión dijo que lucharía por ella.

-Conocemos a Harry, Oswald.- Dijo Percy, que estaba cerca de la chimenea.- Podrá decir muchas cosas, pero jamás arriesgará la vida de Ginny.

-Me la va a quitar.- Insistió frustrado.

-Nadie te va a quitar nada, Oswald.- Le criticó Vincent. Su voz sonaba molesta y cansada.- Ginny no es un objeto, no es propiedad de nadie.

-¡Es mi novia! Es mía. – Dijo furibundo apuntándose al pecho.

-¡Deja de hablar así de Ginny! – Se molestó Charlie levantándose de su asiento. Al lado de Bill, Alice se movió.

-Hablen más bajo.-Fue lo único que solicitó.

-¡Ve a acostarla! – Le espetó Oswald. Bill le lanzó una mirada de advertencia, pero prefirió hacerle caso. Cargó a la niña en brazos y se la llevó hacia la habitación del segundo piso.

-Compórtate, Oswald. No es tu casa.- Le sugirió Vincent pensativo. Tenía las manos cruzadas y apoyaba su mentón en ellas mientras contemplaba el fuego desde una silla de madera.

-¿Cómo es que nadie se pone en mi lugar? – Dijo de repente con la voz quebrada. Se refregó la cara con frustración hasta pasar por su cabello. Parecía totalmente consumido y cansado; mucho mayor de lo que era. Sobretodo, frente a las sombras que dibujaba el fuego en su piel.

-Nos ponemos, Oswald.- Le contestó Percy, incomodo.- Pero ¿acaso te has puesto tú en el lugar de Harry?

-¡Harry, Harry! –Gritó furioso. Se levantó de la silla y se dirigió hacia la puerta.- ¡Siempre Potter!

-¿A dónde vas? – Se preocupó Vincent cuando vio a su amigo tomar una chaqueta y abrir la puerta.

-A la posada Romanova. Quiero salvar a mi novia, ya que ustedes por supuesto no lo van a hacer.

El chico salió de la casa. Charlie con Vincent se miraron un segundo, y luego salieron junto con Percy de la casa, dónde una leve ráfaga de aire indicaba que Oswald ya había desaparecido.

-¡Ese idiota va a arruinar el plan por sus celos! – Exclamó Percy, Vincent apretó los labios.

-Vamos.

-¿Qué? - Dijo Charlie sin poder creerlo.

-Admítanlo, ustedes quieren ir a ver a sus novias.

Los dos hermanos se miraron y levantaron los hombros. No podían negarse a semejante invitación.

-Además, debemos impedir que cometa una locura.

-¿Quién? – Preguntó Percy.

-Los dos.

0 0 0 0

Ginny abrió el armario y se sorprendió de la cantidad de hermosos vestidos que contenía. Sin embargo, no sabía cual escoger. Más de uno contenía transparencias en zonas inadecuadas.

-No puedo colocarme esto…- Susurró impresionada al probarse un vestido de tul azul por encima; cuyo ecote llegaba un poco más debajo de los pechos.

De inmediato, guardó el vestido en el perchero y se percató de uno en especial. Uno que estaba escondido detrás de los demás.

Lo tomó con cuidado, era verde de ceda, largo y de mangas anchas.

-Es demasiado elegante para esta fiesta.- Masculló. Pero se enamoró de él apenas se lo probó por encima. –Serán… sólo unos minutos. Hasta que Nadezdha traiga mi ropa.-Se dijo a si misma auto convenciéndose. Su reflejó le devolvió una sonrisa alegre, dándole la razón.

Se lo colocó con rapidez. Le quedaba un poco ancho en las mangas y las caderas. Extraño, sobretodo cuando ese perchero estaba escogido para que Katerina lo usara: Cuya figura era mucho más menuda y delgada que la de ella.

Se afirmó la cintura con un cinturón oscuro que encontró amarrado a otro vestido y se subió las mangas.

-Será sólo un momento. Nadie me verá vestida así. – Rezongó, al ver que ni el cinturón ni las mangas recogidas hacían juego con la elegancia que poseía el traje.

Frunció los labios al ver que aquel hermoso vestido no le hacía merito. Pero no era el momento de verse bella. Se sentó sobre un baúl que reposaba a los pies de una gran cama con dosel. El espejo del armario reflejaba toda la estancia a su espalda. Se observó de reojo. Un pensamiento repentino cruzó por su cabeza y rió. Había olvidado que Harry estaba en la habitación contigua, y se imaginó que tal vez estaba pasando por el mismo dilema. Probablemente, la ropa que usaba el hermano de la mujer, tampoco era adecuada para el ex héroe.

Dos golpes sonaron en la puerta. Se giró asustada, con el corazón en la mano.

-¿Si?

-Soy yo, querida- Contestó la voz de Nadezdha desde el otro lado.- Te traje el perfume, para que te quites el olor a vino.

Ginny suspiró. ¡Tonta! Por un segundo creyó que Harry había llegado a disculparse. Pero, claro, ¿cómo iba a ser? Él tenía mejores cosas en qué pensar. Como en su prometida, en el piso de abajo, embriagándose… Elisa debía estar ahí, no ella. ¿Por qué no la dejó beber el vino?

Al recordar aquello, la sangre le hirvió. Y el calor de su cuerpo emanó el olor del licor que se encontraba en sus brazos y piernas.

-Pase.- Le ofreció.

Nadezdha entró con una radiante sonrisa cargando en sus manos una botellita transparente con algo que parecía agua.

La mujer la observó de pies a cabeza, como estudiándola, no pudo evitar sentirse incomoda.

-¿Por qué te colocaste ese vestido? ¡Era de Cornellia!

-¿Cornellia?

-La madre de Katerina- rezongó la mujer dejando el frasco sobre una mesita.- Mi querida nuera nunca tuvo buen gusto para la ropa. ¡Tan cerrados los vestidos!

-A mi me gusta.- Dijo con rapidez- Además, sólo lo usare por un rato.

-Oh, sí, por supuesto que sí.- Contestó la mujer con una sonrisa que le coloco los pelos de punta.

-Me refiero, a que luego me traerá mi ropa.- Le dijo ella, segura de que Nadezdha le había entendido otra cosa. Pero la mujer siguió riendo.

-Despreocúpate, la estoy lavando, ya te la traeré limpia y seca. – Se acercó a la mesita y señaló la botellita con su nariz.

-¿Ese es el perfume?

-Elimina cualquier mal olor del cuerpo, es mi especialidad. Cuando Andrew y Zamara eran bebés, mis hijos, les colocaba este perfume inoloro. Es fantástico, eliminaba todo rastro de pañales o ropa sucia.

-Oh… ¿Y usted cree que elimine el olor del vino?

Nadezdha frunció el ceño.

-No lo creo, lo sé.- Dijo ofendida.- ¡Mis pociones no fallan nunca!

Ginny asintió con rapidez y se acercó al frasquito. La mujer le sonrió ampliamente y se fue de la habitación.

-Te traeré tu ropa dentro de una hora. – Dijo abriendo la puerta, a Ginny se le desencajó la mandíbula.

-¡Una hora! – Exclamó.

-Oh, créeme, no la necesitarás durante un buen rato.

Con una risita siniestra, que a Ginny le colocó todos los vellos de la piel como carne de gallina, la mujer salió de la habitación.

Despacio, se acercó la botellita a su nariz para oler el perfume, pero no tenía olor a nada, tal y como había ficho Nadezdha.

Sin perder tiempo, se rocío con el perfume por todas partes. Mientras menos oliera a vino, mejor. Y sorpresivamente, así fue. De la nada comenzó a sentir que su piel emanaba un tenue olor a flores.

-Vaya.- Dijo contenta.- ¡Que gran invento!

0 0 0 0

Harry se paseaba de un lado a otro. No toleraba que lo mantuvieran encerrado en aquella habitación cuando Ginny en cualquier momento podría huir a mezclarse en la fiesta.

Se dejó caer en una silla que adornaba un inutilizado escritorio, y contempló la carretera desde una ventana.

Su reflejo se veía nítido gracias a la oscuridad total desde el jardín. Frunció los labios. La ropa de ese tal Andrew le quedaba demasiado pequeña. Extraño para alguien que podía ser la imagen perfecta de una madre voluptuosa.

La camisa le apretaba los brazos y el estomago, así que se tuvo que cubrir con una chaqueta para que no se viera extraño.

Sobre el pantalón, nada que decir. Batalló horas con él para que le entrara. Hasta que, finalmente, tal y como había sucedido con Ginny, había encontrado un antiguo traje en un cajón del armario.

Se cambió con rapidez y se colocó el traje, el cual venía con algunos agujeros producto de las polillas y el tiempo sin uso.

-Mejor que nada.- Murmuró. ¿Quién lo mandaba a meterse en aquel lío? Seguro que Ron y Malfoy estarían esperando su señal. Había pasado casi media hora y ellos no sabían nada de él. Rió al imaginarse a Ron intentando controlar a Malfoy. Estaba tan desesperado por Katerina que era capaz de hacer cualquier cosa.

Unos golpes en la puerta lo distrajeron de sus pensamientos.

-Adelante.-Invitó desganado. Nadezdha abrió la puerta antes de que él la invitase a pasar.

-Te he trai… ¡Merlín! – Exclamó al verlo.- ¡Te colocaste el traje de Vladimir!

-¿Vladimir? -¿Por qué ese nombre le sonaba familiar? Entonces, enrojeció.- Oh, disculpe, yo… yo…

-No, déjalo.- Dijo la mujer agitando sus manos, dejando un frasquito transparente sobre el escritorio. Creyó que le recriminaría, sin embargo, los ojos de la mujer se llenaron de un brillo muy similar al que de vez en cuando veía en los de Molly Weasley. Algo realmente inesperado.- Déjame verte bien.

Nadezdha lo tomó de la mano, Harry se cohibió, pero ella simplemente le hizo dar una vuelta. Los ojos de la mujer, ahora estaban anegados en lágrimas.

-¿Está bien? – Preguntó asustado. Ella simplemente sonrió y le tomó la cara con gesto maternal, dándole unas palmaditas.

-Mejor que nunca.- Sonrió. Las lágrimas aún caían.

-¿Le molesta que me haya puesto este traje?

-Oh, no querido mío, en absoluto.- Inspiró aire profundamente y se separó de él para contemplar la habitación: Vladimir es mi difunto esposo. Nos amábamos mucho, ¿sabías?

Normalmente a él no le gustaba escuchar cosas de ese tipo, pero no podía dejar de sentirse enternecido ante la expresión tan socavada de la mujer.

-Sí, lo estaba recordando en cuanto lo mencionó.

Ella le devolvió una sonrisa mucho más dolorosa.

-Ahora que te veo con su traje, veo que te pareces mucho a él… y a Stanislaus.

-¿Stanislaus?

-Mi hijo mayor.

-¿El padre de Katerina?

Ella negó con suavidad.

-Dimitri era el de al medio. – Explicó.- verás, he perdido a tres grandes tesoros en esta familia, cuatro, contando a Cornellia, la madre de Katerina.

-Lo siento mucho.- Fue lo único que pudo decir Harry, no se le ocurría que otra cosa podía mencionarle para que no se entristeciera tanto.

-Vladimir y Stanislaus murieron a causa de un hechizo mal realizado en el departamento de misterios de Londres. – Contó. Miraba a un horizonte que no existía, con la mirada perdida en el traje de Harry.- Trabajaban juntos, padre e hijo.- Suspiró al recordarlo.- Dimitri murió a manos de Voldemort. Pero por suerte, querido mío, tu los vengaste, como a muchos otros magos y brujas.

Harry se sonrojó.

-Nadie más quería a hacerlo.- Susurró intentando sonar gracioso, lo que funcionó. La mujer se volvió a acercar a él y le dio unas palmaditas en la mejilla.

-Sé que puede sonar cursi viniendo de una mujer como yo, pero, si te sirve de consejo, no dejes que las oportunidades se te escapen. Tienes muy pocas en la vida y luego, te arrepientes de no haber realizado lo que deseabas.

Harry parpadeó confundido.

-¿Hay algo que no pudo hacer, señora Romanova?

Ella suspiró con una sonrisa lastimera.

-Muchas cosas, ni te imaginas. Pero, ahora él no está. –Esta vez, sonrió enigmática.- A causa de su muerte no le pude decir muchas cosas que ocurrían en mi corazón, y las he guardado por años, esperando el momento de decírselas cuando nos reencontremos.-pausó, y su sonrisa se hizo mas notoria.- ¿Pero sabes? La muerte no es la única que nos quita oportunidades. Las personas también.

-No la entiendo.- Admitió Harry, confundido por el rumbo que estaba tomando la conversación.

-Si Vladimir se hubiese ido con otra mujer, jamás le habría dicho lo qué me ocurría, para no hacerle la vida infeliz. Es lo mismo, ¿vez? –Se giró hacia el frasco depositado sobre el escritorio y lo observó con cautela.- Si dejas que la chica de tus sueños se vaya con otro… jamás podrás decirle lo que te sucede de verdad.

-¿Disculpe? – Se sobresaltó Harry. ¿Qué acaso la mujer lo había descubierto?

-Tengo una buena cantidad de años, por lo que conozco muchos tipos de miradas, y esos ojos maravillosos que tu tienes hijo mío, no veían a la señorita Weasley con odio como fingías hace un rato en el salón.

Harry se quedó de piedra, sin poder creer lo que había oído, ¿tan obvio era?
Como la mujer no recibió respuesta, prosiguió.

-Ella no lo ha notado.- Le dijo con tranquilidad.- pero si quieres mi opinión, ella se ve afectada por tus palabras, por lo que no eres sólo un chico más en su vida. Así que, si me lo permites, te aconsejo que vayas a disculparte con ella.

-¿Qué? – Jadeó. De un momento a otro la conversación pasó de ser un drama a una sesión terapéutica.

-Por cierto.- Dijo entregándole la botellita.- El perfume. No te preocupes por el olor inocuo, apenas te lo coloques, verás como el aroma a licor se desprende de tu piel.

-Gra… gracias.- Dijo finalmente recibiendo el frasco. Nadezdha hizo un gesto con la cabeza y lo contempló con ternura una vez más, pero antes de salir, se detuvo en la puerta.

-Oh, y si te piensas quedar mucho rato, podrías decirles a tus amigos que vengan a darse una vuelta. –Le guiñó un ojo y se fue cerrando la puerta a sus espaldas. Harry se sintió como idiota al quedarse solo en la habitación, y con un frasco de algo que parecía agua en sus manos.

Olió un par de veces el líquido. Al no sentir nada, dudó unos instantes, pero luego, al pensar que no tenía nada qué perder, se pasó el perfume por el cabello, el cuello, los brazos y el torso.

Al cabo de un instante su piel se había bañado de un suave aroma a pimienta o especias. No lo encontró desagradable, por el contrario, rió ante el picante aroma que emanaba su piel.

Dejó el frasco a un lado y fue hacia la ventana. La noche seguía tan oscura como hacía unos instantes, la nubosidad no había levantado y la nieve comenzaba a caer a intervalos irregulares. Suspiró.

Tal vez, sí se había pasado con Ginny, todo ese tiempo…más de la cuenta. ¿Y si sólo…?

-Tal vez una pequeña disculpa no nos haga daño…- Murmuró para si mismo.

Se inclinó levemente para ver hacia el jardín. La ventana contigua a la suya estaba cubierta con una cortina, pero una luz amarillenta la alumbraba. Ginny estaba adentro, probablemente aguardando a que Nadezdha le llevara su ropa.

Su corazón se aceleró. Estaba extrañamente nervioso. Ambos, solos, después de tanto tiempo.

Añoraba poder mantener una conversación decente.

0 0 0 0

Ginny se sentó sobre el baúl, no quería arruinar el bello dosel que cubría la cama. Se mordió los labios y cerró los ojos. Después de haberse aplicado el perfume, el sutil olor de flores se había esparcido por toda la habitación, entregándole un regocijante cosquilleo a su estomago.

La puerta sonó nuevamente. Abrió los ojos con lentitud.

-¿Si?

-¿Ginny?

Ambos corazones se aceleraron. Ella, al escucharlo a él mencionar su nombre, y él, al llamarla.

-¿Qué quieres? – Le espetó enojada acercándose a la puerta.

-¿Podemos hablar?

-¿No me vas atacar de nuevo?

Un sonidito rasposo contestó del otro lado. Ginny supuso que había sido una risa.

-No, sólo quiero disculparme.

Ginny sonrió encantada y dio un par de saltitos en silencio, sofocando todos sus gritos para no delatarse.

Se detuvo en la puerta e inhaló aire para calmarse.

-Está bien, pasa.

Pero sucedió algo que no esperaba.

A penas abrió la puerta, un delicioso aroma a especias, café, cacao, y miles de otros olores asombrosos llenaron sus pulmones. Se tambaleó levemente y trastrabilló hacía atrás cuando Harry apareció en el umbral.

Y curiosamente, él estaba en el mismo estado de aturdimiento.

A penas ella había abierto la puerta, Harry sintió el embriagador aroma de jazmines y rosas con una mezcla especial de lluvia y frutas. Su cuerpo se había paralizado ante las miles de sensaciones que le colapsaron cada célula de su cuerpo. No recordaba que ella oliera tan delicioso.

-… ¿Entonces? – Intentó decir ella apartándose de la puerta y aguantando la respiración. Aquel aroma le había causado una sarta de pensamientos que ni siquiera ebria podría haberse imaginado.

-Yo…- Harry tragó saliva con fuerza y se sintió tentado a alejarse corriendo de ahí, por miedo a que sus hormonas lo delatasen. Ya veía que el plan se le iba al suelo a causa de sus descontrolados pensamientos.

Ginny apretó los labios con fuerza afirmándose de uno de los pilares de la cama para no desplomarse en el suelo. No podía seguir aguantando por mucho tiempo la respiración. El poco aire que había entrado a su cerebro la estaba mareando, así que, desesperada, inhaló una gran cantidad.

Su corazón se aceleró como nunca, el aroma que existía en aquella habitación era sublime.

Harry se acomodó el cuello de la camisa, ya que a causa de los nervios había comenzado a sudar. Ninguno de los dos podía articular palabra.

Demonios, Harry. Si su aroma te hace pensar estas cosas, ¿cómo vas a disculparte? Atente al plan, atente al plan.

El chico intentó por todos los medios fruncir sus labios y domesticar su mirada para que se volviera fría, pero dudaba de que le estuviese funcionando.

-¿Venías a… disculparte, no? –Le recordó Ginny soltándose del pilar. Ella podía controlarlo, debía controlarlo. Tenía novio y Harry se iba a casar.

Harry se incorporó irguiendo la espalda. Entró con lentitud a la habitación, dónde el aroma era más fuerte. Mala idea.

-Sí…- Suspiró, parecía agotado, como si hubiese corrido una maratón.

-¿Y? – Fue lo único que ella pudo pronunciar.

-Y…- El chico se sujetó de un pequeño tocador y se agarró el estomago. Había comenzado a emerger un delicioso cosquilleo. ¡Contrólalo!-… No vale la pena.

Ginny dejó que sus ojos se abrieran con mesura. Su decepción fue tal que se olvidó por unos instantes del aroma, aunque la estaba matando por dentro.

-¿Qué? – Jadeó.

-Lo que escuchaste.- Dijo muy rápido para no inhalar el olor.- No le veo razón a mi… mi disculpa.

Ginny no contestó, estaba atónita.

-Eres un…

Pero apenas se movió, el mismo cosquilleo que había poseído a Harry, ahora estaba en sus piernas.

Se detuvo para no caer. Sin embargo, la ira era más fuerte.

Harry se había comenzado a alejar, debía salir de ahí antes de cometer una locura. Se acercó hasta la puerta y se quedó ahí cuando Ginny le gritó:

-¡Eres un maldito falso! – Le gritó dolida, él se giró, exhausto por el tanto esfuerzo al controlar su cuerpo.

-¿Disculpa? – Fue lo único que logró pronunciar. Fue un hilo de voz que se convirtió en aire.

-Siempre creí que eras alguien humilde, pero Snape tenía razón.- Murmuró dolida, sacándose todo el odio que había acumulado durante esos seis años. Estaba harta de que la siguiera humillando.- Eres un maldito falso, ¡igual que todos los idiotas como Malfoy!

Harry no contestó, estaba con la boca abierta y el corazón apretado. ¿Cómo iba a revertirle sus palabras sin hacerle más daño del que ya le había hecho?

-¡Mírate! Te codeas con la realeza y olvidas a tus amigos. ¡Ron era tu amigo! ¡Y lo abandonaste! Te alejaste de él cuando más te necesitaba, ¿Quién te crees que eres? ¡No eres mejor que los demás!- Se detuvo para poder contener las lágrimas de rabia, aunque más de una se escurrió vengativa. Harry no podía articular palabra, todo lo que ella decía le dolía más que mil Cruciatus juntos. Pero ¡vaya que tenía razón! Sobretodo si no estaba atenta al plan.-Eres un ególatra narcisista. No te bastó con derrotar a Voldemort sino que además querías ganar la atención de muggles. ¡Por eso te comprometiste con Elisa! Crees que sabes mucho, ¡pero no sabes nada! ¿Cuál es tu problema conmigo? Sé que me odias y que no me toleras ver por lo que le hice a mi familia, de la cual te apropiaste y volviste en mi contra.- Sollozó con más fuerza, a Harry se le estrujó el corazón pero dejó que siguiera.- Pero no me tienes porque humillar cada vez que encuentras una oportunidad para hacerlo. Me arruinaste el día más feliz después de mucho tiempo, cuando Oswald quiso ser mi novio, y ahora evitas que tenga una noche libre con mis amigas. ¿Por qué no me dejas ser feliz y te vas con tu Elisita? ¡Déjanos en paz!

-No sabes lo que estás diciendo.- Murmuró dolido y hablando muy en serio.

-Claro que lo sé. Perfectamente.-Rezongó.

No sabía qué más contestarle, salvo, entrar en su propio juego. Apretó los puños debido al dulce aroma que expedía su cuerpo tibio bajo la rabia del llanto, tenía que ser fuerte para no sucumbir en el intento.

¡La quería con vida, diablos!

-No, no lo sabes.- Dijo acercándose al umbral de la puerta. Sonrió con malicia, aunque le costó una enormidad curvar los labios.- ¿Qué vas a saber, Ginevra? Tan sólo eres la hermana pequeña de mi ex mejor amigo.

Ginny abrió la boca sorprendida, ¿así que eso creía?

Harry se quedó de pie, esperando el contraataque, pues bien, se iba a sorprender.

Sin esperárselo, Harry vio como Ginny curvaba su boca en una mueca seductora y caminaba hacia él lentamente. El chico tragó saliva con esfuerzo. Quería salir corriendo de ahí, pero sus piernas no lo dejaban.

¿De verdad él creía que era sólo la hermana menor de su mejor amigo?

Ginny se acercó a él, manteniendo una distancia segura. Esta vez, el olor era insoportablemente delicioso para ambos. Pero como buenos combatientes, no se iban a dejar vencer.

-Pues…- Comenzó ella bajo una extraña sensación, entre sed de venganza y deseo de acercarse más.-… No creías eso de mí cuando estábamos ocultos en los jardines de Hogwarts, ¿recuerdas?

Harry abrió la boca sorprendido ante la aseveración y el acercamiento. Definitivamente no lo iba a tolerar más tiempo. El olor de aquella chica lo estaba volviendo desesperadamente loco.

Pero aún así, no contestó, y Ginny sonrió triunfante.

-Auch…- Murmuró ante el rostro de derrota del chico.- Touche

Con su dedo índice empujó el pecho de Harry apartándolo del camino, dispuesta a salir de la habitación con la cabeza en alto. Pero por la del chico pasaban otras cosas mientras ella hablaba.

Su aroma, su calor, su cuerpo, aquella embriaguez que lo estaba volviendo loco… pero el plan, el plan debía seguir su marcha, el plan… es que esos labios… ¡Atente! ¡El plan! Es que… ¡es ella! ¡No seas imbécil! ¿Vas a arruinar todo por una sensación hormonal? Es que, es más que eso. –Ella estaba saliendo de la habitación- ¡Es ella!... Pero ¡el plan idiota, el plan!

Tarde.

-Al diablo con el plan. – Jadeó.

Lo que vino después sucedió en un abrir y cerrar de ojos.

Ginny sintió que algo la jalaba del brazo y la giraba con fuerza. No se dio cuenta cuando repentinamente se encontraba de nuevo en la habitación, apresada entre los brazos…. Y la boca de Harry.

¡La estaba besando!

Incrédula y estupefacta, creyendo que era otra broma de mal gusto, comenzó a forcejear. Pero él no la soltaba. Entonces, aquel aroma cautivante que ambos habían tratado de evitar les llenó todo el cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. No podían separarse, es que, simplemente, no podían. Era más fuerte que ellos.

Sólo lo pudieron hacer, cuando el cuerpo les exigió oxigeno.

Se separaron con timidez y se miraron a los ojos sólo un instante. El aroma estaba haciendo de las suyas, Ginny no sentía más que un delicioso picante en sus labios, mientras que Harry se saboreaba con ganas un fabuloso y dulce sabor frutal. No tardaron en darse cuenta que habían pasado demasiado tiempo separados. Entonces, ella lo besó, y él gimió levemente al sentirla presionar contra sus labios.

El chico, aturdido, y a tientas, buscó con su pie la puerta de la habitación y la empujó hasta cerrarla.

Sin soltarse del empalagoso abrazo, intentaron buscar algún apoyo donde acomodarse, pero al no encontrar una pared cercana, comenzaron a retroceder hacia espaldas de Ginny.

Lo que no se esperaban, era toparse con el baúl.

Ginny tropezó en él llevándose a Harry consigo. Sin saber que el próximo paradero, era la cama con dosel.

0 0 0 0

-¿Por qué tarda tanto? – Se quejó Malfoy agarrándose los brazos.- ¡Me estoy congelando!

-Tal vez lo descubrieron.- Masculló Ron, y Malfoy se giró con el terror reflejado en su rostro.

-¡No debimos haber confiado en él!

-¡Cállate! – Le espetó.- Dijo que si no regresaba en media hora que fuéramos por él. La capa la escondió bajo la mesa.

-¿Qué estamos haciendo aquí congelándonos, entonces? ¡Andando comadreja! Tengo que sacar a mi novia de ahí.

Malfoy se levantó con rapidez sin hacer caso a las advertencias de Ron, y corrió hacia la puerta.

-¡Malfoy! –Gritó. Pero el chico ya había desaparecido debajo de la mesa.- ¡Diablos!

Salió de su escondite caminando agachado. Observó tras la puerta, pero no había ninguna chica a la vista. Se irguió para salir y caminar a través de la estancia, pero una mano lo agarró del pie y lo arrastró hasta debajo de la mesa.

-¡Hey! – Se quejó sobándose la espalda, Malfoy estaba debajo de la mesa con la capa entre las manos. -¡Dame eso!

-Primero, encontremos a Katerina.

-Dame la capa, Malfoy.- Murmuró apuntándolo con la varita. El chico rió con sarcasmo.

-No pienso.

-¡Entrégame la capa, Malfoy! – Lo amenazó.

-¡No, hasta que encuentre a mi novia!

-¡Dámela, imbécil!

Ron se lanzó encima del chico, con tanta fuerza, que terminaron rodando fuera de la mesa. Malfoy no soltaba la capa, y no hacía más que rezongar con cada golpe que Ron le daba en los brazos.

-¡Me tienes harto, idiota!

-¡Te van a descubrir, imbécil! – Le reclamó Malfoy al notar que estaban en medio de la sala.

-¡Ron!

Ron se quitó con rapidez de encima del chico al escuchar su nombre. Nervioso, y con la boca abierta, contempló a Hermione que se sujetaba la cabeza con una mano.

-¿Eres tú?

Malfoy empujó a Ron y se quitó con rapidez llevando la capa en sus manos, pero antes que se alejara, el pelirrojo agarró la capa y se la tiró con fuerza, haciendo que Malfoy trastrabillara y cayera al suelo nuevamente.

-¿Qué haces acá?

Ron la miró de soslayo. Aquella situación era sumamente extraña. Sobretodo, porque Hermione hablaba con voz soñolienta, como si acabara de despertarse.

-Está ebria Weasley.- Dijo Malfoy levantándose del suelo.-Iré a buscar a Katerina. Si está en su mismo estado que Granger no necesitaré la capa.

-Aún no me contestas Ron.- Dijo Hermione tambaleándose. Su voz sonaba angustiada y molesta, pero se notaba que no tenía fuerzas para recriminarlo.

-Yo…- Ron se acercó con lentitud y frunció el ceño.- Vine a ver cómo estabas. Y ya lo veo… ¡Estás ebria!

-¿Qué?- farfulló intentando mantener la vista fija en él.- No, no es cierto… tu… Mmm... - Tambaleó.- ¡Tu no deberías estar aquí!

La chica se fue hacia delante y Ron la recibió poco antes de que tocara el suelo.

-Me duele la cabeza.- Se quejó, Ron gruñó y la ayudó a levantarse.

-Estás ebria.- Le repitió, pero ella se limitó a gruñir quejumbrosa.

-¿Dónde están las demás? ¿Y Ginny? – Le preguntó mientras la ayudaba a caminar. Descubrió que al otro lado de la sala, algunas mesas estaban volteadas y lleno de papelillos de colores y globos. Pero no había nadie más ahí. Los bailarines se habían marchado. Sin embargo la música seguía desde algún lado.- Hermione, ¿Dónde están las demás?

Hermione se aferró a su cuello para no caer y parpadeó seductora.

-Por ahí..- Dijo lanzándose hacia delante. Ron la apartó con cuidado.

-¿Dónde están?

-¡Afuera! En el desfile.- Se quejó al ver el rechazo del chico. Pero no se soltó de su cuello.

-¿Ginny está ahí? – Siguió preguntando medio aturdido al ver como Hermione no le quitaba los ojos de encima.

-No sé… no la he visto.- Contestó levantando los hombros.

-¿Cómo que no la has…? – Entonces, por su cabeza pasó la imagen de Harry.- ¡Ese idiota va a arruinar el plan!

-¿Qué plan?

Ron puso los ojos en blanco y zamarreó a la chica.

-¡El plan, Hermione! –Le dijo sacudiéndola con fuerza por los hombros. Entonces, pareció comprender, porque parpadeó confundida.

-Oh…- Sacudió la cabeza y sonrió.- Si, el plan…

-¿Recuerdas ahora?

-¡Por supuesto! – Dijo aferrándose con más fuerza a su cuello.- El plan que tenías para llegar hasta mí.

Y sin previo aviso, lo besó. Ron se tambaleó ante la inesperada reacción de ella, no se esperaba algo así.

La agarró por la cintura, y avanzaron a tientas a través de un pasillo lejos de la música que provenía del jardín, pero entonces…

-Vaya, más visitantes.

Ron empujó a Hermione tan fuerte, que la chica se golpeó con la pared contraria.

-¡Auch! ¡Tonto! – Exclamó ofendida. Pero Nadezdha llegó hasta ella antes que le recriminara algo más a Ron.

-Toma, querida.

Ron se impresionó. La mujer parecía nerviosa y alterada.

Le hizo beber a Hermione un extraño líquido morado, que la chica tragó con asco.

-¿Qué está haciendo? – Le espetó Ron interponiéndose. Pero entonces, la mujer se alejó de Hermione y ésta comenzó a recobrar un bello color rosáceo.

-Le he dado una poción para la embriaguez. –Le contestó con tranquilidad, aunque sus ojos seguían nerviosos.- Deberá reponerse en unos segundos. La necesito despierta.

-¿Qué? ¿Por qué?

Nadezdha suspiró y lo vio como si le estuviese pidiendo disculpas.

-Lo siento hijo, pero hay algo que debo hablar con ella. Mientras, tú ve a la puerta trasera y evita que tus hermanos y el chico rubio se acerquen a tu hermana.

-¿Oswald está aquí? – Gritó Ron, Nadezdha asintió con rapidez.

-Estaban en el jardín, no tardarán en ingresar.

-¿Ron? – Preguntó Hermione como si se acabara de despertar, su voz sonaba mucho más clara.

-¡Ve! – Le incitó Nadezdha.- yo la cuido.

-¿Dónde está Ginny? – preguntó antes de marcharse, pero Hermione ya había despertado totalmente.

-¿Qué haces aquí? – Le espetó furibunda.- ¿Qué…?

-Después le reclamas hija, ahora ven conmigo.- Dijo Nadezdha agarrándola por el brazo.

-Pero, ¿qué?

-Necesito tu ayuda.

Hermione se soltó.

-¿Qué está ocurriendo? No recuerdo nada.-Se quejó frustrada.

-Creo que se me pasó un poco la mano.

-¿Con qué? ¿De qué me está hablando?

-De tu amiga, la señorita Ginevra.

-¿Qué le pasó a Ginny?

Nadezdha se demoró un rato en contestar.

-Mal, no está.- Dijo frunciendo los labios y desviando su mirada hacia otro lado.

-¿Dónde está?

-Ven a verlo tu misma. – Le entregó a Hermione unas mudas de ropa que reconoció a la perfección, y la guió hasta el segundo piso.

0 0 0 0

Ginny sintió un extraño peso sobre su estomago, y abrió los ojos. Todo a su alrededor era oscuridad, excepto por unos cuantos rayos de luz que se filtraban bajo la puerta cerrada de aquella habitación. La cabeza le daba vueltas y sentía un extraño dolor en el cuerpo, como si hubiese corrido una maratón.

Intentó sacarse el peso que le sofocaba la respiración, pero un quejido a su lado la hizo detenerse.

Espantada, se giró con lentitud. Sofocó un grito de terror al descubrir a su lado a alguien, y que el lugar donde estaba recostada, era una cama.

-Por favor… no.- murmuró con el corazón latiéndole con fuerza.- No puede ser que me haya traído a uno de los bailarines… no estaba tan ebria.

Con cuidado y suplicando para que debajo de las mantas su cuerpo estuviese con ropa, se quitó el brazo del sujeto de encima, quien volvió a quejarse, y levantó las sabanas.

Esta vez, el grito fue mucho más ahogado, pero logró sofocarlo antes que su acompañante despertara.

¡Estaba totalmente desnuda!

-¿Qué hice, Merlín? ¿Qué hice?

Aterrada, intentó encontrar su ropa a tientas alargando el brazo hacia el suelo, pero sólo consiguió que el chico a su lado se girara en dirección contraria, seguía dormido.

No podía creer lo que había sucedido. Recostó su cabeza en la almohada y se dedicó a mirar el techo de dosel que cubría la cama. Cerró los ojos para recordar qué había sucedido, pero por su mente sólo pasaban vagas imágenes sin sentido. No recordaba nada.

Un nuevo quejido la hizo girar la cabeza para verlo. El chico tenía el cabello desordenado y le podía ver la parte baja de la espalda. Inmediatamente subió sus ojos, ruborizada. No tenía que ser un genio para saber que él también estaba desnudo.

Se levantó con sigilo, aún sintiéndose adolorida y por su puesto, avergonzada. Había engañado a Oswald de la peor manera posible. Aunque por su cabeza la imagen de Harry recurría con frecuencia. Sabía perfectamente de dónde provenía todo su remordimiento. Ya que se sentía más traidora hacia Harry que a Oswald.

-Idiota.- Murmuró sentándose en la cama. Entonces, ocurrió lo inesperado.

-Ron… no hagas ruido que es…. temprano….

El corazón de Ginny se detuvo y su piel se volvió fría. El chico a su lado se giró y se refregó la cara, abriendo lentamente los ojos. Como no vio nada, buscó a tientas los lentes sobre el velador, que no encontró.

-¿Qué demo…?

Se detuvo. No reparó en Ginny por un largo rato mientras hacía las mismas investigaciones que ella. De la cama, la ropa, y su desnudez.

Asustado, tanto o más como la chica, a la cual no había notado, buscó con desesperación la luz en algún lugar de la habitación, hasta que topó con un pequeño interruptor a un lado de la cama.

-No…- Rogó Ginny a los cielos. Pero ya era tarde. Cuando ambos se miraron tardaron un segundo en reaccionar.

¡AHHHHHHHH!

-¿Qué haces aquí? – Se quejó él intentando cubrirse el cuerpo con la sabana. Pero Ginny se las arrebató antes que la dejara totalmente desnuda.

-¿Qué haces tú aquí? –Le espetó ella cubriéndose con todo lo que había sobre la cama. Harry intentó quitarle parte del arsenal, pero finalmente optó por las almohadas.

-¿Por qué? ¿Cómo?

-¡No lo sé! –Gritó ella levantándose de la cama con un frondoso vestido que mezclaba colchas con sabanas.

-¿Qué me hiciste? – Fue lo único que pudo articular con claridad. Le costaba imaginarse lo que podría haber ocurrido y la frustración de no recordarlo. Aunque en esos momentos, el terror y el pánico de haber estropeado el plan lo tenían al filo de la navaja. Necesitaba tener la cabeza clara para salir de ese embrollo.

-¿Qué…? ¿Cómo me puedes decir eso?

-No lo sé. Estamos en una cama, des…

-¡No lo menciones! – Estalló ella. Harry intentó tener la mente limpia, y se siguió cubriendo con los cientos de cojines y almohadas que había en toda la cama.

-¡Tengo que mencionarlo! ¡Mira cómo estamos! –Exclamó no muy convincente, así que agregó.- ¡Elisa! Tengo que buscar a Elisa.

Ginny sintió que las entrañas se le calentaban y que el monstruo que albergaba en ellas intentaba emerger.

-¡Eres un…! –Le lanzó uno de los almohadones que estaban en el suelo y él sólo se limitó a cubrirse con los brazos, puesto que no podía moverse mucho.

Acababan de estar juntos, recordaran o no cómo hubiese sucedido, y aunque por supuesto era terrorífico y extraño, no dejaba de ser algo que ella deseó muchas veces. Y él también, aunque por supuesto, Ginny no lo sabía.

Harry rió bajo los cojines ante la situación, y deseó que fuera de otro modo. Era más que seguro que en esa habitación había ocurrido algo, pero ninguno de los dos lo recordaba. Y lo lamentaba. Era obvio. Más aún si aquella pelirroja por la que estaba dando su vida se encontraba a pocos pasos de él totalmente desnuda bajo un grueso vestido de mantas. Aún más, la había tenido desnuda ahí mismo, pero no lo recordaba.

Ella le siguió arrojando cojines, molesta, y él siguió cubriéndose la cara hasta que la puerta se abrió. Ambos quedaron paralizados. Hermione, se encontraba justo frente a ellos…. Con los ojos como platos.

-Pero… ¿Qué?

-¡Hermione! – Exclamó Ginny corriendo hacia su amiga.- Por favor… por favor, no…

-Créeme si te digo que no diré nada.- Dijo aún paralizada y sin parpadear. Harry intentó tapar todo su cuerpo con los cojines, estaba totalmente sonrojado. No se esperaba que su amiga lo viese en esas condiciones.

-Sácame de aquí.- Le suplicó. Hermione asintió con la cabeza y la misma expresión sin reaccionar.

La chica tomó a su amiga por los hombros y la arrastró hacia fuera de la habitación entregándole una muda de ropa. Se detuvo en la puerta sin mirar a Harry.

-Te… te voy a dejar tu ropa sobre ésta mesa.- Le dijo nerviosa. Y avanzó un par de pasos para salir, pero Ginny se detuvo, y asesinó a Harry con los ojos.

-Ni se te ocurra contar lo que sucedió.- Le espetó y se giró para ver a Hermione.- Ni tú. Aquí no ha sucedido nada.

-Por supuesto.- Contestó él con vehemencia y el ceño fruncido. Ginny asintió con firmeza, y salió con Hermione de la habitación.

Una vez que cerraron la puerta, Harry sonrió ampliamente.

-No puedo creerlo.- Murmuró para si mismo.- ¿De verdad fue….?

Lanzó un grito de euforia y los cojines cayeron al suelo. Pero no le importó. Lo importante ahora, era recordar, qué había ocurrido. Necesitaba saberlo. Quería saberlo.

0 0 0 0

-¿Seguro que Ginny está bien? – Le preguntó Oswald a Ron levantando su cabeza por encima de los hermanos que intentaban mirar por la ventana.

-Sí, está con Hermione.- Insistió Ron como por enésima vez.

-¿Y Potter? – Volvió a preguntar.

-¡No lo sé! Desapareció después que llegamos. Debe estar con Elisa.-Contestó Ron hastiado.-Mira, Ginny está bien, no está con ningún hombre. No es que haya perdido la cabeza y se haya involucrado con uno de ellos.

Oswald suspiró tranquilo y sonrió.

-Lo sé, ella no me haría eso.

Ron rodó los ojos y trató de evitar por todos los medios que Oswald entrara a la casa. Vincent, Charlie y Percy, entendieron el mensaje apenas Ron les indicó que Harry estaba dentro de la casa. Así que hicieron lo posible por aguantar el frío y aguardaron afuera hasta que la fiesta acabara.

-¿Crees que Harry habrá cometido una locura? – Le susurró Vincent a Ron, éste se giró con rudeza.

-Harry no haría eso. No arriesgaría la vida de mi hermana por sus celos.- Le recriminó en un susurró ruidoso.- Además, no echaría al agua seis años de planes y cuatro de compromiso por un arrebato. Tampoco es una persona cruel. No le haría daño a Elisa sin haber terminado antes con ella.

Vincent asintió, demostrando su comprensión, y se devolvió para acompañar a Oswald. Ron se giró para ver hacia la ventana, donde las chicas habían comenzado a aplaudir por el final del desfile.

No vio rastro de Hermione, ni de Ginny, ni de Harry ni de Malfoy por ningún lado. Pero, qué más daba. Hermione lo había besado. Y eso era más importante que todo lo que sucedía o hubiese sucedido al interior de esa posada.

No tenía idea….

Notas de la Autora:

Espero que esta vez los haya dejado satisfechos. No puedo estar más orgullosa de este capítulo, que me ha encantado escribir.

La escena de Omanshai con Sio, es la que más me ha gustado. Me encantó narrar las emociones de un chico que supuestamente no tenía ni un gramo de ellas. Además, la conexión de Sio, con Ginny es o será bastante grande.

Lo prometido es deuda. Les dije que en este capítulo iba a ver un acercamiento entre Harry y Ginny. Bueno, Voilá, aquí se los traje. Y sí, el acercamiento fue mucho más grande y pasional que un simple beso. Además, que no sólo ellos, si no que también Hermione y Ron se dieron su besito. Un regalo para sus fans.

En los próximos capítulos Harry y Ginny recordarán qué fue lo que sucedió.

Esto es lo que les puedo decir por ahora. Y bueno, Gracias por leer el fic, que nunca está de más decirlo.

Espero no haberlos defraudado.

También les recuerdo, que estoy abierta a todo tipo de comentarios, si bien, puede que algunos encuentren esta historia interesante, puede haber otros que le hallen mil errores y una muy mala redacción. Si es así, agradecería que me lo dijeran.

Ya comencé a reescribir algunos capítulos para mejorar la historia. El primer capítulo fue el privilegiado, y pueden leerlo nuevamente si gustan. Le cambié algunos detalles, así que creo que ahora quedó mejor que antes.

De todos modos, como les decía, espero sus comentarios, sean buenos o para mejorar, ya que no existen los negativos.

Acepto todo lo que ustedes quieran decirme.

Para ello tienen tres opciones:

A mí mail: anya. Naivea (arroba) gmail. Com (junten los espacios)
A mí blog: www. Ethianevals. Blogspot. Com (junten los espacios)

Un review: El método más simple.

El próximo capítulo, que describiré a continuación, podrá ser publicado los días:

22 y 23 de Marzo. (O antes si tengo tiempo)

Capítulo 25
Las Predicciones de un Viejo Vago

Después de lo ocurrido en la posada y del trauma que Ginny y Harry están viviendo, ambos hacen como si nunca hubiese sucedido nada.
Hermione, quien es la única que lo sabe, acompaña a Ginny a Londres, para despejarse. En el camino conocen a un vago que le entrega a Ginny una advertencia. Algo, que podría cambiar su futuro.

Morgan y Tiare reaparecen, y esta vez, con problemas. Nadie puede aceptar que ahora el chico sea parte del concilio.
Sonsioré le ruega a Omanshai que haga lo posible por acercarse a Ginny, y el médium, descubre como hacerlo al descubrir que dos parientes de Oswald vendrán a visitarlo.

Sólo quedan dos capítulos para que acabe la segunda parte, y luego, vendrá el tan esperado final.

Gracias por leer. Un abrazo a todos.

Anya.

Review this Chapter


Return to Top