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Las Profecías de un viejo vago
Su cabeza le pesaba una tonelada. No sabía dónde estaba, poco menos lo recordaba. Una extraña brisa se filtraba por su espalda y aquello le obligó a girarse para sentir un poco más de calor. Extraño. La brisa se había hecho más fuerte.
No abrió los ojos porque se sentía sumamente agotado. Aplastó su cabeza contra la almohada y sonrió al sentir el calor de las plumas cuando hundió su rostro en ella. Un ruidito lo molestó, Ron de nuevo estaba leyendo las noticias de los Chudley Cannons.
-Ron… no hagas ruido que es… temprano…
Pero no podía ser posible, porque el ya no compartía con Ron en el mismo cuarto.
Abrió los ojos de golpe.
No enfocaba bien, frente a él lograba ver un largo pilar de madera y una mesita de noche. Parpadeó adormilado e intentó encontrar el interruptor de la luz para ver mejor. Cuando lo consiguió, tanteó la mesa para poder encontrar sus lentes. ¿Tan borracho estaba que no recordaba lo que había sucedido? ¿Cómo fue que estaba durmiendo? ¿Cómo llegó a esa cama? Peor aún, ¿la cama de quién era?
Con un poco de suerte logró hallar sus lentes, pero no en el velador, más bien, en el suelo. Se los colocó atontado y se sentó en la cama para poder visualizar mejor. Entonces, todo pasó por delante de sus ojos como una rápida película, de esas que cuando te quedas dormido a la mitad y despiertas de improvisto, te quedas con ganas de saber porque ahora el villano es el chico bueno.
Su boca se desencajó. No lo comprendía. En algún lugar de su cerebro intentaba hallar la conexión, la pieza faltante del rompecabezas para poder entender qué diablos había sucedido. La sorpresa, era demasiada.
¡AHHHHHHHH!
A su lado, Ginny estaba con los ojos como platos y totalmente pálida, aferrándose con desesperación al millar de colchas y sabanas en las que se hallaban revueltos.
¿Qué demonios había sucedido?
Poco le costó comprender, de hecho, no tardó ni un segundo en darse cuenta de la terrible situación.
Ella, cubierta hasta el cuello, y él, totalmente desnudo sobre un colchón dónde apenas la punta de la colcha alcanzaba a cubrirlo.
-¿Qué haces aquí? –Se quejó intentando robarle un poco de la sábana. No aguantaba la vergüenza de estar totalmente desnudo frente a ella. Tiró con fuerza, pero fue tal, que a la chica se le bajó un poco en la parte superior dejando ver parte del costado de su pecho. De inmediato reaccionó quitándole lo que él le había sacado.
-¿Qué haces tú aquí? – Jadeó ella. Harry la quedó mirando. Las mejillas las tenía sonrosadas y el cabello desordenado sobre sus hombros cubiertos de pecas. Una sonrisa encantadora osó por salir, pero lo evitó reprochándole la pregunta para que no se notara.
Se dio cuenta de que ante su distracción ella se había desquitado quitándole toda la sábana. Así que sin pensarlo dos veces, recogió lo primero que encontró para cubrirse, una almohada.
-¿Por qué? ¿Cómo? – Le preguntó distraído agarrando otra almohada, a esas alturas cubrir sus partes nobles eran más importantes que las razones del por qué estaba ahí.
-¡No lo sé! – Gritó ella sonrojándose aún más y levantándose de la cama con todo ese arsenal de colchas y sabanas. Harry apretó los labios para no reír. La chica llevaba encima un frondoso y extraño vestido, y aún así, se veía encantadora.
¡Concéntrate, idiota! –pensó.
¿Qué podía hacer para salir de ese lío? ¿Cómo era que ambos habían terminado juntos en una cama, y desnudos? Debía de haber una razón… y si…
-¿Qué me hiciste? –Preguntó atontado y sorprendido por sus propias palabras. ¡Por supuesto que ella no tenía la culpa! Pero, por algo estaban ahí. Tenía que aprovechar cada brecha para poder mantener al aire el plan. El terror de que ella pudiera recordar más que él le aterraba. ¿Y si había dicho algo? ¿Si le había confesado algo? No, tenía que mantener su papel.
-¿Qué…? ¿Cómo me puedes decir eso?
Por su puesto, ella nunca haría algo así. Apretó los labios e intentó verla a los ojos, pero se veía tan hermosa y encantadora que el simple hecho de mirarla lo delataría. Desvió sus ojos hacia la cama intentando sobreactuar con desesperación, aunque jamás había sido un buen actor, a pesar de que había fingido por bastante tiempo.
-No lo sé. Estamos en una cama, des…
-¡No lo menciones! – Dijo ella sonrojándose. Harry aprovechó que ella se había alterado para sonreír embelesado. Pero no podía mantener esa cara por más de un segundo, así que intentó desviar su atención agarrando un par de cojines para poder cubrirse aún más.
-¡Tengo que mencionarlo! ¡Mira como estamos!- Dijo no muy convencido al momento de agarrar la última almohada. Le divertía la situación, no podía negar que aquello era sumamente extraño, y escalofriante. Además, era la excusa perfecta para vengarse de Oswald. Y eso fue lo extraño. Su corazón se apretó al pensar en él, básicamente por la terrible relación que su cabeza había hecho en un segundo. Ginny estaba con Oswald, y él con Elisa. Ambos habían engañado. Rayos… Elisa no puede enterarse de esto.- ¡Elisa! ¡Tengo que buscar a Elisa! – Dijo pensando muy rápido.
-¡Eres un…! - por el rabillo del ojo notó como Ginny se agachaba y agarraba un par de cojines del suelo, sólo para lanzárselos con una ira desproporcionada.
Se limitó a cubrirse con los brazos mientras aprovechaba para ocultar una carcajada. No sabía la causa de su alegría con exactitud, aunque lo más probable podía ser la razón de lo que acababa de ocurrir. Ella estaba enojada porque él no había valorado lo que acababa de suceder. Había podido ser un error, y básicamente, así era, algo extraño y tenebrosamente excitante que no tenía explicación. De hecho, estaban desnudos, pero no había pruebas de que ahí hubiese sucedido algo más. Ambos estaban durmiendo. Tal vez, fue una mala broma de alguien. Una broma que estaba a punto de terminar con un chico moreteado a causa de la lluvia de cojines.
Un ruido sordo detuvo la masacre de plumas, y ambos se giraron hacia la puerta donde una aturdida Hermione se había quedado de pie ante la situación.
-Pero… ¿Qué?
-¡Hermione! – Exclamó Ginny. Parecía totalmente feliz de que su mejor amiga los hubiese descubierto juntos. Corrió hacia la muchacha que estaba totalmente paralizada en la puerta, y se lanzó a sus brazos sollozando. Algo que no le acomodó en absoluto. Era la escena más bizarra en la que había participado.- Por favor… Por favor, no…
-Créeme si te digo que no diré nada.- Contestó ella sin parpadear. Él se sonrojó. Aunque estaba cubierto por una gran cantidad de cojines, no era difícil imaginarse la situación, y aquello lo hizo sonrojarse. Con Ginny bastaba, pero con Hermione, que era como su hermana…. No.
-Sácame de aquí.-le suplicó Ginny con la voz quebrada, y Harry sintió que su estomago se apretaba. Hermione alejó a la chica hasta la puerta tomándola por los hombros y se detuvo sin voltearse a mirar.
-Te… voy a dejar tu ropa sobre esta mesa.- Murmuró dejando una muda de ropa doblada sobre un tocador. Harry asintió aunque ella no lo viera, aunque no se esperaba que Ginny lo hiciera.
-Ni se te ocurra contar lo que sucedió.- Le recriminó con la cara roja y algunos débiles surcos de lágrimas. Hermione la forzó a seguir caminando, pero se detuvo para gritarle a ella también.- Ni tú. Aquí no ha sucedido nada.
-Por su puesto.- Contestó él intentando aguantar una sonrisa. La situación del todo era incomoda. Además, ella había hablado sobre algo que "sucedió" cuando ciertamente el no recordaba nada. ¿Acaso ella sí? ¿Acaso había sucedido lo que él se imaginaba? Intentó fruncir el ceño para mantener su mirada, aunque se perdió en las mantas que cubrían el trasero de la chica.
Hermione alejó a Ginny de la habitación hasta cerrar la puerta, entonces, por fin sonrió sin temor a que lo descubrieran.
-No puedo creerlo.- murmuró para si mismo.- ¿De verdad fue…?
Lanzó un grito de euforia y lanzó todos los cojines al suelo. No le importaba brincar por toda la habitación mientras nadie lo estuviese viendo, y nadie se enterase del porqué de su alegría.
Aunque necesitaba con urgencia recordar si era eso lo que había sucedido. Tenía que saberlo.
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Tiare se masajeó la cien como por enésima vez. Tres caras la miraban con vehemencia. Uzume, tenía los labios fruncidos, su largo cuello más elevado que de costumbre y los ojos entrecerrados; Calfulaf tenía la mirada triste sobre ella, como si estuviera decepcionad; mientras que Meng, se mantenía imperturbable. Y eso, era lo que más temía. Aquella mirada que no decía nada de Meng, era a la que más terror le tenía.
Intentaba mantener sus ojos puestos sobre sus manos, que se movían más rápido que nunca.
Aquel error de prestarle su anillo a Morgan, no sólo había retrasado la búsqueda de Sonsioré, si no, que también había causado un total desorden administrativo al interior del concilio. No sólo le había otorgado a Morgan el derecho de ser un miembro, si no que además, por ser novato, sus poderes se habrían vuelto más fuertes. Y el proceso para aprender a no caer ante ellos era lo más difícil.
Existía la posibilidad de traición si Morgan no aprendía a controlarse.
-¿Cómo pudiste ser tan irresponsable, mi niña? – Le preguntó Calfulaf con los ojos tristes. Uzume rechinó los dientes, y ella se hundió en su asiento.
-No sabía que había una regla para el anillo.- Murmuró.- Creí que era una buena idea…
-¿Buena idea? –Le espetó la mujer.- ¡Acabas de entregar el concilio a las manos del hijo de un asesino!
-No hay que sacar conclusiones antes de tiempo, Uzume.- Zanjó Meng. El anciano levantó sus ojos para ver a Tiare con determinación, y ella sintió como un frío eléctrico recorría su espina dorsal.
-Conoces las reglas, hija mía.- Murmuró él sin alterar su voz. Era sumamente sutil.
-¡Juro que no sabía que sucedería esto! – Exclamó finalmente aferrándose a su silla, sollozando. Uzume agitó su abanico y un fuerte golpe rasgó el aire seguido por un gemido.
-¡Detente Uzume!
Calfulaf se interpuso entre la mujer y la niña que ahora tenía la mejilla roja producto de la bofetada.
-Ese no es el modo de tratar a una niña.- Murmuró ayudando a que Tiare recostará la cabeza en el regazo del chamán.
-¡Por su puesto que lo es! – Rugió con ira.- ¡Tu mismo lo has dicho! ¡Es una niña, una mocosa irresponsable que merece que le caiga encima todo el dolor de un castigo!
-¡Silencio! – Estalló Meng con voz profunda y calmada.- Calfulaf tiene razón, Uzume. El que tú gustes del castigo físico eso no te hace acreedora de su uso. Sabes que está prohibida la tortura, sobre todo en los más jóvenes.
-No es un castigo.- Murmuró escondiendo su abanico dentro de sus largas mangas.- Es una reprimenda. Tal como uno le hace los niños malcriados que no obedecen órdenes.
-O, bien se les enseña a no hacerlo de nuevo.- Interrumpió Calfulaf.- Meng, nosotros jamás le dijimos a los niños cuál era el poder que el anillo poseía. ¿Por qué Tiare habría de saberlo?
Meng no contestó, sus ojos aún estaban posados sobre la chica, aunque no parecía estar presente.
-No me preocupa el asunto del anillo, amigo mío.- Contestó finalmente.- Lo que me preocupa, es que Morgan sea justamente quien lo esté utilizando. El entrenamiento dura años, y él, es el hijo de nuestro potencial enemigo. ¿Podrá evitar la tentación de no sucumbir ante el poder del anillo y traicionarnos?
-Él no haría algo así.- Contestó Tiare irguiéndose en su silla, desafiante.- ¡Confío en él!
-Todos confiamos, hija mía.- Dijo Calfulaf pensativo.
-Yo no.- Interrumpió Uzume, todos la quedaron viendo.- No puedo confiar en alguien que hasta sólo hace unos meses acompañaba a su padre a asesinar.
-¡No lo hacía con gusto, ¿sabes? – Le espetó Tiare, pero Meng la miró con el ceño fruncido.
-Guárdale respeto a tus superiores, Tiare- Le reprimió descansando en su bastón.- Estás metida en un lío, jovencita, y este no es el mejor momento para desquitarte contra quienes son tus maestros.
-Lo siento.- Se disculpó avergonzada. Jamás había oído a Meng dirigirse así a algún miembro del concilio. Los ojos de la chica se humedecieron.- Pero… yo confío en él. Sé que no va a hacerme daño, ni a nadie. Él es bueno… él es bueno… ¡no opina como su padre!
-Lo sabemos, querida. –Intentó calmarla Calfulaf.- Pero hasta que no estemos seguros de cómo puede afectar el anillo a su siquis, lo mejor será que te alejes de él.
-Y guardar silencio.- Zanjó Meng.
-¿Qué…?-Jadeó, levantando sus enormes ojos marrones repletos de dolor.
-Te alejarás de Candeviere y no le dirás tus razones hasta que confirmemos que él puede ganarle al anillo.- Le explicó Uzume con una sonrisa de superioridad que denotaba su entusiasmo ante la idea de verla sufrir. Tiare abrió la boca y no parpadeó.
-No puedo hacer eso… él, él... él está muy sólo en el mundo como para esconderle secretos. ¡Él me necesita! – Suplicó contemplando con dolor a Meng y a Calfulaf. Pero ninguno de los dos ancianos cedió a su tristeza. Aunque el semblante de ambos dibujaba muecas de dolor, haciéndolos ver mucho más viejos de lo que eran.
-Los superiores han hablado.- Sentenció Uzume con una sonrisa de burla en su rostro.- No te acercarás al muchacho hasta ver que tanto dura sin volver a los brazos de su padre.
-Mientras, te quedarás aquí, en el cuarto del silencio.- Susurró Meng con dolor, Tiare jadeó con dolor y se aferró a los ojos de Calfulaf que la reflejaban con tristeza.
-No puedo hacer nada.- Masculló moviendo los labios.
Los tres maestros salieron de la habitación cerrando la puerta, dejando a Tiare sola en un lugar donde ni su voz, ni siquiera el zumbar de una mosca, podían ser escuchados.
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Sonsioré despertó encontrándose con dos ojos desiguales que la miraban curiosos. Parpadeó, se rascó los suyos y miró alrededor. Era una amplia habitación con cama de dosel.
-¿Dónde estamos?
-En Tailandia, te he trasladado. – Le contestó con suavidad. En sus manos llevaba una manzana de color rojo intenso.
-Gracias.- Dijo tomando la fruta y llevándosela a la boca con ganas, Omanshai sonrió.
-¿Tienes alguna pista de dónde puede estar la mujer que buscas?
Sio se quedó viendo sus pies fijamente, como recordando. Entonces inclinó su cabeza hacia un lado, pensativa.
-Soñé con ella.- Contó.- La vi dormir. Soñaba algo incomodo.
-¿Pero sabes dónde está?
-¿Por qué quieres saberlo? – Le interrogó con ojos curiosos, el chico se sonrojó.
-Ella te puede salvar la vida, ¿no?
-Ella puede salvarlos a todos. –Dijo dándole otra mordida a la jugosa manzana.
-¿Por eso quieres encontrarla?
-Debo explicarle-Comenzó a decir con voz soñolienta.- Debo decirle cómo salvarnos.
-¿Cómo lo harás?
-Tengo que encontrarla, pero no puedo salir de aquí. –Sus ojos se entrecerraron y lo miró enojada.- No me alejes más de este perímetro. Esta es mi zona. La protección de mi abuela aún funciona en mí si estoy aquí.
-Ella debe venir aquí, entonces.
-Tráela.- Le suplicó.
-Si me dices dónde está.
-No la debes ir a buscar a su casa, ella debe venir por su voluntad.
-¿Y cómo hago eso? ¿La hechizo? – le preguntó con una sonrisa divertida, algo muy extraño en él.
-Hoy conocerá a alguien muy especial. Hechízalo a él, y hazla venir aquí.
-¿Qué hay de importante aquí que pueda ayudarla?
-El concilio oriental de magia, y su padre.
Ambos se quedaron viendo un instante. A Omanshai le impresionó la madurez en los ojos de la niña. Su determinación era tan obvia, que era lógico que sabía más de lo que decía.
-¿Qué escondes? – Murmuró.
-Para pelear, ella debe saber la verdad.- Dijo con voz pausada, y con la mirada pérdida. Él asintió con lentitud.
-Entonces, ¿a quién debo dormir?
-Al niño.- Contestó ella con un leve dejo de miedo en su expresión. Omanshai asintió con lentitud, un niño estaba cerca de Ginevra, a él tenía que encontrar.
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Ginny y Hermione corrieron en silencio a través del pasillo, encontrándose con Nadezdha. La mujer tenía las mejillas sonrojadas y parecía apenada.
-¡Por todos los Dioses!-Exclamó al ver a la pelirroja toda despeinada y cubierta con el gran manojo de mantas.- ¿Estás bien, cariño?
-¡No! – Exclamó soltándose de Hermione y quitándose el pelo de la cara.- ¡No estoy bien! ¿Alguien me puede explicar cómo fue que terminé con Harry Potter desnuda en una cama?
-¿Es en serio? – Se escuchó una melodiosa voz a sus espaldas. A Ginny se le erizaron los vellos de la piel. Luna estaba con los ojos más abiertos que nunca y con una sonrisa curiosamente alegre.-Era lógico.
-¿Disculpa? –Se exaltó volteándose con rudeza.- ¿De qué hablas, Luna?
-Pues, después de la discusión por el ponche no es extraño que hayan terminado juntos en la cama.
-¡Yo no estaba ebria! – Gritó con voz chillona girándose nuevamente hacia Nadezdha. Hermione se sobresaltó.
-Ginny, calmat…
-¡No! ¡Quiero una explicación!
-Hay, Dioses Santos… -Suspiró la mujer tomándola por los hombros.- Mi niña, yo…
-Usted no tiene nada que ver en esto.- Masculló Hermione alzando una ceja. Ginny no podía saber que había sido victima de la Poción Perfecta, aquello simplemente delataría a Harry con respecto a sus sentimientos.-Fue un accidente.
-¡Yo quiero saber cómo fue que terminé con Harry en la cama!
-¡Ambos bebieron! –Comenzó a explicar Hermione con rapidez mientras Luna inclinaba la cabeza hacia un lado.
-¡NO ESTABA EBRIA! –Gritó colérica provocando que parte de las frazadas se deslizaran un poco. Hermione bufó y la agarró por los hombros.
-¿Cómo crees que vas a recordar si todas estábamos un poco pasadas de copas? –Intentó explicar con rapidez, Nadezdha la observaba curiosa y suplicante.-Ginny, la verdad es que sí estabas ebria.
-Imposible...- Masculló comenzando a confundirse. Sus ojos se iban de Luna a Nadezdha, y de Nadezdha a Hermione.- No es verdad…
-Sí lo es.- Dijo Luna sin remordimientos y asintiendo con vehemencia, como si con eso la ayudara a quedarse tranquila, lo que no funcionaba mucho.
-Pero… pero…- Agitó los brazos de manera nerviosa.- ¡Eso no explica el porqué Harry está aquí! ¿Qué hacía un hombre en la despedida de soltera?
Ninguna contestó. Hermione balbuceó.
-Pues… quisieron venir a espiar…- Masculló recordando a Ron y el súbito beso que le había dado bajo los efectos del alcohol. Se sonrojó.
-¿Quisieron? – Repitió colérica.- ¿Qué acaso hay más?
-Los tengo detenidos afuera.- Contestó la mujer esta vez. A Ginny se le desencajó la mandíbula.- ¡Pero no han entrado!
-¿Y cómo fue que Harry se….? Oh, por supuesto… -Recordó la capa para hacerse invisible y apretó los puños contra la colcha.- Es un…
-Ginny, lo importante ahora es que esto no se comente con nadie.- Opinó Hermione, Ginny achicó los ojos.
-No me digas. Claro, voy a ir a contarle a todo el mundo que pasé la noche con mi ex.-Colocó una sonrisa sarcástica y luego se dio otra vuelta.- ¿Qué tan idiota crees que soy?
-Hey, estoy intentado ayudar.- Se ofendió la chica.- Esto es grave. Harry está comprometido y tú tienes novio. ¿Qué tan bien mantendrían el secreto sin que Oswald ni Elisa se enteren de lo que sucedió?
-¡Estás loca si crees que abriré la boca sin darme cuenta!
-La boca no.-Zanjó Hermione perdiendo la paciencia.- ¿Pero te atreverás a ver a Harry a los ojos sin que ambos se comporten como idiotas? ¡Aquí hay sólo dos personas que saben lo que ocurrió exactamente! Y si lo recuerdan, créeme que estar cerca de Harry no te ayudará a controlar los nervios. ¡Te delatarás!
Ginny palideció. Antes de pensar en el engaño hacia Oswald, y de la traición de Harry hacia Elisa, había un detalle que se le había escapado. La verdad, era que no había pensado en lo que vendría después.
-Me tendrás que ayudar a mantener el secreto…- Murmuró apretando los labios y pensando con rapidez.- Y ustedes dos- Dijo señalando a Luna y a Nadezdha-, ni se les ocurra comentarlo. ¡Esto jamás sucedió!
-Pero Ginny, yo…
-¡Vámonos de aquí! Como siempre, Potter ya me arruinó la vida.
Ginny le quitó la muda de ropa a Hermione que tenía apretujada entre sus brazos, y se alejó dando zancadas.
-En cuanto me vista, ¡Nos vamos! –Dijo dando un portazo una vez que entró a una de las habitaciones.
-Será mejor que aleje a los chicos de la casa.- Suspiró Nadezdha abatida, Hermione apretó los labios y depositó una mano en su hombro.
-No fue su culpa, ¿está bien?-La consoló, pero al mujer apenas logró esbozar una sonrisa.
-La poción resultó… no, no entiendo. ¿Qué hice mal? La formula sólo funciona con las almas gemelas… yo…
-La historia de Harry y Ginny es tortuosa, ambos no se soportan, aunque en el interior se quieren. Pero como ya vio, Harry se va a casar con Elisa, y Ginny tiene una relación con Oswald.
-Creo que metí la pata.- Suspiró cerrando los ojos.- Cuando los vi juntos la primera vez, aunque cada uno estuviese con su pareja, las miradas que se lanzaban eran de profundo amor. Y cuando él llegó hasta acá y los oí discutir, bueno, creí que era el momento de ayudar.
Hermione frunció los labios.
-Debería haber preguntado antes…
-Lo sé… lo sé. Bueno, iré a ver que los chicos se vayan. Se deben estar congelando.
La mujer se alejó abatida y con la cabeza inclinada. Hermione se cruzó de brazos y se giró para ver a Luna, quien por primera vez, tenía una mirada sumamente despierta.
-¿Qué vamos a hacer? – Murmuró, Luna levantó los hombros.
-Dejemos que el tiempo pase. Esto no es problema de nosotras.
-¡Pero somos cómplices! – Descubrió Hermione repentinamente, Luna sonrió soñadora.
-¡Genial! Somos parte de un complot, ¿No es emocionante?
-Explícame qué es lo emocionante.- Le exigió impresionada.
-Pues, somos las únicas qué saben lo que realmente sucedió, incluyendo a los tórtolos. Eso significa, que estamos al medio de algo Rande. ¿Te imaginas que vuelvan a estar juntos?
Hermione abrió la boca para contestar, pero Luna tenía razón. A fin de cuentas, si Harry llegaba a quejarse, sus reclamos estarían fuera de lugar. Aunque debería aguantar los de Ginny, que sí tenían sentido.
Su corazón se agitó con entusiasmo, al imaginarse al medio de algo grande. Ginny no sabía nada, y aún así, había sucedido algo con Harry que podía convertirse en la anécdota de sus vidas.
Mientras esperaban a Ginny, Nadezdha se dirigía hacia la entrada de la casa. Se encontró con Ron intentando controlar a un nervioso Oswald, y a Vincent y Charlie congelados.
-¡Por el amor de Merlín! Se están congelando.
-Nadezdha, que bueno que llegó.- Exclamó Oswald suplicante.- Necesito ver a Ginny.
-Las señoritas se han retirado.- Dijo con amabilidad, sin que se notara ni una pizca de la culpabilidad que estaba sintiendo.
-¿Se fueron? – Dijo más calmado.-Pero… ¿Y Potter?
-Oh, sí….-Dijo sin verlo a los ojos.- Los tres jóvenes infiltrados están bajo mi poder.- Le lanzó una mirada elocuente a Ron, quien se sonrojo, y siguió hablando.- El joven Potter quería ver a su prometida, al igual que Draquito a mi Kate, pero se los impedí. Lamentablemente se me pasó la mano con unas copas de vino que les entregué, y el señor Potter está durmiendo en una de las habitaciones.
-¿Solo, verdad? –Inquirió Oswald espantado. A Nadezdha los ojos se le abrieron con mesura.
-¡Por supuesto! –Exclamó nerviosa.- Mi posada no es un motel de mala muerte.
Oswald inmediatamente dejó de gritar, y se sonrojó ante su impertinencia. Vincent y Charlie lo tomaron por los hombros y lo alejaron con suavidad.
-Disculpe la intromisión Nadezdha.- Se disculpó Vincent, la mujer le sonrió con dulzura.
-No te preocupes, querido. Si gustan, pueden realizarle una despedida a Draquito.
-No gracias, demasiadas fiestas por ahora.- Dijo Charlie cansado.- Vámonos a casa, chicos.
-¿Y Potter con Malfoy? – Inquirió Oswald alzando una ceja, Vincent suspiró cansado.
-Draco duerme aquí esta noche, al señor Potter le daré una poción revitalizadora y lo mandare a la casa en la mañana.
-¿Y la princesa? – Preguntó Vincent con desinterés.
-Ella ya se fue al palacio. –Contestó con una sonrisa totalmente sincera. Los hombres asintieron con confianza.
-¿Nos vamos, entonces? Me estoy congelando. – Insistió Charlie dando un tiritón. Los demás asintieron y Ron los siguió mirando hacia atrás.
-Hermione está bien.- Le dijo Nadezdha moviendo los labios, Ron sonrió y siguió su camino con el resto de los chicos.
La mujer cerró los ojos y entró a la casa.
Todas las invitadas estaban recostadas en los sofás. Algunas más despeinadas que otras. Nadezdha cerró los ojos con una sonrisa, se dirigió hacia su cuarto de pociones, y al rato salió con una larga botellita.
Se dio el tiempo de hacer beber a cada una un poco de la poción, hasta que de apoco se fueron reponiendo.
-Los chicos las están esperando, les dije que ya se habían ido.-Les explicó mientras le daba el último trago a Elisa.-Pueden utilizar la chimenea, hay polvos Flu en la repisa.
-¿Dijo "los chicos"? – Preguntó Fleur algo mareada, Nadezdha asintió.
-Querían venir a vigilarlas.- Contestó con una risita.- Pero no lograron entrar.- Repuso cuando todas exclamaron agobiadas.
-¡Vámonos a casa! ¡AHORA!
Los gritos de Ginny se escuchaban desde el otro lado de la cas. Nadezdha empalideció y corrió veloz a reencontrarse con la chica y sus dos amigas.
-No grites querida, las demás te están escuchando.- Le dijo agitada cuando llegó a su lado, Ginny apretó los labios enojada.
-Quiero irme a casa.- Se quejó una vez más. Hermione rodó los ojos.
-Los polvos Flu están sobre la repisa.- Explicó una vez más Nadezdha apuntándolos con su dedo, Ginny corrió hacia ellos a vista de todas las chicas que la observaban curiosas, y saltó dentro de la chimenea gritando colérica "La Madriguera".
Hermione y Luna levantaron los hombros, se despidieron cortésmente de Nadezdha y cada una se introdujo en la chimenea dando diferentes direcciones. Las demás chicas las siguieron al rato, algunas adormiladas, otras mareadas.
Después de un rato, la mujer se quedó sola, sospechando que Malfoy y Katerina se habrían escondido en alguna de las habitaciones de la casa.
Suspiró agotada sentándose sobre uno de los sillones, y observando el desastre que había en toda la casa.
No había reparado en que alguien acababa de bajar las escaleras.
-¿Ya se fueron todas? – preguntó Harry ajustándose el cuello de la camisa. A su parecer, la mujer había envejecido diez años sólo por sonreírle con cansancio.
-Sí.- Murmuró queda. Se levantó con su semblante cargado de tristeza y le colocó una mano en el hombro. Aunque el chico nunca había sentido lo que era tener abuelos, aquel gesto por parte de la mujer le hizo sentir la terrible necesidad de tratarla como tal.- Tú también deberías marcharte, los chicos ya se fueron.
-¿Chicos? – Preguntó alzando una ceja.
-Sí, tus amiguitos que vinieron contigo.
-¿Dirá Ron y Malfoy? Aunque Malfoy no es mi amigo.
Ella inclinó la cabeza hacia un lado.
-Oh… ¿No vinieron contigo el apuesto chico rubio y el encantador Vincent?
-¿Oswald estuvo aquí? – jadeó, ella sintió extrañada.
-¿Qué no vinieron contigo?
-¿Qué? ¡NO! ¿Vio algo, preguntó algo, se encontró con Ginny?
-¡No, no! –Dijo riendo divertida.- Ella acaba de marcharse a su casa, y evité que el resto de los chicos entrara y se encontraran con las chicas.- Juntó las manos y posó el borde de los dedos en su boca como si rezara.- Te debo una disculpa, hijo.
-¿De qué habla? – Se quejó Harry rascándose los ojos.
-Lo que hoy ocurrió…
-No me lo recuerde, aún estoy confundido.
-Lo siento tanto.
-¿Por qué lo dice?
La mujer se mordió los labios.
-Fue mi culpa.- Susurró avergonzada, girándose para darle la espalda.
-¿Su culpa? – Inquirió alzando una ceja.
-Yo… yo les di un poco de… de la poción perfecta. –Confesó cerrando sus ojos con fuerza.
A Harry se le desencajó la mandíbula antes de poder reaccionar totalmente.
-¿Qué, qué? – Exclamó aturdido.
-Lo siento tanto, tanto…
Harry sacudió su cabeza y comenzó a dar vueltas por la sala.
-¿Se dio cuenta de lo que hizo? ¡Nos condenó a los dos! ¡Me condenó a mí!
-Discúlpame, por favor. Tenía que confesarlo, no puedo vivir con la culpa. Normalmente todos son felices después que les doy esta poción, pero jamás pensé que con ustedes…
-Entre Ginny yo no puede haber nada ¡nada! ¡NADA!- Rugió Harry pateando el suelo, la mujer se sobresaltó colocándose una mano en el corazón.-Oh…yo…
-Descuida, querido.- tembló la mujer.
-No, no, discúlpeme usted, nunca debí gritarle así.-Dijo pasándose las manos por la cara.- Es que… no puede haber nada, es decir… yo me voy a casar, ella tiene… novio. Ambos estuvimos juntos pero…
-Pero la poción funcionó, cielo.- Repuso con suavidad.- esa poción es infalible. Ustedes dos se aman, ¿cómo evitarlo?
-Es… complicado.- Dijo pasándose las manos de la cara a la cabeza.
-Entiendo.- Susurró apenada.- No debí entrometerme. Casi ciento diez años y aún no aprendo.-Harry alzó una ceja.-Está bien, ciento quince.- Dijo ella riendo y guiñándole un ojo. Él sonrió.
-Gracias por todo, Nadezdha.- Dijo alargando la mano con una amabilidad repentina.- Tal vez, no fue tan grave su error.
-Espero que recuerdes, no te arrepentirás.-Contestó ella estrechándosela.
Harry inclinó la cabeza hacia un lado.
-¿Por qué no lo recuerdo? ¿Sucede eso con frecuencia?
-No. La verdad es que no lo recuerdas porque te sientes culpable. Déjate llevar y podrás ver todo con lujo detalle en tu memoria.
Harry se sonrojó levemente pero sonrió animado.
-Debo irme.
-Los polvos Flu…
-Ya lo sé: Sobre la repisa de la chimenea.- Contestó él animado.- Buenas noches Nadezdha.
-Buenas noches, hijo.
El chico tomó los polvos y a los pocos instantes, desapareció entremedio de una llama verde.
Nadezdha suspiró.
-No te costará recordar querido, no te costará…
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-¡AHHHHHH!
Candeviere golpeó tan fuerte su escritorio que todos los objetos que había en él cayeron al suelo produciendo un enorme estruendo. Keitaro al otro lado de la línea telefónica se secaba el sudor de la frente con un pañuelo.
-Le juro señor, que yo… yo…
-¿Cómo es posible que hayas perdido contacto con el muchacho, Keitaro? ¡Te ordené expresamente que lo enviaras a buscar a la mocosa! ¿Y qué es lo que hace? ¡Desaparece con ella!
-Pero yo… yo no tengo nada que ver…
-¡Claro que sí, idiota! –Volvió a dar otro golpe tan fuerte, que el mueble crujió.- Él es tu responsabilidad, está bajo tu poder.
-Le puedo jurar señor que cuando lo tenga en mis manos yo…
-Veinticuatro horas, Keitaro…-Amenazó con el puño cerrado con fuerza, y la cara enrojecida.- Te doy veinticuatro horas para que me traigas a la mocosa. Si no lo haces, te mataré con mis propias manos.
-¡Pero señor, no sé dónde está Omanshai! –Jadeó el japonés desde el otro lado, pero Candeviere ya había cortado.- ¡Señor, amo! ¡Maldito bastardo! ¡Me va a matar!
Candeviere se apoyó en el respaldo de su asiento con las manos cruzadas frente a su boca. Cerró los ojos y luego los abrió para mirar por la ventana.
-¿Dónde estás Morgan? Necesito que me hagas un trabajo….- Frunció el ceño.- Espero que tu tampoco me defraudes, no tendría piedad para matar a mi hijo…
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Ginny no durmió en toda la noche. Su cabeza le retumbaba como tambor, y le dolía todo el cuerpo.
Se levantó con dificultad sintiendo molestias por todos lados. Aún no olvidaba los sucesos de la noche anterior, y aquello más que aterrarla, la confundía.
¿Cómo era que había llegad a acostarse con Harry? No lo sabía.
Jamás había estado con un chico antes, ni siquiera con el mismo Harry, hasta aquella noche… ¡Y o lo recordaba!
-¡Maldición!-Gruñó cuando se acercó para sacar su bata del perchero.-La mejor noche de mi vida y no la recuerdo.
El olor a pan tostado invadió sus pulmones. Cerró los ojos y su estomago gruñó. No se había dado cuenta del hambre que tenía.
Se sonrojó tontamente, y salió de la habitación con la cabeza en alto. Por último si su madre la veía no sacaría conclusiones negativas con respecto a su estado.
-Buenos días.- Saludó con suelo cuando llegó al comedor. Molly se giró con una mirada perspicaz.
-Buenos días, cielo.- Saludó dejando un par de huevos fritos sobre un plato.- ¿Qué tal estuvo la fiesta? Maggie aún no se ha levantado. Y los chicos tampoco.
-Me imagino…- Contestó bostezando. Molly la observó durante un instante, y luego colocó los brazos como jarras en su cintura.- ¿Qué?
-No lo sé… te ves… distinta. Hay algo nuevo en ti, hija.- Le dijo su madre inspeccionándola con detalle. Ginny se sintió acosada y acalorada.
-¡No me mires así! No tengo nada nuevo, soy la misma de siempre con un buen dolor de cabeza.
Molly frunció los labios y gruñó suavemente.
-Entonces bébete este potaje.- Dijo entregándole un tazón con una extraña mezcla.- Te reanimará.
Ginny bebió a penas un sorbo e inmediatamente lo escupió.
-¿Qué es esta cosa?
-Un brebaje de betarragas y sudor de puerco espín. Es ideal para reanimar después de una noche de fiesta.
-Y sí que lo es.- jadeó intentando alcanzar la jarra con jugo de naranja.- ¡Es horrible!
Molly rió animada, y volvió a sus asuntos con los quehaceres de la cocina. Ginny agradecía que los chicos aún no se hubiesen levantado. Sin embargo, tampoco se esperaba que uno en particular lo hiciera.
A espaldas suyas, pudo oír el sonido de unos pies arrastrándose por el corredor hacia la cocina. Sin medir sus reacciones, el corazón se le aceleró, el pulso comenzó a temblar en su sien, la columna vertebral lanzo una corriente eléctrica por toda su espalda que la congeló, y los bellos de la piel se le erizaron.
Harry acababa de entrar en la cocina.
Ella no lo sabía, pero el chico había sentido exactamente lo mismo. Porque, ¿qué le decías a alguien con quien habías pasado la noche en la misma cama?
El chico esquivó su mirada adrede, y se acomodó en la silla más lejana de modo silencioso. Ginny apretó los labios intentando concentrarse en su desayuno, pero le era imposible.
De vez en cuando, ambos se lanzaban miradas rápidas, sólo para saber si el otro estaba mirando.
Hermione tenía razón: Era imposible comportarse normalmente sabiendo qué había sucedido.
-¡Harry, cielo! Buenos días.- Saludó Molly.- ¿Deseas un poco de té?
-No gracias, Molly… ¿Tiene algo para el dolor de cabeza?
-Oh, no me digas.- Rezongó la mujer.- Te fuiste de farra con Fred y George, ¿cierto?
Ambos chicos jadearon al unísono.
-Lo sospeché.- Razonó Molly, y Harry se enderezó en su asiento como si hubiese sido pinchado con una aguja.
-¿Qué sospechaste?
-Que te fuiste de fiesta, ¿qué más? ¡Claro! No se podían quedar en casa mientras las chicas hubiesen salido, ¿verdad? Siempre han sido iguales, recuerdo una vez, cuando Arthur….
Ginny se fundió en su tazón de leche mientras un extraño pensamiento invadía su mente y la voz de su madre se alejaba. Agitó la cabeza azorada cuando la boca de Harry recorrió desesperadamente su cuello.
-… Nunca nos dejaba en paz, era tan obsesivo con eso de las malas juntas, pero Joanne era buena chica, aunque tan alocada como Maggie.-Finalizó con una risita. Harry la secundó, mientras que Ginny se mantenía quieta, con la respiración agitada y segura de que sus mejillas debían de parecer semáforo.- ¿Hija, te sientes bien?
-¡Sí, estoy bien!-Gritó molesta, y se levantó de su asiento con tanta rapidez que casi bota su tazón al suelo.
-¿A dónde vas? – Le preguntó su madre con la boca abierta.- ¡Ni siquiera has terminado tu desayuno! ¡Ginny! ¡Ginevra, te estoy hablando!
Pero Ginny había desaparecido en el segundo piso. Harry ocultó una risita, mientras Molly lo observaba apoyando una mano en su cintura y otra en el fregadero.
-¿Y tú, de qué te ríes?
-De nada, lo siento.- Contestó divertido mientras bebía. De repente un brusco sonido como de agua chorreando les hizo levantar los ojos hacia el techo, Molly bufó y fue a buscar la escoba.
-¡Ginny baja la potencia de la ducha que no escuchamos nada! – Gritó golpeando el techo con el mango de la escoba. Pero en lugar de que el ruido disminuyera, aumentó. La mujer volvió a gruñir, mientras que Harry comenzaba a reír.- Si algún día piensas casarte con ella no sé como harás para aguantarla.
Harry repentinamente dejó de reír.
-No es gracioso.- Se defendió con las mejillas rojas.
-No escuchará nada con este ruido. Si nosotros no nos escuchamos, mucho menos ella que está debajo del agua.
El chico dibujó una modesta sonrisa.
-Me sorprende que lo diga la propia madre.-Confesó divertido, Molly le guiñó un ojo.
-Conozco a mis hijos, y ella, bueno, no digamos que es como yo…-Carraspeó y comenzó a barrer el suelo.-… Es peor.
Harry lanzó una carcajada divertida mientras Molly se sonrojaba. Sus mejillas se levantaron como dos adorables manzanas al dirigirle al chico una sonrisa maternal.
-¿Qué es tan divertido? – Preguntó Oswald entrando a la cocina, Harry frunció los labios y se volvió a concentrar en su desayuno.
-Nada que te incumba, Mcclay.
-No te lo pregunté a ti, Potter.
-Pues, yo me estaba riendo, ¿no?
-Debe haber sido algo realmente idiota y sin sentido.
-Yo te…
Harry amenazó con levantarse de su asiento, pero Molly se interpuso gritando por sobre sus cabezas.
-¡Ya basta! ¡No pueden comportarse así desde tan temprano! ¡Desayunen tranquilos!
Oswald no contestó, Harry sólo gruñó. Al poco rato llegó Vincent. Harry nunca lo había visto tan cansado y mayor. Representaba al menos treinta años, con sus ojos cansados, y la nariz roja.
-¿Estás bien, Vincent? –preguntó Molly, preocupada. Harry no era el único que lo había notado.
-No mucho, la verdad.- Admitió con la voz afónica.
-¡Merlín, estás enfermo!-Exclamó la mujer, el chico contestó con una tos seca.
-No es para tanto, sólo un simple resfrío.-Dijo levantándose de hombros y volviendo a toser con caballerosidad.
-Pero, ¿cómo? – Inquirió nuevamente la matriarca Weasley mientras con su varita apuntaba un grupo de limones, unas hojas de menta y un tarro de miel.
-Creo que pesqué un enfriamiento.- Dijo viendo a Oswald de soslayo. El aludido de inmediato se escondió debajo de su mano para poder revolver su café.
-Te haré un té de limón.- Dijo estudiándolo con determinación.
-No, por favor, no es para tanto, no se moleste.
-Hijo, tu eres mi huésped, y es mi deber proteger a cada uno de los integrantes de ésta familia, incluidos amigos, y novios.
Oswald sonrió abiertamente, pero Harry sólo levantó el labio para señalar los dientes y ver hacia otra dirección.
El ruido de la ducha se había detenido, y por su cabeza se filtraron las extrañas imágenes de la chica en la bañera. Se estremeció con cuidado, algo que nadie notó, e intentó mantener la calma ante la sensación ardiente que le había recorrido el cuerpo con sólo relacionar aquella imagen de la ducha con la noche anterior.
Vincent había aceptado el modesto té que Molly le había hecho, justo cuando una lechuza se estrellaba con fuerza en el ventanal que daba al jardín.
-¡Merlín!- Se asustó la mujer.- ¿Por qué no les enseñan a golpear las puertas? Algún día me darán un ataque.
Los tres chicos rieron sin mirarse entre ellos, perfecto para sacar a Harry de su letargo. La mujer fue a ver a al lechuza, se apretó el cuello para evitar que se colara el frío por su bata, y le entregó a la lechuza unas monedas a cambio de la carta que traía consigo.
-¿Quién la envía? – Quiso saber Harry, Molly frunció el ceño una vez que cerró el ventanal y leyó el reverso del mensaje.
-Es para ti, Oswald.
Oswald achicó los ojos extrañado y se levantó para recibir su carta. Sus ojos se abrieron impresionados cuando leyó el remitente. De inmediato abrió el sobre, sacó el papel doblado, y leyó con rapidez.
-¡Vaya!
-¿Qué ocurre? – Quiso saber Vincent. Oswald se giró para contestar, pero justo en ese momento Ginny apareció en la cocina con un largo abrigo y un sombrero de lana.
-¿Vas a salir? – Preguntó su madre confundida.
-Iré a ver a Hermione.
-¡Pero la viste anoche!
-¡Tengo que verla de nuevo! – Contestó con brusquedad. Oswald se acercó a ella animado, pero con suerte lo tomó en cuenta.
-¡Al menos dame los buenos días! –Le gritó a su novia cuando corría en dirección a la chimenea. Ginny, frustrada, se giró, le lanzó un beso torpe y se perdió entre las llamas verdes.
-Mujeres…-Gruñó Ron entrando en la cocina con las ojeras más grandes que Harry había visto en su vida.
Todos rieron, excepto Oswald, quien por supuesto, había extrañado su beso de buenos días.
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-No puedo creer que me hayas hecho levantar a las diez de la mañana por querer alejarte de Harry.- Se quejó Hermione con los ojos morados, el cabello desaliñado y tiritando frente a una fila de gente que esperaba por entrar a una cafetería del centro de Londres.
-Disculpa, es que no soportaba estar más rato cerca de él.
-¿Tienes idea lo que me demoré en llegar aquí? – rezongó cruzándose de brazos para producirse calor.
-¿No usaste la chimenea?
-Estaba bloqueada. Hay arreglos cerca de Coaster Road, y mi chimenea no llega más lejos. Tuve que tomar el autobús. –tembló.
-Lo siento.- Se disculpó Ginny avergonzada. Ambas tenían la misma cara ojerosa de nariz roja y ojos morados.
-Normalmente me levanto bastante temprano, pero hoy, quería dormir hasta después de las doce.- Volvió a quejarse zapateando el suelo para otorgarse calor.- ¡Ginny, nos fuimos de fiesta! ¡Llegamos a las cinco de la mañana! Lo mínimo que me merezco por meterme en estos líos son más horas de sueño.
-Lo siento…- Volvió a repetir más bajito y sintiéndose totalmente culpable.
-Oh, no importa, ya estamos aquí, ¿no?- Dijo un poco más aliviada, ya que por fin habían entrado a la cafetería.- ¿Qué vas a tomar?
-Nada, la verdad sólo quería salir de mi casa.- Masculló cruzándose de brazos. Hermione le lanzó una mirada furtiva.- ¿Qué?
Se demoró un segundo en contestar.
-¿Has…? Ya sabes…
-¿Qué?
-¿Recordado algo? – Susurró muy bajito. Las mejillas de Ginny se tiñeron de rojo.
-¡No! ¡No, no, no! – Gritó muy agudo, algunos clientes del local se voltearon a mirarlas. Inmediatamente bajó la voz.- ¡Ni siquiera quiero recordar esa fiesta! ¡Fue el peor día de mi vida!
Hermione apretó los labios y se encogió de hombros. Lo mejor era no tocar el tema con su amiga, más aún con el genio que tenía.
Cuando por fin lograron llegar a la caja, Hermione pidió su café y algunas galletitas para compartir con Ginny. La pelirroja había ido a sentarse a la mesa más lejana, escondida en un rincón de la cafetería. Hermione la encontró, y se sentó frente a ella ofreciéndole el plato de galletas, pero Ginny ni siquiera lo miró.
-Vamos Ginny, -Le exigió cansada-no te puedes comportar como una niña caprichosa. Es algo que pasó, ¿qué harás para remediarlo? ¡Nada! La vida sigue, olvídate de eso.
-No puedo…- Admitió suspirando con tristeza, Hermione la observó curiosa.
-¿De qué hablas?
-Hermione…- Susurró bajito sin verla a los ojos- ¿Cómo te sentirías, si pasas la noche con el hombre que amas, sabiendo que él va a casarse con otra y que no siente nada por ti?
-¿Ginny?
-¡Soy una idiota! – Dijo golpeándose en la cabeza con las manos.- ¿Cómo pudo suceder? Pasé la noche con Harry, es lógico lo que sucedió, pero él…
-¿Estás admitiendo que aún lo amas? – Preguntó Hermione con el corazón en la garganta, la confesión de su amiga era demasiado buena para dejarla pasar.
-¿Por qué crees que fue la peor noche de mi vida?
Hermione levantó los hombros sin contestar, quería saber más.
-Porque me acosté con el hombre que amo más que nada en el mundo, y él me ve con asco, ¿qué no lo entiendes? ¡Él no me soporta! Se acostó con la mujer que más odia, mientras yo…
-Ginny… ¿Por qué no me lo dijiste antes?
-¿Qué te iba a decir? ¡Mi vida es un lío! – Se quejó hundiendo su cabeza entre sus brazos y recostándose sobre la mesa.
-Pues, ¡que lo amas!
-¡Hermione! ¡Por favor! Estoy con Oswald, se supone que lo amo, pero sólo…
-Me imagino que te sientes atraída por él tanto como lo fue con Michael Corner, ¿no?
-Es que es tan… tan…. Ideal.
-Sí, es guapo, encantador, caballero… pero no es él hombre que te hace feliz.
-Podría serlo…
-No te obligues a amar a alguien Ginny.- Le aconsejó sabiamente tomándole su mano, la chica levantó la cabeza.
-¿Y qué hago, entonces? ¿Esperar que a Elisa le caiga un meteorito encima?
-¿De dónde sacaste eso? – Preguntó Hermione divertida.
-Cuando vivía como muggle vi muchas películas…-Dijo con una sonrisa triste.
-Ginny, escucha…- Hermione tomó aire y unió las idas en su cabeza, no podía decir nada que delatara a Harry.-… Harry es un cabeza dura, creo que puedo decírtelo porque lo conozco bastante. Él no te va a perdonar hasta que te disculpes. Tal vez, no termine su relación con Elisa, pero al menos podrían intentar llevarse bien.
-No me interesa llevarme bien con alguien a quien debo soportar ver besarse con otra.- Masculló, Hermione bufó.
-¡Por Dios Ginny! ¡No seas infantil!- Resopló tomando un poco de café.- ¡Ya eres bastante grandecita como para andar escondiéndote de la gente! Es verdad, se va a casar, pero lo mínimo que puedes hacer es llevarte bien con él.
-¡Hermione! Por enésima vez, ¿cómo me voy a llevar bien con un ex que me odia? Más encima si pasé la noche con él. Me da pavor tenerlo cerca, me duele verlo ahí, como si nada, como si no le afectara. Claro, a cuántas chicas habrá tenido antes de Elisa…
-¡Ginny! – Exclamó Hermione sobresaltada.- ¡No digas barbaridades! Por supuesto que Harry no estuvo con nadie antes de Elisa, ni después de ti.
-¿Cómo lo sabes? No le hablabas.
-Pero es mi mejor amigo, es como mi hermano gemelo, lo conozco mejor que Ron, me atrevería a decir.-Admitió con determinación- Por eso, te puedo asegurar con mi vida, que Harry jamás ha estado con ninguna otra chica que seas tú. Y eso, fue anoche.
Ginny se sonrojó totalmente y lazó un quejidito volviéndose a hundir entre sus brazos. Hermione le dio unas palmaditas en la cabeza mientras observaba el techo.
-Inténtalo, al menos.
-Te olvidas de alguien.- Dijo con voz queda irguiéndose y quitándose el cabello de la cara.
-Deberías terminar con él, Ginny. No te hace bien salir con alguien a quien no amas.
-¿Qué me dices? –Saltó sobrecogida- ¡En primer lugar tú fuiste la que me dijo que debía darme una oportunidad con Oswald!
-Era porque no sabía que Harry…-Repentinamente se llevó las manos a la boca y comenzó a mirar hacia todos lados.
-¿Qué cosa?
-Nada, nada…-Dijo bebiendo su café con rapidez. Ginny arqueó una ceja.
-¿Qué me estás ocultando?
Piensa Hermione, piensa…
-Nada, sólo que… te dije que te dieras una oportunidad con Oswald, porque te veías feliz a su lado.
-¿Y qué dijiste de Harry?
-¿Harry? – Dijo con una risita tonta.- ¡Ah! Es que me equivoqué, quería decir, "no sabía que Oswald era tan posesivo".
-Oh… sí.
-Lo sabes, ¡verdad?
-Bueno, no te voy a mentir si te digo que no me acomoda para nada que él quiera estar siempre siguiendo mi sombra, pero…
-Debes terminar con él, Ginny.
-¡Hay, Hermione! Entiende que no puedo. Por mi culpa él perdió a sus padres, por mi culpa él y los Floy están metidos en mi casa sin un lugar donde ir. Con la única persona con la que cuenta es conmigo.
-Si estás con él porque te sientes culpable eres una tonta.-Le lanzó Hermione sin anestesia, Ginny se sobresaltó.- ¡Sí! Tonta. Porque no estás pensando en tu felicidad. Estás pensando en la de él. Y él no te hace feliz.
Ginny no contestó. Hermione sonrió triunfante.
-¿Terminarás con Oswald, Ginny?
-Voy a… pensar como hacerlo.
-Así me gusta.- Hermione le tomó la mano con cariño y la vio de manera maternal.- Creo, que si juegas un poco mejor tus cartas puedes tener otra oportunidad por Harry.
-¿Olvidas que la realeza está metida al medio?
-No lo sé…-Contestó con una risita sospechosa.-… Algo me dice que Harry no es totalmente feliz con Elisa Parkerville.
-De no ser así, la reina sería capaz de lanzarle toda la nación encima con tal de obligarle a casarse con ella.
-Pero si jugamos bien las cartas, tal vez no sea necesario.
-¿Qué insinúas?-Arguyó Ginny con una sonrisita torcida.
-Somos magos, y la ley mágica está a favor de Harry.
-La reina es bruja, Hermione.
-Sí, pero la reina no salvó al mundo mágico de Voldemort. Olvidas que el ministerio le debe un gran favor a tu ex.
-Harry no lo haría. Ni siquiera lo pediría, él no es así. Además, estamos pensando demasiado, ni siquiera sabemos si él está enamorado de mí. Tal vez, sí quiere casarse con Elisa.
Hermione rodó los ojos, pero no siguió discutiendo. Se tomó lo último que le quedaba de café y se comió una galletita.
-Al menos, piénsalo, ¿sí?-Le suplicó cuando se levantó de la mesa.
-¿A dónde vas? – Preguntó Ginny curiosa del repentino cambio de actitud de su amiga. Hermione se calentó las manos con su boca.
-A tomar el metro subterráneo a casa. Ni loca me devuelvo en autobús.-Dijo tomando su bolso, Ginny se levantó y la siguió a la salida.
-Te acompaño, la taberna de Tom me queda a una cuadra del metro.
Ambas chicas salieron del local. El frío les golpeó la cara con dureza, y Ginny tuvo que cerrar los ojos para que no se le congelaran.
-Te dije que era una mala idea juntarse en el centro.- Se quejó la chica, y Ginny rió. Su amiga no cambiaba.
Ambas caminaron contra el frío durante largo rato. La gente iba presurosa, de lejos, unas nubes negras advertían que se aproximaba una tormenta.
-Debemos darnos prisa.- Comenzó a correr Hermione.- Oí en el matutino que se pondría feo.
Ginny la siguió y ambas se metieron por un callejón que estaba cubierto por tendederos de ropa, lo suficiente para apaciguar algunas gotas antes de que las quitaran.
-Quedan sólo unas pocas cuadras antes de llegar a la taberna.- Jadeó Ginny deteniéndose cerca de un basurero para poder tomar aire.- ¿No quieres ir a mi casa mejor?
-Mis padres me necesitan hoy en casa-Dijo Hermione agitada.- Mañana voy. Quiero ayudar a tu madre con la casa.
Ginny rió ante el comentario.
-No entiendo como es que aún no has vuelto con Ron. Seguro que mamá te adoraría como su nuera.
Hermione se sonrojó.
-¡No digas idioteces!
Ginny por supuesto que no sabía lo del beso entre su mejor amiga y su hermano, aunque a Hermione poco le costaba delatarse, su cara estaba más roja que un tomate.
-El amor es un juego cruel si no se juega bien…-Dijo una voz desde el suelo. Ambas se sobresaltaron, y se alejaron con rapidez de un vago que estaba acurrucado al lado del basurero donde Ginny se había detenido.
-¿Disculpe?- Dijo Ginny, pero Hermione la tomó del brazo.
-Vámonos de aquí.-Urgió Hermione airando de ella. Ginny le hizo caso y se giró con rudeza para salir rápido de ahí.
-Las historias se repiten niña…- Gruñó el vago sin levantar la cabeza. Su voz y sus palabras eran arrastradas, como de borracho. Hermione volvió a jalar de Ginny que se había detenido para verlo.
-¿Qué dice?
-Ginny, es un vago, está ebrio, vámonos de aquí.- Dijo asustada. De lejos los truenos comenzaban a resonar en el cielo.
-Las historias se repiten…-. Repitió el vago con voz gutural-… Hay mentiras en el aire, y el amor es sólo uno de ellos… juégalo bien… juégalo bien… O perderás como antes.
Las dos chicas se vieron mutuamente sin entender las palabras del hombre. Una extraña corriente invadió a Ginny desde los pies a la cabeza.
Hermione la volvió a jalar del brazo y ambas salieron corriendo del callejón justo cuando la lluvia comenzaba a caer. De lejos, una risa burlona se fundía con los truenos.
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Tiare ya se había cansado de llorar. Su corazón estaba apretado, y su garganta seca. Se hallaba recostada a los pies del gran portón de madera que le cerraba el paso. No tenía fuerzas para seguir golpeando. Gritar el nombre de Morgan con desesperación la había cansado de sobremanera.
La luna con suerte lograba filtrarse por la fría pared de piedra y sus fisuras. Una silla, una mesa y un vaso de agua eran su única compañía.
El ayuno, su castigo.
Ni siquiera se dio cuenta cuando algo la empujó y arrastró contra el suelo al momento que se abrió la puerta.
Un grito ahogado se sofocó al interior de la estancia al momento que Calfulaf la encontró desmayada en el suelo, con los ojos a medio abrir y la boca abierta.
-¡Mi niña! ¡Hija!
El anciano olvidó su problema lumbar y soltó el bastón con el que se apoyaba, arrojándolo al suelo para socorrer a su discípula.
-¡Meng! ¡Meng!
No bastaron los dos llamados para que el líder apareciera de manera instantánea al interior del lugar.
Sus ojos orientales se volvieron redondos como platos al ver la escena. Calfulaf tenía los ojos húmedos y sus ojeras formaban dos hundidos surcos morados bajo ellos.
-Calfulaf…-Logró murmurar. Pero el anciano no lo escuchaba.
-Todo esto es culpa de Uzume, Meng, lo sabías, siempre te lo dije. Te lo advertí. Esa mujer no ha hecho más que traer problemas a nuestro concilio. Bien habría hecho con quedarse en china y no ingresar jamás aquí.
-Hay que llevarla a la estancia, tenemos que curarla, está deshidratada.- Observó el líder colocando su mano a pocos centímetros del rostro de la chica.
-¿Tu crees? – Se ofendió el otro anciano.- ¡Mi niña está muriendo por culpa de esa mujer! ¿Por qué la escuchas? ¡Sabes que lo que guarda en su corazón no es más que odio y rencor hacia nosotros!
-Eso es especular mi amigo, y sabes que no está bien hacerlo.- Murmuró Meng apenado.
-Sabes que es verdad, Meng. A ti sobretodo. Antes de morir, Dumbledore bien dijo que ella podría merecer el liderazgo tanto como tú, pero no soportó la derrota ante el más anciano del concilio oriental cuando te eligió.
-Calfulaf, por favor…- Suplicó Meng rascándose los ojos.-No es momento para…
-¿Y cuándo será Meng? ¿Debemos esperar a que uno de nuestros chicos muera antes de expulsarla? Mira lo que ha hecho.-Gruñó el anciano indígena hechizando a la chica para elevarla de manera horizontal en el aire.- El castigo era necesario pero no a este extremo.
-Lo sé, mi amigo, lo sé…
-¡Entonces si lo sabías, ¿por qué no interferiste?- Le espetó Calfulaf con ira, a su lado Tiare flotaba sutilmente en el aire. Meng suspiró apoyándose en su bastón.
-Creo que soy tan noble como Dumbledore al admitir que siempre espero lo mejor de las personas.
-Pero Dumbledore sabía jugar bien sus cartas, sabía con quien tratar así y con quien no. ¡Él sabía lo que hacía!- Le recriminó con ira, Meng sólo lo vio con paz y pena en sus rasgados y arrugados ojos.- Pero tu no eres él Meng. Debes seguir tu corazón, no el de Dumbledore. ¡Tú no eres Dumbledore Meng!
Calfulaf salió del lugar con Tiare flotando delante de él. Meng se quedó atrás observándolo alejarse mientras en su corazón se extendía la tristeza ante el posible crimen a causa de su testarudez.
Era hora de hablar con Uzume.
-Sí Morgan recibió el anillo, que sea uno de nosotros…
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Ginny apareció por la chimenea totalmente empapada. La tormenta la alcanzó justo cuando llegó a la taberna de Tom y a Hermione aún le quedaban unas cuantas cuadras para llegar a la estación del metro más cercana. Seguro que ella había llegado más mojada a su casa.
El corazón le latía con más fuerza que nunca. La conversación con su amiga la había dejado nerviosa y con todos sus sentidos alertas. La verdad, es que ahora no quería ni verse con Oswald ni con Harry.
Cuando apareció en la sala rodando por el suelo, se impresionó que no hubiera nadie ahí. Sin embargo, algunos ruidos y risas provenían desde la cocina.
Logró descubrir la de Harry y su corazón se aceleró como nunca. No dejaba de preguntarse si de verdad había pasado la noche con él, si era o no un sueño.
Con las arterias de la garganta latiéndole con fiereza, se asomó a la cocina con cuidado. La euforia bajó un poco cuando se encontró con su madre abrazando a un pequeño niño. Vincent, Harry, Maggie, Ron y Charlie estaban rodeaban a la mujer, mientras que otro chico de cabello color arena conversaba abrazado por los hombros con Oswald.
-¡Ginny!-Se emocionó Oswald acercándose a ella. La chica frunció los labios cuando su novio la beso con rapidez.- Pero estás empapada.
-Sí, larga historia…- Mintió observando al chico nuevo. Le extrañaba el parecido que existía entre Oswald y aquel muchacho. A pesar de que el cabello, los rasgos y el porte fueran distintos, tenían un aire similar.
-Ven aquí hija-la invitó su madre. Ginny sentía su cara roja, sobretodo porque venía totalmente mojada, desaliñada como nunca, y con unas ojeras que no se las podía ni un elefante.
Cuando se acercó al círculo de personas, sintió una calida brisa y al instante se encontró totalmente seca. Parpadeó confundida y vio la varita de su madre que la apuntaba con cuidado desde debajo del niño que tenia en brazos.
Se sintió realmente incomoda al pasar al lado de Harry. Aunque ninguno se miró a los ojos, la corriente eléctrica entre ambos era demasiado fuerte.
Por su lado, Harry mantenía los labios apretados, con la intención de poder mantener la compostura. Aún no podía quitarse esa perturbadora imagen de la mente cuando se estaba bañando una vez que Ginny se fue. Sus manos recorriendo ardientemente la espalda desnuda de la chica mientras ella se aferraba a su cuello…
Agitó la cabeza, azorado, Ginny lo notó y ambos cruzaron sus miradas por un leve microsegundo. Sus corazones latieron con fuerza antes de volver la vista al frente. Aunque por suerte, nadie lo notó.
-Ginny, ven-Dijo Oswald sacándola de sus pensamientos. La chica se acercó y pudo ver al muchacho nuevo más de cerca.- Te presentó a mi primo.
-¿Tu qué? – Exclamó impresionada olvidándose de Harry por un momento.
-Te lo iba a decir esta mañana pero te fuiste tan rápido que no alcancé.- Le explicó.
El primo de Oswald se acercó a Ginny, era mucho más alto que él, casi tanto como Charlie. Tenía un aire más del sur, de piel más amarilla y ojos más oscuros. El chico le sonrió con amabilidad. En ese momento entendió porque lo encontraba tan parecido a Oswald. Era encantador.
-Al fin te conozco. Oswald me ha contado mucho de ti.- Dijo con un elegante acento inglés tomándole la mano.- Soy Philip Connor, y el es mi hermanito Dany- Dijo señalando al pequeño niño que estaba en los brazos de su madre.
-Oh, es un gusto.
-Hace mucho que no te veía Phil.- Sonrió Maggie coqueta. Ginny notó como Vincent la agarraba de la muñeca con fuerza.
-Phil y Maggie salieron hace algunos años.-Le murmuró Oswald al oído. Ginny asintió confundida. Era demasiada información para un solo día.
-¿Y… qué hacen aquí? –Preguntó curiosa, pero su madre le lanzó una mirada de advertencia. Probablemente había sonado descortés.- Quiero decir… ¿Qué hacen por estos lados?
-Bueno…- Comenzó a explicar Oswald, pero Philip se le adelantó.
-Después de la tragedia de mis tíos, mi madre se ofreció para mantener a Oswald en casa hasta que pueda hacerse cargo de sus propias posesiones.-Le explicó. Ginny se extrañó.
-Pero ya es mayor de edad.- Observó con razonamiento, todos rieron.- ¿Qué?
-Se refiere a darme un hogar antes de que pueda instalarme totalmente con mi propia casa. No puedo hacerme cargo de los legados de mis padres si no tengo un lugar donde mantenerlos. Me los quitarían.
-Oh…- Murmuró al entender. Harry sonreía divertido a sus espaldas. Pero cuando volvieron a cruzar sus miradas, el chico dejó de reírse y ella volvió a sentir a sus arterias desbocadas en el cuello. –Pues… es un placer…-Logró decirle a Philip.
-Tenías razón, primo.- Admitió sonriente.- Es encantadora.
Ginny se sonrojó e intentó dibujar una sonrisa, pero la verdad era que estaba tan incomoda que ni siquiera podía fingirla.
-¿Se quedaran mucho tiempo en la ciudad? –Preguntó Ron entonces, quien no parecía muy feliz de ver más gente en su casa.
-Una semana.- Contestó Phil sonriendo y recibiendo al niño que la señora Weasley había tenido en sus brazos.
-¿Con él? – Inquirió embelesada al ver al pequeño. El niño no tenía más de tres años. Su cabello era color chocolate y sus ojos de un color verde intenso. Por un momento le pasó por su cabeza la extraña imagen de un hijo entre Harry y ella, pero de inmediato desechó la idea ante la imposibilidad de que ello ocurriera.- Que... lindo, es…-Dijo nerviosa al imaginarse aquello.
-¿Niña? –Preguntó Dany a su hermano mayor, el chico sonrió y asintió con la cabeza.
-Ginny.- Le dijo, y el niño se giró a ella para estirar sus brazos.
-Quiere que lo tengas.-Sonrió Philip extrañado, Ginny retrocedió un paso.
-¿Qué? ¡Pero si nunca he tenido a ningún niño en brazos! ¿Y si se me cae?
-No seas tonta,-Rió Oswald- sabrás hacerlo muy bien, se les da a todas las mujeres.
Ginny asintió y dejó el bolso que llevaba sobre una mesa. Philip le entregó al niño y el pequeño se abrazo a ella con fuerza, acurrucando su cabeza en el cuello nervioso de la chica.
-Lo haces genial- Sonrió Oswald con cariño.- Serías una bella madre.
La chica se sonrojó al máximo, el niño no la soltaba. Se giró con cuidado para observar las caras de sus amigos. Su madre estaba embelesada con la escena, podía saber qué se imaginaba con toda claridad, y le dieron ganas de gritarle un gran "no cuentes con ello".
Ron reía divertido junto con Maggie, seguro que verla con un niño en brazos no era una gran hazaña, incluso podía verse ridícula. Charlie y Vincent simplemente la observaban, aquello la relajó, aunque le aterraba pensar qué podía estar pasando por sus cabezas.
Finalmente chocó otra vez con Harry. Sus ojos se cruzaron nuevamente y aquella imagen de un hijo de él le hizo tambalearse.
El pequeño Dany se parecía tanto a él, que se le hacia raro estar cargando a un pequeño tan cariñoso mientras era observada por su clon veinte años mayor.
Sin contar la noche anterior, aquel podía contarse también como el día más embrollado de su vida. ¿Qué más podía suceder?
Tras la Madriguera unos ojos desiguales observaban. ¡La había encontrado! Gracias a Sonsioré. La niña a su lado simplemente observaba la escena con los ojos brillantes. La mujer con el niño en brazos era la persona que necesitaba para seguir con vida. ¡Tenía que pedirle ayuda!
-¿Seguro que funcionará?
-Tengo que hablar con ella, advertirle…- Le confesó Omanshai con un susurro.- Si te puede salvar a ti, ¿por qué a mi no?
Notas de Autora:
Gracias y mil gracias a todos quienes me apoyaron durante este mes. Sé que me demoré, y lo siento con todo mi corazón.
Mi título me sacó la cuenta, pero por suerte logré pasarlo y ahora puedo decir con orgullo que soy una profesional hecha y derecha.
Creí que este capítulo sería algo aburrido, pero creo que he dejado varia información suelta como para hacer muchas teorías. Algo que me ayudó con la demora, ya que pude planear mejor los detalles.
Como verán, en el concilio los problemas se están comenzando a apoderar de los líderes, y si ellos no controlan la situación de las portadoras, ¿Quién lo hará?
Los dos nuevos visitantes causaran un cambio en la historia a partir de ahora en adelante. Gracias al pequeño Dany comenzará el inicio del desenlace.
Lo mejor que les puedo prometer, es que de ahora en adelante lo sueños de Nacet serán parte importante de la historia y abarcaran capítulos enteros, y los recuerdos de Ginny y Harry comenzarán a aflorar y a complicarles la existencia. NO podrán con ello si se ven con frecuencia sabiendo lo que sucedió.
Por otro lado, ¿Qué sucederá con Ginny y Oswald? ¡Terminarán, lo dejará? ¿Y Hermione y Ron? Bueno, para todos sus fanáticos les advierto, desde ahora, más Ron y Hermione para ustedes.
También podremos saber qué ocurrió con Tiare y Morgan, ¿dónde estaba Morgan cuando Tiare fue encerrada? ¿Habrá sufrido como ella?
Y por sobretodo… ¿recuerdan la llama azul de hace dos capítulos? ¿Quién la habrá enviado si Koji está muerto? ¿Estará muerto?
Gracias a todos por su apoyo y constancia. Sin ustedes no sería nada. Y esta historia, probablemente se habría dejado de escribir hace mucho rato.
Ahora, un aviso importante:
Quedan sólo dos capítulos para que finalice la segunda parte, así que atentos con el penúltimo y último capítulo.
Y como siempre, un adelanto del próximo capítulo.
Capítulo 26:
Las Pesadillas que hacen daño:
El cariño de Ginny por el pequeño Dany al pasar los días va creciendo, y aquello causa que la chica se ofrezca de niñera cuando Oswald y Philip salgan.
En la posada donde se alojan, ella cuida del niño, pero ¿cuida de sus sueños?
Al dormir, el niño vivirá más de un peligro.
Este capítulo dedicado a los sueños, nos mostrará un poco más de la vida de Nacet, pero, ¿será Ginny la que soñará con ella?
Calfulaf intentará sanar a Tiare, pero la chica sólo tiene una opción para salvarse, más que la deshidratación, también hay una gran traición que la destruye por dentro. ¿Cómo harán para salvarla de la pena? ¿Podrá Morgan contra el poder de su anillo? ¿Será su amor por Tiare más grande que el poder de odio que comenzará a irradiar el anillo?
Publicación capítulo 26: lunes 4 de mayo.
Está vez, no habrá retrasos, se los prometo.
Comentarios o críticas: Saben que los pueden enviar a mi mail: anya. Naivea (arroba) gmail. Com; también pueden escribirme en el blog: www. ethianevals. Blogspot. Com.
O bien, pueden dejarme un review como todos lo hacen.
Un abrazo a todos.
Anya.