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MTBlack
Author of 24 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/General - Katara & Zuko - Reviews: 273 - Updated: 07-09-08 - Published: 01-31-08 - Complete - id:4044978

Summary: Reconstruir una nación requiere de sacrificios. Sabiendo que la Nación del fuego no aceptará a una Maestra Agua, Katara se hace a un lado de su incipiente relación con Zuko y lo incita a buscar la grandeza de la nación junto a la noble de la Nación del Fuego Mai. Zutara


Ritmo de lluvia

Capítulo Veinticinco

Por DamageCtrl

Disclaimer: No soy dueña de Avatar: El último Maestro Aire ni nada relacionado con él.

N/T: Yo no soy dueña del argumento, sino que pertenece a DamageCtrl, yo sólo me limito a traducir lo que ella escribió en inglés, con su autorización, por supuesto.


Cerró los ojos sientiendo su cálido aliento acariciar su rostro. Ahora podía sentir el peso de su cuerpo apoyarse contra su espalda. Zuko sonrió con satisfacción. Si alguien más le hubiera cuestionado su salud mental, se hubiera molestado. Pero era ella. Y ella podía cuestionar lo que quisiera.

-No creo que seas tú la más indicada para hablar –replicó, levantando las manos y acariciando suavemente sus antebrazos que había apoyado sobre su pecho-. Estás acá afuera conmigo.

Sintió las vibraciones de su risita contra su espalda y giró la cabeza a la izquierda. Estampó sus labios empapados de lluvia sobre los de ella con delicadeza. Un aliento abrasador la hizo estremecer cuando abrió los labios, dándole la bienvenida al mismo tiempo que se giraba su cuerpo para enfrentar el de ella. Levantó los brazos y tomó su rostro cálido y flexible entre sus ásperas e insensibles palmas.

Katara cerró los ojos, dejando que el repentino aluvión de lágrimas se mezclara con la lluvia mientras se acomodaba con él sobre la piedra. Con cuidado, Zuko hizo que el cuerpo de ella quedara entre sus piernas. Estiró una mano, haciéndola descender por todo lo largo de su pierna, moviendolas a las dos sobre su regazo al mismo tiempo que ella envolvía sus brazos alrededor de su cuello, manteniendo sus labios cerca de los de ella. A su alrededor, la lluvia caía en una pauta familiar, dandoles la bienvenida al lugar que pertenecían.

Él sintió sus respiraciones irregulares contra sus labios y su cuerpo temblar contra el suyo. La abrazó mientras se apartaba. Abrió sus ojos dorados y la miró. Su pelo castaño se pegaba a su rostro en matas rebeldes, y bregaba por no llorar. Levantó una blanca mano y acarició tiernamente un lado de su cara, instándola a mirarlo a los ojos. Cuando esos ojos de diversos azules se abrieron, pudo ver las lágrimas que contorneban sus largas pestañas y frunció el ceño.

-Te… tenía tanto miedo –sollozó-. No recuerdo haber estado tan aterrada… viendote caer… oh, dios.

Arrugó los ojos, sintiendo que se le llenaban también de lágrimas al verla estremecerse entre sus brazos. Katara meneó la cabeza y luego la volvió hacia él. Se aferró a él con fuerza y enterró su rostro calado de lluvia y lágrimas en su cuello.

-Lo siento –susurró él, sinceramente. Cerró los ojos y la acercó, fundiendo sus cuerpos.

-Te vi en el acantilado con tu hermana… -resolló Katara-. Y me asusté… lo único que quería hacer era correr hacia ti. Incluso cuando nos disparó… cuando le dio a Appa y caímos… en todo lo que pedía pensar era en llegar a ti.

-Ya está bien, Katara –susurró Zuko bajito-. Se acabó.

-Eres tan estúpido… enfrentar a tu hermano solo. Ponerte en peligro de esa manera. ¿Qué pasó con una simple misión de reconocimiento? –lo regañó-. Pudiste haber muerto… No entiendes –le reprochó, apartándose. Lo miró con sus trémulos ojos azules, suplicante y Zuko sintió que se le encogía el corazón-. Pensé que te había visto morir. Y que no podía hacer nada… todo lo que hacía era tratar de curar a Aappa e intentar que no me mataran. No tienes idea de cuanto quería estar a tu lado.

-Yo no te quería a mi lado –Zuko frunció el ceño, desaprobadoramente. Una expresión herida se alzó en el rostro de Katara y él se explayó-. Katara, sé que estás embarazada –abrió los ojos como platos.

-¿Qué?

-Jet y Ty Lee me lo dijeron cuando éstabamos en el palacio –le contó-. Cuando me enteré, sabía que no podía morir. No aún. Quería verte una vez más… y cuando lo hice, quise correr hacia ti. Tenía que detener a Azula… ¿crees que no sé como se siente? La vi enviarte ese relámpago. Cuando lo hizo, pensé que te había perdido y a nuestro bebé. Nunca me había sentido tan impotente en toda mi vida…

Katara se retiró un poco más, entornando los ojos bajo la lluvia y mirándolo.

-Zuko… ¿a qué te refieres con embarazada?

Zuko arrugó el entrecejo.

-¿No estás embarazada? –Preguntó, confundido-. Tú… tú estuviste vomitando una mañana. ¿No es lo que hacen las mujeres embarazadas?

Lucía absolutamente confundido y a pesar de su conversación, Katara no pudo dejar de sonreír. Despació, una carcajada brotó de su interior y se acercó a él. lo besó con suavidad y sacudió la cabeza.

-Me cayó mal la comida –rió-. Las conchas estaban pasadas.

Zuko abrió los ojos de una.

-Pero… cómo Jet y Ty Lee…

-No sé… quizás me escucharon hablar con Iroh y Suki –Katara ahogó una risita, retirando su húmedo cabello hacia atrás-. Pensé que estaba embarazada… pero luego sangré y el cocinero se disculpó por darme comida de mar pasada.

El meneó la cabeza, incrédulo.

-Pero… tú no fuiste la única que comió eso.

-Sokka tiene un estómago de hierro. ¡Es prácticamente imposible para él enfermarse! –rió Katara. Se inclinó una vez más y lo besó en la mejilla-. Zuko, no estoy embarazada –su semblante se apagó. Se había emocionado tanto con la idea de tener un hijo… que no podía evitar decepcionado. Katara sonrió levemente y tomó su cara en su mano. Con delicadeza lo hizo mirarla y acarició sus labios con los de ella-. Al menos no todavía…

Bajó sus ojos dorados y encaró los suyos azules, con un ligero destello en ellos.

-Era a ti a quien quería ver al despertar, sabes –frunció el ceño-. Y no estabas. Creo que me debes una.

Ella arqueó una ceja y apoyó su frente contra la de él.

-¿Siquiera crees que te la mereces?

El sonrió con suficiencia y agachó contra la de ella. Abrió los labios y enterró los dientes, mordiendo suavemente la curva de su oreja. Katara se estremeció cuando una voz grave le susurró seductoramente al oído.

-Ya lo creo –su cuerpo se encendió cuando su lengua se deslizó por el hueco de su oreja.

Katara soltó un pequeño gemido, lista para arrastrarlo de vuelta a su habitación, cuando un repentino graznido interrumpió sus pensamientos. De repente, Katara recordó a que había ido allí y sacudió la cabeza.

-Espera…

-¿Por qué? –musitó, sus manos ya vagabundeando sobre cada curva de su cuerpo.

Katara cuidadosamente lo apartó, levantando un trozo de pan.

-¿Podemos dar de comer a los patos-tortuga primero?

El se alejó y la miró fijamente.

-Dios, mujer… -murmuró meneando la cabeza. Miró su rostro sonrojado e ilusionado y le sonrió ligeramente-. De verdad estás loca.


El sol había salido y fuera de la ventana abierta de las recamaras de Zuko, soplaba una fría brisa matutina. El cuerpo a su lado tiritó ya que su parte desnuda sintió el frío. En silencio, bajó su mano y tiró del borde de la manta. La acomodó sobre la dormida Katara, acostada boca abajo, abrazando una almohada bajo su cabeza y roncando ligeramente con los labios entre abiertos.

Se acurrucó más en la cama y Zuko suspiró profundamente. Había estado tan cerca… y entonces en el momento en que cayó a la cama, Katara quedó noqueada. Para empeorar las cosas, en vez de arrimarsele como había hecho en la minúscula cama del barco, había agarrado la almohada más cercana y se había aferrado a ella. Eso dejaba al joven Señor del Fuego molesto y ligeramente frustrado. Por lo menos podía haberle prestado un poco de atención y dormirse en sus brazos o algo así.

Pero de cualquier forma, ¿Cómo podía enojarse con ella? había pasado incontables horas sin dormir curándolo y quedandose junto a su cama. Se había quejado de que él había recobrado la conciencia dos veces y ella había estado ahí. No era su culpa si no lo recordaba. Se había roto la cabeza intentando recordar y solo se acordaba de una calida caricia de agua contra su cuerpa y una voz frustrada y teñida de tristeza ordenándole que despertara.

Sin embargo, supuso que se estaba vengando. Al abrazar la almohada en vez de a él. Levantó su mano y suavemente peinó su cabello hacia atrás. Se había secado de la noche anterior, aunque sospechaba que estaría enredado. Y no tenía que ver con que había estado enredeando sus dedos en sus largas mechas.

Su estómago rugió. Zuko arrugó los ojos y miró su torso desnudo, fulminándolo con una mirada asesina por interrumpir su tranquila mañana observando a su amada Katara dormir. Rugió una vez más. Suspirando cansinamente, volvió a mirar a Katara. Ella no se levantaría hasta dentro de unas horas más. Eso le daría suficiente tiempo para desayunar y volver antes de que despertara. Y entonces, podrían comenzar las actividades de las que se había visto extremadamente privado la noche anterior.

Colocó otra sabana sobre el cuerpo de Katara y la acomodó cuidadosamente sobre sus hombros. Murmuró algo que no pudo entender. Zuko se deslizó fuera de la cama con todo el cuidado que supo reunir, tratando de no molestarla. Fue hasta su armario y se decidió por unos pantalones y una camiseta suelta. Mientras terminaba de acomodarse la ropa, echó un vistazo por encima de su hombro. Todavía estaba durmiendo.

Se sonrió, sabiendo que estaba a salvo. Levantó las manos y empezó a atarse el pelo en una desprolija cola de caballo. Cuidadosamente, fue de regresó a la cama y gateó en ella hasta alcanzar a Katara. se inclinó y le besó en la frente delicadamente.

-Regresaré después de comer algo -susurró.

Katara gimió.

-Eso está bien, Momo…

Puso los ojos en blanco y bajó de la cama. Se puso unos zapatos y salió por la puerta. Con sumo cuidado, la cerró tras él antes de dirigirse al palacio principal. Al caminar, iba estirando los brazos en el aire. Después de que Katara se había dormido, había hecho algunos ejercicios de respiración y unos movimientos simples de práctica para ejercitar su cuerpo después de haber estado inmóvil tres días. Todavía le dolía un poco, pero se le pasaría con el tiempo.

En la mitad de su marcha al comedor donde Katara y los otros solían comer cada vez que estaban en el palacio, una voz lo llamó a los gritos.

-¡Zuko! ¡Estás despierto, Zuko! –El Señor del Fuego se giró y arqueó una ceja al descubrir a varias personas saludandolo bajo un pabellón cerca de uno de los estanques dentro de los muros del palacio.

-¡Señor del Fuego! –rió Iroh, haciéndole señas para que se acercara-. ¡Desayuna con nosotros!

Curvó la comisura de sus labios en una pequeña sonrisa y girando, se dirigió al pabellón. Aang estaba sentado con su tio, entre los dos maestros tierra y Mai.

-Buenos días, Tío. Aang, Toph, Mai… ¿y cuál dijiste era tu nombre? –le preguntó al maestro tierra.

-Haru, su majestad –respondió el joven, avergonzado-. Viajamos juntos en el barco.

-Cierto –asintió Zuko. En verdad, sabía exactamente quien era. Solo que no le hablaba si podía evitarlo. Zuko se sentó junto a su Tío.

-Mai vino a decirnos que despertaste anoche –le dijo Iroh-. Corrí a verte, pero… tu estabas… pre-ocupado en el jardín.

Inmediatamente desvió sus ojos dorados y se estiró para alcanzar un pedazo de fruta mientras uno de los sirvientes le alcanzaba un plato de comida caliente. Maldijo a sus mejillas por encendere, sabiendo que su Tío lo había visto afuera, en la lluvia, haciendo cosas con Katara.

-Sí, bueno… gracias por ir a verme –farfulló Zuko.

-Si no te molesta mi pregunta, ¿Dónde está Lady Katara? –inquirió Mai, cayendo en los titulos formales. Zuko suspiró.

-Dormida… no pudo tener los ojos abiertos ni un segundo más. En el momento en que llegó a la cama, quedó rendida –explicó Zuko.

-Sokka estará contento de oír eso –Meditó Aang. A su lado, Toph asintió.

-Es bueno que hayas venido a desayunar –aseveró Iroh-. Quería hablar contigo antes que cualquier miembro del consejo.

Zuko levantó la vista del plato de comida que tenía enfrente. Entornó los ojos.

-¿Qué sucede?

-Las ordenes de Azula tienen que ser retractadas –argûió Iroh-. Mai y yo hemos preparado todo el papeleo. Todo lo que tienes que hacer es firmarlos. El Almirante Lin se encuentra en prisión y espera castigo por su traición al trono. Hay que resarcirse con la Tribu Agua del Norte después de lo que Azula le hizo al Jefe Arnook. No no están presionando ya que no lo consideran culpa nuestra, o más específicamente, tuya. Sin embargo, sería sabio indemnizarlos como una disculpa por lo que hizo.

-Y luego está el tema del funeral de Azula –remarcó Mai en voz baja. Zuko se volvió para mirarla. Mai miraba el suelo, tratando de esconder los sentimientos de dolor y tristeza. En el fondo de su corazón, Zuko también sentía un retorcijón de dolor. Azula era su hermana. Familia, a pesar de cuan psicótica era o cuantas veces había tratado de matarlo y a aquellos a quienes quería.

Zuko miró nuevamente al general retirado en la cabecera de la mesa.

-Tío, ¿Qué pasó en el acantilado? –indagó-. Todo lo que recuerdo es ver una explosión justo frente a mí…

-Ah… -Iroh bajó su taza-. Bueno, cuando el acantilado cedió, tratamos de agarrarte. Sokka casi lo logra, pero te le zafaste.

-¿Sokka? –Repitió Zuko, por poco soltando sus palitos-. ¿Sokka trató de salvarme?

-¿Por qué te sorprendes? –Replicó Aang con una sonrisa de oreja a oreja-. Le agradas.

-En realidad… -chilló Toph-. Eso es cuestionable. Creo que lo hizo por Katara.

-Bueno, al menos trato de salvarlo –porfió Aang. Toph se encogió de hombros y mordió una manzana.

-Recuerdo haber sentido que alguien intentaba agarrarme –admitió Zuko-. Solo que nunca pensé que fuera Sokka. Recuerdo haber girado y disparado a Azula con el relámpago… ella lo rebatió y nuestros relámpagos chocaron…

-La fuerza de la explosión te hizo volar en el aire y te arrojó hacia el mar –remarcó Iroh-. Aang fue tras de ti, pero la presión al golpear el agua te noqueó y te quebró algunos huesos. Katara te sacó el agua de los pulmones. Le erraste a las rocas.

Zuko arrugó los ojos.

-¿Y Azula?

-La fuerza de la explosión también la afectó –confirmó Mai. Zuko se giró hacia la joven. Mai cerró los ojos -. Cayó antes que tú, así que cuando lo de la explosión, fue empujada hacia abajo en vez de hacia arriba…

-Su cuerpo cayó sobre las rocas –concluyó Haru por Mai. Miró a Zuko como pidiendo perdón-. Para cuando la encontramos, era demasiado tarde.

Zuko cerró los ojos. Dejó los palitos y respiró hondo. Una mano cálida se apoyó en su hombro, apretándoselo consoladoramente.

-Tenemos su cuerpo. Como un traidor a la corona y a la Nación del Fuego, no se merece un funeral honorable –confesó Iroh-. Pero sigue siendo familia y quiero que tú decidas.

Zuko cerró los puños con fuerza. Sacudió la cabeza.

-Sigue siendo mi hermana –determinó, abriendo los ojos-. Preparen su cuerpo para cremarlo. Tendrá un funeral apropiado como miembro de la familia real y sus restos serán sepultados con los de nuestro padre.

Iroh cerró los ojos e inclinó su cabeza. sabía que Zuko elegiría lo honorable.

-Sí, Señor del Fuego. Remitiré la orden.

-Tío –añadió Zuko mirando su comida. De repente, no tenía ganas de comer -. No hagas mucho ruido. Que sea intímo. Solo unas pocas personas –Iroh asintió.

El grupo permaneció en silencio. Los únicos sonidos que se oían eran los de comer. Finalmente, Mai rompió el silencio.

-Ty Lee lloró por ella –declaró a media voz-. Incluso después de que Azula le quemó los hombros y la amenazó con destruir su circo, Ty Lee lloró.

-¿Cómo está ahora? –averiguó Zuko.

Mai soltó un suspiro cansino.

-Katara pudo curar sus quemaduras. Está triste, por supuesto. Azula era su amiga y murió… a pesar de lo que hizo, Ty Lee la quería. Pero por si acaso, enviamos a Jet a cuidarla y asegurarnos que lo está sobrellevando. Hasta ahora, solo ha estado llorando.

-¿Y tú? –prosiguió Zuko con solemnidad.

Mai miró su muñeca. Un pequeño diamente titilaba desde su colgante, alrededor de un sencillo cordón rojo.

-Desearía poder hacerlo.


La puerta se abrió con un chirrido y Katara miró hacia allí desde donde estaba, junto al armario de Zuko. Se había puesto una de sus batas, y los dobladillos casi le llegaban a los pies. Por la puerta abierta, Zuko entró. Katara, inmediatamente, notó la expresión agotada de su cara. Se mordió el labio y caminó hacia él.

Él escuchó las suaves pisadas por el suelo y levantó la mirada. Katara extendió los brazos al llegar a él. Zuko dejó que lo abrazara acogedoramente.

-Te lo dijeron –dedujó quedamente. Él asintió. Katara cerró los ojos y presionó su cabeza contra su hombro, rozandole la tela de la bata con los dedos por la espalda-. Lo siento.

-No es tu culpa –respondió. Levantó los brazos y le envolvió los hombros-. Estoy… conmocionado.

-¿Conmocionado? –se extrañó Katara. Alzó la cabeza y lo miró.

-Azula está muerta –las palabras se oían raras viniendo de su boca-. Es simplemente difícil de creer… después de todo este tiempo… -cerró los ojos y apoyó su cabeza contra la de ella-. Las cosas que me dijo cuando peleamos… nunca supe que se sentía así.

-¿Cómo se sentía? –inquirió Katara suavemente. Con delicadeza, le acaricibia la nuca consolodaromante mientras lo llevaba hasta la cama.

-Sentía que nadie la entendía –contestó Zuko en voz baja. Se sentó en los suaves almohadones, con la cabeza gacha-. Debí haber sabido como se sentía. Debía haberla entendido. Era mi hermana. Pude haberla salvado.

-Zuko… -empezó Katara, poniéndose de pie frente a él.

Él la miró con dolor en sus ojos dorados.

-Debía haber estado ahí por ella. Sé como es que te dejen de lado y que te miren mal. Debía haber podido entenderla. Quizás si me hubiera esforzado…

-Zuko –Katara se inclinó y tomó su rostro entre sus manos, obligándolo a mirarla-. No podías hacer nada. Si ella quería que la entendieras, te hubiera dejado. Algo la retenía. Algo que tú no tienes. Tú dejas que tu Tío te entienda. Nos dejas a nosotros intentar entenderte. No tomó tiempo, pero al final, aquí estamos. Y tú lo intentas. Le diste oportunidades que no iba a tomar.

Zuko cerró los ojos.

-No puedo dejar de preguntarme como hubiera sido mi vida de no haber estado mi madre o mi Tío. Si nunca hubiera conocido al Avatar… o a ti –Zuko abrió los ojos y se estiró. Sus brazos rodearon su cintura y tiró de ella hacia delante. Suavemente, apoyó su cabeza contra su panza chata-. Katara, agradezco a los dioses todos los días por haberte encontrado…


La ceremonia fue pequeña y no fue anunciada al público. Los dolientes vestidos de blanco se sentaban detrás de Zuko quien permanecía de pie junto al cuerpo de su hermana. Ella vestía sus ropa roja favorita, su pelo peinado y recogido con un emblema de metal que señalaba la realeza de la Nación del Fuego. Los ojos cerrados y maquillaje grueso en su rostro. Todavía podía ver los arañones y moretones de su caído. Y eso sólo era su cabeza.

El vestía de blanco. En silencio, se volvió hacia los soldados y asintió con la cabeza. Cerraron la tapa sobre el ataúd de Azula. Zuko retrocedió y volvió a cabecear. Lo prendieron fuego. En el fondo, debajo del pabellón a sus espaldas, podía oír a Ty Lee llorar y las quedas palabras de consuelo de Mai que la abrazaba.

Los monjes murmuraron oraciones para el cuerpo mientras las llamas consumían a la antigua princesa. Una joven vestida de blanco se aproximó a Zuko. Su mano tostada se deslizó por las suyas, blancas. Su mano se aferró a la de ella con firmeza.

Los nobles que habían venido a traer sus respetos a la difunta princesa observaban en silencio al Señor del Fuego en la cima de la escalera, justo arriba del objeto en llamas. Su mano agarraba con fuerza y en silencio la de la maestra agua. Nadie dijo nada. No hubo ninguna mirada de disgusto. Agacharon sus cabezas, saludándolos con excesiva reverencia.

Iroh lo observaba todo desde su asiento. Mantenía sus ojos puestos en los dos jóvenes parados ante los nobles de la Nación del Fuego. Podía ver el cabello de su sobrino pulcramente recogido en un moño alto, con un distintivo con la forma de una llama en la punta. Iroh se fijó entonces en la joven junto a su sobrino. Su pelo estaba trenzado prolijamente y caía sobre su espalda, también tenía un pequeño rodete en la nuca, invisible para los nobles. Prendido en el rodete estaba el distintivo con la forma de una llama.


Le había tomado a Zuko casi dos meses recobrar el control total. Después del fallido intento de tomar el control de su hermana, la nobleza estaba mucho más indulgente para con Zuko. Prácticamente le dejaron hacer lo que quiso. Todas las ordenes de Azula fueron retractadas fácilmente. La suma de Mai al concejo como Asesora tuvo muy poca resistencia. Aquellos que se habían opuesto fueron luego callados cuando probó ser apta para el trabajo.

Iroh recibió el deber de castigar al Almirante Lin y los otros traidores a la corona durante el breve período de Azula como Señor del Fuego. Los había degradado de sus labores y quitado sus estipendios antes de desterrarlos. Y había sido generoso.

Un mes después de que Zuko despertara de su sueño de tres días; recibió una carta del Polo Norte. De parte del Jefe Arnook. Después de su casi muerte por un ataque por parte de un miembro de la familia real de la Nación del Fuego, se le pedía a Zuko que hallara la manera de mostrarle a la Nación del Fuego y a la Tribu Agua que no era una amenaza. Cuando el Señor del Fuego remitió esto a la corte, se sorprendió de que se le sugiriera casarse con Katara. Cuando se lo dijo más tarde esa misma noche, estaba más que molesta.

-No me voy a casar contigo porque tu hermana casi mató al Jefe Arnook –explotó, mientras estaban en una de las cocinas del palacio. De repente había sentido hambre y quería algo para comer. Zuko la había seguido y estaba a su lado cuando recorrió la despensa buscando comida-. ¡Me casaré contigo porque te amo y esa es la única razón!

Dos dias después se abosquejó un tratado que sugería el intercambio de estudiantes entre ambos países y se lo envió al Polo Norte. Ahora, en la noche de su diecinueveavo cumpleaños, Zuko se encontraba de pie frente al mismo espejo al que había estado docenas de veces antes con el sastre terminando los pequeños detalles de su bata.

-Creo haber pedido un pequeño baile informal, Tío… -siseó, apretando los dientes.

-¡Eres el Señor del Fuego, Zuko! ¡Pequeño, informal y Señor del Fuego no van juntos! –persistió Iroh a su lado, sonriendo ampliamente cuando el sastre se hizo hacia atrás-. Ahí tienes… ¡No te ves gallardo?

Zuko bufó.

-Alcanzame mi broche –indicó. Estiró la mano y Iroh le trajó una caja lacarada de madera. Levantó la tapa y el broche trémulo le brilló. El joven Señor del Fuego lo tomó y lo ajustó prolijamente en su moño alto-. Acabemos con esto.

La ciudad estaba decorada y llena de vida con el pueblo celebrando el cumpleaños decimonoveno de Zuko. Dentro del palacio, invitados de todo el mundo estaban llegando. Entre ellos, los miembros de la Tribu Agua.

-¿Por qué tengo que traerle un regalo? –resopló Sokka al entrar con Suki en una de las puertas de entradas, vestidos con ropa de la Tribu Agua. En las manos de Sokka había una caja bastante grande-. Ya me rendí y estoy dejando que se case con mi hermana. ¿Acaso no es suficiente? ¿Y que esta cosa, por cierto?

Suki se encogió de hombros y le entregó al guardia su invitación.

-Solo una cosita que encontré en la vieja habitación de Katara –musitó. Cuando el guardia asintió y le devolvió la invitación, Suki se detuvo-. Disculpe, ¿pero donde puedo poner el regalo?

-Un guardia lo llevará al vestíbulo, señorita –asintió el guardia. Suki le agradeció y entró alegremente.

Soka gruñó, luchando por agarrar, andando incomodo, como un pato, riéndose ahogadamente, con la pesada caja en sus manos. Cuando el guardia finalmente se la sacó de las manos, Sokka soltó un hondo suspiro de contento.

-¡Ahí están! –exclamó una voz. Alzó su cabeza y vio a Aang corriendo hacia ellos. Toph no estaba muy lejos detrás de él.

-Llegan tarde –declaró Toph-. ¿Por qué demoraron tanto?

-Alguien –empezó Suki, fulminando a Sokka con la mirada-, no podía decidir si usar azul oscuro o claro.

-Me quedé con el azul oscuro –replicó Sokka con orgullo-. Entonces –prosiguió, mirando a todos lados-. ¿Dónde está mi hermanita?

-Todavía está en los cuartos reales… oops… -Toph cerró la boca y sonrió. Sokka arrugó los ojos.

-Pero ella no es realeza.

-Por ahora –resaltó Aang. Sokka frunció el ceño.

-Será mejor que ese gamberro de la Nación del Fuego no…

-¡Sokka! ¡Suki! ¡Llegaron! –retumbó una voz detrás de ellos.

-¡Iroh! –sonrió Suki cuando el alegre anciano caminó hasta ellos-. La decoración es fantástica. ¿Lo hiciste de nuevo este año?

-Bueno, ¿Qué puedo decir? Tengo ojo para decorar –Sonrió Iroh alegremente, con orgullo. Miró por encima del hombro-. Ahora, ¿Dónde está este chico? Estaba justo detrás de mí…

-¡Tío! –Zuko se abrió camino, apretándose, entre la multitud de gente, con el ceño fruncido, enojado-. ¿Has visto a Katara?

-Ya te lo dije, Zuko. Aún se está preparando –Iroh frunció el ceño. Se volvió de nuevo al grupo-. Hubo un problema con sus batas, saben, y enviamos a alguien para que las arreglara a última hora.

-Ella es mi escolta y debería estar aquí –Zuko arrugó el entrecejo.

Suki rió entre dientes.

-También me alegro de verte, Señor del Fuego –inclinó su cabeza respetuosamente. Todavía encontraba difícil creer que un día, sería su concuñado.

Zuko parpadeó como si se diese cuenta de repente que estaban ahí. Cabeceó ligeramente, reconociendo a la pareja recién llegada.

-Sokka, Suki… lo siento, fui grosero. Gracias por venir a mi celebración.

-Bueno, escuché que lo iban a anunciar esta noche –sonrió Suki-. Así que Sokka y yo vinimos. ¿No es así, Sokka?

-Sí… como sea –se mofó el Guerrreo de la Tribu Agua. Se cruzó de brazos y le dio la espalda a Zuko.

El Señor del Fuego fulminó a Sokka con la mirada, solo para recibir un codazo de Iroh. El anciano movió su cabeza hacia Sokka y Zuko sacudió la cabeza. Zuko suspiró e hizo un paso adelante, extendiendo la mano.

-Sokka –llamó Zuko con calma. El otro lo ignoró. Suki sonrió ampliamente y le pellizco el brazo.

-¡Au! ¿Para qué hiciste eso? –jadeó. Ella inmediatamente le devolvió una mirada significativa asesina y Sokka bufó. Miró la mano extendida de Zuko-. Bien… por mi hermana –agarró la mano de Zuko y la estrechó con firmeza-. Pero dejame decirte algo. Si alguna vez vuelve a casa llorando, personalmente te daré caza. No habrá ejercito, armada, guardia ni ciudad fortificada capaz de detenerme si lastimas a mi hermana. y vendré por ti. Sé donde vives –siseó Sokka, acercando su rostro amenazadoramente a la de Zuko.

El Señor del Fuego se limitó a sostenerle la mirada.

-Obviamente, estás en mi casa mientras hablamos –se soltaron las manos. Iroh sintió un golpecito en el hombro. Un sirviente se inclinó y le susurró al oído.

-Oh… gracias –Iroh asintió. Se volvió a Zuko-. Katara está lista. Está esperándote en la puerta este.

Zuko asintió y les hizo una respetuosa reverencia a sus invitados. Se deslizó entre la muchedumbre, andando hacia la puerta

-Un poco difícil de creer que nuestra pequeña Katara se va a casar con el Señor del Fuego, ¿no? –Murmuró Toph-. Pero ahora que lo pienso, fueron bastantes hechos el uno para el otro. Con eso de los problemas de actitud y todo.

-No estás muy decaído, ¿eh, Aang? –le preguntó Sokka, codeando a su amigo.

Aang se sonrojó levemente y meneó la cabeza.

-¿Por qué estaría decaído? –replicó avergonzado-. Además, creo que él la necesita mucho más que cualquiera que de nosotros.

-Y francamente –chilló Toph-, creo que ella lo necesita a él.

Detrás de las puertas de la entrada este, Katara respiraba hondo. Nerviosa, jugueteaba con el collar de compromiso alrededor de su cuello. El suave terciopelo azul habia sido remplazado por tersa seda. Pero la familiar piedra azul todavía pendía de ella. Sonrió cálidamente; recordando como se lo había dando después de que lo “perdiera”.

Un mes atrás, había estado lloviendo y de alguna forma, había perdido su collar. Había dado vuelto la recámara de Zuko buscándolo. Cuando no pudo encontrarlo, había quedado devastada. Tres generaciones y ella venía a perder el collar. Era su posesión más preciada. Zuko le juró que le tallaría otra, a lo que retrucó que no quería otro, que quería ese.

Frustrada y molesta, fue a buscar soledad al estanque. Se sentó en la piedra, con las piernas contra el pecho y la lluvia enmarañando su cabello contra su cabeza. Sus brazos envolviendo con fuerza sus piernas. Para empeorar las cosas, los patos tortugas no estaban. Refunfuñando, escondió la cara en las rodillas. Entonces los escuchó.

Alzó la cabeza y escudriñó la oscuridad. La mortecina luz de las lámparas de piedra colocadas alrededor del jardín estaban encendidas esa noche. Algo que normalmente no pasaba. Y cerca de las largas rocas que atravesaban el estanque, escuchó graznidos. Dos patos-tortugas se acercaban chapoteando juntos, al parecer arrastrándo algo con ellos.

Katara se acomodó en su asiento y se reclinó sobr el agua, llamandolos, tocando el agua con la punta de los dedos. Los dos patos-tortugas graznaban al acercarse y Katara pudo ver claramente la pequeña balsa que tiraban. Una pequeña sonrisa iluminó su rostro cuando se acercaron más. En la balsita llevaban una caja brillante de lácar.

Con su nombre en ella. Curiosa, se inclinó y la tomó. Quitó el pestillo y abrió la tapa. Estaba llena de florecillas azules. Su corazón se detuvo al reconocerlas. Ella le había dado una a Zuko la noche que lo dejó… y él se había acordado. Sus ojos comenzaron a aguarseles y parpadeó para contener las lágrimas. Hurgó con los dedos las flores, preguntándose si había algo más.

Un pedazo de pergamino rozó los dedos. Tomandolo en la caja llena de azul, lo sacó. Lo leyó rápidamente antes de que la lluvia hiciera mella en la tinta y el papel.

-Katara de la Tribu Agua… -leyó tranquila. Sintió que se le paraba el corazón. Su mano soltó el papel de vuelta en al caja y se encontró sin aliento-¿Te casarías…?

-¿Conmigo? –un azul conocido colgaba frente a ella al mismo tiempo que una voz deliciosa y cálida susurraba en su oído.

-El collar de mi madre… -respondió sin aliento mientras él mantenía el colgante delante de ella. Suaves labios se inclinaron a su lado y besaron delicadamente su cuello desnudo antes de colocárselo. Katara no pudo hacer más que quedarse sentada allí con la seda roja descansando contra su cuello-. Zuko… ¿Cómo lo conseguiste? –Arrugó los ojos y la nariza-. ¿Y qué le hiciste?

Él se rió ahogadamente.

-Dime lo que quiero oír, maestra agua –la exhortó burlón.

Ella quería llorar y reír al mismo tiempo. Pero la mayor parte de ella, quería decirle que se callara y le pusiera el maldito collar de una buena vez. Katara se mordió el labio tembloroso y asintió.

-¡Sí! –escuchó cómo soltaba el aliento que había estado reteniendo, ¿Había estado nervioso? Empezó a llorar mientras él prendía el collar alrededor de su esbelto cuello.

Una parte de ella no podía creer que de verdad se casaba con él. el último mes o algo así, viviendo con él, todos la habían considerado la consorte del Señor del Fuego… prácticamente su esposa. Hasta ahora, había habido muy poca resitencia. Sin embargo, eso cambiaría después de esa noche. Katara respiró hondo para calmarse una vez más. Esa noche él lo anunciaría al mundo. Vomitaría por la creciente ansiedad de no haberlo hecho esa misma mañana…

Zuko dobló la esquina y vio a Katara de pie junto a las puertas cerradas, jugueteando con su collar una vez más. Una pequeña sonrisa pensativa iluminó su rostro. Dos días antes le había dado una propuesta “romántica”, había encontrado su collar junto a la cama cuando iba al baño. Cuando salió, Katara estaba tirando sabanas y almohadas buscándolo.

Había estado en su bolsillo. Pero no iba a dejar que se le escapara la oportunidad. Le había ofrecido a hacerle uno nuevo, solo para que le gritara que eese collar era irremplazable. Incluso cuando despotricó y dio vuelta su cuarto, su mente ya tenía la idea de hacerle la propuesta. Esa tarde, lo había llamado al sastre.

-Quiero seda roja. La mejor que puedas encontrar. Quitan el pendiente y colócalo en la seda roja –le había indicado con severidad-. Debe de quedar en su cuello como una gargantilla. Y si le dices a alguien de ésto, te haré callar.

Entonces cuando llovió la noche siguiente, a propósito comenzó a fastidiarla. ¿Qué mejor momento para pedírselo que la noche, en el medio de la lluvia? Se sonrió satisfecho para si. Fácilmente había logrado cabrearla. Katara era hermosa cuando se enojaba. Con la cara encedida, su cabello un desastre, gritando furiosa con una fogosa pasión ardiendo en sus ojos. Ella era Nación del Fuego, solo que no lo sabía. Luego salió furiosa hacia el jardín.

Mai había encendido las linternas de piedra justo antes de que Katara apareciera. No preció haberlo notado. Desde la ventana de su cuarto, Zuko le dio la señal a Jet y a Ty Lee, que estaban escondidos tras las rocas con dos patos-tortugas.

Cuando los soltaron, Zuko se escabulló fuera de los cuartos reales. Nunca había estado tan nervioso en toda su vida. Gran parte de él le decía que no había necesidad de preocuparse. Prácticamente ya le había dicho que “sí”. Sin embargo, su corazón todavía se azotaba en su pecho y sus manos todavía temblaban cuanod se paró tras ella y tendió el pendiente en su nuevo collar delante de ella.

Había estado sonriendo todo el rato, recordado la primera vez que la había capturado y atado a un árbol. Pensando en eso, parecía como un niñito burlándose de la chica que le gustaba. Cuando se inclinó y terminó la pregunta en un susurro, sintió que se estremecía contra él. Podía haber sonado divertido y calmado, pero tenía miedo de que le fallara la voz. Cuando no contestó inmediatamente, se preguntó si lo estaba considerando.

Cuando le dijo sí, de repente sintió que el mundo le pertenecía.

-Katara –llamó y la joven se volvió para mirarlo. Vestía ricas ropas rojas contorneadas con añil-. ¿Esperaste mucho?

-No –ella sacudió la cabeza cuando llegó a su lado. Él la tomó de la mano y se la llevó a los labios. Le besó calidamente el dorso de la mano antes de sujetar su brazo en el suyo-. Estoy nerviosa.

-Estarás bien… -le aseguró. Él se colocó en su lugar a su lado y les hizo una señal a los guardias. Las puertas se abrieron y al hacerlo, los gongs comenzaron a sonar-. Aquí vamos…

Katara apretó su mano con fuerza.

-No me dejes ir –susurró.

Le devolvió el apretón.

-Nunca lo haré.

-¡El Señor del Fuego Zuko! –anunció una voz por encima de la multitud callada en el patio-. ¡Y su prometida, la futura Señora del Fuego, Lady Katara de la Tribu Agua!


Zuko frunció el ceño. Echo un vistazo a la vuelta de la esquina por algún guardia o sirviente, o peor… su Tío. Era su cumpleaños ¿y qué estaba haciendo? Escabulléndose por el palacio porque Katara quería jugar a las escondidas. En realidad, se había escapado corriendo. Zuko bufó indignado escudriñando el pasillo y atravesandolo a toda carrera.

-No me dejes ir… -masculló-. Debi haberle dicho que no me dejara –tan pronto ella vio a su hermano y a sus amigos, quedó olvidado. Habían rodeado a Katara con cálidos abrazos y una interesante conversación. Y él se había visto obligado a platicar con los demás invitados. Lo había dejado estar, sabiendo que estaría a salvo de cualquier chisme áspero y palabras condescendientes de la aristocracia siempre y cuando estuviera con ellos.

Honestamente, era justo como en su cumpleaños dieciochoavo donde apenas la había visto. Para el momento en que regresó a dónde la había visto por última vez, se había ido. De hecho, la mesa estaba vacía. Excepto por el lemurcito. Zuko estaba a punto de dar media vuelta y seguir con su busqueda cuando Momo empezó a saltar de arriba abajo, tratando de llamar su atención.

Fulminó con la mirada a la criatura y Momo se tapó la cabeza, levantando vacilante un pedazo de pan. Todo pareció encajar. Sonrió de oreja a oreja, agarrando el pan, palmeando a Momo en la cabeza y prometiéndole las mejores manzanas de la Nación del Fuego, antes de mirar por encima del hombro y desaparecer dentro del palacio.

Marchaba por el pasillo hacia el sendero, con la intención de tomar la ruta normal hacia el jardían, cuando un fuerte estruendo sonó en la distancia. Frunció el entrecejo.

-Pensé que los fuegos artificiales no serían hasta más tarde… -musitó. Miró por el borde del sendero. Ahora estaba completamente seguro, el cielo oscuro explotaba de colores.

Zuko gruñó y meneó la cabeza. regresó a su destino original y fácilmente saltó la barandilla.

-Te tardaste mucho –le dijo, dandose la vuelta. Zuko puso los ojos en blanco-. ¿De veras tardaste tanto en darte cuenta donde iba a estar?

Una parte de él estaba insultado de que lo creyera lelo. La otra parte estaba molesto porque tenía la razón.

-¿Qué estás haciendo aquí afuera? –suspiró-. Eres la futura Señora del Fuego. Se supone que debes estar ahí afuera conmigo –prosiguió, haciendo señas vagas hacia el patio principal con sus manos.

-Lo sé, lo sé... –gimoteó Katara-. Pero no podía esperar más. Quería decirte algo.

-¿Ahora qué? –inquirió Zuko. Se cruzó de brazos sobre su ancho pecho y adoptó una postura autoritaria. Katara quedó en silencio por un momento, apreciandolo en todas la majestuosidad de Señor del Fuego. Se lamió los labios-. ¿Katara?

-¿Qué? –Levantó la cabeza y la sacudió-. Cierto… cierto… -sonrió alegremente-. Ven aquí –caminó hasta él y lo agarró de la mano, tirándolo.

Zuko suspiró cansinamente.

-Katara...

-Solo espera... –rió. Zuko le dio el gusto y la siguió sin preguntar nada. ella lo guió detrás de una de las rocas de decoración en el otro extremo del estanque y señaló hacia abajo-. ¡Ta-da!

Zuko siguió su mano. Dos patos-tortugas, los dos adultos originales que Katara había visto primero, estaban anidando en un comodo nido de ramillas, pasto y barro. Zuko entornó los ojos y vio las pequeñas conchas blancas debajo de la hembra.

-¿Patitos-tortuga?

-Ajá –Katara sonrió alegremente-. ¡En unos pocos meses, tendrán bebés!

Zuko sonrió. Se enderezó y envolvió a Katara en un acogedor abrazo. Envolvió su cintura con sus brazos y apoyó su cabeza contra la de ella.

-Es fantástico, Katara.

-Lo sé... –sonrió con suavidad. Sus manos cálidas se deslizaron sobre las de él y las bajaron, sobre su abdomen-. Y no son los únicos.

El cielo encima de ellos explotó con brillantes colores. Desde algún lugar dentro del palacio, llegaba música que envolvía a la asombrada multitud que contemplaba como el cielo se encendía. En el pequeño jardín, en el área cercada de los cuartos reales, Zuko cerró los ojos y suavemente giró a Katara para que lo mirara. Respiró hondo y reabrió sus ojos dorados.

-¿Esta mañana… cuando estabas en el baño…?

-No me cayó mal la comida –le aseguró.

-¿Estás segura? –preguntó quedito.

Katara sonrió ampliamente y asintió.

-Lo verifiqué con el doctor… hoy. Me lo confirmó.

La abrazó con más fuerza, atrayéndola hacia él, hundiendo su rostro en su cabello.

-Soy tan feliz… -susurró. Dulcemente la apartó un poco, acariciando su cara con una mano mientras que con la otra la mantenía cerca-. ¿Por qué me lo dices ahora? ¡Pudimos haberlo anunciado! –se dio cuenta.

Katara rió entre dientes y negó con la cabeza.

-Quería decírtelo aquí –replicó bajito. Zuko frunció el ceño, confundido y Katara levantando sus manos, tomando su rostro entre ellas-. En el jardín –aclaró.

-¿Por qué? –persisitó Zuko. Katara sonrió de oreja a oreja. El cielo iluminado con un brillo blanco azulado iluminaba también su rostro. De repente, entendió.

-Porque éste es el lugar –susurró Katara, acercando sus labios contra los de él-, donde encontramos paz.


Fin

N/A- bueno, finalmente se acabó. Ha sido un mes divertido escribiéndoles. Espero que hayan disfrutado la historia. Gracias a todos los que se quedaron hasta el final y me tuvieron paciencia. No puedo agradecerles por todo su apoyo. A las betas voluntarias, las acosaré. Además, decidí embarazar a Katara al final, porque en la mitad del capítulo, mi amigo me llamó y adivinen qué… :) Mucho amor, siempre. :heart:

Que decirles gente?. Naadaa. Perdón nomás, se me fue un poco la mano con el tiempo, pero es que no era mi culpa, era culpa del técnico que no conseguía repuesto. Aasí que en cuanto la tuve, me senté a corregir y acá estamos! :)

Los qiero. Muchas Gracias: Aiko1504, Tita, MaKAkiSs, GeminiIlión, azrael, xX-Fallen Angel Hikari-xX, xxmabelxx, Flor440, :), Melian, fechi, cass metallium, Mizuhi-Chan, Yami, kata, camila, CyllanSDT, kyaia, LucyChan-MKR, , anime fan, chipo sister, mari, Queen pain alone (o melisa), miriamkinomoto, Tsusikotenshi, CRIPTHOP3, Nadiakiara, maika, iris, Liz, ablun (tanto tiempo!), Tamybkn, miko, luchio, blackstarshine, ferna, y Luxaria. Gracias de corazón, me animaron, me dieron ganas de asesinar al pobre Germán (el técnico) y ... nada más. Estoy de vacaciones desde el lunes, jeje, pero la pc la tengo desde hoy miércoles. Y capaz, si la autora me deja me embarque en una nueva traducción de Zutara. :)

También la gente que agrego a favoritos se merece una mención, porque estoy seguro que lo leen, o lo leyeron, sino para que lo tienen en favoritos, ¿no? (Pongo la gente que no dejo rr, porque sino... se me cansan los dedos P): FabianTheManFlores, diaru, kakki-chan, kibun No Tenshi, maring, melikagome, oOAngelixOo y petalos-de-rosa. Gracias! Eowynd y Okashi Minako gracias por agregarla al alerta!

Gracias por sus consejos, por avisarme de los errores y por muchas cosas más. En serio. Nos veremos por ahí, ¿no?

(El lunes es mi cumple! Que tendra que ver?)

Adiós,

MTBlack.



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