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Angeline Anglyen
Author of 5 Stories

Rated: T - Spanish - General - Draco M. & Hermione G. - Reviews: 5 - Published: 02-09-08 - id:4062434

Para la Señorita Earwen que pidió algo "similar" a esto hace mucho tiempo -sé que puede no ser lo que esperaba, pero la intención es lo que vale!-... Y yo, siempre me retraso porque soy irresponsable... sigh.

Os recomiendo escuchar Disease de Matchbox20 -hehe- Y luego Feel de guiñe ojo. Además, pido disculpas por no titular este capítulo, pero es que se me ha secado el cerebro y no quería retrasarme más en subirlo -y además estoy atrasadísima ahora mismo-.

LEA ESTO: Si les ayuda un poco, algunos textos en cursiva son los "pensamientos"del lado VERDADERO de los personajes, mientras que los que van entre comillas son más bien una parte más o menos "trastocada" de ellos, la que "se deja llevar"... Pero ya comprenderán a qué me refiero cuando lean sonríe.

Y ya saben que HP NO me pertenece y que nada más tomo prestado el mundo y a Draco corazón


Hasta que dure la Amortentia

- Capítulo 1°.

Porque desde el minuto en que él quiso vengarse y ella aceptó el reto. Desde el minuto en que todo se convirtió en una locura. Desde el minuto en que un par de ojos acerados se encontraron con un par de color miel a mitad de la noche en la Sala Común de los prefectos de Hogwarts... Ambos, inconscientemente, comprendieron que nada volvería a ser como antes. Nada.

Como cuando hechas a correr una cinta de video hasta ese punto en que se raya con los cabezales del reproductor. Se traba, y cuando tratas de sacarla hasta por los medio más ortodoxos que se te pasan por la cabeza -jalando con un cuchillo, con una espátula o los palillos de tejer de tu mamá- te das cuenta que se ha estropeado, que está inutilizable. Te resignas y acabas por tirarla a la basura.

Y por mucho que Draco Malfoy hubiese querido lanzar todo al traste -cosa que por lo demás, era fácil considerando su posición frente al mundo-, jamás de los jamases Hermione Granger iba a ponérselo fácil, fuese consiente o inconsciente de ello. Y porque, a fin de cuentas, él tampoco quería dejarlo a la suerte... Como si creyera en tal cosa. Siempre había sido él quien jalaba los hilos de su vida -sólo, quizás, a excepción de los que manipulaba su padre-, pero pudo descubrir que un par de cosas ajenas a todo uso de la razón podían darle astillas y madera a los hilos, y una mano netamente ajena a la suya hacerlo danzar en un escenario digno a los ojos de un burdel.

Casi sin darse cuenta de lo que hacía, en completo desazón, entró a la Sala Común como alma que lleva el diablo. En vano trató de parecer casual, corriente y sensato, tomando asiento frente a ella en el sofá de un cuerpo, con una pierna que se movía frenéticamente por una batalla y euforia internas que se llevaban a cabo sin que ella pudiera advertirlo.

Ella leía con tranquilidad, sus piernas recogidas sobre el sofá más grande, junto a una radio -cacharro muggle prefería llamarlo él- sobre un pequeño taburete a su derecha, en que se oía, por lo que su limitado conocimiento de ritmos musicales le permitió deducir, rock. Y no sabía si no le había saludado porque no le había visto entrar al hallarse tan sumergida en el libro o porque estaba enfadada –vaya novedad– nuevamente con él.

Se encontró frente a esa mirada que imploraba una explicación, con ese aire musical colándose en cada rincón de la sala y colándosele por cada poro. Y hablando de explicaciones, francamente, él también quería una. ¿Qué estaba haciendo?... La verdad... ¿Que llevaba haciendo desde hace rato?

Hermione Granger... Sin duda alguna, a pesar que su día de invierno en víspera de Navidad había sido calmado, se llevaba suscitando anormal desde sus comienzos, saludando con sonrisa de oreja a oreja a su par de Premio Anual, el detestable Draco Malfoy, quien, precisamente acababa de quitarle su ejemplar de Pociones Avanzadas de las manos con una mirada que poco debía envidiar a un animal salvaje a punto de cazar a su presa.

Hermione... –llamó dulcemente.

Y ella, escudriñando en el acero de sus ojos, rogando por una respuesta, no pudo evitar más que prolongar su silencio cuando él, como la forma más común en que un Malfoy trata a un sangre sucia, se había inclinado doblando las rodillas, tan pendiente a sus movimientos...

Sus manos abiertas quedaron flotando en el aire a la espera de algo –el libro, pensó–... Y en respuesta se posaron las manos pálidas de él, suaves, temblorosas y ansiosas. Sí, muy ansiosas. Porque cuando ella, incrédula observó sobre las suyas las de él al tiempo que abría la boca para preguntar "¿qué demonios?", había sido jalada hacia adelante con tal fuerza que sus rostros se encontraron a sólo un palmo de distancia.

Levantó la vista otra vez.

El anunciador de pronto resonó con más fuerza en el viejo cacharro muggle;

–...Para quienes aún disfrutan de los clásicos...

Y la música comenzó con una guitarra eléctrica intensa.

"Feels like you made a mistake…"

Quizás el ritmo, quizás la euforia.

"…You made somebody's heart break..."

Pero lidiaba en su batalla interna…

"But now I have to let you go..."

Sonrió.

"...I have to let you go"

La conciencia de Hermione decía ordénale que te suelte. La conciencia de Draco, ordénale lo que quieras, porque es tuya.

La conciencia de Hermione se enfureció con su cuerpo, porque hacía caso omiso de sus palabras. La conciencia de Draco se sentía satisfecha con su cuerpo porque sabía que el trabajo lo haría bien.

Quiéreme –le ordenó por fin, con un tono grave, ronco, seductor, buscando en su rostro la aprobación a tal imperativo.

"...I have to let you go"

Dile que te suelte, se repetía la castaña. Dile ahora o si no mañana te irás a la ahorca, te harás el Avada, te lanzarás por la torre de Astronomía o irás corriendo a besar a Snape por su cumpleaños...

"No one’s tried

To ever let you down..."

¿Por qué le ordenas eso?¿Que te quiera¿No es un poco... romántico, por no decir patético¿No te parece mejor... "quítate la ropa", "entrégate a mi por completo" o "dame hasta lo que no tengas entre las sábanas tu cama"?

"I got a disease

Deep inside me

Makes me feel uneasy baby..."

Y contra todo pronóstico, hasta aquel de su ser, Hermione había sonreído.

¿Por qué rayos sonríes, mujer? Dale una bofetada y fin.

"Keep your distance from me…"

Pero ella seguía precisamente sin ser... ella.

–Por supuesto–le susurró como toda respuesta, sus ojos destellando por la felicidad.

"¿Por supuesto?"¿qué pretendes?

Quiéreme y ámame... –insistió la voz de Draco, girando casi imperceptiblemente su rostro sobre el eje de su cuello, transformando sus ojos en nada más que dos rendijas, presionando más con sus manos.

"Feels like you're making a mess…”

–Claro... –afirmó ella, sin poder creer lo que su boca respondía, sin dejar de sonreír, soñadora.

"You're hell on wheels in a black dress..."

–Lo harás hasta la locura... –susurró en su oído, equilibrando su peso en sus pies- Me querrás con locura...

"You drove me to the fire…”

Y la bendita batería marcaba un tiempo inexistente. Y el rasgueo de la guitarra le recordaba al roce de cuerpos con ropa de por medio.

–Hasta la locura... –repitió confirmándolo como un hecho, cerrando sus ojos, entregándose a los mandatos del más despreciable estudiante de su escuela, relajando los hombros, dejándose llevar.

Si, bien, no es que se hubiesen suscitado demasiadas riñas últimamente con el príncipe de Slytherin –a excepción de una que otra declaración de guerra que ella pasaba por alto, como nada más que un juego–. De hecho, hasta habían aprendido a convivir entre su odio. Tal vez un pacto mutuo, pero no era como para obedecerle cual criada a toda orden o mandato.

¡Déjalo ya, déjalo¡No puedes dejar que te engañe...!

"Beautiful girl,

I can’t breathe..."

Y en ese segundo en que volvió a encontrase con esos ojos grises abrazadores y magnetizantes, ese segundo en que ese par de labios finos, húmedos, rozaron los suyos, como preludio de un momento fuera de su control y alcance... El segundo en que la razón la abandonó por completo. Y efectivamente la palabra locura se había convertido en un hecho palpable. Porque el acto no podía describirse mejor que con ese sustantivo. Locura.

Él separó sus labios sólo para tomar una bocanada de aire previo a degustar con descaro de aquella carne tierna y suave.

"I think that I'm sick..."

Cuando sus bocas se encontraron, ella era sumisa, moviendo sus labios con una sutileza que a Draco no hizo más que excitarlo y provocar más desborde en frenéticos intentos por morder cada vez que podía.

"You taste like honey, honey

Tell me, can I be your honey?..."

Y a su vez, se obligaba a no lanzársele literalmente por el simple hecho de disfrutarla, era un placer indescriptible probar sus labios –prohibidos– bajo esas circunstancias tan tentadoras e insinuantes. Él hubiera deseado ser más insinuante, pero lo estaba gozando como un desquiciado.

Y eso que el juego sólo estaba comenzando.

Hermione ya no oía ninguna voz –en su cabeza–, y lo único que podía percibir a su alrededor eran la música de su radio y los gemidos de su acompañante, quien, hallándose incómodo en sus pies como único soporte y las piernas flexionadas, fue levantándose lentamente, apoyándose de los brazos de ella. Se separó para, después de hallarse de pie, tirar de los brazos de Hermione -esta vez hacia arriba- para dejarla junto a él y apegarla a su cuerpo con fuerza.

–Eresmía –demandó.

Ella volvió a sonreir.

"I can’t live without you…"

Y él volvió a besarla.

"Tell me what I am supposed to do about it..."

Posicionó sus manos en sus hombros, descendió por sus brazos y espalda, recorriendo con atropellamiento las curvas de su cintura y sus caderas. Grabando en su memoria el glorioso día en que lograría al fin poseer a la sabelotodo del colegio…

"I think that I’m sick,

But leave me be while my world is coming down on me…"

…A Hermione Granger, la marisabidilla, la mandona, la aburrida perfecta prefecta, la que se escandaliza hasta cuando le miran la falda al caminar por los pasillos y la que no se deja avasallar por absolutamente nadie.Irónico, porque en ese minuto ella le parecía fabulosa e indescriptiblemente irresistible; la mejor chica del mundo.

"I’m free of my disease…"

–Abrázame... –logró susurrar al separarse para tomar aire– Y... Bésame como... La vida se... Se te fuera... en ello.

"Yeah well free of my disease…"

Y sin si quiera un reproche, objeción o reprimenda ella aceptó, colando sus brazos sobre los hombros del platinado, aferrando sus manos como un gato a un árbol, apretando con cada dedo entre el cuello y su espalda.

"Free of my disease…"

Draco comenzó a ser consciente del rose de su cuerpo, del calor que despedía a través de la ropa y deseó en ese mismo instante quitársela, desgarrarla, quemarla, lo que fuera con tal que no estuviera ahí. La ropa de ambos, a decir verdad.

Cambiaban el ángulo de sus cabezas para acomodarse y reacomodarse, saboreando como quien está en la última cena. Porque él estaba hecho un lunático y ella no más que una... esclava. Lo que se resumía en un festín, no a partes iguales, claro... Y si hasta ahora un país no había sido gobernado por un tipo recién salido del manicomio, era por algo.

–…Y para dar paso a un poco de pop…

Pero a Draco se le olvidó hasta lo que era el sentido del oído, y el resto no eran más que garabatos sin pies ni cabeza retumbando en su mente.

"Come and hold my hand

I wanna contact the living…"

Las lenguas luchaban y el calor le había subido por sobre el cabello, y si la temperatura se había elevado tanto en tan poco tiempo, era evidente que de un tirón se deshiciera la corbata...

"I sit and talk to God

And he just laughs at my plans

My head speaks a language

I don’t understand…"

Evidente que se quitara los primeros botones de la camisa... Evidente que comenzara a jalar del cuerpo de Hermione por la espalda para guiarla a ciegas hacia las escaleras que daban a los cuartos...

"Cos I got too much life

Running through my veins…"

Evidente fue, que llegaron hasta el cuarto de él a tientas, casi sin darse cuenta de ello, con la música acompañándolos como un fantasma en la lucha de roces y bocas...

"Before I fall in love

I’m preparing to leave her…"

Si Hermione no comprendía cómo es que se dejaba llevar, comprendía que fuese como fuese, la sensación bajo su estomago le fascinaba, era algo nuevo que podía con más que la razón -que había decidido tomar sus maletas hace rato, la muy... Triste, porque siempre habían sido muy buenas amigas-, y que se basaba en nada más que los sentidos... Y el instinto.

Que Merlín se apiade de los reprimidos, pensó sonriéndose. Porque si esto no es estar tocando el cielo, que alguien me baje de la nube, por favor.

Y sin notar si quiera en qué minuto habían llegado ahí, él la recostaba sobre la cama sin despegar su boca, sin dejar de sostenerle la cara con las manos y revolverle el cabello con los dedos, rozar su cuello y presionar con fuerza en sus hombros.

–Me vuelves... Loco... –logró murmurar ahogado entre los besos– Demasiado...

Ella siguió en su tarea de hacerle perder la cabeza con las manos recorriéndole la espalda, y él sintió que en aquel momento, las vestimentas eran, efectivamente, algo fuera de lugar, algo inútil. Porque quería sentir esas manos bajo toda barrera, bajo toda prenda, dentro de él hasta quemar, arder, y morir entre ellas.

Sin más preámbulos se desabotonó la camisa hasta el límite en que rosaba sus pantalones y la abandonó por su mano derecha -quien sabe en que sitio de la habitación-, para después colar sus dedos por el abdomen de Hermione y hacer lo mismo, mientras ella, sin el menor pudor o sorpresa alzaba los brazos y se dejaba quitar el sweater marrón. Prenda de la cual el platinado si quiera había advertido color. Demasiadas veces soñándola entre tus manos como para preocuparte de eso¿eh?

Si para él desbordar de excitación era recorrerle con las manos el cuerpo, la visión que estaba teniendo de una sumisa y obediente Hermione Granger en paños menores estaba haciendo maravillas con su torrente sanguíneo. Tal vez demasiadas maravillas. Porque estaba obsesionado con ella era la razón del abandono de juicio, y el tiempo podía detenerse, apresurarse y a él todo le valdría un soberano pepino.

"I just wanna feel

Real love and the love that I live in…"

Mecánicamente ella se removió bajo su cuerpo, acomodando nuevamente sus brazos y presionando con las manos en su espalda, rozando con sus uñas en cada ademán. Y Draco estaba definitivamente loco. Loco cuando le quitó los jeans, loco cuando se deshizo de la protección de sus pechos, loco cuando besó sus hombros desnudos -y sabrosos-. Loco cuando algo en su cabeza comenzó a retumbar con fuerza.

¿Qué haces con una sangre sucia?

“¿Qué no es obvio¿No te suena a caso algo similar ‘amor’, ‘dos personas’, ‘cama’?”

Es una sangre sucia...

“Y al carajo. Y no te permitiré que vuelvas a llamarla así.”

Y... Por Merlín, eso no es amor... ¿Desde cuándo tienes conciencia de esa palabra?

“Desde que ella existe para mí.”

–Eres mía, y existes para mí–le susurró jadeando.

"There’s a hole in my soul

You can see it in my face…"

Ella se quedó quieta, escrutando en sus ojos con aquel miel que llenaba todo vacío. Y como buen suministro de aquí a la China, lo embriagó sacándole una sonrisa. Se sentía tan satisfecho y tan completo tenerla así.

Porque la obligaste.“Cómo te atreves...”

Le diste muy bien la poción¿cierto, mi querido Draco? “Sólo era para asegurarme...”

¿Asegurarte de qué¿Que te la ibas a poder tirar sin problemas, sin inconvenientes? “¡Asegurarme que también yo le importaría a ella!”

Hermione entrecerró sus ojos y pudo captar una chispa de duda titilante en los acerados de Draco.

–Existo para ti... Y soy tuya–dijo para disipar las dudas de sus pensamientos, acariciando su rostro con un mano, y con su aliento dulce jugueteando en sus narices.

Él sonrió, más que complacido, extasiado. Es que no podía ser más dulce.

Y no quedo ropa de por medio, ni barreras, ni nada que le impidiese hacerla completamente suya. Porque lo había anhelado desde el primer instante en que Hermione se había transformado en su obsesión, en su enfermedad, en un cáncer irremediable.

Besó la piel entre sus senos, bajo ellos... La línea que trazaba el camino hacia su ombligo. Estrujó entre sus dedos pálidos sus caderas; anchas, acentuadas junto a su cintura, donde plantó besos quedos, rozando con sus labios y el aire que despedía apenas, respirando agitadamente. Lo embargaba la sensación de hallarse en un paraíso sintiendo las manos pequeñas de Hermione desarreglándole los finos cabellos plateados, las exhalaciones de aire reprimido por la excitación al tiempo en que arqueaba el cuerpo y alzaba una rodilla –y sus pectorales la rozaban– provocando que las piernas suaves y níveas se curvaran más, y él pudiera cogerlas dibujando cada centímetro de piel cálida.

Y Hermione no protestó cuando la acomodó unos centímetros cogiendo sus muslos con él entremedio.

Estás como una cabra, idiota. ¡Es una sangre sucia!

“Ni aunque fuera el rebaño completo me importaría.”

Ella se mordió el labio inferior cuando él se introdujo en su cuerpo con un movimiento preciso pero lento, porque no quería hacerle daño, porque no quería quebrarla, porque era suya,su...

Hermione... –llamó junto a su oído en tono grave para darle a entender que le importaba, que se preocupaba por ella. Luego gimió en la misma escala, cerrando los ojos.

Ella le siguió dejando escapar el aire retenido, arqueando la espalda aún más.

Y comenzó a removerse a ritmo. Pausado, una y otra vez con arremetidas tan sutiles que a Hermione el dolor le abrió paso a una sensación de excitación que jamás en su estudiosa vida imaginó pudiera existir.

Y si hubiese sido consciente, se habría preguntado si ella misma existía dentro de esa escena tan irreal. Acto 3; Consumando Hechos Insensatos con un Sangre Limpia, podría llamarse. O Acto Cuasi Final: La Novecientos Noventa y Nueve de las Mil Formas de Caer Rendida Ante Draco Malfoy. Y en el peor de los casos, Sexo Prohibido; Mezclando Linajes de Agua y Aceite. Quizás habría concluido en que sus neuronas estaban funcionando al revés.

Te amo... –oyó de pronto entre las brumas de la locura y pasión de la que él le invitaba a ser partícipe.

Oh... "Obligaba" encaja mejor¿no Draco-sangre-limpia-heredero-de-Slytherin?

La razón era un mosquito molestoso. ¿Y cómo luchar contra dos razones? Una le decía "ámala" y la otra "mátala".

A ella, bajo otro telón, aquello le habría sonado cliché, empalagoso. ¿Te amo¿Que no se te ocurría nada más original en este momento?

Sus embestidas aumentaron de ritmo, y las manos estaban sudorosas, los cuerpos pegados, los besos posados como una maraña en cualquier sitio de piel a la vista –y eso era un vasto campo visual, oh sí–, los cabellos de ella una medusa, los de él en su máximo estado de sex-appeal -pura poesía sexual, Draco, si no fuera porque ella es... “¡Cállate!”-, los gemidos ahogados en un círculo vicioso -ella gemía, y al oírla, él despedía un gemido de excitación que ella agradecía por tan gratificante melodía con otro, y así...-, él un joven de diecisiete años que nadie podría dudar de veinticinco por el placer que ella, con su misma edad pero actitud de mujer, de forma tan prohibida se estaba permitiendo.

Ya llevaban en ese plan bastante rato, pero disfrutándolo tanto que a penas y podrían haber sido capaces de cuánto fue… Y estaban a punto.

Draco le mordisquea la barbilla de forma inconsciente y Hermione le busca la boca con desesperación.

Entonces ella se deja llevar por el placer último. Se siente en la cima de una colina altísima, y con un final arrebatamiento del rubio se libera, como en una montaña rusa que se lanza desde esa colina, estremeciéndose incontrolablemente. Su pecho se alza, su boca se abre y sus puños se aprietan en torno a la espalda de quien, en dos movimientos más –intensos y rápidos– experimenta lo mismo. Y gruñe, gime tan extasiado que su espalda se arquea levemente mientras no puede evitar mirar su rostro en busca de esos ojos miel. Ella está en el máximo éxtasis también. Y algo se vuelca entre su estómago y todo lo que sigue más abajo. El gemido se prolonga mientras posa las manos en la cama a cada lado del rostro ruborizado de Hermione con los ojos saliéndose de sus órbitas.

La adrenalina, la excitación y la sangre hirviendo de ambos van decayendo. Y Draco no puede evitar seguir dejando escapar el aire con leves bufidos y resoplidos, agitado como quien da una vuelta a trote al campo de Quidditch. Por alguna anómala razón no se puede permitir laxar el cuerpo sobre el que ahora contempla…

–¿¡Gran…ger!?

Ella lo mira entornando los ojos, su pecho subiendo y bajando a velocidad alarmante. ¿Cómo es que aún no se le salía el corazón?

–¿Qué dem…?

Ajá. Te lo dije, pero nunca me escuchas.

Una gota de sudor surca su frente.

Pero ni al caso, supongo que es demasiado tarde para que puedas hacer algo¿no? Aunque pensándolo bien, después de lo que ya hiciste, no queda nada más por concretar…

Se removió con brusquedad –cosa que le provocó exhalar un gemido ronco, otra vez–. Se levantó de golpe, observando la desnudez de la chica, observando la suya propia, la ropa desparramada…

Esto no pinta nada bueno¿verdad¿Me creerías si te digo que todo lo hiciste tú?

–¡Qué demonios me…¡Dime qué me hiciste!

Hermione se inclina y encoge levemente sobre la cama y continúa en silencio. Baja la mirada y sus cejas se dibujan en una expresión entre dolor y miedo.

–Granger… Dímelo ahora o créeme que no podrás hablar por el resto de tu miserable vida.

Cuando ella lo enfrenta con la miel cálida de sus ojos él retrocede un paso y cree que casi se entera de que es lo que sucedió. Casi.

–Dijiste que te quisiera –comenzó, mordiéndose el labio paulatinamente–, con locura.

Vale. Si la cosa pintaba mal, la respuesta y actitud profesada por la mismísimaperfecta prefecta no daban ni el más mínimo atisbo de esperanza. ¿En qué mierda se había metido? Y por qué Granger actuaba así.

Rápidamente se plantó los bóxers y los pantalones, sin dejar de mirarla con asco y pavor. Con ademanes a velocidad desesperada cogió el resto de la ropa. Ella seguía mirándolo como una niña sorprendida, acusadoramente. Cosa que no lo hacía sentirse mejor.

Además… ¿Por qué arrancaba de su propia habitación?

Como sea… ¿Qué demonios había hecho?

Sí. La cinta de video ya estaba rayada, arrugada, estropeada y pisoteada.


Harry se recuesta sobre su cama con dosel, satisfecho. Más bien salta. Los brazos extendidos, los ojos cerrados. Sonríe.

–¿Cómo crees que la estén pasando?–le pregunta Ron desde la cama contigua haciendo lo mismo, cruzando una pierna, llevándose las manos enlazadas tras la nuca contemplado el techo.

–De seguro ya debe estarle limpiando el cuarto…

Ambos ríen.

–O haciéndole los deberes.

Harry lo mira dramatizando terror.

–¡Por Merlín, Ron! Eso no se lo pediría a nadie ni aunque estuviera bajo uncruciatus o imperius

Ambos se miran y estallan en risas otra vez.

Harry alza un frasco vacío en su mano derecha mientras lo observa con detenimiento.

–Si no fuera por la clase del profesor Slughorn, no me entero de esa maravilla –comenta Ron girando su cabeza hacia su amigo.

–Hermione de seguro siempre lo supo, pero…

–Sí, sí. Ella no es de esa clase de persona –dice en tono burlón, rodando los ojos.– Pero un poco de diversión no le viene mal a nadie.

Se quedan en silencio un momento, para finalmente mirarse cómplices y volver a reír mientras se meten en sus respectivas camas, sonriendo con suficiencia.

–Mañana le preguntaremos –concluye Harry–, buenas noches.

–Buenas noches–contesta satisfecho su amigo.


Bajo la luz de su varita, el Profesor Snape desciende las escaleras de madera de la alacena de ingredientes y pociones de almacenamiento, sosteniendo en su mano un frasco del mismo tamaño. Y ya abajo la observa con aún más detenimiento, como buscando en ella un cómplice que le explique la razón de la escases de la poción. Cuando la voltea entre sus dedos relee “Sedo Sensus, Poción Pasivocontroladora”.

Ya era el colmo. Aún cuando enfundase la maldita poción de amortentia que tenía, con otros nombres en los frascos, acababan robándosela.

Alza una ceja dándole armonía a la expresión de asco y disgusto que se dibuja en su rostro.

–Demonios –murmura molesto.

Y cinco minutos después se halla en el despacho del profesor Slughorn.

–Otra vez… –informa cabreado, cruzando los brazos.

–Ni que lo digas…–comienza el otro profesor, presionando con el dedo pulgar e índice de su mano derecha en el puente de la nariz. –Noté que hasta un poco de Poción Pasivocontroladora me faltaba esta tarde en las estanterías de la mazmorra…

Pasivocontroladora¿eh? Habrá que tomar medidas más drásticas –sentencia, severo. –Aún cuando las escondamos algún patético desesperado va a encontrar la Amortentia. Aunque no sé para qué querrían Sedo Sensus, porque evidentemente estaban tras ella y se han equivocado…

Pero el profesor Slughorn pareció no darle demasiada importancia a lo último.

–Sólo son jóvenes, Severus. Jóvenes enamorados…

El silencio y mueca de disgusto que profesó el profesor Snape fueron suficientes para que el profesor Slughorn lo interpretara como que eso era la cosa más repulsiva del mundo. Y bien pudo comprender que prefería ver a los alumnos torturados que enamorándose con pociones, perdiendo el tiempo.

–Está bien, ya tomaremos otras medidas… Mañana a primera hora hablaré con Minerva.


Tadá! Ahí está el primero de dos capítulos de este fic que se me ha ocurrido mientras pensaba en lo mejor que me ha pasado en la vida; Draco sonríe.

Sí, el Sedo Sensus es una poción que me he inventado para la ocasión, en el próxima cap se entenderá mejor eso...

Ahora, si me disculpan me retiro, pero mi alma estará omnipresente sólo para presionarlas a que me opinen (ya sea en mi LJ o acá) que les ha parecido sonríe, maliciosamente...

Que Draco las acompañe! -y sólo en ropa interior, hehe-



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