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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » Vicios ¿malfóticos?

Dilharei
Author of 14 Stories

Rated: K+ - Spanish - Humor/General - Draco M. & Scorpius M. - Reviews: 123 - Updated: 03-25-09 - Published: 03-01-08 - id:4105371

Aquí estoy con otro reto sacado de una comunidad de LiveJournal, esta vez de la de 30vicios... Y esta vez tomando los personajes de Harry Potter, concretamente de la familia Malfoy. Cualquier Malfoy puede aparecer en este fanfiction, así que consideraos avisados... Lo que me recuerda que os debo avisar también de que contendrá spoilers del séptimo libro... Probablemente, muchos spoilers...

Otra cosita, cada viñeta se puede entender por separado, sin necesidad de haberse leído las demás, por lo que no tendrán un orden establecido. Es muy probable que en una viñeta se comente o se haga referencia a algo que pase en otra, o que pasará en otra (puede que, aunque lo mencione, no lo haya escrito aún... :P), pero, de todas formas, no será nada que no se pueda entender por sí sola... Así que en ese aspecto no hay problema...

Por último, si preferís leer la historia directamente de mi LJ, tenéis la dirección en mi perfil...

Ahh, sí, Harry Potter & Co. no me pertenece... Pero eso ya lo sabíais¿no? 8-)


24. Control.

Estaba siendo realista, de eso no le cabía la menor duda. Él siempre lo había sido: no pedía nunca cosas imposibles. No deseaba la paz mundial ni la erradicación del hambre en África. No le rogaba a Merlín que los Chudley Cannons ganaran la liga ni que el combinado inglés dejara de hacer el ridículo cada vez que salía al campo. Ni siquiera pedía que su único hijo sacara las notas más altas en Hogwarts, algo que, por otra parte, era perfectamente lógico. Sin embargo, él se conformaba con poco: le bastaba con que estuviera entre los tres mejores de su promoción. Sí, eso estaba bien.

Por eso no entendía que ese zoquete que, se suponía, llevaba su misma sangre, hubiera ignorado tan deliberadamente sus consejos en algo que él encontraba tan básico. Vale que fueran amigos -mejor habría estado si sólo fueran conocidos, pero él era una persona tolerante, de eso no cabía la menor duda, por lo que no había puesto inconveniente a aquella relación-; ahora bien, esto ya pasaba de castaño oscuro...

¡¿En qué jodido momento había perdido el control de la situación?! Se lo había repetido al menos diez veces aquél verano, entre tanta visita a casa de los Weasley -le dolía de sólo pensarlo, Merlín sabía que sí- y tanta mierda. Le había preguntado qué pasaba y él sólo le había respondido que nada, mientras se colocaba de nuevo esos jodidos chismes blancos -por los que se suponía que se escuchaba música- en las orejas. Sí, esos que una vez, intentando descubrir su secreto, le habían dejado prácticamente sordo.

¡Si hasta en eso había flaqueado! Si su padre hubiera estado presente el día en el que el maldito crío llegó a casa con esa basura en las orejas, diciendo que era un aipos, o aquél otro en que se emperró en instalar la luz -¿la luz¡Ellos ya tenían luz!-, el felétono y el intersné, los habría degollado a ambos. Al primero por sólo saber qué era un aipod o por usar el metro, y al otro por permitirlo. Si es que de sólo recordar la cara de incredulidad de los operarios de la compañía de luz y de pelétono al responderles que sí, que efectivamente llevaba toda su vida en una casa que no tenía instalación de luz o seléfono, se le caía la cara de vergüenza. Sólo le quedaba el consuelo de pensar que les había borrado la memoria al marcharse...

Pero, maldita sea, su tolerancia también tenía límites, se repetía por quincuagésima vez, mientras volvía a pasar la vista por el pergamino que le había llegado de Hogwarts. “Algo más que besándose” -según palabras textuales de la ya anciana milenaria y escandalizada McGonnagall-, así habían encontrado a Scorpius Hyperion Malfoy y a Rose Weasley a las tres y media de la madrugada en el aula de Historia de la Magia.

El aula de Historia de la Magia... Se le erizaba el vello de sólo pensar en la cantidad de veces que él mismo había estado en ese lugar por un motivo semejante...

¡NO¡No quería pensar más, por los calzoncillos de Merlín! No podía ser cierto: él no había hecho nada realmente tan malo en su vida para merecer ser consuegro de Ronald Weasley. Definitivamente no.



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