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Cap.8
Ritsuka se encontraba en la sala de partos. Todo había sido llevado a cabo a toda prisa. El médico se sorprendió. Esos pequeños tenían muchas ganas de nacer. Las contracciones de Ritsuka eran cada vez más dolorosas.
Soubi esperaba fuera comido por los nervios.
Nunca ningún hombre había dado a luz de forma natural. La mayoría recurría a una cesárea.
Las enfermeras y los médicos ayudaban a Ritsuka en su difícil labor.
La dilatación era casi completa. Donde antes no había nada apareció al romper aguas un extraño agujero muy parecido a un cuello de útero que ya estaba dilatado.
Los dolores aumentaron y los gritos de Ritsuka se oían por todas partes.
-Empuje…-pedía el médico.
-Aaaaa!-gritaba Ritsuka. El parto era increíblemente doloroso.
-Más fuerte…-pidió otra vez el médico mientras las enfermeras preparaban todo lo necesario para ayudar a los bebés.
Tras varios gritos y dolores Ritsuka calló agotado mientras los médicos limpiaban y ayudaban a los bebés.
Una enfermera avisó a Soubi.
-Agatsuma Soubi.-El rubio alzó la mirada para encontrarse con la enfermera.- ¡Enhorabuena! Es un afortunado padre de unos niños muy sanos, fuertes y hermosos.
Soubi dejó escapar lágrimas de la emoción. La enfermera lo miró con amabilidad.
El médico se aproximó.
-Tiene unos hijos muy sanos, pero Ritsuka…-Soubi palideció al reconocer el tono del médico.-Está muy cansado. Ha sido agotador. Se desmayó poco después de dar a luz a los pequeños. Por lo demás todo bien. Sin duda es sorprendente. Nadie diría que tienen 8 meses. Parecen de de sus hijos. Han nacido muy fuertes. Demasiado para haber sido prematuros aunque no haya sido por demasiado tiempo.
-Puedo verlos. A mis pequeños y a mi prometido.
-Claro. Primero vea a Ritsuka. Si ha despertado se alegrará de verle.
Soubi se dirigió a la habitación en la que estaba Ritsuka. Estaba en la cama sonrojado y con la respiración algo agitada aunque más calmada que hacía unos minutos y despierto. No hacía mucho que había despertado.
Soubi se aproximó y besó sus labios sobretodo con mucho amor. Ritsuka le dedicó una sonrisa cariñosa pero también algo temerosa.
-¿Ha pasado algo? ¿De qué tienes miedo?
Ritsuka dejó escapar una solitaria lágrima producto de su miedo. Soubi no sabía el por qué de tan extraño comportamiento pero no tardó en descubrirlo.
-Soubi…Por favor…Cuida de los niños… Hazlo por mí…
-¿Por qué dices eso? Los cuidaremos juntos; tal y como tiene que ser…
Ritsuka volvió el rostro y cerró los ojos en busca de algo de tranquilidad. Lo que debía hacer no podía explicarlo, es más, en caso de poder explicarlo no debía hacerlo.
Soubi solo lo miraba con profunda preocupación. Las luces del hospital se apagaron de golpe, sin ninguna explicación.
Ritsuka abrió los ojos de golpe y llamó a Soubi.
aquí. No te preocupes. Solo es un apagón.-dijo Soubi sabiendo que era algo más que eso. Tanto tiempo luchando le había enseñado que un apagón, en según que situaciones, como esta, podía ser peligroso.
-Escúchame bien. Recuerda que nunca te haré nada malo… No olvides que te amo y sobretodo dile a los niños lo mucho que los quería… Solo te pido que el niño se llame como tú. Me he dado cuenta de que es tu vivo reflejo aunque mucho más joven... También debes recordar estas palabras… “Nada es lo que parece” Lo entenderás pronto…Adiós…-Dijo Ritsuka con voz débil pero segura y con tristeza que no pasó desapercibida para Soubi.
Soubi se quedó estático tras lo dicho.
-No entiendo lo que ocurre… ¿Por qué…?-Las luces volvieron y Soubi palideció al ver lo que se le presentaba. Ritsuka estaba con los ojos muy abiertos, mirando a la nada. Su negro pelo manchado de sangre y su piel sin brillo.
Un médico entró corriendo.
-¿Todo está bien, señor?
-Mire usted mismo y compruébelo.
El médico se aproximó a la cama y su cara se ensombreció, pero no de pena…Casi pareciera que disfrutara.
-Lo lamento mucho… ¿Eran parientes?-preguntó el médico.
-No.
-¿Amigos tal vez?
-¿A qué tantas preguntas? ¡Lárguese de aquí!-gritó Soubi perdiendo el control de la situación. Ese hombre le era conocido y el instinto le gritaba que desconfiara en delante de todo el mundo.
-Disculpe si le he molestado en algún momento…
Sin decir palabra se fue a buscar a sus hijos para llevárselos de ahí. Cumpliría los deseos de Ritsuka como novio y como combatiente. Protegería a sus hijos y buscaría al culpable de aquello. Sabía que no había sido una muerte natural. No era posible que de un momento a otro estuviera muerto como si llevara días en ese estado… Era ilógico. Lo primero que se le pasó por la cabeza fue que todo era idea de Kio. Él amenazó con apartarlo de lo que más amaba.
Al mismo tiempo en la habitación del hospital, aquel extraño médico tomaba a Ritsuka en brazos y se lo llevaba dejando en la cama una copia genética de Ritsuka para que el engaño surtiera efecto.
Ritsuka se removía débilmente en los brazos de aquel extraño.
-Estate quieto. Tu fortaleza me sorprende. Tuviste fuerzas para ayudarlo a localizarme y despedirte. Ahora logras moverte y solo hace diez minutos que surtió efecto el gas. Posiblemente si no fuera por el cansancio del parto de mis sobrinitos me matarías ¿no?
-Yo…nun...nunca…dejaré de...de luchar…por mis hijos…y por él…-logró articular Ritsuka.
-Serás mío y me amarás como lo amaste o mataré a tu querido Soubi y a esos engendros que llamas hijos. –Dijo riéndose de su victoria. Luego desapareció en humo pero no llegó a pensar que alguien tras la puerta los había oído.