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Disclaimer: Nada de esto es mío...¿ O acaso me ves nadando en dinero?
Introducción
-Si tan idiota soy¿por qué tengo tanto éxito?- alegó el moreno, revolviéndose su despeinada melena.
-Hay tres respuestas para esa pregunta¿cuál quieres oír¿ la enigmática, la desagradable o la indiferente?
-No sé…¿La enigmática?
-Albert Camus dijo que “ el éxito es fácil de conseguir, lo difícil es …
-Merecerlo”, lo he oído, gracias.
Antes de que el chico pudiera añadir nada más la chica ya había recogido todas sus cosas y abandonado la mesa. El chico resopló, agotado, las discusiones con la prefecta le dejaban sin fuerzas, no sabía que hacer para que ésta dejara de odiarlo de una vez por todas.
Lily Evans era físicamente esbelta, guapa, tenía el pelo rojo intenso y los ojos verdes ambarinos que, aunque nadie supiera porque, nunca habían conquistado la mirada de nadie. Era estudiosa, inteligente, graciosa a su manera y misteriosa, maliciosa. Sin embargo, a pesar de estas cualidades, físicas e interiores, no conseguía encontrar a nadie a quien ella cayera bien. Era prácticamente imposible que alguien , cuando preguntaras por ella, te dijera “ Ah, sí…Es muy simpática, siempre me presta los apuntes de historia”.No, era mucho más probable que te dijera, con voz desdeñosa: Ah, sí…Hablas de esa pelirroja estúpida que siempre toma apuntes en Historia de La Magia ( y que murmurara furiosamente: la muy cerda no me los quiso prestar…¡Menuda amargada!).
Digamos, que no era muy querida por sus compañeros de Hogwarts: Los Slytherin, la llamaban sangre sucia, lógicamente a causa de sus orígenes, Los Gryffindors, su casa, la llamaban la ratona de biblioteca, Los Hufflepuff la llamaban la friki estudiosa…Incluso los Ravenclaws, la casa de los inteligentes y abiertos de mente, la llamaban “La Sabelotodo”.
Lily había leído de todo en literatura muggle, desde Homero hasta Maquiavelo, y en la mágica estaba en camino. Cada tarde, después de clases, se dirigía prestamente a la biblioteca de Hogwarts. Allí hacía sus deberes y leía hasta la hora del cierre. Lily era de esas personas que, cuando les mandan un trabajo para la próxima semana, terminaban de hacerlo en la noche, y hacían copias, por si acaso.
Por poco si olvido mencionar que había un solo alumno que la dirigía la palabra en todo Hogwarts, James Potter. Éste era el chico más popular de Hogwarts, el guaperas, el carismático, el gamberrete sexy, el bala perdida a quién todo el mundo tenía cariño.
La razón por la cual el chico la hablaba era secreto de estado, aunque todos los rumores aseguraban que estaba coladito por ella. Ella hacía caso omiso a sus peticiones amorosas, a sus motes cariñosos, a todo él en general. Ésta es una de las pocas ocasiones en las que había tenido una conversación relativamente racional con la pelirroja. Estaba un poco harto de la reacción que tenía cuando él la hablaba o la tocaba. Esa miraba de asco, ese repelús…Todo eso sin ningún motivo.
Eran las siete de la noche, y si bien era raro encontrar a Lily en el Salón, puesto que no era lo que se dice su sitio favorito (imagínate, todas las casas reunidas y contra ti), esta noche había decidido que podría aguantarlo y había bajado a cenar, teniendo la inusual suerte de que James el idiota Potter se sentara en frente suya. “¿Qué quieres?” le había dicho nada más sentarse, obteniendo como respuesta una sonrisa especialmente cariñosa.
Por alguna razón, hoy necesitaba hablar con alguien, y había concluido que su única opción sería Potter el cabeza hinchada. Hablaron de todo un poco, y sin comerlo ni beberlo llegaron al polémico tema de la popularidad. Lily defendía acaloradamente su postura en contra de la importancia de sentirse admirado por toda la escuela de una manera, digamos poco educada ( ¡Dios! Eres idiota, no se te puede hacer entender nada…).
Lunes, Diez de la mañana, profesor Binns al habla… Se oían los ronquidos de los Gryffindor y el frotar de una pluma contra el pergamino. La pelirroja parecía obsesionada por anotar cada palabra del aburrido fantasma y escribía con rapidez la lección número 18 del libro de HDLM: los centauros en los tiempos.
De repente, una bolita de papel le alcanzó en la cabeza. Ella, suponiendo que serían otra vez los estúpidos de Slytherin, hizo caso omiso y continuó escribiendo, pese a que el profesor ya había dejado de hablar.
-Lilyeta- escuchó distraída.
-Lilyeta- se repitió la llamada.
-Tocinito de cielo- se oyó, causando la hilaridad de los alumnos que todavía estaban despiertos.
-¿Qué,qué,qué?- dijo Lily, dándose la vuelta para mirar al adonis Potter.
Este sonreía pícaramente, e hizo signo de que quería hablar con ella después. Ella le miró de forma que sus ojos dieron a entender “¿Para eso me llamas, estúpido?”.