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º Recomendación Musical: Head Automatica - Beating Heart Baby
Dedicado a Lop-chan, Suzuna y a Siara. Por ser mis lectoras más fervientes que solo quieren que vaya a las quedadas de Barcelona para que les explique cómo continua el fic xD
Pero especialmente para Suzuna porque este domingo día veinte, cumple dieciséis años. ¡¡Felicidades mon amour!!
Capítulo Cuarto: Verano
El sexto curso avanzó rápido y cuando quisieron darse cuenta ya estaban en las puertas del verano y con eso, les tocaba despedirse de sus amigos.
Ethan se iba de viaje por Europa, Leena se quedaba en casa ayudando a sus padres con su tienda de ropa, Dave se iría a un campus de Quiddich, Zack al igual que Leena se quedaría en casa a ayudar con la tienda de su familia – una librería - y Emmeral se quedaría a casa de James todo el mes de agosto.
Para ella los dos meses después de acabar las clases se le hicieron interminablemente largos. Sin amigos, solo con las lechuzas que estos le enviaban. Pero por fin llegó el caluroso mes de agosto.
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Le conocía desde que eran solo unos bebés. Más que un amigo, era como un hermano. Aunque desde el verano pasado cuando le vio besarse con otra chica algo cambió en ella. Un extraño sentimiento le recorría el cuerpo siempre que pensaba en ello. Uno que le nacía de las entrañas, quemándola, subiendo hasta su corazón y oprimiéndolo.
Se sentía alegre al verle sonreír, se entristecía si él lo estaba. Si no lo veía tenía ganas de llorar, si estaba con otra su mundo se derruía. Su vida giraba en torno a él. Entorno a James Sirius Potter.
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A finales del mes de julio, Emmeral y sus padres, Draco y Hermione Malfoy, se trasladaron a casa los Potter.
Se podía decir que no les faltaba de nada. Una inmensa casa en medio del bosque, rodeada por naturaleza en estado puro. Un camino sinuoso llevaba hasta la puerta y un pequeño lago a sus pies. Parecía un pequeño Hogwars para una familia de cuatro y sus eventuales invitados.
Harry les recibió alegre y les condujo hacia el comedor. Allí se encontraron con Ron y Luna, con sus hijos Kathe y Mark; George y su mujer con sus dos hijas, Jud y Gina – las vivas imágenes de los mellizos -; Ted y Victoria; Ginny y sus tres hijos, James, Albus y Lily. Todos ellos les dieron una calurosa bienvenida. Por suerte, las desavenencias entre el Malfoy y sus dos eternos enemigos habían desaparecido.
Sin perder tiempo, los hijos de los anfitriones mostraron las habitaciones a los invitados, dejado los padres en la primera planta, y los hijos en la segunda.
- Y esta de aquí, - dijo James al final del itinerario.- es la tuya Emm.
- Gracias. – susurró ella entrado cuando el chico le abrió la puerta. Sus azulados ojos recorrieron la estancia. No era muy ostentosa, pero tampoco era un cuchitril. Las paredes estaban pintadas de un blanco cremoso adornadas con algunos cuadros. A su izquierda se encontraba una cama con un delicado dosel traslúcido junto un armario de madera que ocupaba toda la pared. Al lado opuesto se encontraba un gran ventanal con vistas al patio, un escritorio de teca y un pequeño tocador. – Es muy bonita James…
- Me alegro que te guste… - murmuró él, nervioso, mientras recorría la estancia con los ojos, intentando encontrar algo invisible. – Esto… Yo… Oye Emmeral…
- ¿Sí? – dijo girándose, sonriendo angelicalmente.
- Que yo… Bueno… Que me g--
- ¡¡CHICOS!! – gritó Ginny desde la planta baja, cortando a su primogénito. - ¡¡VENID UN MOMENTO!! – James cerró la boca de golpe con los ojos abiertos, totalmente sorprendido, mientras maldecía una y otra vez los gritos de su madre, haciendo que Emmeral riera débilmente por lo sucedido.
Una vez todos estuvieron en la planta baja, - y mientras James murmuraba toda una gran sarta de improperios - la señora Potter empezó a dar tareas a todos los presentes. Nadie se escaquearía. Mientras unos montaban y ponían la mesa otros ayudarían a la señora Potter con la cena.
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La cena fue agradable, bajo la luz de la luna y rodeados por diminutas luciérnagas. El viento ondeando fresco y tranquilo entre las tupidas hojas de los árboles más cercanos, mientras las voces de los comensales bañaban el aire, llenas de júbilo y diversión.
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- Oye Emmeral…
- ¿Sí? – preguntó dejando de escribir.
- Qué me gustaría preguntarte una cosa… - dijo nervioso.
- Claro, dispara. – le alentó ella, mirándole.
- ¿Te gustaría sa--
- ¡¡JAMES!! – rugió Ginny. - ¡¡VEN AQUÍ AHORA MISMO!!
- Joder… - murmuró en voz baja. - ¡YA VOY MAMÁ! – le respondió a gritos mientras abandonaba la habitación de la chica a paso rabioso.
Emmeral zarandeó la cabeza, divertida, y se concentró en acabar de escribir su carta para Leena.
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Querida Leena,
¿Cómo te va todo? ¿Sabes algo de Dave o Ethan? No me han enviado ni una triste lechuza aún… Solo recibo las tuyas y las de Zack…
Aquí las cosas siguen como siempre, animadas. Deberías poder venir, ¡Es genial!
¡Otra vez!
Ya te comenté otras veces que James siempre quiere preguntarme algo pero su madre le interrumpe, ¿no? Pues ha vuelto a pasar. ¡Ya va la séptima vez desde que llegué! ¡Y hace solo dos semanas! Pfffff… Lo malo es que nunca termina la frase…
¿Pasó algo nuevo por la tienda? ¿Sigue viniendo ese chico tan guapo que me comentaste?
¡Lo siento, me llaman a cenar! ¡Espero leerte pronto Leena!
Un abrazo,
Emmeral Malfoy
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Leena esbozó una sonrisa pícara al leer la carta escrupulosamente escrita con tinta negra y una tipografía magistral.
- Como se nota que es una Malfoy… - rió en un bufido mientras cogía un pergamino y una pluma, y empezaba a garabatear sobre él.
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Esa mañana la despertó un picoteo en el cristal de su ventana. Era la lechuza parda de Leena. Emmeral se levantó de un salto y fue corriendo a recibir el ave. Desató rápidamente el papel de su patita y la recompensó con un trozo de carne seca y humeada. La lechuza soltando un chillido feliz levantó el vuelo y se fue por donde había llegado.
Sin pensarlo dos veces abrió el pergamino y leyó la indescifrable letra de diferentes colores que solo sabía hacer Leena.
¡Hola Emm!
¡Yo estoy genial! Ya lo sabes.
Veo que te lo pasas en grande… ¡Capulla! ¡Y yo aquí rompiéndome la espalda trabajando como una imbécil! … Aunque ver a ese chico tan guapo que trabaja en la tienda de enfrente me recompensa Ju ju ju ju
¡OH! ¡Cuánto AMOR! ¡Seguro que quiere pedirte para salir Emm! 3 3 3 (¡Ya sería hora!) ¡Seguro que le gustas! 3 3 3 ¡¡Seríais la pareja perfecta!! ¡Estupenda!
¡Piénsalo!
¡Me vuelvo a trabajar! ¡Besitos dulces!
Leena
Emmeral soltó una carcajada.
- Esta Leena… - pensó. – Nunca cambiará... – aunque algo se había clavado en su mente, y no era el rosa chillón que había utilizando su amiga, sino el significado de ciertas palabras. – Pedirte para salir… Le gustas… - murmuró pasa si misma en voz baja, repasando con los dedos el trozo de pergamino donde estaban escritas.
Poco después tomó una ducha, se visitó, desayuno con los demás – no sin mirar de soslayo a James –. Pasó la mañana ayudando a Ginny con diferentes tareas y después de comer hizo algo de deberes y respondió a su amiga, que no tardó en responderle con una carta esa misma noche. Era una carta de una simple frase.
“Te gusta (Admítelo)”
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A finales de la tercera semana, cuando agosto ya estaba tocando su fin, Emmeral, James, Tedd y Victoria fueron al Londres Muggle a comprar por orden de Ginny Potter. Decidieron no aparecerse en medio de la calle – terminalmente prohibido por su anfitriona -, así que optaron por coger el metro, con la mala suerte que lo encontraron justo en hora punta.
La muchedumbre trajeada se les echaba encima, quitándoles el poco espacio vital que se podía tener en ese pequeño cubículo. Por suerte, encontraron un pequeño lugar entre las puertas de salida, algo más apartado del gentío sudoroso.
Con tanto ajetreo de subida, bajada y empujones, James y Emmeral perdieron de vista a sus acompañantes. Él, histérico, sugería irlos a buscar por el vagón – algo totalmente temerario, teniendo en cuenta la cantidad de gente que había y que casi no podían moverse de su privilegiado sitio – pero Emmeral le contradijo.
- Ted y Victoria ya son mayores para cuidarse por sí solos. Además – añadió– piensa que tenemos un buen sitio aquí, cerca de las puertas, y ellos ya saben en qué parada deben bajarse. No tienen trece años.
- Ya, pero y si… - replicó él.
- James… - murmuró la Malfoy cortándole con voz severa pero a la vez dulce. – Se merecen tener algunos momentos de pareja. Desde que estamos todos en vuestra casa casi no han disfrutado de tiempo para estar a solas, compréndelo.
Ante ese comentario, James calló clavando su oscura mirada en los ojos azulados de ella, haciendo que cientos de descargas eléctricas surcaran la espalda de la chica, poniéndole la piel de gallina.
La mano del chico cogió la suya con un movimiento ágil y delicado, tratándola como si fuese la más frágil porcelana. Lentamente fue acercando su cara a la de ella. Emmeral cada vez estaba más sorprendida y el rubor subió a sus mejillas al recordar las cartas que le había enviado Leena.
“Le gustas”
Esas dos palabras se cruzaron en su mente en un momento fugaz al verle cernirse sobre ella.
Sentía su pecho subir y bajar, la sangre bombearle dolorosamente en las sienes, espesa y caliente. El aire se le hacía cargado y denso, la proximidad de James la abrumaba. Notaba todos sus sentidos embriagados por el aroma de él, una suave fragancia a lavanda.
Una voz femenina y monótona empezó a avisar la próxima parada mientras la distancia entre ellos dos se iba reduciendo considerablemente. La velocidad del metro iba aumentando por momentos, hasta que llegaron a la última curva antes de la parada a la que debían bajar. Un frenazo les tomó por sorpresa, haciendo que su proximidad se precipitase a una rapidez vertiginosa. Un frenazo inesperado hizo que James se cerniera encima de ella aún con más avidez e urgencia. Emmeral notaba el dulce aliento del chico golpearle cerca de los labios, haciendo que su corazón se desbocase.
La cara de James ya estaba a escasos centímetros de la de Emmeral cuando la frente de él chocó contra la barra metálica de detrás de ella.
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- ¡Oh Dios! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! ¡Qué ostión te has dado! ¡Ja, ja, ja, ja!
- Para de reírte, ¿no? – dijo él entre molesto y divertido.
- Es que… ¡Ja, ja, ja, ja! ¡Es que ha sido tan bueno! ¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!
Emmeral no se tenía en pie, y su estómago le dolía de tanto reír. Cuando salieron de los laberínticos pasadizos del metro, se dirigieron a la calle comercial. Ginny no había escatimado en tinta y papel a la hora de preparar la lista de la compra, así que decidieron sacarse esa pesada faena de encima lo más rápido posible.
Rápidamente compraron toda la comida que la madre de el chico les había encargado, y la enviaron por magia a la casa de él. Era una cantidad ingente de alimentos, algo incapaz de ser llevado por esas dos personas solas.
Cuando caminaban por las anchas calles de Londres, hablando alegremente sobre cualquier tontería, un skater con su patín se deslizó ágilmente entre la travesía atestada de gente, casi sin fijarse con quien tenía delante. Pasó velozmente por el lado de Emmeral, justo rozando el paso entre el asfalto y la calle.
- ¡Oye! – gritó ella con el ceño fruncido al notar el empujón del chico, mientras James la cogía para que no cayese sobre el cemento de la calle. - ¡Podrías vigiar!
El chico pasó de largo, al parecer sin oír el chillido ofendido de la chica que, al ver que se iba sin disculparse, soltó un bufido molesto. No tardó mucho en percatarse de que James la tenía cogida de forma protectora y se volteó para mirarle.
Una vez más sus ojos se encontraron a una cercanía abrumadora, que cortaba el aire.
Emmeral sentía sus piernas desfallecer, que toda ella era como mantequilla que se fundía en los brazos de James. El estómago le empezó a quemar. Cientos de descargas subían desde sus entrañas hasta su corazón, oprimiéndolo de una forma dolorosa pero a la vez agradable. Sin saber porqué entrecerró los ojos y empezó a respirar agitadamente. Sus sentidos de nuevo se embriagaban de la esencia de James, algo que la confundía nublando su mente.
James cortó ese contacto de inmediato, mientras un leve y casi imperceptible rubor subía por sus mejillas.
- A… Ándate con cuidado Emm… - balbuceó mientras le daba la espalda y seguía caminando sin soltar una de las manos de la chica. Emmeral quedó helada antela reacción de James, pero con mohín divertido le siguió mientras sus manos aún seguía entrelazadas.
De vuelta al metro, pasaron delante de una tienta pirotécnica y Emmeral insistió en comprar unos cuantos fuegos artificiales para el último día que pasarían todos en casa de los Potter. James no se negó, es más, pensó que era una idea estupenda. Estaba seguro de que a sus invitados les gustaría el detalle.
De nuevo en el interior de los caóticos túneles del metro, justo después de pasar el billete para acceder a las plataformas, James se acordó de la pareja perdida - se habían olvidado de Tedd y Victoria –, a lo que Emmeral le respondió con un bufido cansado mientras hacía rotar sus ojos.
Cuando llegaron a la grandiosa casa de los Potter, encontraron a Tedd y Victoria sentados en la hierba cerca del pequeño lago. James no se contuvo y les pegó la regañina del siglo, mientras Emmeral se escabullía hacia su habitación para enviarle una carta a Leena.
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Los ojos se le iluminaron al leer la vaga contestación de su amiga.
Un simple “tienes razón” perfectamente escrito en tinta negra, surcaba el pergamino que tenía en sus manos. Una sonrisa se dibujó en su rostro y un grito de júbilo retumbó por la habitación.
- ¡¡Toma ya!! ¡¡Lo sabía!!
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Si no estaba equivocada, acababa de sentir la mano de James rozando su rodilla bajo la mesa, hecho que le hizo sonrojar levemente, sin olvidarse de un pequeño tartamudeo que su padre – con quien estaba hablando durante la cena – no pareció percatarse. Sus ojos se giraron lentamente hacia donde estaba James, intentando averiguar que estaba pensando, pero observándolo de soslayo, no tenía muchas posibilidades.
Ciertamente esa era la última noche que pasaban en casa de los Potter, y esas últimas horas James había estado más extraño de lo habitual. Sin ir más lejos, esa mañana cuando ella salía del baño aún con el pelo húmedo por la ducha, James la había arrinconado en una esquina pero cuando iba a hablar, su padre lo llamó desde la cocina. Algo parecido ocurrió antes de comer, a media tarde y de nuevo, estaba ocurriendo en esos momentos.
Emmeral cogió el tenedor con fuerza, fijando su mirada en su padre intentando prestar atención a lo que le estaba contando, aunque las palabras solo fuesen vagos murmullos en sus oídos. Su mente formulaba tres mil y una teorías sobre lo que le podría estar cruzando por la mente a James, pero nunca sabría la correcta.
La cena pasó tranquilamente, entre risas y botellas de vino, y cuando quisieron darse cuenta ya estaban lanzando los fuegos artificiales cerca la orilla del pequeño estanque.
Emmeral estaba sentada algo lejos del lago y los pirotécnicos, abrazando sus rodillas contra su pecho mirando embelesada los colores de los fuegos. Sin percatarse de ello, James se le acercó por detrás y se sentó a su lado para admirar junto a ella el espectáculo.
- Es precioso… - susurró ella.
- Si. – contestó él mirándola. – Oye Emmeral… - murmuró.
- ¿Sí? – preguntó ella girando su cabeza sonriente, para mirarle mientras en el cielo estallaban los fuegos, adornándolo todo con sus cálidos colores, llenando el aire de un leve y agradable olor a azufre, mezclado con risas y exclamaciones de sorpresa.
Quizás fue el momento mágico en el que se encontraban. Quizás fue lo que él le quería haber dicho durante todos esos días, pero en ese momento Emmeral notó que James se acercaba a ella, lenta y paulatinamente. Casi instintivamente, ella retrocedió un poco ante las intenciones de él, pero no lo rechazó. Es más, entrecerró los ojos y de acercó a él mientras James levantaba una mano y acariciaba la mejilla de ella.
Y así, bajo la cálida luz de los fuegos artificiales, rodeados de una brisa con leve olor a azufre mezclado con risas, Emmeral recibió su primer beso. Un beso que apenas fue un roce de labios, provocando que los dos se mirasen a los ojos, nerviosos. Un beso que después de ser inocente y tímido pasó a ser anhelante y tierno.
Un primer beso embriagado de escénica de James, de olor a azufre y con gusto a amor de final de verano, con anhelo a llegase el nuevo curso para poder estar de nuevo con él.
Capítulo Cuarto: Verano / FIN
¡¡Hola a todos/as!!
¿Qué tal estáis?
…
…
Si lo sé, podéis odiarme por tardar tanto en actualizar. Yo también me odiaría xD
Sin más dilación, dejo de enrollarme para pasar a esperar con velitas de pascua vuestros comentarios sobre el capi
Au revoir!