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Author of 21 Stories |
Hola!
Bueno, debeis de saber que este es el último capítulo, lo siento por aquellos a los que les hubiera gustado tener algo más para leer, pero os aseguro que no era capaz de continuar, empecé con muchísimo ánimo, pero fijo que si leeis los primeros episodios y estos últimos, os dareis cuenta de que algo ha cambiado. Me sigue gustando escribir, pero esto se me estaba haciendo demasiado cuesta-arriba, y prefiero rematarlo aquí antes de llegar hasta el fondo y estropearlo. No es así como me imaginaba el final, para ser sincera, no fue algo en lo que pensé en los comienzos. Creo que ese fue mi problema, empezar sin un guión, sin nada que me guiara, solo la cabeza llena de ideas.
Os agradezco muchísimo todo el apoyo dado durante estos meses, gracias por leerme, aguantar mis retrasos, mis faltas de ortografía, mis expresiones vulgares... Gracias. De todo corazón, gracias.
PD. Para el capítulo hay una parte en la que recomiendo Tequila-Dime que me quieres, versión no-lenta.
Y acaba el comienzo.
Ha pasado ya mucho tiempo desde aquel episodio, quizás no sepáis que Lily llegó a la conclusión de que James era un idiota, pero un idiota enamorado; y James admitió que en el fondo no le importaba tan poco el hecho de que ella estuviera pirada y necesitara salvar el mundo tres veces por semana.
Empezaré por el principio, todo sucedió como en esas historias de brujas rosas, la chica salió compungida pero con la cabeza alta, decidida a hacer historia vengándose de la mala malísima del cuento, y justo cuando al dar el décimo paso, el amor de su vida, guapo, inteligente y simpático con el que acababa de tener una pelea, la alcanza, le da la vuelta y la besa apasionadamente. Por supuesto que esto es Hogwarts, y los chavales en cuestión son James y Lily, que vamos, lo que se le pasa por la cabeza a esa jovencita de aspecto inocentón solo lo sé yo. Su conciencia, que vamos, para llamarme Marianela, complicado nombre me buscó, pero eso le pasa por no preguntar. A ver, ¿algún día me preguntó cómo me llamo? No.
Pero a lo que iba, los tortolitos fueron felices. Con sus más y sus menos, claro. Como el día que Lily y Bellita se enfadaron tantísimo por un accidente de esos que solo le ocurren a las archi-enemigas de toda la vida, el caso es que Lily estaba demostrándole su afecto públicamente a James gritándole que cómo era posible que teniendo que recordar solamente que su cumpleaños era el mismo día que el de Dorea, se hubiera olvidado de felicitarla, a ella no, a Dorea, ¿y a quién llamó Dorea para preguntar si su hijo estaba muerto? A ella, que inocentemente le dijo que sí, que a ella le había felicitado. Pues bien, en medio de la cariñosa discusión Bellita aprovecho para comentar que a ella en su cumpleaños sí que la había felicitado, y como Lily es tan poco celosa y tiene los nervios de acero, simplemente le disparo un Engorgio fulminante. La cabeza de Bella alcanzó el metro de alto y todo el mundo aseguró que después de aquello sus ojos quedaron más saltones.
Sin duda alguna el mejor día fue cuando Lily le pidió matrimonio a James, sí, como suena, ya sé que lo mítico y tradicional es que sea el chico quien pida en matrimonio a la chica, pero dado que estaban en guerra y según Lily, Maggie y Bárbara, James no estaba haciendo nada por formalizar su situación se vio obligada a hacerlo ella misma.
Sucedió un Viernes, en el turno que tenía McGo para supervisar las comidas. En plan película, él entrando por la puerta, plano general del Gran Comedor, zoom a la cara de Lily, sus miradas se cruzan, ella se levanta, se la ve avanzar hacia él, parado estático en la puerta, plano general de nuevo, todo el mundo en silencio. Empieza a sonar la música.
-James, necesito decirte algo…
Y de pronto ocurre, todo el Gran Comedor en pié, mirando de hito en hito.
-Mira Lily, estoy agotado, déjame sentarme, comer algo y me cuentas.
-Es importante, al menos para mí, estamos en guerra, eso no puedes negarlo.
-¿Es eso? Mira, tranquila, no te preocupes por nada, cuando acabe el colegio veremos que pasa, pero ahora estamos en Hogwarts y tenemos la protección de la Orden.
-¿Me quieres?
-Joooder Lily, que tengo hambre, eso lo sabes, te quiero mucho ¿vale?
-Arrodillate.
-¿Qué? Lily, que tengo hambre.
-Si me quieres hazlo.
Y aquí empieza la trampa, el tonto del bote se arrodilla con cara de fastidio.
-Vale James, ahora si me quieres lee este papel.
Le entrega un papel, plano del Gran Comedor, todo el mundo mirando expectante.
-Lily, más vale que esto acabe rápido. “Yo James Potter, te pido a ti Lily Evans que te cases conmigo” ¿Cómoo?
Lily se abalanza sobre el con cara de felicidad, Bárbara conjura pétalos de flores que caen sobre ellos, todo el Gran Comedor aplaudiendo. Sale el “The End” de algún lado.
¿Bonito verdad? A James le costó algo asumirlo pero al final, después de hacerle jurar a Lily que bajo ningún concepto se casaban de penalti y que seguirían siendo dos por bastantes años, besito y a elegir el anillo, que esa era una tarea del novio que Lily no estaba dispuesta a suplir.
No fue hasta un año después que llegó el bebé. Pero para entonces ya no había tanta preocupación por el “¿Me repetirán los EXTASIS si presento una fotocopia de la magi-ecografía?”
Cierto que había una guerra ahí fuera, que les perseguía Bellita, que había perfeccionado sus habilidades especiales para las torturas a cargo de un maníaco con pintas de serpiente, pero estaban juntos, tan locos como siempre y ¡encima con un crío!
Pobre niño, suerte que yo ya me libré de su madre y ahora me limito a aconsejar a Xenón mariposón Lovegood, que está loco, pero por lo menos se limita a ver criaturitas extravagantes, pero sin atacar a nadie, ni intentar salvar el mundo en el proceso.
Bien, parece que mi trabajo aquí se acaba, un año en la cabeza de la prefecta perfecta, tuve suerte de escapar…
Gracias otra vez.
...LunA...