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Author of 14 Stories |
Debería dedicarme a los vicios de los Malfoy y no a esto... Pero no he podido evitarlo, lo siento. He descubierto recientemente que me pierden los Longbottom, así que aquí me tenéis, publicando un one-shot sobre ellos. Creo que es un poco raro y un poco confuso. Se superponen bastantes cosas y eso tal vez haga difícil la compresión, o quizá no... El caso es que, dentro de lo que cabe, esta historia me gusta... Aunque sea extraña. xD
Que la disfrutéis.
Tic-tac.
“Fue un vecino muggle quien, alarmado por los gritos, avisó a la policía. Por suerte, fueron aurores y no policías los primeros en llegar al lugar.”
“Nadie percibió nada extraño en la zona. Se considera una urbanización muy tranquila.”
“No existe una valoración oficial, pero parece claro que se trata de otro ataque mortífago a aurores destacados.”
“El Ministerio no se pronuncia acerca de los culpables ni de cuándo van a ser detenidos.”
“La investigación prosigue su curso.”
¿Se puede sentir uno mejor por las mañanas que cuando abre los ojos, envuelto entre sábanas cálidas y mullidas almohadas, con un desayuno esperándolo en el otro extremo del lecho y melódica música como sonido despertador? Se puede. Se puede sentir uno mejor si en ese extremo lo espera una mujer tan hermosa como ella. Se puede mejorar si rueda uno sobre las sábanas hasta alcanzar ese delicioso desayuno y dárselo a fuerza de caricias y besos...
Como un cosquilleo, desliza una mano por su espalda, tocándola apenas con la punta de los dedos. Enseguida se le une la otra mano, trazando el camino inverso y erizando en el proceso el suave vello que se encuentra a su paso. La tiene pegada contra sí. Escapar no es una posibilidad. Me basta... ¿El qué? Un segundo de aliento. ¿Acaso existe el aliento? No lo sé, es la única palabra que he encontrado para describirte, Alice. ¿Soy un suspiro tuyo? Eres la paz en mi vida, la única paz en este mundo lleno de guerra.
Deliras si crees que ya no se puede sentir más. Deliras si crees que la sensación ya se ha desprendido del cuerpo, incapaz de procesar más roces. Deliras si crees que no pueden encallecer las yemas de los dedos de sólo soñar con su cuerpo.
Espero que todo acabe pronto y que el futuro sea mejor que esto. ¿Mejor? Mucho mejor... Entonces yo espero estar ahí para verlo. La acerca aún más a su cuerpo, si es que eso es posible, y aspira el aroma que desprende su cabello. ¿Cuánto durará este sueño? Ni el mejor precinto sería capaz de preservarlo; preservar los olores, los toques, los besos, la felicidad, la electricidad que cubre como un manto cada poro de su piel.
Recorre a lo largo y ancho esa geografía corporal, sin prisa. Sólo existen ellos dos. Ritmo ascendente el de la sangre, alborotada y salvaje. El escalofrío de sentirla tan cerca lo aturde. Al final, las manos, moribundas, escasas de energía, caen hasta sus caderas.
Sabe, sin necesidad de que nadie se lo aclarase, que si pierde aquello, lo pierde todo. Todo por lo que vivir o morir.
Capturando sus piernas con las de él, flexiona la rodilla izquierda para sentirse más cómodo. Ella, encima de él y con el pelo enmarcando su rostro, lo besa lentamente. Luego, desliza la punta de la lengua sobre sus labios, mientras él hace presión contra su cadera para sentirla más cerca. La mano derecha repasa su larga espalda, su estrecha cintura, sus estilizados muslos, acompasados al movimiento de las piernas. Sus senos juegan a rodar sobre su pecho, presionados por la ansiedad. Las entrañas se sacuden por el desenfreno de sentirse en quien uno ama. Sobre los hombros, ronco, se escapa el gemido del placer máximo.
Aún no entiendo por qué... ¿A qué te refieres? A por qué te enamoraste de mí. Yo tampoco lo entiendo: no fue algo que tuviera planeado. Una sonrisa se abre paso en su rostro. Con la de hombres que morirían por estar con una mujer como tú. Yo no quiero a esos hombres. Ni siquiera puedo dedicarte todo el tiempo que me gustaría. Yo tampoco. Entonces¿por qué sigues aquí? Estoy interesada en tu herencia. ¿Mi herencia? Sí. Pues como no te deje mis corbatas y pantalones... ¿Y las camisas¿Las quieres? Por supuesto. ¿Para qué? Para enterrar la nariz en ellas, Frank.
Al fin sus cuerpos se despegan: él se pone en pie lentamente, se mira en el espejo y descubre con satisfacción que no existen legañas u ojeras que empañen ese momento. Ni siquiera siente en la boca el sabor amargo que anuncia el recién despertar. Viste su cuerpo en silencio, sin olvidar vestir también su boca con una sonrisa. Ella lo imita y se cubre de cualquier manera, con lo primero que toca su mano. Luego se dirige al cuarto contiguo, donde un llanto quedo reclama su atención.
Al volver, con Neville en brazos, se dirige a la puerta cerrada del baño y se inclina levemente sobre ella, escuchando. En el pasillo hay corriente. Ella se endereza al oírlo y se gira. ¿Corriente? Sí, debí dejar alguna ventana abierta. Pensé que estabas al otro lado. ¿Qué? Que pensé que estabas al otro lado de la puerta. ¿Y eso? No sé, escuché tu respiración.
Miran a la vez hacia la puerta y sienten explotar algo en su interior cuando ésta se abre, lentamente, rebelando una mirada de párpados caídos tras ella.
Ni el péndulo corta el aire de este a oeste ya, ni el cuco sale a cantar o las manecillas hacen tic-tac. En este momento, el tiempo no pasa inexorable. Porque en este mismo momento todo termina.
Los recuerdos se diluyen en un río de lágrimas. Los besos se pierden para siempre, corriendo a la par que la sangre que se escapa de las heridas. Los abrazos, las caricias, los pétalos de rosa que ese hombre ha deslizado por su cuerpo se olvidan y caen en el mismo limbo que ellos dos. Sus ojos ya no brillan, el vello de sus brazos ya no se encrespa bajo un roce, su interior ya no hierve ni sus relojes hacen tic-tac.