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la generala
Author of 8 Stories

Rated: M - Spanish - Romance/Romance - Link & Zelda - Reviews: 11 - Updated: 03-26-09 - Published: 04-01-08 - Complete - id:4169630

Para que dos se condenen falta una sola mirada."

Ana Clavel ("Las violetas son flores del deseo")

Instinto

Otra vez, se despertó sudando y sintiendo un calor sofocante en todo el cuerpo. Era la quinta vez en lo que iba de los últimos quinces días y aún no tenía idea de que le estaba pasando.

Como cura para ello había optado por mojarse con agua fría para tranquilizarse un poco. Decidió que era momento de realizar dicho remedio.

Se levantó y se dirigió al pequeño escritorio que tenía en su casa, para mojarse el rostro. Ahí como si nada estaba el raro objeto con el que Midna lo ayudaba a transformarse en un lobo.

Recordaba que alguna vez le mencionó que no era muy buena idea quedarse transformado tanto tiempo, entrar a las zonas afectadas por el crepúsculo y volverse un lobo con ayuda de su trifuerza era distinto a transformarse con la magia de la piedra.

La verdad era que la piedra era una manera de controlar la maldición de Zant.

“- …Puede que haya ciertos efectos secundarios, al usar la piedra…”- dijo una vez la Princesa del ocaso.

Eso si desde que venía usando ese raro objeto notó que como hyliano algunos de sus sentidos eran más agudos de lo normal. Sobre todo a lo que olfato y oído se refería, podía escuchar cosas a mayor distancia o sentir el aroma de las personas que conocía.

Por ejemplo hacía unos días mientras terminaba sus labores en el rancho pudo escuchar con claridad que Colin venía corriendo desde la villa, se lo mencionó a Fado quien dijo que no escuchaba absolutamente nada. Al principio pensó que fue su imaginación pero unos segundos después ambos divisaron al hijo de Rusl.

-“¿Cómo lo hiciste?”- le había dicho Fado muy impresionado a lo que el contestó que no tenía idea, que simplemente había escuchado pisadas eso era todo. Solo faltaba que empezara a entender a los animales al estar como hyliano.

¿Hasta donde podía llegar a afectarle este tipo de cosas?

Levantó la piedra y se sentó en la silla del escritorio, observando todas las marcas de la misma como si estas pudieran darle una respuesta.

-Tal vez si la he usado demasiado…- se dijo a sí mismo

¿Cuántas veces había usado aquel objeto últimamente?

Al recordar se dio cuenta que en la semana lo había echo más de diez veces.

Se reclinó en la silla y volteó a ver el techo, todavía sentía calor y para colmo estaban a mitad del verano lo que empeoraba su situación.

Se incorporó de nuevo dirigiéndose a continuación a alas escaleras, bajó por ellas y después tomó unos pantalones blancos y al final se calzó las sandalias.

Al salir de su casa se sintió más aliviado por el clima fresco del bosque.

Bajó por las escaleras para dirigirse a la pequeña caída de agua que estaba cerca de donde vivía; no iría en Epona porque la había dejado en los establos del rancho. Creía que era más seguro que se quedara ahí.

Al llegar a la fuente de Ordona, se quedó un rato observando los reflejos de las luces nocturnas en el agua, que no eran más que la de la luna y las luciérnagas que había en esa época del año. Lo cual hacía que el santuario luciera aún más hermoso.

Ni siquiera se molestó en quitarse la ropa, solo se metió a la parte más profunda que encontró y se hundió hasta quedar completamente mojado quedándose debajo de la superficie del agua por unos segundos para después salir a tomar aire de nuevo.

-“¡que bien se siente!”- pensó al sentir como su piel se erizaba al sentir la tenue briza del lugar.

No tardó mucho, solo quería refrescarse no quedarse ahí hasta que amaneciera, además, al parecer su cuerpo ya comenzaba a decirle que se fuera a descansar otra vez por medio de un bostezo.

Se pasó la mano izquierda por el cabello para quitárselo de los ojos y salió del lugar escurriendo, solo que esto ni siquiera le importaba, es mas, la sensación del agua corriendo por todo su ser se sentía muy agradable.

Volvió a bostezar.

-Mejor me voy a dormir. – Empezó a dirigirse de regreso a su casa cuando de repente escuchó varias pisadas y un aroma que ya era bastante conocido para él junto con otro que no identificaba muy bien, - lobos- susurró.

Se quedó quieto, esperando a que la jauría apareciera de tras suyo.

De repente varios ojos brillantes estaban observándolo detenidamente. Ninguna de las bestias se atrevía a acercársele pero también sabía que si les provocaba éstos no dudarían en atacarlo. Entendía como pensaban pues de vez en cuando era uno de ellos.

A primera instancia no se dio cuenta de donde provenía el otro aroma que los mismos animales despedían, si no asta que sopló el viento.

-Sangre… - susurró

Volteó a ver hacia delante de él y se dio cuenta de que ahí había un rastro dejado por algún siervo o tal vez una liebre. No debía estar en muy buenas condiciones, y tampoco era buena idea estar entre ellos y su presa, mejor se hizo a un lado para dejarlos pasar.

Se dirigió hacia un árbol y se quedó al lado de este hasta que todos los canes pasaron enfrente de él sin quitarle la vista de encima, ni por un segundo.

Si su memoria no le fallaba hacia un mes que la época de celo de algunos animales había dado inicio y por su puesto que también la de los lobos.

Se quedó pensando ¿Y si era por eso que sentía tanto calor y ansiedad por las noches?

Empezó a reírse de lo que acababa de pensar, era ridículo. Es decir no había llegado hasta esas consecuencias ¿No?

Bueno tal vez cabía la posibilidad que también estuviera en… bueno en ¿Celo?

Había leído alguna vez, que en algunas especies de animales los machos también entraban en calor.

-Ya deja de pensar estupideces- se dijo a si mismo mientras se daba de topes con la mano, como si quisiera sacarse lo que parecía ser una absurda idea.

Optó por dirigirse de nuevo a su casa y antes de volverse a dormir le dio un vistazo más a la piedra y, mientras se desvestía las ropas mojadas, se le ocurrió que la persona que le podía ayudar con eso era la misma princesa pues sabía de magia como nadie más.

Pero eso lo haría mañana, ahora solo quería dormir otra vez.

Como todas las mañanas, escuchó el siempre puntual grito de Fado quien lo venía a despertar para empezar sus labores en el rancho, alimentar a las cabras, ordeñar vacas, revisar las cosechas y todo aquello que implicaba trabajar en el campo.

Si quería ir al castillo debía levantarse ya. Por supuesto antes de todo debía de vestirse porque decidió que dormiría más cómodo si lo hacía sin nada. Bueno la verdad la anterior noche ya no se quiso poner nada por flojera.

-Mejor me visto… - Se desperezó y se levanto a buscar ropa que ponerse, la más ligera y cómoda que pudiera encontrar para el tiempo que estuviera en el rancho. Daba gracias a que la ropa en Ordona no constaba de tantas prendas, era un gran alivio para él.

Al salir de su casa se encontró con Fado que lo esperaba como siempre.

-Pensé que tardarías en levantarte como siempre Link

-No esta vez no porque espero terminar mis labores antes

-¿Vas a ir al castillo Hyrule de nuevo?

-Si…necesito consultar asuntos importantes con la princesa.

-¿En serio y de que se trata?

-Eh bueno….

-¡Link, Fado buen día!

Se salvó de darle explicaciones a su compañero de trabajo, gracias a que Ilia apareció en ese preciso momento.

-Buen día- le contestaron al mismo tiempo

Link de repente olfateó un olor raro proveniente de la chica, no era algo parecido a ningún perfume, era una esencia desconocida, sin embargo, no era desagradable, más bien era atrayente.

¿Por qué de repente se sintió tan impetuoso? Como si quisiera saltarle encima, coquetear con ella y finalmente…

Ahí fue cuando se asustó, desde hacía ya mucho tiempo Ilia dejó de interesarle de una forma romántica.

Pero esto no era nada de esa clase, era algo más físico.

-“Estoy comenzando a pensar lo peor”- pensó

Se estaba poniendo muy nervioso.

-¿Link estas bien?

-¿Qué? A si estoy bien, solo algo cansado

-¿No dormiste bien?- le preguntó Fado muy extrañado por el raro comportamiento del joven.

-Bueno me desperté en la madrugada y tal vez eso me restó descanso, en verdad no estoy seguro.

-Entonces vamos a desayunar de una vez – se acercó a Link intentando tomarlo del brazo pero este se adelantó a caminar lo más rápido que pudo

Tenía la sensación de que si lo tocaba se pondría aún más ansioso.

-¡Claro vamos, vamos!

¿Por el reino del mal, que le estaba pasando?

-“Tranquilo, desayuna, termina tus tareas y te largas hacia el castillo”- se repetía una y otra vez así mismo

Fado e Ilia se quedaron mirando el uno al otro por el extraño comportamiento de Link. Así que sin mas simplemente lo siguieron.

Al llegar a la mesa de la villa, donde de vez en cuando todos comían juntos, se sintió un poco atemorizado cuando Beth corrió a saludarlo.

-¡Link, buen día!- solo que esta vez se dio cuenta de que con la niña ya no se sintió nervioso.

-“Tal vez solo fue mi imaginación” – quiso pensar.

Pero cuando se acercó a la mesa del desayuno las cosas se pusieron peor, había tres mujeres más y ¿Ashei y Telma? ¿Qué hacían ellas aquí?

-¡Link mírate como estas de crecido, muchacho!- escuchó que le gritaron desde el otro lado

-Auru, Shad ¡¿Cuando llegaron?!- exclamó sorprendido por la inesperada visita

-Llegamos hace unas horas- le contesto el pelirrojo de los anteojos.

Con la llegada de sus viejos amigos, aprovechó para no tener que sentarse con las demás mujeres y no pensar en lo que pasaría al acercárseles. Pero claro, lo inminente llegó y su cabeza le empezó a dar vueltas debido a la presión que sentía en su interior.

Su mente y cuerpo, no soportaron el calor que el muchacho sintió al acercarse a las mujeres ahí presentes.

Trató de levantarse pero su cuerpo no le respondió y calló al suelo. Sus amigos corrieron a ayudarle y lo único que pudo decir fue "piedra... la princesa... necesito" y después todo fue oscuridad.

Cerca del atardecer, despertó alarmado por el aullido lejano de una jauría de lobos, pero sobre todo por el tacto de una suave mano rozándole la frente.

-Veo que ya despertó Joven Link – dijo una voz conocida para él

-¿Cuándo? ¿Cómo es qué...? “¿Soy yo o de repente hace mucho calor aquí?”- pensó al sentirse tan cerca de la princesa y por el tacto de sus manos, aunado al aroma entremezclado de duraznos y de esa esencia que antes había apreciado en las otras mujeres.

-Mi maestro Auru y Telma me avisaron que te habías puesto mal, y que me mencionaste junto con algo acerca de una piedra- ante los ojos sorprendidos de Link, Zelda alzó la extraña roca - que he de suponer es ésta

Link solo asintió. Por alguna razón se sentía indefenso ante ella, entre otros sentimientos y sensaciones que se agolpaban en su mente.

Al notar una ligera brisa fría en sus brazos, se dio cuenta que estaba semidesnudo. Tal vez era por eso que se sentía desprotegido ante su presencia.

-No debieron pedirle que viniera no fue grave y…

- En primera vine porque quise y en segunda, como te he dicho anteriormente, deja de hablarme de usted me haces sentir muy vieja…- le dijo con una sonrisa la mismo tiempo que le pasaba una pequeña toalla mojada sobre la cabeza.

La proximidad del cuerpo de la bella gobernante con el suyo, el saber que con solo estirar un brazo podía atraerle hacia si, lo ponían todavía más nervioso.

-E...Entonces no tienes porque decirme “joven link” a mí me hace sentir como un niño “Puedes llamarme como mejor te plazca alteza” - ¿De donde diablos había venido ese pensamiento? Nunca, en el tiempo que llevaba de conocerla, se había atrevido siquiera a pensar así de ella… Bueno tal vez un par de veces, en realidad muchas veces, pero nada más y no en su presencia. Siempre era en privado, muy en privado en donde nadie pudiera escucharlo.

- Creo que ya estás mejor- Le tocó de nuevo la frente- te vengo a ver mañana para revisar como sigues, y a ver que logro averiguar de esta roca.

Después se levantó de donde estaba sentada y se llevó la piedra con ella, sin antes sonreírle una vez más a un pobre y acalorado muchacho.

En el momento en que ella se fue, Link por fin se relajó y cerró los ojos; no iba a dormir pacíficamente esa noche, no mientras el aroma de ella siguiera flotando a su alrededor.

Pasaron unas horas antes de que volviera a despertarse sediento.

Dándose cuenta que estaba lloviendo.

Se sirvió un vaso con agua, cuando comenzó a escuchar pisadas húmedas en la entrada. Por un momento se alertó pero antes de que saliera a ver que pasaba la puerta se abrió de repente, y ante sus ojos estaba una mujer parada en el dintel de la puerta completamente mojada.

-Pri… ¡Princesa!- dijo muy sorprendido ante la visión que tenía delante

Zelda entró y cerró la puerta de tras de si, sin dejar de mirarlo directamente a los ojos. No dijo palabra alguna y solo avanzó hasta donde él estaba parado.

-Ya te dije que no me llames así- le reclamó antes de besarlo sorprendiendo a Link, que no sabía si responder o quedarse quieto… la verdad estuvo a punto de corresponder aquel apasionado beso solo por instinto, pero algo le hizo reaccionar.

-No…es correcto – Como pudo alejó a Zelda de su cuerpo, y él mismo lo más que pudo de ella, porque la verdad quería rodearla por la cintura y devolverle el beso.

- ¿Por qué no, no es por esto que te desmayaste hoy, la causa de esa extraña fiebre? – No podía quitarle la vista de encima. Los ojos de aquella mujer reflejaban una lujuria que nunca creyó llegar a ver en una princesa.

-Si… bueno no, es que yo- De repente se le acabó el camino para poder evitar a Zelda, había topado con pared – “estúpida pared”

Ya no tenía escapatoria, estaba tan cerca de él que acercó su cálido aliento al oído de Link y en susurro le dijo

-No quiero que otra mujer manipule tus sentidos, sólo yo puedo hacerlo

-“Cálmate, cálmate, cálmate…”- se repetía así mismo, deseando no sentir como pasaba sus manos sobre sus brazos y espalda, de sus labios húmedos en su cuello.

Apretó los dientes y cerró en puño sus manos al sentir el roce frío y suave de unos dedos queriendo ir más allá de su pantalón.

El autocontrol de sus impulsos más básicos desaparecían con cada caricia, le hacían olvidar que era la suprema gobernante de Hyrule, que ese aroma tan particular que venían de ella no era el una mujer cualquiera, sino de ella, de Zelda.

¿Por qué era diferente al de las otras mujeres?

Mientras se preguntaba eso, sintió como los labios de la princesa trazaban un camino desde su oído hasta sus labios…

-Ríndete - le dijo la bella mujer; rozando los labios de Link al decirlo, haciendo que casi se desmayara. Sin embargo en vez de eso, la tomó de la cintura, la cargó hasta la mesa donde solía comer y la besó tan fuerte que le dolía la boca.

Aceptó su derrota.

El sonido de los platos rompiéndose se escuchó por toda la cabaña, pero no les importó; en ese momento lo único importante eran las caricias, los besos, mientras intentaban quitarse la ropa.

Link se deleitaba sintiendo una suave piel contra la suya, de las piernas de Zelda alrededor de su cintura, de sus manos que le revolvían el cabello, que le acariciaban el cuello, de ese extraño cosquilleo que sentía por su abdomen cuando ella mordía alguna de sus orejas, de los gemidos que salían de su boca cuando besaba su cuello o al pasar sus manos sobre los pechos de la mujer.

Sentía que el corazón le iba a estallar, mientras un escalofrío recorría toda su espalda al sentir como las manos de la princesa se dirigían a lo último de su ropa. Tan concentrado estaba en las caricias de ella que al moverse...

-¡Ay! – Se cayó de la cama, pues para su muy mala suerte solo estaba soñando. Sin embargo ese sueño había sido muy real para Link.

Todavía la sentía debajo de él, todavía sentía el calor del cuerpo de Zelda…

-“¡Basta! Si sigo pensando en eso voy a terminar teniendo el mismo sueño”- Se levantó y volvió a acomodarse sobre la cama.

Miró a través de la ventana y se dio cuenta que efectivamente estaba lloviendo. El olor a madera y tierra húmeda, le llegaban desde afuera.

Se quedó unos cuantos minutos escuchando el sonido de la lluvia, esperando algún otro ruido… ¿Pasos tal vez?

-¡Como si fuera posible!

Después de gritar aquello, se cubrió de pies a cabeza con las sábanas e intentó conciliar el sueño otra vez.

Aunque en toda la noche la sensación de un aroma a mujer entremezclado con duraznos y la sensación de un cuerpo liviano sobre él, lo asaltó todo el tiempo en sus sueños.

A la mañana siguiente se despertó antes de que Fado llegara a llamarlo, desayunó solo; para evitar tener que estar cerca de tantas mujeres al mismo tiempo, pero sobre todo de Zelda.

En primera porque sabía que se sonrojaría al verla, recordando cada imagen, de sus sueños,y segundo porque tenía miedo de hacer algo indebido ó en su defecto pensar en voz alta como estuvo a punto de hacerlo el día que ella cuidó de él.

Estaba dirigiéndose hacia el rancho, cuando al llegar a la villa se fijó que había más gente de lo normal.

-¿Cómo se enteraron...? - Exclamó al ver a una considerable cantidad de gente cerca de la casa del alcalde Bo

Era de imaginarse que todos querían ver ala monarca de Hyrule y no se podría mantener el secreto de su salida.

No todos los días veías a una futura reina en una pequeña por cierto, al parecer se encontraba acorralada en las escaleras mientras hablaba con las personas ahí congregadas.

Era ayudada por el alcalde de Ordon, que después hizo señas de que lo siguieran a otra parte de la villa.

Fue un alivio para él puesto que dentro de la multitud había varias mujeres y teniendo en cuenta lo que le causaba estar cerca de ellas.

Esperó a que toda la gente se alejara y volvió a encaminarse hacia su trabajo, pero al parecer la princesa no se fue detrás de aquellas personas pues cuando Link iba pasando enfrente de la casa del alcalde Bo escuchó su nombre:

-Link buen día

-¡Princesa! – dio un salto al escuchar la voz de Zelda.

-Ya te dije que no me llames así

Un escalofrío le recorrió por toda la espalda al recordar esa frase en su sueño- perdón, Zelda buen día- dijo sonriéndole nervioso a la princesa.

-Parece que ya estas mejor – dijo empezando a dirigirse hacia él.

-Si gracias “no te acerques tanto por favor”. Parece que se enteraron de donde se encontraba

-Si así parece, alguien debió de haber dicho algo y ahora todos saben que estoy aquí. En fin, me retiro, te veré más tarde y te diré lo que averigüé acerca de la roca.- se despidió del joven con una reverencia y sin mas se alejó.

Cuando Link la perdió de vista, dio un suspiro de alivio.

-¿Cuánto va a durar esto?- se preguntó mirando sus manos que estaban comenzando a sudar con el simple hecho de estar junto a la bella soberana.

Estuvo casi toda la mañana en el establo limpiando los corrales. De vez en cuando salía a ver que ninguna cabra se escapara del rebaño y cerciorarse que todo anduviera en orden.

Al acabar fue por Epona para cepillarle cuando vio que la gran multitud de antes venía hacia donde se encontraba.

Montó en ella tan rápido como pudo y galopó hacia el establo.

Tomó el cepillo e hizo la pantomima de cepillar a Epona, mientras veía como el alcalde decía quien sabe que cosas del rancho de una forma muy orgullosa, porque veía como se paraba orgulloso acentuando más su redonda barriga.

-Que no empiece con lo de un recorrido porque sin no mejor me escondo detrás de alguna cabra…” Claro que si me desmayo otra vez Zelda cuidaría de mi otra vez... ¡Estoy demente! “-se dio un golpe con el cepillo que tenía en la mano por haberse atrevido a tener tan vergonzoso pensamiento.

Volvió a observar que es lo que hacían, y para su suerte no dieron señas de dar un paseo. Aunque dos personas de la multitud se rezagaron, notando que eran la Princesa y un joven desconocido.

-¿Porque se quedan atrás?- dijo refiriéndose a Zelda y al muchacho con el que platicaba amenamente. - ¿Y ése quien es?

No es que estuviera celoso, era simple curiosidad ¿Por qué razón iba a sentir celos?

Él y la Princesa compartían una bella amistad.

-“¿De que estarán hablando? Zelda parece muy contenta “- sin darse cuenta empezó a empuñar sus manos –“¿Cómo se atreve a tomarle la mano? Ni siquiera yo me atrevo a tocarla”

Sin siquiera pensarlo, arrojó el cepillo con todas sus fuerzas y empezó a caminar hacia los jóvenes que hablaban despreocupadamente, con la firme intención de ¿Morder?

Si así es: morder.

Porque eso fue lo que hizo, simplemente se lanzó encima del hombre y lo mordió en el brazo.

No podía dejar que un extraño como ese estuviera junto a Zelda, sobre todo si se atrevía a tocarla.

Abrió los ojos de golpe, estaba agitado. Seguía en el mismo lugar, sólo había soñado despierto pero como tuvo ganas de hacer lo que imaginó ¿Por qué?

Algo dentro de su cabeza, le decía que tenía que proteger lo que estaba dentro de su territorio.

-Esto se está saliendo de control, si sigo así no sé que es lo que pueda hacer.- Dejó el objeto con que estaba acicalando a su yegua y la guió de nuevo dentro de los establos. Era mejor ignorar que Zelda estaba con otro muchacho, hablando quien sabe que.

-Como si me importara- se dijo así mismo con cierta molestia.

Así que mejor llevó a Epona a su lugar cuando sintió ese ya muy conocido aroma a duraznos.

-Zelda “ni siquiera hizo ruido” – pensó y volteó a verla.

Ahí estaba con un vestido blanco, escotado, con detalles morados alrededor del pecho, el cabello recogido dejando ver sus hombros y cuello. No podía evitar ver los "detalles" del vestido... A quien quería engañar, lo que de verdad observaba era la piel desnuda que la prenda dejaba ver

-“¿A que maníaco se le ocurre quitarle partes a la ropa de una princesa? y a mi que se me ocurre ver las partes faltantes”- Pensé que se, digo, que te irías con aquel muchacho.

- quería hablar contigo primero acerca de la piedra y de cómo creo que te está afectando

-“Ya lo sabe, ya sabe porque me desmayé, va a pensar que soy un pervertido” ¿En serio? ¿Qué averiguaste?

-El hechizo en twili es una maldición... creo que se refiere a afectar a la persona que lo posea - le respondió

- ¿Así?

- Así es, para ser más específica tiene que ver con pasar ciertos comportamientos de la bestia a tu forma humana, no solo dejarte como lobo sino en verdad convertirte en uno conforme pase el tiempo.

-“Estoy perdido”- Bajó la mirada y se sonrojó – Si, esa es la causa de

- que te hayas desmayado porque no estas acostumbrado a eso todavía ¿verdad?

-Si es… es por eso- contestó escondiendo lo mejor que pudo su nerviosismo

-Entonces no es tan grave, solo deja de usarla por un tiempo y todo pasará. Y Link…

-¿Si?

-Creo que esa zanahoria ya está limpia- le comentó Zelda señalando una zanahoria con un huequito.

Le entregó la roca a Link y se fue tranquilamente.

-“Por eso estas nervioso cada vez que ay una mujer cerca…”- pensó la princesa mientras se alejaba con una sonrisa que podía ser de compasión o de burla.


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