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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » El Error de Nuestras Vidas

-Jane.Camui-
Author of 6 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Ron W. & Hermione G. - Reviews: 27 - Updated: 05-04-08 - Published: 04-07-08 - id:4183593

Basado en las novelas de J.K. Rowling, por lo tanto, algunos personajes y ambientes no me pertenecen.

El Error de Nuestras Vidas.

Por

Capítulo Dos: “Es mejor evitar las sorpresas”

Ron Weasley se presentó en casa de sus padres lleno de una energía que ya le era muy familiar. Siendo poseído por una atractiva vitalidad que se implantaba en su rostro como burlándose del resto de las personas. Su caminar había cambiado, ya no era medio arrastrando los pies, casi sin ánimos. No, ahora se erguía cuan alto era para mostrarle al mundo lo afortunado que era. Y por primera vez, las chicas se giraban para mirarlo. Así es. Era esa nueva personalidad arrolladora lo que le hacía parecer un ser indomable, simpático, orgulloso y admirable.

... pero en el fondo... Tenía un pánico terrible... Esa fuerza que había sentido, se desvanecía con cada segundo que pasaba. La nueva perspectiva de volver a casa luego de tres años lo atormentaba casi tanto como dar las explicaciones que su madre le pediría con la varita en mano. Estaba arriesgando mucho más que la audición -en el caso de que su madre le gritara sin piedad por tres años de fingida desaparición– sino que ponía en peligro su bienestar físico. Se iba a enfrentar sólo a tres hermanos que de seguro querrían arreglar cuentas con él.

-Debo estar demente-se dijo a sí mismo poco antes de aparecerse en el exterior del patio de la madriguera.

Lo había dudado mucho. Incluso cuando pretendía pasar desapercibido entre toda la gente, no estaba muy seguro de hacer lo más conveniente. Lo correcto era... que ya iba siendo tiempo de volver, y mientras más aplazaba el momento, más grave se volvía su falta.

Ahora, encerrado en la antigua habitación de Bill, y escuchando vagamente los reclamos de su madre luego de que lo abrazara hasta dejarlo sin aire, sabía que había esperado mucho tiempo. Tres años... tres larguísimos años fuera de su querida Inglaterra. Perdido en un país donde las costumbres lo volvían loco, dónde la gente se extralimitaba, dónde el clima le partía la cabeza.

-Me puedes explicar?!-rugía la señora Weasley blandiendo su varita delante de la cara de su hijo-Qué cosa estuviste haciendo tres años en Estados Unidos?!

-Ya te lo dijo George!-respondió exasperado. Había tenido que responder esa pregunta mínimo diez veces en menos de una hora-Estaba ocupándome de los negocios de los Sortilegios!

-Y tan idiota eres que te tomó tres años?!-Claro, allí iba la madre del año cuestionándolo todo. “Maldición” pensó Ron sintiendo las orejas coloradas-o me viste la cara?!

-Ya me gustaría que fueras tú a América!-gruñó Ron-no deberías estar feliz de que volviera?!-preguntó alzando los brazos como si esperara un abrazo.

-Estaría feliz de no saber que eres un desconsiderado! ¡¿Acaso en Estados Unidos no tienen lechuzas?! O me vas a decir ahora que ellos ocupan carte... esos que usan los muggles para mandar sus cartas!-dijo molesta al no recordar la palabra.

-Si todo fuera tan fácil no estaría aquí-susurró Ron evitando mirar a su madre.

-No sabes el mal que has hecho, jovencito!-La mujer lo apuntó con un duro dedo acusador-Me sorprende que... Cuando tu padre...

-Jah-soltó el pelirrojo sin poder evitarlo-Mi padre estaba mucho más feliz que George cuando le di los primeros resultados del negocio!

“Dónde está mamá?” Preguntó una apresurada voz femenina. La señora Weasley abrió los ojos con sorpresa, olvidándose de que estaba regañando a su hijo. Miró su reloj de pulsera y salió apresuradamente de la habitación.

Ron se quedó allí, esperando quizás que su madre volviera por él y continuar la “agradable” discusión. Se sentó en la cama mirando fijamente la puerta. Casi podía ver a su madre

abriéndola de par en par, dispuesta a torturarlo si era necesario con tal de conseguir alguna declaración sobre “que había estado haciendo durante tres años”... ¿Pero que podía responder? Ni siquiera él sabía que había estado haciendo, a ciencia cierta. Claro, había tenido una idea inicial, pero con el paso del tiempo fue descubriendo ciertas cosas que lo desalentaron.

Pasados unos minutos, que pasó meditando y contemplando la pequeña habitación. Retrasando el momento de salir de esa habitación. Estando seguro que había cometido un tremendo error al volver, pues no solo debería enfrentarse con su madre, sino que también con...

¿Sería ella capaz de entender su razón?... ¿Comprendería por qué lo hizo?

Se pasó la mano por la cara, tratando de alejar los pensamientos que se acumulaban en su mente. Era difícil tratar de predecir su reacción. Se había pasado dos años imaginándola y mientras más lo pensaba, más se convencía de que ella no comprendería absolutamente nada.

“Claro que no va a entender” pensó molesto “Es cerrada y testaruda”. Pateó, molesto, la cama. Ella se iba a limitar a alzar la cabeza, orgullosa y mirarlo como si fuera la peor escoria del mundo. Sí, eso haría. Se mantendría impávida, altiva. Pasaría por su lado cuan alta era haciendo que él se sintiera miserable, pues Hermione Granger siempre tenía la razón. Siempre.

Su razón era tan buena, tan perfecta que ella la consideraría superficial o ni siquiera dejaría que se la explicara. Como siempre, trataría de mantener la situación en un punto que le fuera fácil de debatir. Lo iba a aplastar. Literalmente. ¿Qué iba a hacer?. Escapar ya no parecía una opción... ¿Por qué se había ido a meter allí?

¡¿Por qué?!

Era completamente descabellado! Había cometido la locura más grande y sólo por ir a ver la boda de su mejor amigo con su hermana. ¿Valía la pena?, después de todo ya se había perdido la boda de Percy. Podría hablar con su hermana y disculparse. “Buena idea y luego te vas calvo” pensó con ironía, seguro de que Ginny jamás le perdonaría algo así. ¿Pero que podía hacer?.

Bueno, ni siquiera estaba seguro de que ella estuviera allí. De hecho, era muy probable de que la castaña hubiese decidido alejarse de toda la familia Weasley. Era lo más sensato. Si se apagaba a su forma de ser, de seguro habría actuado así. Orgullosa como pretendía, el contacto con la familia pelirroja no habría pasado del saludo necesario al toparse por casualidad.

-Eres un idiota-dijo una voz al abrirse la puerta.

-Merlín!-exclamó Ron al girarse sobresaltado. La puerta se cerró con un fuerte portazo.

Harry Potter, más bajo que Ron, lo miró con sus penetrantes ojos verdes heredados de su madre. Sus gafas, las mismas que solía utilizar en la escuela, se habían resbalado unos palmos por su nariz y su cabello azabache, completamente rebelde, le daba el aspecto de recién bajado de la escoba. Estaba vestido con un traje que lo hacía ver un poco más alto, aunque al estar frente a Ron aquello no se notaba.

A su amigo no se le escapó que en su mano derecha llevaba su varita mágica.

“Demonios” Pensó Ron creyendo que al menor movimiento le caía un hechizo encima. Y lo peor de todo, era que creía merecerlo. Harry tenía el completo derecho de querer partirlo en partes por lo que había hecho. Era tan simple que aterraba.

-Hola...-saludó tímidamente Ron alzando la mano levemente.

“¿Dónde quedó la nueva personalidad?, ¿Dónde quedó la fuerza?” se preguntó tragando saliva al tiempo que su “Mejor Amigo” lo fulminaba con la mirada. Se acercó un par de pasos, haciendo que Ron diera unos cuantos en sentido contrario. Su mirada era amenazadora. “Piedad” quiso pedir arrodillado.

-Así que…-dijo Harry cruzándose finalmente de brazos-has vuelto ¿No? O sólo vienes de pasada.

Ron se aclaró la garganta y con algo de dificultad tomó asiento en la única silla de la habitación. Harry parecía tan molesto como la vez en que lo acusó de mentiroso por meter su nombre en el cáliz de fuego en el torneo de los tres magos.

-Sí, bueno-dijo Ron-supongo que ya era tiempo…

-¡¿Tiempo?!-Preguntó Harry dando otro paso-¡¿Tiempo de volver?!, ¡¿Estás demente o algo por el estilo?!-soltó-Hace más de dos años que iba siendo tiempo de volver, Ron! Nos has tenido a todos casi con el corazón en la mano. Tu madre estaba desesperada. Tu padre al borde de la locura ¡Ginny! Tus hermanos. Todos! Yo no sabía como ubicarte. Desapareciste. George dijo que no podía decir nada sobre ti. Qué casi lo habías obligado a…

-Ey, Amigo…-comenzó Ron, tratando de justificarse

-“Amigo”-dijo Harry con incredulidad. Quería golpearlo fuerte. Quería dejarle marcado el puño en uno ojo. Oh! De verdad que si quería.

-Está bien, está bien-aceptó Ron herido-Escúchame por favor, antes de que me saques la piel. Deja que te explique.

-Habla!-exigió Harry furioso.

Ron soltó el aire, se levantó y comenzó a explicar la razón por la que había desaparecido tres años. Tres larguísimos años.

-Verás, se suponía que me haría cargo de la casa matriz de la tienda en Estados Unidos, pero cuando llegué…

o.o.o.o

-Ten, querida-dijo la señora Weasley entregándole un vaso con agua.

Ginny, sentada frente a su amiga, se moría el labio inferior dudosa. Finalmente, sintiendo una pena terrible, puso una mano sobre la de Hermione, tratando de ser comprensiva.

-Amiga-dijo con lentitud-si quieres marcharte, puedes hacerlo-dijo estando segura de que Hermione asistiría con la cabeza, apesadumbrada

-¿Qué?-exclamó, en cambio, Hermione dejando el vaso en la mesita cercana-¿De qué hablas?

-No quiero que estés incómoda…-comenzó la pelirroja.

-¿De verdad crees que me iría de la boda de mi mejor amiga?-preguntó con incredulidad-Ginny, no importa… él…-dijo con cierto malestar, pero se calló. Por mucho que ella estuviera molesta, él seguía siendo el hijo y hermano Weasley-no me iría ni aunque vinieran del ministerio a buscarme.

-¡¡OH!!-exclamó Ginny contenta. Se lanzó sobre la castaña haciendo que la Diadema callera sobre la desordenada cama.

Hermione abrazó a su amiga sonriendo forzadamente. Estaba haciendo un tremendo sacrificio. Realmente quería marcharse, no tenía ningún deseo de verle y mucho menos de hablar con él. Tenía miedo de lo que pudiese llegar a sentir. ¡Tenía miedo de lo que estaba sintiendo de solo saber que estaban en la misma casa!, ¿Querría él hablar con ella?, ¿Querría explicarle que pasó?

-Ginny!-regaño cariñosamente la Señora Weasley-No hagas eso! Terminarás arrugando todo el vestido. ¿Sabes lo mucho que me costó plancharlo?

La pelirroja no le importaba si su vestido estaba arrugado o planchado, pues no escuchaba a su madre. Estaba tan feliz de que Hermione se quedara, tan contenta de que Ron hubiera vuelto, tan esperanzada de que…

-Merlín!-gritó levantándose-me voy a casar!!

-Aquí vamos, otra ves-dijo la regordeta madre, tomando la diadema para acomodarla sobre el pelirrojo cabello de su hija-Quédate Tranquila, Ginny!

Pero Ginny iba de un lado para otro, nerviosa. Miraba por la ventana, buscando quien sabe que cosa, y volvía a la puerta, esperando escuchar algo. La señora Weasley iba tras ella, con la diadema en la mano, mientras que Hermione había buscado los zapatos para que su amiga se los pusiera.

-Tranquilízate-le pedía la castaña agachándose para que Ginny se calzara el blanco zapato.

-No puedo, no puedo-dijo moviendo las manos-¿Dónde está Harry?

-Abajo-informó la señora Weasley por fin pudiendo ponerle la Diadema-¡ él ya está listo!

-¡¿Listo?!-exclamó Ginny sobresaltándose exageradamente-¡¿ya es hora?!

-Si, querida, ¡ya es hora!

o.o.o.o

-Supongo que sabes que tienes que hablar con ella-dijo Harry cuando Ron terminó su largo relato.

-Lo sé, pero dudo que quiera escucharme-respondió Ron levantándose de la cama, junto a Harry.

-Lo hará-lo apoyó Harry-Yo te entendí, aunque venía con la intención de golpearte.

-Gracias-dijo no muy seguro el pelirrojo.

-Estoy deseando…-pero un ensordecedor grito lo detuvo.

Harry sacó la varita tan rápido que de no haberlo conocido, Ron se hubiese sorprendido. Su educación como Auror había logrado que su ya espectacular agilidad, se volviera todo un arte. Era sorprendente lo mucho que había logrado mejorar en dotes mágicas y habilidades. El chico de ojos verdes abrió la puerta produciendo un gran estruendo, mirando hacia todas partes, esperando, quizá, encontrar a algún antiguo mortífago. Ron, que se asustó, también había sacado la varita y salido tras su amigo.

-¡No!-gritó una mujer corriendo hacia Harry.

Fleur, que lucía un precioso vestido ajustado color turquesa, se abalanzó sobre Harry tapándole los ojos.

-No puedes veg a la novia-exclamó con mucha clase-La viste?

-A Ginny?-preguntó confundido-No, no… no la vi. ¿Está aquí?, ¿Quien gritó?

-Fue Luna, está emocionada pog la boda!-respondió Fleur, radiante.

-Harry…-dijo una voz que al chico de ojos verdes le revolvió todo el estómago. “Ginny”. Harry alzó la mano esperando poder tocarla.

-No, no, no!-negó Fleur, obligando al chico a darse la vuelta-Segá mejog que salgas. Veg a la novia antes del boda es un mal augugio!

-Pero…-dijo Ginny, pero no la dejaron terminar. Fleur acababa de sacar a Harry de la sala, guiándolo hasta el patio.

Ron, observó a su hermana casi embobado. Hacía tres años que no la veía y durante este tiempo había cambiado lo suficiente como para creerla una mujer. Estaba mucho más delgada que la última vez, había esculpido su figura dejando de lado a la niña y transformándose en una chica. ¡Una chica! Ya no era solo su hermana, si no que también era una mujer atractiva, una futura medimaga… era Ginny con toda su belleza, vestida de novia.

-¡Ron!-dijo la pelirroja abrazando a su hermano y tan rápido como pasó, acabó. Ginny lo había golpeado fuerte en el pecho-Eres idiota o algo por el estilo?!

-Ginny!-dijo el chico corriéndose un poco de su hermana, sobándose la zona adolorida-Qué demonios te pasa?!

La chica lo fulminó con la mirada, furiosa. ¡Quería estrangularlo! “No, Ginny” se dijo a si misma regulando su respiración con los ojos cerrados “es tu hermano, no importa que tan mal haya actuado, es tu misma sangre. Por mucho que haya abandonado a tu mejor amiga, él es tu hermano” pero aunque se repetía las palabras una y otra vez, estas no surtían mucho efecto. Seguía deseando estrangular a Ron. Él, advirtiendo el peligro, alzó las manos como un acto de defensa.

-Sé que estás molesta…-dijo pero ella lo detuvo.

-Ah No! Esta si que está buena!-se burlo Ginny con frialdad. Se puso las manos en la cintura, en forma de jarrón-Molesta es poco…

-No, no, no!-dijo Fleur que volvía a la sala. Tomó a Ginny desde atrás-Tganquila, una novia debe lucig suave, delicada. Gelaja.

Ginny estaba dispuesta a replicar, decidida a mortificiar a su hermano, pero la fuerza de Fleur era mucho superior. La llevo hasta la cocina.

Detrás de ella fue la señora Weasley que se ocupada de la pequeña cola, estirándola con la varita. Ron observó a las dos mujeres arreglar los últimos detalles en la chica. Por casi décima vez arreglaron la diadema, estiraron la falda del vestido y golpearon levemente las mejillas de la chica.

-Llegó el momento!-informó al borde de las lágrimas la señora Weasley-Ron, cariño, ve junto a los invitados.

-Si, claro…-dijo el pelirrojo adelantándose a las mujeres. Antes de salir, se giró y miró a su hermana-estás preciosa-dijo avergonzado-Suerte…

Estuvo seguro de ver un amago de sonrisa en el rostro de Ginny. La señora Weasley terminó por sacarlo a la fuerza. Caminó lentamente, con las manos en los bolsillos, hasta las filas y filas de asientos adornados con cinta dorada. Todo lucía perfecto, aunque él no se sentía de la misma forma. Tenía mucho miedo. Trataba de no mirar a la gente, con la esperanza de que ella no lo viera. Se sentó junto a George. Las conversaciones despreocupadas se habían transformado en cuchicheos que sabía estaban dirigidos a él.

-Ha vuelto?-escuchó que preguntaba alguien.

-Si, eso creo… cuanto tiempo estuvo fuera?.

-Tres años sin que nadie supiera nada de él.

-De seguro se enamoró. Eso siempre pasa.

Ron quería acallar los murmullos, pues lo ponían nervioso. A su lado, George le sonrió y se encogió de hombros. ¿Qué le iba a hacer? Era imposible evitar que la gente se metiera en los asuntos de otros.

-Ya viene! Ya viene!-dijo Teddy Lupin corriendo por el pasillo hasta llegar junto a Harry. La señora Weasley y Fleur se habían acomodado.

Harry lazó la vista y contempló maravillado a la chica que caminaba sobre la larga alfombra dorada. El señor Weasley, al lado de su hija, sonreía orgullo. Ginny no apartó la vista de su novio. Sus latidos eran casi gritos, pero no le importaba. Estaba demasiado concentrada en los verdes ojos de su futuro esposo como para escandalizarse por aquel pequeño detalle. Harry disfrutó con su visión, pues era la realización de un sueño oculto. Lo que los separaba les parecían kilómetros, y de buen grado habrían acabado aquella distancia corriendo. El largo vestido blanco barría el piso con cada paso que la chica daba. Se ajustaba su estrecha cintura con un coqueto retoque y el escote mostraba lo justo y necesario. Estaba perfecta. Con la diadema por fin bien puesta, con un pequeño velo. “Perfecta” pensó Harry sonriendo.

-Cuídala-dijo el señor Weasley cuando posó la mano de su hija junto a la de Harry.

-Lo haré-respondió el chico con firmeza-lo prometo.

El señor Weasley besó la mejilla de su hija con cariño y se fue a sentar junto a su esposa. Ron contemplaba fascinado la escena. No podía creer que por fin su hermana se fuera a casar…

-Oh…-dijo olvidando completamente su fascinación.

Acababa de entrar en la carpa la chica que tanto había querido evitar. Posiblemente no lo habría notado si no fuera porque Teddy había corrido hacia ella, buscando sus brazos. No oyó las palabras del hombre que presidía la boda, no veía a su hermosa hermana y a su mejor amigo aceptándose en el lazo del matrimonio… No, sólo tenía ojos para la castaña.

Hermione vio al niño correr hacia ella, con los brazos extendidos, sinónimo de que quería que lo levantara en el aire. Lo hizo, y Teddy la rodeó con los brazos, cariñosamente. Podría haber

pasado una eternidad y Ron no se habría dado cuenta. Casi había olvidado lo preciosa que era. Pudo notar su mirar soñador fijado en la pareja de novios. Ella no lo había visto y de seguro había entrado de esa forma para evitar que la viera. Ambos eran unos cobardes.

Unos malditos cobardes. Ella, por no enfrentarlo aún sabiendo que estaba en casa ¿O no lo sabía? Claro que lo sabía. Ginny se lo habría dicho en la primera oportunidad. ¿Por qué no lo buscó y regañó con su típico orgullo arrogante? Estaba seguro de que ella querría decirle unas cuantas cosas… pero no se sentía con la suficiente fuerza como para soportar la mirada acusadora de la chica. Ya se sentía lo suficientemente culpable como para más encima escucharlo de sus labios.

“Pero tendrás que hacerlo” se dijo a si mismo mientras Hermione le susurraba algo al niño. Se veía preciosa con el chico en brazos… Una fugaz imagen se coló en su mente. Hermione, con su típico cabello enmarañado, acariciando una gran barriga… Sacudió la cabeza avergonzado. Esa fantasía, que durante mucho tiempo lo había acompañado, no era más que el triste recuerdo de una época mejor.

Escuchó los aplausos a su alrededor. Miró a su hermana y a su mejor amigo y vio que estos se besaban. Había acabado. Ya eran marido y mujer. “ Y yo me perdí toda la boda!” se quejó mentalmente. Volvió su vista hacia Hermione, pero esta ya no estaba. Se levantó y la buscó por toda la abarrotada carpa.

-Cuidado!-dijo alguien cuando las sillas se hicieron a un lado para crear espacio. Era hora de la fiesta.

Ron se horrorizó ante la perspectiva de encontrarse frente a frente con Hermione. Tenía que salir de allí tan rápido como fuera posible.

o.o.o.o

-Hay que darle a Teddy su remedio-dijo Andrómeda Tonks mirando sonriente a su nieto-el medimago digo que teníamos que ser muy puntuales.

La mujer alzó los brazos para que Hermione le pasara al niño, ahora rubio, que tenía en alto, pero la castaña negó con la cabeza y lo alejó de ella.

-No hay problema, iré yo-se ofreció Hermione ansiosa. Estaba deseando salir de la carpa.

-Segura?-preguntó la mujer-no será mucha molestia?

-No!!-respondió Hermione sonriendo ampliamente-De todas formas tengo que entrar en la casa.

Andrómeda estaba a punto de replicar cuando un hombre llegó a su encuentro. Le ofrecía bailar y ella no pudo negarse, pues Hermione ya había aceptado por ella.

-Le encantará!-dijo Hermione despidiéndose con la mano, instando a que Teddy también lo hiciera.

-Se fue!-dijo el niño sorprendido.

-Sí, así es-asistió Hermione moviendo la cabeza de arriba hacia abajo-ahora nosotros iremos a darte tus medicamentos. ¿Bien?

-Wuakala!-exclamó el niño haciendo una mueca que hizo reir a la castaña.

Cuando entraron en la casa, Hermione dejó a Teddy con delicadeza sobre la alfombra, para ir a buscar los medicamentos a la cocina. Se movía con algo de lentitud ya que temía tropezar con el vestido, pero no paraba de escuchar como el niño le contaba que Harry había estado a punto de llorar en medio de la boda.

-Se le notaba!-decía el niño con mucho convencimiento-Ginny se veía mucho mejor…

-Teddy!-rió Hermione cuando volvía con el jarabe y una cuchara-si Harry te escucha le dará un ataque.

-Mi abuela me enseño que no debo decir mentiras-dijo Teddy muy convencido.

-Si, y tiene mucha razón!-asistió Hermione con firmeza-siempre debes decir la verdad, pero algunas veces es mejor omitir ciertas partes. Ahora, abre la boca para beberte esto.

-Pero no me gusta!!-se quejó el chico negando con la cabeza-sabe mal!

-Es la única forma de que te mojeras, Teddy!!

-No me quiero mejorar…-dijo el niño agachando la cabeza.

-De qué hablas?!-preguntó Hermione frunciendo el entrecejo-No quieres jugar con los chicos Meyer?

Teddy negó con la cabeza. Hermione notó las pequeñas lágrimas que se acumulaban en sus ojos. Preocupada, dejó la cucharita llena de jarabe sobre la mesa con cuidado de no derramar nada. Se hincó junto al chico y le obligó a levantar la carita con cuidado.

-Qué pasa?-preguntó en un susurro.

-No me quiero mejorar…-repitió el niño.

-Por qué? ¿Hay algo malo con estar sanito?

-Si no me mejoro-comenzó Teddy-quizá…

Se detuvo, sabiendo que lo que diría era algo terrible. Lo tenía muy presente pues cuando se lo dijo a su abuela esta se había horrorizado al punto de las lágrimas.

-Continúa…-pidió Hermione amablemente.

-¿No te enojarás?-preguntó tímidamente.

-¡¿Cómo podría enojarme?!-rió Hermione.

-Está bien…-dijo el niño motivado por la risa-es que si no me mejoro, quizá…-se retorció las manos nerviosamente-me muera-susurró muy cerca de el oído de Hermione-y así pueda ver a mis padres.

Hermione se tapó la boca con las manos, espantada con la idea de un niño de casi cinco años. Se quedó sin aire y lo miró esperando que fuera una broma. Negó con la cabeza con fuerza y lo tomó de los hombros para atrerlo así misma. Lo abrazo casi llorando.

-No digas eso!!-exclamó-es una idea muy fea!

-Pero es verdad. Todos tienen padres. Los Meyer tienen dos… yo no tengo ninguno.

-Pero eso no significa que no estén! Ellos siempre están contigo!

-No es verdad. No tienes que decir mentiras.

-No miento!-Hermione lo separó de ella para verle la carita. Era la copia exacta de Tonks-No digas eso, tus padres siempre están a tu lado. Te acompañan en cada momento, y les duele que tu pienses de esa forma.

-Cómo puedes saberlo?-preguntó el niño enojado.

-Porque… simplemente lo sé. Lo siento-dijo tocándose el pecho, justo en el lugar del corazón-y tú también deberías sentirtlo-puso la mano sobre el pecho del niño-están aquí. En tus pensamientos, en tu día a día. Sé que no me crees, pero es así. Y si tienes alguna duda, pregúntale a Harry.

-Es verdad!-exclamó el chico como si acaba de notar algo-Harry tampoco tiene padres!!

Hermione hizo una mueca y negó con la cabeza, dándole la razón al niño.

-Ahora, promete que no dirás más que deseas morir-lo regañó Hermione cariñosamente-eres muy joven para tener esas ideas-dijo más para sí que para él.

-Lo siento…-se disculpó el chic apenado.

-No importa-dijo ahora Hermione más repuesta-Bebe tu remedio y ve a jugar. Los chicos Meyer deber estar muy aburridos sin ti.

Teddy se tomó la cucharadita de Jarabe sin reclamar y corrió fuera de la casa. Hermione soltó un suspiro de cansancio y se dejó caer sobre el primer sillón que encontró. Estaba sorprendida. Nunca había pensando que un niño de casi cinco años pudiera decir algo como aquello. ¡Querer morirse! Eso sólo se le había pasado una vez en la vida…

Pensar en esa época le hacía sentir un gran vacio. Habían sido largos días y noches que parecían no tener final. Lo había extrañado hasta quedarse sin lágrimas. Había sido un periodo lleno de negrura. Estuvo perdida, vagando por algún lugar de su mente lleno de dolorosos recuerdos. Fue en ese momento cuando sintió la tentación de acabar con su vida, segura de que era la única posibilidad de descanso… Porque ¿Cómo se puede estar bien cuando todo te recuerda a él?.

Miró por la ventana. Nada. Él no estaba cerca y lo agradecía. No iba a arrancar, aunque su corazón le rogaba que lo hiciera. No se creía capaz de verle el rostro. ¡Pero no! No lo haría. No estaba dispuesta a darle en el gusto. Que supiera que su simple presencia la perturbaba al grado de hacerle perder la razón… No lo haría…

“Pero no me pidan que salga, por favor!” rogó internamente aferrándose al sillón. Sólo unos minutos. Unos pocos minutos a salvo, para luego seguir expuesta a su mirada. ¿La habría visto ya? ¿Estuvieron cerca? ¿Qué pasaba si la veía? ¿La saludaría?... Hermione frunció el entrecejo. Claro que no lo haría. No tendría la desfachatez de acercarse como si nada hubiese ocurrido. ¿o si?

-Aquí estás!!-exclamó una voz haciendo que la castaña se sobresaltara.

-Merlín!-exclamó palpándose el pecho, junto a su acelerado corazón-Luna! No hagas eso.

La rubia platinada soltó una divertida risita. A pesar de sus extraños aros y el largo collar de quien sabe que cosa, se veía muy distinguida con su vestido color rosa. Se acercó hasta Hermione, con pasitos pequeños, y se sentó junto a ella.

-Viste quien está allí afuera ¿verdad?-preguntó sin un ápice de cuidado.

Hermione hizo sonar la garganta, dándose tiempo para responder. Miró hacia todos lados, esperando que nadie escuchara.

-No lo he visto-respondió seriamente-pero sé que está aquí.

-Ya…-respondió simplemente. Tomó su collar de cuentas y lo dio vueltas en sus manos.

-Supongo que… ¿está bien?

Luna alzó la mirada sin poder evitar la sorpresa. Era extraño escucharla preguntar por él, cuando había estado evitando ese tema durante años.

-No me habló-le respondió la chica-pasó por mi lado, pero ni me miró. Aunque si puedo decirte que se ve muy bien. Está muy guapo.

-Ah…-asistió Hermione desviando la vista-es mejor evitar las sorpresas ¿no crees?

Luna asistió, segura de que Hermione no quería encontrarse con Ron ni aunque de eso dependiera su trabajo en el ministerio.

Un incómodo silencio.

-Sabes-dijo finalmente la castaña levantándose-iré por un chal, está haciendo frío.

-Si, es verdad. Me temo que los Uhiyad no están haciendo bien su trabajo.

Hermione estuvo tentada de preguntar que eran esas cosas, pero prefirió asistir. Se levantó y subió las escaleras con rapidez. ¡Que conversación más embarazosa! Y no porque fuera con Luna, para nada. Ella era su amiga, y sabía bastantes cosas que ninguna otra persona sospecharía, pero le mató hablar de… de él…

¡Ni siquiera era capaz de pronunciar su nombre!

Llegó junto al tercer piso. Atravesó el corredor alzando su largo vestido y se encerró en la habitación de Ginny. Nadie la molestaría allí… apoyó la cabeza en la puerta, cerrando los ojos y soltando y suspiro. Que horrible se sentía.

-Merlín…-susurró una voz sin poder contenerse.

Hermione se quedó de piedra, abriendo los ojos rápidamente. ¿Se lo había imaginado?

Aunque así lo creyera, no quiso girarse. No podía. Su cuerpo estaba inmovilizado.

Detrás de ella, Ron Weasley no supo que hacer…

o.o.o.o

Hola lectores!

Que bueno que les haya gusto! No saben lo feliz que me hacen, pues significa que puedo seguir escribiendo y que habrá gente que me leerá. Esto es muy importante para mí, pues distrae no saben cuanto!

Un beso para todos

Y gracias por los r.r. del capítulo anterior.

Nos leemos en el siguiente capítulo.



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