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Esta viñeta es un Luna/Cedric un poco absurda, pero la escribí deprisa y corriendo para el cumpleaños de Angelle, que me la había pedido en el meme de los besos. Total, que es un poco tonta, pero hice lo que pude :P
Ojos de cielo
Llevaba toda la semana recibiendo palabras de ánimo, palmaditas en la espalda y de guiños de ojo cómplices.
“Vas a ganar Cedric”.
“Estamos contigo”.
“No nos falles”.
Cedric agradecía el apoyo, pero la gente desfilaba tan rápido por su alrededor al salir de clase, cada vez que caminaba por un pasillo o cuando se retiraba a la biblioteca, que empezaba sentirse un poco mareado. Hubiera apreciado más un abrazo que todo ese entusiasmo. Un asidero con que frenar sus nervios.
Estaba realmente asustado, pero la gente no quería oír eso. Quería oír que los machacaría a todos en la final y que llevaría el Trofeo a la común de Hufflepuff. Algunos de sus amigos hasta habían escogido ya el lugar dónde la colocarían. Toda su casa tenía sus esperanzas depositadas en él, junto con medio Hogwarts.
Era halagador, pero Cedric a veces creía que iba a explotar por la presión. Por eso tomó la costumbre de dar paseos solitarios por los terrenos de Hogwarts, buscando un poco de paz para poner en orden sus ideas.
En uno de sus paseos vio a una niña junto al lago. Estaba acuclillada justo en la orilla y contemplaba la tersa superficie del agua como si esperarse algo. Sin embargo, cuando le vio observándola, la niña se puso en pie y se dirigió hacia él.
Tenía una larga cabellera rubia y ondulada, el rostro redondeado y unos ojos enormes y saltones. A Cedric le pareció vislumbrar la forma de dos rábanos entre los mechones de pelo, además llevaba un collar de ¿corchos de cerveza? colgándole del cuello. En conjunto tenía un aspecto muy peculiar aún llevando la túnica de Ravenclaw. Calculó que debía tener unos 13 años.
Cuando la niña llegó a su altura, se quedó mirándole fijamente, como si se conocieran, con sus ojos azul cielo llenos de nubes.
—Tú eres Cedric Diggory —dijo ella, con una voz dulce y serena.
—Sí —respondió él llanamente. No era la primera vez que algún alumno o alumna se acercaba a él sabiendo quién era. Ese año todo el mundo parecía conocerle.
Ella asintió y sin mediar palabra, le abrazó. Cedric se quedó tan sorprendido por el gesto que durante unos segundos no pudo moverse. La niña apenas le llegaba a la altura del pecho y sus brazos eran muy delgados.
Era una completa extraña y no obstante le estaba dando ese abrazo que tanto necesitaba. La situación era bastante surrealista pero Cedric no sabía que Luna Lovegood era una persona muy especial. Sin embargo, al cabo de un momento le devolvió el abrazo sin tener muy claro por qué: su cuerpo respondió solo.
Descubrió que la niña encajaba bien con él y que era tan diminuta y flacucha que podía envolverla completamente con los brazos e incluso lograría levantarla del suelo sin el más mínimo esfuerzo. Un leve olor a cerveza de mantequilla, pólvora y algo picante le emanaba del pelo.
El abrazo duró un par de minutos, en los que ninguno de los dos dijo ni una palabra ni se movió. Luego ella se apartó un poco y Cedric retiró los brazos de su alrededor. Se sentía más tranquilo y arropado que en días, como si ella hubiera absorbido todos sus nervios y le hubiera dejado a cambio una relajante paz.
Entonces la niña alargó una mano y le rozó una mejilla con la yema de los dedos, contemplándole sin pestañear.
—Lo harás muy bien —le dijo, tranquila, y esbozó una pequeña sonrisa que dulcificó su rostro. Después se puso de puntillas y antes de que Cedric pudiera preveer lo que iba a hacer, le besó en la boca. Fue sólo un inocente beso con los labios apretados y duró tan poco que a Cedric sólo le dio tiempo a sentirse profundamente sorprendido ante el hecho de que una desconocida le estuviera besando.
Él tenía 17 años, ella sólo 13 y hasta ese día nunca habían hablado.
Pero todo terminó con la misma naturalidad con que había empezado. La niña se retiró, le dedicó una larga mirada soñadora –soñadora, pero adulta, como si hubiera visto cosas que otros no –y se alejó después de murmurarle un suave “Suerte”.
Cedric se quedó clavado en el sitio durante un buen rato. Luego una sonrisa incrédula se deslizó hacia sus labios.
Participar en el Toreno de los Tres Magos cada vez resultaba más sorprendente.
Lo que yo decía, viñeta tontuna. La siguiente será un George/Tonks (este rare!pairing no es invención mía, es un regalo pero me ha gustado el ship) y será un poco mejor que esta, la prometo. Igualmente agradezco reviews, aunque sea para decirme que debería darme vergüenza publicar algo así. Un besote y gracias de antemano!
Con mucho cariño, Dry.