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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » El diablo viste de Ravenclaw

Booh
Author of 20 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Cho C. & Ginny W. - Reviews: 49 - Updated: 08-25-08 - Published: 04-13-08 - Complete - id:4194955

#4 Honrarás a tu padre y a tu madre

-Algo le tiene que haber pasado, Roger. No ha aparecido en toda la noche y aunque he estado tratando de tranquilizar a Molly con una mentira, no creo que sea capaz de mantenerla durante mucho tiempo. Harry dice que tampoco sabe dónde está. Él y Ron están patrullando las calles. ¿Estás seguro de que no la has visto?

-No sé qué decirte, Arthur, la verdad. Hoy ha venido poca gente, pero no me he fijado en quién entraba o salía…

Arthur Weasley, consumido por la preocupación, se secó el sudor de la frente con un pañuelo y frunció el entrecejo.

-¿Te importa si echo un vistazo? –le preguntó a Roger Burrows, el bedel del Ministerio, que no se había enterado todavía de que el ascensor se había parado en algún lugar entre la octava y la novena planta.

-No, claro. Pasa y mira todo lo que quieras.

Arthur salió escopetado hacia los ascensores y pulsó con ansiedad el botón de llamada para llegar cuanto antes al décimo piso, donde trabajaba su hija. Quería encontrar allí algún indicio que le permitiera saber si hoy se había pasado por la oficina. Pero como en el Ministerio había dos ascensores, el que estaba averiado no se movió, pero sí el de enfrente, que bajó para recoger al señor Weasley.

Justo en el momento en el que se abrían las puertas, una bella mujer de aspecto oriental apareció como una exhalación en el vestíbulo de entrada del Ministerio.

-Es… verá… mi hija…

El señor Weasley entornó los ojos para fijarse más en la recién llegada y al comprobar de quién se trataba se acercó a ella.

-No me lo diga –le estaba diciendo el señor Burrows, que había puesto un brazo en jarra-, su hija se ha perdido.

-¡Sí! ¿Cómo… cómo lo sabe? –dijo la señora, recuperando el aliento.

El señor Burrows alzó los brazos, implorando al cielo, y los dejó caer de nuevo sobre sus costados. ¡Un genio! ¡Era un genio! Por eso lo sabía.

-¡Yumi! –llamó el señor Weasley, agarrando del brazo a la señora, que se asustó un poco antes de reconocer de quién se trataba.

-¡Ay, Arthur!
-¿Le ha pasado algo a Cho?

-¡No sabemos dónde está! ¡Hace horas que la estamos buscando!

-¡Ginny también ha desaparecido! –le informó con la intención de que juntaran sus fuerzas.

El señor Weasley se llevó una mano a la barbilla, pensaba con dificultad. Aquellas eran demasiadas casualidades. Miró el ascensor, cuyas puertas estaban todavía abiertas, esperando a que alguien se subiera.

-¡Vamos! –dijo, señalándolo mientras tiraba suavemente del brazo de la señora Chang.

Los dos padres se metieron en el aparato y subieron a las últimas plantas del Ministerio. Mientras tanto, Cho y Ginny, Ginny y Cho, estaban lo que se dice demasiado ocupadas explorando su reciente tregua (y sus lenguas) para darse cuenta de que el otro ascensor había empezado a moverse. Y entre beso y beso el padre de una y la madre de la otra se desesperaban tratando de hallar respuesta a la desaparición de sus hijas.

Arthur Weasley removió incluso todos los papeles de la mesa de Ginny, como si esperara encontrar debajo de ellos a su hija transformada en un pequeño enanito pelirrojo. Creo que no hace falta decir que no la encontró allí...

Sólo cuando se rindió, caminó sombrío hasta la planta de abajo, en donde había acordado reunirse con la señora Chang, que había tenido la misma suerte que él (aunque a ella no se le hubiera ocurrido mirar bajo los pliegos de papel de su hija).

-¿Ha habido suerte? –le preguntó el señor Weasley.

-Nada –dijo la señora Chang, meneando la cabeza y tratando de controlar su ansiedad.

En ese momento apareció el señor Burrows canturreando despreocupadamente. Les hizo un gesto de saludo con la mano y les dijo:

-¿Cómo ha ido?

-No ha habido suerte –contestó el señor Weasley, que frunció el entrecejo al advertir que el señor Burrows no le estaba prestando atención, sino que parecía ensimismado mirando el ascensor-. ¿Algún problema, Roger?

-El maldito cacharro –protestó el bedel-. ¡Otra vez se ha averiado! ¡Maldita sea!

Las manos de Ginny se enredaron en la melena de Cho mientras pensaba en lo extraña que había sido la situación. Al principio se había mostrado reticente, separándose tras el primer beso, pero luego había sido ella la que había buscado de nuevo los labios de la Ravenclaw, como si no se hubiera quedado satisfecha con el primer plato y necesitara probar el postre. Sus lenguas se enredaron de nuevo, buscándose y acariciándose, hasta que a Cho le pareció escuchar unas voces. Frunció el entrecejo y se separó un poco de Ginny.

-¿Has oído algo?

-¿Yo? No –negó la pelirroja, que rápidamente atrajo la cabeza de Cho para obligarla a que la siguiera besando.

-Le mandaré una lechuza a Harry para decirle que aquí tampoco está –comentó en el noveno piso el señor Weasley, cuya mirada se posó con complicidad en la de la señora Chang.

El señor Burrows estaba jugando con el cuadro de mandos del ascensor, pero parecía resistírsele.

-Roger, nosotros nos vamos –le informó el señor Weasley, haciendo que el bedel se diera media vuelta y que con el movimiento tirara sin querer de un cable que hizo que, de pronto, el ascensor averiado se moviera y sus puertas se abrieran de golpe.

El señor Weasley y la señora Chang ya se habían girado, dispuestos a coger el otro aparato, cuando el señor Burrows exclamó:

-Vaya, vaya… ¡miren lo que he encontrado!

Entonces y con la boca abierta, ambos progenitores pudieron ver una escena rocambolesca. La señora Chang se ruborizó tanto que en dos días la sangre no se le bajó de la cabeza. Y al señor Weasley casi se le queda la boca con forma de “o” del susto que se llevó cuando vio a Ginny, su pequeña, empotrando a la hija de la señora Chang contra la pared del ascensor.

-Ginny… -la llamó Cho, dándole golpecitos en el hombro.

-¿Hmmff?

-Ginny... creo que tenemos visita…

La pelirroja abrió los ojos de golpe. Se giró, lentamente, temiendo encontrar lo peor, hasta que pudo ver el color bermellón de la señora Chang y la mandíbula desencajada de su padre.

-¡Papá!

El señor Weasley asintió, como si intentara decirse a sí mismo que, efectivamente, él era su padre y no otro. Él era el que estaba asistiendo a aquella escena.

-Yo… el ascensor… ella –Ginny se despegó rápidamente de Cho y se plisó la túnica con ambas manos. Trató de bajar la vista para que no vieran el rubor que hacía juego con su melena, pero no lo consiguió.

-¡Se me metió algo en el ojo! –mintió Cho-. Ginny estaba intentando quitármelo.

-¡Sí! –la apoyó la pelirroja, que de repente había tenido una idea. Se agachó rápidamente y con el dedo índice y el pulgar agarró el cuerpo muerto de la mosca que antes había aplastado a traición-. ¡Una mosca! –clamó triunfalmente- ¡Una mosca se estrelló en su ojo!

Pero el señor Weasley seguía con la boquita de piñón en forma de “o”, porque una mosca no justificaba el cerco rojizo que su hija tenía alrededor de los labios, fruto, sin duda, de haberse estado besando apasionadamente con la hija de la señora Chang durante bastante tiempo.

Ginny recogió sus cosas del suelo del ascensor y lo mismo hizo Cho, esta última utilizando la melena como parapeto para que sus padres no vieran la sonrisa que le estaba provocando la situación.

-¿Nos vamos? –propuso espontáneamente la pelirroja, agarrando a su padre por el brazo y tirando de él-. ¡Hasta el lunes, Cho! –se despidió con naturalidad, para normalizar la situación mientras se metía en el otro ascensor y sacaba el caramelo que antes le había dado Cho.

-Hasta el lunes, Ginny –dijo la Ravenclaw cuando las puertas ya se estaban cerrando. Rodeó con un brazo a su anonadada madre, y luego se dirigió al señor Burrows: -Tenga cuidado con ese ascensor. Es muy traicionero.

El señor Burrows negó incrédulamente con la cabeza y se dispuso a meter los cables en el cuadro de mandos. Cuando las puertas del ascensor que tomaron Cho y su madre se estaban cerrando, pudo escuchar la preocupada voz de la señora Chang:

-Pero, cariño, ¿no era esa la novia de Potter?

-Sí. Y todavía lo es...

-Ay, hija, tendrás que explicarte mejor porque yo ya no entiendo nada…

El siguiente lunes se verían, de hecho, se encontrarían en el mismo ascensor en el que se habían quedado atrapadas y allí se saludarían como si no hubiera pasado nada, carraspeando una, mirando al techo la otra, ambas tratando de reprimir una sonrisa cómica y de ocultar una chispa de complicidad en sus miradas.

Y aunque lo cierto es que Ginny jamás confirmó o desmintió si todos los rumores que circulaban sobre Cho eran ciertos, lo que le quedó claro a partir de entonces es que, si bien el diablo no era como ella lo imaginaba, el diablo, a veces, viste de Ravenclaw.

-Fin-


NdA: ¡Por fin lo he terminado! No sabía que algo tan cortito me iba a llevar tanto tiempo. Pero, bueno, uno menos, que eso siempre es importante :)

Como habéis podido ver, al final no me apetecía poner lemons o escenas subidas de todo, sino más bien una pequeña nota cómica (pequeña) para convertir el fic en una lectura llevadera, sin más pretensiones que las de entretener. Y creo que eso es lo que me queda por decir. Si habéis llegado hasta aquí y os apetece decirme qué os ha parecido, yo encantada x)



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