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Author of 47 Stories |
¡Holas!
Oh dios, hace siglos que no actualizo este fic y el de “Blanco y Negro”, la razón es que la última viñeta de la tabla 30vicios se convirtió en un fic independiente, por su trama y longitud así que parece que hace milenios que no actualizo XD. También puede ser que últimamente ando súper inspirada con Bleach XD. Pero bueno, aquí vuelvo con otra viñeta XDDD y desde luego no es porque no tenga ideas, sino por falta de tiempo y a veces prioridades a la hora de escribir ^^ (prefiero escribir lo que me apetece en ese momento en lugar de escribir de forma forzada jejeje)
Pues nada, sin más, espero que os guste ^^
Personajes: Near, Mello.
Rating: G
Advertencias: ninguna
Género: General, drama
Palabras: 2123
Ubicación: Wammy’s House era.
HUMILLACIÓN
-Ya podéis dar la vuelta a la hoja. También sabéis que no se permiten calculadoras. A partir de ahora tenéis cuarenta y cinco minutos.
Tal y como el profesor había indicado, dio la vuelta al folio que les habían repartido y que hasta el momento había descansado boca abajo sobre el pupitre. Echó un vistazo rápido. Cinco preguntas: una pregunta de teoría que consistía en una demostración y cuatro problemas a resolver. Era fácil. Incluso sin darse demasiada prisa, podría tenerlo acabado en veinte minutos.
Aquel era el examen de ecuaciones diferenciales, y cualquiera que hubiera escuchado hablar al profesor habría imaginado que se dirigía a estudiantes universitarios de alguna carrera técnica. Pero no estaba en ninguna universidad, sino en un orfanato de Winchester donde el mayor de los alumnos no superaba los dieciséis años. Ni siquiera a nivel de instituto se estudiaba ese tipo de asignaturas avanzadas, pero aquellos niños no sólo no eran estudiantes de instituto, sino que eran genios.
Near comenzó a responder el examen, calmado pero sin pausa, con una caligrafía perfecta. Para otros muchos chicos el hecho de no poder usar calculadora les resultaba un gran fastidio. Allí todos eran jóvenes brillantes, pero no todos destacaban en los mismos campos. Había de todo, a quienes se les daban bien las matemáticas y a quienes no.
Él era uno de los que tenía aptitudes para los números. Hacer cálculos de memoria no le suponía ningún problema y mucho menos resolver aquel tipo de preguntas. Las matemáticas eran simples, todo se reducía a un proceso mecánico, el seguimiento de unas pautas y la consecución de un resultado concreto. Que el desarrollo fuera más o menos laborioso, no era más que un accesorio para añadirle dificultad, pues al fin y al cabo todo se reducía a sustituir incógnitas y aplicar fórmulas para llegar a una única solución.
El profesor deambulaba por la clase, observando a los alumnos realizar el examen, respondiendo a algunas dudas. Cuando pasó al lado de la mesa de Mello, dio unos golpecitos con los dedos sobre el pupitre, llamando su atención.
Near alzó la vista de su folio y aguzó el oído para escuchar la queja del profesor acerca de la nefasta caligrafía de su compañero. Éste bufó como respuesta, disponiéndose a tachar a diestro y siniestro sobre su examen, ya caótico de por sí.
No era la primera vez que los profesores llamaban la atención de Mello. El joven tenía talento, era inteligente y sacaba buenas notas. En sus exámenes, ejercicios de clase o trabajos era imposible encontrar una falta de ortografía, pero todos sus conocimientos quedaban eclipsados por el caos en que estaban expuestos y una letra prácticamente ininteligible. Como en tantas otras cosas, en ese aspecto, Near y Mello eran completamente diferentes.
Lleno de tachaduras y una caligrafía pequeña, apretada y de trazos largos, el examen de Mello visto desde lejos parecía un hormiguero que había sido descubierto y del cual las hormigas huían despavoridas.
Near trató de concentrarse en su propio examen, sabiendo que observar a Mello pelearse contra la hoja de papel como si estuviese apuñalándola con rabia con el bolígrafo, no iba a ayudar en nada a ninguno de los dos. Y sin embargo podía comprender la violencia con la que Mello rasgaba el papel, a punto de rayar consigo la madera del pupitre. Ver a Mello tan frustrado le causaba una incómoda opresión en el pecho.
La noche anterior se había despertado de madrugada, y no era debido a que hubiera dormido mal por culpa de los nervios ante el examen, sino a que por alguna razón se había desvelado y se había dado cuenta de que tenía que ir al baño y de paso beber un poco de agua. Ni siquiera miró el reloj antes de salir al pasillo y encaminarse a los aseos de la primera planta, pero podía constatar que era tarde, todos dormían y ni un ruido alteraba la paz y la tranquilidad del orfanato a esas horas. Nada excepto la luz que se escurría por la rendija de la habitación de Mello, iluminando llamativamente la oscuridad del corredor.
No era nada fuera de lo común, por lo que Near no le prestó mayor atención y continuó hacia el cuarto de baño. Siempre que había un examen en ciernes ocurría lo mismo: Mello se quedaba hasta tarde estudiando y durante el día, pasaba la mayoría de las horas libres enclaustrado en la biblioteca.
Después, cuando veía a Mello morderse las uñas desesperadamente, emborronando los folios con su desastrosa letra y quedándose siempre el último para entregar, se sentía culpable.
Hasta donde recordaba, Near nunca había trasnochado antes de un examen, es más, solía hacer la rutina acostumbrada: terminar las clases, hacer los deberes, jugar hasta la hora de la cena, cenar, darse un baño, y jugar otro rato antes de irse a dormir. Ni siquiera necesitaba estudiar más allá de llevar las tareas al día y atender en clases, como mucho en lugar de leer antes de acostarse para ayudar a conciliar el sueño, repasar los apuntes o el temario. Y muchas veces deseó poder cederle a Mello parte de su capacidad para hacerle más llevadera esa angustia.
Pero así era Mello, tenaz y desmedido en todo lo que hacía. Y cuando el chico rubio le miró de soslayo mientras pasaba a limpio parte de su examen en unas hojas nuevas que el profesor le había proporcionado, Near recordó que él no podía hacer nada por evitarlo.
Sabía que a la vez que Mello se esforzaba por transcribir de forma pulcra y coherente sus respuestas, la tinta de su bolígrafo no sólo escribía letras y números sobre el papel, sino que tachaba la imagen invisible del rostro de Near con sus líneas torcidas.
Y Near tampoco podía hacer nada por evitar eso. Disimulando, en cuanto vio que Mello le miraba de reojo, se apresuró a volver a fijar la vista sobre su examen, dándose cuenta de que había perdido el hilo de lo que estaba haciendo y necesitaba volver a concentrarse en ello.
Había oído mil veces a los profesores regañar a Mello por ser caótico y descuidado y muchas veces se sorprendía de lo fácil que podría haber sido la solución a todo aquel problema. Era tan fácil como amenazar a Mello con que L, en su empeño por buscar un sucesor, recurriría a un grafólogo para comprender mejor las personalidades de sus potenciales sucesores. En tal caso, seguro que Mello pondría todo su empeño en escribir de forma ordenada y nítida. Y muy en el fondo, Near pensaba que tal vez aquello no fuera algo tan poco sólido como una supuesta amenaza en pos de mejorar la caligrafía de Mello. No le sorprendería nada en absoluto que L hubiese recurrido a una estratagema similar, obteniendo como resultado la evidente diferencia de personalidades entre él y Mello, porque no tenía ninguna duda de que la caligrafía podía ser un fiel reflejo de la personalidad del individuo.
Estaba seguro de que mientras Mello escribía, su sombra planeaba sobre él, amenazante, recordándole que daba igual cuanto estudiara o cuanto se esforzara, ya que nunca llegaría a ser tan bueno como Near.
Éste vaciló durante un breve segundo, una vez que había retomado el ritmo del examen. Él nunca había dado pie a propósito para que Mello sufriera de tal complejo de inferioridad respecto a su persona. ¿Qué pasaría si ese día se despistaba y sustituía un signo menos por un más? Un error minúsculo e insignificante que no significaría nada para él pero muchísimo para Mello, un error perfectamente plausible en un cúmulo de operaciones repletas de números y signos…
Quizás así Mello por fin obtendría su preciada recompensa, aunque sólo fuera por una vez, ya que la intención de Near era la de obsequiarle con una breve victoria, no dejarle ganar la carrera final. Tal vez así Mello pudiera al fin verse a su mismo nivel y tratarle como tal, no como a una amenaza.
El bolígrafo de Near dudaba sobre el papel, acercándose y alejándose, moviéndose sin rozarlo. Sentía su corazón acelerándose impaciente, sabiendo que nada tenía que ver con el examen que estaban haciendo.
¿Qué pasaría si lo hacía? Tratar con Mello era como jugar a la ruleta rusa, era impredecible y arriesgado.
El bolígrafo de Near cayó sobre el papel, dejando un punto de tinta involuntario junto a las fórmulas. Mello estaba mirándole nuevamente, aunque de forma bastante disimulada.
Near se llevó los dedos al cabello y comenzó a retorcer un mechón a la par que se balanceaba un poco sobre la silla y giraba el bolígrafo sobre sí mismo.
Había sido estúpido, muy estúpido. De hecho, lo que acababa de pasar era algo que ocurría siempre que tenían que hacer un examen. Siempre. Afortunadamente, por una razón y u otra nunca terminaba haciéndolo. Y esa vez, era una más de las miles que habían acontecido a lo largo de los años. Quizás algún día, dejara de repetirse.
Near continuó con su examen, haciendo caso omiso a los bufidos nerviosos de Mello y el rasgueo desenfrenado de su bolígrafo. Miró el reloj y comprobó que, aún habiéndose desconcentrado por unos instantes, había terminado el examen en veintitrés minutos. Tenía mucho tiempo para repasarlo, pero no era necesario, pues sabía que no había cometido ningún error, podía quedarse allí esperando para no ser el primero en salir, pero ¿para qué? Sería una pérdida de tiempo además de que no le importaba en absoluto lo que los demás pudieran pensar de él. De hecho, podía asegurar que no salir el primero del examen sería mucho más llamativo para sus compañeros.
Se levantó, recogió sus cosas y le entregó el examen al profesor. Pudo ver por un momento la mirada de Mello clavada en él, desafiante bajo su rubio flequillo. Encaminándose hacia la puerta del aula, era capaz de sentir sus ojos azules taladrándole la espalda, lo único que podía sentir en esa sala era el ritmo violento e impetuoso de la escritura de Mello sobre las hojas de papel.
Una vez fuera, se apoyó contra la pared, resbalando lentamente por ésta hasta quedar sentado en el suelo. Sacó de su mochila un par de robots articulados y se dispuso a hacerles volar y pelear en aquella área de juegos improvisada. Aún quedaba mucho para que alguno de sus compañeros acabara el examen.
Había sido muy estúpido al pensar que fallando voluntariamente en su examen a favor de Mello, éste iba a dejar a un lado la rivalidad que los unía. Era muy estúpido, pues eso no haría sino separarlos aún más. Llevaban muchos años compartiendo sus vidas en aquel orfanato, se conocían lo suficientemente bien como para que Mello se diese cuenta de ese detalle. Para él sería un insulto, una afrenta contra su persona. Una humillación insoportable.
Y si alguna vez Near había pensado en cederle parte de su terreno, no había sido con esa intención.
Estaban destinados a competir, y no sería lo mismo si Near bajaba la guardia. Cuanto más complicado fuese el reto, más excitante sería, aunque esto conllevara un sobreesfuerzo por parte de Mello para alcanzarle. Formaba parte de su forma de vida, era su aliciente, su obsesión, el objetivo a lograr y Near debía permanecer en su posición intocable para seguir alentándole.
Si deseaba que se acercara a él, debía hacerlo por otros medios, no humillándole y mancillando su orgullo. Y sin embargo, la naturaleza de Mello era tan compleja para él, como su escritura enrevesada, como sus argumentos expuestos de forma espontánea tal cual brotaban de su mente sin orden previo alguno. Tratar de acercarse a Mello era tan difícil y arriesgado como detener una bomba a punto de explotar.
Jugando con sus muñecos, Near concluyó que por su parte no había nada que pudiera hacer al respecto, tan sólo esperar. Esperar a que Mello fuera quien decidiera acercarse a él, cuando todos los fantasmas que le atormentaban hubieran desaparecido, cuando hubiese comprendido que Near simplemente era así y no iba a cambiar. Ambos tenían un objetivo común y ninguno de los dos iba a rendirse, pero si Mello alguna vez deseaba acompañar a Near en ese camino, más que correr tras él, debía saber que Near siempre le esperaría tendiéndole la mano para alcanzar juntos la meta.
Media hora después, los chicos comenzaban a salir del aula. Near recogió sus cosas para encerrarse en su habitación, pero antes de partir, miró por la rendija de la puerta de la clase, donde el profesor esperaba a que el único alumno que quedaba acabara por fin su examen. Obviamente, éste era Mello.
Observándole atentamente, Near no pudo evitar pensar que ojalá todo fuese tan sencillo como las matemáticas.
¿Qué tal? Espero que os haya gustado ^^. Como siempre espero vuestros comentarios jejeje.
La verdad es que tenía esta idea rondándome desde hace mucho tiempo, pero no tenía muy claro qué elegir al final. Me llamaba la atención que Near se planteara alguna vez fallar en un examen para recompensar a Mello y que éste dejara de verlo como una amenaza. Me parecía interesante esa idea, pero al final opté por la idea de que, aunque Near lo pensara, jamás llegó a hacerlo. No me parecía propio de él hacer algo así, por mucho que quisiera mejorar su relación con Mello, y creo que eso es parte del atractivo que tiene Near como personaje y también del atractivo que tiene la relación Mello/Near ^^
Creo que la otra opción habría quedado totalmente OOC XD
Pos nada más que comentar, la verdad es que esta viñeta tenía poco misterio XD. Ahora espero que seáis vosotros quienes me comentéis ^^
¡Besitos!
Ak