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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Card Captor Sakura » Una Medida Excesivamente Drástica

LadyCornamenta
Author of 17 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Humor - Sakura K. & Syaoran L. - Reviews: 532 - Updated: 09-02-08 - Published: 04-14-08 - Complete - id:4196947
Capítulo 1: Introducción

¡Perdón, perdón y mil veces perdón! Sé que merezco pena de muerte.

Pero los dejos con el final, que es lo más importante. Después tendré tiempo para auto-torturarme. ¡Nos leemos abajo!

oOoOoOoOoOoOo

Una medida excesivamente drástica.

By LadyCornamenta

Capitulo 17: Epilogo.

Caminaba apresurada hacia la escuela otra vez. Como todas las mañanas, se había quedado profundamente dormida. Sin embargo, esa mañana era diferente. Si, era diferente porque aquél era el último día antes de que llegaran las tan ansiadas vacaciones. ¡Por fin estaría libre de exámenes, profesores y trabajos prácticos!

Los últimos meses habían sido algo de otro mundo para Sakura. Con Shaoran a su lado, todo parecía color de rosas. Luego de aclarar su malentendido, habían tenido unas cuantas cosas que hacer, empezando por comentarle a su familia la peculiar situación de su inquilina; cuando se dieron cuenta de que Shaoran no volvería a ser Shiori nunca más. Al principio, no sabían muy bien como hablarlo, ya que parecía algo imposible e irreal. Sin embargo, Fuutie Li, que estaba al tanto de toda la historia de su pobre hermano, se había ofrecido a explicarle a su querido profesor Kinomoto como habían sido las cosas. Luego de varias conversaciones y de mostrarle las similitudes que Shaoran y Shiori presentaban, Fujitaka había quedado convencido, aunque bastante desconcertado.

Cuando llegó a las rejas del colegio, pasó con velocidad y, como un rayo, se dirigió a su aula. El último tiempo había estado llegando tarde, ya que Shaoran ya no asistía más a la preparatoria. El motivo era obvio; por lo que ahora tenía clases particulares en la casa, para poder dar los exámenes libres a fin de año.

Con una sonrisa surcando su rostro, Sakura se sentó en su puesto, luego de saludar a Eriol y Tomoyo, a los que ella misma había nombrado la parejita feliz. El apodo se lo habían ganado en buena ley, ya que desde hacía bastantes meses estaban saliendo y Sakura cada día estaba convencida en que eran el uno para el otro. Se apoyó en el pupitre y las clases se transcurrieron una tras otra.

Sin embargo, en su mente, un par de ojos ámbar opacaban todos los demás pensamientos.

Cuando por fin las clases habían terminado, Sakura salió con sus dos mejores amigos rumbo al patio delantero de la escuela, hablando pequeñas nimiedades y riéndose de ellas.

—Espero que puedan venir, Sakura —comentaba Tomoyo divertida—. Ahora que tenemos un poco de libertad, un campamento sería genial.

Sakura asintió felizmente.

—Si, además —agregó Eriol— pagaría por ver a Shaoran acampando.

Los tres rieron mientras atravesaban las altas rejas de la entrada del instituto.

Cuando Sakura se separó de sus amigos, comenzó a caminar apresuradamente hacia su casa, como todas las tardes. Ansiaba volver a ver aquellos ojos del color del ámbar, aquella sonrisa tierna que él solo reservaba para ella. Sonrió ante el pensamiento y apretó más el paso. Cuando se encontró frente a la puerta de calle, sacó las llaves con torpeza y abrió, presurosa. Atravesó con velocidad el pasillo y vio como Shaoran se ponía de pie del sillón, dejando un libro sobre él, mirándola con una hermosa sonrisa.

—Hola —saludó Sakura, alzando las comisuras de sus labios en un tímido gesto.

—Hola —Shaoran se acercó y la tomó de la cintura, para luego besarla como había ansiado desde que había cruzado la puerta de la casa, temprano en la mañana—. ¿Cómo estuvo el día? —preguntó cerca de su rostro, luego de que separaron sus labios

—Muy bien —respondió Sakura, jugando con el cuello de su camisa—. ¿Y el tuyo? ¿Cómo te estás preparando?

—Oh, muy bien —respondió él, con fingidos aires de superioridad—. Un examen de matemáticas no es nada para el gran Shaoran Li.

Sakura soltó una suave risita.

—Ya lo creo —replicó, antes de volver a unir sus labios con los de él.

Pasaron toda la tarde sentados en el amplio sillón, abrazados, mirando la programación y haciendo zapping de vez en cuando. Cuando faltaba poco para que Fujitaka regresara del trabajo, Sakura se puso de pie y se dirigió a la cocina para preparar la cena. Estaba cortando algunas verduras, cuando escuchó el timbre del teléfono sonar.

—¡Shaoran! ¿Atenderías, por favor? —pidió con dulzura.

El muchacho, que se encontraba acomodando sus libros a un costado de la mesa del living, corrió hacia la pequeña mesita donde el teléfono resonaba. Entonces, luego de levantar el auricular, cuando escuchó la voz del otro lado de la conversación, se quedó de piedra.

Sakura, por su parte, siguió con la elaborada comida. Después de todo, esas últimas semanas había estado bastante ocupada con los exámenes finales y las comidas de costosa preparación habían quedado a un lado. Sintió el exquisito aroma que salía de la fuente, mientras escuchaba los murmullos provenientes del comedor, seguramente provocados por Shaoran, quien aún parecía estar al teléfono. Siguió revolviendo y luego dejó las cosas cocinando, mientras se dirigía al living.

Cuando asomó por la habitación, vio a Shaoran de pie frente a la mesita del teléfono, estático en su lugar. Aún tenía apoyada la mano sobre el artefacto y su mirada estaba perdida en el frente. Sakura lo estudió, frunciendo el ceño, y se acercó a él de forma sigilosa. Le puso una mano en el hombro y fue en ese momento en el que Shaoran pareció salir de su trance, porque se volvió para mirar sobre su hombro a Sakura.

—¿Qué sucede? —preguntó la muchacha, confundida.

Shaoran no respondió.

—¿Shaoran? ¿Estás bien? —insistió Sakura, preocupada.

—Era ella —respondió Shaoran en un quedo susurro.

—¿Qué? —inquirió confundida la muchacha—. ¿Ella? ¿Quién?

—Mi madre —respondió él.

Sakura abrió los ojos con sorpresa. Nunca había oído demasiado sobre Irean Li, la madre de Shaoran, pero sabía que tenían una relación bastante particular, sobre todo porque ella era quien elegía las prometidas para su hijo. También estaba al tanto de que ella había sido quién había ingeniado toda la historia de Shiori.

Fijó sus ojos en los de Shaoran, que parecía muy sumido en sus pensamientos.

—¿Qué quería? —preguntó Sakura.

—Quería… —vaciló y desvió su mirada de la de la muchacha—… que vuelva a Hong Kong.

Sakura abrió los ojos con sorpresa y un pesado silencio se extendió por la sala de los Kinomoto.

—¿Y tú…? —inquirió tímidamente la muchacha, rompiendo la calma en la que se habían sumido.

—Yo sabía que este momento llegaría —explicó Shaoran, sin volver a mirar a los ojos a la joven castaña—, pero no esperaba que fuera tan pronto.

Sakura lo vio suspirar con frustración y luego, por fin, mirarla a los ojos.

—Pero hay una opción —aseguró Shaoran y la castaña frunció el ceño, confundida—. Mi madre…quiere conocerte —explicó.

—¿Eh? —Sakura auténticamente no comprendía cuál era el punto.

—Ella quiere conocerte porque, si tu quieres por supuesto, podrías convertirte en…mi prometida —dijo a toda velocidad, con las mejillas teñidas de un suave rosa.

Sakura sonrió tenuemente ante la actitud de su novio, sin embargo, vio que quería volver a hablar, por lo que siguió esperando en silencio.

—Pero el problemas es que, sí mi madre te aprueba, cosa que estoy seguro que hará ya que te elegí por voluntad propia, tú… —se quedó en silencio y miró a Sakura a los ojos, que lo observaba con confusión. Largó un pesado suspiro antes de acabar la frase—…debes venir a vivir a Hong Kong conmigo.

Sakura abrió los ojos sorprendida.

—¿Ir a vivir a Hong Kong…? —preguntó en un susurro que fue perdiendo intensidad.

Shaoran asintió con pesadez, suspirando.

Los dos se quedaron en silencio, pensativos. Sakura, cuya mirada había viajado al piso, alzó sus ojos para mirar a Shaoran.

—¿Cuándo debes irte? —inquirió tímidamente.

—Dentro de una semana, luego de obtener los resultados del último examen —explicó, con un nudo en la garganta.

El silencio volvió a extenderse por la sala de los Kinomoto como un pesado manto. Sakura estaba perdida en sus pensamientos, haciendo los cálculos de lo que Shaoran pedía. Todo, en una balanza, era algo demasiado difícil de considerar. Sobre todo porque debía enfrentar el amor que sentía por sus amigos y familia, por el amor que sentía por aquél joven que estaba de pie frente a ella.

—No quiero que te sientas presionada —pidió en un susurro Shaoran, mientras pasaba delicadamente una mano por la mejilla de la joven—. Tómate el tiempo que necesites para pensarlo.

Sakura asintió, pero cuando Shaoran se estaba volteando, lo tomó por la manga.

—¿Pero que pasará con mi padre? —preguntó—. ¿Y con Tomoyo? ¿Y Eriol?

—Tu padre podría venir a vivir con nosotros —aseguró, rascándose la cabeza con cierta incomodidad—. Quiero decir, mi familia tiene el dinero suficiente y el podría buscar un trabajo alli y…

Sakura asintió, perdida en sus propios pensamientos y conjeturas.

—Y bueno, Eriol y Tomoyo, creo que ellos podrían visitarnos siempre que quisieran… —explicó Shaoran—. Pero no quiero que te sientas presionada por esto, quiero que elijas lo que realmente desees.

Sakura sonrió tenuemente, ante las palabras de él.

Se acercó y depositó un suave beso en sus labios.

—Gracias.

La semana transcurrió con una velocidad vertiginosa, en la que Sakura se encargó de poner a sus personas más queridas al tanto de la situación que la acongojaba. Todos habían coincidido en que aquella debía ser una decisión suya y que la apoyarían en lo que eligiera; mas, a pesar de que todos lo hacían sonar como algo fácil, a ella le costaba imaginarse su vida lejos de Tomoeda, lejos de aquella casa y de todas aquellas personas con las que había crecido.

Y allí estaba, esperando a que Shaoran terminara de empacar, sentada sobre la cama, en su cuarto, y sin saber que hacer.

Mañana él se iría.

Suspiró, y alzó la cabeza instantáneamente cuando escuchó los golpecitos en la puerta.

La cabeza de Shaoran asomó por allí.

—Sakura —llamó y se acercó a ella, atravesando la habitación con paso lento—. Ten, quería devolverte esto.

La castaña lo miró extrañada, hasta que vio que le extendía un pequeño libro de tapa roja y blanca. Entonces, recordó la novela que tiempo atrás le había prestado.

—Es una historia muy bonita —comentó Shaoran, mientras Sakura la tomaba.

Ella asintió, con las lágrimas amenazando por salir de sus ojos. Shaoran, al verla así, dejó escapar un suspiro, mientras se sentaba a su lado, sobre la cama. Sakura pasó el dorso de su mano por el rostro, cuando algunas lágrimas salieron, mientras Shaoran la tomaba por la cintura y la atraía contra su pecho. Le dio un suave beso en la cabeza mientras la mano que estaba en su costado la acariciaba suavemente.

—No quiero que estés mal —pidió—. Sabes que seguiré en contacto contigo.

Sakura ya no contenía sus lágrimas.

—Pero yo… yo…

—Shh —pidió Shaoran, alzando el mentón de la joven para que lo mirara a los ojos—. Recuerda, no necesito que me digas nada que no quieras —explicó—. Te esperaré.

Luego de darle un tierno beso, el muchacho salió para terminar de ordenar sus cosas; ya que, después de todo, su vuelo salía temprano en la mañana. Sakura, por su parte, luego de secarse las traicioneras lágrimas que se le habían escapado, se tendió en su cama. No pudo dormir por unas cuantas horas, en las que se la pasó dando vueltas y vueltas. Sólo logró dormirse ya muy entrada la madrugada y, sin embargo, en unas pocas horas —que a ella le parecieron minutos—, volvió a despertarse al escuchar ruidos en el piso.

Volteó en su cama, frotándose los ojos con pereza, y cuando giró se encontró con el pequeño librito rojo y blanco a un lado de su cama. Volvió a pasarse las manos por los ojos y se incorporó sobre la cama. Entonces tomó la novela y la abrió justo en la página final. Distraídamente pasó un dedo sobre las pequeñas letras; pero, entonces, las últimas líneas llamaron su atención.

Sabía que extrañaría a mi familia, a mis amigos y a todo aquello que me había rodeado por tanto tiempo; a todos esos rincones que contaban la historia de mi vida con solo echar un vistazo. Sin embargo, también sabía que aquél lugar carecía de gracia ahora que había conocido su sonrisa, sus abrazos y sus besos. Sabía que allí no podría vivir, porque cada cosa me recordaría a él, y a todo ese tiempo en el que nuestro amor prohibido había florecido. Escaparme con él significaba dejar todo atrás; pero dejarlo ir significaba dejar que mi todo se alejara. Por lo que, con decisión, aferré mi mano a la improvisada maleta, mientras le dirigía una sonrisa cómplice. Si Kaoru estaba conmigo, sabía que podría irme hasta el fin del mundo.”

Entonces, allí, en la penumbra de su cuarto, solo iluminado por los primeros rayos del sol de la mañana, lo comprendió.

Sabía que no podría vivir si él no estaba allí.

Bajó las escaleras de forma torpe y apresurada y lo vio allí, ya ultimando algunos detalles para estar listo para partir. Su gran valija reposaba cerca de la puerta, mientras guardaba algunas cosas en lo que parecía ser algún bolso de mano. Fujitaka seguramente estaba preparando el auto, para llevarlo al aeropuerto. Entonces, al verlo allí, Sakura corrió con todas sus fuerzas y se colgó de su cuello.

Y lo besó.

Lo besó como nunca lo había besado. De forma lenta y apresurada; con dulzura y pasión; con suavidad y violencia; pero, sobre todo, con todo el cariño y amor que sentía por él.

—Shaoran —llamó y él la miró, perdiéndose en los llorosos ojos verdes—. Quiero irme contigo —declaró.

El muchacho la miró con sorpresa, para que luego una sonrisa alegre fuera extendiéndose, poco a poco, por sus labios. Enredó sus brazos alrededor de la cintura de Sakura y la miró con extrema felicidad.

—¿Estás segura? ¿De verdad? —preguntó, aún incrédulo.

Ella asintió con una tímida sonrisa.

—Si tú estás conmigo, sé que puedo irme hasta el fin del mundo —aseguró, citando a la novela, y besando sus labios con cariño.

Ambos sabían que era así, y estaban seguros de que nadie cambiaría eso.

Porque a pesar de que, desde ahora, todo a su alrededor sería diferente, ellos no cambiarían.

Y mientras su pequeño universo para dos estuviera bien, no habría problema.

—Entonces deberías prepararte, porque no tenemos mucho tiempo —aseguró Shaoran.

Luego de que asintiera, la vio subir presurosa y sonrió.

Se recordó mentalmente que debía agradecerle a su madre por todo aquello.

Ya que, después de todo, parecía que las medidas drásticas funcionaban.

Incluso, las que, como aquella, eran excesivamente drásticas.

oOoOoOoOoOoOo

Aww, que pena que me da. Otra historia con final feliz que se me escapa de las manos. Pero bueno, todo tiene que terminar en algún momento. Perdón por el retraso. Paso a contarles, hace cosa de un mes había escrito parte considerable del epílogo en un cuadernito que desapareció de la faz de la tierra. Durante cosa de quince días, albergué la esperanza de que apareciera, pero nada. Entonces, me vi obligada a tomar medidas drásticas (já) y tuve que volver a empezar de cero. ¡Me dio tanta bronca! Me costó horrores volver a empezar, pero después de dos semanas rompiéndome la cabeza lo logré. Lógicamente, saben que espero sus comentarios ¿No?

Les cuento, además, que comencé una historia sobre Twilight. Se llama Bajo el mismo techo. Si les interesa, pueden buscarla por mi buscador o directamente buscarla en mi profile, ya saben. Por supuesto, es un Edward-Bella. También, por otro lado, tengo planes de empezar un nuevo Sakura-Shaoran. Es un UA también y tiene una trama bastante particular, pero pasará un tiempo hasta que sepa si la subo a la página o no.

En fin, gracias a todos los que siguieron la historia, tanto a los que empezaron a leerla desde el primer capítulo como a los que se unieron en el camino; gracias por aguantar los retrasos; por dejar sus comentarios con palabras de apoyo y consejos. Bah, ustedes ya saben, simplemente gracias. De verdad.

¡Nos leemos pronto en alguna otra historia!

¡Saludos!

LadyCornamenta.



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