|
Author of 14 Stories |
: Esclava de la noche :
Deseabas vivir tanto como yo en aquel entonces pero…
¿Podrás pagar el precio de una vida vacía y solitaria?
¿Deseas ser esclava eterna de la oscuridad?
-- Prólogo: Comienzo. --
Londres, 14 de Diciembre de 1750.
En aquella noche de Diciembre en la gran famosa ciudad de Londres, el frío era tan fuerte que todo aquel que estuviera afuera, los cuales no eran muchos por su sentido común, hubieran sentido que su cuerpo se les adormecía completamente, Anzu Mazaki apresuró el paso con sus manos en su chaqueta evitando congelarse.
Ella era una chica de cabellos castaños que le llegaban graciosamente hasta sus hombros, sus ojos grandes eran color azul agua, tan cristalina como su alma y su complexión era demasiado delgada, además era de tez tan clara que se le veía como si estuviera más pálida de lo que en realidad era.
¡Vaya noche que había elegido para salir! se dijo a si misma, aunque pensándolo mejor no tenía opción, sus amigos habían insistido en celebrarle una fiesta de cumpleaños en uno de los salones principales de la ciudad y no pudo rechazar la oferta aunque lo intentó en innumerables ocasiones.
- No todos los días cumples 18! – le había dicho uno de sus mejores amigos, Jonouchi Katsuya.
- Esperabas la fecha y nosotros queremos hacerla inolvidable – su amiga May le había insistido también.
Pero una cosa era ir, y otra muy diferente era que hubiera salido caminando confiada en la cercanía de su casa con el salón, hubiese podido pedir un coche, su familia era adinerada pero ella no gustaba de gastar su dinero a lo estúpido como lo hacía la mayoría de gente, especialmente las mujeres de su edad, pero un coche para que la llevara en su día de cumpleaños no hubiera fastidiado a nadie ¿o si?
Suspiró. No había nada que hacer, ya quedaban alrededor de 5 minutos a pie para llegar a su destino pero otro percance ocurrió en ese momento, chocó contra alguien improvisadamente y aunque se tambaleó, consiguió mantener el equilibrio.
- Perdón – se disculpó la chica, pero la otra persona no contestó. Ese comportamiento era raro en Londres, tal vez fuera un forastero.
- Eres Anzu Mazaki ¿cierto? Hija de Mazaki Ryo.
Ella asintió apenas volteándolo a ver con detenimiento, era un hombre de mediana edad, y recordó haberlo visto en la compañía de su padre, pero… esta persona se veía que tenía varias copas de más.
Lo que pasó en los segundos instantes se suscitó de manera extremadamente rápida y Anzu no lo vio venir, solo pudo sentir un frío cuchillo en su abdomen, luego forcejeó con aquel hombre para evitar que le hiciera más daño, después fue arrojada al suelo y finalmente pudo apreciar la calidez de su propia sangre, la cual salía a grandes cantidades de su herida, no había nadie cerca de ella, ni el sujeto que la atacó, de seguro, ya había huido.
El tiempo pasó rápido desde que ella se encontraba ahí tirada en el suelo, primero tuvo la esperanza de que alguna persona pasara a su lado a socorrerle pero perdió toda esperanza al igual que perdió tanto la noción del tiempo que no supo si había pasado tan solo minutos o si habían sido horas, pero se sentía demasiado débil.
Se impidió pensar más en el porque había ocurrido, poco a poco se iba quedando sin aire y tuvo que jadear en busca de su fuente de vida, pero no solo eso, sentía como la poca sangre que le quedaba escurría alrededor del puñal enterrado en sus entrañas, esa sangre era cálida y cada vez más rápido lo acercaba a su destino. Iba a morir. No quería morir.
Desde que era pequeña había querido cumplir esa edad, deseaba tomar sus propias decisiones, porque quería que cuando creciera hubiera más oportunidades para las mujeres, deseaba que pasara tan rápido el tiempo… pero ella no contaba con su situación, ahora ella deseaba vivir… solo unos segundos más, unos minutos, es todo lo que deseaba además de poder decirle a todas las personas que la esperaban y que la querían, que les agradecía todo lo que habían hecho por ella, que ella no quería morir, que no esperaran a que pasara el tiempo como ella lo había hecho.
Desde aquel entonces todo se había reducido a deseos y esperanzas, y aún todo seguía siendo así, nada había acabado.
A pesar de que sentía que el alma se iba, pudo notar que la luna estaba oculta o quizás nunca había salido, era una noche sin luna, tan solo podía ver las estrellas que brillaban tranquilamente sin saber lo que le pasaba a ella. Comparada con la vida de las estrellas, la de los humanos era un suspiro.
- ¿Deseas morir? – preguntó una voz sonriente a su lado, viéndola con regocijo, como si estuviera viendo un programa de televisión divertidísimo, no podía verle el rostro, las estrellas no eran suficientes para revelar la identidad del hombre a su lado, porque dedujo por la tonalidad de su voz, suave pero aún así con un toque de dureza que era un hombre.
Anzu trató de ver cualquier detalle de aquella persona pero no pudo lograrlo, cada vez se sentía más mareada, desistió y además no contestó a la pregunta. No quería desperdiciar la poca vida que se le iba en responderle a un maniático, nadie más se reiría.
- Te puedo dar lo que deseas. – Prosiguió ahora un poco más serio, pero aún pudo sentir una leve sonrisa – deseas vivir, lo sé. Te puedo dar vida.
- O si, la gente va regalando vida a otras personas mientras se burlan. – pensó Anzu apenas con la poca fuerza que tenía, sus ojos poco a poco se iban cerrando, pero luchaba, aún no... no debía… no quería.
- Yo no soy normal y no voy regalando vida a todos los que se me cruzan en el camino – comentó ofendido como si la chica hubiera expresado sus sentimientos abiertamente.
- Si sabes leer mi mente – siguió pensando – sabes que deseo la vida.
- ¿Porqué deseas vivir? Si me dices algo que me convenza…
La pregunta quedó resonando en el aire durante unos cuantos segundos, Anzu abrió la boca para responder pero no salió ningún sonido, así que siguió con el intento de plática mental.
- Supongo que porque los seres humanos nos aferramos a ello… y, en fin, tú debes saberlo…
- Ahora no soy como tú – contestó el sin prestar atención a su agonía – pero he de admitir… que lo era, y tal vez era tan terco como tú, yo tampoco quería morir.
- ¿Estas muerto? – lepreguntó en su mente con incredulidad – no me digas que eres un ángel o un demonio tal vez que por mi alma me dará una segunda oportunidad.
El desconocido rió a carcajadas y su agonizante nueva conocida solo cerró los ojos frustrada, y por ello no vio que terminando de reír, el joven anónimo sacó de entre sus ropas una daga que parecía de hacía un siglo, su empuñadura era de oro con brillantes y piedras preciosas y la daga relucía como la luz de la luna que esa noche no se había presentado, con esta daga se cortó la palma de la mano y empezó casi inmediatamente a salir sangre, espero unos segundos a que se juntara suficiente para poder dársela a beber a la moribunda, que, al estar ya en la inconciencia lo pasó con un poco de resistencia.
Le hizo pasar un brazo sobre sus hombros y la sacó a la calle cargando como cualquier persona cargaría a un borracho a altas horas de la noche.
Cuando recobró la conciencia, Anzu se vio a sí misma en una cama cómoda y caliente, en una habitación que no había visto nunca en su vida, pero era hermosa, probablemente de una de las pocas casas de familias adineradas, era un lugar nuevo y extraño para ella. Pero despertar en ese lugar no era todo, no se sentía como antes y no era por el puñal en su abdomen, de hecho ese dolor ya no lo sentía, ni siquiera sentía esa falta de oxígeno, ni la desesperación que le había causado saber que iba a morir, era sin embargo, una sensación nueva.
- Me preguntó si habré hecho lo correcto o … – se dijo para sí la persona que la había llevado a aquel lugar, pero al descubrir que le veía con sumo interés no habló más.
Anzu ahora lo pudo ver con claridad ya que las luces de la habitación se lo permitían y lo examinó de pies a cabeza: era un joven de aproximadamente su edad, cabellos un poco raros debía admitir ya que poseían distintas tonalidades, predominaba el rubio seguido por negro y un color parecido a un morado… poseía unas manos fuertes, complexión delgada y en sus ojos eran igual de enigmáticos, sin embargo, parecían que tenían algo…
¿Cuántos años tendría? Se veía de la misma edad que ella, pero… a diferencia se veía como si supiera mucha más madurez, pero su aspecto físico le delataba.
- No soy para nada igual de joven que tú, no te confundas – comentó el examinado sabiendo lo que Anzu estaba pensando.
- ¿Cuándo has entrado? – preguntó la castaña saliendo de sus pensamientos.
- Hace unos instantes.
- ¿Cómo me lees la mente?
- Como siempre.
- ¿Cómo me curaste?
- Haces demasiadas preguntas niña…
- No lo soy…, solo una pregunta más.
El joven de cabellos oscuros no dijo nada más, y Anzu lo consideró como una aceptación a su petición.
- Dices que eres mayor que yo… pero no lo creo ¿Cuántos años tienes? Y Dime la verdad.
- 497 años.
- la verdad – probó nuevamente y su interlocutor suspiró.
- Supongo que quieres una respuesta más… creíble.
- Yo también lo supongo. – dijo ella.
- Tengo eternos 18… al igual que tú ahora.
Notas de la autora: Hola!! Estoy algo nerviosa porque este es mi primer fic de Yugioh… decidí hacer un UA porque aún no he visto la serie entera (me adelanté, vi el final el pasado Viernes y lloré ToT). Así que por eso no quise arruinarme lo que no he visto y mejor hago algo diferente, esta historia es una adaptación de una creación mía… que esta en proceso, pero bueno… se llama igual.
Espero que les guste, ustedes tienen la última palabra, díganme por fa si quieren que le siga o de plano esta tan mal y lo saco de red. Si quieren que se quede prometo que los siguientes caps serán más largos.
Muchas gracias de antemano por sus comentarios SEAN BUENOS O MALOS!!
Con Cariño: -Tenshi of Valhalla-