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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » El Fruto Prohibido

vrydeus
Author of 116 Stories

Rated: T - Spanish - Romance - Hermione G. & Ginny W. - Reviews: 14 - Published: 04-17-08 - Complete - id:4202905

Disclaimer: Todo le pertenece a JK Rowling. No pretendo, y dudo que pudiera, ganar dinero con esto.


Título: El fruto prohibido.

Claim: Hermione/Ginny.

Duración: Oneshoot.

Género: Romance.

Advertencias: Femslash.

Nota: Es mi primer femslash, tened piedad. Realmente esto es lo mejor que me ha salido, lo he intentado xp Francamente jamás se me había ocurrido hacer un Hermione/Ginny, pero no puedo negar que me ha encantado la experiencia. Y como sé que fue pésimo, me limito a decir que con el tiempo mejoraré (espero xp)


El fruto prohibido

Observa las llamas crepitar, mientras la luz titilante del fuego arroja sombras sobre su rostro. En una mano sostiene una taza de té de limón y en la otra la cucharita con la cual revuelve el líquido, de una manera hipnotizante, sumida en sus pensamientos.

Hermione siempre ha amado las Navidades, con el paisaje de los hogares como en una postal y el espíritu navideño a flor de piel en las personas. Le gusta observar la nieve caer, sacar la lengua y saborear su humedad, sintiendo el copo derretirse en su boca hasta hacerse agua fresca y pura.

Le encanta repartir regalos y ver las sonrisas de la gente cuando lo abren, escuchar su “¡Oh!” y sus “muchas gracias”.

Pero ahora, por primera vez en años, pasa sola las Navidades. Tiene veintitrés años, el pelo aún enmarañado como la maleza del bosque prohibido, y ya está atrapada en la prisión del matrimonio, enjaulada en la monotonía de una vida sin sentido.

Ya no hay estudios y no hay guerra. Ya no hay emoción en su vida.

Su esposo es el encargado de llevar los galeons a casa y ella lo único que puede hacer para no caer en el abismo de la nada es leer libros o visitar a la familia de aquellos pelirrojos a los que tan bien conoce.

Tal vez su mente lo hizo como reflejo a su aburrimiento, tal vez su corazón estaba harto de ser domado y quiso revelarse, pero el punto es que hacía medio año Hermione tenía un problema.

Y vaya que era un grave y peligroso problema. Después de todo, no es normal fantasear con los labios y el cuerpo de tu cuñada ¿verdad?

No es saludable, mas no por un tema de ética o moral, si no más bien porque aquel deseo jamás podría ser saciado, era un hambre de un fruto al cual jamás podría acceder.

Es como si su subconsciente fuera masoquista y quisiera jugarle una mala pasada, haciendo que sintiera cosas raras cada vez que Ginevra Weasley, en el apogeo de su vida, le plantaba un beso en la mejilla para saludarla, incrementando cada vez más la desesperación de Hermione.

¿Y a qué la había llevado ese capricho sin fundamento? A no poder asomar sus ojos castaños a menos de un kilómetro a la redonda del Valle de Godric donde vivía ella, pues sentía desfallecer en las brumas de la locura cada vez que Ginny sacudía su melena pelirroja o arrugaba la nariz llena de pecas como si fueran peces escarlatas nadando en el mar pálido de su piel.

Y allí estaba ahora, fingiendo estar enferma en Navidad para no ir al hogar de su castigo, pues moriría si viera una vez más a la menor de los Weasley contonear las caderas rítmicamente al caminar, seguramente sin ser consciente de la dolorosa tortura que causaba en ella.

Entonces, cuando sus pensamientos están alcanzando el punto en que generalmente Hermione no soporta estar con nadie más que con ella misma pues se siente culpable y avergonzada, el fuego de la chimenea de ladrillo en la pared se vuelve verde y una silueta aparece de la nada.

- Feliz Navidad, Hermione. – le saluda una voz alegremente, y Ginevra Weasley da un paso afuera de la chimenea, dándole pequeños golpecitos a su jersey para limpiar las cenizas.

- Feliz… Navidad. – responde ella en un susurro cuando se ha recuperado del golpe en el pecho que ha recibido al verla allí, su culpabilidad personificada en la niña pelirroja, apretando la tasa de té con mayor fuerza que la necesaria.

Retrocede un paso, pues la visión de su infierno en carne y hueso está de pie frente a ella pidiéndole a gritos que deje de ser cautelosa y responda a sus más puros instintos.

Hermione siempre había sido fuerte. Siempre. Pero ahora que Ginny avanza hacia ella con paso lento y seductor, no puede evitar sentirse débil y con miedo.

Débil porque sabe que no lo resistirá más, y con miedo pues teme a lo que pasará una vez haya hecho lo que está a punto de hacer.

Porque cuando la esposa de Harry Potter le da un beso en la mejilla, haciéndole sentir sus fríos labios sobre su piel, Hermione no puede soportar ni un segundo más. No se detiene a pensar en qué pasaría si alguien los encontrara, y si ese alguien fuera algún familiar.

Tampoco le importa que se supone que ama a Ron Weasley y que algún día deberá tener un hijo fruto de su falso amor con él. Y mucho menos le importa lo que pensará Ginny después de eso porque, joder, ella se lo ha buscado.

No es justo que las pecas complementen su rostro de esa manera tan perfecta, tampoco que sus labios se vean más apetecibles que el chocolate y tengan ese efecto de provocar que tenga que lanzarse un Petrificus Totallus para no correr hacia ellos.

Por eso Hermione por primera vez en su vida decide mandar todo al diablo y besar a Ginny, a la hermana de su esposo, a la esposa de su mejor amigo, a la que una vez fue su mejor amiga que compartió con ella secretos susurrados a mitad de las noches frescas de verano.

Se escucha el sonido de la taza cayendo al piso, haciéndose añicos como toda su resistencia, la porcelana rota repiqueteando en el suelo y el té recorriendo con velocidad y en silencio la madera, esparciéndose tan rápidamente como Hermione en la boca de Ginny.

Y se abandona totalmente, pues el fruto prohibido es embriagador, placentero y glorioso; tanto que no puede evitar pensar que ahora que tiene su sabor adictivo en la boca podría morir en paz.

Ginny sabe mejor que la nieve. Es cierto que no se deshace en agua cuando Hermione la palpa con su lengua, pero es mil veces más pura, más fresca, más revitalizante.

Alza una mano y enreda sus dedos sin pudor en la cortina escarlata que es su cabellera, disfrutando de lo suave y lacia que es.

Y ha estado tan abandonada al beso, tan pendiente de sus bocas batallando en una lucha de deseo y pasión, que sólo cuando Ginny le muerde osadamente su labio inferior, Hermione cae en la cuenta de que no se ha apartado.

De hecho, la menor de los Weasley le responde con el ímpetu impreso en cada centímetro de su boca, de sus labios, de su lengua. Es puro fuego, fuego quemando todo a su alrededor, dejando las imborrables huellas de un pecado silencioso y pasional. Fuego corpóreo como una mano que quiere escribir de puño y letra que eso está pasando realmente.

Y cuando finalmente sus bocas descansan en una tregua, sólo se escucha el sonido de sus respiraciones agitadas, acompasadas como el último detalle de aquel momento. El iris castaño de Ginny está centelleando, destilando sensualidad en cantidades inigualables.

Hermione observa el exterior a través de la ventana, absorta en la danza de la nieve al encuentro con la tierra; y piensa que jamás nadie le había dado un regalo de Navidad mejor que aquel.

En ese momento podría comparar su autocontrol con una cascada, cayendo irremediablemente, rompiéndose en las rocas de la tentación.

- Feliz Navidad, Hermione. – repite la musa de todas las pesadillas y sueños de la nombrada, la causante de tanta desesperación, confusión y pasión a partes iguales.

Y no se limita a responder, sino que vuelve a besarla; llena de regocijo y placer, enjaulada en la cárcel bajo la sentencia de lo incorrecto y lo deseado, presa de las sensaciones que el pecado más dulce provoca.

Después de todo, el fruto prohibido no sólo es puro rojo como lo es toda ella, sino que también es delicioso e irresistible, con sabor a embriagadora Ginevra.



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