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Author of 57 Stories |
Humano, demasiado humano
“El aburrimiento es la explicación principal de por qué la historia está tan llena de atrocidad”. Fernando Savater.
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Agosto, 2003
Matsumoto Reichi siempre había querido ser como Yagami Light. Tan inteligente, tan apuesto, tan popular. Porque a Yagami lo perseguían las chicas, se sonrojaban al verlo pasar. Y envidiaba aquella mirada indiferente hacia el mundo, como si nada importara realmente, como si todo fuese tan condenadamente fácil.
Se enorgullecía de decir que Light era su amigo; se juntaba con él e incluso, juntos iban hacia sus casas luego de la escuela. Hablaba con el joven genio todos los días, de trivialidades, de chicas, de deportes.
Claro que la realidad, era muy diferente. Matsumoto no necesitaba ser un genio para saber que todo era una fachada. Como sí el propio Yagami Light fuese una máscara de perfección que se fusionó con el verdadero rostro. Porque en el fondo, sus conversaciones eran vacías, sus risas huecas y sus ojos una vez cálidos, ahora estaban opacos y apagados.
A veces Matsumoto se preguntaba sí a Light le había sucedido algo para quedar así y para intentar ocultarlo. Él lo había conocido ya desde años, y en su afán por imitarlo, por asemejarlo había descubierto que ahora Light no era ni la sombra del que fue. Seguía siendo el mejor estudiante, el mejor hijo, el mejor joven… pero algo más, algo indescifrable lo había abandonado.
Tal vez todo había comenzado cuando Light abandonó el tenis, luego los grupos de debate y cualquier otra actividad. Matsumoto no entendía, pero bien, Light era un acertijo tan complejo que tampoco era como sí se propusiera a explicarlo. Mientras pudiera copiar sus técnicas de conquista y persuasión, Matsumoto estaría bien.
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Septiembre - Noviembre 2003
Algo sucedía con Light, Sachiko lo sabía. El qué, era lo que no sabía.
Su hijo de oro, su niño perfecto, estaba tan hueco. Tan apagado. Sus ojos brillantes y soñadores parecían muertos y sin luz, y sus palabras una vez apasionadas ahora carecían de vigor.
Light era como un autómata, se levantaba estudiaba y volvía a la casa. No había cambios en su rutina, siguiendo el papel de toda la vida. Y quizás Sachiko no se hubiera dado cuenta de no haber sido por ser su madre, porque lo conocía bien, porque cuando Light se torció el tobillo a los doce años y siguió jugando tenis, ella fue quien le limpió las lágrimas, porque fue ella con sus manos, quien lo bañó y vistió cuando apenas era un niño. Porque Light, antes de ser perfecto, había sido solo su hijo.
Algunas veces, Sachiko miraba a sus dos retoños, Sayu tan inocente, tan joven y Light siempre derecho y modélico. Parecía como si ella cuidará más de su niñita, pero en el fondo, Light era su favorito. Porque Light en toda su magnitud, era tan frágil a diferencia de Sayu. Porque Light a pesar de su popularidad estaba bañado por la soledad.
Por eso Sachiko vio los cambios en su hijo, como algo lo mataba por dentro, como poco a poco, el halo de luz que fue, iba perdiéndose en una oscuridad sin fin.
No sabía qué, pero tenía sus ideas. Light era un genio, un genio que primero por imposición y luego por auto imposición se había propuesto vivir una vida normal, sin salirse de la regla. Y aunque era excepcional para la mayoría, Sachiko bien sabía lo mucho más que podía rendir Light, lo mucho más que él quisiera rendir. El cómo no habían desafíos, retos, el cómo estaba rodeado totalmente por la mediocridad. Y Sachiko, en todo su dolor, lo podía entender, y quería decirle a Light, quería darle su apoyo, darle su libertad.
Decirle que podía hacer lo que quisiera, que no debía preocuparse por ellos, por la sociedad. Que buscara su felicidad. Y Sachiko se lo hubiera dicho, si no fuese porque aquel día, su hijo, querido hijo, llegó con sus ojos brillantes, con su sonrisa de oro.
Llegó con una mirada que hablaba sobre un futuro mejor, sobre tiempos mejores. Y el corazón de Sachiko se apretó en felicidad, porque Light había salido primero en el examen nacional, y porque Light había vuelto a brillar tan intensamente. Y le ofreció, lo que quisiera tener, cualquier cosa. Y Light no quiso nada.
Sachiko no podía sentirse más feliz, su hijo había vuelto.
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Light sentirá en siete años más la misma angustia que sintió en su adolescencia, cuando pensó que su vida lo ahogaría, que su destino sería igual que el de los otros mortales. Viviendo cada día igual, esperando por su muerte, casándose, trabajando, desperdiciándose.
Pero Light actuó, pero Light fingió. Nadie nunca vio la verdad detrás de sus caretas, nadie nunca supo que Light los odiaba a todos por encerrarlo, por enjaularlo. Oh si, cada uno, su madre con sus expectativas en su vida, con su mediocridad, su hermana y su trivialidades sin sentido, y su padre con aquella justicia retrógrada y tradicional, más todos sus compañeros y profesores que esperaban tanto de él sin ofrecer nada a cambio. Light los odiaba… pero sobre todo, se odiaba, se odiaba por odiar a su madre, quien lo había acunado y cantado, a su padre, quien le enseñó el significado de justicia, y a su hermana, con sus ojos grandes e inocentes que con su manita le tocaba la cara. Se odiaba, por aceptar aquella vida, por no buscar más.
Y cuando pensó que no habría salvación, que estaría enviciándose en ese círculo hasta su final, vio la luz caer desde el cielo. Death Note. Y su destino cambió irremediablemente. Sería el Dios del Nuevo Mundo. Sería diferente, más allá que todos, más allá de la mediocridad.
Y Light recuerda, siente, vive cada hecho. La muerte de L en sus brazos, la victoria en sus manos. Y Light recuerda, el secuestro de Sayu, la angustia, la necesidad de una coartada aún costando la vida de su hermana. Y Light siente, recuerda, los gritos en la muerte de su padre, cuando no escribió el nombre de Mello.
Y sobre todo, ahora y aquí, desangrándose humillado, frente a los pies del dios de la muerte, Light recuerda, siente, y se pregunta, qué fue lo que salió mal. Piensa en su madre y en sus manos cálidas, piensa en su familia. Y sabe que todo se fue, que todo se derrumbó. La utopía, él y su familia. Y mientras el shinigami ríe y escribe su nombre, Light solo puede pensar.
Mierda.
Notas de la Autora: Y bien, aquí terminó HDH. Con Lightcéntrico desde el punto de vista de otros. Espero haber explayado bien los pensamientos, y en la penúltima, cuando Sachiko se alegra porque Light ha vuelto a ser quien era, es cuando éste encuentra el bendito cuaderno xD.
Me ha gustado el final xDD, aquél mierda que le sale desde el alma a Lightcito xD.