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Anime/Manga » Prince of Tennis » Luz en la oscuridad
Chia S.R
Author of 74 Stories
Rated: M - Spanish - Romance/Fantasy - Reviews: 98 - Updated: 11-10-09 - Published: 04-25-08 - Complete - id:4218533

Nuevo capítulo.

Escape y confianza

Los observó con detenimiento. Sus rostros furiosos. Excitados ante lo que estaba sucediendo. Los puños apretados y la mandíbula tan tensa que parecía que sus dientes estaban a punto de romperse. Y ella no estaba mejor. Se habían llevado a su cuidadora sin que hubiera logrado despertar y encima, habían matado a su benefactora. De repente, sintió que su interior era más inservible que nunca. Si hubiera tenido un poco de más rapidez, podría haber protegido a Nanako sin problemas.

Se golpeó el pecho con un puño, maldiciendo entre dientes a su sistema nervioso, demasiado lento, demasiado estúpido. Tezuka la observaba como la culpable que era y no tenía ideas de culparle. Era su culpa.

-Bueno- intervino nuevamente Inui- ¿Por qué vosotros estáis aquí?

Kawamura, Oishi y Kirihara. Los tres armados hasta los dientes y observándoles con cuidado. Tras ellos, Echizen, Momoshiro y Kaidoh. Los rostros de estos tres eran todavía más impresionantes que el de los cuatro que se había encontrado primeramente. Kirihara cambio el arma de mano, mirándolos con atención antes de volverse hacia atrás y fruncir las cejas.

-Será mejor que busquemos un lugar donde poder escondernos. Lo que está matando a esos hombres es algo horrible. Si se libera, nosotros no estaremos seguros aquí- explicó- deberíamos de buscar otro helipuerto y salir.

-¿Y a dónde?- Cuestionó Tezuka sin apartar la mirada de ella- ¿A dónde se las han llevado?

-Seguramente, al puerto de naves- respondió Oishi esta vez- Capitán, se llevaran a las mujeres al original.

-¿Al original?- Interrogó interesado Sadaharu- ¿ya estamos otra vez con planetas nuevos?

-Exactamente- respondió Kawamura tristemente- la verdad, es que estábamos de manos cruzadas, por eso no pudimos avisaros y enviaros las nuevas coordenadas para que no llegarais y evitar todo esto, pero Sumire Ryuzaki perdió todo. Ahora, nosotros estamos bajo el mando de Sakuno Ryuzaki- explicó.

-Y para ello tenemos que ir a buscarla- corroboró Oishi- El planeta original. La tierra de verdad.

-¿Recordáis que os dije que la tierra en la que yo me encontraba el original?- Preguntó como recordatorio Kirihara- pues me equivoqué. Cuando llegué estuve rondando por los laboratorios y adentrándome en los despachos. Fue así como descubrí la traición y logré crear un antídoto para los dardos envenenados que os iban a clavar para llevarse a las mujeres. El caso es que hace años idearon un plan: Crear mundos en los que se pudieran respirar y hacerlos ser como la tierra.

-Y trasladaron a toda la humanidad a esos dos mundos para experimentar con nosotros como simples conejillos de indicas- continuó a tientas Sadaharu.

-Correcto, Inui- aclaró Oishi con el ceño fruncido, siguiendo los pasos de un inquieto Kirihara que gustaba de marcharse del lugar- Dormir a toda la humanidad y sacarla de la tierra fue moco de pavo para ellos. Engañarnos, también, puesto que crearon escenarios idénticos a los de nuestra vida cotidiana. Nuestras casas. Nuestras vidas. Nadie notó nada mientras los grandes mandos se escondían en éste planeta. Después, fueron recogiendo a los hombres para llevarlos a éste planeta para llevar a cabo también el plan que estamos viviendo.

-Y las mujeres como carne de mercado- indicó ella cruzándose de brazos mientras caminaba tras ellos, ojo avizor.

-Kurumi tiene razón, pero ese fue el gran error que cometieron, ¿Verdad?- Preguntó Fuji moviendo la cabeza curioso.

-No, no fue un error- contestó Kirihara- cuando vi a Tachibana lo comprendí. Mataron al resto de mujeres porque eran inservibles. ¿No lo comprendéis? ¿No veis lo que quieren hacer?

-La reproducción del ser humano en un nuevo mundo en los que lo programaran para evitar la violencia- respondió con los dientes apretados un Momoshiro tambaleante.

-Exactamente, Momoshiro tiene razón- continuó Oishi- con las nuevas hembras, de sangre limpia y que han sido tratadas anteriormente por sus familiares para no recibir alteraciones genéticas y encima, protegidas contra el virus pueden crear una nueva raza humana en la que esto que está sucediendo no sucedería. Es decir: Los hijos que Ann Tachibana, Sakuno Ryuzaki, Tomoka Osakada y Nanako Meino pueden traer a la luz son inmunes al virus que creo a estos zombies y tienen un patógeno que los hará obedientes.

-Pero… ¿Cómo harán que ellas… bueno, que tengan hijos? ¿Las violarán?

Hubo un gran silencio roto por sus pasos al correr. Kirihara se detuvo, mirándoles de frente.

-Se podría llamar así a lo que van a hacerles, si queréis. ¿Creéis que salvaron a todos estos hombres por gusto y que han sabido mantener su sexualidad tranquila sin tener mujeres?- Inquirió- todos somos hombres, excepto Kurumi, así que responderme: ¿De verdad podéis soportar vivir durante tres años sin siquiera masturbaros al no tener una mujer?

Se tapó los oídos para darles privacidad, aunque los oía perfectamente y ninguno sospechó. Afirmaron entre dientes, casi de forma inaudible. Nanako le había explicado que los hombres no podían soportarlo, especialmente si alguna que otra vez se habían excitado. Les hacía tanto daño que preferían expulsar a retener.

-¿Lo veis entonces? ¿Entendéis lo que os quiero decir?

-Han estado recogiendo esperma de todos los hombres que viven en este planeta- aclaró Inui con el ceño fruncido- Para adentrárselos como fecundantes. Entonces, así, cuando vayan naciendo, no compartirán más que la sangre materna. Es lo mismo que sucedería si pensáramos en la historia de Adán y Eva y le buscáramos la forma retorcida de todo eso.

-Bingo- canturreó Kirihara señalándole- Ahora que eso ha quedado claro, señores, ¿estáis listos para ir hasta un helipuerto, coger un helicóptero e ir hasta el puerto para coger una nave para que vayamos a la tierra original y les jodamos la vida a esos desgraciados?

-Ey- interrumpió Kaidoh- ¿por qué del Hyotei?

-Son los subordinados de Sakaki Tarou- respondió Tezuka encogiéndose de hombros- ellos le seguirán sin rechistar.

Se detuvo al instante, girando sobre sus tobillos y mirando hacia los costados.

-Sensores activados. Modo de visualización 1.0- informó mecánicamente.

Todos se giraron hacia ella al instante. Oishi se posicionó a su lado, tocándole el hombro con cuidado.

-¿Qué ves Kurumi?- Preguntó.

Movió la cabeza de lado. Algo había subido en uno de los respiraderos y únicamente logró ver algo desgarrado, un trozo de carne mugrienta parecido a un tentáculo. Pero no era lo único. Los gritos habían cesado y todos los causantes de tremendo griterío se estaban levantando, devorándose unos a otros. Mal asunto. Cerró los ojos y se recuperó.

-Zona infectada- respondió hacia Oishi- debemos da salir de aquí si queremos tener munición de sobras.

-Esa otra- puntualizó Eiji- ¿Dónde sacamos armamento? Necesitaremos mucho.

-Y necesitaremos misiles- corroboró- hay algo. Algo muy grande y estoy segura de que está viniendo hacia nosotros. Corred.

-¿sabéis de algún almacén? – Gritó Fuji para poder ser escuchado a través de sus pasos.

-Abajo, en el sótano- respondió Kawamura encogiéndose de hombros- pero seguramente habrán saqueado todo.

-Tenemos el armamento de la nave- recordó Kirihara. Ella movió la cabeza negativamente.

-Esa cosa nos perseguirá hasta que estemos en un helipuerto. Es entonces cuando nos atacará. Estoy segura.

-¿Por qué estás tan segura?- Inquirió Takeshi fulminándola con la mirada- confiamos o no confiamos en ti, robot.

-Precisamente porque soy un humanoide- respondió sin darle importancia- sé que esa cosa es casi como yo. Lo he visto. Lleva algo… algo que le da órdenes.

-¿Un chip? ¿Es que está creado como tú?- Interrogó Kirihara.

-No exactamente. Puede que se aun chip instalado que emite ondas pero su cuerpo es como el de un animal, al menos, lo que he visto es que tiene cola y es carne. Si fuera como yo podría haberle visto… eh… mi interior exacto en él.

-Tú también tienes carne, ¿no?- Presionó Fuji con el entrecejo fruncido.

-Sí, pero no como esa cosa.

-Bueno, lo que sea- zanjó Momoshiro dando una palmada para llamar la atención- no podemos quedarnos quietos. Esa cosa viene a por nosotros por órdenes o sin ellas. Fuera está sitiado de zombies que comienzan a cazar y necesitamos más armamento y un puñetero helicóptero. ¿Creéis que es momento de sentarnos a tomar el té mientras hablamos sobre lo que tiene o no esa humanoide dentro de sí misma? No es por nada, pero ya nos ha engañado una vez y dejó que secuestraran a Nanako, ¿de verdad podemos confiar en ella?

-A vosotros también os han quitado vuestras protegidas- recordó Kirihara frunciendo el ceño- mira, Momoshiro, deberías de pensar un poco. Todos estamos en esto y si hay traidores o no entre nosotros, preocúpate después. Si lo deseas, guarda un bala en tu recámara para volarle los sesos.

-Aunque me volaran los sesos, continuaría viviendo- puntualizó sin poder resistirse.

Todos la miraron acusadoramente y después, suspiraron mientras movían sus cabeza negativamente. Vale. Había metido la pata siguiendo una clara idea sarcástica por parte de Akaya. Movió la cabeza también en forma negativa y empujó la pesada puerta ante ellos.

-Bien, tengo los mapas de este planeta. Sé donde hay otro helipuerto y seguramente, nuestra nave no podrá manejarla nadie, así que en el mismo lugar del helipuerto cogeremos armas para enfrentarnos a esas cosas y al monstruito que nos persigue. Existe una forma de destruir a los que son como yo si no puede ser mediante su unidad de transmisión, es decir, el que le da las órdenes.

-¿Cuál es entonces?- Preguntó Kunimitsu entrecerrando los ojos.

Sabía que Nanako había borrado sus posibilidades de autodestruirse, pero sabía exactamente cómo debía de hacerlo otra persona, por eso, ni los zombies ni las balas podrían hacerlo.

-Ya os lo dije antes: Misiles. Es la mejor forma si no tiene instalado un sistema de auto destrucción.

-Si lo tuviera, ¿se podría hacer algo?- Interrogó Fuji repentinamente.

Ella se detuvo, mordiéndose el labio inferior.

-Desde los ordenadores del estudio de Nanako podría entrar en su sistema e intentar destruirlo antes de que nos alcance.

-¿Pero…?- inquirió Inui Sadaharu frotándose el mentón.

-Pero si no lo tiene no serviría de nada.

-¿Y si funcionara?- presionó Eiji Kikumaru dando saltos de ansiedad.

-Si funcionaria podría ocurrir dos cosas: Que él de autodestruyera como esperamos o que sea yo la que se autodestruya. Sin Nanako solo soy una máquina que va a ciegas.

-¿Capitán?

Las miradas recayeron sobre él mientras retrocedía levemente y miraba sus dedos con atención. Tezuka no parecía muy convencido, pero si la orden era dada, sabía que no podía echarse atrás. Nanako le había implantado un chip para poder obedecer a Tezuka en ciertos momentos, así que era irremediable no obedecerle.

-Podríamos echar un vistazo. Si tiene chip o no de autodestrucción podríamos usarlo como último recurso- explicó finalmente mirándola- ¿Necesitas ordenadores?

-Con un portátil podría arreglármelas, pero antes tengo que coger la base de datos de Nanako- respondió rápidamente. Él frunció el ceño- id pasando. Os cogeré en seguida. Yo no necesito protección.

Él pareció sopesar la idea.

-Estéis donde estéis- comentó nuevamente- sabré donde estáis. ¿Recordáis que tengo instalado un perfecto chip que me guiará hasta vosotros?

Momoshiro refunfuño ante el recuerdo. Seguramente tenía que buscar a otra persona a la que señalar con el dedo ante la falta de Tachibana. Giró sobre sus talones y se preparó para correr. Tezuka alzó la voz, llamándola.

-¿sí?- Cuestionó, el hombre frunció el ceño.

-Si tienes que conectarte a algo es mejor que tengas un guardián y tienes uno- recordó.

Fuji se posicionó a su lado, arma en mano. Quizás, tampoco era mala elección. Seguramente, los zombies que se estaban levantando en la habitación de la que había salido el monstruo, irían a por ellos sin dudarlo, muertos de hambre. Sonrió y aceptó finalmente, echando a correr.

Apretó el arma contra su cadera y esperó pacientemente a que se perdieran de su visión antes de entrar en el ascensor con los demás. Según había señalado Kirihara, deberían de subir al piso trece y pasar por las ventanas para saltar al piso contiguo. Hablaban sobre un maldito arsenal de armas donde hubiera un helicóptero. Ya iba siendo hora de encontrarlo, pero le inquietaba demasiado que todos confiaran en esa máquina andante. ¿Es que nadie recordaba lo que había sucedido?

No. Probablemente eso era una simple excusa por la frustración que sentía. Había permitido que se llevaran a Tachibana y encima, había tenido que ser socorrido por Akaya Kirihara. Lo que le supo a gloria al haberse cargado al menos a uno de ellos, ahora le sabía a pura mierda al saber que podrían llegar tarde.

Se había hecho a la idea de que la chica era totalmente inocente de las cosas que habían pasado y ahora le enfurecía pensar que podrían experimentar con ella. E incluso implantarle esperma para que pariera hasta no poder más. Cielos. Su mente se la imaginaba totalmente deforme de parto tras parto si no llegaban a tiempo. Aunque para ello había que esperar nueve meses, con todas las cosas que estaba viendo desde que todo comenzó, ¿quién no le aseguraba que uno de esos fecundados niños creciera de forma anormal y terminara reventando a la madre?

-Momo- llamó Oishi estirando de él- no te retrases. Confía en ella. No es uno de los malos, además, Fuji está con él.

-Esperemos entonces no tener que ponerle una tumba cuando lleguemos a la tierra- espetó, frustrado.

-No lo haremos- aseguró su capitán con seguridad- continuemos.

Apretujados dentro del ascensor los observó de reojo. Kaidoh tenía una especie de tirita en la frente y siseaba sin cesar, cada vez más y más furioso. Estaba tan furioso que ni siquiera había hablado. Seguramente estaría cabreado por haber sido pillado con la guardia baja y recibir el impacto del dardo en la frente. Si él mismo no hubiera estado furioso, se reiría del policía.

Por su parte, Echizen parecía más confuso y cabreado que nunca. Si cuando no estaba enfadado daba miedo, ahora parecía estar a punto de morder el cuello del primero que se atreviera a hablarle. Se preguntó qué habría vivido él. Se había enterado por medio de Oishi que Sumire Ryuzaki estaba muerta, pero no esperaba que fuera real hasta que Kurumi lo corroboró. Incrédulo. Era así como se había sentido por un instante. Encima, su protectora era una cría de diecisiete años que estaba a punto de sufrir el estado de "Eva". ¿Cómo se sentiría Echizen ahora que le habían quitado su preocupación y la molestia que le seguía a todas partes? No se atrevía a pensar que bien, feliz. Porque él mismo se encontraba perdido. Horas antes no quería ver a Tachibana ni en pintura y ahora hasta la echaba de menos. Probablemente, el frio Echizen se sintiera igual.

O también, sus orgullos eran más grandes de lo que ellos mismos creían. Sí. Esa era una posibilidad más buena que la de los absurdos sentimientos.

El ascensor se detuvo y antes de que las puertas metálicas se abrieran, ya estaban preparados para volarle la cabeza al primer zombie que asomara la cabeza. Pero nadie se asomó. Seguramente, los únicos sobrevivientes que hubo en ese edificio habrían sido masacrados por aquel supuesto monstruo que les estaba persiguiendo.

Oh, joder. ¿Y si ese monstruo era como el padre de Tachibana? No lo había visto, pero seguramente eso trastocaría a Echizen y sus facultades debían de ser las mejores en esos momentos. No sabía por qué, pero dudaba de él.

-Vamos- ordenó Tezuka tras revisar la dirección con Kirihara.

Todos le siguieron hasta detenerse ante una gran cristalera que unía los dos edificios a través de un gran tuvo de humos. Se humedeció los labios. La altura era bastante considerable y estaba seguro de que si se caía, no lo contaba.

-¿está blindada?- Cuestionó Sadaharu tocándola.

-Eh, esperemos que no- farfulló Kirihara rascándose la cabeza- ¿Cómo podemos saber si no está?

Kaidoh siseó tras él, empujándole con el hombro antes de disparar directamente contra el cristal. El cuerpo a tierra no fue necesario. Todos se tiraron contra el suelo excepto el apodado serpiente, que los miró con una ceja alzada mientras gruñía, cansado de esperar. Bien. Kaidoh había perdido la paciencia. Hasta el punto de ser el primer loco de pasar por el tubo. Una vez hubo llegado, Kirihara le siguió y así sucesivamente hasta que Tezuka pasó el último.

Una vez todos seguros, el capitán los miró uno por uno, deteniéndose cuando fijó su ver en Kaidoh, lanzándole una mirada severa. El chico siseó y se volvió para continuar, seguido por Echizen y por él mismo. Sí. Todos estaban cabreados y si se ponía a hablar mal, podría decir que estaban hasta los huevos. Y lo peor de todo es que su capitán se sentía de igual forma, al fin y al cabo, le habían quitado a su mujer. De todos, era el que tenía más motivos para estar cabreado y no tenía nada que ver con simples sentimientos de protección o de orgullo. Lo suyo era algo llamado: Amor.

-Bien- interrumpió sus pensamientos Kawamura- ahora, tendremos que bajar. Seguramente, lo idóneo sería tomar el ascensor.

-Este lugar no está tan seguro como el edificio anterior, descontando a ese monstruo que ha visto Kurumi- explicó Kirihara- creo que será mejor que vayamos con precaución, pero el capitán es quién manda.

Tezuka se acercó hasta un mapa colgado en la pared. Seguramente, ese edificio sería de aquellos que necesitaban tener una dirección equivocada o errónea capaz de hacer que hasta el más inteligente se perdiera. Lo observó con detenimiento mientras pasaba el dedo por encima del papel forrado y fruncía el ceño.

-Los respiraderos no son seguros, seríamos presa fácil para el monstruo- explicó tras un segundo de observación- el ascensor podría estar cargado de zombies si realmente se ha extendido rápidamente. Bajar por las escaleras nos dejaría demasiado lejos de nuestro destino, pero es más seguro. Descendiendo tenemos prioridad.

-¿Y si nos atacan desde arriba?- Intervino Inui.

-Para eso, bloquearemos este piso- indicó. Sadaharu sonrió.

-Permíteme hacerlo- le demandó.

Tezuka afirmó y todo el mundo se allanó en la escalera, en espera. Era un simple método de protección. Nada quería decir que alguien en ese piso les persiguiera, pero partiendo de ahí, podrían protegerse. No quiso saber qué artefacto utilizó. Descendió antes que ellos para curiosear en el piso siguiente. Ningún movimiento, pero es que eran esos lugares los más peligrosos, porque cuando menos lo esperabas salía algún idiota gimiendo de hambre y no estaba muerto, además. Cuando se dio la vuelta, Echizen estaba detrás de él, sentándose en los tres últimos escalones del rellano y Kaidoh, se asomaba por el pasillo, analizando la situación.

-¿Despejado?- Preguntó.

Kaidoh desvió la mirada hacia él y movió negativamente la cabeza. Tezuka se puso en alerta al instante y empezó a descender con cuidado.

-No parece un zombie- reconoció Kaidoh- mira de un lado a otro y comprueba el perímetro también.

Kunimitsu llevó una mano hasta su mentón, pensativo. Probablemente, su mente ya estaba analizando el mapa que había visto y descubriendo que había tras esa puerta.

-Solo es un banco de seguridad- respondió- no tenemos nada que hacer. Ese hombre seguramente será un segurata que está intentando descubrir por qué se escuchan gritos. Debemos darnos prisa. Si ese monstruo nos está siguiendo le pondremos en peligro.

Inui pareció caído del cielo y apareció, indicando que ya había terminado con su trabajo. Ante un movimiento por parte del capitán, todos comenzaron a descender por las escaleras. Al llegar al último nivel, la escalera desapareció. Se miraron perplejos. ¿Dónde estaba el hangar de armas?

Kirihara carraspeó.

-El helipuerto más próximo está a tres manzanas de aquí, ¿queréis ir andando o en un coche blindado?

Nadie contestó. Tezuka dio el primer paso, deteniéndose dubitativo. Claro. Fuji y Kurumi. ¿Cómo nadie iba a pensar en ellos? Podría ser que Kurumi tuviera un rastreador pero Fuji no. Si ellos se iban más lejos y Kurumi era destruida… se acabo para Fuji. Quizás deberían de hacerse a la idea sobre esa posibilidad remota. Uno menos en el equipo. Seguro que Tezuka lo había sabido desde el principio y aun así… aun así…

Movió la cabeza negativamente muy breve. Tezuka no tomaba decisiones por que sí. Seguramente había visto algo en la mirada de esa mujer robot que lo convenció y debían de estar de acuerdo con sus conclusiones. Eiji, Fuji e Inui parecían totalmente seguros de seguir a su capitán hasta el fin del mundo. ¿Por qué él no?

Quizás porque te han tocado los huevos y solo quieres patearles el culo.

Sonrió para darle la razón a su mente. Nadie le robaba y se iba de rositas. Además, tenía unas cuantas cosas que devolverle a esos estúpidos de los de arriba. Por culpa de ellos, Ann y ella… su ex prometida…

-Ey, Momoshiro- llamó Oishi frotándole el hombro con suavidad- ¿Te encuentras bien? ¿No se ha pasado el efecto del veneno? Tenemos más remedios si lo necesitas….

-No, estoy bien- respondió, sonriéndole- gracias.

Cuando se dio cuenta de que la mayor parte del equipo había descendido, tenía un arma apuntándole a la cabeza y Oishi, alzó las manos, indicando que no eran peligrosos. Miró por el rabillo del ojo y escuchó como Echizen chasqueaba la lengua, molesto por tantas interrupciones. No se movió y sonrió ligeramente. Otro tipo asustado.

-¿Qui….? ¿Quiénes sois? Esta zona está prohibida a todo aquel que no pertenezca a este personal.

-Sabes- farfulló Kirihara entre dientes- si ahora mismo fuéramos zombies estarías siendo devorado. Por si no te has dado cuenta, fuera se está cometiendo una gran carnicería y nosotros tenemos que continuar hacia el parking. Tienes dos opciones: Nos dejas marchas y te quedas aquí como cebo. O dos: Vienes con nosotros sin matarnos a ninguno de nosotros.

Movió ligeramente la cabeza y afirmó.

-Eres un buen negociador- puntuó, extrañamente divertido.

-Gracias- agradeció Kirihara burlonamente- ¿Y bien?

El hombre tras él pareció dudar, seguramente había girado los ojos, porque antes de que tuviera tiempo de responder cinco balas impactaron contra su cabeza. Eiji, Echizen, Kaidoh, Inui y Tezuka. Se volvió hacia el cadáver y recogió todo el arsenal de armas posible, pasándoles a los demás. Le palmeó el rostro al difunto y se encogió de hombros.

-No te lo tomes a mal, chico, pero hubieras sido un lastre y ya nos han tocado bastante los cojones. Ah, gracias por la munición.

Saltó ligeramente los peldaños y justo cuando llegó ante su capitán, se cuadró. Tezuka movió ligeramente la cabeza y le señaló la puerta que los llevaría hasta el coche blindado, esperaba que fuera una impresionante furgoneta y así, poder aplastar a todo aquel que estuviera en medio.

Kawamura y él se posicionaron a cada lado de la puerta y fue Kaidoh quien se adentró valientemente para reconocimiento. Un siseo por su parte les indicó que estaban libres de peligro y no tardó en salir junto a los demás. Maravillosamente, sus deseos se habían cumplido y una gran furgoneta blindada los esperaba en uno de los vacios aparcamientos. La puerta del garaje estaba medio abierta, pero no parecía haber ni rastro de ningún inalterado ex humano.

-Inui, al volante, el resto, preparaos.

-¡Sí!

Subieron de uno en uno en la parte trasera. Aseguraron correctamente las puertas tras tirar todo aquello inservible y se armaron de nuevo hasta los dientes. Ya se había hecho a la idea. Si te roban, robas lo que te han robado. Y casualmente, en ese grupo de orgullosos hombres habían cuatro que sufrieron graves robos.

-Se van a cagar- canturreó Eiji Kikumaru a su lado, sonriéndole mientras frotaba la culata de un mágnum.

Se humedeció los labios, preguntándose por qué siempre tenía que ser el tipejo de rostro felino el primero en conseguir las mejores armas y entonces recordó que él había sido el estúpido que le había pasado el arma mientras desarmaba al pobre chico que hacía su trabajo. Se mordió el labio inferior y su cabeza chocó contra la pared de metal cuando la furgoneta se puso en marchas. Sadaharu rio ligeramente antes de que todos se quejaron y nuevamente, se pusieron en marcha.

Miró hacia atrás y sonrió, observando entre las rejillas el edificio por el cual habían salido, esperando que Fuji terminara uniéndose a ellos tarde o temprano. Pero agrandó los ojos cuando vio algo descomunal salir de una de las gruesas paredes de metal. Oh, dios, aquello no era humano. Kurumi tenía toda la razón. Esa cosa era… era horrible.

-Ey, ey, ey- bramó golpeando la ventanilla que daba al conductor- Písale. Por tu madre, mayor, písale. Esa cosa… esa cosa… ¡Nos está persiguiendo!

Todos giraron la cabeza hacia atrás y el monstruo deforme volvió a clavar su extraña cabeza contra el suelo, seguramente, adentrándose en las cloacas para seguirles desde las profundidades.

-Como una anaconda que persigue a sus presas- jadeó- estamos jodidos, tíos. Muy jodidos.

Sentía que la saliva no pasaba por su garganta, formándose un gran nudo en su garganta y una gran molestia en su estomago. Lo había visto de refilón y un aturdimiento llegó a su cerebro cuando intentó buscarle parecido con algo. Por la forma de retorcida cabeza debió de haber sido en antaño un hombre, ¿no? Pero si era así, ¿por qué tenía el cuerpo de aquella forma?

Giró la cabeza hacia Echizen. Éste sudaba tremendamente agitado, mientras parpadeaba con fuerza una y otra vez, como si quisiera borrar de su memoria lo que habían visto. Le comprendía y a la vez no. No era la primera vez que veía un monstruo así. ¿O era precisamente eso lo que lo estaba aturdiendo?

De todas maneras, él no estaba para preocuparse de un tipo que solo pensaba en él mismo y no contaba nada. Si bien era cierto que tenía que reconocer que ahora mismo admiraba interiormente a Echizen por haberse enfrentado a un monstruo como ese… comenzaba a pensar si no sería demasiado tarde para contar con él para luchar con otro de esos deformes y grandes que parecía haber sido humano.

Un zumbido en la furgoneta los hizo volver a caerse y la voz de Inui quejándose les llegó lejana por encima del motor. ¿Es que acaso esa cosa les había atacado ya? No. Parecía estar esperando cual cazador y ellos eran sus presas. Eiji se asomó por la pequeña ventana que daba al conductor que anteriormente fue golpada por un aterrado Momoshiro.

-¿Qué ha sucedido?- Exigió saber el pelirrojo.

-¿Qué sucede cuando la gente va corriendo espantada para que no la mordisqueen?- Cuestionó Sadaharu como siempre retorciendo todo hasta hacerles pensar.

¿Qué qué sucedía? Bien. Eso podría ser de diferentes maneras. O bien podrían liarse a correr desesperados por tal de que alguien más inteligentes que ellos le ayudasen. Correr para saber sus vidas al saber hacer lo correcto. O bien, suicidarse contra un coche en marcha para que los llevara a la fuerza, siendo su muerte en el acto.

Desde luego, cualquiera que los viera los juzgaría de criminales, pero ya era suficiente. Habían sido manipulados, traicionados y encima, robados. No estaban para ir salvando a tantos hombres que luego resultaban ser menos valientes que cualquier mujer. No tenían munición, ni medios. Si la nave fuera más grande quizás…

La furgoneta se detuvo de golpeó y nuevamente, todos se colocaron alertas. Tezuka abrió la puertecilla y los observó antes de hablar.

-Descender- ordenó.

Sin rechistar o preguntar obedecieron. Abrieron las puertas y descendieron. Un pesado aire que olía a muerte y peligro los recibió. No podía esperar una brisa aromática que le pusiera los pelos de punta de pura satisfacción. Estaban en un mundo de metal donde la gente estaba muriendo.

Las ganas de vomitar le regresaron de nuevo. Ya lo había vivido en la tierra, bueno, en una falsa tierra, ¿por qué tenía que vivirlo ahora otra vez? Entrecerró los ojos y miró fijamente el asfalto de metal.

-La impotencia es horrorosa- susurró Kawamura a su lado- pero ahora… nosotros no podemos hacer nada. Esta no es nuestra localización. Tenemos órdenes, las últimas de Sumire Ryuzaki, así que las hemos de cumplir.

-¿Y después qué?- Espetó Momoshiro descendiendo tras él- ¿Tendremos que obedecer las órdenes de una mocosa?

Ese, era un buen tema a tener en cuenta. Con su benefactora muerta todo iba a su único descendiente y estaba seguro de que iba a ser importante tener esta conversación aclarada antes de que se liaran a patear culos.

-Primero subamos al helicóptero o entremos dentro del edificio de forma segura, y después, hablemos- aclaró severamente Tezuka.

-¿Vamos a despegar?- Preguntó asustado Eiji- Fuji y…

-Esperaremos- zanjó el capitán con el ceño fruncido.

Y nadie dijo nada más. Con las armas en la mano, el sofoco en la garganta y la sangre batiéndoles con fuerza en sus venas, subieron los tres escalones que les dejarían adentrarse en el edificio. Esperaba que ningún incompetente hubiera utilizado el helicóptero para estrellarse contra el suelo. Y hablando del suelo…. ¿Es que nadie sentía ese estremecedor y leve movimiento debajo de sus pies? No se detuvo a preguntar. Algo le decía que era mucho mejor correr sin detenerse a mirar hacia atrás.

Desgraciadamente, el virus ya había llegado a ese edificio. Un hombre se encontraba de cuquillas ante otro y se encargaba de desgarrar el estómago del difunto. Cuando se volvió hacia ellos le caía ligeramente la baba por encima de uno de los intestinos, colgándole como si de simples chorizos o salchichas se tratara, humeantes y sangrantes. De nuevo, las ganas de vomitar le recorrieron el estómago y sin dudarlo, le voló la cabeza al sujeto. Ni se entretuvo en mirarlo por última vez.

Avanzaron en forma de flecha con Kirihara en cabeza. El chico llevaba el mapa gravado en su cabeza, pero decidió que el ascensor era la mejor forma posible de subir.

-No- se negó al instante. ¿De verdad que nadie lo sentía?- Si entramos seremos presa fácil de esa cosa.

-¿Qué no la hemos dejado atrás?- Gruñó Momoshiro.

-Idiota- espetó- siente en tus pies.

-Oye, ¿a quién llamas….?

Takeshi detuvo su agresividad, abriendo los ojos de par en par a la vez que los demás. Desde luego, eran idiotas. ¿Cómo no se habían dado cuenta?

-La escalera- indicó Tezuka finalmente- y a toda máquina.

Afirmaron y rezaron por tener vía libre y tiempo de sacar sus armas más potentes en todo caso de hacer frente a esa cosa. Kurumi había dicho que era como ella, quitando que ella era una monada y aquel monstruo era una barbarie desconocida, y cabía la posibilidad de que las armas no le hicieran efecto. Esperaba que no fuera así y que la mágnum de Kikumaru lograra hacer tanto o más como la escopeta.

Sin embargo, sí que hubo ciertas complicaciones según fueron subiendo y subiendo más pisos. Zombis. Manadas de ellos que tuvieron que esquivar o hacer explotar a medida que pasaban. Gracias a dios, todos fueron lo suficientemente inteligentes como para no gastar las balas de las armas más potentes.

Un retumbe los pilló justamente en el piso trece. Un retumbar que atravesó por completo la pared y subía y subía, reptando cual serpiente por la pared. Kirihara chasqueó la lengua y Tezuka les demandó más brío. Casi le dolieron los tendones de las piernas por corresponder.

Finalmente, cuando acababa de descargar las tres últimas balas de su cargador, llegaron a la puerta que daba de lleno con el helipuerto. Momoshiro fue el primero en plantarse ante ella, agudizando el oído y mirándolo de reojo. No quedaba otra. No por nada era siempre el que observaba el campo.

Se detuvo un instante, observando la puerta de metal y el agujero de la cerradura como si lograra ver tras ella. Seguramente, tras ella, estaría esa cosa horripilante que quería matarlos, como igual, si sobrevivían, no habría ningún método de escape.

-Esperad- detuvo Tezuka haciendo gestos para que le rodearan- estrategia- indicó- Momoshiro y Kaidoh, nada más abrir asegurar el perímetro, pero si esa cosa está, no dudéis en disparar. Inui, Eiji, directos al helicóptero. Eiji, tienes una de las armas más potentes, asegúrate de disparar bien y protege el helicóptero. Inui, nada más que puedas encender el motor, álzate.

-pero…- balbuceó el sorprendido hombre. Tezuka frunció el ceño.

-Te elevas- repitió. Era una orden que no aceptaba peros- Oishi, Kawamura, bordeareis los francos para atacar por igual. Sadaharu nos irá recogiendo uno a uno. Si podemos estar lejos de esa cosa, mejor.

Lo vio volverse hacia Kirihara, frunciendo el ceño. Claro. ¿De qué equipo era?

-Estoy con vosotros- respondió el aludido encogiéndose de hombros. No le quedaba otra. Finalmente, posó sus ojos en Echizen.

Éste se golpeaba el hombro con una de la culata del otro mágnum, esperando ordenes, pero Tezuka lo ignoró, seguramente, creyendo en que él sabía qué hacer. Encontraba que ese hombre confiaba mucho en el pequeño del equipo. Solo esperaba que su confianza fuera la correcta.

Fuera, se escuchó un estridente ruido. Metal romperse.

Que no sea el helicóptero…

Empujó la puerta de una patada, dando gracias porque sus botas fueran tan resistentes como siempre y asomó la cabeza, al tiempo de rodar por el suelo e intentar evaluar la situación en un rápido vistazo, siendo seguido por los demás al instante. Perfecto. El helicóptero seguía en su lugar. Bien. Pero aquella enorme cosa estaba a punto de destruirlo. El golpe metálico que habían escuchado era debido a la pared romperse. Un tremendo agujero por el que seguramente había salido la cosa aquella.

La cosa que no lograba describir correctamente en su mente. Tenía la piel destrozada, seguramente de las muchas pruebas que habrían hecho hasta darle la forma de un rana deforme, babosa, con cabeza humana dientes de tiburón y largos tentáculos que le arrastraban tanto que parecían pesados, pero esa cosa lo movía sin el menor de los esfuerzos y con una gran rapidez.

Se sorprendió saltando junto a los demás cuando uno de ellos salió disparado en su dirección. Era como saltar a la comba. Estúpida cosa sin sentido. Pero algo se empotró contra el largo tentáculo, rompiéndolo por la mitad. Un proyectil. La bala de un mágnum que había hecho mucho, muchísimo daño a aquella cosa inverosímil. Se volvió para ver de quien se trataba. Echizen. Con el ceño fruncido y una pierna separada de la otra mientras las manos le temblaban por la potencia del aparato entre sus manos.

Bien. No lo dudó ni un solo momento. Sus miradas se cruzaron y comprendió al instante lo que quería decir. Le vio apuntar de nuevo y afirmó, sacando la escopeta de la parte trasera de su mochila. La recargó en cuestión de segundos y apuntó. Mientras el resto comenzaba a ocupar sus puestos, intentando llamar la atención del monstruo para que Eiji e Inui lograran subir sin problemas. Pero no resultó. El monstruo apretó con fuerza inimaginable los tentáculos sobre el helicóptero, rompiéndolo como si se tratara de simple papel. Todos quedaron boquiabiertos y furiosos. Su única posibilidad al garete.

Siseo y se tiró al suelo rodando cuando una de aspas del vehículo destrozado le pasó por encima. Como era de esperar, la única salida existente quedó destruida. Ni un solo resquicio que mostrara la posibilidad de adentrarse para esconderse, protegerse o tirarse escaleras abajo. Nada. Estaban encajonados. Escuchó una maldición por parte de superior y buscó su mirada, pero él estaba demasiado concentrado en el monstruo como para darles indicaciones. Ya no les quedaba nada más que la muerte.

Se habían quedado sin salida. Era imposible saltar desde veinte pisos y no matarse. No tenían medio de locomoción. Ningún tuvo que enlazara con otro edificio, lo cual ya de por sí resultaba también una muerte segura. Y por supuesto, la munición no tardaría en terminarse.

Era sentencia de muerte si no lo mataban antes.

-¡Eiji, dame la mágnum y sube al tejado con el rifle francotirador!- Ordenó Tezuka en voz en grito para ser escuchado por encima de los gritos de ira de aquel ser- ¡Rápido!

Automáticamente ya sabían que debían de proteger las espaldas de Kikumaru hasta que tuviera un lugar seguro donde poder tener a tiro la mayor posibilidad la cabeza de aquella vestía. Y esperaban que funcionara…

Se arrodilló en su posición, esperando que el tentáculo que le había arrebatado no se moviera o los tragara de alguna forma. ¿Dónde había visto eso? Ah, sí, en una serie manga extinguida ya de la memoria de muchos y que se llamaba algo de Dragón ball. Si se equivocaba, qué importaba. Solo que no quería fusionarse con ese maldito monstruo.

Momoshiro se hincó de rodillas a su lado, disparando a las piernas deformes del animal y alguna que otra vez a la larga cola que lo comparaba con un renacuajo, simplemente por diversión. Le dio una patada y lo regañó con un siseo, pero sabía que él continuaría haciendo lo que le viniera en gana.

Eiji corrió hasta ellos, pasándole el arma a Tezuka y sacando el rifle después de subir de tres en tres los peldaños de las escaleras y tirarse sobre el suelo bocabajo. Si Tezuka lo había elegido en esa posición no era para ponerlo a salvo, sino porque era el mejor disparando desde esa distancia y cuando el primer proyectil se clavó sobre la frente del monstruo, todos cogieron aire, en espera.

Pero un horrible gruñido por parte del ser antinatural los espantó y les recordó la verdad. Ni una bala en la cabeza podía hacerle efecto. Ahora comprendía por qué Kurumi eligió un lanzacohetes o un misil. Porque destruían al completo todo. Las probabilidades de que les dieran al chip eran tan nulas que daba miedo.

Eiji volvió a disparar junto a los demás. Una de las partes de la cabeza, seguramente donde debería de estar la frente, se rompió en mil pedazos. Pero él continuó moviendo sin detenerse. Sus ataques eran legibles pero poderosos. Si te descuidabas, no podrías esquivarlo. Y justamente, uno de aquellos tentáculos pasó atravesándoles a ellos dos: Iba claramente a por aquel que más daño le hacía, ignorando los dos revólveres que le disparaban de lleno en el cuello o en el torso. Giraron a la vez, apartándose de golpe, esperando ver la catástrofe sin poder hacer nada. Eiji rodó ágilmente hasta caer al suelo y sin que se lo pensaran dos veces, Momoshiro y él tiraron del pelirrojo, evitándole ser aplastado por una gran carga de escombros que le había arrebatado la vida.

Todos estaban demasiado concentrados en ello, excepto Echizen, que disparó directamente de nuevo contra el tentáculo, rompiéndolo en mil trocitos con la fuerza del disparo. Pero no. Eso fue un error. Lo que estaba saltando en mil trozos era todas las partes de aquel horrible monstruo. Un lanzacohetes que le había dado de lleno, destruyendo su gran amenaza. Alzó la visto y casi sintió su corazón latir con fuerza cuando les vio.

Habían llegado a tiempo. Muy justos. Se había olido algo así. Si ese monstruo realmente lo estaba siguiendo, destruiría primero su medio de transporte y después, a ellos. Por suerte, habían hecho a su corazonada y ahora, había salvado a su equipo de morir. Dejó el lanzacohetes a un lado y se volvió hacia Kurumi. Esta movió afirmativamente la cabeza mientras descendía levemente el helicóptero, lo suficiente como para que los demás pudieran subir por la escalera de cuerda. Habían tenido una única oportunidad y fue suertuda: El monstruo había muerto tal y como Kurumi había presentado sin la necesidad de usar el as bajo la manga. Gracias a dios.

No le había hecho demasiada gracia esa posibilidad y mientras la había visto trabajar delante del ordenador y él hacía guardia para matar a toda aquella panda de energúmenos que osara acercarse, se había preguntado de qué serviría que ella se arriesgara de esa forma por ellos si no terminaba siendo fructífera su muerte.

Apretó la mano de su capitán cuando subía, quien se sentó en el asiento del copiloto para poder observar a la humanoide con atención y mover la cabeza significativamente. Cuando escuchó la puerta corredera cerrarse, se inclinó para ser oído.

-Pon rumbo a la nave. Nos piramos de este lugar.

-Me alegra saberlo- corroboró Kurumi mirando su reloj de pulsera- porque queda menos de media hora para que éste planeta estalle.

-Un método preventivo por si nos encerrábamos, logrando sobrevivir a los zombies- opinó Sadaharu frunciendo el ceño. Él mismo sonrió.

-no- negó Kurumi moviendo brevemente la cabeza- una medida por mi parte por órdenes de Nanako. Así, nos evitaremos problemas….

-¿Has contado con que nosotros tengamos tiempo de salir?- Exclamó repentinamente furioso Momoshiro- ¿Y si le pasa algo a la nave y no podemos despegar? ¡También moriremos! Y esas chicas… esas… niñas, porque son niñas, joder.

-Nanako no es ninguna niña- intervino Kurumi con el ceño fruncido- te lo puedo asegurar- continuó, mirando de reojo a Tezuka- Si en todo caso no nos diera tiempo a despegar, la detendré. Como tu bien recuerdas siempre, soy una humanoide. Cuento en mi interior con todos los datos creados por Nanako Meino y puedo moverme con gusto por su red de ordenadores.

-¿Quién dice que no sea también una trampa?- Farfulló entre dientes un aturdido Takeshi.

-Por favor, momo- rogó Kawamura algo aturdido mientras curaba una de las heridas de Eiji-. Confía en ella como nosotros. Ya has visto que ha sido gracias a su ayuda que hemos logrado vencer a ese monstruo.

Aparte de con Tachibana, no había visto a Momoshiro necesitando culpar a alguien. AL parecer, el contacto con la chica a la que habían catalogado como traicionera le había cambiado lo suficiente como para necesitar algo de camorra, aunque no le aconsejaba para nada pelearse con Kurumi. La había visto romper las cadenas que ataban al helicóptero y varias paredes sin ni siquiera sudar. Sonrió ligeramente divertido. Seguro que sería una experiencia digna de ver. Quería ver a Momoshiro gritando por ayuda mientras que Kurumi le rompía algunos huesos.

-Hemos llegado- informó Kurumi mirando de reojo a Inui- ¿Podrás encenderla y prepararla antes de media hora? Tenemos que despegar a toda velocidad. Podría pausar la transferencia si hace falta, pero mi radio de cercanía es corto, así que cuanto más antes abandonemos este estúpido planeta, evitaremos el accidente que tuvimos con la tierra uno.

-Podré- confirmó Sadaharu subiéndose las gafas y sonriendo ante el reto.

-Bien, entonces, todos abajo- ordenó Kurumi descendiendo.

Siguiendo las órdenes de Inui y la chica, comenzaron a moverse. Era imposible estarse quieto. El tiempo corría. Eiji ocupó un lugar en los cañones. Kirihara revisó las armas y ató las cajas para evitar tener que sufrir problemas durante el viaje. Kaidoh y Momoshiro cerraban las puertas y Oishi y Kawamura revisaban los medicamentos y alimentos necesarios. Aunque no había tiempo.

-¡Listos!- Indicaron uno a uno- ¡Larguémonos!

Sadaharu Inui afirmó y se preparó para el viaje y la onda explosiva. Esta vez, todos tendrían asegurados sus cuerpos a los sillones y la nave tendría coordenadas que seguir. Kirihara las introdujo antes de que la nave alzara el vuelo. Kurumi, a su lado, cerró los ojos.

-Veinte segundos para la explosión…. Diez…. Cinco… cero.

La explosión llegó tras ellos justo cuando la nave entraba en su fase acelerada y los dejaba atrás. La propulsión de la onda empujó la nave, entregándole mayor velocidad. Un grito de alegría escapó de la garganta de Momoshiro y cuando lo miró, observaba los trozos de metales que apenas eran imperceptibles. Otro mundo destrozado.

-Quizás tenemos mala suerte y somos destructores de mundos…- susurró acariciándose los labios- ¿Cuál será el próximo que destruiremos?- Cuestionó.

Todos lo miraron con sus rostros aterrorizados y estaba seguro de que una gota resbalaría por su cabeza si personajes de manga se trataran. Pero finalmente terminaron riéndose a carcajada limpia. Chasqueó la lengua y miró hacia el espacio, cruzándose de brazos.

No era tan divertido si terminaban riéndose y no terminando temblando mientras sudaban de miedo. Aunque con las dosis que habían tenido qué importaba. Aunque se olía que había algo más detrás de todo eso.

Con solo mirar los asientos vacios lo comprendió, especialmente, cuando tres rostros se mostraron totalmente serios y concentrados. Ryoma Echizen. Momoshiro Takeshi y Kaidoh Kaoru. No. Se equivocaba. Eran cuatro: Kunimitsu Tezuka también se encontraba entre ellos. Y era determinante.

A partir de ahora, aquellos que se habían metido con Seigaku, tendrían que vérselas con ellos y…. Iban muy en serio.

-Bueno- alzó la voz Takeshi de nuevo-. Creo que ahora que estamos todos podemos continuar con la conversación sobre la nueva cabeza que tenemos encima: Sakuno Ryuzaki. ¿Qué vamos a hacer?

- ¿Ryuzaki? ¿De qué hablaban? Se giró hacia ellos, arqueando una ceja. Ese tema también debería de interesarle a él si estaba en lo cierto.

-Veamos- comenzó Oishi cruzándose de brazos- según un testamento que tengo dentro de mi mochila, Sumire Ryuzaki dejó toda su herencia a Ryuzaki Sakuno. El dinero se encuentra en la antigua tierra, es decir, a donde vamos. Y dentro de ese testamento… estamos nosotros y Nanako. Ah, y Kurumi también como protección para no ser destruida por nadie que no sea Nanako Meino.

Kurumi se estremeció en su asiento y frunció el ceño, rozándose las manos ligeramente. Él se cruzó de brazos.

-¿Qué pone de nosotros?- Se interesó.

-Según dice, una vez que hayamos puesto a salvo a su nieta, podemos decidir si trabajar para ella o simplemente buscar nuestras vidas- Oishi se encogió de hombros- al fin y al cabo, seremos los únicos sobrevivientes.

-Después que matemos a todos los del Hyotei- recordó Kirihara.

-¿Qué será de éste?- Interrogó Momoshiro señalando con la cabeza al único forastero- no es uno de nosotros.

Tezuka se encogió de hombros.

-No vendáis la piel del oso antes de tenerla- recomendó Sadaharu- nos queda mucho por hacer y tenemos tres horas de viaje. Descansar y prepararos. ¿Algún consejo, Kurumi?

La chica se encogió de hombros.

-No tengo datos de esa tierra- reconoció la muchacha- solo puedo deciros que pelearé con vosotros. Fuji ha comprobado que no necesito protección de nadie y creo que vosotros también tras luchar contra ese monstruo. Claro que yo no corro el riesgo de volverme de esa forma tan monstruosa- se apresuró a aclarar al ver las intenciones de Takeshi de indicarlo- deberíais de descansar. Yo puedo manejar perfectamente la nave y no necesito dormir.

-Estabas apagada cuando se llevaron a Nanako- recordó Kaidoh extrañamente molesto.

-Lo sé. Pero era por reparaciones. Yo no necesito descansar. Os recuerdo que no soy del todo humana.

Tezuka pareció aceptar el ofrecimiento y con una simple mirada les ordenó a todos que descansaran donde quisieran, pero que durmieran. Echizen fue el primero en aceptar aquel ofrecimiento y no tardó en encerrarse en el camarote para poder dormir. Los demás le siguieron, algunos no muy convencidos.

Él se quedó ahí de pie, observándola mientras observaba con detenimiento el panel de la nave y se aseguraba que el rumbo era el correcto, además de buscar en el espacio algún resquicio sobre de problemas espaciales. Se podría decir que para él era la primera vez en un viaje tan extraño, pero se preguntó si para ella sería igual por el modo en que se comportaba.

-Deberías de descansar también- recomendó la joven mirándole de reojo- has estado vigilándome durante todo el tiempo que estuve conectada. Es mi turno, ¿no crees?

Se acercó para ponerle una mano sobre el hombro e inclinarse en busca de su mejilla. Pegando mejilla contra mejilla, sonrió, fingiendo observar el panel.

-Eres más humana de lo que parece- susurró- me pregunto qué sorpresas podrás enseñarme en el futuro.

Y se alejó, satisfecho de haber sembrado la duda en la mente de aquella humanoide. Esperaba poder trabar una amistad más fuerte con Nanako en un futuro. Probablemente, tendría que pedirle un gran favor. No. Un enorme favor.

Se adentró en el servicio, dándose cuenta de que él también estaba pensando en la victoria como Momoshiro. Bien. Entonces, si pensaban, tendrían que demostrarlo cuando llegara la hora, porque el momento llegaría y estaba seguro de que aquellos cuatro que se mostraban claramente preparados para patear los culos de aquellos que se habían burlado de ellos, no se dejarían ni un trocito de aquellos pobres energúmenos.

Que Dios los tenga en su memoria.

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n/a

Bien, otro capítulo más de ésta historia :3

Como ven, se desarrolla en una ruta de escape del equipo reunido y se cuentan ciertas cositas sobre lo que harán en un futuro que no tienen ni idea de cómo sucederá. Y también, se aclaró el por qué de las tierras clonadas: La tierra original era para hacer el hogar de las "evas".

Momoshiro sigue desconfiando de alguien para no perder la costumbre, aunque la realidad, es que echa de menos con quien pelearse y como Kaidoh no le hace mucho caso…

En fin. Como siempre, les repito que lean con atención.

Cuidado con los monstruos…

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