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Kea Langrey
Author of 54 Stories

Rated: T - Spanish - Humor/Romance - Reviews: 8 - Published: 05-04-08 - Complete - id:4237113

Título: Vestidores.

Autor: Kea Langrey.

Serie: Prince of Tennis; Dedicado a quienes esperan (si es que aún hay alguien) Where is the love. Perdón por la demora, tengo el firme propósito de ponerme a ello en breve.

Género/Clasificación: Humor, PG-13.

Resumen: A veces, quedarte después del entrenamiento, te da lecciones muy importantes.

Aclaraciones: No me hago responsable si la historia les parece tonta (que les parecerá, porque lo es), ni de los daños mentales que pueda causarles semejante estupidez. En lo personal a mí me gustó, y culparé a la falta de cafeína y trabajo por semejante escrito, sin más que agregar, a lo que vamos:

Un poco de saliva no hace daño.

Momoshiro abrió grandemente sus ojos al encontrarse con aquella escena de frente. Él no era alguien entrometido, bueno, no la mayoría del tiempo, pero nunca había buscado encontrarse en una situación como aquella, y si pudiese elegir, en esos momentos desearía estar recostado en su cama, cubierto hasta las narices con su cobijita azul.

—¿Qué miras, Momo? —preguntaron desinteresadamente a sus espaldas, el cabello de su nuca se erizó (sólo un poco más). Momoshiro respingó y no fue lo suficientemente rápido como para impedir que el intruso se fijara también por la puerta entreabierta.

Supo entonces que si no hacía algo para impedirlo, serían descubiertos y la verdad era que no tenían una excusa creíble que explicara el por qué estaban ahí.

—¡Cállate Ryoma! —susurró, mientras le pasaba un brazo por el cuello y cubría la pequeña boca con su mano. Echizen mantenía los ojos completamente abiertos y Momoshiro juraría después, por su raqueta, que Ryoma había dejado de respirar.

Dentro, los brazos del sub-capitán se asían con fuerza a la cintura de Eiji, mientras ocultaba su rostro en la curvatura de su cuello. Kikumaru se aferraba casi desesperado al cuello de Oishi y musitaba algo tan quedo que ninguno de los mirones alcanzó a entender.

Entonces se separaron lentamente y los preciosos ojos de Eiji se anclaron a las oscuras pozas del mayor. Momoshiro entendió entonces que la afinidad de sus superiores iba más allá de su perfecto acoplamiento a la hora de jugar dobles.

Eiji ladeó el rostro y sonrió al mismo tiempo que aquel gesto se hacía presente en las facciones de Oishi.

Ryoma mordió a Momoshiro. Momoshiro gritó y Ryoma sonrió.

Eiji y Oishi giraron sus rostros sorprendidos hacía la puerta, y los más pequeños supieron que debían correr.

—¡Qué asco, Ryoma! ¡Me llenaste de saliva! —espetó Takeshi, restregando su mano sobre su pantalón. Ambos estaban apoyados en una pared, tratando de tranquilizar sus respiraciones. Habían corrido realmente mucho.

—Como sea. —fue la respuesta desinteresada del más bajito.

—¿Te gustaría que te llenara de baba, enano? —Momoshiro giró su rostro, mientras con una mano sujetaba la cabeza de Ryoma y tiraba de ella hasta acercar su rostro al suyo. Tuvo que inclinarse con un rápido movimiento para deslizar su húmeda lengua sobre la mejilla del pequeño, que otra vez abrió grandemente sus ojos y creyó que la siguiente vez que hiciera eso (abrir mucho sus párpados) quizá se le saldrían los ojos.

Ryoma gritó y empujó a Momoshiro, que entonces fue conciente de lo que había hecho y un tic se formó en uno de sus ojos.

—¡Eres un degenerado! —chilló con fuerza. Momoshiro arqueó una ceja, sin llegar a entender que había ocurrido para que Ryoma pareciera la luz roja de un semáforo. —¡Y un idiota además!

Fue el turno de Momoshiro para abrir grandemente sus párpados, sorprendido; para cuando logró articular alguna palabra, Ryoma ya se había ido.



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