|
Author of 16 Stories |
Ya de verdad que no sé cómo tengo la poca vergüenza de andar disculpándome por mi tardanza después de meses sin actualizar ciertos fics... En fin, sólo puedo apelar a vuestro perdón y a vuestra santa paciencia... Espero que os guste este nuevo capi, bastante distinto de los anteriores, por cierto.
III
"¿Quién de vosotros que tenga cien ovejas y pierde una de ellas, no deja atrás las noventa y nueve y va tras la descarriada hasta que la encuentre?"
Mt. 18, 12-14
L, L, L...
Las noches de pesadilla removiendo su psique en batallas dantescas logran conferirle las tan anheladas ojeras. Sólo tiene que acentuarlas un poco con el lápiz. Margaret Astor, que él no se compra maquillaje de tres al cuarto, válgame Dios. Así, con cuidado. Abre los ojos desorbitadamente, sus nerviosas pupilas negras devolviéndole un destello en carmín, cortante y preciso como una daga blandida en sus retinas. Aún no ha conseguido tenerlas tan enfermizamente dilatadas como las suyas. Más café. Tiene que tomar más café. O algún estupefaciente. Mierda. Mierda. Poco dinero hay para destinar a narcóticos si apenas tiene con qué pagarse la mierda del alquiler. Ser el chico-para-todo le reporta pocos dólares y demasiada mala hostia que tragarse, aunque así se parece a Ed Gein, y eso mola cantidad, ¿verdad? En ese momento cae en la cuenta del indescriptible ahogo que le causa aquel agujero mohoso en el que se empareda cada día. No consigue desprender de su piel y sus ropas el olor a humedad. La casa nunca está limpia. Eso le exaspera. Y mucho. Da un par de largas zancadas por la habitación para despejarse, con tres pensamientos taquigrafiándose en su mente: uno, BB, compra más café y mermelada, dos, BB, pasa de nuevo la condenada fregona por el condenado suelo, tres, BB, indaga bajo premisas más prácticas acerca de cómo demonios se descuartiza un cuerpo. Que no es tan sencillo como aparenta, oh no, no. Lalalá. Esa idea le ha hecho sonreír abiertamente. Le suelta una macabra risilla al espejo. Niehehehe. Niehehehe. Pero qué malo, malo que es. El pequeño detective se pondrá hecho una fierecilla. Pagaría por ver su cara de rana escandalizada cuando se enterara de sus barrabasadas. Se relame los resecos labios. Tararea un opening pasteloso para contrarrestar la atmósfera cargada que pesa sobre la estancia. Finalmente los kilos de gomina consiguen encresparle los mechones azabache; se retoca el flequillo, se atusa la camiseta blanca impoluta -la paga de un día gastada en suavizante de primera calidad, dos horas de plancha- y los holgados vaqueros. Encorva la espalda. Apenas alcanza a verse de la cabeza al torso en el quebradizo espejillo, pero le sonríe encantadísimo al alter ego pluscuamperfecto, a la copia quasi idéntica que le escruta con mirada lasciva tras el vidrio. Beyond Birthday contempla las dos palabras que le nombran coronando su efigie, como una diadema sacra en bermellón brillante... sin fecha, ni un sólo número. Porque BB tiene todo el tiempo del mundo. Niehehehe.
En la calle alguien rompe una botella; amortiguado le llega el sonido del alarido increpante de una mujer. En el lavabo, el grifo gotea pesadamente como un reloj.
Frente con frente, acaricia su reflejo, acaricia sus fríos e inertes labios de cristal, besando, besando, besando, musitando esa letra como la letanía de un loco enamorado.
L, L, L...
A ti te lo voy a contar. Después de todo, hoy estabas destinada a morir. Y no, no son misticismos de un demente, como pueda parecerte. Resulta que aquí donde me ves puedo ver tu lapso de vida. El tuyo y el del resto de la Humanidad. ¿Que no me crees? Oh, qué cruel por tu parte... ¡si hasta puedo ver tu nombre, tan resultón él...! No me preguntes cómo lo hago, soy simplemente así de especial. Especial, remarco. No rarito ni tocado del ala como pretenden todos. Eh... bueno, vale, quizás un poco sí que sí. ¿Eres capaz de imaginar lo que supone convivir con el recuerdo constante de la ineludible Muerte, acechando a tus seres queridos ante tu mirada impotente? No, claro que no tienes ni puñetera idea.
A ver, los barbitúricos, el cuchillo... Jesús. Jesús, María y José, que no respondo de mí mismo. Que te estoy haciendo un favor, demonios. Deja de gimotear como una ratita, niña… No me pongas nervioso, porque te aseguro que no te conviene en absoluto hincharme las pelotas con tus sacudidas y tus chilliditos, ¿entiendes? Quiero decir, voy a matarte igual, hehe, claro está, pero una cosa es dejarte grogui a fuerza de drogas y después descuartizarte, y otra muy distinta es ir chas, chas, despacito y con buena letra, chas, chas, y descubrir hasta dónde eres capaz de aguantar el dolor conscientemente. Mira, reconozco que éste no es mi gran hobby, precisamente. De hecho, hohoho, te vas a reír… a mí me causaba un asco y una carga de conciencia atroces cada vez que nos tocaba diseccionar un animalito en clase de Ciencias. Se me partía el corazón y se me aguaba la visión en cuanto contemplaba los ojillos saltones de la desafortunada ranita clavados en el techo, tan clavados como apuntalada estaba ella, cual cristo zoomórfico desparramado limpia y escrupulosamente sobre la tablita. Como si estuviera matando a mi L, te digo. Con esos ojazos y esas patitas raquíticas dando patadas al aire con cada espasmo, igualito, igualito que mi detective cuando le hacía el amor. Joder, pandilla de desalmados y asesinos todos…
Ah, me has movido y has conseguido que te haga sangrar antes de tiempo, si serás idiota. Mírala, tan rojita y reluciente... ¿Quieres saber su función; por qué es justo así? Te lo voy a contar, que es bastante curioso. El rojo, como color primario, es percibido y asumido de forma más directa por el cerebro que otros tonos como, por ejemplo, los malvas. ¡De ahí que nos cause tanto impacto! La sangre automáticamente nos indica que algo va mal en alguna parte, y el cuerpo tiene el detalle de darte el toque de atención en forma de un torrente de glóbulos rojos liberados. “Psss, hey, Tate, que te mueres.” Cuando era niño sufría de hemofobia, esto es, el miedo a la sangre. Como miedo irracional que constituyen la gran mayoría de las fobias, me veía en la más frustrante de las imposibilidades para controlarlo. Los humanos reaccionamos de dos maneras radicalmente antagónicas cuando sufrimos el miedo en carne propia. Me refiero al miedo de verdad, no al gusanillo revoltoso y hasta morboso que nos reconcome ante situaciones de suspense controladas, como cuando ves una película de terror que te tiene acojonado en el sillón pero la emoción y la intriga te pueden más que el impulso de arrancar el enchufe de la televisión y mandar la cinta a tomar por el culo. Cuando sientes el auténtico miedo, el pavor ante una situación que escapa a tu dominio, que te promete dolores insufribles y una muerte agónica más que segura, entonces pueden suceder dos cosas. Vamos con la primera: verás, se puede dar el caso de que tu instinto de supervivencia se dispare, es decir, con tus sentidos agudizados al máximo y tu lado más primigenio alerta hasta el punto de transformarte en una especie de bestia sin razón ni comedimiento, te enfrentas a ese peligro con uñas y dientes, por mucho que en el fondo te estés meando encima. De mamá fue la idea de ver la sangre como mermelada de fresas. No es más que fruta triturada, dulce e inocente. ¡Qué tontería, pues, el temerle a una vulgar confitura! Así superé mi hemofobia.
Y yo te estaba contando algo… ¡Ah, cierto! Las reacciones ante el miedo. Eso era. La segunda posibilidad es una trampa mortal con todas las de la ley. Quizás seas de ésos que ante situaciones límites se quedan anclados en el suelo, paralizados, en completo estado de shock, incapaces de hilvanar una sola idea con la que poder librarse o de mover ni tan siquiera un músculo para efectuar aunque sea únicamente un amago de defensa o ataque contra el mal que les atormenta. Anda… a título informativo, creo que el sedante ya ha hecho efecto. Vaya, no sabe, no contesta. Eso es buena señal, sin duda. Como te iba diciendo. No pude hacer nada. Nada en absoluto. Ni con mamá ni con papá. Me lo preguntaba una y otra vez. Los jodidos numeritos. ¿Qué serían? ¡Se parecían tanto a una fecha…! La aureola en bermejo flotando sobre las indolentes e ingenuotas cabecitas. Vagué de orfanato en orfanato como un fardo inservible hasta que un expediente de Matrícula de Honor me trajo a ese campo de experimentación humana con un nombre tan enternecedor y caritativo como el de Wammy’s House. Pero yo era feliz en esa cárcel de oro, esperando a mi detective. Me asfixiaba aquel lugar, sentía como las paredes me iban cercando más y más hasta desquiciarme por completo… pero yo seguía aguardando, atesorando cada conocimiento y habilidad que a mi alcance se ponía, esperando el día en que L regresara y me declarara lo mucho que había echado de menos a su favorito. A su único sucesor digno. ¡Qué digo! Al único ser sobre la faz de la Tierra capaz de hacerle sombra. Nunca, nunca lo hizo… ni una palabra amable, ni un ademán cariñoso. Sólo su maldita condescendencia y su maldita curiosidad de científico experto. Si podía acosarlo sutilmente con pruebas psiquiátricas continuas, ¿por qué no llevármelo a la cama, y así añadir un elenco de parafilias y demás desórdenes sexuales a su único e inigualable historial? Ay, el pobre de Beyond, tan loco.
Me pregunto qué se hace con un cadáver. La sangre apesta cuando se coagula. No me ha gustado el sonido que has hecho. ¡Plop! Me has manchado, je, joder. La ducha que me voy a dar después de esta carnicería sí que va a hacer historia. ¡Mierda, mierda, qué asquerosidad! ¿Canto? Hale, a cantar.
Motto kokoro no naka wo futari miseaeta nara
Kotae wa tsukameru yo...
Madre del Señor, demasiado grotesco todo. Me encanta. Me encanta. A veces me dejaba besarle en la boca. A veces me correspondía cuando le metía la lengua hasta la tráquea. ¿Y qué hago yo ahora con tanta sangre, Dios de mi vida? Cuando vi el despojo desmembrado e irreconocible al que había sido reducido el cuerpo de mi preciosa mamá, encharcada en el líquido vital, dejando un rastro de piel y vísceras quemadas por el vagón, no me asusté. Destrozada por el choque del tren, con la mala suerte de tener su asiento en la zona de mayor impacto, sólo cabía reconocer su identidad gracias a la prueba del ADN o del análisis dental. No debí verla pero la vi. No debí verla pero la vi. Y yo no pude hacer nada para evitarlo. Yo quería seguir creyendo que era mermelada.
Ah… L gemía cuando follábamos tras las cortinas. Señor juez, juro con la mano sobre la Biblia que ese humanoide ojeroso del estrado jadeó una vez como una perra en celo mientras me dejaba la palma chorreando. ¡Dios! Otra erección, niehehehe.
Zutto kimi iro omoi ima mo nemure nai yoru ni
Kimi wo dakishime ni yukou "oooh aishiteru"...
Es un... puto egoísta de mierda. Le creen un Mesías o un santo varón y no es más que un cerebrito infantil al que no le importa nada más en la vida que tener un caso irresoluble entre ceja y ceja, toneladas de repostería en el estómago y un viejo velando por su inestimable pellejo. Cuando le da la real gana de echarse a dormir no hay nada que turbe su sueño. Jamás, jamás pude llegar a él. No hay forma. Es imposible. Imposible...
Llevo una hora, veintitrés minutos y siete segundos aquí, tengo que darme prisa o mi brillante plan se irá al traste. Y tú, mi lindo peón, aunque eso de “lindo” es un eufemismo en tu caso, tienes una importantísima misión que cumplir. Siempre tenía esa expresión hierática estampada en su carita de luna, con su sonrisilla de koré griega cuando Mellito se le echaba a los brazos, la muy puta. ¡Hostia, cómo le...! ¡Si pudie-...! Yo no pedía nada imposible... ¿verdad? Snif. J-joder... tengo que tener un pañuelo por alguna parte... Alguien tenía que darle una lección a ese diablo de trece años. Refrescarle un poco la memoria, ¿eh...? Que un ejército de pederastas le hubiera petado el orto hasta la saciedad cuando apenas levantara unos palmos del suelo no sería su hándicap durante toda su vida, no, no. Aquel día el bienamado y ovacionado L le dijo a BB una cosa horrible sin cambiar el gesto ni su tono predeterminado de contestador automático en lo más mínimo. Ahí, grabado en plata. "Tu enamoramiento es una barrera falsa de autoprotección. Intentas convencerte de un sentimiento amoroso hacia mi persona para enmascarar tu auténtico e ignoto problema con una emoción que consideras catártica. Quieres creer que me amas para así eludir un yo que desprecias y así salvarte, como si tuvieras miedo de lo que tu potencial negativo puede llegar a hacer". No sé cómo no lo estrangulé allí mismo, entre el juego de té y el plato de galletas de mantequilla... no sé cómo no lo hice.
Pero sí sé por qué hice... lo otro. Lo de M. Estuvo rematadamente mal, por eso la jugada era magnífica. Ay... No, no lo fue. Fue mi ruina. No conservo imágenes muy nítidas del momento crucial, sólo pequeños fotogramas inconexos. En alguna película escuché aquello de "¡Déjame matarlo mientras me dure la locura transitoria!" ¡Hahaha! ¡La frase es cojonuda! Me echó. Me echó. Recuerdo su verborrea afectada, ¡cosa insólita, desde luego!, que si una amoralidad, que si un crimen, que si una salvajada... blablabla... y entonces me desheredó. Me echó. Tal cual. Creo que lloré como nunca en mi vida. Recuerdo el parqué crujiendo bajo mis rodillas incadas; mis dedos crispados en la pernera de su pantalón. L se ve bellísimo en la completa oscuridad, únicamente iluminado por la corona de pálida y cambiante luz carmesí con su nombre y su esperanza de vida, tan campantes bajo su ignorante presencia. L Lawliet. L Law-li-et. Claro que no podía revelarle mi increíble secreto. Oooh... Ojala hubiera podido susurrárselo durante un polvo y haber podido regodearme en su mirada de búho anonadado mientras le embistiera. O quizás hubiera sido mejor mientras me sodomizara él. "¡La virgen, pero qué jodidamente bien follas, L Lawliet!" Pfff... Inefable. Yo lloraba y él callaba. Antes muerto que pisar un psiquiátrico, le juré y perjuré por la memoria de mi difunta madre y el último tomo de Akazukin Chacha. Él bien sabía que yo podía burlar cualquier test mental con la misma facilidad con la que resolvía acertijos inimaginables a puñados. Lo sabía, y aún así me echó. Ah, pero no me echó en realidad... porque BB fue más listo y se escapó antes. Pero esa posibilidad, faltaría más, también fue pasada por alto por la inconmensurable perspicacia del mayor investigador de la Historia. Arrojó por la borda todas mis esperanzas del mismo modo en el que me lanzó una maleta vacía para que no quedara ni rastro de mi demoníaca aura en aquel honrado hospicio. Apuesto a que incluso llamaron a un exorcista. Él… él me dijo que ya no sería el siguiente L. Se desentendió, vaya que si lo hizo, y créeme que ahora pagará las consecuencias.
¿Sabes una cosa, niñita? Yo tenía un sueño dorado en el que L y BB vivían juntos como un par de recién casados dejándose la piel para pagar las facturas del piso. Yo le prepararía sus platos preferidos y aguardaría su vuelta a nuestro hogar, dulce hogar con delantal. Delantal de fresitas. "Cómo te ha ido el día, mi detective de ajonjolí." Muac. Muac. ¿Y sabes qué me contestaría él...? L diría: "Mi querido Beyond, estoy desesperado. Necesitaré otra vez de tu inestimable ayuda y de tu astucia sobrenatural para resolver este condenado caso si no quiero que mi renombre se vaya al garete." No te preocupes, L. Por supuesto que tu BB te echará un cable. Siempre ha estado ahí, aunque tú te negaras a verle. Pero eso era antes. Y ahora ya no queda nada. Nada de nada...
Ya. Venga. Vamos. Uno, dos y tres. Uno, dos y tres. Zas. Zas. Perdóname, ¿vale? Vamos, no hay tiempo que perder. Ya. Ahora. Justo ahora. Ríete, Beyond Birthday. Backup. BB. Rue Ryuuzaki. El segundo niño. El L definitivo, digan lo que digan. Mírame ahora. Mira en el monstruo en el que me he convertido. Ten los cojones de mirarme ahora, amor mío, mi príncipe encantador, mi leyenda viva, mi querubín desgreñado, mi bestezuela incivilizada, mi vida, mi todo. Mío y de nadie más. Mi L Lawliet.
Qué ironía. Después de todo Beyond Birthday sí que era inmortal. Qué humillació cerca... estuvo tan cerca de lograrlo... ¿Por qué mierda sonríe? Ahora, ahora que le tienes a un palmo, ¡haz acopio de tus últimas fuerzas y dile cuánto le odias, cuánto ansiabas destruír su renombre, cuánto... joder, cuánto bregaste por ser el único, por ser el único blanco de sus atenciones y de sus miradas!
Al final... sí que dejaste a las demás ovejitas tan... tan peluditas, suaves y blandas por fuera que se dirían todas de algodón... y viniste a buscar al... al cabrón de BB... manda narices...
Toma aire. Cada palabra se escapa de su garganta como un quejido bronco, chirriante como una bisagra sin aceite. Tiene los pulmones destrozados. De hecho, todos los órganos internos están atrofiados hasta el punto de que no puede realizar ninguna función vital básica por sí mismo: lleva semanas encadenado a un siniestro arsenal de tubos de suero, fármacos y sedantes. Los atónitos doctores ven como un infausto milagro aquel hecho insólito -noventa y ocho por ciento de su cuerpo calcinado, convertido en una marioneta de retazos de injertos de piel- pero han recibido la orden del legendario L de velar por la existencia de aquel criminal en serie para que cumpla religiosamente su cadena perpetua. Un bidón de gasolina y una cerilla no aniquilan a un inmortal, debería de haber sido más drástico, sí, sí. Duele demasiado, maldita sea. Pasa la mayor parte del tiempo con una venda cubriéndole los ojos, pues ha perdido los párpados y el más efímero vestigio de luz solar cae en ellos como una llamarada incandescente. Morfina. Morfina. Morfina. Huele a carne quemada, a ungüentos de hospital, a agonía y a desesperación. Pudriéndose en un rincón dejado de la mano de Dios, esperando una muerte que nunca llega. B le comentó a L en cierta ocasión que uno de los grandes errores que había cometido A, con sus aires apocopados de muchachito endeble y pusilánime, era haberse reído de la Muerte. No hay que reírse de la Muerte, sino reírse con ella, le siseó con secretismo al oído. Por todos los diablos, ¿cuándo van a traerle la puta morfina? Cualquier mínimo esfuerzo le supone una tortura. Hablar, respirar, pensar... alargar los raquíticos dedos en busca de su mano. Loco. Está completamente loco. Tan loco que en su inenarrable dolor ahora piensa que, después de todo, sí que ha valido la pena. La felicidad es cosa extraña. Y eso que algunos fisiólogos afirmaban que el cerebro humano no estaba diseñado para alcanzarla. Lo habían leído juntos en un periódico, hacía ya muchos, muchos años. Beyond Birthday aguanta una risa que probablemente ni siquiera es capaz de emitir sin que parezca que le están serrando vivo: es tan graciosa la expresión de L, con sus ojillos desencajados. BB sabe, oh, claro que lo sabe, que se muere de ganas de darle una bofetada por haber sido un chico malo.
Mi pequeño detective... si me miras así yo también acabaré llorando...
Fin
Para los que se pregunten qué narices tararea BB, os diré que es el opening de Akazukin Chacha, la serie que mencionan en la novela y de la que supuestamente Beyond y L son fanboys. La imagen mental de ambos apoltronados en el sofá viendo a la Caperucita ésa... me hace inmensamente feliz, lo admito.
Dios mío... creo que este fic ha sido la locura con menos sentido que he escrito hasta hoy. Ya me diréis qué os parece mi BB...
Tengo que ponerme al día contestando reviews, sorry. Sea como sea, muchísimas gracias por dedicar vuestro tiempo a leer esta paranoia esquizoide. Se te quiere pese a estar como una cabra, Beyoncín~