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Author of 21 Stories |
Tenía escrito esto desde antes de escribir 10 cosas, pero no tenía un lugar para él, aún no creo que este sea su lugar pero es mejor que nada.
Gracias a ti, lector, por leerme;)
Draco Malfoy miraba hacia la mesa de Griffindor. Siempre le había gustado hacerlo por cuestiones diversas.
En primero, se trataba de buscar las miradas de envidia de sus compañeros hacia los múltiples paquetes de comida que poseía.
En segundo trataba de atisbar los huecos, con la curiosidad morbosa de quien espera que alguien muera.
En tercero y cuarto esas miradas se convirtieron en intercambios de maldiciones, improperios, que se vieron aumentadas con la creación de la Brigada Inquisitorial, en quinto.
Pero ahora ya no miraba a nadie. Miraba simplemente sus vidas, todo lo que él pudo alguna vez tener: Los nervios de esos mocosos sangre sucia ante las nuevas clases, las ganas de encajar, de conseguir entrar en el equipo, de que esa persona se diese cuenta de su existencia… él lo tuvo todo mas ahora ya no tenía nada.
Su padre estaba en prisión, su madre muerta en vida bajo el mando de tía Bella. Y todo dependía de él. Un niño que se creía adulto.
Recordaba como no había podido hacerlo. Como notaba que los demás mortífagos le miraban por los pasillos, riéndose de él. Veía a su querida tía susurrándole al oído “¿Quieres ser como tu padre?”
Él solo quería no ser Slytherin, como la Comadreja, para volver a su casa y encontrarse a su familia esperándole en lugar de una gigantesca mansión llena de mortífagos, y donde al doblar las esquinas se podía encontrar a su tía Bella sonriéndole con sus afilados dientes. Tener al lado a Granger, y poder mirarla embobado sin que nadie se opusiera a ello.
Pero sobre todo, quería ser libre.