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Author of 14 Stories |
Bueno, pues esto es un one shot que escribí para una comunidad de LiveJournal, rompecabezas (he puesto un vínculo en mi perfil). Se trataba de un reto que debía adaptarse a los siguientes parámetros:
¤ Fandom: Harry Potter y el Prisionero de Azkaban (Película).
¤ Paring: Harry/Luna.
¤ Temática: Harry se encuentra confundido, pues Luna a pesar de ser rara es la única persona que parece calmarla. Después de su conversación en el Bosque Prohibido y del mal trago que pasó con Cho, quiere descubrir porque es tan distinta a todas las chicas que ha conocido.
¤ Lugar: Sala de los Menesteres.
¤ 3 palabras: Practica, Libro, sonrisas.
Y poco más: lo escribí hace dos noches, porque no me apetecía ponerme a dibujar (que era lo que debía hacer) y me puse a escribir. No me convence del todo, pero yo qué sé, nunca nada de lo que hacemos nos convence del todo. O al menos eso me pasa a mí. Espero que os guste, en todo caso.
Buenos amigos
Para Hermione, todo lo que a él le resulta extraño y sin sentido, es en realidad de lo más fácil y evidente. Y cuando trata de explicarle por qué, pone esa cara que normalmente sólo reserva para Ron. Sí, esa de “parece mentira que no te des cuenta”. Ojos en blanco, cejas arqueadas, sonrisilla satisfecha, libros en mano. Sí, esa misma.
Pues bien, eso no es una gran ayuda, Hermione, gracias. No para él al menos: a Ron hace que se le olvide hasta su nombre, mientras la sangre se le acumula en la cara y empieza a tartamudear rabioso, pero a él no le crea otra cosa que confusión. Y las dudas siguen ahí. Es que, a ver, ¿cómo demonios debe interpretar el que Cho se ponga a llorar cuando él la besa? ¿O que sencillamente se comporte como una lunática?
Por todas las jodidas cariátides del Erecteión, es que a Cho Chang es a la que deberían llamar Lunática en este colegio y no a Luna. Aunque, claro, es cierto que el chiste perdería gracia. Lunática Chang. No, no tiene mucha gracia.
Harry se lleva el extremo de la pluma a la boca con aire pensativo e inmediatamente empieza a escupir por lo bajini. ¿Quién dijo que era sexy chupar una pluma de fénix? Es asqueroso.
Se rasca la lengua bajo la atenta mirada de Snape. Debe estar pensando en si chupar plumas es una práctica que merezca una reducción de puntos para Gryffindor. Definitivamente sí.
Hermione lo mira severa y él no puede dejar de sentir una cierta satisfacción. Es su culpa y no la de Harry que les hayan quitado puntos: si le ayudara un poco y no le respondiera a sus dudas amorosas con citas de libros, referencias históricas, juegos de palabras, metáforas confusas y demás recursos, él no estaría en esa situación y podría concentrarse en Pociones.
Y para colmo, debe añadir a su lista de preocupaciones, sólo superado por “Voldemort te quiere... muerto”, el que lleve cinco días pensando tanto o más en Luna que en Cho.
Luna es una buena amiga y nada más, entonces, ¿por qué se cuela en su mente sin que se dé cuenta?
Eso, por supuesto, no se lo pregunta a Hermione. Ella es muy de sacar conclusiones precipitadas, y seguramente malinterpretaría todo aquello y le daría un cariz romántico. Y no, no es nada romántico, porque Luna es una buena amiga y nada más.
Últimamente, es cierto, cada vez que hace los deberes se sorprende pensando en que Luna huele un poco a caramelo y golosina de fresa, mientras la pluma en su mano no deja de rezumar tinta y le mancha todos los apuntes. También es cierto que ha llegado a la conclusión de que el brillo dorado de la snitch es idéntico al de su cabello y, para qué negarlo, sí, se ha fijado en que siempre le dedica alguna sonrisa cuando se cruzan por los pasillos. Unas sonrisas muy bonitas, también es verdad. Pero no, ¡no!, eso no significa que Luna deje de ser una buena amiga y nada más.
¿Y todo por qué? Porque Luna simplemente es normal, sí, normal. Debajo de todas esas excentricidades resulta que no hay una Lunática Chang, a la que sólo puede comprender Hermione en un día lúcido, sino que hay una persona a la que él -sí, él- entiende sin necesidad de un libro de instrucciones colgado al cuello. No lo besa y empieza a llorar. No parece estar huyendo de él un momento y al siguiente lo mira con ojitos brillantes. No se enfada ni se pone ridículamente celosa porque tenga amigas y, sobretodo, no lo traiciona ni lo mira como si estuviera majara.
Ella lo comprende. No lo juzga. No quiere nada a cambio de su simpatía o su compañía. Luna no se avergüenza de ver cosas que nadie más ve, y no importa si son thestrals o es algo especial en cada persona.
¿Por qué tiene la sensación de que, en el rato que estuvo hablando con ella en el bosque, le contó algo que a nadie más le había contado antes, ni siquiera a Hermione o a Ron? ¿Por qué parece que ve a través de él?
¿Por qué se siente desnudo? ¿Por qué demonios se lleva la mano a la camisa para comprobar que está ahí? Sólo es Luna. Sólo lo está mirando desde la puerta que acaba de cruzar, con sus ojos enormes, ligeramente rasgados por una sonrisa que inunda toda su cara. Y sólo se acerca a él para levantar la mano y saludarlo.
-Hola.
No contesta. Se queda donde está y no contesta, mientras ella lo mira atentamente. Inclina la cara hacia un lado. Hacia el otro. Arruga el ceño. Entrecierra los ojos.
-¿Te preocupan los nargles? ¿Es eso? -pregunta acercándose más-. Es cierto que se han encariñado contigo -agita los brazos alrededor de su cabeza, como si aquello estuviera, efectivamente, infestado de nargles-, pero no son peligrosos. Les gusta la leche con canela y limón, así que si les dejas un poco en la ventana abierta, acabarán por irse.
Una mirada inquisitiva y silencio otra vez.
-Aunque, si es por Cho, tal vez sí deberías preocuparte más. Su amiga Marietta difícilmente se irá volando por la ventana -lo dice muy seria, con los ojos bien abiertos, a pocos centímetros de su cara.
No puede evitar reírse, porque piensa en Marietta y en Cho y se da cuenta de que no le pueden importar menos; porque piensa en Luna y se da cuenta de que a ella le preocupan aún menos los nargles. Siempre lo ha sabido, aunque se acabe de fijar: Luna ve y habla más allá de nargles, snorkacks de cuernos arrugados y heliópatas. ¿A quién le importan esas cosas, en cualquier caso? Ella sólo le está preguntando cómo está.
Y es que hay algo que se esconde tras el collar de corchos, los pendientes de rabanitos, las gafas psicodélicas para leer mensajes secretos y el pelo revuelto. Algo que busca refugio en la Sala de los Menesteres, hace tiempo abandonada por el ED. Algo solitario, dolorido y bello. Muy dulce y amargo, como el final triste de un libro que parece contar nuestra propia vida.
Y se da cuenta en aquella sala blanca, completamente blanca, con una única ventana que da a los terrenos. Y se pregunta cómo no pudo verlo antes, cómo no pueden verlo los demás, cómo no pueden entenderlo.
Se acerca un poquito más y la abraza hundiendo el rostro en una maraña de cabellos dorados que huelen a caramelo y golosina de fresa. La abraza fuerte y ella devuelve el abrazo suavemente, durante interminables minutos, hasta que alguien se mueve y susurra una disculpa tartamuda y sin sentido. Tal vez uno de ellos, o los dos a la vez. Y tal vez uno de ellos, o los dos a la vez, se revuelve, se aleja, se acerca otra vez, choca la frente con el otro y acaba chocando los labios. Sin querer.