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Simbologías (#28, Espiral)
Era el amarillo más asqueroso que podía haber escogido para colorear esa espiral. Una candencia que aumentaba hasta agujerear, que se enrollaba como un gusano.
Hitsugaya no era ningún iluso. Desde el primer momento en que le vio supo que él no era normal. Él trabaja en la división de la información, y odia no saber. Odia el desconocimiento que ve reflejado cada vez que le mira en esos cuchillos afilados que tiene por ojos. Sin embargo, acabó cayendo en un proceso que descendía de manera incontrolada, progresiva y violenta.
-Desnúdate.- En ese instante en el que el cálido aliento de Gin le golpeó junto con sus palabras, el tren de pensamiento de Toshiro descarriló, estrellándose contra un muro.
-¿...Qué?- Abrió los ojos sorprendido, sin llegar a enfocarse en ningún lugar. La ola de inseguridad que le recorrió fue bastante grande como para que le enfureciera la risita suave que flotó en la habitación. Frunció los labios, su brazo aún preso en la mano de Gin.
-¿Afecta a los oídos la pérdida de sangre? He dicho que te desnudes.- Utilizar un tono burlón, acercando su cabeza para juntar sus frentes de nuevo. Hitsugaya no iba a contar más las veces que había querido abofetearle por reírse de él, por eso le insultó en voz baja. Deseó con todas sus fuerzas que el calor involuntario que se había apoderado de su rostro marchara, delatándole.
-No tolero que me des órdenes.- 'Tengo fuerzas para hablar con convicción' pensó flexionando la mano derecha lívida y cosquilleante para probar su capacidad de moverse con algo de libertad, el flujo de sangre aún fresco en la herida.
-Vaya, vaya.- Gin fingió contrariedad al más puro estilo teatral, quitándose de encima el haori manchado de sangre seca con un sonido leve. Así, sólo con el shikakusou negro, se cruzó por la mente de Toshiro lo joven que parecía, como aquella vez que le vio cuando él aún iba a la academia. Un hombre distinto, quizás. O el mismo hombre bajo una máscara distinta. -Creo que no comprendes tu situación actual. ¿Cómo quieres que arregle esa carnicería con todas las capas que llevas encima?-
-No es necesario.- Hitsugaya entrecerró sus ojos verdosos, apartándose un poco de él, un mechón blanco y rebelde quedándose estirado. Estaba harto de tanta cercanía.
-Esta bien, dejaré que te desangres.- Algo dentro del enfermo se calmó pese a que el efecto sedante se marchaba, ignorando las magulladuras que comenzaban a palpitar bajo su piel. Gin cerró los ojos y volvió a él esa sonrisa que parecía incansable.- Era broma. Si no quieres tú, lo haré yo mismo.- Alegremente apartó la mano manchada de su fino brazo y le detuvo otra blanquecina, incapaz de quitarse de encima la ya posicionada en su ropa. Hitsugaya pensó que todo eso acabaría matándolo de forma lenta, al final, esa enferma sensación siempre volaba de nuevo a su estómago.- ¿De qué tienes miedo, Toshiro?-
Desprecio se estremeció dentro de él por cómo parecía saborear su nombre al decirlo. Los quejidos de dolor acumulados en la garganta del pequeño capitán se atascaron mientras la fina ropa se deslizaba por sus brazos, exponiendo los hombros vendados al aire frío de la habitación. Miró hacia otro lado con los irises nublados, soltando de un golpe el aire que no tenía consciencia de estar reteniendo, la mano del mayor resbalando libre. Con un cuidado que no conocía las vendas comenzaron a desenrollarse.
-Definitivamente, han hecho un buen trabajo. ¿Duele?- Preguntó rasamente, recorriendo con el dedo la herida cosida que le traspasaba el hombro, la misma que había sido abierta por la espada ilusionista de Aizen. El tiempo parecía truncado, y Hitsugaya reprimió el salto frente al toque de esos fríos dedos. No quiso ver lo que había sido de él, los ojos densos fijos en el infinito.
-No mires.- Un impulso de esos que procuraba retener hizo fluir palabras, sorprendiendo hasta a él mismo. Toshiro apretó con fuerza los dientes y odió sentirse como un chiquillo indefenso, incluso asustado, pero siempre orgulloso. Diez mil millas de distancia fingida se habían cruzado en un sólo instante de descuido. Gin rió audiblemente, acercándose a su oído.
-¿Tienes miedo de que vea lo destrozado que estás?- Pronunció cuidadosamente, con un punto de sadismo en la voz, notando como la mirada turquesa se endurecía ante sus palabras. Estaba fija en el infinito, y atenta a la vez.
-Tú no sabes nada de mí.- Un gruñido emergió de su garganta. Parecía un sueño cómo el cabello lila de Ichimaru se enredaba contra el suyo, aunque prefirió llamarlo pesadilla. Y las manos que nunca cesaban en su trabajo hacían que su cabeza repitiera un mantra acusador: 'no, nunca'. Algo escondido pidió que le dejara soñar.
-No creo...- El aire se densificó en la garganta de Hitsugaya cuando una mano sin vergüenza recorrió su pierna semidesnuda por bajo de la sábana.- Sé lo que quieres.- A Gin le encantaban los juegos, y éstos se le daban especialmente bien. Toshiro hizo un esfuerzo terrible para no ponerse a temblar al notar el camino descendente que llevaba su mano.- Deseas que te miren con respeto, que te admiren por todo lo que has trabajado contra tu voluntad. Quieres que besen tus pequeños pies y vean en ti el adulto válido que dices ser.- Era líquida su voz, como era horriblemente hermoso sentir cómo cosquilleaban los dedos en la piel suave de la planta del pie, mimetizados en el toque sinuoso de una araña, de la que no veías lo asqueroso hasta que alcanzabas a tocarla.
-¿Y tú?- Su voz luchaba contra la tensión de romperse, brazo herido entumecido y pecho frío. Tenía ganas de gritarle 'No es verdad'. No tan cruel, al menos. Pero de alguna manera sabía que sí lo era y que ese hombre le conocía incluso más que sí mismo.- ¿Qué es lo que pretendes?- Deseaba dejar de sentirse tan ansioso e infectado por su cercanía.- Decides traicionar a todos, dándonos una invitación segura de muerte. Sin embargo, después vienes y me salvas. Si crees que sólo valgo para ser usado, ¿tan lejos eres capaz de llegar por un capricho? No sabe ni lo que quiere, inútil Capitán Ichimaru.- Gin abrió los ojos rojos ante el veneno de la última frase, aferrándose a su sonrisa, porque era la única cosa que en verdad poseía.
-En eso no somos muy diferentes, ¿verdad?- Besó suavemente el lóbulo de oreja, disfrutando cómo los ojos grandes no podían hacer más que cerrarse. Trató de luchar, de apartarse lejos de la mano que subía y acariciaba su costado. Casi la tibieza de esas manos le advertía: no te acerques, te haré daño. Esta vez el 'no' se dibujó en sus labios abiertos por impulso. El mismo impulso que utilizó para alejarse de él, el que hizo que cayera sobre las sábanas revueltas.- No deberías mover ese brazo.- Dijo aprisionando de nuevo la dolorida, casi incolora extremidad. Toshiro vio en sus pupilas dilatadas una extraña ansiedad e internamente algo le avisó de la situación en la que en realidad se encontraba. Y lo que más miedo le dio fue que su cuerpo no parecía tener objeción alguna.
-¿Me matarás al final?- Gritó en susurros, y el cuerpo de Gin se tensó encima de él, casi imperceptiblemente. Una de las pocas sonrisas que rozaban lo sincero se dibujó en su rostro, de tintes agridulces y con el permanente deseo de que el sol no saliera.
-¿Sabes qué?- Dijo en voz baja haciendo caso omiso al espasmo de la muñeca que tenía agarrada, observando cómo la piel pálida casi transparente se volvía roja ante su mirada. Todo eso lo había pensado infinidad de veces, sí. Aizen le advirtió de ello. Y seguramente nunca encontraría una oportunidad mejor. Gin poseía la humana costumbre de tomar el camino más sencillo, pero de algún modo se veía extrañamente incapaz con esa figura helada delante. Bajó hasta su oído, aún con el regusto irónico que dejaba la necesidad, aún poco convencido de lo que guardaba en el pecho, aún arrepentido de hacer todo eso, aún recordando todos los roces que habían compartido, aún con la voz de seda para decir las palabras más crueles.- Es mucho más fácil tocarte que matarte.
'Mentira', gritó en su pensamiento mientras un camino de vibraciones húmedas recorrían su palpitante cuello, que hacían emerger pequeños sonidos de desespero por entre su boca de labios mordidos. Una descarga bajó a toda velocidad por su espina dorsal cuando su dedo tanteó un rosado pezón que se endureció involuntariamente.
-No...- Gimoteó entrecortadamente, ni siquiera creyendo poder sentirse así. Era como correr sobre una vieja carretera, como oír el cantar de un pájaro, como saltar a una hoguera; podía tocarlo, respirarlo y oírlo. Las yemas de sus largos dedos dejaban la carne de gallina en la línea de su cadera, sus pies se encogían solos contra el futon y una rama ya antes quemada volvió a arder. Pero rendirse seguía sin figurar en su ya borrosa lista de opciones.- No quiero esto...-
-Shh, eso está fuera del nivel de ruido que Urahara está dispuesto a ignorar...- Murmuró riendo contra la piel rota de la herida, besando la zona con cuidado para arrancar un temblor reprimido.
-Te odio.- Lo espetó casi infantilmente, poco atento a avergonzarse más. ¿Llegaría esto un punto de no retorno? Por supuesto, comenzaba a notarlo en todo su cuerpo. Toshiro se mordió el labio, apretando hasta lo imposible las sábanas en sus puños, odiando no poder (¿Querer?) hacer nada.
-Mentiroso.- Subió hasta el rostro sólo para depositar una caricia leve en su frente, los ojos carmesí entreabiertos y el cabello liláceo haciéndole cosquillas en las mejillas ardientes. El camino que recorría por su cuerpo parecía hacerle hervir la sangre, alguien se había encargado de encerrar su juicio y zampakuto dentro de un carrusel.
-No tanto como tú...- Sus labios se sentían solos e hinchados, pero eso no lo admitiría nunca. Quizás quería que le rogara por algo que los apaciguara. Un quejido se escapó libre cuando Gin mordió la tierna carne de su cuello, moviendo las caderas contra las suyas muy lentamente, empezando a sentir una espiral que nacía en el estómago y paulatinamente iba bajando hasta el ombligo.- D-dios, Ichimaru.- Ahogó un gemido mezclado con pánico, y en respuesta obtuvo una risita divertida.
-Qué sensible...¿Por qué será?- Gin jadeó frotando su nariz contra la del otro, disfrutando de los movimientos frustrados, ligeramente necesitados, del ser desnudo frente a él. Notaba cómo sus durezas se rozaban en un cálido vaivén. Nunca había sido tocado así y esa vocecilla 'No quiero que sea nadie, pero si es él...' necesitaba ser acallada.
-No lo sé.- En el momento que acababa la cordura, la razón se pudría; y Hitsugaya no pudo hacer más que juntar sus bocas en un movimiento torpe. Le urgía y seguía sin comprender por qué había nacido así, por qué le perturbaba más un beso que todo lo anterior. Cerró los ojos, notando cómo la sonrisa parecía sorprendida contra la suya, el aire se calentaba a su alrededor. No sabía si podía llamarse beso al respirar agitadamente dentro de la boca de Gin, si simplemente moldearse contra él era algo digno de mención. Ichimaru meció las caderas especialmente fuerte y masajeó el interior de su muslo, haciéndole separar los labios suaves para tomar aire con acalorada desesperación.
Confundía los colores en la oscuridad, pero nunca las sensaciones. Inocencia pura se depositó en él cuando la lengua de Hitsugaya tocó tentativamente la propia en una caricia inexperta. Y en ese momento, Gin Ichimaru se separó de él.
-Nos volveremos a ver.- Dijo mientras respiraba contra sus pétalos húmedos, presionándose contra un párpado cerrado en señal de agridulce despedida. Tan rápido como había entrado se levantó y salió de la habitación. En el instante fugaz que la puerta se abrió un rayo de sol entró, para ser envuelto de nuevo en negro.
Antes de tener tiempo de pensar en nada, Toshiro se cubrió la boca con una mano, notando cómo sus ojos comenzaban a escocer sin piedad, incapaces de creer lo que acababa de pasar.
De pronto y solo, se sintió vacío. Nunca le había molestado la frialdad de su espiral hasta ese momento.
N/A: Editado y borrado mil veces porque fanfiction se tragó misteriosamente partes del documento. Perdonadme por las molestias. Espiral es la continuación de Eco. Tengo la impresión de que toda la gente que se ha emocionado allá por la mitad del texto va a venir a despellejarme. Lo siento mucho, me ha dolido hasta a mí. Por otra parte, creo que es la primera vez que escribo tanto para un capítulo de Simbologías, y esto ha sido algo parecido a intentar hacer un medio-lemmon elegante (Otra primera vez, por cierto). Me ha costado horrores. Espero que la tardanza sea recompensado por ello. Gracias a Parallel Example, Emi, Tais1996, fantasmaalineal y bln26. Y a los que leen, está claro. No puedo dejar de ser pelota con vosotros, chicos. En fin, ¡hasta pronto!