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Author of 7 Stories |
Hola! Si, soy yo...de nuevo! Estoy viva xD
Como siempre siento mucho tardar tanto en publicar pero mi tiempo se ha visto reducido a 5 horas libres al dia en las que normalmente duermo xD.
Igualmente muchas gracias a todos los que pacientemente esperan a que cuelgue capitulo, lo agradezco de corazon, de veras.
Lo dicho, sin tiempo para responderos a tods como me gusta a mi, uno por uno, me conformo con daros las gracias a: SMaris (trankila Gin tndra diversion), cloe (a ti si q t respondo a parte), RociRadcliffe (viva Sortilegios jaja la que han liado), Lady Azuky (piensa mal...), jos Black (pense q abandonaste), eydren snape (vi el video, es precioso, toma mi mail maromac arroba hotmail) punto com ), little-angel77 (q bien verte de nuevo), SAM-SOOM (jaja te imagina q hubiera aparecido?), sindzero (siento tardar d veras :S), MariSeverus (x cel? Waw q tecnologia jaja), HANNIA (waw cuantas duxas t pegaste antes d terminarlo? xD), Black Angel (veo q nos gustan las misma ideas jeje...me pasare a leerte cuando pueda si?), Calypso92 (gracias a ti :D), Namy Malfoy (lee, lee), Liade Snape deBlack (bienvenida al fic q causa la sequia), Ryu (si me di cuenta, al final m va a gustar y todo lo q escribo), yalisnape5 (no albus no sospecha de Hems), addiction4snape (gracias de veras), lucy (vas con suerte xq recien lo leiste asi q aki tienes pronto para ti pero no para todo.
Y porque se te mereces por ese pedazo de revi que me has dejado te contesto solita Cloe, vayamos por parte:
-Como castigo no te mando a Sev xq eso seria un premio
-Las tias son peores q las madres creeme
-Amo a tu novio jajaj
-Jaja si nos la mata, quien fuera ella con Sev y esos caramelitos
-Si, Sev sabia lo de los caramelos
-Siento q tenga que acabarse pero no soy de hacer fic milenarios.
Ahora si, me despido y os dejo que leais a gusto. Os Kero muxo! :D
Capítulo 15
Severus leía y releía la carta pulcramente escrita que tenía delante suya mientras se concentraba por bajar la erección que ocultaban sus pantalones, cosa casi imposible ya que las cartas de Hermione había comenzado a ser cada vez más y más eróticas. Uno se asombraba de la cantidad de imaginación de la chica. A parte estaban esos malditos caramelos que descansaban en su mesa de noche y parecían llamarle para que los probara, solo un poco. Todo eso junto con llevar sin sexo tres semanas, hacía que Severus luciera unas hermosas ojeras ennegrecidas bajo los ojos.
Terminó de leer la carta con su entrepierna palpitando y gimió frustrado, declarando imposible bajarla sin pensar en ella, se levantó y caminó hacia el baño. Se desnudó rápidamente y se metió bajo el chorro de agua congelada. Silbó al sentir al agua tan fría en su piel pero comprobó con alivio que su erección bajaba progresivamente.
Salió, con el albornoz puesto, al salón y como si lo hubiera adivinado, cosa que no descartaba, en su chimenea de repente apareció un fuego verde del que salió tranquilamente su peor pesadilla.
"¡Severus!" dijo alegremente.
"Albus" murmuró sin ocultar su molestia, pero Albus pareció no notarlo ya que su radiante sonrisa no vaciló ni un poco.
"¡Feliz cumpleaños!" dijo el viejo director abrazándolo de repente, Severus se quedó rígido y asombrado, ni siquiera él se había acordado de su propio cumpleaños.
"Uh...gracias" dijo notándose el agradecimiento en su voz. Albus se separó de él y lo miró sonriente. De un bolsillo oculto de su túnica estrellada sacó un paquete mediano envuelto con colores chillones. "No deberías haberte molestado" dijo un tanto avergonzado, nunca llegaría a acostumbrarse a que Albus siempre le regalara algo en su cumpleaños.
"Oh vamos! Lo hago todos los años, ya deberías haberte acostumbrado" dijo él haciendo un gesto para que cogiera el paquete de sus manos. Severus vaciló un poco antes de cogerlo y comenzar a abrirlo. Sabía de antemano que iba a ser ya que Albus siempre le regalaba lo mismo, y en efecto, una vez abierto se encontró con dos pares de calcetines de llamativos colores. Sin embargo éstos, que normalmente tenía estrellas, estaban decorados con corazones rojos en un par y cupidos rosados en otro.
"¿Y bien?" dijo Severus con la ceja alzada, interrogante. Los ojos del viejo centellearon de repente. Severus al notar esto frunció el ceño.
"Ya sabes que siempre te regalo lo mismo" dijo sonriendo con inocencia "Bueno debo irme, mis deberes me llaman"
"Gracias" repitió Severus, el director le sonrió.
"Deberías dormir más, esas ojeras no perecen muy sanas" dijo antes de desaparecer por la chimenea e inmediatamente los calcetines amarillos con cupidos rosados desaparecieron de sus manos y se ajustaron a sus pies. Severus suspiró, había rezado porque por esta vez los calcetines no hicieran eso ya que no se los podría quitar hasta que ellos pensaran que ya habían sido bien estrenados.
"Odio los calcetines mágicos"
Ginny había salido antes de las clases de Adivinación por un supuesto problema con su visión interior y había corrido hasta el aula de Encantamientos donde tras pocos minutos de espera comenzaron a salir los alumnos de tercero de Gryffindor. En poco segundos distinguió el pelo azulado, que destacaba entre todos, del pequeño Mawson. Bruscamente lo cogió por la túnica y lo metió en un pasillo desierto. Sonrió el ver cómo el pelo del chico se volvía blanco del susto y volvía a su calor al comprobar quien era su secuestrador.
"Uh...Hola Ginny" dijo tímidamente.
"¿Dónde están, Mawson?" preguntó directamente, sin rodeos.
"Eh...No sé de que me hablas" tartamudeó el chico retorciéndose las manos, nervioso.
"Sé que tu hermano te los dio ¿donde están? Y no mientas, Mawson" le amenazó ella cogiéndole por la túnica.
"Uh...yo... lo siento...pero...Snapemelosquitó" murmuró rápidamente bajando la cabeza. Ginny lo soltó de repente y lo miró aterrorizada.
"¿Cómo?" su voz tenia un toque de miedo, Mawson alzó la cabeza y la miró apenado.
"Yo...lo siento, pero al llegar de Hogsmeade...él los descubrió" respondió él obviando el detalle de su torpe descubrimiento "Pero no le dije de quien eran" añadió.
"Oh...bueno...eh...puedes irte, gracias" Él chico salió corriendo por si acaso volvía a cambiar de humor la chica Weasley y la dejó sola pensativa en aquel solitario pasillo. Definitivamente Hermione lo iba a pasar bien mientras ella de nuevo se quedaba sin disfrutar de Harry, otra vez.
Severus miraba como sus alumnos preparaban torpemente su poción mientras jugueteaba con un caramelo dentro del bolsillo de su túnica negra, el otro se disolvía finalmente dentro de su boca. Al final había caído en la tentación de esos malditos caramelos, por ahora no se arrepentían ya que tenían un sabor realmente agradables y parecían no tener efecto alguno en él. Sonrió con satisfacción, él no era tan débil como Hermione.
La hora pasó tranquilamente con una imperceptible subida de temperatura en el cuerpo de Severus, apenas notoria. Cinco horas después se sentó en el comedor realmente acalorado, se había quitado la capa en su laboratorio y aún continuaba con calor. Madame Pomfrey lo miró preocupada por sus sudores.
"Severus ¿te encuentra bien?" preguntó, él la miró algo desconcertado.
"Si, solo un poco de calor...he estado trabajando en el laboratorio" explicó él, ciertamente deseaba que ese fuera el motivo.
Comenzó a comer tranquilo en su silla mientras miraba disimuladamente hacia la mesa Gryffindor, pero ella aún no había llegado. De repente su mirada se desvió hacia la puerta y todo pasó rápidamente. Su estómago pareció dar un vuelco y su entrepierna palpitó al verla entrar, su corazón comenzó a bombear rápidamente mientras su entrepierna comenzaba a hincharse cada vez más.
Bruscamente se levantó de un salto ante la atenta mirada de toda la mesa y salió disparado del comedor por la puerta trasera. Corrió o casi voló hasta sus cuartos esquivando estudiantes e ignorando las preguntas de Albus, al que se encontró de camino, dejándolo pasmando en medio de un pasillo.
Una vez dentro se dirigió rápidamente al baño y se desnudó con un movimiento de varita, sin dudarlo se metió nuevamente bajo el chorro de agua fría de la ducha. Gimoteó al sentir el agua en su piel y miró esperanzado su erección para ver su bajaba como esta mañana, sin embargo esta continuaba hinchada, no es su máximo esplendor pero de tal forma que parecía burlarse de él. Severus cerró el grifo.
"Malditos caramelos" murmuró.
Hermione, pese a todo lo que pensaba todo el mundo, odiaba ir a clase por la tarde. Ella siempre agradecía tener horas libres para sumirse en sus libros, en sus pensamientos. Sin embargo ahora agradecía tenerlas ya que le permitían tener su cabeza ocupada con algo que no era Severus.
McGonagall explicaba 'El hermoso arte' de poderse convertir en animago por quinta clase consecutiva sin conseguir que ni siquiera Hermione se lograra transformar entera. Mcgonagall le aplaudió y felicitó cuando logró convertir su cabeza en la de una hermosa nutria negra. Sin embargo nadie más pudo hacer algo más, salvo Harry al que le salió una pequeña cornamenta que hizo que toda la clase se riera mientras éste se ponía completamente rojo.
McGonagall cortó el momento quitando la cornamenta de Harry y continuó explicando. Hermione tomaba apuntes como loca, despejando su mente. Con un sonido de la campana su ultima clase del día llego a su fin. Hermione continuó escribiendo un resumen de lo aprendido mientras la clase se iba despejando, Harry y Ron conociéndola se marcharon también. McGonagall sonrió al ver a su más aplicada alumna y salió dejándola con sus apuntes. Al rato ella se levantó, releyendo sus apuntes caminó hacia la puerta. De repente un cuerpo firme y duro hizo que sus papeles volaran por todos lados y ella cayera al suelo.
Se levantó rápidamente y alzó la vista para ver al dueño del cuerpo con el que había chocado. "Sev...¡Profesor!" se corrigió ella sin quitar la vista de cada detalle de él.
Severus parecía irradiar calor, calor que ella comenzaba a tener al verlo vestido solo con su camisa blanca ligeramente fuera del pantalón. Su pecho se movía rápidamente debido a su agitada respiración. Su cara tenía un rubor sonrosado debido al calor, su pelo estaba revuelto y enmarañado. Perlas de sudor bajaban por su frente, su cuello y su pecho parcialmente descubierto por algunos botones no abrochados de su camisa. Miró sus ojos que ardían sin llama, esos ojos negros que hoy parecían más profundos aún apenas se diferenciaba su pupila que parecía dilatada. Pero lo que más llamaba la atención era su pantalón, que parecía que iba a explotar de un momento a otro.
De repente un gemido de sorpresa salió de la boca de Hermione al sentir los labios de Severus devorando sin piedad su boca. Al instante sus manos comenzaron a vagar por todo su cuerpo, se sentía acariciada por cada rincón como si Severus hubiera desarrollado tantas manos como un pulpo, abarcándolo todo. Mientras su boca le daba besos febriles, rápidos e intensos que la hacían gemir con cada roce de éstos, con cada baile de lenguas.
La fuerza de sus besos y caricias hacía que inconscientemente dieran pasos hacia atrás, buscando un punto de apoyo. Repentinamente sintió el borde de una mesa detrás suya y casi en ese mismo instante las manos ardientes de Severus dejaron su cuerpo por unos segundos para abrazar su cintura y subirla encima de la mesa. Hermione sintió como todo aquello la ponía realmente excitada y el echo de que estaban en el escritorio de la profesora McGonagall la excitaba aún más...todo tan prohibido.
Severus notó su distracción y buscó sus labios con una necesidad que nunca había notado en él. Hermione notó como sus manos calientes se posaban en sus rodillas y separaban sus piernas para poder, luego, situarse entre ellas. Escuchó su gemido ronco cuando ella envolvió sus piernas en su cintura y rozo intencionadamente su cadera contra su erección. ¡Merlín! Ella casi gimió al notar el tamaño de esta.
"¡Severus!" gritó sorprendida ella cuando las ígneas manos del mago arrancaron de un solo tirón su ropa interior y sumergió sus dedos entre sus pliegues, éstos resbalaron con facilidad por todo sus sexo. Hermione se sorprendió de su propia humedad. "Ahhh..." Severus rió entre dientes.
Su mano libre dejó de acariciar el, cada vez más necesitado, cuerpo de Hermione y viajó hacia su pantalón desabrochándolo con urgencia. No pudo controlar el gemido que se le escapó al liberar finalmente su longitud de la presión del pantalón y el bóxer. Escuchó el gemido de sorpresa de ella al ver el tamaño de su erección.
"Ohh...Severus" repitió ella al sentir su cabeza palpitando en su entrada al instante Severus se envainó de un solo empuje sin poder aguantar más. El grito ronco de placer que soltó Severus ahogó el gemido de Hermione y fue lo más erótico que ella había escuchado nunca, Merlín sabía que ese grito iba a ocupar sus fantasías durante un tiempo.
De repente se sintió completamente vacía cuando Severus se saco de dentro de ella, pero cuando fue a protestar de su boca solo salió un gemido al notar como de nuevo se introducía de un golpe, llenándola como nunca. Repitió ese esquema varias veces, regalándole gritos y gemidos que inundaría sus fantasías durante una eternidad.
La tortura de su movimiento lento no duró demasiado, ya que Severus comenzó a moverse cada vez más y más rápido buscando liberarse de ese calor que le agobiaba y le hacía querer enfundarse en ella eternamente. Sus movimientos fuertes y rudos eran tan profundos que Hermione se retorcía cada vez que él tocaba ese punto tan hondo de ella, sentía como sus dedos se clavaban en sus caderas añadiéndole el justo dolor para hacer todo aquello más placentero.
"Profesora!" Un grito lejano la sacó de sus pensamientos y se giró para ver al hombrecito de ojos verdes en el que se había convertido Harry Potter. Aún se sorprendía de como pasaban los años para esos chicos, aún recordaba cuando puso el sombrero en su minúscula cabeza y como temblaban. Sonreía melancólica al recordar la pelea de Harry, el suspiro de alivio de Ron y ese masticar de labio tan típico de Hermione. Se habían convertido en adultos.
"Profesora que suerte que la encuentro" jadeó Harry, al parecer había corrido para encontrarla. Ella sonrió al chico.
"¿Qué le pasa, Sr Potter?" dijo desviando la mirada hacia la esquina donde al parecer la Srta Weasley esperaba. Ese era otro aspecto que le sorprendía de sus chicos, ¿estaba ella con alguien a esa edad? Claro, tonta, Albus entró de profesor ese año. Sus mejillas se colorearon al recordar el comienzo de su relación, siempre tan prohibida. El chico Weasley también parecía estar con la Srta Brown, aunque siempre pululaba al rededor de Hermione. Ella si que no parecía tener nada, siempre tan comprometida con los estudios.
"Quería recordarle que usted me dijo que me entregaría mi trabajo hoy, pero se olvidó usted de dármelo en clase" dijo Harry algo impaciente, desviando su mirada de vez en cuando a Ginny que se movía igual de impaciente.
"¡Merlín! Se me pasó, disculpe Sr Potter" dijo McGonagall recordando el trabajo ya revisado del chico, se lo había dejado en la clase en uno de los cajones del escritorio. "Vaya usted a la Sala Común y allí se lo entregaré, lo dejé en clase"
Harry asintió y corrió hacia donde estaba Ginny caminando con ella hacia la Torre Gryffindor, McGonagall sonrió, le recordaban tanto a Lily y James. Caminó algo melancólica de vuelta a la clase, los pasillos estaban desiertos y en las aulas no había ni un alma. Antes de llegar a su clase vio que la puerta estaba abierta y había luz aún, agudizó el oído y ruidos extraños parecían provenir de allí.
No fue muy lejano cuando sintió como su vientre dolía por soltar toda la ola de placer y fue un movimiento de cadera de Severus el que la hizo explotar finalmente, sentía como sus paredes aprisionaban a toda su longitud animándolo a unirse a ese magnífico orgasmo al que Severus se unió sin oponer resistencia alguna. Continuó moviéndose dentro de ella hasta descargarse en ella, gimoteando ruidosamente.
"SE PUEDE SABER QUE LE ESTAS HACIENDO? APARTATE DE ELLA!" El grito agudo vino precedido de un rayo rojo que se estrelló en su espalda y lo tiró violentamente contra la pared.
"Ah!" gimió de dolor él al golpearse la cabeza bien fuerte.
"Hermione, querida ¿estas bien?" de repente la voz aguda de McGonagall había pasado a ser dulce y preocupada. Se acercó a Hermione que la miraba aterrorizada desde su escritorio, se había bajando rápidamente la falda y abrochado algunos botones que Severus había logrado quitar.
"Eh..." No sabía como afrontar ese momento, miró como Severus se había levantado y abrochaba su pantalón mirando a McGonagall con odio.
"Estaba perfectamente hasta que llegaste" soltó caminando hacia ella, la profesora lo miró con una ira que nunca antes le había visto.
"Perfectamente parecías pasártelo tu" De nuevo alzó la varita hacia él, Severus dejó de caminar y la miró con el ceño fruncido "Has caído muy bajo, Snape, violar a alumnas...es lo último que esperaba de ti"
"Yo no he violado a nadie!" gritó defensivamente éste y miró a Hermione en busca de ayuda.
"Uh...¿profesora?...eh...lo que dice es cierto" murmuró ella con las mejillas ardiendo. La vieja profesora se giró hacia ella con gesto escandalizado la miró por un instante y luego volvió a mirar a Severus.
"¿Encima le diste una poción?" dijo ella con odio.
"¡No!" contestó Severus indignado.
"Ya, veamos lo que dice Albus de esto" murmuró ella y cogió la mano de Hermione, Severus la miró asustado. "Vamos, querida"
"No, espera Minerva, no creo que haga falta llevar este a tal extremo" Merlín sabe que esto le podía costar su carrera sino algo peor.
"El qué? Que hayas violado a una alumna y que para que se mostrara complaciente le has dado un filtro? Yo creo que si hay que llevarlo a tal extremo, Severus!" la ira que sentía se notaba en cada sílaba. Tiro de la mano de Hermione que bajó del escritorio y miró a Severus impotente. Este pareció no darle importancia al echo que ella no le defendía, al fin y al cabo seria inútil ya que Minerva confiaba que él la había hechizado con una poción.
McGonagall salió de la clase con paso firme con la mano de Hermione apretada de forma cálida y Severus detrás murmurando continuamente intentando convencer a la profesora. Ésta hacia oído sordos de las palabras defensivas de él. Tras un camino que se le hizo extremadamente corto a Severus, llegaron a las gárgolas que protegían la entrada al despacho del Director.
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