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Dilharei
Author of 14 Stories

Rated: K+ - Spanish - Romance/Humor - Sirius B. & Remus L. - Reviews: 18 - Updated: 07-07-08 - Published: 06-01-08 - id:4293856

Bueno, como va siendo costumbre, os traigo un reto sacado de LiveJournal, de la comunidad tehtypewriter (podéis encontrar el vínculo a la comunidad en mi profile). Este reto consiste en veinte palabras o frases que deben aparecer en otras tantas viñetas, literalmente.

Como sea, he escogido escribir sobre Sirius y Remus. Las viñetas serán escenas sueltas, aunque estarán relacionadas entre sí, pero no necesariamente por la cronología. Y en cuanto al rating, lo cambiaré cuando proceda.


17. Rojo y negro.

Se colocó frente a ella y acercó los dedos con anticipación.

Recordó la primera vez que usó una.

Había oído hablar de ella antes de eso, por supuesto: en Estudios Muggles, donde la entusiasta profesora se había pasado toda una hora hablándoles sobre lo que ella llamaba el invento del milenio. Les había contado su historia, descrito su forma y relatado cómo funcionaba el mecanismo escondido tras las teclas. Había hecho un dibujo en la pizarra y había afirmado con ojos brillantes que, al ponerse en funcionamiento, era semejante a un piano. Música. Eso era lo que hacían las letras al brotar. Tic-tac. ¡Plin! Y vuelta a empezar.

Existían distintas clases de magia. Los muggles poseían esta.

Algo así había dicho, pero entonces no lo había entendido. Le había fascinado el funcionamiento de la máquina, por supuesto, pero no podía ser más maravillosa que la electricidad o el teléfono. Ni hablar.

Sin embargo, la pasión de la profesora había sido demasiada para que pudiera ignorarla. Casi como si fuera delito, había estado guardando durante meses su deseo de hacerse con una. No era racional, no era normal, no era Remus. Pero quería una.

Ni siquiera lo había hablado con la profesora. Ella ni sospechaba lo que había originado y si lo hubiera sabido, seguramente lo habría ayudado a comprar una o incluso se la habría regalado. Tal vez por eso no se lo había mencionado ni siquiera a sus amigos. Sabía que era inútil tratar de explicar por qué quería algo que ni él mismo sabía cómo funcionaba.

Pero ahí había acabado: sentado con los pies cruzados sobre la cama, con su reluciente y nueva Brother delante, invocando por primera vez esa obsesión que lo acompañaría durante tantos años.

Se había dicho a sí mismo en ese momento que era estúpido, una y otra vez, tal y como había hecho Sirius al verlo llegar de Hogsmeade. Estúpido lobo.

Rememoró su cara incrédula y la forma en que había negado para sí mismo, sonriendo sólo con los ojos y afirmando que nadie más que él compraría un cacharro así con los ahorros de seis meses. ¡De seis meses! Y eso que era de segunda mano... Con esos ahorros se podían comprar muchas cosas, pero desde luego no habría hueco nunca en la lista de Sirius Black para una máquina de escribir.

Qué tontería, había dicho, pero aún así había colocado el maletín sobre la cama de Remus, se había tumbado cuan largo era a un lado de éste y había insistido en que la probara. Como mínimo, Remus le debía ese rato de diversión viendo cómo intentaba hacer funcionar un endemoniado cacharro muggle.

Remus había protestado, pero había claudicado enseguida. Como siempre. Había abierto el maletín con cuidado y, una vez fuera la Brother, había hecho a un lado el aparatoso estuche.

No tenía papel. Claro.

Sirius había reído a carcajadas durante todo el rato que estuvo intentando enrollar el papel en torno al tambor sin que ninguno de los dos se rompiera. Había descubierto entonces que el pergamino y la máquina de escribir no se llevaban bien, así como que ciertas palanquitas y botones hacían que el rodillo fuera de un lado para el otro enloquecido.

Primera prueba superada, Lunático. Una sonrisa con todo el cuerpo y una nueva calada al cigarro. Y un nuevo problema: los rollos de tinta y qué hacer con ellos.

Primero que nada, había que solucionar el cómo abrir la máquina para ponérselos. Nadie le había contado a Remus que aquello se abriera ni que funcionara con tinta, aunque, pensándolo bien, es lógico, Lunático, maldita sea, ¿y tú te haces llamar inteligente?

Muelles, resortes, alambres, rodillos, metal y plástico; y entre todo eso, cinta roja y negra cruzándose con unos y con otros. Sube y baja. Rojo y negro.

Lunático 2, máquina 0.

Y llegado el momento, Remus se había acobardado. Como siempre.

Sirius lo había mirado expectante, desde abajo, apoyado sobre la almohada, con el cigarro en la boca y la vista clavada en su cara.

Por alguna razón, le resultaba demasiado difícil el sólo acariciar esas teclas que prometían tantas cosas. Sentía que le susurraban y tiraban de él, invitándolo a probar algo único, pero la hoja en blanco le aterrorizaba. La mirada de Sirius le aterrorizaba. Sirius le aterrorizaba. Y durante largos minutos, permanecieron quietos y en silencio, hasta que por fin dos dedos lánguidos empezaron a aplastar las teclas. Nació con el don de la risa...

Recordaba que había mirado a Sirius, desde arriba, con un dedo hundido en la desgastada a y otro posado en el espacio. Nada como Scaramouche para describirlo.

Tic-tac. Y con la certeza de que el mundo estaba loco. ¡Plin! Y vuelta a empezar.

Que nadie se atreviera a decirle que aquello no era magia.

Que nadie se atreviera a decirle que el Sirius del periódico, el que le había regalado aquella Underwood después de que Peter tirara la Brother al suelo sin querer, esa Underwood que reposaba sobre su destartalado escritorio a escasos milímetros por debajo de sus dedos lánguidos, esa que llevaba doce años muda, era culpable de la muerte de trece personas.

Acercó un poco más los dedos, pero no llegó nunca a tocar las teclas. Suspiró y se alejó otra vez, otra noche. Como siempre. Sin magia y sin Sirius.



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