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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » Como perros y lobos

Dilharei
Author of 14 Stories

Rated: K+ - Spanish - Romance/Humor - Sirius B. & Remus L. - Reviews: 18 - Updated: 07-07-08 - Published: 06-01-08 - id:4293856

Bueno, pues aquí un nuevo capítulo. Me gustaría poder decir que en este, por fin, hay algo más, que hay algo de lemon, lime o algo, pero no ha podido ser. Lo he intentado, porque esa era mi idea en un principio, pero no sé si fue Sirius (o Remus) el culpable, pero el caso es que al final no pudo ser. Lo seguiré intentando y, en cualquier caso, en algún momento tendrá que salir algo. Por lo pronto, tensión sexual y esas cosas.

Y, bueno, espero que os guste y todo eso. Y gracias por los reviews, muchísimas gracias. A partir de ahora me he marcado un reto personal, y es que review que me llegue, review que voy a contestar. A partir de este mismo momento. Hasta ahora casi nunca lo hacía (por pereza, no porque no apreciara los reviews), pero ya que estoy de vacaciones, no tengo excusa, así que ¡voy a hacerlo!


03. Agua y aceite.

No le pregunta de dónde la ha sacado porque realmente no quiere saberlo. Es decir, si lo supiera, como prefecto que es, se encontraría en la disyuntiva entre hacer lo que se supone que debería hacer o lo que sabe que va a hacer. Porque, sí, Remus es débil, y lo sabe. Y lo acepta. Y sabe además que jamás podría delatar a Sirius, aun cuando de ello dependiera su vida.

Por eso sigue leyendo, recostado en la cama, con el punto de lectura entre los labios y sin levantar la vista durante más de dos segundos, lo necesario para saber que no quiere saber.

Y él, él está demasiado satisfecho de sí mismo como para darse cuenta de algo.

La ha sacado de donde la tenía escondida, bajo la cazadora de cuero que se pone para ir a Hogsmeade, y ahora la observa embelesado por un largo rato. Remus, mientras tanto, se afana en no mirar. No quiere mirar, por todos los dioses del Olimpo, no quiere ver su mueca complacida, su sonrisa de follonero y su mirada resplandeciente.

No quiere porque en esos momentos se siente indefenso, sí. No quiere porque esa es la clase de situación que lo pone en apuros, cuando Sirius está tan contento que emana felicidad como si se tratara de un radiador, y lo contagia, y lo atrae irremediablemente a su red, como una araña. Y él, claro, es la mosca.

-¿Crees que funcionará? -le pregunta Sirius, sentándose en la alfombra con las piernas cruzadas. Si no fuera porque es Sirius, podría haber dicho que su tono era incluso de ilusión.

-¿Cómo quieres que lo sepa?

Indiferencia. Eso es lo que se supone que contiene su voz. No está muy seguro de si lo ha logrado, pero al menos espera que eso baste para acallar un rato a Sirius. Y que deje de mirarlo, por favor. Es decir, Remus no ve a Sirius mirándole, porque tiene el libro pegado a la nariz, con los ojos clavados en una palabra que se le antoja borrosa, pero sabe que él le mira. Lo sabe porque siente que lo están desnudando, que lo están analizando, que lo están perforando.

La mirada de Sirius es así. Demasiado profunda para ser sólo eso.

-Bueno, es que se supone que tú eres el que estudia a los muggles.

Obviedad es lo que hay en la voz de Sirius. Eso que suena muy semejante a un No seas gilipollas.

-Además de que te recuerdo que fuiste tú el que me contó que esta cosa existía... No sé, tal vez eso influya...

Y no me tomes a mí por gilipollas, lobo.

-Bueno, sí, pero... jamás dije que supiera cómo funcionaba -Remus ahora suena a la defensiva. Y ha bajado el libro. Mala señal-. Quiero decir, nunca he usado una. Y tiene pinta de ser muy complicado...

Un rato de incrédulo silencio. No es nada nuevo que Sirius espere de él que lo sepa todo. Siempre es así. Remus, ¿por qué el cielo es azul? ¿Y por qué hay un pelo en mi sopa? ¡Lunático, joder, es una guarrada! Sobra decir que el pelo era de Sirius.

-Es que, por Merlín, Sirius, ¿cómo se te ocurre comprar una? -ahora suena a la desesperada. Muy típico de Remus, acabar cediendo entre bufidos que pretenden ser de disconformidad, caras que se suponen son largas, y ojos en blanco que miran demasiado fijamente a Sirius.

-Estaba en oferta -se encoge de hombros y sonríe tan ampliamente que es raro que no le duela la cara.

Ha llegado el momento. Remus se levanta de la cama, bufando por lo bajini, negando con la cabeza, arrastrando los pies e intentando parecer molesto. Sirius, por su parte, no parece muy afectado por eso, sino más bien feliz por lograr lo que quiere. Otra vez. Las tradiciones hay que mantenerlas. Su madre estaría casi orgullosa si lo escuchara decir eso.

-Bueno, a ver, hay que ponerle agua, ¿no? -desenrosca con cuidado el cuerpo de cristal de la narguila y se lo pasa a Sirius, que lo mira enarcando una ceja.

Por supuesto, piensa Remus. ¿Cómo iba él a caminar hasta el baño para llenar el bote de agua? No, por Belerofonte, de ningún modo. Él es Sirius Black.

Agua y aceite. Inmiscibles, maldita sea. Eso es lo que son. Y Remus no puede ser otra cosa que el agua, el pesado, el denso. Y él, él es el libre, el que siempre encuentra el camino para salir a flote, para acabar arriba, para no dejarse enredar, para no mezclarse y para no diluirse. Cómo le gustaría a Remus que Sirius fuera azúcar.


Seguramente ya lo sepáis y esto sea innecesario, pero lo digo por si acaso. Una narguila, narguile, cachimba o como queráis llamarlo es una pipa de agua que, si no estoy muy equivocada, nació en Marruecos. Seguro que habéis visto alguna, como mínimo en fotos. Tienen un primer cuerpo de vidrio con forma de botella abombada; el resto es de metal y en la parte de arriba es donde se pone el tabaco, una lámina de papel de aluminio y el carbón con el que se quema. Y se fuma (o más bien se aspira) por la manguerita... Y básicamente es eso.



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