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¡Hola a todos! Esta vez merezco chocolates, flores o algún Uchiha follable de regalo por haber actualizado más rápido OWÓ XDDD Aprovechen este capítulo nuevo de Jugando con la muerte, que para el que sigue voy a demorarme un poco más xD
Agradezco muchísimo a Alba o Metáfora89 por ayudarme con el beteo ^o^ ¡Gracias corazón! En serio, gracias por la paciencia xDDD
Oh, antes de que me olvide xD este capi va con una dedicación especial a Metáfora89. Le gusta el fic, (y aún no lo creo XD) pero se emocionó tanto al leerlo que acá va para ti liadísima!*O* Espero estés mejorcito y que tus ánimos estén mejor, desde acá te mando abrazos y muchos besitos! 333
¡Acá les dejo el capi que tanto habían estado esperando! Mucha tensión, mucho morbo y… ¡A leer!
Jugando con la muerte
By Tabe-chan
Arte VI: tentación
Una oleada caliente de placer recorre mi cuerpo al sentirlo hablar detrás de mí, respirando acelerado al oír sus pasos lentos hacia mí. Aspirando una buena bocanada de aire, me animo a dar la vuelta, quedando ahora cara a cara con mi interlocutor.
— Vaya, vaya, un — suelto con algo de picardía y sarcasmo, llevando al mismo tiempo una de mis manos a mi cabello, apartando parte de mi flaquillo con seductora maestría. — Al fin, cara a cara ¿no? ¿Mi admirador secreto? —
Su figura empieza a dar pasos hacia mí, alzando elegantemente su mano para entregarme una de las copas que había traído para ambos. Con movimientos calculados comienza a servirme lentamente. Aquel líquido dulce cae con deleite, mientras que sucumbo en sus ojos, esta vez más cerca y más hermosos.
Ahora sí, su vista se centra únicamente en mí, provocando que mi corazón se detenga por completo.
— Si te pregunto tu nombre… ¿me lo dirás? — pronuncio lentamente, desviando cohibido mis ojos azules de los suyos.
— Juguemos un juego — propone mientras me sonríe seductoramente, apoyando una de sus manos en el lavado, cerrándome el paso de un lado. Sus susurros salen de forma ronca y divertida, erizándome la piel al instante.
— ¿Juego? — pregunto al mismo tiempo que observo fugazmente, como su mano me acababa de impedir el paso. Trago saliva nervioso, mirando sin miedo a los orificios en su máscara. — ¿Qué clase de juego? —
Levanta su copa elegantemente, ahora, alejándose para comenzar a caminar de espaldas a mí. Larga una risita seductora, para volver a mirarme de forma inquisitiva.
— Tú quieres saber más acerca de mí… en cambio, yo lo sé todo… sé todo sobre ti… no sería justo darte información a cambio de algo que yo sé — suelta de manera insinuante, para seguir su camino, dando elegantes pasos.
Lo miro confundido, no sé exactamente lo que intenta decirme, pero algo de lo que estoy seguro es que no dará información tan fácilmente.
— No te entiendo, un —
— Fácil… — afirma, dando pasos muy lentos hacia mí otra vez. — Yo te pregunto algo; si es verdad o has hecho lo que pregunto, darás un sorbo a tu copa… En cambio, si lo que dije es incorrecto o no lo has hecho, yo responderé a cualquier pregunta que tú me hagas —
Aún sigo sin entender su pequeño juego. Curvo una de mis cejas dándole a entender que sea más específico.
— Claro que un juego no sería juego si el premio solo le beneficia a uno — creo que estoy comenzando a entenderle. Quiere llegar a un acuerdo para que ambos estemos en igualdad de condiciones — Tienes tan solo cinco oportunidades para intentar preguntarme lo que deseas… Y yo tendré cinco también para lograr que bebas por completo tu copa —
Lo miro nervioso, siguiendo sus lentos pasos.
— Exactamente… ¿Qué terminas ganando tú si bebo la copa? — pregunto mientras no despego mi vista de sus sinuosos movimientos.
Se detiene en seco, largando un suspiro prolongado y sexy.
— Tus labios serán míos —
Mis mejillas se encienden involuntariamente. Otra vez mi admirador y yo, solos. Los sonidos de la fiesta no me llegan a mis oídos, sólo sus pasos, su respiración, sus susurros.
— Está bien — es mi respuesta, observándolo acercarse hacia mi para quedar a tan sólo escasos centímetros de mí.
— Número uno… ¿pensabas en mí cuando te la follabas? — pronuncia lentamente, soltando una deliciosa sonrisa de medio lado.
Retrocedo un paso hacia atrás, viendo como se acerca muy de a poco. Mis manos comienzan a temblar, levantando lentamente la mano en la que tengo mi copa.
Sin apartar mis ojos de él, doy un sorbo.
Muerde su labio inferior con deseo, mientras mira atentamente cómo tomo de la copa.
— Número dos… ¿te sientes ansioso? ¿Deseas tanto mis labios como yo deseo los tuyos? —
Mis ojos se pierden en sus orbes escarlata, me observan fijamente. Dicen que los ojos son el reflejo del alma, quizás intenta leer mis acciones a través de mis ojos.
Lentamente alzo mi mano, dando otro sorbo lento a mi copa.
Sus pasos llegan hasta que mi cuerpo choca contra la pared, quedando entre medio de sus brazos, los cuáles alza rápidamente para impedirme la salida. Siento su aliento ansioso sobre mí, su mirada se fusiona con la mía, puedo sentir su perfume, me embriaga, me enloquece.
— Número tres… ¿Mis susurros provocan cosas en ti? — ahora su voz es lenta, me susurra en lo bajo, aprovechando su cercanía para volverme loco una vez más.
Cierro mis ojos al sentir que me recorre el cuerpo con la mirada. Siento su aliento casi rozando mi cuello, la presión que ejercen sus manos al rozar la pared detrás de nosotros. Sé que está esperando que de ese sorbo. Sonríe, previendo el movimiento que harán mis manos.
Otra vez, alzo mi mano para dar el tercer sorbo a mi copa.
Está ganando, maldita sea, sabe bien que preguntas hacerme, no es estúpido, sabrá terminar este juego sin haber respondido ninguna de mis cuestiones.
— Número cuatro… ¿te pone saber que uno de tus admiradores desea tenerte, desea besarte, tocarte… follarte? —
Esas son las palabras que dejan mi cuerpo entumecido, un calor recorre mis venas, el deseo se apodera de mi mente irracional, cayendo inmediatamente en sus susurros.
Agacho mi rostro enrojecido a un costado, oyendo como sigue diciéndome palabras perversas en mi oído. Se me vá encima, casi rozando nuestros cuerpos. Puedo sentir el calor que este desprende, puedo sentir los latidos de su corazón también.
Inconscientemente levanto mi mano, dando el anteúltimo sorbo.
— Número cinco… — me susurra ahora, separándose de mi cuello para mirarme a los ojos. — Ahora dime… ¿aún sigues con la idea de querer ganar este juego? —
Me mira atentamente, esperando mi respuesta. Me dedica una sonrisa orgullosa, riendo con gracia. Sabe que no tomaré ese sorbo, lo sabe, es como si lo tuviera todo fríamente calculado. Efectivamente… la copa no llegó a mis labios.
Me mira ahora esperando mi pregunta.
— Adelante… la ganaste — me dice cerrando sus ojos lentamente, sin borrar su sonrisa de sus labios.
— Tú rostro… quiero ver tu rostro — con parsimonia llevo ambas manos a su mascara, palpando ésta con lentitud, con nerviosismo.
Un silencio acapara aquellas cuatro paredes. Me mira tranquilamente, esperando que quite su mascara, sus brazos me encierran por completo, su cuerpo tapa la poca luz que llega a mi rostro.
Muy lentamente voy retirando ésta, observando como unos mechones oscuros y lacios caen a los costados con delicia. Cierro mis ojos tan sólo unos instantes, tragando saliva ansioso.
O:O:O:O:O:O:O:O
Miraba aquella puerta con recelo, deseaba entrar y echar todo a perder. Se sentó rápidamente en una mesa cercana, removiéndose en su asiento con inquietud. Su pie comenzó con un juego de movimientos, al igual que su mano, la cual no dejaba de sobar su barbilla de forma alarmante.
Agarró un vaso encima de la mesa, empinando el codo para hacer fondo blanco.
— ¡Hey! ¿Qué te pasa? ¿Por qué no vienes a disfrutar de la fiesta con nosotros? — habla Pein, acercándose a su hermano menor, quitándole la copa en sus manos. — Ya has bebido mucho, basta por hoy — ordena el mayor, ahora hablándole seriamente.
El menor le dibuja una mirada fría, bufando en lo bajo para desviar su vista a la puerta del lavado.
— Está ahí, a solas con su admirador en el lavado, ¿cómo quieres que me sienta? — su voz estaba cargada de impotencia. Sentía que nada de lo que hacía era suficiente, se sentía mal al no poder decirle sus sentimientos claramente. Tan sólo se hacía mierda a él mismo, viendo como un desconocido que se hacía llamar su admirador secreto, sobrepasaba diez años de su esfuerzo, en únicamente unos días, ganándose su corazón con palabras que jamás le habría podido decir él.
El mayor suspiró profundo, sentándose con cansancio para perder su vista en las luces de la fiesta.
— Venga, nii-san… Nadie en este mundo merece tus lágrimas… Dei no es la excepción… No tienes que llorar por alguien que no comparte tu mismo sentimiento… tienes que llorar por esa persona que te amó y se fue para siempre, no por alguien que sigue pisando esta tierra —
El menor llevó ambas manos a su rostro, ocultando su vista cansada y desganada.
— Dime, aniki… ¿cómo consigo sacármelo de la cabeza así sin más? — su voz sonaba afligida, se entrecortaba peleando por denotar neutralidad, obviamente en vano.
— Simplemente déjalo libre, tu felicidad será velando la suya… Eso es lo que hago yo todos los días — Pein le dedicó una sonrisa, intentando transmitirle calma. — Yo cambié parte de mi felicidad por la suya, pero no estoy arrepentido… Si él sonríe, yo sonrío; si él llora, yo lo hago también… Es parte de guardar todos sus recuerdos —
Sasori levantó su vista, ahora viendo que su rango de visión se empañaba. Aún así se negaba a derramarlas, negaba una y otra vez la posibilidad de perderlo, no al menos hasta que Deidara escuche sus palabras.
— ¡Hey! ¿Qué hacen acá aburridos? — la voz estridente y juerguista de Hidan les robó su atención, mirándolo acercarse con una botella entre sus manos.
— Hazme un pequeño favor, Hidan — le habla Pein, haciendo que el aludido alce su entrecejo confundido— Llévate a Sasori por ahí y diviértanse juntos jajaja ayúdale a conseguir una linda chica — suelta tras una carcajada, guiñándole un ojo al menor.
— ¡¡A-aniki!! — exclama algo ruborizado el menor.
El religioso pasó su brazo por detrás de su cuello, soltando su aliento alcohólico en el menor, quien intentaba apartarlo de el con cara de repulsión.
— Apestas a alcohol y… —
Antes de que el menor pudiera replicar, el peliplata comenzó a arrastrarlo hasta las barras, donde a lo lejos yacía Kakuzu sentado.
Hidan se sentó al lado del tesorero, para tirar del brazo a Sasori, sentándolo al otro extremo.
— Mira lo que he traído, quiere chicas para divertirse jajaja — larga en una risita burlona, despeinando al pelirrojo.
— Ya déjame… — se quejó el menor, reacomodando su cabello malhumorado — primero que lo de las chicas se lo inventó mi hermano, no yo… Y segundo que… Bah, olvídalo — lleva su muñeca a su barbilla, perdiendo su vista en la cantidad de botellas que ofrecía la barra.
— ¿Pero que demonios te pasa hoy, crío? Jejeje — se tapó la boca Hidan, evitando así largar una risita graciosa, llamando la atención del pelirrojo. — Anda vamos, pareces una niña en sus días, no seas tan amargado —
Sasori gruñó molesto, tornando sus mejillas de color.
— ¿¡Por qué carajo no te mueres!? —
— ¡Wa! ¡Encontramos chicos lindos, y están solos! —
La vista de Hidan, Kakuzu y un descolocado y molesto Sasori ahora se centraron en un grupito de jovencitas que se acercaron para hablar con ellos.
Una de las jóvenes se acerca a Hidan arrimándose de más para comenzar a jugar con su dedo índice, dando circulitos en su pecho.
— Que raro que alguien tan atractivo esté solo — comentó la chica, largando una voz risueña y juguetona.
Una pequeña vena comenzó a crecer en el tesorero, observando a la chica con no tan buenas intenciones.
— La verdad es que tengo pareja, chicas… — Hidan encogió sus hombros entretenido, riendo por la reacción de Kakuzu a su lado.
— No somos celosas — éstas lo miraron ruborizadas, esperando que el religioso les diera un sí para montárselo en el lavado.
— Ustedes no serán celosas…— atacó el tesorero, apartándolas de un manotazo para atraer a Hidan hacia él y tocarle el trasero descaradamente. — Pero yo sí —
El peliplata se rascó la mejilla vergonzosamente, tornando éstas de color carmín.
Silencio.
— ¡¡¡KYAAAAAAAAAAAA!!! —
Tanto Kakuzu como Hidan las miraron con una pequeña gota resbalar por sus frentes. Sasori a su lado se tapó los oídos instantáneamente después de haber sufrido un derrame en uno de ellos. Intentó escabullirse, pero fue inútil bajo la atenta mirada de Hidan.
— ¡Hey! Yo no estaré disponible para ustedes, pero mi amigo Sasori podrá con todas juntas, ¿a que sí? — alcanzó a agarrar al pelirrojo, atrayéndolo para quedar frente a la jóvenes. — Tiene 23 y está libre de compromisos, además que es sexy y encantador — con su mano estiró la boca el menor, consiguiendo una sonrisa forzada.
— ¡Ahh! Pero si es un bebé~! — ellas, lo abrazaron efusivamente, acariciando sus cabellos rojizos con ternura. — Y tiene el pelo lacio y sedoso —
Sasori desvió su cara enrojecida a sus voluptuosos escotes, mirando ahora al peliplata con cara de odio.
— Ésta me las vas a pagar, desgracia… — Antes de poder terminar, las jóvenes tiraron de su brazo, arrastrándolo para la fiesta.
— Me lo agradecerás el día de mañana, mocoso jajaja — se reía Hidan, mirando entretenido cómo se lo llevaban.
Volvió a acomodarse en la barra, tomando su copa entre sus manos. Miró a Kakuzu a su lado, quien lo observaba no muy contento que digamos.
— ¿Qué pasó? ¿Qué hice?—
— Acabas de decir que Sasori es sexy — pronuncia el mayor sin poder ocultar sus celos por ello.
El menor le ezbosa una sonrisa perversa, acercándose a su oído para susurrarle en lo bajo.
— No tanto como tú —
Kakuzu lo miró seriamente, para desviar su mirada al estudio de Deidara a lo lejos.
— ¿Lo prefieres en el escritorio o contra la puerta? —
O:O:O:O:O:O:O:O:O
Siento sus fríos dedos apartando mis manos de su máscara. Abro los ojos con sorpresa, encontrándome con los suyos, rojos como la sangre, observándome desde aquellos orificios.
— No — me susurra en lo bajo para ir apartando mis manos de ésta. — En ningún momento dije acciones, el premio eran preguntas — agrega ahora para llevar una de sus manos a mi cabello, tomando un mechón lentamente, aspirando mi aroma a vainilla. — Eres real —
Mis músculos se entumecieron y mis acciones quedaron aplacadas al instante al oír sus ansiosos suspiros. Desvío mi mirada de la suya, dando un paso hacia atrás, viendo como él se me acerca otra vez.
Cierro mis ojos fuertemente mientras siento su respiración sobre mis labios. No sé cómo es que pasó, pero sin darme cuenta tomo sus labios con fuerza. Él no tarda en reaccionar e inmediatamente toma mi rostro entre sus manos, tirando de mi labio inferior con deseo. Me separo de él en seco, rehusando sus besos.
— Tengo… tengo que volver a la fiesta, un… yo… — mi respiración lucha por normalizarse, al igual que la suya. — Esto está mal… Está mal, un… —
Siento que apoya su rostro sobre mi hombro, aún puedo sentir su respiración ansiosa; sus manos, tapadas por sus elegantes guantes, ahora perfilan mi cuerpo rogándome que me quede.
— No te vayas… — me susurra lento y con esa voz que vuelve loco mis sentidos.
La puerta del lavado se abre de golpe, haciendo que los dos observemos a la figura que entra en esos momentos por la puerta. Uno de mis invitados queda atónito, observándonos a mí y mi admirador secreto, bastante cerca el uno del otro.
— Oh, di… disculpen — dice el desconocido mientras cierra la puerta y entra a uno de los servicios, en completo silencio.
Inconscientemente me aliso la ropa, nervioso. Mi admirador hace lo mismo, pero una peculiar sonrisa se dibuja en sus labios, viendo entretenido cómo agarro mí mascara, encima de la mesada.
— No es gracioso, un… Esto puede costarme muy caro — le encaro muy bajo, mientras lo miro por el espejo al tiempo que me refresco el rostro.
De repente siento su calor otra vez en mi cuerpo, sólo que esta vez es por mi espalda. Cierro mis ojos largando un suspiro ahogado, abriéndolos lentamente mientras miro su rostro en mi hombro, por el espejo. Alza su mano para meter algo en mi bolsillo, no sé que será.
— Nos vemos luego — alcanzo a escuchar en lo bajo, antes de que U.I saliera por la puerta, dejándome solo.
A continuación Observo mi rostro detenidamente, para meter mi mano a mi bolsillo, sacando un pequeño papel. Suspiro agobiado, apoyando mis manos frente al lavado.
— ¿Qué… qué hago, un? —
La fiesta transcurrió tranquilamente, duró más de lo que esperaba, pero fue todo un éxito. Además, mis obras se vendieron a grandes precios y parte de ese dinero irá para organizaciones de caridad.
— ¡Jajaja! Mírate nada más crío, traes lápiz labial por todo el rostro — la risa estrepitosa de Hidan suena a las cuatro de la madrugada, mientras que Sasori agarra una servilleta húmeda, limpiándose.
—Son las cuatro de la madrugada, Hidan… Tú ni borracho hasta la médula te callas, ¿eh? — suelta Sasori, cansado, dándose la vuelta para frotar su rostro, a escondidas de todos.
Kakuzu, recostado encima de dos sillas juntas, le tira con un camarón que halló en uno de los platos de la mesa que había atrás suyo.
— ¿Puedes cerrar el pico, Hidan? ¡Que la cabeza me estalla, joder! — se queja mi tesorero, tapándose con su saco de mala gana.
— ¡Hey, no tires comida! ¡Podemos llevarla para el almuerzo del mediodía! —
— Lo siento, un… pero toda esta comida irá a gente que le falte de comer, un — meseros aún levantan las mesas, mientras ríen con nuestras charlas. — Por cierto, Naruto ni-chan… ¿Tienes dónde ir esta noche? —
Mi hermano me mira girando sus ojos, sobándose el mentón.
— Tengo un amigo acá que me ofreció espacio en su piso datebbayo… No queda muy lejos de tu estudio —
— Ha, ¿sí? Yo que pensé que te vendrías para el depa, un… Estoy solo y me aburro últimamente, un — me estiro con cansancio sobre la silla, metiendo mis manos a los bolsillos. Mis ojos se abren de golpe al escuchar el papel.
— Bueno… nosotros nos vamos — se ponen de pie Pein, Konan y Sasori. — Por la mañana te llamo —
— Podrían alcanzarnos, ¿no? — la voz sale de debajo del saco de Kakuzu — Dejé el auto en el mecánico esta tarde y andamos a pata —
— Eso, eso… No tengo ganas de caminar — suelta Hidan, cayendo a la mesa medio dormido.
— ¿Tú te quedas, Dei? — pregunta Pein, mientras buscaba las llaves de su automóvil en su bolsillo.
— Sí, un… en cuanto el personal de limpieza acabe me marcho —
— Entonces hablamos más tarde —
Kakuzu se levanta torpemente mientras se pone el saco, tirando de un Hidan medio dormido.
— Nos vemos muchacho —
De un minuto a otro, el salón queda en completo silencio, sólo los ruidos de las mesas se escuchaba en esos momentos. Agarro una copa para servirme un poco de champagne.
— ¡Hey! Has tomado suficiente, no te hará bien datebbayo — es cierto, mi cabeza da vueltas y vueltas, no estoy acostumbrado a beber mucho y hoy no fue la excepción
— Tampoco soy de vidrio, ni-chan…— lo miro en silencio, apoyando mi copa en la mesa, comenzando a jugar con ella. — Mañana te prepararé un cuarto en mi depa, un… No quiero que estés por ahí, cuando tengo lugar que ofrecerte, un —
Mi hermano sólo me sonríe zorrunamente, poniéndose de pie para estirarse y bostezar profundamente.
— Me voy… — se acerca para saludarme y pegarme un fuerte abrazo. — Mañana nos vemos datebbayo, no tomes mucho más y procura no desvelarte tanto —
La noche era fría y las nubes amenazan con tormenta esa noche también. Hace varios días que no para de llover, y aunque los pronósticos digan que el clima mejoraría, el cielo dice otra cosa.
Un taxi se detiene en la puerta de mi estudio. La lluvia comienza a caer torrencialmente al subir al auto, viendo por los vidrios cómo la cristalina agua resbala sutilmente.
— ¿Al lugar de siempre? — me pregunta el chofer de confianza que siempre me lleva.
Meto mis manos para sacar el pequeño papel, arrugado. Cierro mis ojos para meditar un segundo. “Si voy para allá estoy seguro que no volveré hasta la mañana” se replantea mi mente una y otra vez. ¿Qué hago?
— Sí, por favor —
Abro la ventanilla para tirar el papel en mis manos, pero titubeo al hacerlo. Lo arrugo para cerrar mi puño y quedar mirándolo. Mi mente pelea nuevamente “si voy para allá estoy seguro que no volveré hasta la mañana…”
— No, un… — abro el papel hecho bollo en mi mano. — lléveme a esta dirección, un —
Mi vista se nubla a cada segundo que pasa, veo las gotas de lluvia martillar los cristales del auto una y otra vez, el sonido de la naturaleza, el silencio, cierro mis ojos cansado… No sé ni a dónde estoy yendo. Tampoco soy consciente del tiempo que llevo en el auto, sólo veo alejarse las luces vivaces de la gran ciudad.
De pronto el automóvil se detiene.
— Aquí es — me dice el conductor, volteando a verme. — ¿Necesita que venga a por usted a alguna hora? —
— No, está bien — saco de mi bolsillo trasero unos dólares. — Quédese con el cambio, un —
Salgo del auto corriendo hasta el techo de la entrada de la casa para no mojarme. Veo cómo las luces del vehículo se alejan, quedando en la oscuridad y en silencio. Levanto mi vista a la entrada, alzando mi mano para apoyarla en la fina madera.
Tomo aire para intentar visualizar el pedazo de madera frente a mí, aunque es en vano. Lentamente doy dos golpes leves a la puerta, apoyando mi frente en ésta. No tarda en abrirse, deslizándome en ella hasta quedar en sus brazos.
— Mierda, ¿No podrías estar más cerca, un? —suelto mientras cierro los ojos por el dolor en mi cabeza.
— Te estaba esperando, Deidara-sama — su voz resuena en mis oídos, haciéndome perder la realidad esa noche.
Ése fue el día en que pacté con el mismísimo diablo.
CONTINUARÁ…
LOL . siendo mucho que no haya habido lemon, sé que muchos lo esperaban xD pero no me encajaba con las situaciones. Prometo traerles pronto uno en condiciones, delicioso y sucio jajaja últimamente mi manera de escribir los lemon ha cambiado muchísimo, incluso a la hora de narrarlos me he vuelto vulgar . pero… supongo que algo se disfruta cuando hace estremecer, sentir sensaciones, y creo que de esta forma no los decepcionaré ^^
¡Gracias por todos sus reviews! En serio, me animan a seguir escribiendo ^o^