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Author of 72 Stories |
Disclaimer: Personajes de Rowling, blablabla, no gano dinero, blablabla, la trama es mía, blablabla, si la robas el coco te comerá, blablabla.
N/A: Muchos meses después, sigo con el fic. Instituto, falta de inspiración y Selectividad se interpusieron entre mis niñas y yo, pero ¡JA!, eso no podía durar tanto tiempo. Estoy algo oxidada, pero he intentado que salga lo mejor posible. Espero que os guste, y ya sabéis, cualquier cosa, el botón del GO está a vuestra disposición.
Muchas gracias a Drehn, Booh, Shijiru Posible, Crystallus, ASUKA02, chapiscruz, Selene Nekoi, FabyGinny05 y hpfan1987.
(Lo siento si no he contestado a algún review, el nuevo sistema me trae LOCA. Hasta que lo entienda, es posible que no responda o que responda tres veces, ¡lo siento!)
Una Ginny, dos Ginnys, tres Ginnys
VII
No estaba nerviosa, no era eso. Hacía mucho tiempo que no se ponía nerviosa. Eso había sido en sus primeros años, con sus primeras citas. Las primeras chicas que conoció eran mayores, más experimentadas, y ella pasaba horas preparándose para la ocasión, preguntándose si sería suficiente (suficientemente guapa, suficientemente lista, suficientemente todo) para ellas. Luego la cosa cambió. Creció y con ello empezó a llamar la atención allí donde iba. Tal vez ella no fuera una belleza explosiva, como Weasley, con esa melena pelirroja y ese temperamento que (extrañamente) le ganaba admiradores allá donde fuese, pero sí que era una belleza más discreta, silenciosa, de las que captan miradas y no las sueltan. Cuando se dio cuenta de ello, todas sus inseguridades desaparecieron.
Así que no, no se podía decir que estaba nerviosa. Quizás estaba preocupada, sentada en un lugar público y esperando a Ginny. No sabía cuál iba a ser su reacción. Por Slytherin, ni siquiera sabía cuál sería su propia reacción. ¿Y la gente alrededor? Sólo esperaba que no las reconocieran. Quizás ella no era tan importante en el mundo mágico, pero una belleza pelirroja que triunfaba en el mundo del quidditch era el blanco perfecto de periodistas, fotógrafos y cazadores de autógrafos.
-Hola.
Vale, eso le había pillado de improviso. Tan ocupada había estado planteándose como podía ir la cosa que no la había visto venir. Llevaba una túnica verde, sencilla, y el pelo recogido. También tenía unas profundas ojeras bajo los ojos que sólo hacían que alarmarla.
-Hola.
Se sentó justo enfrente. Un par de cabezas se dieron la vuelta tres mesas más allá y por un momento creyó haberlas reconocido. Pero no, seguro que no era nada. Le tendió uno de los menús y se sumergió en el suyo, pero el camarero apareció justo a su lado en ese mismo instante.
-¿Qué desean?
Ginny sólo pidió una cerveza de mantequilla, y ella la imitó. Era una forma tan descarada como otra cualquiera de demostrarle que sólo había ido allí para escuchar su propuesta, negarse y marcharse por donde había venido.
-Aquí tienen.
El silencio se dilató unos minutos más después de que el camarero se fuera, hasta que la pelirroja, tres sorbos después, decidió ponerle fin.
-¿Vas a hablarme de esa propuesta o quieres que la adivine?
Advirtió el movimiento bajo la mesa: la varita preparada. No podía culparla, tampoco hacía tanto del final de la guerra. La gente seguía aterrada y todos los periódicos gritaban al mundo una verdad que ni siquiera ella misma podía negar: iba a casarse con Draco Malfoy.
-¿Por qué has venido?
Entonces fue Weasley quien se quedó sin palabras. ¿Por qué había venido? Era una buena pregunta. No es que no confiara en sus… habilidades, que lo hacía, pero en el fondo creyó que aquello estaba fuera de su liga.
-Me interesa la propuesta.
Astoria sonrió, radiante, y se apoyó levemente sobre la mesa, sin apartar la mirada de su interlocutora.
-De acuerdo, hablemos de la propuesta.
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Habían hablado largo rato. Más del que ella se esperaba. Weasley había asentido mucho y preguntado poco. La había mirado incluso menos. Y, sin embargo, al final parecía seguir teniendo algún interés. Tengo que pensar en ello, había dicho, y luego había salido del restaurante como una exalación. Ella había permanecido allí un rato más, pensando en el encuentro, y en que el mundo parecía haberse vuelto del revés, cuando apareció ella.
-¿Qué pretendes, exactamente?
Astoria levantó la vista, sorprendida. Hermione Granger, ni más ni menos que la sabelotodo de Hermione Granger se sentaba ante ella, seria, con su enorme pelambrera rodeando su expresión suspicaz.
-¿Perdón?
Se puso su máscara más neutra, y miró directamente a los ojos a aquella sangre sucia.
-Con Ginny. Que qué pretendes.
-Creí que ya te lo habría dicho ella.
La mirada esquiva que siguió a aquellas palabras fue la clave. No, no había dicho nada en absoluto. Astoria se sonrió, satisfecha.
-Si no te importa, he de irme.
Salió del local siguiendo el mismo camino serpenteante entre las mesas que había utilizado la pelirroja y, una vez fuera, se quedó quieta un rato, dejando que el aire le diera en la cara, para despejarse. Así que no les has dicho nada a tus amigos, Ginevra, pensó para sus adentros. Eso sólo podía significar cosas buenas, y ella lo sabía.