Help
Home Just In Communities Forums Beta Readers Dictionary Search
: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Books » Harry Potter » ¡Feliz Weasley Cumpleaños!

Dilharei
Author of 14 Stories

Rated: K - Spanish - General/Humor - Ginny W. - Reviews: 4 - Published: 06-21-08 - id:4339100

Yo sé que no debería empezar nuevas historias, sino que debería terminar todo lo que tengo empezado. Pero, eh, don't worry, que yo voy a acabar lo que he empezado sí o sí. Y por si acaso, aviso que viene viñeta de los Malfoy en camino... Aunque, con lo perra que soy, seguramente no la suba hasta mañana. En fins...

Esto lo escribí dos noches atrás (o tres, no estoy segura), mientras se suponía que estudiaba para el examen de Materiales que tenía al día siguiente y que, por cierto, me salió muy bien. Sobretodo si tenemos en cuenta lo poco o nada que estudié. xD La idea en un principio no era esto, lo juro: en mi mente la historia se perfilaba como un longfic, seguramente Drinny (Draco/Ginny), cuyo prólogo sería esto... Pero, como ya he dicho, la idea mutó y ya veis, he desechado mi primera intención... Por eso, no esperéis un Drinny, lo que he dicho era sólo mi idea antes de empezar a escribir. Lo aclaro por si acaso. :P

En fin, esto tendrá un segundo capítulo, y posiblemente un tercero y no sé si un cuarto. En cualquier caso, nunca se extenderá más allá de cinco capítulos, y ya estoy siendo muy exagerada.

Si os estáis preguntando de qué va la cosa en cuestión (lo que sería muy normal porque al fin y al cabo para eso están las notas de autor y no para divagar como yo hago), pues no puedo deciros mucho si no quiero estropearos la "sorpresa" (sorpresa ninguna, sólo me estoy haciendo la interesante), pero la historia gira en torno a la familia Weasley, tanto la familia Potter-Weasley como Weasley-Granger, y un poco también en torno a la Malfoy.

Ala, ala, ya no tengo nada más que decir, sólo que espero que lo disfrutéis.


Capítulo I: La llegada

-Yo sólo espero que no se aparezcan por aquí...

-¡Ron! -lo reprendió Hermione dándole un golpe en el brazo.

-Eh, que sólo estoy diciendo lo que todos pensamos en realidad -se excusó él como si fuera obvio.

-Habla por ti. Ese niño tiene todo el derecho del mundo a venir: es amigo de Albus y Rose, ¿o lo has olvidado?

Rose, que estaba sentada junto a su padre mirándolo todo aburrida, escupió la limonada que estaba bebiendo en el vaso.

-¿Qué te ha hecho pensar semejante despropósito? -preguntó a su madre ofendida-. Yo no soy ni mucho menos amiga de Scorpius Malfoy. Es un completo imbécil, y estoy siendo muy amable.

Ron miró a su hija con renovado orgullo, la abrazó en un arrebato repentino y la besó en la cabeza. La niña se zafó como pudo de su padre, alejándose lo máximo posible de él en el sofá.

-¿Pero qué haces? No me avergüences.

-Tan cariñosa como su tía -comentó Ron, mirando a Ginny como si tuviera la culpa de todas sus desdichas.

-Acaban de llegar -anunció Harry, apareciendo de la nada junto a la pelirroja.

-¿Y eso qué significa? -preguntó ella a su vez, aún con el ceño fruncido y los labios apretados por el comentario de su hermano.

-Pues... -comenzó Harry mirando a su esposa como si no creyera lo que le estaba preguntando-, significa que vayas a recibirlos.

-¿A quiénes? ¿A los Malfoy? Ni muerta, ve tú si quieres.

Harry la miró de hito en hito. Definitivamente, no se lo podía creer. Para él estaba muy claro.

-Estás bromeando, ¿verdad? No pienso ir a saludar a Draco Malfoy por mucho que su hijo sea amigo de Al -concluyó rotundamente-. Tú enviaste la invitación, así que hazte responsable.

Una cosa era ser políticamente correcto con Malfoy y otra muy distinta era ser su amigo o pretender serlo. Para Harry, la diferencia era más que obvia.

-Harry, tío -comenzó Ron, llevándose la mano al pecho-, en estos momentos me haces sentir orgulloso de la educación que te dimos.

Ginny los miró furiosa mientras ambos se reían como si aquello tuviera una pizca de gracia.

-Muy bien, Harry, yo sólo te aviso de que te vas a enterar -sentenció, saliendo al jardín sin esperar una respuesta.

En el camino se cruzó con varios chiquillos que la atropellaron sin ninguna consideración mientras correteaban de un lado para otro, tirando cohetes y petardos de colores de la marca Sortilegios Weasley (lo que le recordaba que tenía que prohibirle a George la entrada a La Madriguera: estaba siendo una muy mala influencia para sus hijos) y haciéndola tambalearse en su intento de alcanzar la puerta de la cocina, que daba al jardín. Si no se equivocaba, uno de ellos era el pequeño Elvendork, de apenas cinco años.

Nada más salir al exterior los vio. Aquél pelo oxigenado definitivamente era inconfundible e inolvidable. Y aquella mueca, asqueada e irónica a partes iguales, también.

Y, por Merlín, aquella que los acompañaba no podía ser... ella. No, por todos los cromos de Dumbledore, no podía ser verdad. ¿Por qué le pasaban a Ginny ese tipo de cosas?

Se apresuró y llegó a tiempo de evitar que Luna comenzara alguno de sus relatos acerca de la vida y costumbres caníbales de los seres que poblaban la cuenca del Amazonas, los montes de Tombuctú o la Quebrada de los Túmulos. Ella apreciaba las historias de su mejor amiga, pero dudaba mucho que la paciencia de Draco Malfoy fuera capaz de soportarlas sin explotar.

-Eh, hola -saludó dudosa. No tenía ni idea de cómo afrontar aquella situación de la que, muy astutamente, se había librado Harry. Por Merlín que esa noche se enteraría de quién era Ginevra Weasley-. Mmm, parece que Albus y... esto... Scorpius han desaparecido -se reprendió a sí misma nada más terminar aquella estúpida frase.

-Se fueron como poseídos por un heliópata -concluyó Luna, dándole un trago a su bebida, de un color azul pitufo muy poco prometedor. Ginny no recordaba haber comprado nada de ese color.

-¿Eso es algo peligroso? -preguntó visiblemente preocupada Astoria. Su marido le dirigió una mirada que podría haber derribado un muro de hormigón armado pero que no parecía afectarle mucho a ella.

-No más que intentar domesticar un Oompa Loompa.

Oh, por todos los demonios, aquello le habría resultado gracioso si no fuera porque era ella la que tenía que enfrentarse a la mirada antipática de Malfoy. En aquél instante quería morirse, sí, era una buena alternativa.

-¿Por qué no entramos? Allí están todos...

Draco observó con una ceja enarcada a su alrededor, donde decenas y decenas de críos y mayores hablaban, jugaban o corrían. Luego miró a Ginny sin mudar de expresión.

-Todos... los demás -concretó ella empezando a molestarse por el mutismo del rubio.

-¡Ay, sí, entremos! -exclamó Astoria encantada-. La casa promete ser preciosa. ¡Es tan curiosa!

En realidad, lo curioso para Ginny era que la mujer pareciera sincera y francamente interesada en las torrecillas de la Madriguera, que ascendían hacia el cielo aunque inclinándose más hacia el suelo; en las ventanas desiguales que salpicaban la fachada (también desigual); en el tejado perforado por un gran telescopio y varias chimeneas; en la antena de televisión que se mantenía precariamente encaramada a una ventana ojival del primer piso y en la puerta de madera de la entrada, que habían ido pintando a lo largo de los años sus hijos con las manos, dejando una huella por cada cumpleaños. Esa noche había sido el ritual de los doce años para Albus, incluyendo el inexcusable baile tribal alrededor de El Sillón del Abuelo.

Se encaminaron hacia la casa en un silencio espeso que ni siquiera el ajetreo a su alrededor consiguió disolver, aunque tal vez Ginny era la única que lo notaba, porque Astoria y Luna parecían estar en sendos mundos paralelos. Y Draco, bueno, de él no podía esperarse que hiciera las cosas más fáciles.

Al pasar por la cocina, la señora Weasley casi les tiró encima las galletas de chocolate que acababa de sacar del horno. Impresionaba ver a Draco Malfoy en aquella cocina, sin duda. Miró brevemente a su hija, compadeciéndose de su suerte, antes de volver a lo que estaba haciendo.

Al llegar al salón la situación no pareció mejorar, teniendo en cuenta que la acalorada discusión que mantenían Ron y Harry (sobre quidditch, Ginny apostaba su cabeza) se interrumpió abruptamente para mirar a los recién llegados.

Hermione fue la única que se dignó a facilitarle mínimamente las cosas a Ginny-Anfitriona-Simpática, sonriendo amablemente a los Malfoy. Ron sólo les dedicó una mirada desdeñosa antes de desviar la vista hacia la chimenea, enfurruñado, y Harry, por su parte, se limitó a acercarle a Luna el puf, su puf. Todos sabían que aquél era El Puf de Luna, donde siempre se sentaba. No importaba que hubiera sillones, sillas o sofás desocupados.

-Harry y Ron estaban discutiendo sobre quién ganará la liga, como siempre -rompió el hielo Hermione, después de tres minutos y medio de silencio. Ginny no sabía cómo agradecérselo. Levantar un templo en su honor y fundar una religión tal vez no sería suficiente.

-Yo decía que ganaréis vosotras, por supuesto -se apresuró a aclarar Harry. Suficientes puntos en contra había sumado ese día con lo de Malfoy como para que encima Ginny pudiera decir de él que no la apoyaba con su trabajo.

-Y Ron que lo harán los Chudley Cannons -Hermione puso los ojos en blanco y una expresión aburrida.

-¿Estás insinuando que los Chudley Cannons no pueden ganar la liga? -exclamó ofendido Ron.

-Sólo insinúo que no lo han hecho en noventa y tres años y que aquella vez fue porque los demás equipos se retiraron por una epidemia de gripe del hipogrifo.

-Como se suele decir, mala suerte -se burló Rose provocando una risa general.

-Os ponéis de acuerdo para molestarme, ¿verdad? -gruñó él en respuesta.

De nuevo cayó el silencio sobre sus cabezas después de algunas sonrisillas. Esta vez, se dedicaron a observar cómo Luna intentaba pescar una aceituna en su bebida azul. Por más que lo intentaba con el palillo, la aceituna siempre acababa hundiéndose en las profundidades del vaso. En opinión de Ginny, era verdaderamente asqueroso ver aquella mezcla entre bebida azul pitufo y aceituna con anchoa.

-Eh, ¿no iba a venir Lucrecia, la hija de... eh... Pansy? -de nuevo Hermione al rescate. Se había ganado un regalo enorme para esas Navidades. Un libro gigantesco, desde luego. O una biblioteca entera.

-Sí, sí -respondió Astoria sonriente-. De hecho, ha venido con nosotros. Pansy no pudo venir... estaba muy ocupada y eso.

-Ah, ya -comentó Ginny cada vez más apurada. Al momento, sin embargo, captó movimiento a su izquierda. Rose había sacado un libro de alguna parte y se disponía a leerlo, ante la mirada de reproche de su madre, que sin duda lo encontraba una falta de respeto (o tal vez simplemente estaba celosa de que su hija hiciera lo que ella no se atrevía a hacer). Eso le dio una idea-. Eh, Rose, ¿por qué no vas a buscarla para... jugar, charlar o lo que sea que hacéis la gente de doce años?

La niña de inmediato levantó la mirada del libro, que apenas le había dado tiempo a abrir.

-¿Quién, yo? ¿Jugar y hablar con Lucrecia? ¿Ella, que tiene una facilidad de habla y una conversación dignas de un erudito de las Letras?

Su madre la miró escandalizada y ella abrió mucho los ojos. Ginny casi la podía oír pensando ¿Lo he dicho en voz alta? Merlín, era hija de Ron, desde luego.

En ese momento todos los presentes pudieron ver cómo Harry se llevaba la mano a la cara e intentaba disimular la risa. Infructuosamente, por supuesto. Para Ginny que se estaba ganando el cielo ese hombre.

-Cariño, ¿y por qué no vas a buscar a Albus? -insistió Hermione, más por decir algo que porque quisiera que Rose se fuera a ninguna parte.

-Pues porque estará con ellos -respondió ella como si tal cosa, abriendo al fin Los hermanos Karamazov por la página que tenía marcada con un cromo de Godric Gryffindor.

-¿Ellos? -preguntó confundido Ron. Ginny podría haberlo matado en aquél momento con la cucharilla del café. ¿Cómo se podía ser tan torpe?

-Ellos, sí, ellos -contestó su hija hastiada-. Sus amiguitos súper-fashion-soy-Slytherin-todo-es-súper-guay. Empezando por el bestia que se dedica a prender fuego a las papeleras, Scorpius -otra vez esa expresión de ¿Lo he dicho en voz alta?

Oh, Morgana todopoderosa, ¿por qué le sucedían esas cosas a ella? De verdad, ¿por qué? No había hecho nada en su vida (a excepción tal vez de mentir acerca de saber cocinar) que la hiciera merecedora de recibir esa mirada de odio visceral por parte de Draco Malfoy.

Y Harry volvía a ocultar la cara tras la mano, como si con eso disimulara en algo el sonido de su risa contenida. En esa casa iba a suceder algo muy malo como no parara de hacerlo, eso podía jurarlo.

-Pero... eso de la papelera, ¿no fue un accidente? -preguntó Astoria conciliadora-. Un hechizo fallido...

-¿En Historia de la Magia? -no pudo evitar preguntar Rose con ironía, a pesar de estar como una cereza madura hasta las orejas. Eso también lo había heredado de Ron, para satisfacción de Ginny, que por mucho que quisiera a su sobrina, en ese momento sentía deseos de estrangularla. Pero sólo después de hacer lo propio con su padre.

-¡¿Y la tarta cuándo?! -exclamó demasiado jovial Hermione, dando una palmada al aire. Aquello empezaba a ser surrealista.

-Espero que mamá la haya hecho de tres chocolates -comentó Ron, ajeno a la tensión del ambiente-. La de fresa no me gusta y el bizcocho de la de nata siempre se le queda seco -Hermione lo miró significativamente, dando a entender que no era el momento oportuno para que divagara, pero él seguía a lo suyo-. Menos mal que Ginny ya desistió de hacer ella misma las tartas... Aún recuerdo el desastre del tercer cumpleaños de Lily. Acabamos todos en el hospital...

-¡El culpable de la intoxicación fue el ponche, no mi tarta! -saltó Ginny, enrojeciendo de ira-. ¡Mi tarta estaba deliciosa!

-Sí, mamá, todos conocemos esa historia -comentó indolente la voz de James a su espalda. Ahí estaba él, con trece años y expresión de no haber roto un plato o una vajilla en su vida, bebiendo zumo de calabaza con una mano metida en el bolsillo del pantalón, que llevaba casi arrastrando. Era más que evidente que estaba allí por algo.

-¿Qué habéis hecho? -preguntó de inmediato su padre, limpiándose las gafas con la camiseta. A decir verdad, era cierto que desde hacía un rato había mucho revuelo en el jardín.

-Oh, no, padre, la pregunta correcta es ¿Qué han hecho? -James le dio otro sorbo a su bebida tranquilamente. Estaba disfrutando de aquello, oh, sí.

-Ve tú, Harry, yo ahora mismo no respondo de mí -dijo Ginny consternada, intentando tranquilizarse. Todos en esa familia eran una panda de garrulos que se dedicaban a hacerle la vida imposible.

-¿Quéééé? -exclamó James decepcionado-. ¿Me vas a negar esa diversión? Nada es igual sin ti, mamá, de verdad.

Ginny lo miró durante un solo segundo como advertencia, haciendo que se diera media vuelta sin decir nada más y saliera detrás de su padre. Rose se puso en pie inmediatamente y corrió tras ellos, sin molestarse en disimular su sonrisa divertida.

-Esto va a ser casi mejor que ver cómo McGonnagall les quita puntos -oyeron que le decía James.

Draco parecía haberse comido un puercoespín esa mañana, mientras se debatía entre salir al jardín y ver lo que fuera que habían provocado su hijo y ese que se suponía era su amigo (un delincuente en potencia con pelo revuelto), o quedarse allí y evitar en cierta manera la vergüenza.

-Yo... En fin, voy a prepararte un té, Ginny, lo necesitas -se escabulló Hermione sin darle posibilidad a la pelirroja a replicar, pues ya había salido escopeteada hacia la cocina.

Ya se podía ir olvidando de la biblioteca por Navidad.

-Yo creo que también me voy -afirmó Ron sin molestarse en inventar una excusa decente.

Bueno, se consoló Ginny, al menos Luna aún no había huido. Ella era la única esperanza que le quedaba.

-¿Sabéis qué? -comenzó la rubia con mirada soñadora. Ya se le había acabado la bebida y no quedaban más aceitunas en el fondo del vaso-. Creo que voy a ir a ver si consigo convencer a los gnomos de que visiten nuestro jardín de vez en cuando...

-¡No, Luna! -exclamó Ginny desesperada. Draco la miró suspicaz-. Quiero decir, últimamente los gnomos han estado más... irascibles de lo normal (destrozando las flores de Lily y cabalgando en gallina por todo el jardín) y no creo que se tomen a bien que los molestes.

Luna abrió mucho la boca y se volvió a sentar en su puf, interesada.

-¡¿Cabalgando en gallina?!

-Sí, bueno, a James le pareció divertido enseñarles el concepto "cabalgar" -comentó Ginny muy seria. Enfrentarse a gnomos a lomos de gallinas no le hacía ninguna gracia.

-¡¿Puedo verlo?! -preguntó emocionada Luna, con los ojos desorbitados. Cuando se ponía así, era imposible negarle nada. Pero, demonios, Ginny no quería salir al jardín a buscar gnomos para que montasen en gallina, y mucho menos con Draco Malfoy de espectador.

-¡Sí, sería muy curioso! -comentó también emocionada Astoria-. Verdad, ¿Draco? -él la miró como si fuera una enferma mental, y luego a Luna y a Ginny, alternativamente.

-Vamos, entonces -Luna se puso en pie y se marchó seguida de Astoria, mientras Ginny no sabía qué hacer y Draco apretaba puños y labios.



Return to Top