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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Bleach » Oidhche Shamhna

Purple Scene
Author of 12 Stories

Rated: T - Spanish - General/Romance - Ichigo K. & Hitsugaya T. - Reviews: 14 - Updated: 08-05-08 - Published: 06-24-08 - id:4346368

Oidhche Shamhna, cp II


‘Sólo una vez más, Ichigo. Contrólate.’

Se lo estuvo repitiendo minuto tras minuto, enfrente de la casa del tal Toshiro. Las afueras presentaban un paisaje desolado y un poco más frío de lo normal. Todo gris, todo gris…con matorrales, árboles secos esparcidos. Su casa era la más alejada de la ciudad, y a al chico calabaza se le estaban quitando las ganas de trabajar. No es que no le gustara el lugar, pero francamente, después de tanto tiempo, ya no le gustaba nada.

‘Llevo esperando una hora, y es toda su culpa.’ Pensó, molesto. ‘Si me quisiera abrir ya estaría arriba.’ Arriba por la extraña arquitectura de la casa de su ayudante (no pudo evitar preguntarse quién la diseñó), era una estructura tubular estrecha hecha con piedra que levanta (a bastante altura) lo que sería una casa normal de Halloween. Las casas de los habitantes de esta ciudad tienen un aspecto un tanto tétrico, pero esta se llevaba la palma. Antes de llegar ahí, había una reja antigua y oxidada, que rodea el edificio, dándole un aire altivo.

Debajo del trece dibujado en una sucia placa de metal con números góticos, se situaba un pequeño tirador que conducía una cuerda a una enorme ventana (redonda, poco común, igualmente) rota por una esquina. Timbre cutre, vamos. Ichigo sabía que había algien en la casa, vio algo moverse, pero nadie fue a abrirle. Llamando hasta la saciedad no parece que consiga nada…

-¡Hey!-al oír esa voz festiva y medio borracha saltó como si le hubieran disparado a los pies. Al girarse, el adolescente de cabellos naranjas vislumbró a una mujer bastante atractiva, cabello largo y anaranjado, ojos grises en son de paz y, lo que parecía ser ayuda.-¿Buscas a Hitsugaya?-Casi se le escapó un ‘’¿a quién?’’ cuando recordó que era el apellido de mi ayudante. Asintió con la cabeza, determinando la raza de la mujer en su cabeza. ‘Zombie, seguro. Llámalo instinto.’

-Pero no parece querer abrirme.-Dijo mirando de reojo la casa a la que se suponía que iba. Ella cambió su expresión a una de duda, llevando sus manos a las caderas.

-Es extraño.-La mujer parece conocerle bastante bien. Por su parte, Ichigo se contuvo ante el impulso de querer romper a pedrazos la ventana de la casa.- Suele estar algo inmerso en su mundo, pero que no te abra... ¿Seguro que has llamado?-Movió la cabeza varias veces, afirmativamente. La mujer tomó aire con energía, y...

...Gritó de tal manera que el chico se tuvo que tapar los oídos. Nunca llegó a comprender cómo pudo el grito resonar por los alrededores como una piedra cayendo a un estanque, creando ondas a en sus cercanías.

Se hizo el silencio. El adolescente suspiró derrotado, sin saber que hacer, hasta que oyó un ruido metálico detrás de sí.

-¿Seguro que habías llamado bien?-La verja se ha abrió. Así... ¿era como debía llamar? Ella le sonrió a Ichigo, como si esto lo hubiera experimentado antes.-Yo soy Rangiku Matsumoto. Si necesitas cualquier cosa...ya sabes.-Le guiña un ojo y él ríe, más calmado que antes.

-Ichigo Kurosaki, encantado. Y gracias.- Al mismo tiempo que habla piensa en lo agradable que le resulta la amabilidad de las personas que le rodean.

-No ha sido nada.-Caminó la mujer para marcharse, pero se detuvo.-Trátale bien, ¿vale?-Está de espaldas, así que no vio su cara. Antes de que el agradecido muchacho pudiera despedirse con propiedad ella desapareció. ‘Buf. Cosas de zombies.’

Y sí, tocó entrar. El segundo (más mayor) hijo del alcalde esperó que pueda acabar rápido el trabajo. Cuando llegó a las escaleras las verjas que, antes abiertas le habían invitado a entrar se cerraron cerrado solas. Le recorrió un escalofrío poco agradable. El manzano esquelético que estaba colocado a su lado no ayudaba. Sus ramas se rizaban, tenebrosamente. Típico árbol en el que de noche podrías ver formas de caras, o cosas peores. Consiguió centrarse al fin, y se dio ánimos. Un Kurosaki no se dejaría asustar por un arbolito seco.

‘Oh, Dios. Estas escaleras de caracol me están mareando. Además, aún siendo de día se está muy oscuro en este tubo. Que mis pies me guíen. Bien, una puerta entreabierta. Digo yo que debería entrar, ya me han hecho esperar bastante.’

-Hola...-Con mucha cautela abrió la puerta, notando una ráfaga de aire glacial recorrerle. Al entrar, vio una estancia bastante luminosa, con una cama pequeña colocada justo debajo de la extraña ventana que antes había visto, a la izquierda. A la derecha, una mesa llena de montañas de papeles (en equilibrio precario, sólo sujetadas por resistentes telas de araña) que casi rozaban el techo de madera. Unas pocas sillas, habían también. Yendo recto desde donde se econtraba había una especie de pasillo (digamos pasillo porque no había nada) que llevaba a lo que parecían ser otras estancias de la casa. Todo eso en un espacio muy reducido.

Ichigo bufó, intranquilo. Apenas miró a su alrededor. Había alguien. Por su salud mental, debía de haber alguien. ¿O la puerta se abría sola?

-¿Hay alguien ahí?-Preguntó al aire. Respuesta igual a cero. Después de estar un momento analizando donde se encontraba, miró con curiosidad los papeles apilados en la mesa. Con cautela fue caminando hacia ella. El suelo crujía un poco bajo sus pies. Estiró el brazo para coger el papel que descansaba encima de una alta torre con un poco de dificultad.

Era un boceto. Un boceto de una calle. De pronto, se dio cuenta de que lo plasmado en el papel era un dibujo muy detallado de una de las calles que llegaban a la plaza de la fuente. No sabía mucho de arte, pero le pareció una copia casi exacta. Poniendo como excepción esos adornos que estaban dibujados. Se quedó un momento en blanco, pensando. ¿Y si aquello era...?

Para comprobarlo, cogió otros papeles. Sí, todos eran bocetos de Halloween. Todos con sus respectivos adornos, acertados y bellos. Tanto para el entorno como para las personas que allí vivían. Un trabajo verdaderamente espléndido, en el que él tendría que haber colaborado. Bajó los hombros con cara de tristeza y algo de molestia. No molestia con ese tal Toshiro, sino con sigo mismo.

-Matsumoto, deja de manosear mis papeles.-Cierto chico de cabellos naranjas casi salta fuera de su piel al oir esa voz. Profunda, vibrante. Ichigo notó enseguida que aquella voz podría ser todo lo suave que quisiera, al igual que todo lo fuerte. Para colmo, el sonido de unos pasos ligeros se acercaba. Oh, espera...¿cree que soy la mujer de antes?

El calabaza no supo que hacer, ni dónde meterse. Intentó dejar los papeles en el sitio exacto que estaban un momento antes, con la mala suerte de que una de las finas telas de araña que sujetaban una torre se rompió. Y el resultado de meses de trabajo se le cayó encima. Literalmente.

Los pasos se acercaron hasta pararse. Los ojos de Kurosaki, cubierto de papeles y tirado en el suelo, conocieron por fin a Toshiro Hitsugaya. Quedaría cursi y poco original, pero para su cerebro, el tiempo se detuvo.

Se quedo completamente en blanco. Tan blanco como sus cabellos de nieve, tan blanco como la poca piel que podía ver de él. Su figura era muy pequeña, como la de un niño (aunque por lo poco que sabía, era de su misma edad). Vestía un kimono completamente negro, y de un material abrigado. Raro, ya casi nadie usaba ese tipo de ropa. Las mangas no eran muy largas, lo justo para que se vieran sus muñecas y por bajo se vislumbraban unos calcetines negros, también. Pero, lo que más le impresionó aparte de sus ojos, fueron las heridas cosidas que cubrian su cuerpo. Sobretodo las de la cara. Desde las comisuras de sus labios se abrían dos grandes cortes que llegaban hasta sus pómulos, pareciendo que sonriera de forma macabra. Por el cuello, las manos, la frente...habían más. No demasiadas a la vista, pero impresionantes, aún así.

No pudo negar que su estómago dio un pequeño vuelco. No le disgustó su aspecto, para nada. Sólo le pareció...extraño. Como todo lo que era y le rodeaba, vaya.

En un instante, ese hechizo se rompió. Fue el instante en el que Toshiro Hitsugaya abrió la puerta de un armario cercano y sacó una katana de más de un metro de largo, desenvainada. Con sus manos pequeñas, la agarró de la empuñadura y se acercó a él. Ahí, el calabaza palideció. Sin mediar palabra, la posicionó justo al lado de la yugular del pobre chico tirado en el suelo, que sudaba, el corazón bombeando sangre a mil por hora. Desesperadamente pensó una forma para que aquél niño no le matara.

-¿Quién eres?¿Qué haces aquí?-Sus ojos grandes se cerraron amenazadoramente, perdiendo la paciencia. Ichigo se apresuró en contestar, su propio bien en juego.

-Soy Ichigo Kurosaki, hijo del alcalde.-Ignorando el temblor de su voz, Hitsugaya le miró como evaluando si decía la verdad, con el ceño fruncido. 'Verdaderamente, mi ayudante es bastante fiero.' pensó el evaluado mientras observaba con curiosidad que seguía pareciendo que sonreía, debido a los cortes.

-Está bien, te creo.-Dijo guardando su arma, arqueando un ceja nívea. Kurosaki se apresuró en levantarse y ordenar todo el destrozo que había causado. Toshiro no movió un dedo. Simplemente recogió unos cuantos papeles y de apoyó en la pared, descansando mientras observaba al otro. Ichigo se sintió fatal. Era seguro que se le guardaba rencor. Iba a disculparse, cuando el otro se le adelantó.

-Todo eso que has tirado es el trabajo en el que deberías haber colaborado.-El más alto no pudo igorar el tono de desprecio en su voz. Eso ya lo sabía. Le miró con decisión, a la vez que le pedía perdón sin hablar. El de cabellos blancos suspiró cansado.-Hoy ya es tarde, el cielo comienza a oscurecerse.-Estaba un poco más relajado, pero seguía siendo estricto y demandante.-Lo que queda por decidir son las decoraciones de los lugares públicos más importantes y los actos que se celebrarán.-Se cruzó de brazos. Ichigo le miró con curiosidad.-Ven mañana, aún queda trabajo. Y asegúrate de que todos estos papeles lleguen al ayuntamiento. Hasta ese momento, adiós.

Mientras dijo eso, no le miró. Pero el hijo del alcalde se sintió tremendamente feliz al saber que tenía una oportunidad de arreglar las cosas. Sonrió en dirección al pequeño gruñón que se dirigía hacia la parte de la casa que no conocía, dejándole claro que quería que se marchara lo más pronto posible.

-Hasta mañana, Toshiro.-Dijo con un movimiento de mano, corriendo hacia las escaleras, dándose por satisfecho. Las bajó rápido, evitando tropezar dos o tres veces. El de ropas negras se giró de inmediato al oír ese nombre, como si hubiera saltado un resorte dentro de él. Ya había bajado, así que abrió la ventana y gritó todo lo fuerte que pudo.

-¡Es Hitsugaya!-De nuevo, otro grito resonó en los alrededores.

Ichigo volvió a reír mientras saltaba sin dificultad la verja oxidada de su casa, pensando que aunque un poco borde, (y hubiera intentando matarle...) era un chico divertido.

Con un éxtasis que casi le hacía ver colores en todo lo que le rodeaba siguió corriendo, no haciendo caso a un chico que se le quedó mirando desde una ventana grande y redonda, lamentándose de su suerte.


N/A: Poca acción, por ahora. He tardado un poco en actualizar por motivos varios, pero agradezco de rodillas el apoyo que me brindan vuestros reviews, alertas y favoritos. Os juro que me tenéis saltando en éxtasis frente a la pantalla de mi ordenador. Hacéis que mi afición sea un placer. Si me regalas tu opinión, buena o mala, estaré muy feliz. En en próximo capítulo, aparecerán más personajes. Aparte...¡perdonadme que le haya hecho la sonrisa del payaso a Hitsugaya, porfavor! Pero es que quería algo diferente, y siempre me han gustado esas sonrisas. Ichigo sabrá cuando está triste o cuando está contento, os lo aseguro. Hasta muy pronto.



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