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Convicción
- Himawari-chan es preciosa. ¡ Pre-ci-osa ! - pensaba Watanuki mientras la seguía por los pasillos de la biblioteca. Parecía flotar en el aire con un aura de luz, amor y todos los sentimientos cursis que le regocijaban cuando estaba cerca de la chica.
Himawari debía buscar un libro en la biblioteca aquella tarde del martes. Ya había pasado toda una semana desde que Watanuki se había reintegrado a sus clases. Este, por su parte, había tenido escasas misiones con respecto a las personas que llegaban a la tienda de Yuuko. Desde que había vuelto a sus labores, solo dos personas habían entrado a la tienda. Una fue una señora, ya entrada en edad. No se enteró de qué deseaba ya que Yuuko le mandó a lavar sus ropas en ese mismo momento pese a que eran solo unas cuantas prendas. La otra persona fue una adolecente. Solo fue una vez y nunca más regresó.
- Ya lo tengo - Anunció Himawari alzando un libro de tapa dura con su mano derecha. - Iré a reservarlo. ¿Me esperas aquí?
- Sí. - Dijo enérgicamente el chico alzando una mano.
Mientras esperaba a la morena, comenzó a pasearse entre las estanterías, mirando títulos de diversos libros. En una de esas encontró un libro que le recordó a los que una vez vio en el templo de Doumeki.
Otra vez pensaba en su amigo.
No había nadie que le sacara de la cabeza que el distanciamiento entre ambos era por su culpa. Y era ahí donde una mezcla de sensaciones se apoderaban de él. Ya conocen lo compleja de la relación de estos dos. Todo es extremo. O se aman o se Odian, por así decirlo.
- Sí funciona, te digo. - Murmuraba una chica en la estantería que se encontraba detrás de Watanuki, lo cual lo trajo de regreso a la realidad.
El chico siguió mirando libros y sacando uno que otro.
- No tengo miedo. Deja ver. - murmuraba otra chica.
Se escuchaban sonidos amortiguados. Un envoltorio siendo abierto con cierta ansiedad, el tintineo de una cadenilla; posiblemente un colgante. Suspiros.
- Ya está, Watanuki-kun. - Himawari había regresado.
- Esto es perfecto. Nuestro mes y medio creándolo dará resultado. - se escuchaba decir a una de las jovencitas, posiblemente la de más edad debido al matiz de su voz.
- Perfecto. ¿A dónde quieres ir ahora, Himawari-chan? - preguntó entusiasmado Watanuki, ignorando la conversación de atrás.
- Bien. Probemos primero con el chico del consejo Estudiantil.
Himawari sin disimulo miró hacia donde se escuchaba la conversación. Watanuki miró también y, pudo ver que aunque las chicas estaban del otro lado de la estantería, se les veía gran parte del rostro y del cuerpo por los espacios vacíos de los libros.
- Pues yo debo ir a una reunión con unos compañeros de la clase de Ecología. - Comentó con cierta pena Himawari, al volver el rostro hacia él. Había notado que este quería estar más tiempo en su presencia.
- ¿Doumeki? - musitó casi entre dientes una. Pareció más un suspiro de cansancio.
El oído de Watanuki parecía el de algún Animal porque captó el nombre como si se lo hubieran gritado.
- Nos vemos luego, Watanuki-kun - se despidió grácilmente la morena.
- Ve con cuidado, Himawari-chan.
No pudo disimular mucho. Le había intrigado aquella conversación.
- Oye pero a mí no me interesa él.
- Pues a mí sí y aparte, es bien difícil. Si él cae, pues cualquier otro será fácil.
- Ah...Tienes razón.
Los ojos de Watanuki se dirigieron con todo descaro hacia las chicas y lo que vio, abrazó su cuerpo en escalofríos.
Un objeto pequeño, en madera, bronce y plata con símbolos tallados. Había sido elaborado sin duda a mano y fundido las partes metálicas con fuego. Las incrustaciones de madera eran pequeñas y formaban más símbolos discordes alrededor de un medio arco. Un objeto maligno con un aura enérgica, atrayente pero perversa. Corrupta.
Y, como si presenciara la evolución del hombre humano desde que era solo partículas de materia, Watanuki, mientras las jovencitas se alejaban tapando a toda costa el colgante, entendió que aquello no es más que un objeto para "pisar" a Doumeki.
No bien llego a la tienda corriendo como un desquiciado, Contó a la bruja atropelladamente todo lo que había visto y oído. La altiva mujer, por su parte, mostraba una mirada casi vacía.
A Watanuki le daba la impresión de que Yuuko se desconectaba del mundo de manera misteriosa y aterradora.
- Pero ese objeto, creado a mano y quizás con símbolos erróneos o inventados, no puede servir para nada, ¿verdad? - era la tercera vez que Watanuki exponía una interrogante de ese tipo, buscando la aprobación o desaprobación de Yuuko.
Con una elegancia natural que solo hacia acopio de ella cada ciertos momentos, la misteriosa bruja se tumbó en su viejo sofá. Parecía un maniquí tirado de manera brusca.
- Si esas niñas tienen fé en ese objeto, creen que sirve para Atraer -o mejor dicho pisar- a un hombre...Si creen fiel y ciegamente en que ese objeto tiene ese poder; me temo que ese colgante podría ser un pedazo de queso mohoso y tendría el mismo poder que un colgante maldito egipcio para atraer a todo ser de sexo masculino o femenino que al dueño se le antoje.
- Pero, ¿cómo puede ser posible una cosa así? - Watanuki no podía creer que fuera verdad aquello. Maru y Moro estaban situadas detrás de él sin perder detalle.
- Es simple: Han puesto sus energías, fe, visión, positivismo y espíritu de ocultismo en ese objeto que crearon. Le han dado un significado y misión. - Yuuko se recostó del costado izquierdo, apoyo el brazo del sofá y alzando la cabeza apoyó esta de su mano, colocada en su mentón. - Es peligroso. - sentenció.
Watanuki se serenó como si Yuuko le hubiera acariciado y consolado. Lo peor había pasado: "Es peligroso". Le pasaban dos planes inmediatos por la cabeza. El plan uno lo descartó por ser impensable y grosero; pero el dos le pareció lo más lógico a falta del uno y en consecuencia de él ser un ser civilizado y en una sociedad con reglas.
- Iré a hablar con Doumeki esta noche.
Silencio fue la respuesta que obtuvo.
- ¡ Bien ! Buena suerte Watanuki y traernos comida del puesto del zorro cuando regreses. - gritó Yuuko extremadamente feliz y despreocupada, luego de un momento. Sus mejillas estaban adornadas con un rubor tenue.
- ¡ Eres increíble! Pensando en comida en un momento como este.
- Ah...bueno, entonces ¿nos traerás mas sake? - La inocencia con que lo dijo le pareció un descaro a Watanuki.
Maru y Moro siempre son del agrado de Watanuki pero cuando estas comienzan a corear en dúo lo dicho por Yuuko, Watanuki cambia bruscamente de parecer.
Aquella noche, luego de llenar el apetito y sed enfermiza y glotonescos de Yuuko y su enorme bola negra con ojos (Mokona); Watanuki se cambió la camisa de la escuela por una camiseta azul clara con los bordes azules oscuros. Corrió a la cocina y tomó la cena que pretendía llevarle a Doumeki. Aquello era casi una ofrenda a ver si la conversación entre ambos podía ser fructífera.
- Ve con cuidado. - le dijo Yuuko, recargada de la puerta corrediza de la tienda con una porción de sake en las manos.
- Regresaré pronto.
Una vez alejado Watanuki, Yuuko volvió a ocupar el sofá color vino con figuras chinas estampadas. Mokona, dando saltos llegó hasta la mesita enfrente de ella y le entregó un tablero. Un tablero compuesto por un cuadrado ladeado y un círculo encima. En cada esquina del tablero estaba escrito en chino el nombre de cada uno de los 4 elementos de la naturaleza.
La bruja se inclino sobre el tablero, se arregló las mangas de su Yukata dejando a la vista sus delgados y pálidos brazos, y puso ambas manos sobre el centro del tablero chino. Murmuró unas palabras como si fueran un cántico triste y antiguo. Lo hacía como si fuera algo tan natural como rezar el avemaría. Luces de colores, sonidos como rasguños y susurros llenaron el especio entre yuuko y el tablero. Luces desde las cuatro esquinas del tablero se reunían en el centro luego de deslizarse hasta este, trazando una especie de X al hacerlo.
Tan de repente como comenzó aquello, una luz nítida salió expulsada desde el centro del tablero hacia arriba. Luego se fue moviendo al sureste, marcando claramente una dirección.
- Ya veo. Aunque ya sé dónde está el amuleto y que está siendo utilizado ahora mismo en un ritual muy pobre e insignificante; me parece que no hace falta que intervengamos - Corroboró Yuuko ante lo visto en el tablero mientras se enderezaba en el sofá. - Llévalo a la habitación de los objetos, Mokona.
Mokona tomó ágilmente el tablero y se lo llevó lejos de Yuuko, dando saltos.
Watanuki se sintió aliviado al llegar frente a al templo de Doumeki. Los espíritus que lo habían acosado se habían alejado. Fueron pocos, para variar.
Miró su reloj y vio satisfactoriamente que aun era joven la noche pero en ese momento unos sentimientos de arrepentimiento, molestia y ansiedad comenzaron a invadirlo. Tener que visitar a Doumeki de noche estaba fuera de sus ideas y actividades positivas o de placer.
Haciendo acopio de sus fuerzas y seriedad, se adentró por los terrenos del templo iluminados tenuemente por lámparas delgadas y negras de un estilo occidental muy marcadas. Eran escasas pero las suficientes para iluminar el tramo hasta la casa de Doumeki.
Cuando estuvo frente a los escalones de madera que daban hacia las puertas corredizas de la vivienda, se detuvo.
- ¡ Buenas noches ! - Dijo en voz alta y con cierto bochorno.
Su imaginación parecía estarle jugando una broma porque escuchó un ruido extraño a su derecha donde habían unos matorrales no muy lejos. Se atemorizó.
- Doumeki-kun, Necesito hablarte! - se atrevió a gritar. Realmente parecía necesitado para cualquiera que lo oyese. Mas ruidos comenzaron a formar un coro a su alrededor. Comenzó a temblar.
Como por milagro, las puertas corredizas se abrieron y un camino de luz amarillenta cayó arrojada sobre el suelo y sobre él mismo, proveniente de dentro. La figura alta y tosca de su amigo se vislumbraba perfectamente.
- ¿qué haces aquí?
- ¡Eres un indecente! ¿Cómo te atreves a preguntarme en ese tono qué hago aquí? La gente normal dice " buenas noches" o "pase adelante".
- Pero tú no eres una persona normal - apuntó Doumeki con sinceridad.
- ¡Hablaba de ti ! y ya sé que no soy normal, Gracias !
Bufando pero agradecido de poder meterse dentro de la calidad habitación, Watanuki se escurrió por el lado izquierdo de Doumeki el cual aun tenía un brazo puesto sobre la puerta corrediza.
- Vaya desastre. - murmuró Watanuki desde que entró.
Había una mesita portable de comida en un lado de la habitación con unos platos vacíos y sucios. En el centro y frente a las sentaderas que debió ocupar Doumeki cuando él llego, estaba un libro tirado con una taza de té derramado y un platillo roto. ¿Pasó todo eso cuando él llego? Debió estar muy asustado para no percatarse de nada más que los sonidos de fuera. De pronto se imaginó a Doumeki sufrir de su ataque de inmovilidad y causar de ello que se le callera la taza con todo y platillo sobre el libro que veía y...
- Iré a buscar con qué limpiarlo. - comunicó Doumeki pasando rápidamente por su lado.
Se perdió por un pasillo que conectaba desde el lado izquierdo de la habitación. Watanuki puso la cena que llevaba sobre la mesita donde estaban los platos sucios.
Doumeki regresó y rápidamente limpió todo. Se llevó los platos sucios y trajo unos cojines para Watanuki. Una vez ambos instalados frente a frente, comenzó la conversación, de manera amistosa.
- ¿me trajiste croquetas de pescado? - preguntó Doumeki sin más.
- ¡ No !
- Esta bien pero no grites. Entonces, ¿es Sushi en salsa agridulce?
- ¡ Diablos ! si tienes tanta hambre solo comete lo que te traje. Total, te comes todo lo que encuentras.
- De hecho, he estado a dieta. - confesó el moreno mientras tomaba entre sus grandes y fuertes manos el Obento.
Y entonces una imagen se formó en la mente de Watanuki: Doumeki negándose a probar cualquier comida que no fuera la suya y haber pasado una terrible semana sin probar nada hecho por sus manos.
Tremenda idiotez cayendo en picada sobre lo bizarro y absurdo. Eliminó esa imagen de su mente de inmediato.
- ¡No comas como un animal! - gritó de repente Watanuki señalándolo con un dedo- te riegas la comida por todas partes.
- No es mi intensión.
Los ojos azulosos de Watanuki miraron con aprensión la muñeca derecha de Doumeki que temblaba con cierta violencia.
- Esos temblores ya me están cansando. - gruñó el de gafas cruzándose de brazos.
- Bienvenido al Club.
- Tienes un club de fans para tus espasmos y temblores??
- ...No, solo es un decir.
- ...
- Idiota.
- Me vuelves a decir Idiota y te mataré - gritó Watanuki dando un manotazo sobre la mesa que estaba entre ambos.
- Grrww...
- Oh Dios santo, ¿qué fue ese Sonido Gutural? !Eres un animal en verdad!
Doumeki alejó el obento vació de si y lo puso sobre la mesa. De inmediato tomó el vaso con jugo dispuesto allí mismo y se lo llevo a los labios. Dio dos grandes sorbos que arrancó mas exclamaciones y gritos departe de Watanuki. Luego, mucho más tenso que antes dejo el vaso sobre la mesa y clavó sus pequeños ojos allí.
Watanuki notó que el moreno era presa de quizás la más grave de sus parálisis pero algo le sobresaltó y alarmó. Doumeki tenía una compleja mueca en la boca que si se miraba con detenimiento era una sonrisa. Una sonrisa ligera que rayaba en lo triste. Aun así pareció sincera.
- Al menos has recuperado el habla - comentó Watanuki viéndole de reojo.
- Hm...- Doumeki miró a un lado - Sí.
- Maldición, ¿la estás perdiendo de nuevo? ¿Es por mi? - Aquello no podía tolerarlo - Quizás si me alejo de ti podrías...
- ¿a qué has venido? - inquirió sin más Doumeki.
Watanuki llenó de aire sus pulmones. Por un momento había olvidado el motivo de la visita. El mismo arrebato que sintió en la tienda cuando le contó a Yuuko lo que vio y escucho, lo embargó. Y habló torpemente, haciendo muchos ademanes, gritando un poco y mostrando un terror infantil ante lo que contaba. Doumeki le escucho sin mover ni un dedo. Watanuki se espantó cuando terminó de hablar pensando que por fin su amigo se había quedado totalmente inmóvil, pero no. Doumeki extendió su mano derecha con la cual tomó más jugo y bebió.
- Ya veo - Dijo luego de saborearse los labios.
- "¿ya veo?". ¿Unas niñas te están haciendo brujería ahora mismo y dices "ya veo"?
- ¿qué quieres que haga?
Watanuki se maldijo dentro de sí. Se sentía estúpido por sentirse más preocupado que el afectado.
- Olvídalo. Me voy - Dijo Watanuki poniéndose en pie con una rapidez alarmante.
- Watanuki, Ya tú has impedido que esa brujería me afecte. Claro, la posibilidad de que me afectara siempre fue escasa, en mi caso.
Watanuki se ponía los zapatos con cierta torpeza cuando él dijo esas palabras. Lentamente se giró para mirarlo. Él continúo diciendo:
- Yo no creo en brujerías de este tipo. Ellas tienen fé en su "producto" y yo tengo fe en lo que soy y lo que sé. ¿Entiendes? No me pasaría nada porque no lo creo posible. No me creo vulnerable a algo tan chabacano como eso.
Ambos se quedaron viendo. Doumeki con decisión y seriedad mientras que Watanuki estaba con un semblante que mostraba perplejidad.
¿Eso era todo? ¿Esa brujería no tendría efecto solo porque Doumeki tenía fe en sí mismo y en que aquello no daría resultado?
Tenía sentido, dado lo dicho por Yuuko en la tienda. Entonces se sintió ridículo.
- Ya veo. Tienes razón - Admitió Watanuki volviendo a sentarse como hacía unos minutos. - Igual sería bueno estar atentos.
Doumeki asintió ligeramente.
Pasaron unos incómodos 4 minutos en un silencio cruel.
- Es tarde. Debo pasar por el puesto del zorro. - dijo Watanuki - Yuuko debe estar muriéndose sin poder beberse sus habituales dos litros de licor.
Doumeki y él salieron a la fresca noche. Ya en la salida del templo, ambos volvieron a mirarse con seriedad. Otra vez ese abismo que se había formado entre ambos desde que Watanuki estuvo al borde de la muerte, volvió a alzarse.
-Buenas noches Doumeki-kun - se despidió sin más Watanuki.
- Buenas noches. Saludos de mi parte a la bruja.
Watanuki comenzó a caminar alejándose. Sentía un cosquilleo en los nudillos mientras caminaba y cada vez mas indecisión en sus pasos. Por fin se detuvo y volvió en sus pasos. Llegó frente a Doumeki.
- Mañana en la tarde no tienes nada que hacer – dijo el de gafas.
- Eso no parece ser una pregunta…
- Vendré a visitarte y no me iré de aquí hasta que resolvamos esta ridiculez de los temblores o me digas directamente qué diablos pasa.
Doumeki no mudó su expresión. Watanuki por su parte se había expresado de manera resuelta y seria.
- No pienso quedarme de brazos cruzados viendo como unas ataduras se interponen entre nosotros y afectan tu salud. Más aun si es por mi accidente. Nos vemos mañana en la tarde.
- No creo que te reciba ya que no tengo nada que…
- Nos vemos mañana. – sentenció Watanuki mientras se alejaba en la oscuridad.
Doumeki se quedo parado allí por largo rato. Su primer movimiento, luego de aquella conversación, fue pasarse el dorso de la mano por ambos ojos y luego por el cabello. Se giró en los talones y regresó dentro de su vivienda pensando que al día siguiente todo podría empeorar o finalizar.
Continuará
Agradezco los reviews que he recibido y pido disculpas por la tardanza. Por fin ya ando de vacaciones y en el transcurso de la próxima semana tendré el final listo. Espero sus comentarios ansiosamente y que este nuevo capítulo sea de su entero agrado.