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Capítulo 3: “Mascarada bajo la luz de la luna”
Iori Yamato era uno de los miembros más poderosos de las “familias” que dominaban los bajos mundos de Japón. Una sola palabra, un simple gesto de su parten eran suficiente para mandar a una persona a la gloria… o al mismo infierno. Nadie le cuestionaba, nadie con excepción de aquel gordo, sucio y excéntrico tipo llamado Genma Saotome
El y su “familia” vivían hacinados en las afueras de la bella Nerima, en una vieja prisión que tenía ya medio siglo de estar abandonada, simplemente no podía entender como alguien encontraba placentero un lugar como ese, tampoco podía entender en que momento terminó involucrado con una alimaña semejante.
La limosina de Yamato se detuvo frente al desvencijado edificio. Solo un par de muchachos parecían estar de guardia. Uno de ellos miraba el cielo con aire ausente mientras el otro parecía mas bien aburrido, ninguno de los dos llevaban armas a la vista, pero eso no era una prueba de que no las usaran.
El señor Iori bajó de su vehiculo, seguido por dos guardaespaldas de recién ingreso. Dos antiguos militares que tenían algunos cadáveres en su haber, la clase de persona que no parpadeaba a la hora de usar un arma.
–Mis queridos muchachos –Iori Yamato los saludó cordialmente, tenía la costumbre de recordar el nombre de todos los subalternos de sus socios- Hiroshi y Daizuke ¿Cómo les pinta el día?
–Sea bienvenido, Yamato-sama –Dijo Daizuke levantándose y haciéndole una reverencia- Genma-sama lo esta esperando en el lugar de siempre.
–El señor Iori esta usando una colonia nueva… me gustan las colonias nuevas... –Hiroshi permanecía sentado en el suelo con la vista perdida.
–Ha de disculparlo Yamato-sama –Se apresuró a decir Daizuke- Pero desde que tiene esa bala en la cabeza, suele portarse un poco extraño.
“Debería de portarse como un muerto” Iori conocía la gravedad de esa herida y le sorprendía que alguien hubiera sobrevivido a eso. Haciéndoles una señal a sus guardias, entró al lugar.
Las celdas y cabinas de guardia habían sido ocupadas por familias enteras, fácilmente habría unas treinta personas en el lugar, niños, mujeres y hombres. Todos pertenecientes al llamado “Clan Saotome” la gran mayoría de ellos eran apenas unos adolescentes. Genma Saotome y su esposa Nodoka eran los únicos con apariencia de adultos… Aunque su comportamiento algunas veces dejaba en duda su “madurez” según iban avanzando, los habitantes del lugar les dedicaban una mirada, algunos perdían el interés de inmediato y otros sonreían con beneplácito, como si vieran a una res entrando al matadero. Los guardias del señor Yamato lo notaron, nerviosos ponían las manos cerca de las pistoleras.
Al llegar a la antigua oficina del alcalde, escucharon gritos y gemidos. Sonidos cargados de lujuria, Iori se quedo momentáneamente desconcertado, los guardias se miraron entres si mientras las exclamaciones de placer llegaban aun inevitable y escandaloso final. Tras un instante de silencio, la puerta se abrió. La persona que salió de ahí era Nodoka Saotome, pese a ser ya una mujer madura, conservaba una línea juvenil de pechos firmes y caderas sinuosas, llevaba el pelo largo y en desorden, sus ojos castaños brillaban con satisfacción y cubría su cuerpo con un viejo kimono que, al no estar bien puesto, revelaba parte de sus pechos y piernas, más allá de lo que se consideraría decente; pero ella no parecía muy preocupada al respecto.
–Buenos días, Iori-san –Dijo mientras se acomodaba su ropa- Mi esposo esta listo para atenderlo
“Y yo podría atenderla a usted el día que quisiera” Pensó Iori sin externar esa idea; le dio un breve saludo a la mujer que se alejaba y después entró a la oficina donde lo esperaban.
Genma era un hombre enorme, fácilmente llegaba al metro ochenta y pesaría poco mas de ciento cincuenta kilos, vestido con un sucio traje de karate y una pañoleta que cubría su cabeza. Estaba sentado detrás de un escritorio y fumaba tranquilamente un gigantesco puro.
–Que bueno que viniste, Iori –Señaló tres sillas delante de el- Por favor tome asiento, tú y tus acompañantes.
Yamato se sintió ofendido ante la asquerosa familiaridad con que lo trataban pero solo asintió con la cabeza mientras uno de sus guardias le acomodaba una silla.
–No es costumbre de usted hacer citas tan temprano, Genma-san –Iori trató de ponerse a la altura de las circunstancias- ¿A que se debe esta reunión mañanera?
–Primero asegurarme que aún podías ver la luz del día –Genma le dio una larga chupada a su cigarro antes de continuar- Y después para preguntarte que estaban haciendo Nabiki y Shinnosuke Tendo en tu casa.
Hubo un instante de tenso silencio en la habitación.
–¿Tengo qué suponer que me ha estado espiando, Genma-san?
–Tsk, tsk –Genma hizo la seña de “no” con el dedo- No desvíes el tema ¿Qué hacían los Tendo en tu casa?
–Ellos llegaron de improviso….
-Y los invitaste a entrar.
–Sería una descortesía dejarlos afuera –Iori no entendía que estaba buscando aquel hombre.
–Lo hecho, hecho esta –Genma suspiró y se levanto con pereza de su asiento- Lo que me interesa saber es que querían de ti… Y sobretodo si tiene algo que ver conmigo.
–Usted no es tan importante, Genma-san. Los Tendo tienen mejores cosas que hacer que preguntar por un rufián de su calaña… Sin ofender.
–No me ofende que me llamen rufián, Iori –Genma apagó con cuidado su puro- Lo que me molestan son las mentiras… ¿No piensan así, hijos míos?
–No se puede entrar a una casa y mentir tan descaradamente.
–Eso es bajo para alguien de su categoría, Iori-sama.
Los dos guardaespaldas y el señor Yamato brincaron. Cerca de ellos estaban dos chicos, uno vestido con un pantalón negro de cuero y camisa roja, con el cabello negro atado en una apretada coleta, el otro llevaba pantalones café oscuro y una camisa amarilla. Eran Ranma Saotome y Ryoga Hibiki, el hijo y el discípulo de Genma ¿Cómo habían entrado sin que los escucharan?
-Nabiki Tendo nunca hace visitas de cortesía, a nadie –El tono de voz de Genma se volvió frío como el hielo- Por el bien de nuestra sociedad le sugeriría que hablara ahora Iori.
-Por el bien de nuestra sociedad… -Iori pensó que eso ya era demasiado- Usted no debería de ser tan familiar conmigo y sobretodo no debería de meterse en mis asuntos.
El señor Yamato hizo una señal, apenas un leve movimiento con los dedos, pero sus hombres entendieron de inmediato y en un parpadeó desenfundaron sus armas, Genma Saotome iba a aprender de la mala manera que nadie se metía con los Yamato.
Ranma y Ryoga fueron más rápidos. El hijo de Genma sujeto la mano de uno de los guardias y se la dobló en un ángulo imposible, el hombre lanzó un gemido de dolor que se cortó cuando recibió un puñetazo en la boca del estomago y quedó sin aire. Ryoga sujeto a su hombre por el cuello y después con la otra mano le giró la cabeza como si destapara un frasco de mermelada.
Genma saltó sobre el escritorio con la gracia de una pluma, quedó a pocos centímetros de un aterrado Yamato que apenas estaba procesándolo que acababa de ocurrir.
-No juegue conmigo Iori –La voz de Genma se había tornado grutal, salvaje- Usted esta vivo única y exclusivamente porque ese es mi deseo, será mejor que hable si quiere continuar en ese estado.
-Nabiki Tendo está interesada en saber como llegar a usted –Iori hablaba rápido, casi sin pensar- me ofreció una cantidad considerable si podía darle toda la información que pudiera del lugar donde viven. No se cual sea su problema con ellos pero sin duda están enfadados…
Genma se irguió y con una señal, hizo que los dos muchachos se relajaran.
-Es una pelea personal… Se supone que “el ganado” no debe inmiscuirse. Váyase Iori. Si Nabiki Tendo o cualquiera de ellos regresa a su casa simplemente déles lo que quieren. No mencione que habló conmigo.
Iori se quedó perplejo, Ranma y Ryoga intercambiaron una mirada de extrañeza. Genma parecía no tener ganas de explicarse, simplemente se dio la vuelta y volvió a sentarse en su silla. Ranma levantó al guardia que había golpeado mientras Iori miraba el cadáver de su otro empleado ¿Cómo un chico de dieciséis años le había hecho eso a un hombre que le doblaba en tamaño?
-Nos encargaremos del cuerpo –Genma le daba la espalda, había vuelto a encender el puro- Usted ya sabe que hacer Iori… Nos veremos.
Yamato Iori, el hombre más poderoso de todas las “familias” de Japón, era al final un simple títere en una obra aún más grande.
Los baños comunales de la prisión estaban vacíos a esa hora, Ukyo Kounji no se molestaba en realidad de compartir el baño, pero también eran agradables esos momentos en que se podía sentir como un ser independiente de la manada.
Mientras se enjabonaba pensaba en el aroma que Ranma había llevado encima. No era cosa del otro mundo que el hijo de Genma tuviera “devaneos” con algunas hembras, eso no le molestaba a ella, al final la mayoría eran un juego antes de ser parte del menú. Solo que… Aquel aroma, algo había de diferente, era ajeno a “Ranchan” y al mismo tiempo parecía tan natural en el; eso la tenía molesta…. Entonces notó que alguien la estaba observando, casi podía sentir la lujuria emanando de aquella mirada, no era ninguno de los miembros del clan. El agua caliente y el jabón minimizaban su sentido del olfato pero aun así detectaba el particular aroma de su acechador. En un movimiento centelleante arrojó el jabón a donde provenía el desagradable aroma, no apuntó pero escuchó como su proyectil daba en el blanco.
Tirado cerca de la entrada estaba un pequeñazo vestido con harapos cafés y grises, aunque en una segunda vista, las partes grises eran pelo que cubría su cuerpo, estaba calvo y sus pequeños ojos tenían lagrimas, se sujetaba la cabeza ahí donde el jabón lo había golpeado.
-Happosai –Gruñó Ukyo mientras le mostraba los colmillos- Pequeña rata repugnante.
El aludido sólo pudo soltar un chillido, en realidad había pocas posibilidades de salir entero de esa.
Ranma y Ryoga salieron de la celda que la familia de Hiroshi ocupaba, la pareja del muchacho los miró con resentimiento, pero los niños saltaron al ver el cuerpo del guardia de Iori. Era carne fresca, la primera en varios días.
-La mujer de Hiroshi aún no me perdona –Murmuró Ryoga
-Jamás debieron salir a cazar reses cerca del rastro municipal –Dijo Ranma en el mismo tono- Tenemos nuestros propios animales cuando es necesario. Fue algo muy estúpido.
Ryoga prefirió no responder, era incomodo darle la razón a su “hermano” mayor.
En ese momento se quedaron paralizados. Ukyo caminaba hacía ellos, tapada tan solo con una pequeña toalla de mano y chorreando agua, la visión hubiera sido perfecta de no ser porque reconocieron al extraño bulto que llevaba en sus manos: Happosai, el “rey” de los vermines.
-Vamos a mi cuarto –Dijo ella pasando entre los pasmados muchachos- Ahora.
-Bajo otras circunstancias hubiera brincado de alegría… -Murmuró Ryoga.
-¡¡OÍ ESO!!
Ryoga solo gimió como cachorro asustado.
Happosai fue arrojado sin más ceremonia contra la pared de una vieja celda. Las miradas de odio de los tres muchachos no presagiaban un buen desenlace.
-Deben de dejarme ir… Yo soy el rey de los vermines, merezco un trato mejor.
-Eres un fisgón que apesta a comida –Ukyo dio un paso adelante- Tan solo un pequeño bocado antes de la cena.
Ryoga y Ranma tan sólo se cruzaron de brazos; el pequeño hombre-rata comenzó a lloriquear.
-¿Porqué nunca respetan nuestro pacto? Solo soy una pobre criaturita que busca algo de amor y… comida.
-Eso me recuerda –Ranma le lanzó una mirada bastante pesada- Tú y tu gente nos robaron la cena de anoche.
-¡¡Lo qué ustedes abandonan, nosotros lo tomamos!!
Ryoga gruño amenazante y Happosai retrocedió asustado, no había mucho lugar para esconderse.
-Puedo darles información –El enano buscaba la manera de salvar su pellejo- Escuche cosas… cosas que les pueden interesar.
Ukyo meneó la cabeza, Ryoga resopló divertido. Pero Ranma parecía interesado.
-Habla. Y más te vale que de verdad sea interesante.
-Los Tendo… Ellos van a hacer una unión, un pacto. Llamarán al viejo clan de la bahía…
-¿Los Kuno? –Ryoga recordaba aquella batalla donde perdiera a sus padres- ¿Qué pretendes esos medio muertos?
-Se vuelven débiles con el tiempo, necesitan más poder… Los Kuno ofrecen una alianza que podría ser benéfica para ambas partes.
-Eso puede ser muy peligroso para nosotros –Ukyo comprendió la gravedad de la situación, después miró al viejo enano con otra idea- ¿Cuándo pensabas decirnos eso, rata calva e inmunda?
-Los vermines solo servimos a nosotros mismos –Happosai tomó finalmente una pose mas digna- Comemos lo que ustedes no quieren que se vea, no hay pactos ni alianzas entre nadie… Solo estoy buscando la salida de esto para volver con mi gente.
-¿Cuándo celebrarán esta alianza? –Preguntó Ranma.
-Esta noche, la familia Tendo celebrará una fiesta de disfraces y muchas personas irán, algunos como testigos… otros en calidad de comida, mascaras y charadas para una ocasión especial.
-Una fiesta de disfraces –ranma parecía ensimismado.
-Tenemos que avisarle a padre –Ukyo estaba un poco nerviosa- Tal vez sea momento de prepararnos para la pelea.
“Ella estará ahí, en esa casa”
-Es muy precipitado “Ucchan” –Opinó Ryoga- Es mejor averiguar de que se trata…
“Hay una oportunidad de volverla a ver… de volverla a tocar”
-Informémosle a padre, entonces –Ukyo decidió ignorar al enano fisgón y comenzó a salir de la celda, cuando notó la mirada en ranma, la clase de mirada que anunciaba alguna idea muy arriesgada.
-¿Ranchan?
-Iremos a esa fiesta –Dijo el aludido finalmente- Y averiguaremos que pasa de primera mano.
-¡Y un cuerno, compadre! –Ryoga casi saltó al oír eso- No iremos a la cueva del lobo… vampiro… ¡Tú me entiendes!
-Entiendo que tienes miedo… pero lo comprendo –Ranma se dio la vuelta mientras sonreía, sabía cual iba a ser la siguiente reacción.
-Yo no le temo a nada –Ryoga casi gruño- Si quieres vamos, pero no seré yo el que salve tu pellejo.
Ukyo los miró a los dos y meneando la cabeza le dio una palmada a Ranma.
-Quiero un vestido bonito. Si voy a ir con ustedes, que sea con clase.
-¿Quién dijo que tu irías? –Ranma le quito la mano de su hombro.
-Si no quieres que papá Genma se entere yo iré.
La determinación de la chica hizo que los dos muchachos se lanzaran una mirada de resignación.
-Nunca pensamos irnos sin ti Ukyo-chan –Dijo Ryoga abrazándola.
Ranma no dijo nada más. Su mente estaba ocupada en otra cosa.
El atardecer comenzó a pintar de rojos el cielo, el sol agonizante se ocultaba entre los edificios de la bella Nerima y poco a poco las escasas estrellas aparecieron en el cielo, en un inútil intento de rivalizar con las rutilantes luces de la ciudad.
Akane veía la ciudad desde el balcón de su cuarto. También podía ver la larga hilera de automóviles que se dirigían a los jardines de la mansión Tendo.
“En verdad los humanos me dan pena” Pensó mientras cerraba las puertas de su balcón “Por lo menos dos o tres de ellos nunca regresarán a su casa”
Se detuvo frente al espejo y sonrió. Contrario a lo que muchos humanos creían, ellos si se podían ver en las lunas, siempre y cuando no estuvieran hechas de plata, aquel material reflejaba un poco de su verdadero ser. Por fortuna la plata ya no era un material de uso común. Así que nadie podía descubrirlos.
Llevaba un ligero vestido de algodón blanco, unas curiosas alas de ángel y una corona dorada. Un disfraz que a su opinión muy personal era demasiado irónico. Unos leves golpes en la puerta llamaron su atención.
-Adelante
Una chica ya mayor entró a la habitación. No parecía tener mas de veinte años, su rostro era ovalado y de facciones suaves, similar al de Akane pero con una apariencia mas refinada… Y triste.
-¡Kasumi-chan! –Exclamó la menor de los tendo mientras abrazaba a la recién llegada- Me alegra ver que saliste de tu habitación.
-Padre insistió en que tenía que estar presente –La voz de la chica era afectada, hablaba en pequeños susurros evitando ver a su interlocutor- No me siento con ánimos… pero es por la familia.
Akane acarició el pelo de su hermana mayor sin decir nada más; no podía entender del todo el dolor de ella pero sabía que era más de lo que alguien debía de llevar solo.
–Es una mascarada… –Dijo Akane refiriéndose a la fiesta– Esta noche fingiremos que somos felices…
–¿Acaso algo te entristece, mi pequeña hermana?
–No… sólo, sólo que no se que sentir –Fue la honesta respuesta de la muchacha.
Kasumi dibujó una escueta sonrisa en su rostro y se retiró de la habitación. Akane comprobó una vez más su apariencia y salió también, dispuesta a dar lo mejor de si esa noche.
Todos los invitados a la fastuosa mansión iban ataviados con vistosos disfraces y mascaras coloridas. Arlequines, brujas, damas victorianas, bravos guerreros samurai. Y tres extraños personajes con mascaras de lobos.
–Eres un reverendo idiota, Ryoga-kun –Murmuró Ukyo mientras avanzaba entre la multitud.
–El disfraz es perfecto –Ryoga sonreía bajo su mascara y saludaba como si fuera una persona muy importante- ¿Qué vampiro en su sano juicio va a creer que los lobos viene disfrazados de lobos?
–En otras palabras: Eres un reverendo idiota Ryoga-kun –Repitió Ranma mientras notaba a dos “cazadores” montando guardia en la entrada del lugar- Además estamos tratando con “ventrues” y “malkavians” ¿Quién te dice que están en su sano juicio?
Ryoga bajó la cabeza y casi comenzó a maldecir. Pero la presencia de los “cazadores” le detuvo. Los estaban viendo muy fijamente, aunque sólo fue hasta que una lujosa limosina se detuvo frente al portón principal.
Del interior bajó un muchacho de oscuros cabellos y un porte digno de cualquier príncipe. Miraba con indulgencia a su alrededor. El elaborado disfraz de samurai que llevaba se veía costoso y la espada… demasiado real.
–Ese debe de ser Tatewaki Kuno –Murmuró Ukyo- casi puedo oler la muerte en él…
Ranma lo miró y sin saber porque sintió un odio profundo hacia esa persona. Tatewaki se quedó quieto un instante al sentir una mirada hostil hacia su persona, giró en redondo para sorprender al agresor pero solo miró la multitud de pintorescos personajes a su alrededor.
–Fascinante situación –Pensó Tatewaki en voz alta- parece que esta reunión va a ser más divertida de lo que se esperaba…
Con un majestuoso movimiento entró a la mansión, seguido de un sequito de admiradores y de tres curiosos personajes con mascaras de lobo que rezaban por no llamar la atención.
CONTINUARA…
Notas del autor:
Primero que nada tengo que aclarar que los términos vampiricos: Ventrue y Malkavian, pertenecen al juego de rol “Vampiros: La mascarada” y que no me pertenecen. Solo los tomó como referencia.
Pues tercer capítulo al fin. Mi vida de escritor esta llena de los típicos: “Siento llegar tarde, etc. etc.” Espero poder darles lo más pronto posible la siguiente parte y estén al pendiente. Gracias a todos por sus reviews y lecturas.
Próximo: Capitulo cuatro “Cacería en un salón de baile”