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: B s . A A A    : full 3/4 1/2   : E E   : Light Dark Anime/Manga » Fruits Basket » Dependencia Negada

Kea Langrey
Author of 54 Stories

Rated: T - Spanish - Romance/Drama - Hatsuharu S. & Kyou S. - Reviews: 4 - Published: 06-29-08 - id:4359170

Otro más para ti. Te amo.

Título: Dependencia Negada.

Autora: Kea Langrey.

Serie: Fruit Basket 1/2.

Genero/Clasificación: Romance, ligero Drama, ¿NC-17? PG-13, por el momento.

Previo: Ambos creían que no era una relación en la que debieran involucrar sus sentimientos. Pero fue inevitable y ahora… tendrán que afrontar las consecuencias.

Capítulo Uno.

Sintió como aquellos dedos se cerraban fuertemente sobre el cuello de su camisa, instintivamente llevó sus manos hasta las muñecas de aquellos brazos opresores y las presionó con fuerza, tratando de hacer que lo soltara.

—Suéltame. —siseó, mirándolo con sus ojos oscuros. El otro dibujó una sonrisa de lado, dejando entrever sus perlados dientes. Un brillo malicioso refulgió en sus ojos grises y lo empujó con fuerza, hasta estrellarlo contra una de las paredes del comedor. —¡Suéltame, maldita sea!

—Kyo, Kyo, Kyo… —canturreó. Presionó con más fuerza y fue dolorosamente real para Kyo, que se había vuelto más fuerte de lo que le gustaría admitir. —Ya sabes que no deberías buscarme… a mí no me molesta, pero a ti, por el contrario… —acercó su rostro, musitando algo cerca de su oído que ninguno de los otros alumnos pudo escuchar.

Pero a juzgar por el enrojecido rostro del pelirrojo, era algo que seguramente lo había hecho enfadar. Un golpe en la entrepierna y un jadeo que evidenciaba dolor fue lo único que llegó a concretarse. La mirada furiosa del profesor de educación física los había hecho detenerse a medio camino de una rabiosa pelea que sólo terminaría con ambos tirados en el piso, jadeantes.

Fue así como terminaron, ambos, encerrados en el salón de castigos, siendo vigilados por una mujer de mirada dura, que ocasionalmente se levantaba para mirar por la ventana mientras ellos escribían en una de sus libretas algo como “No debo pelear a la hora del almuerzo.” Debieran de haber sido mil veces, pero la estúpida pregunta de Hatsuharu había hecho enfadar a la mujer.

Entonces, ¿en hora de clases podemos?”.

Estúpido. Mil veces estúpido.

Insultaba mentalmente Kyo, mientras su mano, ya acalambrada, escribía por pura inercia la frase que estaba escrita sobre la pizarra. Giró entonces su rostro, alcanzando a ver como Hatsuharu parecía más tranquilo.

Escribía con tranquilidad sobre su libreta, lanzando algunos bostezos en ocasiones. Entonces su cabeza se movió, lo suficiente para que sus ojos se posaran en los suyos, haciendo que su corazón golpeara con fuerza contra su pecho.

—¿Terminaron? —se escuchó la voz de la mujer, mientras se acercaba a ellos y miraba las notas de ambos. Entrecerró los párpados y caminó de regreso al escritorio. —Souma Kyo de segundo año y Souma Hatsuharu de primero. —recitó la mujer. —Por esta vez los dejaré marcharse sin haber terminado su castigo. Pero si regresan aquí en menos de una semana, no seré tan benevolente la siguiente vez.

Hatsuharu sonrió e hizo una ligera reverencia, mientras sonreía con aquella cara de idiota que Kyo tanto odiaba. Kyo por su parte se limitó a agradecer con un asentimiento de cabeza y luego de tomar sus cosas, salió con paso apresurado del salón.

Se encaminó hasta el sanitario, agradeciendo mentalmente que no hubiese nadie en el pasillo. Entró, empujando la puerta abatible y se detuvo frente al lavamanos, apoyando ambas manos sobre la dura superficie de mármol, mirando su reflejo demacrado.

Apretó sus puños fuertemente y mordió sus labios.

Había sido un estúpido al decirle aquello a Haru, pero no había tenido opción. Sabía que aquellas palabras terminarían por sacar la personalidad dominante de su primo, pero había decidido arriesgarse.

No puedo acompañarte. —había mascullado, sin siquiera inclinarse un poco hacía él. No podía mostrarse ni un tanto condescendiente con aquel con quien acostumbraba pelear todos los días. Era más sencillo fingir que podían almorzar civilizadamente. —Touru me pidió que la acompañara a hacer unas compras.

Está bien… —había respondido.

Podemos ir mañana si quieres. —concedió, sonriendo ligeramente. Eso fue más de lo que Haru pudo tolerar. Al parecer al estúpido pelirrojo se le habían olvidado los planes que habían hecho desde hacía meses. Pero no iba a ser él quien se los recordara.

No importa, roñoso. —atacó, esperando que con eso, el pelirrojo se molestara y se levantara indignado, dejándolo ahí, solo, ahogándose en su propia autocompasión.

¡Hey! —saltó, sintiéndose ligeramente ofendido. —Te compensaré, lo juro. —respondió.

Fue entonces que la paciencia del menor se quebró, y levantándose con rapidez, echando la silla hacía atrás, provocando que cayera con un estruendoso golpe seco, sujetó la camisa del mayor, empujándolo con fuerza contra la pared, haciendo que se estrellara contra la dura superficie.

Kyo, Kyo, Kyo, ya sabes que no deberías buscarme… a mí no me molesta, pero a ti, por el contrario… termina doliéndote el trasero. —susurró cerca de su oído, sintiendo como su gallardo e imponente primo se estremecía cual colegiala enamorada, enrojeciendo encantadoramente, por lo que muchos suponían, era furia contenida.

Aunque en realidad él sabía que se debía al deseo incontrolable que comenzaba a embargarlo.

Lo último que recordaba, antes de ver como el malicioso brillo en los ojos grises que tanto adoraba, vaticinaba un castigo doloroso.

Levantó el rostro y miró su reflejo, después la figura delgada de su primo menor que le miraba fijamente.

—Perdiste tu cita, pequeño gatito. —se burló Haru, dando un par de pasos para terminar con la distancia que separaba sus cuerpos.

—No era una cita, imbécil. —rebatió, llevando sus manos hasta el grifo automático, aguardando a que el potente chorro de agua humedeciera sus dedos. Cosa que nunca sucedió, pues se vio alejado de pronto por un par de manos que lo sujetaron. —¿Qué demonios…?

—Cállate. —musitó. Sus brazos se cerraron sobre su cadera, sujetándola con firmeza, lo pegó a su cuerpo, presionando sus dedos con fuerza contra su piel.

—Suéltame. —gruñó en respuesta, sujetando sus muñecas, tratando de hacer que lo soltara, pero fue en vano.

—¿Olvidaste tu promesa, gatito? —preguntó, pero sabía de antemano la respuesta. Kyo volvió a tensarse en sus brazos.

—El concierto… —susurró, al recordar el compromiso previamente hecho y que estúpidamente había olvidado, al ver la ilusión reflejada en los ojos castaños de la pequeña Touru. Se reprendió a si mismo, maldiciendo su estupidez.

—Deberíamos olvidarnos de esa insulsa idea, ¿ah, Kyo? —una de las manos de Haru se posicionó sobre su entrepierna, comenzando a frotarla por encima de la tela, sintiendo como el pequeño trozo de carne comenzaba a endurecerse, irguiéndose, quedando prisionera entre los pantalones oscuros del mayor.

La otra mano del menor subió, semi-abrazando la cabeza del mayor, enredando los dedos en los rojos cabellos, dando un firme tirón, provocando que un pequeño jadeo escapara de sus labios, mientras su cabeza se ladeaba, ofreciendo el moreno cuello a unos ansiosos labios que comenzaron a recorrer con desesperación la tibia piel.

Mordiscos furiosos, lamidas ansiosas, succiones dolorosas, cada acción encaminada a teñir de un poderoso carmesí la morena piel, deseando que luego de unos minutos, adquirieran un tono azul verdoso que permanecería por días, clamando calladamente las acciones que había tenido como consecuencia aquellas vergonzosas marcas.

—Para que esforzarnos en una cita, si sabemos de antemano que esto… es puramente carnal. —remarcó sus palabras, presionando con mayor fuerza sus dedos sobre su pene endurecido, desabrochando luego los pantalones y bajando la cremallera.

—Eso no…

—¿No es cierto? —preguntó ladino. Logró sacar el fibroso sexo de Kyo de entre su ropa interior, mirándolo orgulloso, erguido entre los mechones de rizos grana. —Dime que no estás empalmado. —susurró contra su oído, envolviendo el sexo de Kyo con su mano. —Niega esta humedad… —masculló acariciante, tocando la punta humedecida con su pulgar. —Me deseas, Kyo.

Abrió sus párpados, sin siquiera recordar el momento exacto en que los había cerrado. Miró su reflejo en el espejo, maldiciendo el tenue sonrojo que adornaba sus mejillas. Odiando la mirada penetrante de Hatsuharu que miraba sus siluetas dibujadas al frente.

Haru, sin apartar sus ojos grises de ambas formas, deslizó su lengua entre los labios hasta tocar el mentón afilado de Kyo, deslizando obscenamente desde su barbilla hasta su oreja.

—No… —No es sólo deseo. Quiso contestar, pero el estremecimiento que sacudió su cuerpo lo obligó a callar.

Sintió como la propia erección de Haru se incrustaba contra su trasero, buscando colarse entre sus nalgas, haciendo que un vuelco revolviera su estómago, empujándose instintivamente contra él.

—¿No? —gruñó con voz ronca, soltándolo al instante, empujándose hacía atrás, haciendo que Kyo chocara nuevamente contra el lavamanos. —Es tu decisión, entonces.

Haru se dio media vuelta, dando pasos fuertes y apresurados hasta empujar con un firme golpe la puerta, haciendo que se estrellara contra la pared con un ruido sordo. Kyo respingó, confundido por la situación, sin saber exactamente como reaccionar.

—Haru… —susurró, llamándole. Se apresuró a acomodar sus ropas, para salir detrás de él, pero no lo alcanzó en el pasillo. Y a pesar de que corrió, tampoco lo encontró en la entrada del colegio.



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