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¡No estaba muerta, andaba de parranda!
Card Captor Sakura pertenece a… momentito, ¡feliz cumpleaños, Shaoran!
Ahora sí, CCS es propiedad de las CLAMP
PROBLEMA CON NOMBRE PROPIO
Capítulo XI: Revelación inesperada.
By: Flor del cerezo.
Tratando de recuperar mi calidad de criatura racional, y coagular la masa derretida en que se había convertido mi cerebro, logré arrastrar mi cuerpo hacia mi habitación sin proferir gritos de alegría y victoria en el camino. Probablemente había perdido algunas neuronas en el proceso, pero no es que importase mucho. Podría recuperarlas otro día… bueno, de acuerdo, no podría. Pero estaba bien. Todo estaba perfectamente bien.
Me dejé caer sobre la cama y sofoqué los gritos de emoción con una almohada, intentando disimular lo suficiente para que mi hermano no se diera cuenta de que estaba como desquiciada. Era tan increíble, tan extraño, tan maravilloso, tan… falso. Sí, falso porque Shaoran no sentía eso por mí, y ahora estábamos atados el uno al otro; no es que a mí me importase, pero sabía que a él sí.
– Hmph – murmuré a modo de protesta contra la almohada, al escuchar el sonido del teléfono interrumpir cruelmente mis alegres reflexiones alrededor de mi muy prometedor futuro. Tal vez estaba volviéndome demasiado voluble últimamente.
– ¡Saku!-una voz alegre me llamó del otro lado apenas levanté la bocina.
– ¡Tommy!-respondí, inevitablemente contagiada de la alegría de mi amiga. Una sonrisa se asomó en mis labios y recuperé la sensación de emoción, perdida un par de minutos atrás -¿Qué haces?
– No, ¿qué haces tú?-preguntó ella –Estaba comprando algunas cosas para hacer un postre, cuando me encontré a Sakata en la calle. Parecía muy enojado y murmuraba cosas sobre “salen juntos”; ¿debería suponer que tiene que ver contigo?
Me quedé en blanco por algunos instantes. ¿Qué haríamos ahora? ¿Simularíamos estar juntos también en el colegio, o fingiríamos demencia si Koji nos preguntaba al respecto? Sólo tenía algo claro: a Tomoyo sí que debía decirle la verdad.
– Siéntate, Tommy. Tengo algo que contarte.
– Suéltalo ahora, Sakura Kinomoto – exclamó. La ansiedad se distinguía fácilmente en su tono de voz, muy pocas veces alterado por algo. En lugar de empezar a parlotear como posesa, me distraje viendo la suciedad sobre la mesa del teléfono y los cuadernos que estaban al lado. Pude sentir su respiración desesperada del otro lado de la línea, pero aún no decía nada. Inhalé profundamente y me preparé. Le conté todo, la salida a comer helado, el encuentro con Koji, lo que él había dicho –o que yo había creído escuchar con eso del “no importa que no salgamos de verdad, por mí está bien fingir”, la escena del lobo de peluche, lo de nuestro misterioso perseguidor, el beso en la puerta de mi casa…. Y bueno, todos los pormenores de lo que vendría después. Durante la conversación, Tomoyo no dejó escapar ni una sola palabra, pero logré descubrir su sorpresa ya que no podía contener los sonidos cuando la historia se tornaba más “interesante”. Al final, empezaba a creer que había muerto de un paro cardíaco, o algo, porque no habló en un buen rato. Al cabo de varios minutos, sólo soltó un “oh”.
– ¿Oh? ¿Sólo dirás “oh”?-la presioné, sabiendo que su falta de habla era debido a que era demasiada información por procesar. Era intuitiva, sí, pero es que el día había estado de lo más extraño.
– Muy bien. ¿Te están siguiendo? ¿Qué tal el beso? ¿Qué va a ser de ustedes de ahora en adelante? Dime ahora mismo-exigió, con un tono que no admitía réplica. Yo me recosté en la cama, de manera que pudiera ver la pintura del techo, y admirar sus fascinantes misterios. No tenía respuesta para la última pregunta de Tomoyo, y me habría venido de perlas tener un don para leer las mentes: así sabría qué pensamientos pasaban por la de Shaoran.
– Respecto a la persona que me sigue… no sé si sea paranoia mía, sólo me asusta, y me asusta más que Shaoran también se haya percatado de ello. El beso, bueno, verás…--intentaba hablar, pero las palabras se atropellaban constantemente, y el calor en mis mejillas se hizo insoportable. Inspiré lentamente, con la esperanza de que eso tranquilizara mi corazón. Después de todo, solo se trataba de hablar de algo que había pasado, con una persona que era de mi entera confianza –Bien… genial, simplemente. –Mi amiga soltó una risita divertida –Y, francamente, no tengo idea de cómo serán las cosas de ahora en adelante respecto a nuestra relación en el colegio.
– ¡Es un sueño!-suspiró Tomoyo, feliz –Aunque hay algo que sí me preocupa demasiado. ¿Has pensado hablar con la policía sobre tu perseguidor?
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal.
– No, en serio, debe ser paranoia.
– No eres sólo tú. Me sentiría más tranquila si comprobaras tus teorías, y, de ser positivas, hablaras con la policía. Puedo enviarte alguna de mis guardaespaldas.
Levanté la mano apresuradamente y empecé a negar con la cabeza, como si ella pudiera verme. Después de todo, no necesitaba alguien que me siguiera a todos lados y me viese en mi diario y torpe esplendor. Ser torpe a solas estaba bien para mí.
– No te preocupes tanto, en serio. No es nada que no pueda resolver. Tendré más cuidado-prometí –Y te diré si algo malo pasa-añadí, sabiendo que eso la tranquilizaría.
En ese momento, la canción “Sakura Kiss” empezó a sonar, y reconocí el actual tono de mi celular.
– Tommy, tengo que colgar. Todo estará bien, no te comas la cabeza, ¿sí?-pedí mientras me ponía de pie y buscaba en todas partes. Cuando encontré el teléfono debajo de la cama, volví a hablar –Hablamos mañana.
– Bien, Saku… no olvides lo que me dijiste, por favor. Hasta mañana, amiga.
Yo asentí para mí misma y dejé la bocina encima de la cama, mientras oprimía un botón para aceptar la llamada del celular. Apenas me daba cuenta que, a juzgar por la cantidad de números, se trataba de una llamada hecha desde el extranjero.
– ¿Hola?-contesté, dándome la vuelta para quedar mirando el techo una vez más.
– ¡Sakura, cariño! ¿Cómo estás?-me saludó una muy conocida voz. No pude evitar sonreír, y fue entonces cuando me percaté de lo mucho que había extrañado a mi padre desde que se había ido a la excavación.
Pues no es que lo demuestres mucho, cuando andas por ahí pensando en Shaoran todo el día.
Calla.
Yo nada más digo que, si amas tanto a tu familia, al menos preocúpate por ellos. O es que, ¿has pensado últimamente cómo le ha ido a tu papá?
– ¡Papá! ¿Qué tal la excavación?-pregunté, sin dejar mi sonrisa, ni siquiera ante los reproches de mi conciencia, que parecía no querer callarse -¡Te he extrañado un montón!-técnicamente, era cierto. Sólo que acababa de darme cuenta.
Tomó aire, y casi pude imaginarme en su rostro la misma sonrisa que había en el mío. Tenía ganas de darle un gran abrazo y acostarme en mi cama con únicamente la luz de una pequeña lámpara, mientras él me contaba relatos de historia, como solía hacer cuando era una niña. Ahora que me ponía a pensar, muchas cosas habían cambiado con el tiempo. Tal vez era así como funcionaba la vida, y eso. Pero no dejaba de sorprenderme.
– Todo por aquí ha ido muy bien, hija. Hemos hecho descubrimientos fascinantes. Aún no hemos visto nada que sea excesivamente asombroso, claro; pero lo cierto es que esta experiencia, conviviendo con tantas personas nuevas, es increíble. Además, he estado en constante contacto con la universidad, y mi sustituto va muy bien con el manejo de todo-comentó mi padre. El entusiasmo impregnaba cada una de sus palabras, y no pude evitar que eso aumentara mi estado de euforia -¿Y qué tal todo por allá? ¿Cómo seguiste de salud? ¿Hay novedades?
Todo habría sido perfectamente normal, excepto por sus dos últimas palabras y la manera en que las pronunció. No es que yo fuera especialmente perceptiva, pero conocía a mi padre, y ese “¿Hay novedades?” distaba de ser su tono normal. Probablemente algún Touya había tenido que ver con eso.
– Mi salud va perfecto, mamá me cuida mucho. Por aquí todo va muy bien, aunque el estudio está un poco duro. Tuve un problema con el profesor de física, pero todo va a estar bien-tomé tanto aire como mis pulmones me permitieron, cerré los ojos y conté mentalmente hasta cinco –También te quería contar que… estoy saliendo con un chico.
Listo, hecho.
– Eso es estupendo, hija-comentó mi padre. Su voz sonaba extrañamente entusiasta, lo cual me hizo pensar en que probablemente ambos habían sido víctimas de abducción alienígena y habían olvidado que deberían preocuparse cuando su pequeña nena tuviera novio. Aunque no es que eso me entristeciera demasiado; más bien, me convenía -¿Cómo se llama?
– Su nombre es Shaoran Li, mi tutor de matemáticas. Vino de Hong Kong hace unos años, y está en mis clases.
– Me encantará conocerlo al llegar-afirmó, sin rastro de mentira en su voz. Aunque claro, no es como si yo en verdad estuviera capacitada para detectar de manera eficiente las mentiras. No con mi síndrome de despiste crónico pero, algo sí conocía. Hubo una pausa, y luego continuó –Tendré que colgar por ahora, hija. Procuraré llamar pronto.
– Adiós, papá. Te quiero.
– Y yo a ti, pequeña.
Me quedé escuchando el tono de “tú-tú-tú” por unos segundos antes de dejar el teléfono a un lado y reacomodarme en la cama. Poco después, me levanté para ordenar un par de cosas y ponerme pijama. Luego me dejé caer bajo el confortable abrigo que eran mis cobijas, y me quedé dormida de un momento a otro.
Estaba en el instituto antes de darme cuenta, y Shaoran de pie frente a la puerta, con la mirada perdida. Sin embargo, al verme, esbozó una mueca de desprecio, y luego dejó ver una sonrisa deslumbrante. Me volteé para ver qué había causado tal reacción, y me encontré con Soha. Ella se dirigió rápidamente a él dedicándome una mueca burlona en el proceso, y le dio un beso en los labios que…
Escuché un fuerte sonido, acompañado del dolor extendiéndose desde mi brazo izquierdo y mi espalda. Al abrir los ojos, no me encontré con el suelo del instituto, ni el césped de las zonas verdes, o las puertas de los edificios. Estaba de espaldas a mi cama. En el suelo de mi habitación. Me levanté con un humor negro, y me metí al baño sin cambiar la mueca de enojo. Una vez bañada, salí y me coloqué unos pantalones negros con la única blusa gris en todo mi armario. Contemplé de mal humor la mancha verdosa en mi rostro antes de ir a la cocina.
– Buenos días, monstruo – saludó la voz sarcástica de Touya. Como si yo estuviera de humor para sus tonterías.
– ¿Qué tienen de buenos? – respondí, de mala gana. Me preparé una tostada con mantequilla y tomé un vaso de yogur antes de salir sin decir nada más. No fui demasiado consciente de mi viaje al instituto, estaba demasiado ocupada maldiciendo al mundo, así que me sorprendió cuando noté que ya había llegado. Avancé a grandes zancadas hacia el edificio, y recordé mi problema inmediato y más importante.
¿Qué haría al ver a Shaoran? ¿Pasaría todo tal y como en mi sueño? ¿Me dolería tanto en la vida real como había ocurrido en el sueño? O, ¿Sería aún peor y tendría que cargar con la vergüenza de mis propias lágrimas de frustración? Nada de buenas opciones para mí, claramente. Lo único bueno es que pronto averiguaría la respuesta. Vi a Shaoran de pie junto a la puerta, tal y como en mi pequeña pesadilla. Estaba entretenido con algún punto perdido de las zonas verdes.
Me acerqué lentamente, el latido de mi corazón retumbando con fuerza en mis oídos. Empecé a sentir calor en el rostro al notar cuán guapo estaba, y maldije mi capacidad de sonrojarme. Sin embargo, antes de acercarme, o al menos, de saber si al verme su expresión sería o no hostil, una silueta de cabellos rojizos pasó rápidamente frente a mí para llegar a su lado. Apenas pude contener el resoplido de frustración que pugnaba por salir de mis labios al ver a Soha paseándose frente a MI novio con ese diminuto cinturón que pretendía hacer pasar por falda.
No obstante, contra todo pronóstico, Shaoran se separó de ella antes de que pudiera decir mayor cosa; se acercó a mí y me regaló una de sus sonrisas del tipo “deslumbrante”. Yo me quedé como muerta, zombie, ciega, descerebrada, lenta o… algo. Realmente estaba allí, de pie, sonriéndome.
– Eh… eh… hmmm.
– ¿Hola? – preguntó, dado mi estado de Estupidez transitoria. La sonrisa no se había borrado de su rostro, lo cual contribuía verdaderamente poco a que yo estuviera consciente de las cosas que me decía. Tomé aire un par de veces para asegurarme de que podía hablar como lo hacía la gente normal.
– Hola – articulé al fin. Exhalé nuevamente, pretendiendo que mi estupidez volaba esparcida con el dióxido de carbono hacia algún lado… que no fuera yo.
– ¡Shaoran!-protestó una voz demasiado aniñada y empalagosa para resultar agradable en lugar de chillona. Soha se deslizó por detrás de Shaoran y acabó dándome la espalda, y bloqueando el contacto visual que tenía con Shaoran, de paso. Contuve un gruñido de desesperación. Yo no era una persona violenta. No tenía razones suficientes para atacarla en estos momentos cual leopardo en el Animal Planet. ¿Cierto? Sí, tenía que ser así.
– Lo siento, Akane. Debemos entrar ya. ¿Cierto, Sakura?-dijo Shaoran. Le dedicó una sonrisa burlona… pero no del tipo de sonrisa que siempre me daba a mí. Su sonrisa para Soha carecía del deje de picardía y diversión. Era un gesto frío. Se apartó un poco para reanudar el contacto visual entre los dos. Me tomó entre tres y cinco segundos comprender una a una sus palabras. ¿Estaba…? ¿Quiero decir, él…?
Sí, está dándote preferencia por encima de ella. Ahora, sé buena y di algo, ¿quieres?
– Sí, es cierto-respondí finalmente, con una sonrisa diminuta –Ya hablaremos después, Soha. Ella abrió la boca para decir algo, pero en seguida, la cerró de golpe, en un gesto bastante gracioso.
Caminé hacia el edificio sin ser exactamente consciente de lo que hacía. ¿En verdad estaba caminando por los pasillos de la escuela con Shaoran Li a mi lado? No cualquier Shaoran Li, claro. El Shaoran Li que había rechazado a Akane Soha, y la había dejado de pie con la boca abierta. El tipo que, a los ojos de mi familia, era mi novio. Era surrealista.
Me senté con aire ausente, dedicada a contemplar la mancha de pintura negra sobre el suelo. Sabía quién estaba sentado detrás de mí, sabía que probablemente pensaba que estaba chiflada –lo cual, por otro lado, no sería una enorme mentira-, y sabía también que no podría hacerme la desentendida eternamente. Teníamos algo que aclarar, y era nada más y nada menos que los pormenores de nuestra… eh, relación, a los ojos del colegio. Tarde o temprano tendría que enfrentarlo.
Mejor tarde. Después de todo, en cuanto sonara el timbre, yo iría con las porristas, y él con los futbolistas.
Bendita seas, optativa.
– Buenos días-saludó la voz de Tomoyo a mi lado. Mi salvadora. Me di la vuelta en su dirección y le sonreí.
– Buenos días, Tomoyo-chan.
Ella se quedó mirándome por unos segundos, suspiró un par de veces y agitó la cabeza mientras se sentaba. Sacó su cuaderno de canto y finalmente volvió a mirarme. La expresión en su rostro lo decía todo: Sabía que algo me pasaba.
– ¿Qué tal la pasaste ayer?-preguntó, como quien no quiere la cosa. No entendí nada. Normalmente, estaría encima de mí preguntándome todo, directo al grano.
– Bien-respondí, encogiéndome de hombros. Ella sonrió, y miró disimuladamente a Shaoran.
Ah. Por eso no preguntó nada.
– ¿Qué tal te ha ido con la canción que practicabas?-pregunté, intentando centrar mis pensamientos en otra cosa que no fuera… bueno, en otra cosa.
– He estado practicando, alcanzo más fácilmente la nota que necesitaba-respondió ella alegremente.
En ese momento, el sonido del timbre se escuchó con fuerza. Fue entonces cuando me percaté de que el salón se había llenado en algún instante de delirio, o algo. Nos levantamos –evité a toda costa mirar hacia atrás-, y salimos cada una en dirección al lugar que correspondía. Ella al salón de música, y yo a los vestidores. Me puse el uniforme de deportes y fui al encuentro de las otras chicas. Extrañamente en el camino, no me encontré a nadie. Lo que por otra parte fue bueno, pues no me apetecía mucho salir de mis pensamientos.
– Buenos días, Sakura-saludaron al unísono Naoko y Chiharu. Yo asentí y respondí al saludo.
– Buenos días, chicas.
– ¿Te sucede algo?-preguntó Chiharu, mirándome fijamente.
– No, no, para nada, ¿qué podría estar sucediéndome? No, no. Estoy bien, pero gracias por preguntar.
– ¿Segura que estás bien?-Naoko se acercó, estudiándome desde todos los ángulos posibles.
Yo sonreí con nerviosismo. ¿Era acaso tan fácil ver a través de mí?
La voz de Akari-sensei me salvó. Al parecer, hoy tenía buena suerte. Nos dieron un par de instrucciones y luego nos pusimos a trabajar. Dejé que mi mente se centrara en lo relativo a la clase, siendo eso lo más prudente. Y de hecho, lo único que podía hacer en ese momento para conservar un poco de cordura.
Tiempo después de ducharme y peinarme el cabello húmedo hacia atrás, estábamos en el salón de música. Nuevamente me había sentado junto a Kiba, quien seguía intentando que yo lograra tocar un par de notas sin deprimirme en el proceso. Creo que era más amable de lo que mis torpes manos merecían y por ello me esforzaba. Tenía las yemas de los dedos rojas y ligeramente hinchadas, pero cada vez me dolía menos. Intenté concentrarme en el círculo de notas con el ritmo de balada, en lugar del rostro concentrado de Shaoran mientras batallaba con la flauta dulce, y el profesor lo miraba levantando una ceja. Algo que teníamos en común: si con la guitarra yo era mala, con la flauta dulce era aún peor.
En ese momento, Shaoran me volteó a mirar. Al parecer se confundió con las notas, porque agitó rápidamente la cabeza y se disculpó con el profesor. ¿Por qué se había equivocado? Es decir, iba bien, pero levantó la mirada y perdió el ritmo. Tal vez estaba nervioso porque el profesor lo estaba mirando. Sí, eso era lo más probable.
– ¿Qué te ocurrió?-me preguntó Kiba, intrigado. Yo volteé a mirarlo sin entender. –Nada, olvídalo. Sólo intenta concentrarte un poco, las cuerdas no tienen la culpa de lo que estés pensando-agregó al ver que no entendía nada, sin apartar la expresión amable de su rostro. La sangre se acumuló en mi rostro instantáneamente.
– Lo siento-tartamudeé avergonzada. Él negó con la cabeza y me indicó que continuara con mis infructuosos –y patéticos- intentos. Al final, logré hacer algo más o menos decente antes de que el timbre indicara el inicio del descanso.
– De acuerdo, ¿quieres decirme exactamente qué pasa por tu cabeza? No es que no me esté dando una idea, amiga; pero quiero oírlo-exigió Tomoyo con su dulce voz mientras yo pretendía estar demasiado ocupada con las fresas que estaba comiendo. Se quedó mirándome fijamente como hacía cada vez que pretendía transmitirme un mensaje del tipo “Estoy aquí. Soy lista. Así que, ¿por qué no dejas de fingir y vamos al grano?”. Volteándola a mirar, suspiro de por medio, me preparé para hablar.
– Bien, es sólo que tengo miedo. No sé qué va a ser de nosotros en el colegio. No sé ni siquiera por qué estamos aparentando tener una relación. Esto es un error, Tommy. Y no quiero caer en él porque… Shaoran no siente nada por mí, no es justo forzarlo a pretender algo que no es, incluso si fue él quien propuso la idea.
Mi amiga me indicó en silencio que nos sentáramos en una de las sillas alejadas de las canchas del campus. Una vez allí, yo seguía sin despegar la mirada de mis fresas, cosa que había comenzado a hacer desde que le conté lo que me pasaba. Realmente algo no muy necesario. Tomoyo me conocía mejor que yo misma, podía decir, sin temor a equivocarme, que sabía lo que pensaba la mayor parte del tiempo. Así había sido desde que ambas andábamos gateando y en compañía de biberones y juguetes de goma.
– Yo pienso que deberías hablar con él-dijo finalmente –No te puedes quedar dando tus propias interpretaciones de las cosas, sin saber realmente lo que él tiene para decir, Sakura-chan. No juzgues los sentimientos ajenos según la situación o tus propios pensamientos te lleven a hacerlo. No siempre las cosas son como parecen. Quién sabe, quizá podrías llevarte una sorpresa.
¿Sorpresa? ¿Qué tipo de sorpresa?
– ¿A qué te refieres?
Ella sonrió y me guiñó un ojo.
– Es algo que tienes que descubrir.
– ¿Puedo interrumpir, señoritas?-preguntó una voz cargada de galantería. No tuve que darme la vuelta para saber que a mi espalda estaba Eriol, y sonreí al ver cómo se iluminaban los ojos de Tomoyo de una manera casi irreal. Eso de estar enamorada era cosa grave.
¿Y tú quién eres para criticar?
Yo no criticaba. Además, ni siquiera estoy enamorada.
¿De verdad eso crees?
Estoy segura. Puede que la última vez haya empezado a pensar que lo que siento por Shaoran va más allá de la atracción, pero lo cierto es que no puedo estar enamorada de él en tan pocos días. Vamos, estas cosas se llevan su tiempo.
Tengo mis dudas.
No es mi problema.
– Buenos días, Sakura-dijo Eriol, agitando una mano frente a mí como si llevara mucho tiempo repitiendo lo mismo. Yo esbocé una sonrisa de disculpa y correspondí su saludo antes de identificar a la persona que estaba de pie detrás de él. Justo lo que me faltaba.
– Te robaré por un momento a Tomoyo. Shaoran, cuídala bien. Es mi amiga-advirtió Eriol mirando en mi dirección, con gesto de complicidad. La cara me ardía a tal punto que golpearme contra un poste no me parecía una idea para nada descabellada. Entonces, Eriol desapareció seguido de Tomoyo, que dejó escapar unas risitas, probablemente burlándose de mi condición. Me negué a levantar la mirada, y sentí que alguien se sentaba junto a mí en la silla.
– Y, ¿me estás evitando?-preguntó la voz a mi lado. Yo no di señas de haber escuchado nada.
– Te estoy hablando, Sakura Kinomoto.
Como si nada.
– Qué infantil eres- criticó la voz de Shaoran, con exagerada resignación.
¿Infantil? Al menos no pretendía que nada ocurría.
Me di la vuelta hecha una furia, para gritarle un par de cosas que necesitaba saber el muy engreído, cuando, de repente, se acercó con rapidez y me calló con un beso. No es que yo pusiera mucha resistencia. De hecho, me acomodé mejor y puse las manos sobre sus hombros, en caso de que le diera algún extraño arrebato por escapar. Y es que cada vez que Shaoran hacía algo así, le daba un nuevo significado a la expresión de “mariposas en el estómago”. Sabía qué hacer para llenarme la cabeza de pajaritos en un abrir y cerrar de ojos.
– Bueno… tal vez… no me… evitabas-susurró él casi sin aire. Yo sonreí e hice acopio de todo mi valor para volver a acortar las distancias entre nosotros, y nos besamos otra vez. Yo bajé un brazo y lo pasé por su espalda, mientras con la otra mano acariciaba su cabello, y él me tomó de la cintura con suavidad. Mi cerebro empezó a trabajar con mucha lentitud.
– Vaya-fue lo único que pude articular una vez el oxígeno entró a mis pulmones de nuevo. Él no respondió nada por un momento, pero luego me miró significativamente.
– Ahora, ¿quieres decirme la razón por la cual me evitabas?
– No te evitaba.
– Sí lo hacías.
– No nos vimos después de esta mañana.
– Pero evitabas que nuestras miradas se cruzaran, y pareciste aliviada cuando Tomoyo llegó esta mañana.
– Pero no te evitaba.
– Que sí lo hacías.
– Ok, si lo hacía.
– ¿Y bien?
Bueno, después de todo no podía posponerlo eternamente. Al menos las cosas quedarían claras.
– Simplemente yo…--tomé aire y cerré los ojos, así no vería su expresión –No estoy segura de cómo nos vamos a comportar aquí en el instituto. Quiero decir, ya sé que te viste obligado a fingir ser mi novio en casa y todo eso pero… no sé cómo debemos actuar aquí -- listo, lo dije.
Shaoran me dirigió una mirada de incredulidad que me hizo sentir minúscula. Sacudió la cabeza un par de veces antes de sonreír de lado, y decidir por fin, abrir la boca.
– ¿Eso era todo?-yo asentí –Bueno, creo que te acabo de dar la respuesta.
– ¿Eh?
– Sí, ya sabes-dijo, acercando su rostro. Dejé escapar un sonido de comprensión.
– Pero… ¿por qué?-no pude evitar preguntar –Quiero decir, ¿eso no va a espantar a las chicas a las que…tú sabes, les gustas?
– ¿Estás hablando en serio?
El colmo. Yo casi estallando al decirle eso, y él lo tomaba por broma.
– ¿Y tú qué crees?
– ¿Piensas que esas chicas me interesan, Sakura?
– ¿No es así?-pregunté, desconcertada –De cualquier modo, ¿por qué querrías fingir ser mi novio?
– No lo entiendes. Pensé que era obvio incluso para alguien como tú.
¿Qué quiere decir con eso?
– ¿Alguien como yo? ¿De qué hablas? Dilo-exigí -¿Y qué se supone que es lo obvio?
– Bueno, yo… es decir, tú… -un tono rojizo apareció en sus mejillas. No pude evitar abrir la boca de par en par, ¿Shaoran sonrojado? - Lo que quiero decir es que… vaya, pensé que lo habías notado… --cerró la boca de golpe como si temiera empezar a balbucear –Yo no quiero otra novia. Ninguna… es decir…. El punto es que… Sakura, tú me gustas.
– Sí, eso ya lo sabía. Lo que te estaba preguntando es la razón por la que quieres…
Un segundo.
– Espera, ¿qué acabas de decir?
Tiene que ser mi imaginación. Naturalmente lo imaginé. Tal vez ahora su rostro empiece a mutar y se convierta en un dinosaurio gigante, o un oso enorme. Naturalmente estoy soñando. Despertaré en mi cama, y me caeré al suelo mientras intento liberarme de las cobijas. Me daré un buen porrazo, tal vez caiga de cara, y me pegue en el mismo lugar donde tengo el golpe anterior. Sí, no puede ser más sino…
– Que me gustas-repitió, mirando a otro lado. Me pareció ver que incluso sus orejas estaban completamente rojas.
La cabeza me empezó a dar vueltas como una licuadora. Ahora estaba segura: estaba alucinando.
– ¿Quieres decir que…?
En ese momento, el timbre sonó, interrumpiendo mi pregunta. Shaoran se levantó y me tendió la mano.
– Vamos, toca clase de matemáticas.
El chico sabe cómo bajarme de mis alucinaciones.
Tomé su mano y me levanté. Lo extraño del asunto es que no la soltó una vez empezamos a caminar. De hecho, la tomó con mayor seguridad. Quise bajar la mirada únicamente para comprobar lo que ya sabía. Realmente caminábamos de la mano. Como una pareja. ¿Se daría cuenta si de repente me ponía a dar saltos por ahí? Sí, probablemente lo haría. Calma, Kinomoto, calma. Este es tu momento. Piensa en algo que te tranquilice… clase de matemáticas, por ejemplo.
A esas alturas, ya estábamos entrando al salón. Sin soltarnos. La profesora aún no había llegado, pero ciertamente otras personas sí lo habían hecho. Pude sentir el aura casi diabólica de Soha al vernos. Y no pude evitar sonreírme. No es que yo fuera una persona vengativa y malvada. Pero Akane Soha se convirtió en una excepción a mi “Campaña de amabilidad incondicional” desde aquellas palabritas suyas el día que salté clases con Shaoran. Así que podía disfrutar abiertamente de este momento. Y de otros que seguramente vendrían.
Shaoran me dirigió una última sonrisa antes de soltarme la mano para sentarse en su lugar. Se la devolví con las mismas ganas, y sentí el rubor invadir mis mejillas de nuevo. Lo que sucedía resultaba verdaderamente increíble, pese a que al mirar a Tomoyo, no parecía nada sorprendida. Su sonrisa iba de oreja a oreja mientras buscaba algo en su mochila. Me sobresalté cuando sacó la cámara de video y la encendió en sólo un par de segundos.
– A ver, Sakurita, sonríe-pidió entusiasta.
Oh, Dios. Se estaba tardando.
– Tomoyo, no me hagas esto-supliqué, escondiendo el rostro entre mis brazos, cruzados sobre la mesa. Estaba segura de que lo siguiente que diría sería algo como “Estás creciendo muy rápido, debo tenerlo en video”… y un montón de palabritas más cargadas de exagerada tristeza y un montón de pucheros.
– Pero Saku, es la primera vez que tienes un novio, esta es una experiencia inolvidable, debo documentarlo todo en video, así podré aumentar mi colección de videos de “Las maravillosas crónicas de vida de Sakura-chan”. ¡Amiga estás creciendo tanto y tan rápido! Me parece que fue ayer la última vez que te grabé montando sobre tus patines por las calles de Tomoeda.
– De hecho, Tommy, creo que fue la semana pasada-me atreví a corregir, aún sin levantarme de mi lugar –Un momento, ¿cómo sabes que…?
– Oh, querida, me subestimas-se rió para sí misma y luego me indicó que me levantara con un suave golpecito en el hombro. Al hacerlo, lo primero con lo que me encontré me dejó fría por unos segundos. Luego, toda la sangre de mi cuerpo se acumuló en mi rostro.
– ¡Por Dios, Tomoyo Daidouji! ¿Cómo fuiste capaz de grabar eso?-exclamé, con la cara ardiendo más que nunca, y sentí la expresión curiosa de Shaoran detrás de mí. Sumado a eso, medio salón me miraba extrañado. Supuse que la otra mitad se había acostumbrado a mis eventuales gritos. Pero mi reacción no era para menos: Tomoyo nos había grabado a Shaoran y a mí unos momentos atrás. Todo lo que pasó.
– Amiga, pero si se ven adorables-replicó ella con estrellitas en los ojos. Puede que seamos amigas desde la infancia y todo eso, pero es que a veces se pasa. Y en esta ocasión, ha encontrado la manera perfecta de superarse.
– Se supone que tú…-empecé a decir, luego me di cuenta, y me levanté sin completar mi frase.
¡Oh, Eriol!
– ¡Eriol Hiraguizawa!-exclamé. Tenía la cabeza metida en un enorme libro, de esos que yo jamás llegaría a leer, excepto por tratarse de deberes escolares. Al escucharme, bajó en libro y me dedicó una sonrisa de inocencia -¿No se supone que te la llevabas?
– Bueno, no quiso hacerme caso-se excusó, encogiéndose de hombros, y ajustándose los anteojos –No me culpes, tú sabes cómo es ella cuando tiene algo entre manos-añadió, ensanchando su sonrisa y dirigiéndola a Tomoyo. Me dejé caer en la mesa otra vez, derrotada, mientras escuchaba los pasos de Chieko-sensei, entrando al salón.
Lo mío es mala suerte de verdad.
Aunque por otro lado, tampoco eran demasiadas las cosas por las cuales quejarme: mi amiga me había grabado, haciéndome pasar una completa vergüenza, y sería mucho peor cuando me tuviera que enfrentar a mi novio. Pero precisamente ese era el punto. Shaoran Li se había convertido en mi novio oficial. Sin importar cuantas Sohas en el mundo se opusieran, ni cuantos Touyas anduviesen bufando por toda la casa y en especial al verme y recordar el motivo de su ira. Shaoran era mío, sin importar qué tan egoísta y maniático sonara. Por alguna extraña razón, producto de factores desconocidos, yo le gustaba. Le gustaba de verdad. Y eso era una razón suficiente para ser feliz. Qué buena era la vida. El único aspecto preocupante era la rapidez con que había sucedido todo, es decir, un día “Li” era otra persona más para mí. Al siguiente no lo soportaba, luego me gustó y ahora nos habíamos hecho novios. Si mi cerebro trabajara con objetividad para lo relacionado con él, probablemente estaría aterrada, pero solo quedaba el asombro y la felicidad. Mi vida era perfecta.
– Ejercicio en clase, chicos-exclamó la voz de la maestra después de vaya-uno-a-saber-cuántos minutos en los que yo me dedicaba de lleno a divagar y pensar en elefantes rosados volando en el cielo, dejando a su paso el nombre de Shaoran y el mío encerrados en un corazón, al mejor estilo de los aviones que aparecían en algunos dibujos animados. A regañadientes, abrí mi cuaderno y empecé a copiar el montón de actividades que teníamos. Puede que tuviera tutor, pero, como lo veía, únicamente podría resolver tres o cuatro en el tiempo que quedaba. Eso me hizo pensar en reconsiderar mi afirmación de que la vida era perfecta, aunque rápidamente se esfumó esa idea de mi mente al pensar que esto me haría necesitar ayuda de mi tutor. Nada podría estar mal siempre que eso no cambiara.
El timbre que daba inicio al descanso sonó antes de que yo pudiera siquiera comenzar el primer ejercicio, aunque sí llevaba un boceto bastante avanzado de montones de muñecos versiones chibi de un chico de ojos color ámbar y cabello desordenado. Sonreí al verlos y cerré mi cuaderno antes de que alguien más lo hiciera. Esperé a Tomoyo para que saliéramos juntas, pero me pareció que tenía asuntos que tocar con Eriol, así que no quise hacer mal tercio. Sin embargo, me asaltaron los nervios al saber que ella probablemente estaría ocupada durante el descanso, lo que me dejaba a mí sin muchas opciones para hablar con alguien. Alguien que no fuera mi novio. El mismo al que yo aún no le había confesado mis sentimientos.
– Disculpa, Sakura, ¿podemos hablar?-me preguntó una voz masculina, cortando el hilo de mis pensamientos. Agité la cabeza un par de veces para aterrizar nuevamente, antes de voltear a mirar al dueño de la voz, sin saber lo que se me venía.
– Desde luego, dime.
– ¿Estás saliendo con Li?-la pregunta de Koji fue tan directa que sacudió mi mundo repentinamente, y me hizo caer en cuenta de que había olvidado ese pequeñísimo detalle. Craso error. Especialmente desde que le había dado todas las esperanzas posibles al decir que no me gustaba nadie, pero que siempre podía intentarlo.
Un momento.
– Espera… ¿no creíste que salíamos desde ayer en la heladería?-pregunté, confundida por su actitud. Él hizo un gesto de incredulidad, y luego una mueca de tristeza.
– Tenía la esperanza de que Li estuviera fanfarroneando. Creí en ti cuando me dijiste que podía intentarlo. No me di cuenta de que me tratabas como a un niño pequeño-respondió con una voz suave, y su gesto de tristeza se intensificó; algo se agitó en mi interior y sentí la necesidad de consolarlo. Me contuve. Sabía que debía disculparme, pero empeoraría el asunto si intentaba consolarlo con falsas esperanzas.
– Lo siento-murmuré. Quise explicarle todo, pero supe que él no necesitaba más detalles. Era sólo añadir dolor. Me devané los sesos intentando encontrar una manera de disculparme y hacerlo sentir mejor, pero no encontré ninguna –De verdad lo siento mucho.
Koji bajó la cabeza y no dijo nada por un instante que pareció eterno, pero luego volvió a mirarme y dibujó una sonrisa diminuta. Se encogió de hombros sin quitar la sonrisa de su rostro.
– Supongo que hay que aprender a perder-respondió, como si se hablara más a sí mismo que a mí –Pero en todo caso, ¿lo de ser amigos sigue en pie?
¿Amigos? ¿No me odiaba? ¿No iba a poner mi foto en la puerta de su cuarto y lanzarle dardos todas las noches? ¿No me consideraba una insensible por haberle dado esperanzas que no podía tener?
– ¿Aún quieres… ser mi amigo?
– Eres una persona muy valiosa, Sakura. No tienes idea de cuánto; claro que quisiera ser tu amigo-respondió, después de vacilar un instante.
– Entonces que así sea-le sonreí, y él asintió antes de darse la vuelta y salir.
– Manipulador.
Yo di un respingo. Luego volteé asustada, para ver a Shaoran detrás de mí negando con la cabeza varias veces.
– ¿Qué dijiste?-pregunté.
– Que es un manipulador de primera clase.
Me enojé. Después de que yo había causado tristeza en Koji, llegaba Shaoran como si nada a decirme que me estaba manipulando.
– No tienes derecho de decir eso. No lo conoces.
– ¿Y tú sí?
– Más que tú.
– Lo dudo.
– Dúdalo mucho, pero es cierto.
– Eres demasiado ingenua para ver las cosas que hay a tu alrededor, no todo el mundo tiene buenas intenciones. Él sólo busca manipularte con su fachada de niño bueno.
Era increíble que él estuviera diciendo eso. Sí, tal vez tenía razón en que yo tampoco conocía lo suficiente a Koji, y que era una ingenua, pero yo estaba segura de que él no era malvado, ni nada por el estilo. La culpa era mía por haberlo lastimado, y aún así él se contentó con ser mi amigo, sin pedir nada más que eso.
– Qué injusto eres, Shaoran.
– ¿Injusto?-preguntó con tono irónico -¿Entonces le crees más a ese sujeto?
– Deja de decir tonterías. Vamos afuera –pedí, saliendo sin esperar a que él dijera algo más.
Mientras caminábamos, tuve que reprimir una sonrisa ante el gesto caprichoso de Shaoran. Debería estar enojada, a decir verdad, pero me era imposible hacerlo cuando él se veía tan tierno con el ceño fruncido y las manos cruzadas sobre el pecho. Sin dejar de sonreír, me acerqué a él y tomé una de sus manos, abriendo suavemente el puño y apretándolo entre mis dedos. Él me miró sorprendido y luego se sonrojó. Y debo decir que me dieron muchísimas ganas de hacer cosas como estas más a menudo porque, Shaoran sonrojado, es todo un espectáculo. No pude evitar soltar una risita al imaginarme acosándolo para que se sonrojara con mayor frecuencia.
– ¿Qué es tan gracioso?-preguntó, tomándome por las muñecas y poniéndolas a mis costados mientras se acercaba. Su mirada fija me atontó por algunos segundos, y luego desvié la mirada intentando parecer casual y despreocupada.
– Nada, en realidad-respondí –Vamos-añadí mientras me soltaba con suavidad y empezaba a caminar como si nada hubiera ocurrido. Sentí la mirada sorprendida de Shaoran unos segundos antes de que comenzara a seguirme. Entonces, se igualó a mi ritmo, y me tomó de la mano. Me sonrojé, pero evité hacer alguna tontería como detenerme a mirar nuestros dedos entrelazados. Después de todo, ahora era su novia de verdad. Y sí, no pararía de repetírmelo en todo el día. Tal vez en toda la semana, mejor.
– ¡Se está quemando!-exclamó una voz que se oía bastante lejana cuando, unos minutos después de salir con Shaoran, todos estábamos en clase de culinaria. Ni siquiera me inmuté ante el grito, estaba demasiado ocupada pensado en nosotros dos sentados en las zonas verdes.
– ¡Sakura!-exclamó otra voz, pero yo seguía sin prestar atención. Cualquier otra cosa no podría ser más importante que lo que yo estaba pensando. Sin embargo, pasó algo que de hecho, sí era mucho más importante. Apareció Shaoran en mi campo visual, y entonces sí que presté atención. Pese a que no estaba en mi equipo, al ver que mis amigas miraban aterrorizadas el horno del cual salía humo copiosamente, decidió sacar lo que alguna vez había sido un prospecto de pastel de fresa, y todos empezamos a toser al sentir el penetrante olor de algo quemado en nuestros pulmones.
– ¡Salgan todos ahora mismo!-exclamó Haninozuka-sensei. La mayoría de los alumnos no tardaron en obedecer, pero al final quedamos Tomoyo, Eriol, Shaoran y yo, ayudando a la maestra a abrir todas las ventanas del salón con el fin de que el humo se disipara. La mirada de Tomoyo y Eriol era de diversión, pero la de Shaoran y la maestra resultaba bastante reprobatoria.
– Lo siento-murmuré acongojada, mirando al suelo.
– Pudiste hacerte daño, tengo entendido que eras la encargada de revisar el pastel en el horno, pero no lo hiciste, has sido muy descuidada –señaló ella.
– Lo siento –repetí, sin saber qué otra cosa añadir. Ella suspiró.
– Ten más cuidado la próxima vez-respondió –Iré a llamar a sus compañeros –añadió, antes de salir.
– Saku, ¿en qué pensabas? – se burló sonriente Tomoyo.
– Parecías bastante distraída – observó Eriol alegremente. Yo me encogí de hombros y sacudí la cabeza, antes de voltear a ver a Shaoran. Él me miraba con un gesto lleno de seriedad, pero finalmente esbozó una diminuta sonrisa, suficiente para alegrarme antes de que el salón volviera a estar lleno. Me disculpé con Chiharu y Naoko –mis compañeras del día, y luego todos empezamos a limpiar el salón, ya que, ante mi distracción, los otros pasteles también se habían quemado, de modo que habría que repetirlos.
Una vez terminó la jornada, me despedí de Tomoyo y Eriol, y fui con Shaoran a ordenar los implementos de deportes. Aunque no se le podría llamar “orden”, sino más bien todo lo contrario, con eso de que no pude aguantar la tentación de arrojarle un par de pelotas de tenis, y él, naturalmente, me las devolvió.
– ¿Vamos a mi casa hoy?-preguntó, cuando al fin habíamos terminado todo. Yo asentí, así que, después de buscar cada uno nuestro morral, salimos hacia la Mansión (que no podía ser llamada de otra manera) Li.
– Shaoran… - lo llamé mientras caminábamos. Sabía que aún era muy pronto para preguntas muy personales, pero me moría de la curiosidad. Él me miró, dándome a entender que continuara - ¿Tú vives sólo con Wei y Mei Ling?
– Así es.
– ¿Y tus padres?-inquirí, como quien no quiere la cosa.
– Mi madre vive con mis hermanas en China. Mi padre falleció cuando yo era pequeño – contestó. Por la posición de sus hombros, pude ver que estaba realmente tenso. Me apené al escuchar que un niño tan pequeño había perdido a su padre (después de todo, la situación me resultaba completamente ajena), pero me sentí interesada por el resto de su familia. Al pensarlo mejor, empecé a comparar con las fotografías que había visto en su casa, y pude determinar la identidad de las personas que aparecían allí.
– Entonces tienes cuatro hermanas, ¿cierto?
Pareció relajarse ligeramente, aunque su ceño se frunció.
– Así es, cuatro. Cada una más molesta que la otra – masculló. A pesar de eso, supe que las quería mucho, pues poco a poco una diminuta sonrisa amenazaba con formarse en sus labios. La desvaneció casi inmediatamente – Ellas viven en China, junto con mi madre y la familia Li.
– ¿Entonces por qué te enviaron aquí?
– Desean que aprenda a ser independiente. Después de todo, soy el heredero de la empresa familiar – contestó con simpleza – Y Mei Ling le pidió permiso a su madre para acompañarme, le aburre el protocolo que se maneja en la mansión. Simplemente necesitaba una excusa para huir de allí, y yo se la di.
Nada de lo que dijo Shaoran me sorprendió. Después de todo, a juzgar por la imponente mansión que tenía en Japón, podía imaginarme no una pequeña empresa familiar, sino todo un emporio de multinacionales, o alguna de esas cosas que salían en las películas. Ser el heredero de todo eso debía implicar una gran responsabilidad. Me hacía pensar que yo no merecía estar con alguien tan importante como él.
Pensaresmalo.
De pronto, Shaoran se detuvo en medio de la calle, como si estuviera esperando algo. Yo me ubiqué a su lado sin entender nada, pero él seguía allí, quieto y sin dar explicaciones. Entonces, una camioneta negra de vidrios polarizados pasó a gran velocidad a nuestro lado. Finalmente, Shaoran reanudó el camino, aparentemente incómodo. Yo seguía sin entender, pero en seguida llegamos a su casa. Cuando él abrió la puerta, lo primero que apareció fue el rostro lloroso de Mei Ling.
¿Qué había pasado?
CONTINUARÁ.
¡Lo siento tanto! Lo sé, tardé tres meses, o más. Pero realmente el colegio me asfixió. Fue en las dos semanas de vacaciones que tuve, que me puse a escribir como loca, y para disculparme un poco con ustedes, me salió este capítulo, como más de 2000 palabras por encima de la mayoría de los otros. Espero que me perdonen, pero sabrán entender que es difícil intentar rendir en el estudio y esto a la vez.
Entre las noticias, si no se han enterado, abrí un blog para mis lectores, donde, a partir de ahora, encontrarán las respuestas a los reviews, de modo que es más organizado. Para más organización, vayan a mi perfil. Y antes de que se me olvide, el "pensaresmalo" lo leí de mi sis, aquí conocida como Diana Prenze. ¡No me acuses de plagio, sis!
Por otro lado, en este capítulo vemos que finalmente Sak le sacó a Shaoran la verdad. Vamos, creo que yo también lo habría hecho. Por precipitado que suene, pero qué difícil mantener una relación con una persona cuyos sentimientos te producen inseguridad. Pero no se preocupen, que conflicto es lo que se avecina. Y oportunidades para otras cosas, también.
Bueno, creo que he dicho lo más importante, así que sólo resta agradecerles su infinita paciencia, y claro, ustedes saben que un review hace a una autora feliz, así que por favor, si tienen el tiempo, agradecería montones leer su opinión.
Y, una vez más, ¡feliz cumpleaños, Shaoran-kun!
Saludos.