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Author of 14 Stories |
Bueno, de nuevo, traigo algo nuevo. Un one shot femmeslash (me apetecía escribir uno sobre Ginny desde hace tiempo). No tiene una posible continuación. Y nada más, se agradecen comentarios sean del tipo que sean. Y espero que os guste y eso. Muy soft, aunque me gustaría que eso cambiara. 8-)
Difícil.
Fly me to the moon and let me sing among those stars...
Empieza a tararear casi sin darse cuenta mientras pasa otra página y, antes de ser consciente de ello, su pie derecho también marca el ritmo, elevado en el aire, sobre la rodilla que tiene flexionada por encima de la colcha. Está totalmente segura de que Sinatra no es cosa de Sirius ni tampoco de Molly, y mucho menos del profesor Snape, que últimamente se pasa en Grimmauld Place el día entero. Sólo le queda una persona, pues, a no ser que el señor Weasley haya aprendido al fin a templar la aguja de un tocadiscos: el profesor Lupin. Sí, encaja perfectamente. Let me see what spring is like on Jupiter and Mars...
-¿Crees... crees que soy atractiva, Hermione?
Aquello la pilla desprevenida y hace que el momento de paz, con música y lectura incluidos, pierda todo el encanto.
-¿Cómo dices?
Hasta ahora no se había dado cuenta, pero Ginny se encuentra al otro lado de la habitación, frente al espejo, mirándose, pidiendo su atención a gritos pero sin hablar. Posiblemente lleve ahí bastante rato, el mismo que ella lleva leyendo a Dumas. Toda la tarde.
Parece que se ha estado probando varias camisetas, pantalones y sabe Merlín cuántas cosas más, que ahora están tiradas a sus pies.
-Que si me encuentras atractiva -sonríe pícara, como siempre, entrecerrando los ojos y enseñando todos los dientes, y Hermione se siente incapaz de catalogar esa sonrisa. Tal vez sea crueldad infantil o sólo ganas de incomodarla.
Es difícil no sentirse atraído por ese tipo de miradas y sonrisas, definitivamente. Sonrisas llenas de pecas, de dientes blancos y pequeños, de ojos castaños brillantes y rizos desordenados que caen por doquier. Igual, es difícil no encontrar envidiable el aura que emana el cuerpo de esa cría que en algún momento indeterminado creció.
Aunque, objetivamente, ni siquiera tiene una gran belleza, de esas que quitan el aliento y ponen el corazón en la boca. Piel lechosa, tan pálida que se ven a su través las venas azules allá donde las pecas dejan hueco, de formas pequeñas y nada exuberantes, de ojos enormes, labios delgados y cabello demasiado rojo.
Es posible que sea eso, su pelo, lo que tanto atrae de ella. O el hecho de que parezca una niña sin serlo, una nínfula crecida que aún no ha perdido ese encanto.
-Supongo que sí...
-¿Supones? -arruga la nariz, la boca y la frente. Deja caer los hombros y de repente parece tener joroba, con los brazos en jarras. Es incluso graciosa.
-Sí, supongo, no sé... Nunca lo he pensado.
Hermione se encoje de hombros y deja por un momento apartada La dama de las camelias. Siempre prefirió a Dumas padre.
Ginny la mira esperando que diga algo más, pero ella no sabe qué añadir. Es algo extraño, porque se supone que siempre sabe qué decir, pero en ese momento no se le ocurre nada coherente. Aquél tema parece el indicado para tratarlo con alguien como Parvati o Lavender, que se pasan el día analizando el físico de la gente y que saben mejor que ella cuáles son los métodos para ocultar defectos o potenciar virtudes físicas. Ella simplemente encuentra a Ginny guapa. Tampoco es que se haya parado mucho a pensarlo...
En cualquier caso, Hermione no entiende esa repentina preocupación por el físico. Ginny siempre ha sido, de las dos, la segura. Provoca miradas en Hogwarts que ella ni sueña con recibir, las responde con una sonrisa desdeñosa y sigue caminando como si nada. Le gusta parecer inaccesible y, ciertamente, lo es. Por eso, aún no comprende que esté saliendo con Michael Corner. Es cierto que fue la misma Hermione quien le recomendó que lo hiciera y se olvidara por fin de Harry, pero Ginny nunca le ha hecho mucho caso, así que nunca esperó realmente que lo hiciera en ese tema.
-Oye, Hermione -sigue mirándose en el espejo, concentrada en algo-, ¿no crees que estarían mejor si fueran más grandes?
La castaña, que ha vuelto a fijar la vista en el libro, no entiende a qué se refiere Ginny hasta que la ve con las manos en el sujetador, intentando que, de algún modo, sus pechos parezcan mayores.
-Creo que están bien -contesta Hermione confundida. Ese cuestionario está comenzando a ser raro, sobretodo porque Ginny de repente la está mirando de ese modo tan suyo que no presagia buenas ideas y mucho menos intenciones. Esa mirada que siempre ha compartido con los gemelos.
-Hermione, tú podrías... podrías ayudarme con eso, ¿verdad? -sigue sonriendo, cada vez con más intención.
-Ni lo sueñes -concluye categórica ella. Vale que haya accedido alguna que otra vez a cumplir sus caprichos imposibles, como tomar prestado un examen del escritorio del profesor Flitwick en sus narices (lo cual altera el pulso de una manera inimaginable), robarle el champú a Harry o tener que pasarle (a riesgo de parecer una enferma mental a sus ojos) un cuestionario sobre gustos diseñado por el propio Gilderoy Lockhart; pero, ¿hacer que sus pechos parezcan más grandes? De ningún modo. Hermione quiere conservar la poca dignidad que le queda intacta, gracias. Y ninguna mirada de cachorro abandonado ni ninguna sonrisa pueden cambiar eso.
-Venga, Hermy... -se encoje como un pobre animal desvalido, frunce los labios y se acerca a la cama lentamente.
-¿Hermy? ¡No me llames así!
Le molesta, claro que le molesta. Porque su nombre ya resulta suficientemente especial sin que nadie lo altere, porque su tía abuela Clarise la llamaba así mientras le pellizcaba los mofletes y porque, simplemente, es horrible.
Y Ginny lo sabe, claro que lo sabe. Y por eso lo hace, porque le gusta verla enfadada, con las mejillas arreboladas y el pelo aún más desordenado de lo normal, porque cuando Hermione se enfada, se pasa las manos por la cabeza frenéticamente. Y también porque sabe que los enfados, a Hermione, le duran alrededor de quince segundos, hasta que los racionaliza y concluye que no tienen razón de ser.
-Sabes que tú puedes -continúa Ginny, ahora subida a la cama de rodillas, pegando pequeños botes y haciendo chirriar toda la estructura-. Ambas sabemos que tú puedes, porque no hay nada relacionado con la magia que no puedas conseguir...
Si cree que con eso va a conseguir convencerla, va lista. Hermione está decidida a ignorarla y a terminar de una vez por todas el maldito libro que tiene entre las manos, así que da igual cuánto ruegue Ginny, cuánto bote en la cama o cuánto la moleste.
Da igual, incluso, que le esté cantando New York, New York al oído, usando la varita de micrófono y haciendo ademanes un poco exagerados. Pero eso sí, en voz muy baja, como la canción lo amerita.
Da igual que le arranque una sonrisa y que tenga que contenerse para no estallar en carcajadas. Da igual que ella se acerque demasiado a su cara mientras sigue cantando con los ojos cerrados, porque no se siente incómoda y porque no lo ve raro. Da igual, en fin, que rocen labios con labios y que se queden ahí, sin moverse ni apartarse. Con los ojos cerrados, la respiración sincronizada y los labios entreabiertos.
Y da igual que se acaricien un poco más, que se saboreen un poco más y se mezclen entre movimientos de lengua inconscientes y toques suaves. Da igual que La Voz cante, porque ella no va a hacer nada para que el cuerpo pequeño de Ginny cambie.
Juro que estuve a punto de poner que Hermione le había robado, a petición de Ginny, los calzoncillos a Harry (en vez de un inocente bote de champú). Pero justo antes de publicarlo me arrepentí. Demasiado perv. xDDD Sobretodo si ponía algo del estilo de “sin lavar”... -no comments-
Y me ha quedado, no sé, fluffy. Hermione está bastante rara y no me ha gustado demasiado el resultado, ni tampoco la Ginny esta medio chunga...